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Siglo XVII > 1690-1699 > 1696

Instrucción del rey Carlos II al Conde de Moctezuma.
10 de mayo de 1696

Lo que vos Don José Sarmiento de Valladares, caballero de la orden de Santiago, a quien he proveído por mi virrey gobernador y capitán general de las provincias de Nueva España y presidente de mi audiencia real que reside en la ciudad de México, habéis de hacer en servicio de Dios y mío además de lo contenido en los otros despachos que con esta instrucción se os entregan es lo siguiente.

1. Porque tengo relación que algunos españoles rehusan que residan religiosos en los pueblos de indios que tienen encomendados por particulares fines, y que por esta causa procuran por sus criados e interpósitas personas hacerles molestias y malos tratamientos para que dejen los pueblos en que ya moran, lo cual si así fuese sería en gran ofensa de Dios Nuestro Señor e impedimiento de la conversión y cristiandad de dichos indios e injuria de los religiosos. Fuera más justo y conveniente al descargo de sus conciencias que dichos españoles procurasen, como están obligados, religiosos en los pueblos de sus encomiendas para que los descargasen de la gran obligación que tienen, como lo entenderéis más particular por la cédula de dichas encomiendas. Os informaréis de todo lo que acerca de esto ha habido y pasa, y proveeréis cómo se castiguen los excesos que hallaréis en esta materia y para lo de adelante daréis orden cómo cesen y no los haya. Y a los prelados de las órdenes, advertiréis que cuando quisieren enviar religiosos a algunos de los pueblos donde no hubiere doctrina o que se hayan descubierto y pacificado de nuevo, os lo comuniquen y digan los religiosos que quieren enviar y de qué partes y calidades y a qué lugares y por qué causas, y que también sea con sabiduría del ordinario para que todos miréis y consideréis si en la calidad y cantidad son los que se requieren para el ministerio en que se han de ocupar, advertido que principalmente ha de ser esto para lo que toca a nuevas entradas y descubrimientos, pues en lo que está llano y pacífico se entiende que hay monasterios, y que si hubiere falta no puede ser sino de religiosos, los cuales habéis de procurar que se envíen siempre de las partes donde los hubiere para que no la haya en la doctrina de los indios.

2. A propósito de lo contenido en el capítulo antecedente, es de advertir que he entendido que cuando se piden religiosos para Nueva Galicia, frontera de chichimecos, Nueva Vizcaya, Nuevo México e islas Filipinas u otras de las provincias de guerra o frontera de chiriguanos y tierras pobres, y se envían, como hacen siempre que se entiende haber necesidad, con tanta costa de mi real hacienda, como lo tendréis entendido, luego que llegan a la Nueva España finjan algunas causas y se quedan allí o van a otras partes donde les parece, de manera que por maravilla llega ninguno a la parte donde va consignado, y así se queda en pie la necesidad y mi hacienda gastada sin provecho y dichos religiosos llenan los conventos donde no hacen ninguno. La causa de esto es, que cuando alguno quiere venir a estos reinos a negocios que se les ofrecen, procuran con sus prelados que se les den recaudos para pedir y llevar religiosos. Para excusar los muchos inconvenientes que se siguen de que anduviesen vagamundos de unas partes a otras y también de llevar religiosos, no siendo necesarios, se ordena por algunas cédulas que cuando alguna de las órdenes tuviere falta de ellos, el prelado acudiese al virrey y le informase de la necesidad para que, satisfaciéndose de ella y de la cantidad que convendría enviar, me escribiese para que yo la mandase proveer, sin cuales recaudos ningún religioso viniese a llevar otros. Porque conviene que aquella orden se guarde, avisaréis a los prelados de las religiones que sin haber hecho esta diligencia y traer parecer vuestro no se enviaran religiosos, ni ellos tendrán para qué enviar a quien los lleve, ni el que viniere por ellos volverá a esa provincia, y tendréis muy particular cuidado de hacer que infaliblemente pasen a las partes para donde fueren consignados los que de acá se enviaren, advirtiendo a dichos prelados que a los que no lo hicieren y se quedaren en diferentes partes de aquellas para donde se envían, los embarcaréis y remitiréis a estos reinos. Y porque aunque la gobernación espiritual de aquellas provincias toca principalmente a los prelados a quienes se la encargo, quedo y estoy en cuidado y deseo que esto se cumpla cuanto mejor fuere posible, los encargaréis de mi parte que, como cosa tan propia de la obligación de sus oficios, procedan con la atención y vigilancia que se requiere para que por su culpa y negligencia el demonio no turbe ni impida tan santo y apostólico oficio y ejercicio.

3. Atento a que por la misericordia de Dios y con su favor y ayuda y cuidado que hasta aquí se ha tenido con aquellos reinos, cuyo gobierno os encomiendo, se mantienen en la paz y obediencia que se puede desear, mediante la cual cada día se va asentando más la fé y religión cristiana y pública en los naturales, procuréis no sólo conservarlo, sino que todo vaya con el mucho aumento que se desea y conviene.

4. Por ser una de las cosas que podrían embarazar más la ejecución de lo referido, si, lo que Dios no permita, hubiese entre vos y los prelados de aquellos reinos algunas discordias y diferencias, encargo mucho que tengáis en ello toda buena conformidad y correspondencia, de manera que, procurando todos un fin y ayudándoos para alcanzar una jurisdicción a la otra, resulten los buenos efectos que espero. Para ello, procuraréis que tengan la misma correspondencia, entre sí unos prelados con los otros, seculares y regulares, y las justicias seculares e inferiores con las eclesiásticas. Para que esta conformidad y paz sea entre todos más cierta y segura y tenga mejores fundamentos, cuando algún clérigo o religioso causare escándalo o procediese de manera que de su asistencia en aquellas partes resultare o pueda resultar inconveniente, escribiréis o llamaréis a su prelado y trataréis con él el exceso que entendiéreis de tal clérigo o religioso, y con su beneplácito le haréis embarcar y que se venga a estos reinos, pareciendo a ambos que no hay otro remedio. Si alguno de dichos prelados eclesiásticos o de las órdenes causare inquietud en la tierra o la tuviere con vos o impidiere el cumplimiento de lo que por mí está proveído y ordenado, lo procuraréis remediar sin escándalo, y no pudiéndolo no daréis lugar a que le haya, sino ir entreteniéndolos cuanto mejor sea posible; y me avisaréis muy particularmente de la calidad y circunstancias del caso y de lo que para su remedio puedo y debo proveer.

