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Siglo XVII > 1660-1669 > 1666

Sentencia del Consejo sobre Diego de Escobar y Llamas.
25 de octubre de 1666

En la causa de residencia en que por comisión de S. M. estoy entendiendo, de la que debió dar el Ilustrísimo Sr. Don Diego Osorio de Escobar y Llamas, obispo de Puebla de los Angeles, del tiempo que fue virrey gobernador y capitán general de esta Nueva España y presidente de la real audiencia y chancillería que reside en esta ciudad de México. Y a sus parientes, criados y allegados que la debieron dar. Y vistos los autos y asimismo los de la demanda pública que el Excmo. Sr. Marqués Conde de Baños, virrey que fue de estos reinos puso a dicho señor obispo, que están acumulados a su pedimento a los de esta residencia, y visto lo demás que ver convino según derecho a que me refiero, etc.

Fallo que debo de determinar y pronunciar en dicha causa y en los cargos que de la pesquisa secreta de ella resultaron contra dicho señor obispo virrey, y en la forma y manera siguiente:

1. Primeramente, en cuanto al primer cargo que se le hizo a dicho señor obispo virrey de que con ocasión de las noticias que tuvo por cartas de oficiales reales de Veracruz de que había llegado a aquel puerto un navío de aviso con un cajón intitulado por el rey al obispo, de Puebla, virrey de Nueva España, el cual recibió dicho señor obispo en el colegio de San Angel de carmelitas descalzos, que está dos leguas de esta ciudad, el día de San Pedro por la mañana del año 1664. Y con esta noticia permitió que los religiosos de dicho colegio, en comunidad y revestido el presente, cantasen en la iglesia el Tedeum Laudamus con la oración que se acostumbra decir a los señores virreyes cuando vienen a serlo a esta ciudad y reino, debiéndolo excusar, como excusó, el tratamiento de Excelencia. Y asimismo en cuanto al segundo cargo que resulta de que estando dicho señor obispo en dicho colegio dicho día de San Pedro, con las noticias referidas de que S. M. le había hecho merced de este virreinato que estaba sirviendo el Excmo. Sr. Marqués Conde de Baños, y como virrey actual se hallaba S. E. en la iglesia mayor de esta ciudad con la real audiencia y tribunales, a la celebración de la festividad del Señor San Pedro. En cuya sazón dicho señor obispo entró a esta ciudad acompañado de muchos clérigos y seglares a pie, a caballo y en coche, viniendo su Ilustrísima en el suyo con seis mulas y los cocheros decubiertos. Y habiendo pasado por el cuerpo de guardia de una compañía que estaba en la calle de San Francisco, de que era Capitán Don Gaspar de Leiva, hijo del Sr. Marqués Conde de Baños, en el cual se le abatió la bandera, a que asistió dicho señor obispo, siendo una ceremonia militar solamente, debida al señor virrey. Y que pasó a la plaza seguido de innumerable concurso de gente, poniendo en contingencia con la confusión que aquel día hubo a que sucediese alguna turbación o desorden en la gente popular, lo cual debió prevenir dicho señor obispo gobernando esta acción con más prudencia. Y lo más contenido en dichos cargos. Atento a los descargos dados por parte de dicho señor obispo, así en este juicio de residencia como en el de la demanda que el Excmo. Sr. Conde de Baños puso a S. E. Ilustrísima, que está acumulada a esta causa a su pedimento. Y atento asimismo a la gravedad de dichos cargos y a la novedad del suceso de que se forman, y juntamente a que en dicha demanda por estos motivos y otros que en la sentencia de ella exprese remitir su determinación al Real Consejo de las Indias. Por ellos mismos y por lo que en consulta aparte representare a S. M., hago ahora de nuevo la misma remisión, reservando la resolución de este punto por grave e irregular al soberano juicio del Consejo, para que visto lo inopinado de este caso, y atendidas las circunstancias y forma en que acaeció, determine y resuelva lo más conveniente.

