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Siglo XVII > 1670-1679 > 1677

Proposiciones del marqués de Varinas sobre los abusos de Indias, fraudes en su comercio y necesidad de la fortificación de sus puertos.
1677

Consulta sobre la isla de santo domingo

Proposiciones del Marqués de Varinas sobre los abusos de Indias, fraudes en su comercio y necesidad de la fortificación de sus puertos, y lo que sobre cada una se consideró y acordó en una Junta que á este fin se formó el año de 1677, siendo presidente del Consejo el Duque de Medinaceli, á que concurrió con este Ministro el Marqués de Mancera, don Diego de Portugal y D. Joseph de Avellaneda.

En una junta que se tuvo el año de 1677 en la posada del Duque de Medinaceli, sobre cosas de Indias, para ver algunos puntos que propuso D. Gabriel Fernández de Villalobos, después marqués de Varinas, á que concurrió con su voto especial el Marqués de Mancera, que había sido virrey de Nueva España, ponderándose los perjuicios de las arribadas fraudulentas de los extranjeros á aquellos puertos, con pretexto de temporales y falta de bastimentos, aunque Villalobos propuso excluirlas absolutamente sin distinción de casos, á la Junta pareció inhumanidad este medio, porque podría haber casos en que fuesen necesarias estas arribadas, y no era justo que padeciese la inocencia á cuenta de la culpa, y se propuso que el remedio era buenos gobernadores y ministros, sin beneficio, y la Cámara de Indias los buscase de esta calidad, castigando con severidad á los que faltasen á su deber.

Sobre punto de fortificaciones se dixo que en las Indias no conviene haya más que las que se puedan guarnecer, porque donde la gente es lo que más falta, daña más que defiende la sobra de fortificaciones.

Sobre los comercios de la costa de Onduras á la corambre, cacao, grana, zarza, añil, jalapa, achote, sebo y otros muchos frutos no se propuso otro remedio que estrechar las órdenes prohibitivas del comercio con extranjeros, y cometer la averiguación y castigo de qualquier leve desorden á un Oidor de Huatemala, la qual dista 140 leguas, ó al obispo de Comayagua.

Sobre los excesos de Yucatán en los repartimientos y doctrineros y conservación de los indios se dixo que se prohibiesen estos repartimientos en excediendo de uno, y que al Comisario general de San Francisco en Nueva España se le previniese corrigiese sus doctrineros, apercibiéndole que de continuar el exceso en sus intereses, de que resultaba ausentarse muchos indios abandonando la fee, se les quitarían las doctrinas, y que era irremediable el defecto que naturalmente tenía el puerto principal de Campeche por su poco fondo, lo que aventuraba las embarcaciones, sin sufragio de la artillería de tierra, y esto mismo, y el ser lugar abierto y fácil de acometer por diferentes partes, al arbitrio de quien sea dueño de la mar, la hacía impreservable del saco, y que lo mismo sucedía en la Laguna de Términos, en donde las naciones del Norte entraban sin contradicción á cortar palo de tinte.

Sobre las fortificaciones de la Habana se dixo que los castillos del Morro y de la Punta (que está en frente) son muy útiles para dañar al enemigo que acometiere á aquel puerto, aunque no hay canal impenetrable á la buena resolución de una armada favorecida del viento y resuelta á recibir más ó menos cañonazos; pero que el de la Fuerza Vieja (que está en sitio interior) recibe los navíos antes de surgir y los domina en el propio surgidero, y así se debía cuidar mucho de reducir este castillo á mexor forma, reparando sus murallas, profundando y ensanchando el foso y algunas defensas exteriores á la parte de tierra, que es por donde puede ser atacado; y, sobre los fraudes que se cometen en este puerto por los navíos de islas, en lo poco que registran, no se acordó más que poner buenos ministros y observar las órdenes dadas.

Subre la Veracruz, en punto de fraudes en las entradas del cacao de Caracas, Maracaibo, Cumaná y Trinidad de Barlovento, y géneros que se introducen en estas embarcaciones, en perjuicio del comercio de las flotas, por la difícil probanza de estos hechos, se acordó encargar este cuidado al virrey de Nueva España, y en quanto al castillo de San Juan de Ulua, que convenía ensancharle sobre el islote que tiene vecino, por ser la llave del reino; que al Castellano se le prohibiese severamente el vender por sí ni por interpósita persona otra cosa que pan, vino y carne, sin embarazar á los vecinos de Veracruz el entrar á vender lo mismo, y lo demás que fuere necesario para el sustento de los soldados, ni á éstos el que compren lo que hubieren menester en la parte que quisieren, y que el Virrey velase sobre ésto.

Sobre la provincia de la Florida se dixo ser muy importante su conservación, por hallarse vecino el puerto de San Agustín á las vertientes de la canal de Bahama y la continencia por la banda del Norte con la Virgínea, poblada de franceses, y por la de Poniente con la provincia de Apalache y otras de indios no sujetos. Que la entrada de aquel puerto es difícil por los bancos de arena y poco fondo, y que convenía allí una fortificación de mexor materia y forma, y proveerla de buenos gobernadores y presidio.

Sobre Santo Domingo se dixo que era una de las islas mayores y más fértiles de todas las Indias, abundante de ganados, carnes y arboledas para fábrica de navíos, y que por no tener minerales la han dejado los españoles, aunque los franceses han poblado la banda del Norte, que es lo mexor de ella; y se propuso por remedio aumentar en cuanto fuera posible las pocas poblaciones que habían quedado; que se acabe de amurallar la plaza principal de Santo Domingo, teniéndola cumplida y bien pagada; que no se admita la proposición de transferir aquella Audiencia á otra parte, porque da concurso y protección á la Isla, pues si se mudase, los isleños se desalentarían y los franceses (que ya entonces eran de 15.000 habitantes) pasarían á mayores progresos, convidados de la abundancia de la tierra, y, por estar á barlovento de todas las Indias, y se concluyó en que el gobernador se debiera aplicar con particular desvelo á fomentar y alentar el brío y fidelidad de los mulatos, de cuyo valor, agilidad y buen uso del país se debía fiar más que de los españoles.

Sobre Puertorrico se dixo que era una plaza inexpugnable con buenos artilleros, estando los soldados bien pagados y exercitados los mulatos, por ser de tan buenas partes como los de Santo Domingo, y estrechando las prohibiciones del comercio extranjero sobre los frutos del tabaco , ganado mayor, corambre y cacao, que había entonces.