5. En las instrucciones antiguas se ordenaba a los virreyes pasados que llamasen a los prelados de las órdenes, y entendido de ellos donde había falta de doctrina, diesen orden en que se fundasen nuevos monasterios con acuerdo y licencia del diocesano y se les encargase mucho el cuidado de la salvación de aquellas almas. Teniendo entendido que ya se halla en otro estado lo de los monasterios; y por una cédula de 9 de marzo del año 1593 se mandó que no se permitiese edificar nuevos monasterios sin licencia mía, y que se enviase relación de todos los que había en aquellos reinos, de cada religión aparte, y las doctrinas que son a su cargo, y cuántos religiosos hay comúnmente en cada convento, como más particularmente se contiene en dicha cédula, además de lo cual está prohibido, por otras que después se han despachado y por diferentes órdenes del rey mi señor, que sea en gloria, el hacer nuevas fundaciones de conventos sin licencia mía. Y por lo que conviene se guarden y observen precisa y puntualmente, os mando veáis dichas cédulas y la que últimamente se despachó el 18 de febrero de 1646, en que se citan tengáis particular cuidado del cumplimiento de ellas, no permitiendo ni dando lugar a que se haga cosa en contrario, antes proveeréis que cuando se me hubiere de pedir licencia sea con información de tan urgente necesidad y otras causas justas que verosímilmente puedan mover mi ánimo o a lo menos quedar muy informado para lo que hubiere de proveer, enviando vuestro parecer y de la audiencia con dicha información.

6. Con dichos prelados seculares y regulares trataréis y procuraréis que tengan cuidado de prevenir a los predicadores que no digan en los púlpitos sobre negocios públicos y universales, cosa de que pueda resultar en los ánimos de los que lo oyeren poca satisfacción ni otra manera de inquietud, a lo menos sin advertir primero a los que gobiernan en mi nombre de cualquier cosa que les parezca tenga necesidad de remedio, por ser este medio el más seguro y conveniente para que se alcance. Si teniendo esta prevención todavía hubiere alguno que se desmande, procuraréis luego el remedio con sus prelados con la prudencia, suavidad y buenos medios que de vos confío; y no aprovechando, si los casos fuesen tales que requieren mayor remedio, usaréis del que os pareciere más conveniente.

Con los inquisidores de la ciudad de México, os encargo tengáis toda buena correspondencia y los honreis, proveyendo y procurando que las audiencias y gobernadores, corregidores y otras justicias de todo el distrito se lleven bien con sus comisarios y oficiales, por lo mucho que importa que, en partes tan remotas y donde está tan recién plantada la fe, sea el Santo Oficio reverenciado, temido y estimado. Que para que se excusen los encuentros y diferencias que se han ofrecido por lo pasado sobre cosa de jurisdicción y preeminencias, está ya proveído lo que conviene por cédula del 30 de mayo de 1640, de cuyo cumplimiento tendréis mucho cuidado.

Asimismo, os encargo tengáis particular cuenta con la conservación del derecho de mi Patronazgo Real, guardando y haciendo que los prelados, así eclesiásticos como de las órdenes, no le quebranten, sino que antes le guarden según y como ha sido concedido a los reyes de España por la santa sede apostólica y se declara en las provisiones que sobre ello están dadas, sin permitir ni dar lugar a que los prelados se embaracen ni entremetan en lo que no les pertenece, como algunos lo han intentado.

Se ha entendido que los religiosos de las órdenes tienen discordias y pasiones entre sí, porque los que allá toman el hábito hacen su parte contraria a los que van de acá, y que se contradicen los unos a los otros. Pues la discordia de suyo es tan dañosa, se echa tan bien de ver, cuánto más lo será en las religiones y los inconvenientes que se pueden seguir si esto pasa adelante. Así os encargo que os informeis muy particularmente del estado en que estuviere esto en cada una de las órdenes para que si hallaréis dichas diferencias o cosa semejante que tenga necesidad de remedio, tratando de ello con sus prelados y superiores, procuraréis concordarlos, mostrándoles su propio daño y el que pueden hacer en lugar del provecho que se esperaba de su doctrina, que es en lo que se deben ocupar, dejándose de estas pasiones domésticas de tan poco fruto y tan solicitadas por el demonio. Para que yo de mi parte procure el remedio en lo que conviniere ponerle, supuesto que ha de ser sabiendo en lo que está el daño, procuraréis con mucho recato y secreto entender por medio de las personas que tuvieréis por más confidentes y sustanciales, cómo se procede en el gobierno de dichas religiones, así acerca de lo espiritual como de lo temporal que les toca, y me avisaréis muy particularmente de lo que entendiéreis de cada uno y de lo que pareciese convenir que se reforme, y por qué medios.

Como lo entenderéis, se ha tenido particular cuidado de que los clérigos y frailes que se presentaren para las doctrinas sepan la lengua de los indios que han de enseñar la doctrina, y que haya cátedra en las cuales se lea dicha lengua para que haya copia de sacerdotes y ministros que la sepan para dicho efecto. Porque esto no se ha tenido ni tiene por bastante remedio para que los indios sean enseñados y adoctrinados en la fé y religión cristiana, de manera que sean tan aprovechados en ella como conviene y se desea, y como hubiera sucedido si se hubiera procurado con el mismo cuidado que todos los indios supiesen la lengua castellana con lo cual habría más y mejores ministros para su enseñanza y doctrina, y serían menos o ninguno los errores en que caerían de sus idolatrías y otros vicios y supersticiones antiguas, ha parecido proveer acerca de esto la cédula que allá hallaréis, que os encargo la veáis y os juntéis con dicha audiencia y prelados seculares y regulares, y todos juntos acordéis y ordenéis cómo lo contenido en dicha cédula se guarde, cumpla y ejecute precisa e inviolablemente, así en esa ciudad como en todas las demás de esos reinos y provincias, de manera que lo en ella contenido tenga cumplido efecto, de que tendréis el cuidado que de vos confío y pide la calidad del negocio, de que Nuestro Señor será tan servido y las almas de los indios tan aprovechadas. En todas las ocasiones que viniese, me avisaréis de lo que para su cumplimiento se ordenare, y por qué medios, y cómo se ejecutare.

Por haberse entendido por lo pasado que muchas veces los encomenderos de indios y sus caciques, y otras personas por ellos, impedían a los indios de sus pueblos que fuesen a los monasterios donde se juntaban a aprender la doctrina cristiana, diciendo que con aquello se distraen de pagar los tributos, a cuya causa los indios recibían notable daño y perjuicio en su cristiandad, se ha encomendado mucho a los virreyes pasados, en sus instrucciones, hubiesen muy particular cuidado de castigar lo que en aquel caso entendiesen haber excedido. Como quiera que es de creer lo habían hecho, por ser cosa de tanta importancia, me ha parecido encargároslo (como lo hago) para que, no estando remediado esto, lo remediéis, proveyendo que ninguna persona sea osada a impedir a los indios el acudir a su doctrina, so graves penas, las cuales ejecutaréis con mucha demostración, y para que todos teman el castigo, haréis que esto se pregone en todas las ciudades principales de la Nueva España. Me avisaréis en el estado en que lo hallaréis y de lo que proveeréis, y de lo demás que os pareciere debo proveer para que de todo punto se remedien los abusos pasados.