3. En cuanto al tercer cargo que resultó de haber nombrado dicho señor obispo virrey por asesor general al Dr. Eugenio de Olmos, catedrático de prima de Leyes de esta real universidad, siendo antes su abogado. Y en particular, en negocios que miraban al Real Patronazgo firmando peticiones en defensa de la jurisdicción eclesiástica muy poco antes contra la jurisdicción real en que debió hacer reparo dicho señor obispo cuando le nombró por tal asesor, y lo demás en dicho cargo contenido. Atento a lo alegado y probado por parte de dicho señor obispo, lo absuelvo y doy por libre de este cargo.

4. Y en cuanto al cuarto, que se le hizo de que con ocasión de una real cédula en que S. M. mandaba se hiciese nueva junta general de hacienda y en ella se confiriesen los motivos que había habido para dar a esta ciudad de México en asientos el quinto cabezón de las reales alcabalas, con cuya ocasión dicho señor obispo virrey pasó a recibir información contra dicho Señor Marqués de Leiva y contra la Excma. marquesa, su mujer. No extendiéndose dicha real cédula a que se hiciese semejante diligencia como de ella parece, pues venía dirigida a dicho señor marqués como virrey. Y torciendo su inteligencia y sentido se procedió por dicho señor obispo a averiguar que por dádivas e intereses que la ciudad había dado y ofrecido a dichos señores marqueses se había conseguido dicho asiento, cuya información fue en descrédito de dichos señores por el poco afecto que dicho señor obispo le tenía. Permitiendo, por la misma razón, que en dicha junta general dijesen algunos ministros de ella palabras indecentes e indignas contra dichos señores marqueses, debiendo como señor virrey presente estorbarlo por ser menosprecio de dichos señores marqueses, manifestando con esta tolerancia la poca voluntad que les tenía. Declaro haber excedido dicho señor obispo virrey en haber pasado a recibir dicha información, por lo cual le pongo culpa; y también se la pongo por haber permitido las indecencias referidas, y por cuanto dicha información se remitió al Consejo, remito asimismo la determinación de este cargo a su superior censura para que vistos y reconocidos dichos excesos, y la nota e injurias que de ellos resultó a dichos señores marqueses, se sirva de proveer en cuanto a su satisfacción lo que juzgaren más conveniente.

5. En cuanto al quinto cargo que resultó al señor obispo de haber venido en que el real acuerdo diese por vacos los oficios que el Sr. Virrey Marqués de Leiva había proveído en criados suyos, causándoles despojo sin ser oídos en grave perjuicio de los que estaban sirviendo dichos oficios, y lo demás contenido en dicho cargo. Atento a los descargos y reales cédulas que tratan de este punto de que se hace mención en el testimonio presentado por parte de dicho señor obispo, y atento asimismo a que esta resolución fue por auto del real acuerdo, absuelvo y doy por libre a dicho señor obispo de todo lo contenido en este cargo.

6. Y en cuanto al sexto, que a dicho señor obispo se le hizo de haber nombrado por sargento mayor de este reino a Don Juan de Ortega Valdivia con sesenta ducados de sueldo al mes, y lo demás contenido en dicho cargo. Atento a lo alegado y probado por dicho señor obispo en su defensa e instrumentos presentados, le absuelvo y doy por libre.

7. Y en cuanto al séptimo cargo, que resultó de no haber firmado dicho señor obispo virrey una real provisión que el Sr. Marqués de Leiva, su antecesor, tenía mandada despachar para que el Sr. Dr. Don Pedro de Medina Rico, inquisidor apostólico de Sevilla, visitador de la Santa Inquisición de esta Nueva España, se abstuviese de proceder contra los bienes que habían quedado por muerte de Don Juan de Llanos, administrador de los reales novenos del obispado de Puebla, cuya cobranza como hacienda real pretendía hacer el tribunal de cuentas de esta ciudad, y lo demás contenido en dicho cargo. Atento a lo alegado y probado por el señor obispo y a las reales cédulas que tratan y dan la forma que se ha de observar en las competencias con el tribunal de la Santa Inquisición, y atento asimismo al testimonio presentado, absuelvo y doy por libre de todo lo contenido en este cargo a dicho señor obispo virrey.

