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Siglo XVII > 1650-1659 > 1650

Informe de la Audiencia de México sobre el estado del Reino y cómo lo gobernó.
21 de julio de 1650

Hasta fines del año pasado de 1649 no se ofreció en este reino cosa alguna que obligase a despachar aviso, ni de darle a S. M. y con esperarse las naos de Filipinas por aquellos días, y llegaron tarde al puerto de Acapulco, a último de febrero, se detuvo el navío de aviso que estaba prevenido y había de salir cuando llegó el de estos días, con noticia de que la flota estaba en el puerto de Veracruz muy en breve, a cuya causa se ha dilatado dar cuenta esta real audiencia a S. M. de lo que en el tiempo que ha gobernado estas provincias se ha ofrecido, digno de la noticia de S. M. que se ceñirá en esta carta con brevedad.

El reino, señor, en este tiempo cuando otros los ha trabajado el contagio casi general ha gozado de sanidad, de abundancia de cosechas y frutos naturales, con que los pobres han tenido los bastimentos de pan, carne y los demás alimentos con comodidad en el precio, ha tenido este reino grandísima paz sin inquietud ni alboroto, procurando esta real audiencia cuanto ha sido de su parte promover lo útil y desviar lo que aún remotamente pudiese turbar el bien y sosiego público.

Habiendo dado cuenta el gobernador de La Habana del grave contagio que padeció aquella ciudad, luego que salieron de su puerto los galeones y flota y enviado al Capitán Domingo Rodríguez, persona de su satisfacción por el socorro de gente y dinero que pidió para aquel presidio, representando el riesgo que corría se le envió lo uno y otro con la brevedad que fue posible, lo cual llegó a salvamento, con que se alivió la necesidad que padecía y se aseguró bastantemente aquella plaza tan importante con cantidad de 50.000 pesos que se gastaron en géneros, reales y sueldos de la gente, que se levantó por cuenta de su situado y sin gasto extraordinario de la hacienda de S. M.

Con la noticia que dio el mes de noviembre el alcalde mayor de Xicayan de haberse visto en la costa del sur de aquella jurisdicción tres naos de porte que se acercaban demasiado a tierra, sin echar chalupa ni gente, y haber enviado información de esto, y de que en Buenos Aires los portugueses se habían alzado y muerto al gobernador, obispo y demás castellanos, y que en el Perú a esta causa el virrey les había mandado registrar y quitar a los de esta nación las armas ofensivas y defensivas y retirar de los puertos de mar y minas treinta leguas la tierra adentro, lo cual testificaron de vista algunos pasajeros de un navío que se perdió en puerto escondido.

A que se llegó otra información ante el castellano de Acapulco de haberse visto doce leguas de aquel puerto cinco naos, junto con otras noticias que parecieron dignas de atención a la providencia y a la seguridad de las provincias, mandó este real acuerdo ejecutar lo mismo que se decía haber mandado el virrey del Perú para lo cual se dieron y echaron en esta ciudad y todo el reino las órdenes y bandos convenientes. Y habiendo reconocido por los que se registraron en esta ciudad ante los ministros de S. M. y fuerza de ellas ante los alcaldes mayores, ser número corto y que no podía haber cuidado, se les volvieron las armas registradas (que casi todas fueron espadas), al principio con más facilidad a los hijos de portugueses nacidos en estas provincias como naturales de ellas, y que como tales tienen más templado el cariño de la nación y patria que no conocen, y pocos días después a todos los portugueses, asegurándoles que no había sido desconfianza de su fidelidad sino providencia a que obligaba la noticia y necesidad. Lo que especialmente obligó a mayor cuidado fue la prevención y socorro de la fuerza de Acapulco, cuyo castellano, el maestre de campo Don Sabiniano Manrique, mostró en esta ocasión la buena sangre y experiencia militar que tiene. Pues hallándose en esta ciudad falto de salud, con licencia que tenía del tiempo del obispo gobernador, salió luego al punto y puso en defensa y arma toda aquella costa, fortificó el castillo y lo dispuso de suerte que no pudiese correr riesgo, no perdonando trabajo ni fatiga alguna de su salud y persona.

Y por esto y por el celo y desinterés con que hemos reconocido sirve a S. M., nos hallamos en obligación de representar a S. M., es muy digno de las honras y adelantamientos que fuere servido emplear en su persona. Se previno también el recelo que se tenía de que estas naos invadiesen las que se esperaban de Filipinas, y por cuenta del comercio salió un barco luengo desde las costas de Sinaloa, donde se halla el Almirante Don Pedro Portel Casanate, al paraje de las Californias, que reconocen para que les diese aviso. Se dio también al presidente de Guadalajara y Audiencia de Guatemala, para que estuviesen advertidos de lo que se obraba y prevenía en esta provincia. En todo esto se gastó cosa alguna de la hacienda de S. M. y sólo se pagaron a los soldados y artilleros de Acapulco, sus sueldos corridos para alivio y consuelo de riesgo presente y de la continua y peligrosa destemplanza de aquel puerto. Estas naos no se han visto más en la costa, ni se ha tenido noticia individual de la derrota que llevan, aunque el castellano de Acapulco envió un barco a reconocer los buques, porte y gente de ellas.