En la ciudad de México hay un colegio donde se recogen todos los mestizos y muchachos perdidos de la tierra, para instruirlos y criarlos y que no se críen viciosamente ni hagan vagabundos en deservicio de Dios y daño suyo, lo cual por ser cosa tan importante como se ha de considerar, así para la tranquilidad y paz de esa república como para el bien de los mismos mestizos, deseo mucho que esto no sólo se conserve, sino que sea muy favorecido para que cada día vayan en mayor aumento en la virtud. Así os encargo que, luego que ésta recibáis, os informéis del estado en que está dicho colegio, y si los niños que allí concurren aprovechan en sus buenas costumbres y doctrinas, y remediaréis lo que fuere necesario de la manera que os pareciere que más convenga al servicio de Dios Nuestro Señor y mío. Me avisaréis particularmente de la forma en que lo hallaréis, y de lo que proveeréis, procurando con el cuidado y diligencia, que confío le tendréis, de hacer recoger en dicho colegio todos cuantos niños mestizos hubiere. Porque he hecho algunas mercedes a dicho colegio, como lo veréis por cédula del 12 de septiembre de 1557, que hallaréis allá, ordenaréis se tome la cuenta para que sepáis y os enteréis en lo que se ha gastado la renta, y cómo y con qué orden se ha distribuido, y lo que estuviere en pie, y proveeréis que se gasten los alcances que hubiere en cosas necesarias y provechosas a dicho colegio. Para proceder en todo con más luz, procuraréis lo que sobre esto han hecho y proveído los virreyes, vuestros antecesores, a quien se ordenó y mandó lo mismo.

Asimismo, se ordena en dichas instrucciones pasadas a los virreyes, vuestros antecesores, que porque en la ciudad de Méjico y en algunos otros pueblos de la Nueva España se habían hecho, dotado y fundado casas para recogerse indias, doncellas y adoctrinarlas en las cosas de nuestra santa fe, y enseñarlas a regir sus casas cuando las tuviesen, siendo casadas; se informasen de las casas que había de esta calidad y del orden que se tenía en ellas, y cómo se sustentaban, y de qué, y de lo que conviniese proveer para su conservación, teniendo muy particular cuidado de su vestimento y honestidad. Y porque conviene que esta obra, siendo como es tan importante al servicio de Dios y bien de la tierra, pase muy adelante, os encomiendo mucho y que con muy particular cuidado procuréis no solamente su conservación, sino que en las provincias donde hubiere buena disposición y no se hubieren hecho estas casas, se hagan para el dicho efecto, y se pongan en ellas mujeres de buena vida y ejemplo para que se comunique el fruto de tan buena obra en toda la tierra. A estas mujeres que hubieren de enseñar a dichas indias, las encargaréis que tengan particular cuidado de no permitirlas que hablen su lengua materna, sino la española, la cual enseñen a las que no la supieren, y en ella las oraciones y a leerla en los libros de buen ejemplo. Me avisaréis del estado en que le hallaréis y de lo que proveeréis de nuevo, y lo mismo continuaréis adelante en todas las ocasiones.

Habiéndose entendido que en la ciudad de México y sus comarcas había muchas niñas mestizas, hijas de españoles y de indias que andaban perdidas sin conocer padres ni personas que mirasen por ellas, se fundó una casa en la ciudad de México para su recogimiento, sustentación y doctrina. Como quiera que a los virreyes, vuestros antecesores, se les ha encargado en sus instrucciones tuviesen mucho cuidado de esta obra, y es de creer que lo habrán ayudado como lo requiere la importancia de ella; pero por lo que deseo que asimismo vaya muy adelante, por lo que además del servicio de Dios Nuestro Señor importa al bien de la tierra, os encargo os informéis del estado en que está, y de la renta que tiene la casa para su sustento, y de las limosnas que se recogen, procurando que con lo uno y lo otro se esfuerce y aumente, teniendo de esto el mismo cuidado que os mando tengáis de lo contenido en el capítulo precedente.

Y porque asimismo, en la ciudad de México, hay dos hospitales para recoger y curar los enfermos, y conviene atender a su conservación y aumento. Para que mejor se consiga os encargo que los visitéis algunas veces y que procuréis conservarlos y aumentarlos, disponiendo que los oidores, cada uno de por sí, hagan lo mismo, al menos cuando vos pudiéreis, para que además de que vea la cura y servicio y buena hospitalidad que se hace a los enfermos, y cómo está el edificio y la dote y limosnas con que se sustentan, y como se distribuyen y por quién, para que los mismos que los tienen a cargo se animen y vayan con más cuidado, viendo el que vos y la audiencia tenéis, y esto mismo sirva de consuelo y alivio para los enfermos. A los que mejor asistieren a su servicio y con más cuenta y caridad los animaréis y favoreceréis para que esto también les sea parte de consuelo y premio, para que con vuestro ejemplo y suyo hagan lo mismo otros muchos.

Una de las cosas en que habéis de tener mayor cuidado es del buen tratamiento de los naturales, por ser de lo que depende la segura conservación de aquellos reinos y provincias, como lo entenderéis por las cédulas que se han despachado para su buen tratamiento y moderación con que se ha de usar de sus servicios y trabajos, de que han de ser premiados y gratificados suficientemente. Y porque sin embargo del cuidado que se ha procedido, hay nuevas quejas de sus malos tratamientos y de que son demasiadamente agraviados y trabajados con los servicios personales y otras cosas, lo que es causa de que se vayan consumiendo y acabando, de manera que si no se remediase como conviene brevemente no quedaría ninguno, y para remedio de ello, se ha ordenado lo que veréis en el despacho del 26 de mayo de 1609 y en otro del 3 de julio del año 1627, en que el rey nuestro señor, que sea en gloria, puso de su real mano las palabras siguientes: quiero que me déis satisfacción, a mí y al mundo, del modo de tratar esos mis vasallos, y de no hacerlo con que en respuesta de esta carta vea yo ejecutado ejemplares castigos en los que hubieren excedido en esta parte, me daré por deservido, y aseguraos que aunque no lo remediéis, lo tengo de remediar y mandaros hacer gran cargo de las más leves omisiones en esto, por ser contra Dios y contra mí y en total ruina y destrucción de esos reinos, cuyos naturales estimo y quiero que sean tratados como lo merecen vasallos que tanto sirven a la monarquía, y tanto la han engrandecido e ilustrado. Y últimamente, en otro del 27 de junio de 1602, y de estos despachos se os entregará copia con ésta, firmada del secretario, infrascripto en que se prohibe el servicio personal de los indios, yo os encargo los veais e informándoos del estado que se tiene su ejecución y cumplimiento, prosigáis en las diligencias con la atención y consideración que pide la gravedad de la materia, y de manera que resulten los buenos efectos, avisándome de lo que en esto se hubiere hecho y se hiciere con particular cuidado y puntualidad.