8. Y en cuanto al octavo cargo que resultó de que habiendo entrado dicho señor obispo a ejercer los de virrey y capitán general de esta Nueva España en celebración de esta nueva, se hizo en la Puebla de los Angeles una máscara muy escandalosa por algunos estudiantes y gente ordinaria, llevando en ella unas estatuas que representaban a los Excmos. señores marqueses y marquesas de Leiva en gran vilipendio de sus excelencias y del soberano puesto de virrey y lugarteniente de S. M. que acababa de ejercer, cuyo exceso y sus indignas e indecentes circunstancias fue notorio y público en esta ciudad y tuvo de él noticia dicho señor obispo virrey. Y siendo un hecho tan torpe y de tan mal ejemplar, no hizo S. E. Ilustrísima ninguna diligencia, demostración ni castigo en los que fueron culpados en tan grave y desordenado exceso. Visto lo tocante a este cargo y lo que a él mira deducido en la demanda puesta por dicho Sr. Conde de Baños a dicho señor obispo, que está acumulada a esta residencia. Declaro haber tenido el señor obispo virrey omisión culpable en no haber mandado averiguar y castigar delito tan atroz y cometido contra señores de tanta calidad y de tan esclarecida sangre y que acababan de representar al rey nuestro señor. Que le pongo culpa sin embargo de lo alegado y probado en esta razón por parte de dicho señor obispo, y remito la pena y resolución de este cargo al Consejo para que se sirva demandar se haga en este caso la demostración que pide su gravedad para satisfacción del desacato hecho a la representación real y de la gravísima injuria irrogada a dichos señores marqueses y a su ilustre y nobilísima casa.

9. Y en cuanto al noveno cargo, que resultó contra dicho señor obispo virrey, de que llevando a ajusticiar a una negra esclava de Alonso Gómez, vecino de esta ciudad, por haber dado de puñaladas a Doña Gerónima de Robles, su mujer y pasando por las calles del Reloj con los ministros de justicia que la llevaban al suplicio por estar condenada a muerte, en vista y revista por la real sala del crimen. Con ocasión de la voz que corrió de que el señor obispo la perdonaba y por ver a un criado suyo que llegó a toda prisa con un papel en la mano, resultado de ésto el que algunos clérigos y frailes y otras personas quitasen con violencia de las manos de la justicia a dicha negra y que se escapase en la catedral a donde la metieron, quedándose sin castigo delito tan atroz en desautoridad de la justicia. Declaro haber excedido dicho señor obispo en haber dado el decreto para que redujesen a la cárcel a dicha negra en la ocasión que lo dio. Y le pongo culpa y lo remito al final.

10. En cuanto al décimo cargo, que resultó de que habiendo el Sr. Marqués de Leiva, siendo virrey, mandado desterrar de esta ciudad al factor Don Juan de Salinas y a otros ministros por la causa que en dicho cargo se expresa, luego que entró a gobernar dicho señor obispo mandó volver a dicho Don Juan de Salinas y a los demás, el cual entró en esta ciudad con gran acompañamiento de carrozas, pasando por la calle y casa de dicho excmo. Sr. Marqués de Leiva sin ser necesario para ir a la suya, en menosprecio de S. E. y del puesto del señor virrey que acababa de ejercer y lo demás contenido en dicho cargo, con lo que mira al ruido de gentes y muchachos que la noche inmediata a su entrada se juntó en la calle y puerta de dicho Sr. Marqués, victoreando a Don Juan de Salinas, cuyo desacato no se corrigió ni castigó por dicho señor obispo virrey. Declaro haber tenido omisión, sin embargo, de la información presentada en defensa de este cargo y lo remito al final.

