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Siglo XVII > 1650-1659 > 1654

Sentencia del Consejo Real de las Indias sobre el Conde de Alba.
21 de agosto de 1654

Vista por nos, los del Consejo Real de las Indias la residencia que por particular comisión de S. M. empezó a tomar Don Marcelo López de Azcona, arzobispo que fue de la ciudad de México, al Conde de Alba de Aliste, virrey que fue de la provincia de Nueva España, y sus criados, ministros y allegados, la cual por muerte de dicho arzobispo continuó y acabó el Lic. Don Andrés de Ocampo, oidor de la audiencia de dicha ciudad de México y los cargos que resultan de ella.

Fallamos que debemos pronunciar y pronunciamos en la forma siguiente:

En cuanto al primer cargo que se le hace a dicho Conde de Alba de Aliste, de que estando dispuesto y mandado por especial cédula de S. M., su fecha 12 de diciembre de 1619, que para el uso y ejercicio de los oficios de alcaldes mayores, corregidores, tenientes y otros de administración de justicia sean proveídos antepuestos los españoles naturales de las provincias de las Indias, hijos, nietos y descendientes de los conquistadores, pobladores y originarios de aquellos reinos y provincias nacidos en ellas como hijos patrimoniales sin que los precedan ni antepongan los criados, allegados, hijos, parientes, ni familiares de los virreyes, gobernadores, presidentes, oidores y alcaldes de las audiencias de las Indias, ni otras personas prohibidas de ejercer dichos oficios, descargando S. M. en ello su real conciencia. El conde, en contravención de dicha real cédula dio y proveyó en sus criados, allegados y confidentes, y personas prohibidas los oficios de justicia más principales y mejores del rey, por cuyo cargo se le puso culpa y se remitió su determinación al siguiente. Remitimos la sentencia al siguiente.

Y en cuanto al segundo cargo que se le hizo a dicho Conde de Alba de que estando prohibido expresamente por dicha cédula del 12 de diciembre de 1619 y otras disposiciones de derecho, que dichos oficios de alcaldes mayores, corregidores y otros de administración de justicia no puedan darse ni proveerse en ellos a oficiales reales, parientes, ni deudos de oidores, alcaldes de las reales audiencias, ni alguaciles mayores ni otros que no tengan los méritos y partes que se requieren, dicho Virrey Conde de Alba en contravención de ellas, dio y proveyó muchos oficios de justicia en personas de las prohibidas en dichas cédulas. Por cuyo cargo y el antecedente remitido a este se le condenó por dicho juez de residencia en 4.000 pesos para la cámara de S. M. y gastos de estrados por mitad. Le absolvemos de este cargo y del antecedente por no probados y lo acordado.

Y en cuanto al tercer cargo que se lo hizo a dicho Conde de Alba de Aliste, de que durante el tiempo de su gobierno nombró y proveyó por jueces de comisión del pulque de la ciudad de México y sus barrios a Don Juan del Pozo, su criado, de cuyas provisiones se causó plena libertad en los indios y demás personas que vendían y bebían el pulque. No habiendo querido dar dicha comisión a Don Gerónimo Bañuelos, corregidor que fue de dicha ciudad, teniendo cédula de S. M. para ello, de que se siguió que en las pulquerías sucediesen muchas heridas y muertes de indios, negros y mulatos, y hurtos que se encubrían en ellas y grandes pensiones que se daban cada semana, y derechos de las licencias que se refrendaban a cada tres o cuatro meses. Juntándolo con los daños que se seguían y con las ofensas de Dios Nuestro Señor, dando a entender cuán ajenos hubiese sido de la obligación de dicho virrey el no haber puesto remedio a tantos daños públicos, en especial habiéndoselos advertido el padre Fray Miguel de Meneses, religioso de la orden de Santo Domingo en el sermón que predicó uno de los días de la cuaresma del año 1651 en la real capilla de palacio, donde asistió S.E. y el Dr. Luis Jiménez, catedrático de la universidad de dicha ciudad de México. Por cuyo cargo se le condenó por sentencia del juez de residencia en 1.000 pesos para la cámara de S. M. La revocamos y le absolvemos y damos por libre de dicho cargo. Y en cuanto al cuarto cargo que se le hizo a dicho virrey y Conde de Alba de que estando prohibido por ordenanzas de gobierno, el que no se den por los virreyes licencia ninguna para matanzas de vacas, cabras y ovejas, por los graves daños e inconvenientes que de ello se siguen al bien público, el virrey durante el tiempo de su gobierno dio muchas licencias para este efecto a diferentes personas. Por cuyo cargo, por sentencia de dicho juez de residencia se le puso culpa y se remitió al final la determinación. Le absolvemos.