7. Por haberse entendido que en algunos pueblos de indios había tasaciones confusas, que no tenían número ni cantidad cierta de lo que dichos indios habían de pagar, y así muchas veces pagaban más de lo que debían, se ordenaba a vuestros antecesores, en dichas instrucciones, pusiesen como luego se hiciesen tasaciones ciertas y determinadas para que los indios supiesen lo que habían de pagar, y que esto fuese con moderación y conforme a la orden que está dada acerca de la distribución y cobranza de dichos tributos. Y aunque se entiende que ya estas cosas están en otro estado, y las tasaciones justificadas, todavía por si hubiere algunas por remediar, os encargo que os informéis de la audiencia y de otras personas inteligentes, y hallando que hay algo que proveer a cerca de esto, lo haréis de manera que se quite toda ocasión de que por esta manera los indios sean agraviados, como os encargo que procuréis, así en esto, como en todo cuanto les tocare.

Asimismo, se decía en otro capítulo de dichas instrucciones que por haber entendido que en la Nueva España había tierras buenas y templadas para poderse en ellas plantar morales y criar sedas, se informasen de las que hubiese a propósito para dicha postura de morales, y también para sembrar lino, y procurar que los indios, cuyas fuesen, las plantasen y sembrasen y diesen a criar seda, y coger lino, y a hilarlo, y tejerlo, para que no solamente la tierra se proveyese de todas estas cosas, sino que se pudiesen traer a estos reino, lo que por ser de mucha consideración, y en que se va mirando para proveer lo que más convenga, en el entretanto que se hace os encargo que luego que hayáis recibido este despacho, procuréis saber y entender lo que se ha hecho a cerca de lo que he dicho, y si en virtud de lo que se ha ordenado a vuestros antecesores en dichas instrucciones se han plantado morales y criado linares, en qué cantidad, en qué personas, y de qué calidad, qué seda y lino se coge, y qué se hace de ello, para que con mucha particularidad me avisaréis luego del estado que esto tiene, y en el que lo hallaréis, sin permitir ni dar licencia para que de nuevo se planten morales ni compren lineros, antes a los que lo quisieren hacer se lo estorbaréis con destreza y la prudencia que de vos fío, y sin que se entienda que lo hacéis por vía de provisión, porque no exasperen, hasta que vista vuestra relación se os envíe la orden que hubiéreis de guardar.

Asimismo, he sido informado que en muchas partes de la Nueva España hay tierras muy buenas y aparejadas para poner cañas de azúcar y hacer ingenios, porque son templadas y de mucha agua, así cerca del Mar del Norte como a la Costa del Mar del Sur. Procuraréis que algunas personas se encarguen de hacer ingenios de azúcar, favoreciéndoles para ello con lo que buenamente se pudiere, dándoles las tierras para que se hagan los ingenios y planteen las cañas, y las que parecieren ser más convenientes para ello, con que sea sin perjuicio de los indios y entendiendo que han de tener negros para servicio de sus ingenios sin que en ello se ocupen indios, so graves penas.

Estoy informado que muchas tierras que los españoles les tienen para sus ganados se las han dado en perjuicio de los indios, por estar en sus tierras muy cerca de sus labranzas y haciendas, y que a esta causa dichos ganados les comen y destruyen sus frutos y les hacen otros daños. Para remedio de lo cual, proveeréis que los oidores que salieren a la visita de la tierra por su turno conforme a las ordenanzas, lleven a su cargo visitar dichas estancias sin ser requeridos, y veis que si están en su perjuicio o en sus tierras, y siendo así llamadas y oídas las partes a quien tocare breve y sumariamente de su oficio como mejor le pareciere, procure que se quiten luego y pasen a otra parte todos sin daño y perjuicio de tercero, de lo que os encargo que tengáis particular cuidado por quitar toda ocasión de que dichos indios sean agraviados, ni dejen de labrar ni cultivar la tierra, o haciéndolo reciban daño en sus frutos.

Habiendo sido informado que algunas de las dichas estancias de ganados ocupan tierras de regadío muy buenas y fértiles para sembrar trigo, y que no estando allí dichas estancias las sembrarían dichos indios, de que resultaría común beneficio en la tierra, porque el trigo de regadío no se hiela, lo que no es en lo que se coge sin regarse, encargué a los virreyes, vuestros antecesores, se informasen de las tierras que hubiese de regadío, y diesen orden cómo se sembrasen de trigo, desocupándolas dichos ganados, no teniendo los dueños títulos para dichas estancias, y se pasasen a otras partes donde estuviesen sin perjuicio. Sabréis lo que se ha hecho en esto, y no habiéndose ejecutado, lo haréis vos, teniendo muy particular cuidado del cumplimiento y de avisarme de lo que hubiereis hecho y de nuevo proveeréis para la seguridad y población de la tierra.

Y particularmente para estorbar las invasiones que los indios chichimecos hacen en ella, de donde tantos daños han resultado y resultan, se informó que conviene hacer y edificar algunas poblaciones de españoles en buenos y cómodos sitios, y pareciendo éste buen medio para atajar la osadía de dichos indios y recogerlos en sus tierras, se ha ordenado a vuestros antecesores que, bien informados de los sitios más dipuestos para dichas poblaciones y conseguirse dichos efectos, proveyesen sobre ello lo que les pareciere convenir. Y porque hay algunos que se entiende están pacificados, y ayuda el buen tratamiento y doctrina y es de gran importancia por lo que conviene al servicio de Dios y nuestro y bien universal de la tierra, os encargo que os informéis del estado en que están y de lo que conviene para conservarlos en paz y quietud, y lo procuréis en cuanto se pudiese con el cuidado que de vos confío, por los buenos e importantes efectos que resultarán de cumplirlo así, de lo que me avisaréis con toda puntualidad.