11. Y en cuanto al undécimo cargo de haber tratado con asperezas al padre maestro Fray Marcolino de Solís, prior que entonces era del convento de San Agustín de esta ciudad por haber dado cierto parecer al Excmo. Sr. Marqués de Baños siendo virrey, a favor del Real Patronazgo y contra lo que pretendía dicho señor obispo dándole a entender en la reprehensión que lo había hecho por complacer a la Excma. Sra. Marquesa de Leiva, usando su ilustrísima de algunas palabras indecentes que se referían a S. E. Declaro por satisfacción de dicha excelentísima, la veneración, modestia y singular respeto con que dicho señor obispo ha tratado a S. E. en los escritos de esta causa, y en las demás ocasiones, como consta de sus probanzas y descargos. Y asimismo declaro por satisfacción de dicho padre maestro Fray Marcelino de Solís la templanza con que dicho señor obispo se porta en la respuesta a este cargo y la forma en que lo satisface.

12. Y en cuanto al duodécimo cargo, de haber despachado sobre título de presentación en la permuta de los beneficios entre el Lic. Luis Ortiz del Espinal y Don Fernando Ramírez de Arellano, beneficiados, uno del partido de Atlitueza, y otro de San Andrés Calpa, en el obispado de Puebla, siendo precisas en este caso la distencion del prelado que propone y señor virrey que resuelve y presenta, y lo demás contenido en dicho cargo. Visto lo alegado en esta razón por parte del señor obispo y vista asimismo la contradicción que el señor fiscal de S. M. hizo a este despacho, por ser como es materia grave por perteneciente al Real Patronazgo, remito su determinación al Real Consejo de las Indias.

13. Y en cuanto al décimo tercio cargo, que resultó de haber llevado el señor obispo a junta general de hacienda la espera que pretendió Don Francisco de Monsalve, caballero de la orden de Alcántara, de 2.388 pesos y tomines que debía a S. M. Atento a los descargos y ser en conveniencia de la real hacienda, lo absuelvo y doy por libre de este cargo.

14. Y en cuanto al décimo cuarto, que resultó contra su ilustrísima de haber contravenido a la real ejecutoria del Consejo, concediendo espera de doce mil y tantos pesos que Don Pedro Velázquez de la Cadena, secretario mayor de gobierno debía a la real hacienda en vista de dicha ejecutoria y lo demás contenido en este cargo. Atento a lo alegado y probado por dicho señor obispo y haber sido en conveniencia de la real hacienda y concediese dicha espera con acuerdo de la junta general, lo absuelvo y doy por libre de este cargo.

15. Y en cuanto al décimo quinto, que resultó de haber contravenido al capítulo quinto de la real cédula del 28 de enero de 1664 en que S. M. manda que todo lo que resultare de la bebida del pulque se entere en la real caja cuya ejecución difirió el señor obispo virrey, y remitiéndola a la venida del Excmo. Sr. Virrey Marqués de Mancera que se hallaba en Veracruz y juntamente de haber pasado a dar cumplimiento a otra real cédula anterior tocante a este punto que presentó Don Antonio Colomas, caballero de la orden de Santiago, corregidor de esta ciudad. Vistos los descargos y testimonios de la consulta que dicho señor obispo virrey hizo a S. M. sobre este punto, lo absuelvo y doy por libre de este cargo.

16. Y en cuanto al diez y seis, que se le hizo de haber librado y pagado el poco tiempo que gobernó a diferentes personas de deudas atrasadas de Filipinas, veinte y siete mil trescientos y tantos pesos en diferentes partidas. Y asimismo a los gobernadores de la Florida y Jamaica, 67.631 pesos y tomines, sin embargo, de las réplicas que hubieron oficiales reales. Y también de 33.200 pesos y tomines que mandó el señor obispo librar y pagar al síndico general de Nuevo México, cuyas cantidades por ser tan crecidas minoraron el envío del tesoro real que dicho año 1664 fue a España en las urcas del cargo de Francisco Martínez de Granada. Vista la nueva certificación de oficiales reales y presentada por parte de dicho señor obispo y el decreto de S. E. ilustrísima del 30 de junio de dicho año 1664, y lo demás alegado y probado por su parte en la pregunta sexta del interrogatorio de sus descargos, lo absuelvo y doy por libre de todo lo contenido en este cargo.