Y en cuanto al quinto cargo, de que estando prohibido a los virreyes, gobernadores, presidentes y otros jueces, el que puedan pedir prestado ninguna cantidad de pesos a los vecinos y mercaderes de los distintos y partidos de su jurisdicción con ningún pretexto, por los inconvenientes que de ello se recrecen en perjuicio de la administración de la real justicia, el Conde de Alba, en contravención de prohibición pidió prestados a algunos mercaderes y otras personas diferentes cantidades. Y en particular pidió Alvaro de Lorenzana 22.000 pesos en reales con el cual tenía estrecha amistad dicho virrey, el cual y sus hijos iban muchas veces a la huerta que tenía delante de la iglesia de San Cosme, extramuros de dicha ciudad, donde los festejaba y regalaba. De que resultó que los que tenían tratos y contratos con dicho Lorenzana se amedrentaban sin quejas, de cuya amistad sucedió resultar nota y escándalo en razón de que tratando pleito José Veedor, escribano público de dicha ciudad, Alvaro de Lorenzana y otros acreedores contra bienes de un encomendero de Veracruz y mandádosele dar entrega en el juzgado de provincia a dicho José Veedor 1.000 pesos, como con efecto se le entregaron, habiendo apelado de ello para la real audiencia dicho Conde de Alba, salió a la vista de dicho [roto] y se presumió... pues... en dicha determinación de provincia, y mandase restituir a dicho José Veedor, persona con obligaciones de mujer e hijos, dichos 1.000 pesos que se entraron a dicho Lorenzana. Por cuyo cargo fue condenado por sentencia de dicho juez de residencia a que pagase los 22.000 pesos del empréstito de Alvaro de Lorenzana, aplicados para las necesidades y aprietos de S. M., por cuanto dicho Alvaro de Lorenzana murió sin dejar herederos y mandó su hacienda se distribuyese en obras pías. Y en cuanto al pleito de Alvaro de Lorenzana y José Veedor, fue absuelto por dicho juez. Revocamos la sentencia dada por dicho juez de residencia y le absolvemos de ese cargo.

En cuanto al sexto cargo, que debiendo observar, guardar y cumplir las reales cédulas del rey nuestro señor, sin alguna interpretación, especialmente en casos singulares de determinaciones hechas por S. M., no lo hizo ni cumplió pues habiendo cédula real, su fecha en Zaragoza, el 17 de junio de guna manera los oficiales reales de 1645, en que se prohibe que de ninlas cajas de la real hacienda de las Indias no pueden pagar ningún salario ni otras mercedes en oro a los virreyes, gobernadores, oidores, alcaldes, ni otros ministros en poca ni en mucha cantidad. El Conde de Alba, contraviniendo a dicha real cédula y sin embargo de habérselo así representado los oficiales reales de la caja de dicha ciudad de México, les mandó le pagasen. Y cobro y recibió dicho virrey de la real caja, en oro, por razón de sus salarios, 81.590 pesos durante su gobierno, contraviniendo a lo que S. M. tiene mandado por su real cédula, de que todo el oro que hubiere en la caja real se remita en pasta a los reinos de España, sin divertirlo, venderlo, ni disponer de él en manera alguna. Por cuyo cargo el juez le condenó a que dentro del tercer día volviese y entregase dichos 81.590 pesos en oro, según los recibió, y que se, le volviese en reales dicha cantidad; y en su defecto, que restituyese a las cajas reales 9.915 pesos por la demasía de cómo se le pagó en dicha caja el castellano, a como corría en el comercio de la plaza de dicha ciudad. Revocamos la sentencia dada por dicho juez de residencia y le absolvemos de este cargo.

Y en cuanto al séptimo cargo, sobre que debiendo prohibir que ninguno de sus criados y allegados se entremetiesen a pretender los oficios de alcaldes ordinarios de dicha ciudad por ser para los caballeros de ella, permitiose interpusiese a pretender dicho oficio de alcalde ordinario Don Gregorio de Mendizábal, criado de dicho conde. Por cuyo cargo por sentencia del juez de dicha residencia fue absuelto y dado por libre. Confirmamos dicha sentencia y lo acordado al primero y segundo cargo.

Y en cuanto al cargo octavo, sobre que debiendo excusar el tener amistad y parcialidad con ninguna persona de que pudiese resultar nota y censura en la república, no lo hizo, pues de la amistad que tuvo con el padre maestro Fray Juan de Airolo resultó que habiendo mandado dicho conde en conformidad de la cédula de S. M. que dispone que un año se haya de nombrar por rector de la universidad de dicha ciudad de México un Dr. eclesiástico, y el año siguiente un doctor secular, y tratando de ir observando esta orden, se hizo diligencia por parte del convento de Nuestra Señora de la Merced, de dicha ciudad, para que entrasen en turno para rectores los doctores y maestros de dicha religión de La Merced. Y así lo declaró dicho conde por su mandamiento del 5 de noviembre de 1625, con que salió electo el padre maestro Fray Juan de Airolo, contraviniendo a dicha real cédula. Y asimismo a los estatutos de dicha universidad, que prohiben que ningún religioso sea rector. Por el cual dicho cargo, el juez le puso culpa y la determinación remitió al final. Revocamos la sentencia y le absolvemos por todo lo contenido en dicho cargo.