Entre los títulos que os he mandado dar, se os entrega el de presidente de mi audiencia real, que reside en la ciudad de México, y en él se os manda que no tengáis voto en las cosas de justicia, así lo haréis y cumpliréis, dejando la administración de ella a los oidores de dicha audiencia, para que ellos la administren en aquellas cosas y de la manera que se hacen los de las chancillerías de las ciudades de Valladolid y Granada, conforme las ordenanzas de la real audiencia. Y en las cosas de justicia que dichos oidores proveyeren, despacharen, y sentenciaren, firmaréis vos con ellos en el lugar que suelen firmar los presidentes de las audiencias de Castilla. Además de lo cual, os encargo mucho la paz y conformidad que habéis de tener con dichos oidores, y el cuidado de que ellos administren justicia recta y libremente con satisfacción universal, no dando lugar ni consintimiento que entre dichos oidores haya rencores y pasiones, de cuya manera de proceder y de lo que cada uno hiciere y cómo usare su oficio me avisaréis secreta y ordinariamente con la puntualidad y seguridad que se requiere, para que con la misma haga merced o mande castigar, conforme a lo que cada uno hiciere.

En las cosas que tocaren en la gobernación de la Nueva España, entenderéis vos sólo, conforme a las instrucciones y provisiones que para ello os he mandado dar, pero siempre será bien que comuniquéis con los oidores las cosas más importantes y que a vos os pareciere, para mejor acertar y seguir la que después de comunicado con ellos, os pareciere.

8. Y otrosí, proveeréis los corregimientos de toda la tierra que allá se hubiese de proveer en quien os pareciere, excepto los que he proveído y proveyere en adelante, teniéndolo entendido habéis de dar posesión a todos los que tuvieren y llevaren títulos míos. Y en lo que yo no llegare a proveer, respecto de que dichos oidores tienen conocimiento de las personas de la tierra y de lo que cada uno ha servido y merece, será bien, si os pareciere, que los comuniquéis con ellos, y oídos, haréis lo que tuviereis por más conveniente.

9. También pondréis mucha diligencia y cuidado en ver las nuevas leyes que se mandaron hacer para el buen gobierno de las Indias, y las ordenanzas de la Audiencia de México, y tendréis muy particular cuidado y diligencia en la guarda y conservación de ellas, mandándolas guardar, cumplir, y ejecutar según y como en ellas se contiene, excepto lo que de dichas nuevas leyes estuviere revocado.

10. Y porque por un capítulo de dichas Nuevas Leyes está proveído y mandado que no haya ni consienta haber traspaso de pueblos de indios por una venta, compra, donación, ni otro título ni causa, ni debajo de cualquier color que sea, lo veréis y mandaréis guardar, cumplir, y ejecutar, como en ella se contiene, porque dicha nueva ley no ha sido revocada ni tal intención he tenido, antes me avisaréis si en algo se hubiere contravenido después de su promulgación, qué personas lo han hecho, con qué causas, y de qué manera, con lo que os pareciere que se puede proveer para que en esto todo se ejecute lo que convenga.

11. Como quiera que en otro capítulo de los antecedentes se ordena que en ninguna manera se pase adelante en lo que toca a la labor de sedas y linos, porque quiero saber lo que importa el diezmo de lo que está en pie y no se hubiere de quitar, os informaréis muy particularmente de ello y me lo avisaréis.

12. Y porque al servicio de Dios Nuestro Señor y mío, y la cristiandad y de los indios, conviene que no haya ni consienta en esas provincias ningún morisco libre ni esclavo, os mando que, según está ordenado por cédulas y provisiones reales, proveáis que las audiencias, gobernadores y otras justicias del distrito hagan diligente averiguación para saber si hay allá algunos de los sobredichos, y a cualquiera que se hallare le enviaréis a estos reinos sin permitir ni dar lugar a que quede allí ninguno por ninguna causa; y de lo que de esta inquisición resultare me avisaréis.

13. También haréis guardar y ejecutar la provisión en que se manda echar de esas partes a frailes que hubieren apostado; además de lo cual, también haréis echar de la tierra a los religiosos de las órdenes, de que no hay allá convento, como está dispuesto por cédula general que se despachó el 14 de septiembre de 1620 y las demás que hasta la fecha de esta instrucción están expedidas en esta razón, aunque digan que van a fundar de nuevo, porque esto no lo han de poder hacer sin expresa licencia mía, la cual otro ninguno la ha de poder dar.

Porque los oidores de las audiencias de todas las Indias, islas y Tierra Firme del mar océano, puedan libremente entender en la administración de la justicia que les está encargada, y por otros justos respectos, se ordenó y mandó que una cédula real del 19 de octubre de 1619 que no pudiesen tener ni tuviesen otras granjerías ni mercaderías, según que más largamente se contiene en dicha cédula. Porque habiéndosela notificado a los oidores de dicha Audiencia de México, algunos suplicaron de ella para ante mi real persona, y por convenir dicha cédula se cumpliere y ejecutare, se dio sobrecarta, ordenando que sin embargo de dicha suplicación se guardase y cumpliese lo contenido en dicha cédula. La veréis y haréis que se guarde, cumpla, y ejecute, como en ella se contiene, sin embargo de la suplicación ni de otra apelación alguna que de ella se interpusiese, porque mi voluntad es que se guarde por convenir así a mi servicio, y lo mismo proveeréis que guarden los otros oidores de las audiencias del distrito de Nueva España.

14. Por entender los muchos inconvenientes que se siguen de que los presidentes y oidores, alcaldes del crimen y fiscales de las audiencias reales de las Indias, y sus hijos e hijas se casen en el distrito de sus audiencias, se proveyó y ordenó por cédula del 10 de febrero de 1575 que de allí adelante ninguno de los susodichos se pudiese casar durante el tiempo que sirviesen en dichos cargos, so pena de privación de ellos. Ultimamente, habiendo entendido que algunos de dichos ministros, con esperanzas de que yo les daría licencia para casarse en dichos distritos, han tratado con secreto casarse en dichos distritos, y entretenido los conciertos de sus casamientos, por los inconvenientes que de esto se podrían seguir de incurrir en peligro de las horas y haciendas aquellas personas con quien tratasen dichos casamientos, por otra cédula, hecha el 15 de noviembre del año 1592, se declaró que sucediendo lo que he dicho de concertar de casarse en sus distritos por palabra o promesa o por escrito con esperanza de que yo les tengo de dar dicha licencia, incurran en privación de sus oficios como si verdaderamente ejecutaran sus casamientos, y no puedan tener otro ninguno de ninguna calidad en las Indias, como más en particular se contiene en dichas cédulas y en otras que últimamente se despacharon el 12 de mayo del año 1619, 5 de septiembre de 1647, y 28 de noviembre de 1650. Y porque mi voluntad es que se guarden y cumplan irremisiblemente, por lo mucho que importa para el buen gobierno de esas partes y libre administración de justicia, os encargo que tengáis muy particular cuidado de su cumplimiento, ejecutando la pena en lo que contra lo en ellas contenido fueren y pasaren, y de darme aviso cuando sucediere el caso en cualquiera de las audiencias, tribunales, y justicias de esa tierra, para que se provean luego las plazas y oficios de los que contravinieron a la prohibición de dichas cédulas.