17. En cuanto al diez y siete, que resultó de haber contravenido al capítulo once de dicha real cédula de enero de 1664, en que S. M. prohibe se despachen avisos a España a costa de su real hacienda, la cual vino dirigida a dicho señor obispo, que contravino a ella mandando librar y pagar al Capitán José de Castro, que lo fue del aviso, que dicho señor obispo despachó 1.700 pesos. Y también se le hizo cargo de los 800 que mandó pagar a Don José de Neira, su secretario, para papel y tinta y gastos de los despachos de dicho aviso y dichas urcas. Y asimismo de 500 pesos que mandó volver de la real caja al Contador Don Pedro de Cabañas de una multa que el Sr. Conde de Baños le hizo. Declaro en cuenta a la primera parte de este cargo que dicho señor obispo debe volver de sus bienes a la real hacienda dichos 1.700 pesos por haberlos mandado pagar en contravención del capítulo referido. Y en cuanto a los 800 pesos que para ayuda de costa mandó dar y pagar a su secretario para los efectos referidos. Y los 500 de la multa de dicho Contador Don Pedro de Cabañas, atento a los testimonios y certificaciones de los ejemplares que ha habido en lo pasado, librando los señores virreyes mayores cantidades para los gastos de la secretaría por no tener sueldo el secretario, absuelvo y doy por libre a dicho señor obispo de todo lo contenido en dicho cargo.

18. Y en cuanto al décimo octavo que resultó de haber sido juez y dado su voto en los pleitos a cuya vista se halló no teniéndolo dicho señor obispo como virrey, y por estarle prohibido expresamente por su titulo declaró haber excedido en esto sin embargo de la orden... ser contra cláusula expresa de dicho título posterior, y lo remito al final.

19. Y en cuanto al diez y nueve y último cargo que se le hizo a dicho señor obispo virrey de haber sido juez y voto en el negocio eclesiástico que por parte del reverendo señor Fray Diego Zapata, comisario general de San Francisco seguía con el padre Fray Juan Ramírez, que se llevó a la real audiencia sobre cierta competencia de jurisdicción en que salió auto a favor del eclesiástico, siendo jueces los dos señores togados contenidos en dicho cargo y S. E. dicho señor obispo, que hizo el número de tres votos que son necesarios para que saliese dicho auto, y lo demás contenido en dicho cargo. Le pongo culpa, sin embargo, de lo cual en su defensa alega por ella y por las demás de los cargos remitidos a este final, condenó a los bienes de dicho señor obispo en todos los salarios que se ajustaren haberse causado legítimamente en el tiempo de esta residencia, así del presente escribano de S. M. nombrado por mí para ella, como del Capitán Juan Lazo, alguacil mayor, conforme los nombramientos que les hice. Y asimismo condeno a dichos bienes en las costas de la causa y en los gastos de los correos que constan de los autos y también en los salarios que así me pertenecen, conforme a las reales cédulas del 28 de abril de 1660, inserta en la del 16 de dicho mes de abril de 1664. Y declaro haber ejercido dicho señor obispo los cargos de virrey gobernador y capitán general de este reino y de presidente de esta real audiencia con justificación, celo y desinterés, así en el servicio de S. M. como en el bien común, porque merece que el rey nuestro señor le haga la merced y honra que juzgare ser más de su real servicio. Y por esta mí sentencia definitiva, juzgando así lo pronuncio y firmo. Lic. Don Juan Cerati.

Pronunciación. Pronunció la sentencia de residencia que se contiene en esta hoja y en las siete antecedentes, como en ella se contiene, el Sr. Lic. Juan Cerati del Castillo, del Consejo de S. M., su oidor, y de la Real Audiencia de Guadalajara, juez de comisión de ella, que en ella firmó su nombre estando haciendo audiencia en las casas de su morada en esta ciudad de México, el 27 de septiembre de 1666, siendo testigos Alonso Ramírez, Don Antonio de Saavedra y Tomás Jiménez, estantes presentes. Ante mí, Francisco de Zárate, escribano real y de provincias.

Fuente: Los Virreyes españoles en América durante el gobierno de la casa de Austria: México, edición de Lewis Hanke con la colaboración de Celso Rodriguez, Biblioteca de autores españoles, Atlas, Madrid, 1976-1978, 5 volúmenes, volumen 4, 1977, pp. 308-315.