Cuando del todo faltaban las esperanzas este año de naos de Filipinas en que se funda el alimento y ocupación de mucha gente pobre de este reino y el comercio y sangre principal de él, llegó una nao al puerto el día último de febrero con tan corto registro que no montaron sus derechos la décima parte que otros años y con relación de tantas miserias y estrechez de aquellas islas, que cuando la católica y pía atención de S. M. no tuviera con aprieto encargado el socorro y conservación de aquella cristiandad a la que en los vasallos de S. M. se halla, bastara para poner los ojos en su remedio y socorro, tanto con mayor cuidado cuanto no se tenía noticia que en cuatro meses corridos de navegación hubiese llegado el corto que el año pasado envió el obispo gobernador.

Y aunque hasta el 7 de marzo no llegó a esta ciudad el gentilhombre y pliego con las memorias de los géneros que se pedían para el real campo de Manila, y aunque la real caja se halla continuamente tan falta de dinero por los muchos rezagos que se están debiendo a las doctrinas, juros, presidios y otras situaciones, se procuró, dispuso y logró en ocho días el más copioso envío que ha ido en muchos años de reales y géneros, comprados en precios acomodados, por hacerse la paga en contado y en presencia del Lic. Don Andrés Pardo de Lago, oidor de esta real audiencia a quien por turno tocaba la real almoneda, asistiendo cada uno de los demás ministros a lo que se les encargó para ganar tiempo en la brevedad y cortedad de él, con que salió la nao del puerto la vuelta de las islas, a 3 de abril, debiéndose en este despacho al castellano Don Sabiniano Manrique, en la mucha parte del trabajo personal que le tocó en la carga, descarga, carena y aderezo de la nao que traía maltratado el timón, el haberse conseguido lo que se tuvo por imposible, y con desinterés y conveniencia de la hacienda de S. M.

Este caballero es de muy buen celo y de condición blanda, templada con buen juicio y atención al servicio de S. M. y con crédito de limpieza e inteligencia militar, y por debérsele tanto en esta acción se vuelve a hacer recuerdo de su persona para que S. M. la ocupe a su servicio de que dará buena cuenta.

Montó el socorro más de 420.000 pesos, y los 350.000 de ellos en reales efectivos, como S. M. lo conocerá en la cuenta y testimonios que remitirán oficiales reales en esa carta que se escribió al Gobernador Don Diego Fajardo, cuyo rigor y dureza en el gobierno y haber cortado el comercio de aquellas islas y este reino, quitando los caudales a mercaderes, tiene a unos y otros atenuados y medrosos. De suerte que temen los soldados y pilotos militares debajo de su mano.

Y fue ventura y excesiva diligencia hallar con grandes aprietos y compulsión dos pilotos por haber muerto en el viaje el que la gobernaba. Y de aquel reino no han venido este año mercaderías en el permiso que S. M. tiene concedido con que si continúa en el gobierno y dictamen cesará del todo la correspondencia particular, y con ella los derechos de S. M. en los registros y alcabalas, y la ocupación de la gente pobre y ociosa de las islas. Para socorrerlas se valió esta real audiencia, por la suma brevedad del tiempo, de lo que se pudo cobrar con apretadas diligencias, y de que Simón de Haro y Esteban de Molina, mercaderes de plata, anticipasen en fe de la que se esperaba de Zacatecas, San Luis y otros minerales, los reales que pudieron importar, y aunque en esto hicieron servicio, no careció de alguna moderada conveniencia propia, sin daño de la real hacienda.

También prestó Alvaro de Lorenzana cantidad de pesos, y asimismo suplió con pedazo para este despacho el maese de campo Don Antonio Urrutia de Vergara, sin ningún interés ni conveniencia, por el celo y amor con que sirve y siempre a S. M. A todos los referidos se dio satisfacción pocos días después de haber salido la nao con el socorro, con que aquellas islas volverán en sí de los muchos trabajos, necesidad y aprieto en que se han visto. Y cuanto ha sido de nuestra parte, hemos obrado en el servicio de S. M. lo que debemos, dejando ejemplar, dificultoso de imitar en el estado y brevedad del tiempo y de los empeños de la caja de S. M. con conocida conveniencia y precio de los géneros que se remitieron.