15. Estaréis advertido de no casar hijos, parientes, ni criados en aquella tierra sin expresa licencia mía.

16. Para que haya la buena cuenta y razón que conviene de las provisiones y cédulas que se han dado, y dieren de aquí adelante, dirigidas a dicha audiencia, proveeréis que todas se pongan por su orden en el archivo, y que además de esto haya un libro donde se sienten todas a la letra. Y para que se hallen y ejecuten muy fácilmente, procuraréis que se reduzcan a materias, y que se haga una tabla de ellas, porque podría ser que por no saber lo que está proveído se quedasen algunas cédulas y provisiones por no cumplir. De este libro si estuviere hecho, me enviaréis copia con relación de las cédulas que se practican y ejecutan y de las que no, y por qué causa, y no habiéndose hecho, proveeréis que se haga lo uno y lo otro.

En los bienes de difuntos que mueren en aquella tierra sin testamentos ni dejar herederos, soy informado que no hay el buen recaudo que convendría, como quiera que por cédulas reales está proveído y ordenado lo que conviene para que se envíen con toda puntualidad. Y porque esto es cosa de mucho escrúpulo, porque, además de embarazarse el descargo de las almas cuyo son, los herederos y personas que lo han de haber reciben notable agravio y daño, ordenaréis se guarde y cumpla en la Nueva España inviolablemente lo últimamente proveído acerca de esto, por cédulas del 22 de diciembre de 1606, 20 de julio de 1609, [9] de marzo, 5 de septiembre de 1620, y 21 de octubre de 1637, dirigidas a esta Audiencia en México, y las demás que hallareis en el archivo de ella, para que en su conformidad se ponga todo el buen recaudo que conviene en dichos bienes.

17. Habiéndose visto por experiencia, los muchos daños que han resultado de pasar a las Indias frailes y clérigos sin licencia de sus prelados sin llevar dimisorias, que éstos por la mayor parte son distraídos y que causan mal ejemplo, se ha encargado a los virreyes, vuestros antecesores, que no dejen estar en la tierra ningún religioso ni clérigo ni otro expulso alguno sin expresa licencia nuestra; y lo mismo os encargo a vos, y que deis orden a los prelados para que si allá vivieren algunos de estos religiosos y clérigos que hayan ido sin licencia, salgan de la tierra y sean traídos a estos reinos, conforme a lo que por una cédula real que sobre esto está dada se dispone.

18. Estaréis advertido que no habéis de poner ni criar oficios ni acrecentar salarios de nuevo a persona alguna que tenga oficio proveído sin expresa comisión mía, y cuando en algún caso os pareciere que conviene acrecentar el salario, me lo consultaréis primero para que, por mí visto, provea lo que convenga.

19. También estaréis advertido de no librar cosa alguna en la real caja por vía de merced ni gratificación ni en otra manera alguna, sin particular comisión y orden mía.

20. Asimismo tendréis especial cuidado de proveer que los escribanos de cámara y de la ciudad y los relatores de la audiencia lleven los derechos conforme al arancel, porque he sido informado que en esto ha habido y hay muchos excesos. Para que se atajen y ninguno se atreva a ir contra lo proveído, temiendo su castigo, haréis pregonar la cédula que hallaréis allá para este efecto, dirigida al Marqués de Montesclaros.

21. En fin de cada año proveeréis una persona que visite los registros de todos los escribanos públicos del número y ordinarios, para que vea si están conforme a las leyes y pragmáticas de mis reinos, lo cual, y lo contenido en el capítulo precedente proveeréis y haréis que se guarde y ejecute en todas las otras ciudades, villas, y lugares de españoles de la Nueva España.

22. Luego como llegareis a aquella tierra, os informaréis del estado en que están las cosas de la Casa de la Moneda de la ciudad de México, y habiendo necesidad de proveer de algunas, me avisaréis de ello, y en el entretanto lo proveeréis como viereis que conviene.

23. Habiéndose informado que la fábrica y labor de los paños que se hacen en la ciudad de los Angeles de la Nueva España iban en tanto crecimiento que no solamente se abastecía de ellos aquella tierra, sino que se llevaban muchos al Perú con la comodidad que tienen de darlos baratos los que los labran, respecto de ser los materiales que de acá se llevan, que son ribaya y caparrosa, con que se ha ido enflaqueciendo el trato y comercio de aquellos reinos con estos. Se envió a mandar a la Audiencia de México, por cédula del 7 de septiembre de 1594, enviase relación del estado en que estaba lo sobredicho, y lo demás que le ocurriese y pareciese convenía proveer para remedio de aquel daño, y que en el entretanto, siendo cierta la relación que se había hecho, diese orden de que no fuesen en aumento dichas labores. Y porque éste es negocio de mucha importancia, luego que lleguéis a aquellas provincias, os informaréis de lo que se hubiese hecho en cumplimiento de dicha cédula y de lo que se ordenó en los despachos de los servicios personales, y con ésto, y con lo que entendiereis de la audiencia y otras personas inteligentes, me avisaréis con vuestro parecer, procurando que en el entretanto que proveo conforme a él lo que más convenga, no sólo se aumente la labor y tratos de dichos paños, antes los repáreis y detengáis cuanto buenamente pudiereis, y se sufriere principalmente los agravios y trabajos que en esta labor reciben los indios. Informado muy particularmente, me avisaréis de los que son, para que vistos y entendidos, se provea lo que más convenga para que sean muy relevados.

24. Por otra cédula, hecha el 13 de julio de 1595, se mandó que se prosiguiese la reducción de los indios a poblaciones, tomando lo que para ella fuere necesario de penas de cámara, estrado, y cuentas de justicia, quitas y vacaciones, o de los tributos puestos en la real corona para dar entretenimiento, y lo que faltase, habiendo apurado aquellos géneros, se tomase del nuevo servicio que se ha acrecentado en los indios para el sustento de la armada como no pase de un real de los cuatro del nuevo acrecentamiento, y esto no habiendo inconveniente, y si le hubiere parase la ejecución, y se me avisase. Después continuó estas reducciones el Conde de Monterrey, y por lo que él y el Marqués de Montesclaros escribieron, por cédulas del 13 de diciembre del año 1604 y 19 de agosto de 1606, se dio la orden que en ello se había de tener, y os encargo las veais y que en conformidad de lo que por ellas se manda continuéis y acabéis dichas reducciones, procurando la buena comodidad y conservación de los indios y su doctrina y edificación en nuestra santa fe católica. De lo que sobre ello hiciereis, me daréis aviso, porque me holgaré de tenerlo entendido.