Sobre la Margarita se dixo que estaba reducida á gran miseria por la total falta de las perlas que en ella se cogían, que la habían hecho la más rica y estimable de todas las islas de barlovento, y aunque se propuso excusar el gasto de gobernador y oficiales reales, agregando este gobierno al de Cumaná, poniendo allí un teniente que sirva de todo, como se hizo en el de Barcelona, pareció que debía continuar como estaban por no haberse perdido la esperanza de que vuelva á producir en algún tiempo el precioso fruto de las perlas, cuya consideración, y la de hallarse tan vecina al continente, y que si la ocupase el enemigo podría ser un gran padrastro á las provincias de Cumaná, Caracas y demás de aquella costa, que las tendría en continuo desasosiego, dictaba el que se conservase el gobernador y el presidio; pues estas mismas consideraciones habían hecho precisa la conservación del presidio de Araia con su dotación, y que se debía encargar aquel gobierno á soldado de gran reputación. Otro de la Junta fué de sentir se incorporase el gobierno de la Margarita con el de Araia, poniendo éste un teniente, en la isla, y en estas opiniones encontradas se remitió á S. M. la decisión, sobre el supuesto de la gran dificultad que tiene el hacer defensables é inespunables los puertos y abrigos de las Indias é Islas de Barlovento, y que siendo fácil perderlo todo en partes tan remotas, se debía atender al crédito de que no ocupase el enemigo un puerto fortificado y defendido de la autoridad de un gobernador y capitán general, y que se perdería más quando llegase el caso de ser atacado lo que se hubiese gastado.

Sobre el río de la Hacha, distante 60 leguas de la Laguna de Maracaibo, se dixo que por ser abierto y mal cuidado comercian las naciones ropa y negros por doblones y oro en polvo y pasta de las minas de Guamaco , Anserma , Zaragoza y Simuta, con las esmeraldas de Musso y perlas de su cosecha y se acordó por la Junta repetir las órdenes prohibitivas del comercio y los fraudes que se cometen sacando registros para allí, que cargan en Curazao y Jamáica; y lo mismo se dixo y acordó en quanto á Santa Marta, añadiendo se debe cuidar de su dotación de buenos artilleros, por ser importante aquel puerto para resguardo del reino de Santa Fée y Cartagena, estar cercano a Jamáica y Curazao y tener muchos granos, y minas.

Sobre la Trinidad de Barlovento se dixo ser tierra enferma para los europeos, por cuya causa no la habían ocupado los franceses; que tenía algún comercio con Curazao; que el río del Orinoco daba paso al Nuevo Reino, y se acordó que esta isla ella misma se defendía con su mal clima y esterilidad de frutos, y que el Río Orinoco, con más de 20 leguas de ancho su boca, debía cuidarse no fuese poblado; y, aunque se propuso que Araia debía abandonarse ex cusando el gasto de las 300 plazas de su dotación, porque había cesado el fin que la hizo construir, por abundar la sal, cuyas salinas guardaba antes de los extranjeros, se acordó que debía mantenerse, porque también se había puesto para defensa de aquella costa, y que aunque distaba mucho del Orinoco para poder guardar y embarazar su entrada, con todo, siempre sería de embarazo y estorbo á los enemigos que quisiessen intentar por aquel rio alguna conquista.

Sobre la provincia de Cumaná se dixo merecía mucha atención por las muchas arboledas de cacao que se iban plantando, y que se debía conservar el presidio y ciudadela, cuidando de amunicionarla; y en quanto al comercio que allí hacían los de Curazao, se acordó estrechar las órdenes ordinarias y enviar buenos gobernadores proveídos sin beneficio.

Sobre Caracas se propusieron muchos fraudes que se cometían en los registros y avalúos del cacao, y que se debía fabricar en la Guaira (que es su puerto principal) un fuerte con 100 plazas de dotación, cargando 6 reales en cada fanega de cacao, que importaría 10.000 pesos; en cada qüero un real, y llegaría á 1.000 pesos este derecho; en cada pipa de vino de islas de Canarias 20 pesos, que importarían 4.000 pesos, y lo mismo en el aguardiente; en cada botixa de España 2 reales, y montarían 1.000 pesos, y en cada petaca de tabaco 1 peso, cuyos derechos importarían 18.000 pesos cada año, con lo qual podía fabricar la fuerza y dotarse en adelante con un castellano militar y á provisión del Rey. Y se acordó, por la importancia de aquella provincia, hacer una plataforma con 6 ú 8 cañones que impidan el surgidero, y sobre los impuestos, que se debía examinar los inconvenientes de su práctica. Propúsose que las encomiendas de aquella provincia se aplicasen, como en Campeche, para la dotación de su fuerza y de la Margarita y Maracaibo, que necesitaban de presidios, y se acordó que se aplicasen las encomiendas a estos fines, conforme fuesen vacando, hasta en la concurrente cantidad, quitando á los gobernadores la facultad de proveerlas, como se había hecho con el virrey de Nueva España, siendo un magistrado tan superior á todos; y sobre los fraudes de cacao se propuso que debiese un oficial real asistir en la Guaira, y que allí Compeso de Cruz se fondease el que viniese de Puerto Cabello en las fragatas, y que se criase un Contador mayor y abriese feria de cacao por San Juan, sobre lo qual quedó indeciso el acuerdo. Propúsose también el fraude con el comercio de Curazao y se acordó estrechar las órdenes prohibitivas y que no se debían admitir á indulto los delitos de esta gravedad y consequencia.