La caja real de S. M. está de ordinario en el estado que el capítulo antecedente refiere, y es causa de sus empeños ser mayores las cargas fijas y ejecutivas que tiene sobre sí, que las entradas no siempre iguales por las condiciones de los asientos y de los tiempos, como ni las diligencias de los ministros en las cobranzas de su cargo con que suelen poner de mala calidad. Y porque las libranzas corrían con menos crédito de lo que era razón, habiéndose reducido según se entendía a comercio e inteligencia de pocos particulares, que compraban la necesidad y precisa dilación en la paga.

Se mandó y ejecutó en conformidad de cédula de S. M. del 10 de junio de 1648, que el contador más antiguo del tribunal de cuentas don Francisco Tirolmonte asistiese todos los días de caja al recibo de lo que entrase, y a la vista de lo que se pagase en tabla y mano propia a los acreedores o quien tuviese sus poderes. Con que el comercio de las libranzas, si del todo no ha cesado ha sido con más recato y con mayor crédito de las pagas que se hacen. Y si por esta audiencia se hubiera entendido o se hubiera dado queja particular se ocurriera por el medio más conveniente. Y para ese efecto al maese de campo Don Andrés Pérez Franco que dio en esta razón el memorial cuya copia se remite a S. M.

Se le ordenó en el decreto lo que contiene; y cuando con una persona de sus canas y servicios no se hizo excepción en la orden general dada para no pagar fácilmente, conocerá S. M. cuanto cuidado se ha tenido en no alargar la mano a pagar deudas atrasadas de presidios, doctrinas y otras situaciones, como S. M. ordena en su real cédula del 7 de mayo de 1649. Y lo que se ha pagado ha sido, para socorros presentes, efectivos de algunos presidios y con tanta limitación que más fue atención a conservarlos y que no se pierdan, que a pagarlos. Y todo esto no bastará a que no falten quejosos causándolo la necesidad justificación de lo que se pide, y no se puede pagar por socorrer las más urgentes necesidades de S. M. que tenemos presentes y deseamos aliviar en esta flota.

Para lo cual, sobre haber dado orden cerrada con todo aprieto que no se pague a nadie hasta haberse hecho el despacho de ella, se ha dividido entre nosotros el cuidado y cobranza de algunas deudas de mala condición para que el sumo aprieto haga cobrable alguna cosa, y se han dado las órdenes convenientes para que la plata de Guatemala, Guadalajara, Zacatecas, San Luis y los tributos y alcabalas de S. M. puedan ir en esta flota y verano, como S. M. manda en cédulas que se recibieron en este aviso que llegó el 2 del corriente.

Se ejecutó por [en blanco] del año pasado la real cédula de S. M. en que ordena se reforme el presidio y compañías de la Nueva Veracruz, y aunque todos los ministros de la junta general respecto del tiempo del invierno, cuando los nortes aseguran la costa de invasión y recelo enemigo y por el sumo aprieto de las repetidas órdenes de S. M. dieron cumplimiento a la cédula. Ninguno de todos deja de conocer que en tiempo de verano es evidente el riesgo que consigo trae la ejecución de lo que S. M. manda en esta reformación. Y sería gravísimo cargo de todos no obrar en la seguridad de las cosas de S. M. lo que en las propias hiciera el que fuera menos atento a su conservación y no representar a S. M. que la nueva Veracruz es el único puerto del Mar del Norte que tiene este reino, donde se abrigan y reparan y proveen las flotas y fragatas del comercio de España e islas de Barlovento, que es la llave y seguridad de estas provincias, que no se debe fiar ni arriesgar a un leve accidente que basta para quitárnoslas de las manos, sin que para este sea necesario armada enemiga formada por la facción.

Bastan dos navíos de porte o cuatro moderados de un corsario (que ningún verano falta en la costa) con 200 hombres que echan en tierra por la parte de Alvarado, o Sacrificios, sabiendo de algunos prisioneros que está el puerto sin presidio y con tan poca gente con la gran mortandad del año pasado que no hay quien pueda oponerse y tomar las armas contratan corto número y se perdería en un lance de estos, sobre la reputación de las armas y dificultad en recobrar la tierra, la riqueza que de ordinario concurre a este puerto único para la entrada y salida de lo que se comercia, y no debe guardarse y recatarse menos de los enemigos domésticos y convecinos que de los extraños, pues en la gente de varios colores y humores que hay en aquel puerto y su circunstancia no hay amor ni fidelidad segura, ni valor para oponerse a un riesgo y accidente inopinado, ni este género de gente tiene aún moderada disciplina y experiencia en el manejo de las armas.