25. Porque una de las mayores quejas de los vecinos que causan mayor descontentamiento de la tierra es la poca libertad que los encomenderos tienen en sus casamientos, porque en sucediendo alguna mujer en un buen repartimiento, los virreyes las casan con criados suyos, o ellos lo procuran y solicitan, de manera que con los medios que ponen, y principalmente con el favor que para ello les dan los virreyes, las alcanzan, lo que es causa de que muchos repartimientos, y de los mejores que se hallan, están de presente en personas que no han servido, con gran sentimiento, quejas, y descontentos de los que habiendo servido y teniéndolo por muy merecido se quedan sin ellos. Y porque no es justo ni conveniente que pase esto adelante, estaréis advertido de no embarazaros ni tratar de los casamientos sino que les dejéis correr con la libertad que es justo y necesario, antes procurando que dichos encomenderos se casen con las personas que fueren mas a propósito para el dicho servicio, pacífico estado y conservación de la tierra, porque de lo contrario me daré por deservido, y mandaré proveer del remedio que convenga, como quiera que espero de vos que no daréis lugar a que yo entienda que se exceda en lo que tan precisamente os encargo y mando.

26. En el guión que trajereis como virrey, traeréis mis armas reales y no otras algunas.

La gente ociosa que no tuviere oficio ni otra cosa a que acudir, procuraréis ocupar en poblaciones y nuevos descubrimientos, y en lo que hubieren de hacer, guardaréis y haréis guardar las instrucciones de nuevos descubrimientos y poblaciones que hallareis, en lo cual os encargo tengáis mucho cuidado.

27. Por capítulo particular de dichas instrucciones, y por mis cédulas reales, se ha encargado a los virreyes pasados que enviasen a estos reinos todos los casados que tuviesen acá sus mujeres sin dispensar ni disimular con ninguno ni concederles términos ni prorrogación. Y porque no se ha tenido de esto el cuidado que convenía, y las mujeres padecen la falta y ausencia de sus maridos y se da ocasión a otros inconvenientes en deservicio de Dios y nuestro, le tendréis vos muy particular en hacer que se cumpla precisamente lo proveído, y lo mismo encomendaréis a las audiencias, gobernadores y demás ministros del distrito.

28. Tendréis especial cuidado de entender con toda puntualidad y verdad cómo se administra y ejecuta la justicia en todas las audiencias de ese distrito y por todos los gobernadores y corregidores de él, informándoos de esto ordinariamente con mucho recato y secreto, y de los que hicieren lo que deben, y también de los que lo contrario. Me avisaréis en carta aparte de vuestra propia letra, porque sea el secreto inviolable, para que unos sean premiados y otros castigados.

Veréis y entenderéis el estado en que vuestro predecesor dejó la casa y aposento de armas, municiones, y artillería, para procurar con mucho cuidado, como os encargo, que esté como conviene para los fines con que se fundó y que antes se aumente que se disminuya.

29. Tendréis muy particular reparo y seguridad de los caminos y de todas las obras públicas, principalmente de las que fueren necesarias y convenientes de todas las ciudades y pueblos principales de aquel distrito, para que, como es razón, se aumenten cada día y ennoblezcan más. Y más particularmente tendréis este cuidado de lo que toca a los hospitales, y de que se conserven los que están fundados, y sobre todo el remedio de los daños de la laguna y acequias que están dentro de la ciudad de México, que se causan en ella con las crecientes de las aguas, procurando reparar las que fuere posible, pues veis el peligro que tiene de ser anegada si no se pone algún remedio en ella, advirtiendo que por el más eficaz y permanente se juzga el de la inundación de dicha laguna. Así ejecutaréis lo que a esto toca, cumpliendo lo que por cédulas reales está mandado.

30. Asimismo se tiene entendido que los indios reciben muchos agravios de los religiosos y clérigos que los doctrinan, y particularmente en que los prenden y castigan por cualquier cosa liviana, y algunas veces porque no acuden a sus granjerías y servicios personales, como ellos querían. Como quiera que esto está prohibido, porque no se cumple como debía os mando que no permitáis ni deis lugar que los clérigos y frailes, a cuyo cargo fuere la doctrina, tengan cárceles, aguaciles, ni fiscales, ni hagan cosa que sea en perjuicio de dichos indios.

También os encargo que tengáis mucha cuenta con la labor y beneficio de las minas descubiertas, y en particular que se busquen y labren otras de nuevo, pues la riqueza de la tierra es el nervio principal para su conservación, y de su misma prosperidad resulta la de estos reinos que es en ellos tan importante y necesario cuanto lo tendréis entendido.

31. Una de las cosas que yo más deseo que con más cuidado procuréis es que los premios, honras, y acrecentamientos que se han de distribuir en aquellas partes se conviertan en las personas que allá me sirven. Y porque se acierte como conviene cosa que tanto importa, os mando que tengáis particular cuidado de informaros y saber las personas beneméritas que hubiere en cada estado para la provisión de lo eclesiástico y temporal, y en los despachos y ordinarios de cada año me enviaréis relación de todas, refiriendo en ellas las personas, calidades, y servicios de cada uno, distinguiendo en lo eclesiástico clérigos y religiosos, cuáles serán buenos para los prelados, y de los clérigos quiénes para dignidades, canonjías, y beneficios, de qué iglesias y pueblos, y de los otros estados, para qué plazas, y los de capa y espada quiénes para gobiernos y quiénes para la guerra y oficios de pluma de la real hacienda.

32. Al Marqués de Montesclaros se le mandó, por un capítulo de la instrucción que se le dio, supiese el estado en que estaba el descubrimiento y pacificación del Nuevo México a que fue Don Juan de Oñate, y que procurase que esto tuviese efecto. Y porque al presente está en diferente estado lo que a esto toca, os encargo y mando veáis lo que por cédulas que allá hallaréis se ordenó en la materia al Marqués de Salinas, y las guardéis y cumpláis, informándoos del estado que al presente tiene su ejecución.

33. Por cuanto, como teneis entendido, importa a mi servicio que se guarden inviolablemente las órdenes que últimamente están dadas acerca de la contratación de esas provincias con las Islas Filipinas, os encargo tengáis en esto el cuidado que de vos confío para que de aquí adelante no haya los fraudes y excesos que ha habido hasta ahora, previniendo, por vuestra parte, cuanto fuere posible para que no exceda de la permisión de los quinientos mil ducados y demás órdenes que acerca de esto están dadas.