Sobre Maracaibo se propuso la importancia de su Laguna y puerto, por ser paso para Popayán, Quito, Riobamba y Guayaquil, y que es llave y garganta esta laguna de unas provincias tan ricas, abundantes y extendidas, y que para la seguridad convenía fabricar una fortaleza en la punta de Mangles en que se estrecha tanto la entrada á la Laguna, que han de pasar las embarcaciones á boca de cañón, porque donde estaba el castillo, á la boca de ella, tenía cerca de media legua de ancho, por lo qual no se podía impedir el paso sino con pieza de mucho alcance; que esta fortaleza nueva guardara tres bocas navegables, que son: el canal ó barra de Zaparra, la de Oriboro á su barlovento, y la barra principal; y que debe fabricarse en forma que pueda coronarse y defenderse con 100 hombres, y se acordó la tal nueva fortaleza en la forma propuesta, añadiendo se podrían cegar los dos canales menores de la entrada, por ser de poca agua, afondando en cada uno dos ó tres buques de lastre, pues las avenidas de los ríos que allí desaguan, á breve tiempo las cegarían; esto sin embargo de que, por máxima general estaba consultado á S. M. que no convenía en las Indias aumentar fortificaciones, porque la razón particular que concurría en aquel sitio obligaba á limitar en él la regla; y se añadió que para cegar los dos canales propuestos era muy conveniente hacer cajones para los buques que se afondasen, con lo qual tendrían mayor seguridad y resistencia. Para la fábrica y dotación de este presidio, con un castellano á provisión del Rey, y no del gobernador de Caracas ó Mérida, se consideraron las sobras de Caracas y los derechos de saca de cacao y tabaco como en Caracas, contribuyendo para la fábrica las multas que se deberían echar á los comerciantes de estrangería, y algunos débitos atrasados de la Real Hacienda, y que ayudasen los indios en algunas encomiendas que cita la proposición, y así se acordó.

Sobre Cartagena se dixo que era la ciudad más populosa de aquellos parages, llave de Tierra firme, primera y precisa escala de los galeones; propúsose ser de 700 plazas el presidio y haber muchas supuestas, y se acordó que no se asentasen plazas á los vecinos del lugar, parientes, camaradas y criados de los gobernadores y cabos militares. Díxose se cometían en este puerto muchos fraudes, particularmente en el oro que baja del Reyno y Mompós, por causa del tesorero, contador y contraste, y también por el comercio por oficiales reales.

Sobre Portovelo se dixo que por falta del castillo se había rendido esta ciudad á Enrique Morgan, que la invadió con 900 hombres en siete fragatas de poca fuerza, porque á 100 pasos del castillo por línea oblicua tienen padrastro con tal eminencia, que desde él se barre la plaza de armas, y que era menester cortarle y hacer en él una plataforma que se corresponda con el castillo, con una estrada encubierta, y también desmontando la montaña, que corresponde al castillo de la Gloria, que es dominante al dicho cerro, y formar en ella un triángulo con tres medios baluartes, capaz de aloxar 80 hombres, ciñéndole de foso y empalizada con estrada cubierta que se comunique con el castillo. Los medios propuestos para el reparo de este puerto fueron: lo primero, que las casas de Portovelo, pagasen á S. M. la quinta parte de lo que reditaban, pues en los 60 días que duraba la feria rendían tanto como valían, pues algunas ganaban de 6 á 8 mil pesos, y que este arbitrio le abrazarían todos por convertirse su procedido en la seguridad de su misma renta. Lo segundo, que se apliquen al Rey los derechos que se pagan por los almacenes que hay en la boca del río Chagre, llamados bodegas, en que se recoge la ropa que por él se navega á Panamá, cuyos derechos son 1 peso por cada frangote de 8 arrobas, que sin título más que el estilo se aplica al castellano, y que las canoas que navegan aquel río, paguen dos pesos por cada viaje que hicieren en tiempo de feria ó en otro qualquiera. Lo tercero, que se aplicase el derecho de 4 reales que paga cada mula de las que traginan desde Puertovelo á Panamá, el qual se había impuesto para mantener las calzada, que hay en este camino, y montaba más de 30.000 pesos de feria á feria, pues no se consumía una tercia parte de este derecho en dichas calzadas.

Sobre Panamá se dixo que el Río Chagre era fácil de asegurar por los diferentes puestos en que se estrecha mucho su corriente; que con una débil fortificación con 25 ó 30 hombres y 3 pedreros se, podría impedir el paso al enemigo, mayormente siendo tan violento el ímpetu de las aguas, y que fué muy acertada la mudanza de la ciudad de Panamá de su antiguo asiento al nuevo sitio del Ancón, y que era necesario fortificarla bien, por las invasiones que podrán intentar los enemigos por la mar del Sur, cuya navegación con vientos generales no era larga: y finalmente se expresó ser muy excesivo el fraude que se cometía por aquellos Oficiales reales de lo que bajaba allí de todas las provincias del Perú, en que no se propuso por la Junta más que el cuidado que se debía tener en elexir buenos ministros y velar sobre ellos.

Sobre Guayaquil se dixo que estaba expuesto á invasiones pasando el estrecho de Magallanes, y por ser el único astillero de quantos navíos se fabrican en el Perú, y baxar á él los frutos y oro de Quito. La Junta convino en que no cabía en la posibilidad fortificar y guarnecer todos los puertos de las Indias, particularmente en la mar del Sur, que es de 1.200 leguas la costa, toda ella fondable, con puertos y surgideros, que si todo se hubiese de fortificar faltarían medios para otras necesidades más urgentes. Díxose por este puerto se cometían fraudes por lo que se llevaba á las provincias de Nicaragua, Guatemala y Realejo y Sonsonate, puertos de la Nueva España, y que sería mejor permitir el comercio de estos dos reinos por dicha parte, de sus frutos, pues el inconveniente de que no pasen por este medio desde Nueva España al Perú los géneros de China, en perjuicio de los de Europa, se podía estorbar sin que cesase el comercio de los frutos provinciales.

Sobre el puerto de Paita se dixo ser incapaz de seguridad por el terreno y esterilidad de sus arenales, que no producen ni aun yerba, por la continua falta de las lluvias, y que en él se desembarcan quantas mercadurías pasan de contrabando á los reinos del Perú, y se dixo que Paita no era puerto sino una gran bahía en que fuera inútil qualquier fortificación.

Sobre la ciudad de Lima y su puerto del Callao se dixo que era el blanco de la codicia de las naciones, por la inmensa cantidad de plata que por allí ha venido á estos reinos, pues pasaba de 1.400 millones de plata y oro embarcado en él, y que había sido invadido diferentes veces, y la última siendo virrey el Marqués de Mancera viejo, que con 30 bajeles de guerra, en que iban 9.000 hombres embarcados, intentaron los olandeses su expugnación, y propuso Villalobos para el remedio de estos riesgos que el tragín se hiciese con caballos y no con mulas, con lo qual se hallarían en la nación 4.000 caballos, que era defensa muy ventajosa para aquellos arenales. El Marqués de Mancera dixo que Villalobos no estaba tan informado en las materias del Perú y del Mar del Sur como en las de Barlovento, y que así, se le debía agradecer su celo y deferir poco á sus noticias, y se concluyó que, suponiendo por practicado el arbitrio de los caballos, lo que convenía era reparar las murallas en el Callao, que Mancera el viejo había hecho con gasto de más de 700.000 pesos, sacados de diferentes arbitrios, especialmente por la parte de la mar, por el continuado impulso de las aguas, y, que se demoliesen los almacenes que impedían el libre uso de la artillería, y que deben ser buenos soldados el Cabo y el Maestre de campo del Callao, para que cuiden de la disciplina militar con aquella guarnición.