Y este año en una ranchería de negros huídos cimarrones ha habido avilantez en el principio de la primavera a bajar a unas de españoles muy cercanas y casi suburbios de Veracruz, y robarlos y matarlos, haciendo presa de los ganados.

Y con esta aflicción los pocos vecinos del puerto, aunque abrigados de dos buenos y antiguos soldados, como el corregidor Don Fernando Altamirano y Sargento Mayor Juan Ruiz Aragonés, han escrito a esta audiencia pidiéndoles vuelva el presidio para su seguridad, o que será fuerza desamparar el puerto.

También se tuvo noticia de un corsario que robó unas fragatas de porte y no dejaba navegar otras que volvieron huyendo al abrigo de la fuerza de San Juan de Ulúa. Todo esto nos había obligado a tratar de asegurar el puerto y conferir si se volvería el presidio, por entregar a quien viniese en nombre de S. M. el reino sin pérdida tan considerable.

Y aunque en la junta de los maeses de campo y otras personas prácticas en la milicia en consideración de las razones dichas y otras, sentían los más que se debía volver a formar el presidio hasta en número de 150 hombres con la nueva cédula y capítulo de carta de 7 de mayo de 1649, que se recibió en el aviso, se ha suspendido, pareciendo que con la gente de flota que se espera tan anticipada tendrá aquel puerto lo bastante para su defensa este verano. Y debe venir también en consideración que siendo tantos a defraudar los derechos de S. M. y los registros de plata reales y mecaderías no es posible que los oficiales reales y justicias ejecuten con la seguridad y prontitud que conviene lo que S. M. tiene mandado. Pues el número corto de los vecinos que suelen ir a la parte en la ocultación no puede hacer oposición igual al número mayor de los de flota que sobre salvar su hacienda, arriesgan con gusto y desesperación su vida.

Y a esta gente se le ponía freno y templanza con el presidio que ocupaba los puestos más importantes para que no se extraviasen las mercaderías y plata, y los derechos pertenecientes a S. M. que proveerá lo que más convenga a su servicio sobre esta materia, en la cual se pudieran proponer otros muchos inconvenientes que se siguen en la reformación y se excusan por parecer bastante lo referido y por excusar prolijidad a S. M.

Al desagüe de esta ciudad ha acudido con el cuidado y puntualidad que acostumbra el reverendo padre Fray Luis Flores, sin conveniencia o interés alguno, más que servir a S. M. doce años hay tiene muy adelante la obra, fue a reconocerla, y los reparos que se hicieron el año pasado en las roturas que causó el río de Guatitlan y en las calzadas de San Cristóbal y Coyotepeque, el Lic. Don Andrés Pardo de Lago, y está todo a satisfacción y a la pública de ciudad, sus regidores, otros ministros y maestros artífices que llevo consigo para reconocerlo.

Y aprueban lo obrado y son de parecer se continúe por mano de dicho padre reverendo Fray Luis Flores, a quien por haberse excusado de proseguir, en nombre de Su Majestad hemos adelantado y dado gracias por el amor y desvelo con que se ocupa en este trabajo, que cede en beneficio de esta ciudad y de todo el reino.

Y aunque la consignación de esta obra y el dinero de ella no es tan pronto como necesita, hemos procurado no le falte lo más preciso para la consecución y seguridad de esta ciudad. V. M. premiará su celo y este servicio como la importancia de él pide y esta real audiencia representa a S. M. que el puesto de comisario general de San Francisco de esta Nueva España que merecio y ejerció doce años ha, con aprobación, sus canas y partes aseguran la buena cuenta que dará si S. M. lo emplease en una iglesia de las Indias.

Los religiosos de la provincia de Santo Domingo de Caxaca, después de las encomiendas y litigio sobre las doctrinas, su administracion, examen, canónica institución y colación a todo lo que S. M. tiene mandado en esta razón, lo cual ejecutó esta real audiencia con la sentencia de revista que pronunció en la causa. Ayudó a ello la modestia y sufrimiento religioso del padre provincial maestro Fray Francisco de Burgoa. Y como quiera que se entiende, que el fin de los obispos en la pretensión de que los reguladores doctrineros se sujeten al examen y demás ceremonias canónicas, es después de la seguridad en la administración de los sacramentos para obligarles con las vejaciones multiplicadas a que dejen las doctrinas para proveerlas en los clérigos seculares y domésticos.

