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Siglo XVII > 1680-1689 > 1687

Real cédula a la audiencia de México mandando se cumplan las ordenanzas del virrey duque de Alburquerque que regulaba los salarios de los indios gañanes de las haciendas y prohibiendo que se les pagase con efectos y ropas, a fin de evitar que por deudas se perpetuase el indio en la estancia.
Madrid, 4 de junio, 1687.

El Rey.

Por cuanto en mi Consejo Real de las Indias se tiene noticia de que el duque de Alburquerque, que siendo virrey de la Nueva España, hiciere ordenanza en que dispuso que ningún español dueño de haciendas, ni otras personas, que se sirven de indios que llaman gañanes, no les presten dinero, ni fíen ropa ni otra cosa, so pena de que se darían por perdidas todas las cantidades que alegasen haberles prestado y fiado.

Y lo mucho que convendría que en este caso cumpliesen los indios con pagarles no más de cinco pesos, aunque alegasen los amos y dueños de hacienda haberles dado gruesas cantidades, por ser todas fingidas y supuestas y conseguir, por este medio y con esta cautela, tenerlos por esclavos toda la vida, siendo libres.

Con lo cual se evitarán muchos engaños, fraudes y dolos, como se hacen cada día, con aquellos naturales a quienes fingen deudas y cantidades que no han recibido, ni deben, sólo a fin de que los sirvan toda la vida.

Y que también convendría mandar que el indio que no quisiese trabajar en estas haciendas por ninguna causa ni pretexto se le pueda obligar a ello y que los indios gañanes que de su voluntad sirviesen en las haciendas se les pague cada mes por este trabajo seis pesos, demás de su ración de comida; y que a las mujeres de los. dichos indios, que también sirven con ellos, se les den tres pesos, y a los hijos que así mismo sirven se les den dos pesos cada mes, de más de su comida ordinaria, por el sumo intolerable trabajo que tienen, dándoles del presente sólo un ínfimo salario, sin tasa que la que quieren los dueños de hacienda.

Y que muchas veces no suelen pagárselo, con cuya providencia Tendrían aquellos pobres naturales algún alivio y descanso en la esclavitud y trabajo en que vivían.

Y que esta orden comprendiese generalmente todos los indios de la Nueva España.

Y habiéndose considerado sobre ello en el dicho mi Consejo de las Indias con lo que en esta razón pidió mi fiscal, he tenido por bien ordenar y mandar, como por la presente lo hago a mi virrey que al presente lo es y a los que en adelante lo fueren de las provincias de la Nueva España y a mi Audiencia

Real de México, que luego que reciban este despacho o que se les haga saber por parte de los indios, den las órdenes que fueren necesarias para que se guarde, cumpla y ejecute, precisa y efectivamente en todo aquel reino la ordenanza que hizo y formó en esta razón mi virrey duque de Alburquerque, en la forma y según como ella se expresare, en que dispuso que ningún español dueño de hacienda, ni otra persona alguna que se sirviese de indios que llaman gañanes, no les presten dineros, ni fíen ropa, ni otras cosas, so pena que se les darán por perdidas, como desde luego mando se den, y que los indios cumplan en pagar a sus amos sólo cinco pesos por dichas deudas, sin que mi virrey de la Nueva España, ni mi Audiencia Real de México permitan, ni den lugar en ningún tiempo, ni con pretexto alguno, a que se ejecute lo contrario.

Y así mismo mando que ningún español dueño de hacienda no puedan apremiar ni apremien de aquí en adelante, a ningún indio a que vaya a servir, sino es que esto lo hagan voluntariamente ellos y pactando primero y ante cosas el precio del salario, además de la comida ordinaria en que se combinieren y ajustaren con sus amos que les hubieren de dar cada mes por su salario.

Y que lo mismo se observe con sus mujeres e hijos.

Cuidando, como mando cuiden mi virrey y audiencia de México, que a unos y a otros se les pague con toda puntualidad lo que en esta forma devengaren, les tocare y hubieren de haber legítimamente, sin permitir ni dar lugar a que se les trampen, ni atrasen las pagas por pretexto ni motivo.

Y así mismo mando a los gobernadores de indios y demás justicias de todos los pueblos y lugares de todas las provincias de la Nueva España que, de aquí en adelante cuiden precisamente que ningún indio se quede ocioso sin ir a trabajar en propio o ajeno, dejando, como dejo, esta elección de trabajo a voluntad de los mismos indios, de suerte que por este medio se consiga el que en ningún tiempo puedan estar, ni estén, haraganes, de lo cual mando cuidar mis virreyes y Audiencia de México y que den las órdenes que tuvieren por necesarias para el entero y efectivo cumplimiento de todo lo contenido en este despacho.

BNM. ms. 13.332, fols. 14-16.

Fuente:

Francisco de Solano. Cedulario de tierras. Compilación. Legislación agraria colonial (1497-1820). Instituto de Investigaciones Jurídicas. Universidad Nacional Autónoma de México. Primera edición: 1984. Segunda edición: 1991. México.

http://biblio.juridicas.unam.mx/libros/libro.htm?l=387