Sobre el reino de Chile se dixo ser fertilísimo y abundante de todos frutos y minas de oro, plata, cobre y demás metales, y mucho ámbar, que se da en la costa. Que el reino de Valdivia, como no lo falte la guarnición de 800 infantes, con víveres y municiones para dos años, y el gobernador cumpla con su obligación, está bien defendido; porque las fortificaciones son de buena calidad, en sitios muy oportunos y con más que suficiente artillería, toda gruesa y de bronce. Que el puerto de la Concepción es surgidero mal seguro para bajeles de porte, y que no se puede presumir sorpresa por asistir allí de ordinario el gobernador del reino, y á poca distancia la mayor parte del exército, y que por la misma razón y ser estériles y difíciles de fortificar los puertos de Valparaíso, Coquimbo y Copiapó, son inútiles á los designios de los enemigos. Que el estrecho de Magallanes está en altura de 52 grados y medio, y el de Maire en 55 y medio, y que no dista uno de otro estrecho apenas 50 leguas por el mar del Norte. Díxose que no había en aquel reino cosa especial que reparar sobre la administración de la Hacienda real, aunque sí muchos excesos en la paga de los soldados y milicia de los indios amigos, por hacerse en géneros inútiles y no en plata efectiva, y se concluyó que los indios chilenos no se reducían por el medio de la suavidad ni ceden á la caricia, sino al escarmiento, y que nada les doma tanto como el castigo en sus mieses, ganados y personas; por lo cual son útiles las entradas que se hacen en sus tierras cuando no están de paz.

Sobre la provincia de Buenos Aires, en que se comprenden la de Paraguay, Tucumán y Río de la Plata, se dixo ser fertilísimas, al paso que despobladas, pues en 250 leguas de campaña en que se extiende su longitud y poco menos su latitud, no hay 3.000 españoles, quando la abundancia y fertilidad de la tierra da disposición para que tuviesen tierras de labranza y crianza más de 100.000 vecinos, y que sería muy conveniente tratar de su población, aunque fuese enviando los condenados por delitos de estos reinos y de los del Perú. Que tiene aquella tierra gran copia de maderas apropósito para todo género de fábricas y edificios.

Sobre aumentar la Real Hacienda por medio de diferentes impuestos, hizo una larga representación el Marqués de Varinas, diciendo que pues aquellas provincias eran las más ricas y las más descansadas de toda la monarquía, debían contribuir á las necesidades al respecto de su posibilidad, y de lo que pagaban y servían estos reinos. Propuso que estancándose la bebida que llaman chicha, que es general para todos los indios, el jabón y tabaco en polvo subirían los derechos reales una cantidad muy crecida, con el ejemplo del pulque que usan los indios de Nueva España. Propuso lo segundo que pagase el derecho de un peso cada cabeza de las 500 reses vacunas que se mataban cada día en México, y dos reales cada uno de los 600 carneros y cuatro reales cada cabeza de ganado de cerda, y que esos derechos serían aun mayores que en México en el Perú, Nuevo Reino y Quito. El Marqués de Mancera dixo que la bebida que en el Perú llaman chicha era tan connatural á los indios, que estimaba por una de las causas de su acabamiento el haberla dejado por el vino, y que si se cargase en ella alguna pensión, la abandonarían del todo. Que la del pulque en México, Puebla y su comarca también era familiar y saludable á aquellos naturales, como no la viciasen y mixturasen con algunos ingredientes que disponen á la embriaguez, y sobre las demás imposiciones consideradas por Villalobos dixo que merecían muy alta premeditación y que por máxima general asentada que aunque aquellas remotas provincias se hallaban inmunes de algunos de los impuestos y gavelas que la necesidad había introducido en éstas, no carecían de otras bien gravosas, siendo la mayor y de incomparable desconsuelo la de la ausencia y distancia de S. M., cuyas benignas luces hacían tolerable cualquiera pena, y que sobre la de su forzoso y perpetuo destierro no se les añadiera nueva pensión. La Junta dixo que en la variedad y mezcla de humores de que se compone la población de las Indias y en la facilidad grande que tienen aquellos naturales no cabía la introducción de nuevas cargas sobre las que contribuían, siendo máxima cierta que en provincias tan distantes de la Majestad no convenía hacer experiencias del amor ni del respeto de los vasallos, y que así no era de parecer se pusiesen en ejecución los medios propuestos, y que aunque le hay sobre el pulque, esta bebida se había tenido por viciosa en los indios, cuya razón no pudo justificar el derecho que se le impuso y no hacerla tan sensible para los indios, lo que no se verificaba en la chicha, por ser sustento natural y provechoso para la salud de aquella gente, por lo qual el gravarla con tributos sería dar otro medio más para que se acabasen, sobre los grandes inconvenientes que en su introducción se ofrecían.

Representó Villalobos por uno de los mayores daños que padecen las Indias, las Religiones; y la consulta de la Junta es la siguiente:-Señor.-Representa á V. M. D. Gabriel de Villalobos por uno de los mayores daños que padecen las Indias y que más necesita de remedio es el excesivo número que hay de conventos de religiosos y religiosas, porque se han apoderado de la mayor parte y de lo mexor de las haciendas, habiendo ciudad donde de las cuatro partes las tres son rentas y bienes eclesiásticos, originándose de este desorden la despoblación, que es de tanto inconveniente, y la relaxación en las religiones, que no es de menos perjuicio; la qual tiene además de la superfluidad otro principio, que es el poco cuidado que se pone en la educación de las personas, que son algo más libres que por acá por natural influencia de aquellos climas, con que los padres, por evadirse del cuidado de los hijos, los aplican á las religiones, y como no llevan la vocación necesaria, sino su natural, se llenan los monasterios de ociosidades y relaxación, ponderando que hay convento que tiene más de setenta y ochenta mil pesos de renta, sin el ingreso cotidiano, que es muchísimo, y más de 300 frailes, y otro tanto número en los de monjas, representando que si esto no se reforma en todo, se perderán las Indias, y propone que se impetre breve de Su Santidad para que por ninguna razón ó título puedan incorporar en sí más bienes raíces de los que al presente gozan.