Se conoció esto más en el obispo de Oaxaca que con el título de la canónica institución y colación quería introducir la total destrucción del instituto religioso con proposiciones opuestas a él y con gravar de suerte cada despacho de ser doctrinero, que no bastase el sufrimiento ni la hacienda para uno y otro. Ambas cosas y las destemplanzas del obispo con el provincial quedaban quejas recíprocas, obligó a pedimento de la provincia a mandar al obispo por provisión real de ruego y encargo, sobreseyese en las vejaciones que introducía y que se escribiese carta acordada para que se templase y tratase la religión y religiosos con la urbanidad afecto paternal que era tan propio de su oficio y obligación. Y no habiendo sido medio bastante el referido para el consuelo y quietud de los religiosos, ocurrieron a la audiencia pidiendo se aprobasen los conservadores que nombraban contra dicho obispo de Oaxaca.

Y reconociendo lo que este medio ha turbado en lo pasado las cosas, y que no les faltaba, ni razón ni sufrimiento a los religiosos, se escribió al obispo por toda la audiencia la carta, cuya copia es con ésta, con la cual se redujo a conformidad con los religiosos.

Y porque se necesita de que S. M. dé forma en la que han de tener adelante los obispos con los religiosos doctrineros sobre estos derechos y títulos que cada uno, nuevamente y contra lo estilado les quisieren dar, se representa a S. M. que sería bien que como toda la provincia en su capítulo hace una tabla, en que propone al virrey como patrón para cada doctrina, tres religiosos que primero están examinados y aprobados del ordinario, y de ello envían testimonio a los oficios de gobierno, y ellos eligen y representan el virrey, uno para cada doctrina. Y este único despacho basta para la presentación de tantos.

Así también los obispos en un despacho ofreciesen a estos religiosos que antes aprobaron dar la institución y colación canónica, por la cual acudiesen dentro del término que por esta real audiencia se señaló en el auto de revista de [en blanco] de septiembre pasado, con proporción a la distancia donde viven y han de administrar. Y que S. M. con todo aprieto rogase y encargase a los obispos suavidad y urbanidad en el tratamiento de los religiosos doctrineros y moderación en los derechos que debieren llevar en sus secretarías.

Habiendo querido el provisor y Gobernador del Obispado de Puebla Don Juan de Merlo, ejecutar con los religiosos de San Agustín doctrineros del obispado el examen, colación e institución canónica referida, siguiendo el ejemplar de Oaxaca, se opuso la religión de San Agustín, representando contra la provisión por duplicado que se había despachado al provisor, que no había sido oída ni vencida con sentencia de vista y revista como la provincia de Santo Domingo de Oaxaca.

Y en esta atención y de quien aquel obispado conviene de presente, mas que en otro alguno, conservarle sin novedad ni embarazo que la pueda hacer; se sobreseyó la ejecución de la provisión y se sigue la causa por los términos ordinarios que tuvo la Oaxaca y tuvo la de la religión de San Francisco en la Nueva Vizcaya, aunque del todo no se feneció está con una apelación del fiscal de S. M., en orden a la paga del estipendio de los doctrineros.

Lo mismo que el provisor gobernador del obispado de la Puebla pretendió con los Augustinos, intentó y obtuvo el obispo de Guadalajara con los doctrineros de San Francisco de aquella provincia sujetos a esta audiencia. Y habiendo introducido esta religión el medio que la de San Agustín, corren sus causas con los mismos términos e igualdad y en su determinación se observará lo que S. M. tiene dispuesto en esta razón. Y esto se obtuviera con más brevedad y desembarazo si S. M., por su real cédula, mandase a todas las religiones se ajustasen a la provisión de lo últimamente determinado con la de Oaxaca de Santo Domingo, cuya copia se envía.

Y cierto, señor, que estas causas entre obispos y religiosos suelen causar gravísimos embarazos en los superiores y que en la Nueva Vizcaya ha sido menester la templanza y sufrimiento del Gobernador Don Diego Guajardo Fajardo, a quien el obispo ha excomulgado por estas contiendas que las viene a lastrar la hacienda real de S. M., pues con ver el ultraje de la jurisdicción real y del gobernador que la representa, no han habido menester los indios de aquel país, inclinados a motines y rebelión, para alterarse otro achaque. Y para pacificarlos se gasta la hacienda de S. M. y las cartas últimas del gobernador en esta razón nos tienen con cuidado aunque hasta ahora no se ha gastado cosa alguna.

Y como el obispo y obispado no está en nuestro distrito, no le podemos comprimir con los medios que al de Oaxaca, y sin embargo, el Dr. Don Matías de Peralta, oidor más antiguo que hace oficio de presidente, escribió al de Guadalajara para que escribiese al obispo de la Vizcaya y pusiese la mano en componer sus disgustos y contienda con el gobernador, habiendo empleado siempre la principal parte de nuestro cuidado en la quietud, unión y conformidad del reino y de las cabezas y varones principales de él, por no embarazar los oídos de S. M. con ninguna disonancia, cuando nos procura a todos sus vasallos a costa de tantas expensas y desvelos la paz universal.