34. Por cédulas de 14 de diciembre del año pasado de 1606 está permitido y mandado que se puedan renunciar en las Indias los oficios vendibles, como se hace en estos reinos, en la forma que veréis por dicha cédula. Porque conviene que se guarde y cumpla precisa y puntualmente todo lo contenido en ella, os mando, en lo que toca al distrito de vuestro gobierno, hagáis que esto tenga cumplido efecto, poniendo en esto el calor y cuidado posible, procurando en todo la utilidad y aumento de mi hacienda.

35. Visto el gran exceso que ha habido y hay en pasar a aquellas partes tanta gente como continuamente va sin licencia, que los llevan los maestres de las naos por sus intereses y aprovechamientos, y que allá tienen tantas trazas para encubrirlos y ellos para pasar adelante sin que haya quien los resista, con lo cual se llena la tierra de vagabundos y mujeres perdidas, está ordenado, por cédulas generales, su fecha del 15 de junio de 1625, en que está inserta otra del 18 de junio de 1622, que se han enviado a todos los puertos, para que se tenga muy particular cuidado de inquirir, averiguar, y buscar los que van sin licencia, y que en ninguna manera dejen embarcar los que no la mostraren. En Sevilla, San Lúcar y Cádiz se pregone que ningún maestre llevase en sus naos pasajeros sin licencia, so pena de privación de oficio y 200 ducados por cada uno, además de las otras penas contenidas en las nuevas ordenanzas de descaminos y arribadas, y en otras cédulas que para excusar esto se han despachado, con lo cual se excusaría el dicho inconveniente si se cumpliesen. Así os mando que si no llevaren consigo dichas licencias y no las presentaren ante vos, que luego les mandéis volver a embarcar sin réplica ni dispensación alguna, de que os encargo tengáis especial cuidado, por lo mucho que importa aliviar la tierra de tanta gente perdida, y a vos el cuidado de castigarla y prevenir lo que convenga en el puerto de San Juan de Ulúa para remedio de esto y cumplimiento de lo que está ordenado.

36. Porque, sin embargo que no se da licencia a ningún extranjero para que no pase a esas partes, estoy informado que son mucho los que pasan, porque con títulos de marineros, artilleros, y con otros oficios de los navíos, los embarcan los maestres de ellos y después les es fácil el pasar adelante por la poca cuenta que hay con impedirlo, y así hay muchos en la tierra. Y porque esto es de mayor inconveniente que lo pasado, os mando tengáis muy particular cuidado en procurar, examinar y entender muy bien los extranjeros que pasan en cada flota, pues encomendándolo a las justicias de San Juan de Ulúa y Veracruz y los demás puertos de las costas y con cuidado inquieran los que van y los busquen y prendan, no se podrán encubrir, y aún esta misma diligencia parece sería buena para lo que toca a los pasajeros que queda dicho en el capítulo precedente; y en ninguna manera consentiréis que quede ninguno en la tierra de dichos extranjeros, entiéndese de los que fueren después de la composición.

37. Bastantemente tenéis entendida la necesidad y aprieto en que se halla esta monarquía, pues las continuas hostilidades que tantos años han hecho los enemigos de ella, obligando a asistir con gruesos ejércitos en diferentes partes, procurando aplicar para mantener los medios que sean menos perjudiciales y gravosos a los vasallos, y siendo uno de ellos el derecho de media anata, pues siempre recae su pago en personas de puestos y comodidades y que reciben mercedes, oficios, cargos, y honores, se ha reconocido que la cobranza de este derecho está muy atrasada en las Indias, y el Virrey Duque de Alburquerque escribió sobre esto que en catorce meses que se había aplicado a ello y hecho se feneciesen algunas cuentas, se habían cobrado 40.000 pesos de lo atrasado de este ramo y hacienda. Así, os encargo pongáis muy particular cuidado en esto, ordenando a los comisarios de este derecho le tengan las partidas que se debieren, de manera que por este medio se excusen otras cargas que pueden recaer sobre los pobres y más desacomodados; y me avisaréis siempre del estado que esto tuviere.

Por lo mucho que importa que la persona que os sucediere en este puesto entre con las noticias individuales de todas las cosas de ese reino, estaréis advertido que precisa e indispensablemente le habéis de dejar una relación distinta diaria, firmada de vuestra mano, del estado en que dejareis el gobierno de ese reino, de los negocios graves que hubieren sucedido en el discurso de él, si quedan acabados y salida que tuvieron, y los que faltan por concluir, con todo lo demás conveniente a esto. Si no se pudiere dicha relación diaria, será con la mayor distinción que fuere posible, teniendo entendido que esto lo habéis de ejecutar tan inviolablemente que no se os ha de acudir con el sueldo del último año del virreinato hasta que conste a los oficiales de mi real hacienda de la ciudad de México, el haberla entregado, como está mandado por cédula real, y traeréis o remitiréis a mi Consejo de las Indias una copia de la relación que dejaréis a vuestro sucesor para que en él se tengan las noticias de que se necesita.

38. Aunque por tan repetidas cédulas y órdenes se han encargado a vuestro antecesor el cuidado que debe poner en acudir y socorrer a los presidios con los situados que les están señalados y con los demás que hubiese menester, todavía, considerando que cada día insta la necesidad por las muchas poblaciones que tienen las naciones del norte en las costas de las Indias y los piratas que las infestan, y que su ambición y codicia aspira a usurpar otros puestos sin que basten los capítulos de las paces a contenerlo en sus límites, obliga a encargaros que veáis todas las órdenes y despachos que sobre esta materia se han enviado; y que con noticia de ellos, teniendo presente la suma importancia de mantener y conservar los puertos de las costas de barlovento y los demás de aquellas provincias, pongáis muy particular cuidado y desvelo en socorrerlos con todo lo que pudiereis, de gente, armas, y municiones, remitiendo muy puntualmente los situados y correspondiéndoos con los gobernadores para saber el estado en que se hallan los presidios, en que se fía obraréis con la vigilancia, celo y cuidado que pide la gravedad de la materia, e iréis dando cuenta de lo que ejecutareis. Todo lo cual haréis con el cuidado y diligencia que yo fío de vuestra persona y prudencia y del celo que tenéis de acertar en las cosas de mi real servicio. Madrid, a 10 de mayo de 1696. Yo el rey. Por mandado del rey nuestro señor: Don Bernardino Antonio de Pardiñas Villar de Francos.

Señalada del Consejo.

Fuente: Los Virreyes españoles en América durante el gobierno de la casa de Austria: México, edición de Lewis Hanke con la colaboración de Celso Rodriguez, Biblioteca de autores españoles, Atlas, Madrid, 1976-1978, 5 volúmenes, volumen 5, 1978, pp. 188-205.