También pondera el perjuicio grande que se recibe en que los frailes tengan doctrinas, porque dice que apartados de la clausura y la religión, no la guardan en cosa alguna y que no cuidan de los indios como debían y lo hacían en los principios quando se la concedieron, siendo causa de esto los pocos sacerdotes seculares que había entonces para este exercicio, pero que habiendo hoy infinitos y teniendo las religiones los curatos, no tienen con qué sustentarse ni á qué ascender, por lo qual no estudian ni se aplican a las letras como lo hicieran si esperaran por ellas este premio.

Y propone que las doctrinas se quiten á las religiones y que se den por oposición á los sacerdotes seculares, porque además de que por este medio se saldrá de la ignorancia que hoy tienen, estarán los indios mexor asistidos en lo espiritual y se excusarán los escándalos y libertad con que viven los que están en las doctrinas.

Y porque algunas hay tan quantiosas que rentan cada año más de quatro, seis, ocho y doce mil pesos, propone que se les carguen á éstas algunas pensiones para que estudien sacerdotes pobres, pues por ese medio unos y otros quedarán acomodados.

El Marqués de Mancera dice que no le falta razón á Villalobos en lo que discurre sobre la muchedumbre de religiosos de las Indias, y que no excede en la ponderación de haber convento que pase de 300, porque así sucede en algunos de Lima, y á su respecto en los monasterios de monjas, y que también es cierto que la adquisición de bienes raíces, sí por algún decente medio no se limita, vendrá con el tiempo á notable desorden; que lo que no concederá xamás, con 21 años de experiencia en Indias y con muy especial atención y aplicación á la materia, es que la administración espiritual de los indios esté mexor á cargo de clérigos seculares que de regulares, por bien fundadas consideraciones que le persuaden lo contrario.

La Junta representa á V. M. que la gravedad de esta materia pide mucha premeditación para tomar en ella la resolución que es tan conveniente. Y discurriendo que sobre este punto de la multiplicidad de religiosos y religiosas en las Indias es preciso que haya muchos papeles en el Consejo, informando de los daños que ocasionan y de los remedios que se pueden aplicar para su remedio, es de parecer que V. M. se sirva de remitir á él esta materia, mandando con gran previsión el que exprofeso se trate y confiera en él con la atención que pide su importancia, buscando medio para que sin contravenir á las disposiciones canónicas, se les impida á todo género de comunidades eclesiásticas la adquisición de bienes raíces, la conservación de los que hoy gozan y que se continúe el exceso en el número de frailes y monjas que hay en aquellas provincias. Pues asentado á V. M. que en Lima sólo hay quatro conventos de las órdenes mendicantes en que pasan de 300 frailes los que tiene cada uno, y que en el de Santa Clara de aquella ciudad se encierran más de 2.000 mujeres, viene á ser la noticia de la verdad el mayor encarecimiento de este desorden y de lo mucho que importa que se aplique á él el remedio conveniente.

Y en quanto á que las doctrinas se quiten á las religiones, como propone Villalobos, se conforma la Junta con el parecer del Marqués, añadiendo que se debe ordenar á los superiores que las proveen el que miren mucho qué personas ponen en ellas y que no sea por aquellos ilícitos medios que con nombre de reconocimiento y agasajo las suelen negociar los que las pretenden, de que hay muchas noticias, siguiéndose de esto los graves escrúpulos y inconvenientes que tan fácilmente se vienen á la consideración.

V. M. resolverá en todo lo más conveniente á su Real servicio. Madrid á 8 de Abril de 1677.-Duque de Medinaceli.-Marqués de Mancera.-Don Diego de Portugal.-D. Joseph de Avellaneda.