Los oficios de justicia que han estado a provisión de esta real audiencia se han distribuido con la mayor justificación, igualdad y conformidad que nos ha sido posible, graduando los méritos y servicios personales de los pretendientes, y los de sus pasados en la conquista, empleándose con proporción al talento de cada uno y a la seguridad de su hacienda para la cobranza de la real de S. M. que administran sus méritos. Y cuan lejos de parcialidad se han distribuido se conocerá por S. M. en la relación sumaria de los servicios que a cada uno corresponden, en esa que se envía.

Y no podremos excusar enteramente las quejas de algunos pretendientes, que siendo más en número que los oficios y que el espacio de un año, para comodar a unos mientras otros están vacos, es fuerza que los que no están culpados discurran en sus méritos y necesidad y en la dicha de los que obtuvieron en su pretensión y en medio de que la gente noble y pobre, así de España como de los conquistadores, ha gozado y está gozando de las conveniencias y honores que hemos distribuido.

Ha sido parte de providencia y de gobierno pacífico conceder algún beneficio a la intercesión del arzobispo y obispo de Michoacán en personas beneméritas por quienes se han interpuesto. La principal provisión de los oficios se hizo el 12 de noviembre del año pasado, habiéndolo dilatado hasta este tiempo por reservar al virrey que se esperaba, lo que es de su cargo. Y esto mismo se ha hecho desde que llegó el aviso con noticia de que venía el Conde de Alba de Aliste por virrey de este reino.

Entonces se mandó renovar la memoria de unas cédulas antiguas, en que S. M. ordena no se ocupe en oficio de justicia a quien fuere deudor de hacienda real que haya administrado en otro, o que no hubiere dado residencia, con que en la primera parte se cobraron y aseguraron algunas deudas antiguas de los pretendientes, y en la segunda se procuró la satisfacción pública en las residencias, de cuya calidad en otra ocasión se dio cuenta a S. M.

Todos los alcaldes mayores despojados por el obispo gobernador sin causa, que se les hiciesen capítulo ni queja que hubiese, han sido restituídos por sentencias de vista y revista de esta real audiencia, si han ocurrido a ella y sólo faltan dos o tres causas de esta calidad, que están pendientes y próxima su expedición, en que se hará justicia. Con que se ha dado la satisfacción pública que S. M. en capítulo de carta del 7 de mayo del año pasado pedía al obispo gobernador, entre cuyos papeles no se ha hallado alguno por el cual con causa que hiciese, quitase los oficios y negase las prorrogancias, ni hubo otra que el interés.

De que se dio cuenta a S. M. por esta real audiencia en carta del 19 de octubre de 1648 y en la que se escribió en la flota del General Don Juan de Pujadas, en la cual se remitieron a S. M. sus expolios y riqueza adquirida en el breve tiempo de su gobierno.

En la presentación a los beneficios y administración de doctrinas se ha estado con atención a no quitar el primer lugar, y se han proveído en los que le traían por excusar toda ocasión de desazones, con los obispos y prelados.

En los remates del retablo de la capilla mayor de Los Reyes de la Santa Iglesia Catedral de la Puebla de los Angeles, que se abrió y dedicó por su obispo el año pasado, estaban puestos dos escudos de cuatro cuarteles cada uno. Y en el primer cuartel alto del que estaba al lado del evangelio, estaban cuatro barras de oro relevadas sobre campo rojo, en el segundo cuartel alto un castillo de oro, en campo rojo. En el primer cuartel de los dos bajos estaba un león rojo, en campo de plata y en el segundo cuartel bajo un árbol verde con una cruz roja, en su copa sobre un montecillo en campo de oro y el escudo coronado y orlado del tusón en forma real.

En el escudo de la epístola estaba esto mismo aunque con diferencia en los lugares, ocupando el primer cuartel alto el castillo, el segundo alto las barras de oro relevadas. En primero bajo el árbol con su cruz y el cuarto y último cuartel el león. Requirió el arzobispo con testimonio y pintura de estos escudos al fiscal y a esta real audiencia, que mandó quitar los escudos referidos y poner en su lugar dos escudos conformes con todas las armas reales que S. M. usa de Castilla, León, Aragón y los demás reinos de su corona. Este negocio ha sido de más rumor que el que quisiéramos, pero no fue posible negarnos al requerido, ni excusar la pública satisfacción que pareció justa, precisa y más templada, según el estado de las cosas de aquella ciudad, como todo lo conocerá S. M. de los autos e informe que remite el fiscal de esta audiencia a S. M., y deseamos haber acertado en su servicio.