Y en cuanto al cargo nono, sobre que en el tiempo de su gobierno no dejó que con libertad se pagasen en la real caja de dicha ciudad las libranzas despachadas en toda forma sin causar a las partes daños como S. M. lo tiene mandado, no lo hizo ni cumplió con dicha orden, dándosela a los oficiales reales para que no pagasen sin decreto de dicho conde, de que resultó gravísimo daño a los vasallos de S. M. por la desestimación que padecían dichas libranzas. Por cuyo cargo el juez le puso culpa y remitió la determinación al final. Lo revocamos y absolvemos de dicho cargo.

Y en cuanto al décimo cargo, sobre que estando prohibido por cédulas de S. M. que ninguno de los virreyes de la Nueva España pueda nombrar por jueces de comisión, ni para que tomasen las residencias a los alcaldes, corregidores y otras justicias, a sus criados y allegados, dicho Conde de Alba dio algunas comisiones para tomar dichas residencias a criados y allegados suyos, por ayuda de costa. En cuyo cargo, por sentencia del juez de residencia se le puso culpa y se remitió al final su determinación. Revocamos dicha sentencia y le absolvemos y lo acordado en primer y segundo cargo.

Y en cuanto al cargo undécimo, sobre que debiendo en conformidad de las cédulas de S. M. hacer recoger los religiosos que andaban en la ciudad fuera de sus conventos, y otros de cuya religión no había conventos en el reino de Nueva España, por la nota y escándalo que de ello se seguía en no recogerlos o remitirlos a los reinos de España durante su gobierno, no lo hizo y permitió anduviesen en dicha ciudad y en otras partes con nota general. Por cuyo cargo, por sentencia de dicho juez fue absuelto y dado por libre. La confirmamos por no probado dicho cargo. Y se le advierta al virrey cuide mucho no anden fuera de sus conventos los religiosos, y que se porten como tal.

Y en cuanto al cargo duodécimo, sobre que debiendo dicho conde visitar el colegio real de los niños de San Juan de Letrán y el Hospital Real de los indios, por ser del Real Patronazgo, no lo hizo ni vio como se proveía en ellos, ni hizo poner cobre en sus bienes para su conservación y aumento, ni nombró juez de dicho colegio y hospital, como se dispone por ordenanzas. Y sólo nombró por mayordomos de dicho hospital a su capellán y al Dr. Alonso de los Reyes, médico en dicho colegio, ambos criados del virrey. Con que sus rentas se han deteriorado y no se les han pagado sus salarios y raciones al capellán maestro de escuela y sacristán de dicho colegio. Por cuyo cargo en la sentencia de dicho juez se le puso culpa y se remitió al final la determinación. Lo revocamos y absolvemos y lo remitimos a lo acordado en el cargo primero y segundo.

Y en cuanto al cargo décimo tercio, sobre que permitió que en palacio se jugase de ordinario todas las noches por mucho tiempo grandes cantidades en el cuarto de Don Juan Enrique de Guzmán, hijo de dicho conde. Por cuyo cargo el juez de residencia le puso culpa y remitió su determinación al final.

Lo revocamos y le absolvemos por no probado.

Y en cuanto al cargo catorce, sobre que durante el tiempo del gobierno de dicho conde los más días se salió por las calles públicas de dicha ciudad sin autoridad y acompañamiento debido a su persona y al puesto que ejercía. Por cuyo cargo y los remitidos a este final por dicho juez le condenó en 2.000 pesos, aplicados para la cámara de S. M. y más los salarios y cosas de la residencia y su copia. Lo revocamos y le absolvemos por este cargo.

Y por nuestra sentencia definitiva, así lo pronunciamos y mandamos. Don Juan de González de... y Valdés, Don Mateo de Villamarín Roldán, Lic. José Pardo Ceballos, Lic. Don Juan de la Calle, Alonso Ramírez Prado, Pedro de la Cantera Salazar. Ha de firmar el Sr. Don José Pardo en ambas sentencias.

Pronunciada fue esta sentencia por los señores del Consejo Real de las Indias, que la firmaron en Madrid a 21 de agosto de 1654, siendo testigos Juan de Montalbán y Juan Ruiz de la Peña, porteros de dicho Consejo.

Lope de Vadillo Llerena.

Fuente: Los Virreyes españoles en América durante el gobierno de la casa de Austria: México, edición de Lewis Hanke con la colaboración de Celso Rodriguez, Biblioteca de autores españoles, Atlas, Madrid, 1976-1978, 5 volúmenes, volumen 4, 1977, pp. 150-154.