Sobre la utilidad de la Armada de Barlovento dixo Villalobos que no había provincias tan fáciles ni tan difíciles de guardar como las Indias occidentales, pues siendo tan dilatadas sus costas, con tanto número de puertos, lagunas, senos, ríos y canales navegables, que por distintas partes dan entrada á aquellos vastísimos dominios, se conocía fácilmente la dificultad de poner en defensa cada una; pero que habiendo un fuerte real movible que saliese á la oposición de qualquier designio de los enemigos, quedarían con gran facilidad resguardadas y defendidas, y que esto se conseguiría con la Armada de Barlovento, compuesta de ocho navíos y quatro barcos luengos en que se embarcasen 2.500 hombres entre marineros y soldados, y para su manutención, apresto y carenas y paga de la gente de la dotación, propuso las encomiendas de las provincias de Yucatán, Guatimala, Cumaná, Caracas, Santa Marta y Cartagena, por su empleo conveniente á la seguridad de aquellas costas, y también consideró para ello el derecho de las pulperías de las islas de Barlovento y puertos de Tierrafirme. El Marqués de Mancera dixo que para mantener este cuerpo serían menester 500.000 pesos en cada un año, y que montando las rentas asignadas á esta Armada solamente 115.000 pesos, no parecía conveniente emprender lo que no se podía sustentar, y que sería más conforme la providencia de armar un par de fragatas de hasta 150 ú 200 toneladas, planudas, que con dos barcos guarnecidos serían bastante defensa para el Seno Mexicano. Que el impuesto del pulque se podría aplicar á este fin, pues era entonces de 93.000 pesos cada año. Que no debería componerse esta Armada de bajeles gruesos , sino que Capitana y Almiranta llegasen á 200 toneladas y los demás á 100 y á 150, todos planudos, rasos y afragatados, por la muchedumbre de senos, ríos, caletas y ensenadas de poco fondo en que han de navegar, y son los abrigos y ladroneras donde surgen los cosarios que infestan aquellas costas con embarcaciones pequeñas y de la misma calidad, y que aunque se podría replicar que en esta forma no quedaría capaz la Armada de combatir con otra de igual ó de inferior número de bajeles gruesos, se respondía que los que hasta entonces tenía el enemigo en las Indias no lo eran, y las innumerables presas y hostilidades que de 20 años á aquella parte se padecieron, todas se habían ejecutado con embarcaciones pequeñas y con balandras y piraguas; y que si el enemigo dilatase sus fines y designios de empresa relevante, se debía creer que la intentaría con armada gruesa, que siempre sería muy superior á la de Barlovento, aunque constase de bajeles que excediesen esta proporción, de que vendría á resultar el duplicado inconveniente de ser inútiles por su crecido tamaño para las ocasiones furtivas y quotidianas, y serlo también después para resistir la fuerza de mayor poder. Y que considerando los gastos que había de causar la Armada de Barlovento y que el motivo principal de formarla era contener los insultos y piraterias de los ingleses de Jamáica, había discurrido y propuesto á S. M., estando en México de Virrey, en carta de 28 de Marzo de 1669, quánto convendría intentar la recuperación de aquella isla por el medio de las armas ó por el de la negociación, pareciéndole que mientras la poseyere el enemigo no hay medio que asegure del todo aquellos reinos, de cuya gran circunferencia se podía llamar Jamáica centro y molestísimo padrastro que continuamente les amenaza su ruina, y que por sacudir de una vez yugo tan pesado se les haría leve y tolerable qualquiera contribución. La Junta dixo que el más fácil y seguro parecer que podía dar para la defensa de las costas é islas de Barlovento, como más expuestas al riesgo de las hostilidades y piraterías del enemigo, era poner en Puerto Rico dos fragatas, que la mayor no pasase de 150 toneladas; dos en Cartagena, dos en Puertovelo y dos en la Veracruz, y en cada una de estas partes dos barcos armados que anduviesen con las fragatas: que las de Puerto Rico corriesen todas las islas de Barlovento y costa de Tierrafirme desde la punta de Araya hasta Cartagena; las de Cartagena y Puertovelo para que limpiasen su costa, diesen vista á Jamáica y á toda la banda del Sur de la isla de Cuba, y las de la Veracruz que cuidasen del Seno Mexicano, costa de Yucatán y Honduras, con lo qual quedarían todos aquellos puertos resguardados y sin que los gobernadores pudiesen ocupar estas fragatas en otros fines que los de su instituto; porque siendo cierto que los más de los sacos y piraterías que se habían visto se habían ejecutado con balandras, piraguas y canoas, se reconocía que para rebatirlas no eran necesarias embarcaciones de más porte que las propuestas, además de que tampoco podrán ser otras apropósito para entrar en los canales, ríos, caletas y ensenadas de poco fondo que hay en aquellos parages; pues en cerrándose en ellos los enemigos y piratas, vendría á ser gasto infructuoso el de los bajeles, por no poder entrar á echarlos y sacarlos de sus abrigos.

Don Diego de Portugal, conformándose en todo con la Junta, añadió que siempre sería de sentir que en Cartagena y Puerto Rico se pusiesen dos fragatas de á 300 toneladas cada una, porque hubiese en aquellas costas algún navío de fuerza que pudiese hacer oposición á los enemigos; pues en otra forma se hacía inútil el gasto de toda esta disposición, siempre que trugesen algún bajel de mediano porte, á que no podrían resistir los nuestros, siendo del que se ha dicho, y que para acudir á este inconveniente y á que no se abandonase del todo el respecto de nuestras fuerzas en aquellos mares, juzgaba por necesario lo referido, pues con lo poco que crecía de gastos se daba fuerza y calor á las demás fragatas, para que, juntas, pudiesen intentar qualquier facción, y estuviesen con mayor freno y respecto los enemigos.

Consulta sobre la isla de santo domingo
Señor: Siendo tan propio de mi obligación solicitar el mayor servicio de V. M., buscando los medios más proporcionados para hacer seguro este fin, como el único en que me pone la ley de buen vasallo y obligación que por ambos derechos tenemos todos de servir á V. M., paso á representar las circunstancias de que se ha de componer este papel, tan verdaderas en la esencia, que no habrá quien pueda negarlas que tenga celo del servicio de V. M.

Todas las veces que tomo la pluma sobre el estado miserable en que se halla la isla Española el día de hoy, me despierta el sentimiento de que, siendo esta isla de Oriente á Poniente tan grande como espaciosa, y Norte-Sur tiene más de 50 leguas de latitud, esté tan abandonada como se experimenta y daré á conocer en este breve discurso.

Hallóla Colón el año de 1492 toda ella pobladísima, con diversos reyes y caciques y con más de cuatro millones de indios; mande V. M. que le hagan relación si dentro de los términos de aquella dilatada isla (que es mayor que todas las descubiertas de la América, y doblada, mayor que las mayores de toda Europa), y si V. M. mandare que se le haga informe de los que hoy se hallan dentro, ni hay un indio natural ó descendiente de aquéllos, ni se sabe de qué color fueron quantos sirvieron allí; despoblada se halla del todo, menos una ciudad y algunas villas que habitan los españoles, y ésas muy cortas y limitadas, tanto que no han podido embarazar que los franceses usurpadores la poblasen lo más principal y mexor de ella, siendo dueños muchos años de más de las tres partes de ella, poseyendo por la banda del Norte los puertos de Palma, Puerto Real y Pitiguao y otros en aquel districto, penetrando lo más interior y arcano de ella con el conocimiento que tienen de las utilidades que les produce la fertilidad de esta isla, aspirando á ser dueños de ella, como se solicitan y conseguirán con la facilidad que se dexa entender de la desigualdad de fuerzas y medios con que se hallan para vencer nuestra debilidad; pues poseyendo, como va referido, más de las tres partes de ella, y no teniendo V. M. más que la ciudad de Santo Domingo y algunos cortos pueblos que reconocen vasallaje, no se puede hacer oposición á sus acometimientos, y si llegan á conquistar esto poco, quedan dueños de todo, y poniéndola en la defensa de mantenerla con la cautela y resguardo que saben executar á vista de nuestra desprevención, quedará desierta la esperanza de volverla á recuperar.

Sirva de exemplo la isla de Jamáica, que se reconocen hoy los inconvenientes tan perjudiciales que ha ocasionado su población de ingleses; quánto más ponderable será la pérdida de aquella isla para los intereses de España, mayormente hallándose casi á barlovento de todas las Indias, colonia y antemural que tomaron los españoles para desde ella poder conquistar aquel grande imperio; conociéndolo así la oportunidad de su sitio como la bondad de sus muchos puertos y surgideros, y la fertilidad de sus campiñas y abundancia de maderas en todas partes, para fábricas de naos, minerales muy preciosos de diferentes generos, carnes en mucha abundancia para mantener gran número de gente; de donde se saca por consequencia que, cultivaba esta isla, igualará ó excederá en fertilidad y riqueza á toda España.