También remitirá otros autos que oficiales reales de Veracruz enviaron sobre un letrero de una pieza de artillería que se fundió para la fuerza de San Juan de Ulúa, en que se puso silencio con cuidado y atención a excusar toda apariencia de parcialidad.

En las contiendas de la religión de la Compañía de Jesús con el obispo de la Puebla y su provisión, se ha tenido particular cuidado excusando cuanto ha sido posible suscitarlas. Y aunque con ocasión de la solicitud en la causa de los prebendados presos en la Puebla, y en la de haber pretendido y mandado el obispo electo Dr. Merlo como provisor gobernador borrar a una imagen de Cristo, Nuestro Señor, que estaba en frente de las espaldas del sagrario de la Compañía, se quiso dar motivo a renovar las llagas pasadas, se atajó y excusó. Y en aquella ciudad, por sus parcialidades se procuró poner el temple que pareció conveniente en la instrucción que se dio a Don Diego de Villegas para su régimen, la cual se hallará en los autos tocantes a los reales escudos referidos. Y en esta atención se han disimulado algunas cosas que en otro tiempo y estado se debían haber moderado con demostración,

El Lic. Don Alonso González de Villalba, oidor de esta real audiencia murió a fin de febrero, a tiempo que el tribunal de cuentas se las pedía, de las condenaciones que paraban en su poder de las comisiones que tuvo en la Vizcaya; y en buscar y descubrir sus bienes se hacen las diligencias convenientes por el tribunal y por el fiscal Dr. Don Pedro Melián, en quien empleara S. M. con pública satisfacción del reino esta plaza vacante, premiando los muchos años que ha servido en el oficio de fiscal, que es de sumo trabajo y que ha menoscabado su salud, su celo, en el sevicio de S. M. Su talento, juicio y grandes letras, son bien conocidas y su estrechez y necesidad con muchos hijos y obligaciones son dignas de la atención soberana de S. M., premiando a un ministro de aventajadas prendas, y que han aprovechado mucho en los accidentes de este reino y en los negocios e intereses de S. M.

Murió en Guatemala el Dr. Soltero, obispo de aquella ciudad, y en esta iglesia de México falleció el Dr. Hidalgo, canónigo magistral. Se han puesto edictos a esta prebenda y aun no ha llegado el tiempo de leer los opositores. Murieron también los canónigos Don Juan Bautista Martínez y Dr. Laso, y en sus vacantes representa a S. M. esta real audiencia las prendas de letras, virtud y pobreza de Don Francisco de Siles, medio racionero de esta santa iglesia catedral, que es de prima de Teología, en sustitución de esta real universidad. Tiene muy buenas partes de predicador y llevó el tercer lugar en la canongía de escritura, según se tuvo por entonces entendido. Y salió con buen crédito de las oposiciones que hizo a la magistal y penitenciaria; S. M. proveerá lo que más convenga.

El racionero Don Agustín de Padilla tuvo el día de la publicación de la bula alguna demasía y destemplanza de palabra con el Lic. Don Gaspar de Castro, sobre si acompañando al comisario aquel día, cuatro ministros togados de S. M., como lo tiene mandado, debía la iglesia salir acompañando como se hace en las ocasiones que va el virrey o audiencia.

Esto obligó a dar cuenta al arzobispo para que le moderase con demostración competente, le puso preso en la torre, y con instancia y recaudo de la audiencia que llevó el escribano de cámara, fue resuelto. Se da cuenta a S. M. y se remite el auto de la real audiencia que sobre este negocio hubo.

Los propios y rentas de esta ciudad de México están tan atenuados y empeñados a causa de la mala administración, según se tiene entendido, que necesita de que S. M. mande estrechamente se les tome cuenta a los regidores ministros de la ciudad que han tenido su manejo, porque aunque montan cada año 30.000 pesos, pueden los acreedores cobrar lo que se les debe. Y para acudir la ciudad a las fiestas de su obligación, como son las del Corpus, día de San Hipólito, en que se ganó la tierra y se saca el real estandarte.

Y para los reparos de la cárcel y casas de cabildo, y para el recibimiento de los virreyes y la paga de lo que debe la ciudad a la hacienda real de S. M., no tiene lo que necesita y se juzga alcanzará a todo si hubiera buena administración. Da cuenta esta real audiencia a S. M. para que lo remedie cometiendo especialmente las cuentas a quien fuere servido.

Al Dr. Don Francisco López de Solís se mandó notificar decreto de esta real audiencia cuando vinieron las naos de Filipinas fuese a servir su plaza de oidor que había aceptado en consideración a la falta de ministros en aquellas islas o que se daría cuenta a S. M. Se mandó también vacar por la aceptación la cátedra de primera de Cánones, que obtenía uno y otro.