Compruébase lo referido con decir á V. M. que antiguamente, recién poblada esta isla y por muchos años en adelante, iban ocho registros todos los años á ella y volvían muy interesados sus dueños, y V. M. percibía muchas utilidades, las quales hoy han cesado, porque ya va siendo un páramo lo que pocos años há era pobladísima sobre todas las del mundo, llegando á este estado tan infeliz sus habitadores que ya no se pueden mantener en ella, y cada qual solicita el irse á vivir fuera, reconociendo que lo que pocos años antes era la más opulenta de las Indias, hoy, por la destrucción de sus campos y esterilidad de sus frutos, es el lamento de la mayor desgracia por falta de agricultores y sobra de nuestro descuido en haber dejado perder lo más de ella, haciendo juicio de que será de menos importancia en dispensar en algunos leves inconvenientes, que el perderla; pues quando los males llegan á estado tan desesperado, es la más segura política despreciar algo por no aventurarlo todo, porque después de fortalecida la salud del cuerpo místico de esta república, es más fácil corregir los desórdenes que. permitieron disimular las circunstancias de los tiempos en que subcedieron, y si no se puede de otra suerte ocurrir al daño que se ve amenazar, debe ser el más prudente acuerdo el solicitarlo por ahora.

Sacando por consequencia clara que con las máximas políticas que tiene en las Indias la Francia y la utilidad que perciben en la isla los de esta nación, se harán dueños de toda ella y pasarán á conquistar los dominios de V. M. más inmediatos á sus confines, que será la isla de Cuba, que no la dividen más que siete leguas que hay desde el Cabo de San Nicolás, último remate de la tierra de Santo Domingo, á la punta de Mayci, que es la dicha isla de Cuba, y con la misma facilidad que pueden el día de hoy ser dueños de Santo Domingo, lo vendrán á ser entonces de la Habana y Cuba, y en tal caso se hallará V. M. imposibilitado de que vayan á las Indias flotas y galeones, porque si subcediese, no sería fácil su vuelta á estos reinos sin el beneplácito de los dominantes de estas dos islas, por ser dos llaves principalísimas que V. M. debe conservar para la manutención de su imperio, porque luego que subcediese, lo quedarían del todo los reinos de las Indias y toda aquella máquina del mundo no ha de servir entonces á la Corona de utilidad y conveniencia alguna; y así con los desengaños que tenemos de lo apetecido que tantas veces ha sido esta isla de Francia é Inglaterra, no se debe juzgar que han cedido en su deseo, y viviendo con él, como se experimenta, si la lograren del todo como en la parte que poseen, ¿dónde parará su codicia? Dígalo el que menos conocimiento tuviere de ella, que á buen seguro que no podrá dexar de confesar el riesgo evidente en que hoy se hallan aquellos reinos, en cuyo conocimiento V. M. le aplicará el remedio más conveniente de que necesita.

El que yo tuviera por más eficaz fuera su población; pero reconociendo que es el día de hoy imposible, por no haber en estos reinos quien lo haga, se podrá V. M. valer de llevar 500 familias de las islas de Canarias y otros dominios de Castilla, dando á entender que se les hará alguna merced á las personas que se animaren á hacer á V. M. el servicio de conducirlas por su quenta desde donde salieren las familias hasta ponerlas en la isla Española, á los quales, el Presidente y Real Audiencia repartirán tierras para sus labranzas y crianzas, obligándose V. M. á sustentarlos un año desde el día que lleguen, lo qual se podrá hacer con menos de 17.000 pesos.

Viendo lo desamparado que está la isla, y que todas sus utilidades se reducen á 7 ú 8.000 cueros que se sacan cada un año, los quales vienen á estos reinos, y que de todos derechos pagan poco más de 3.000 pesos de galeones á galeones, y al respecto, debiera V. M. hacer puerto franco al de Sto. Domingo por algunos años, para que comercien sin impedimentos los vasallos de V. M., que lo pueden hacer en las Indias, y no otros que estén excluídos, por el inconveniente que tiene.

Para que esta población vaya en aumento, necesita V. M. poner un astillero de navíos en esta isla, pues supuesto que V. M. los fabrica en Olanda y tienen el mismo costo, aunque no la bondad de la madera de las Indias, lo que se gasta hoy entre los vasallos estraños, se quedará entre los propios, y por este medio gozarán de la opulencia que hoy no pueden, por no tenerla, y á la imitación de esta fábrica se alentarán los de otros puertos de Indias á ir á fabricar á aquel astillero, viendo que hay oficiales en abundancia, y en adelante se podrá fabricar para V. M. todos los años una ó dos esquadras, y no necesitará de más astilleros que los de las Indias y Vizcaya.

Para que Sto. Domingo florezca y en pocos años se halle con grande número de gente y con opulencia sus moradores, debe introducir V. M. por su quenta 300 piezas de negros, mitad varones y mitad hembras, los quales dará V. M. fiados por un año á los vecinos y nuevos pobladores, no dando más que uno por vecino, y no alcanzando la armazón á todos, serán preferidos el otro año los que faltaren, y será el costo de cada negro, pieza de Indias, 107 pesos en Curazao ó el Barbado y 3 de conducción hasta ponerlos en Sto. Domingo, y será todo su costo 110 pesos, que habiéndoles de dar V. M. á los vecinos á razón de 130 pesos cada pieza, queda utilizado V. M. en 40 pesos en cada uno (así); del principal y ganancias se ha de aplicar á la paga del presidio de Sto. Domingo, para que los paguen por su quenta á los vecinos cada quatro meses, para que tengan algún alivio los que asisten en él; introduciéndose por 10 años consecutivos estas 300 piezas, hacen al cabo de ellos 3.000, y dando el tercio por muertos y estériles, hombres y mugeres, procrearán al cabo de 10 años 5.500 personas, que por lo menos, con éstas y las introducídas, serán 8.500.