No tuvo efecto, lo primero por haberse excusado a la notificación el tiempo del despacho de Filipinas, y lo segundo porque quedando en el reino a tiempo que en él se carece de maestros de la facultad de cánones y leyes, como en otra ocasión se ha representado a S. M., pareció disimular con su lectura por el útil de la real universidad y enseñanza de su juventud. Y habiendo llegado su promoción a Guatemala, salió en bien de esta ciudad a ejercer su plaza en aquella audiencia.

Se dio posesión al Lic. Don Francisco Calderón Romero de la plaza de oidor que S. M. le hizo merced en conformidad de su título. Y en lo tocante a la condenación de su antecesor Don Melchor Gutiérrez de Torreblanca, se hacen y continuarán las diligencias que S. M. manda en su real cédula del 13 de julio de 1649.

Murió el Dr. Don Diego de Avendaño, presidente de Guatemala.

El 16 de mayo dio fondo en el puerto de la Veracruz la flota, y en ella el Conde de Alba de Aliste, virrey cuyo celo y atención en el servicio de S. M. previno desde la sonda la anticipación y crecimiento del envío que se había de hacer. Luego, según las órdenes de S. M. y en su obedecimiento se despacharon correos a todas las cajas del reino, para que remitiesen a ésta la plata de su cargo, y lo mismo se advirtió a todos los asentistas y alcaldes mayores.

Y se cerró y estrechó más la orden de no pagar a persona alguna hasta estar hecho el despacho presente, con que el aprieto de tiempo y del estado de la real caja que se ha representado a S. M., pudo lograr el conde virrey su cuidado en el socorro que envía de 500.000 pesos escasos, valiéndose para el crecimiento de esta cantidad de cuantos medios ha sido posible.

Y por su parte estará el general de flota despachado en toda forma antes del fin de este mes. El reino se halla gustoso con las grandes prendas que ha reconocido en el virrey, de atento mucho al servicio de S. M. y deseosos de que se administre justicia, y que todos gocen de la paz y quietud que S. M. nos procura. Y hasta experimentar más las materias y sujetos del reino, no ha hecho novedad alguna en las provisiones, con que nos prometemos muy buenos efectos de su procedimiento.

Asimismo llegó en la flota el Lic. Don Pedro de Gálvez, visitador de esta audiencia y reino. La falta de salud que ha tenido desde que llegó a esta ciudad no le han dado más lugar que a presentar las reales cédulas en que S. M. manda prosiga y continúe la visita y comisiones que tenía Don Juan de Palafox, obispo de la Puebla, cuyos papeles se le entregaron conforme las órdenes de S. M. se halla ya convaleciente, y desde luego pondrá en ejecución lo que S. M. manda y nos prometimos de su talento, ajusticiamiento y espera los buenos efectos deseados en el servicio de S. M.

En cédula del 8 de agosto de 1648 manda S. M. se informe acerca de las minas de azogue que ha descubierto el Lic. Don Luis de Berrio, alcalde de corte de esta real audiencia, y de los intereses, gastos y sustancia que esta materia tiene.

Y porque todo esto se comprende en los autos, informaciones y experiencias que hizo el Lic. Don Gaspar de Castro, oidor de esta real audiencia en aquel real y minas del año pasado, las cuales se remitieron por duplicado en la flota de Don Juan de Pujadas, nos remitimos a ellos; ahora nuevamente para fijar más la materia el conde virrey dispone hacer algunos ensayos de estos metales y modo de beneficiarlos en su presencia y en la de otros mineros, de que dará aviso a S. M. en la primera ocasión, si no fuere posible en esta.

El Lic. Juan de Bolívar, relator más antiguo de esta real audiencia, obtuvo en esta flota la merced que en diferentes ocasiones habíamos suplicado a S. M., haciéndose la de la fiscalía de Filipinas.

Se halla trabajado con los muchos años relator y otros embarazos de su familia, y aunque su obediencia y aceptación no retarda la larga navegación y viaje por el servicio de S. M., desearía verse acomodado en una de las Audiencias de Guatemala o Guadalajara, donde será muy a propósito su persona y tendrán con digno premio sus estudios y procedimientos. S. M. provea lo que más sea de su servicio. Guarde Dios la católica y real persona de S. M. como la cristiandad ha menester. México, 21 de julio de 1650. Don Matías de Peralta, Don Andrés Pardo de Lago, Don Francisco Calderón Romero, Dr. Gonzalo Melián, Lic. Andrés Luis de Morgo.

Fuente: Los Virreyes españoles en América durante el gobierno de la casa de Austria: México, edición de Lewis Hanke con la colaboración de Celso Rodriguez, Biblioteca de autores españoles, Atlas, Madrid, 1976-1978, 5 volúmenes, volumen 4, 1977, pp. 113-125.