Y porque medio tan conveniente para el mayor servicio de V. M no se malogre mandará V. M. que estos negros que se han de introducir de quenta de V. M. no sean esclavos perpetuamente, sino que sea limitado el tiempo de veinte años, y que acabados, gocen de su libertad, sin que con ningún pretexto sus dueños los puedan enagenar fuera ni dentro de la isla, corriendo este orden con los ministros de V. M que hay en ella, aunque sean promovidos para otra parte, guardándose inviolablemente esta orden, porque como el fin principal para que esto se hace es que la isla se pueble en número bastante que se pueda defender de las operaciones estrangeras, no aplicándole extraordinario y eficaz remedio, otro qualquiera que no sea éste será inútil y no se podrá conseguir, porque los negros, viendo que la esclavitud es por su vida, y que han de vivir siempre en esta miseria, se van á los montes, y sus dueños pierden el esclavo, y él se aparta del rebaño de la iglesia y vuelve á la idolatría; y al contrario, sabiendo que son esclavos con limitación, sirven con gusto y después se pueblan en la isla, enriqueciéndola con sus trabajos.

Y porque en esto haya la claridad necesaria, y que estos negros tengan el resguardo suficiente para que gocen de la libertad que V. M. les ha de conceder por dos fines: la primera para que se multipliquen y vayan en aumento esta población y no se retiren á los montes refugiándose en los palenques, que ellos llaman, que es un género de circunvalación que hacen á su modo para defenderse de que los puedan ir á sugetar; y la otra, que de este modo podrá tener cabimiento este armazón todos los años, y se puebla con gran número de gentes esta isla, y saldrán los demás que están retirados en los palenques luego que se publique cédula de V. M. en que les concede libertad á todos los que salieren dentro de un año ó dos.

Asimesmo es menester que V. M. conceda libertad á los muleques y mulecas que procedieren de la procreación de las 300 piezas que se han de introducir cada un año, y la esclavitud de éstos sea hasta los 30 años de edad, porque los diez los han de menester para criarse y aprender la doctrina y rezar, y de los diez adelante gocen sus amos el beneficio, todo lo qual se podrá disponer con aquella claridad bastante que pide para su resguardo este negocio, para que se consiga el que de estos pobres no los puedan apremiar á la esclavitud más tiempo del que se señalare por V. M.

Y si acaso se repugnare ó contradigere esta proposición, por decir que perjudica al asiento de los negros, se responde que á esta isla rara vez va armazón ninguna de negros, porque la pobreza de sus habitadores no los puede comprar. Y supuesto que los que se hubiesen de introducir de quenta de V. M, no pueden salir nunca de ella para venderse en otra parte, no les podrá perjudicar á los asentistas, y en caso que fuese así, debía V. M. hacerlo, porque perdida la isla, lo que Dios no permita, el comercio de Sevilla y asentista de negros ni demás tribunales no se la han de recuperar á V. M., y así atendiendo á causa tan obligatoria y de tanta consequencia y peso, debe ser preferida á qualquier inconveniente, en siendo tan leve como decir un asentista que ganará en el negocio menos de lo que juzgó su codicia.

La isla Española de Santo Domingo tiene de longitud muy cerca de 300 leguas y de latitud de 60 á 80; más de las 200 la habitan franceses, que empezaron á poblarla por la parte del norte y han penetrado hasta la del sur, de manera que son dueños de la mayor y mejor parte de la isla, y con la multiplicidad se han acercado tanto á la ciudad, que se puede temer su total ruina si no se dispone el remedio tan eficaz como pide la causa, la qual se considera muy remota por la injuria de los tiempos y otros accidentes que puede discurrir el político. Dícese que como se asista á olandeses con 500.000 pesos, se. obligarán á limpiar la otra isla de todos los enemigos que la infestan, y se responde la imposibilidad que se reconoce por muchas causas que se escusan de referir por no molestar al que viere este papel, y sólo se dirán por mayor los motivos de la imposibilidad que supone. Lo primero porque es necesario el ir á una conquista formal, no menos de 200 leguas de tierra montuosa, cerrada y en parte fortificada, y que es común la opinión que pasan de 20.000 franceses los habitantes de gente foragida y belicosa, tanto que á su mismo rey y señor natural le niegan la obediencia, supuesto que no han querido admitir sus gobernadores, diciendo que son conquistadores por sí mismos y como tales se administran en forma de provincia libre: con las circunstancias referidas considere la mexor comprensión en qué tiempo y con qué fuerzas se pueden sugetar unos hombres tan ostinados y silvestres que sólo ellos son sabidores de las sendas de los montes y demás dificultades de una tierra tan dilatada y cerrada como es la dicha isla. Lo segundo, porque dado caso que los olandeses hagan fácil la conquista por el interés referido, de qué servicio será para España, si le falta la prevención de habitadores que ocupen y fortifiquen lo que se fuere conquistando, pues faltando este reparo, si hoy desalojan al francés, mañana, que quedará desembarazado de los olandeses, volverán á poblar, por los grandes provechos que sacan de la isla, ó se quedarán con ella los conquistadores, y en opinión del que escribe este papel, por tan enemigos tiene a los unos como á los otros, y de los dos motivos referidos se vale para decir que si la sangría de 500.000 pesos dados á olandeses ha de enflaquecer la monarquía y no ha de quedar reparada la isla, sino en el mismo peligro, quánto mexor consejo de Estado sería que con este caudal se formasen 20 fragatas naturales (que se puede muy bien, administrado por buenas manos), para que las operaciones se executen con los propios, que redunde crédito al monarcha y la conveniencia sea para sus vasallos, sin permitir el vilipendio que salga fuera del reino, además de las buenas consequencias que resultarán teniendo la Magestad Cathólica armas natales con que hacerse respetar en mar y, tierra, debiéndose tener muy presente que por haberse olvidado este empleo en España es la razón por que ocupan franceses la isla de Sto. Domingo y las demás de la América por todas las naciones, las quales hacen ventajosas paces; y, finalmente, por falta de Armada subsiste Mecina (Mesina) en su rebelión y toda Italia está muy vidriosa, y España amenazada por Cataluña, y así el Rey nuestro Señor, todos sus ministros y vasallos se debían emplear, procurando reducir todas las fuerzas á exércitos de mar, con que se asegurarían todos los dominios y tendrían gran respeto las naciones.

Fuente: Colección de documentos inéditos relativos al descubrimiento, conquista y organización de las antiguas posesiones españolas de ultramar. Segunda serie, Real Academia de la Historia, Est. Tipográfico Sucesores de Rivadeneyra, Madrid, Vaticinios de la pérdida, 1 volumen (12), 1899, pp. 17-52.