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Instrucción del rey Felipe IV al Virrey de Nueva España, Conde de Alba de Aliste.
28 de mayo de 1649

Lo que vos Don Luis Enrique de Guzman, Conde de Alba de Aliste y Villaflor, primo, gentilhombre de mi cámara, a quien he proveído por mi virrey gobernador y capitán general de la Nueva España y presidente de mi audiencia real que reside en la ciudad de México, habéis de hacer en servicio de Dios Nuestro Señor y mío y buen gobierno de aquellos reinos además de lo contenido en los otros despachos que con esta instrucción se os entregarán, es lo siguiente.

1. Porque tengo relación que algunos españoles rehusan que residan religiosos en los pueblos de indios que tienen encomendados por particulares fines y que por esta causa procuran por sus criados e interpósitas personas hacerles molestias y malos tratamientos para que dejen los pueblos en que ya moran, lo cual si así fuese sería en gran ofensa de Dios Nuestro Señor e impedimento de la conversión y cristiandad de dichos indios e injuria de dichos religiosos. Fuera más justo y conveniente al descargo de sus conciencias que los españoles procurasen tener, como están obligados, religiosos en los pueblos de sus encomiendas para que los descargasen de la gran obligación que tienen, como lo entenderéis más en particular por la cédula que tienen de dichas encomiendas, e informaréis de lo que acerca de esto ha habido y pasa, y proveeréis como se castiguen los excesos pasados que hallaréis ha habido, y para lo de adelante daréis orden como cesen y no los haya. Y a los prelados de las órdenes advertiréis que algunos pueblos donde no hubiere doctrina o que se hayan descubierto y pacificado de nuevo os lo comuniquen y digan los religiosos qué quieren enviar y de qué partes y calidades, y a qué lugares y por qué causas, y que también sea con sabiduría del ordinario para que todos miréis y considereis si en calidad y cantidad son los que se requieren para el ministerio en que se han de ocupar, advirtiendo que principalmente ha de ser esto para lo que toca a nuevas entradas y descubrimientos, pues en lo que está llano y pacífico se entiende que ya hay monasterios y que si hubiere falta no puede ser sino de religiosos, los cuales habéis de procurar que se envíen siempre de las partes donde los hubiere para que no la haya en la doctrina de los indios.

2. A propósito de lo referido en el capítulo precedente es de advertir que he entendido que cuando se piden religiosos para Nueva Galicia, frontera de chichimecos, Nueva Vizcaya, Nuevo Méjico, islas Filipinas, u otros de las provincias de guerra o frontera de chiriguanaes y tierras pobres, y se envían, como se hace siempre que se entiende haber necesidad, con tanta costa de mi hacienda, como lo tendréis entendido, luego que llegan a la Nueva España, finjan algunas causas y se quedan allí o van a otras partes donde les parece, por manera que por maravilla llega ninguno a la parte donde va consignado, y así se quedan en pie la necesidad y mi hacienda gastada sin provecho y los religiosos llenan los conventos donde no hacen ninguno. Y la causa de esto es que cuando alguno quiere venir a estos reinos a negocios que se les ofrecen, procuran con sus prelados que se les den recaudos para pedir y llevar religiosos. Para excusar los muchos inconvenientes que se siguen de que anduviesen vagando de unas, partes a otras y también de llevar religiosos, no siendo necesarios, se ha ordenado, por algunas cédulas mías, que cuando en alguna de las órdenes hubiere falta de ellos, el prelado acudiese al virrey y le informase de la necesidad para que, satisfaciéndose de ella y de la cantidad que convendría enviar, me escribiese para que yo lo mandase proveer sin cuales recaudos ningún religioso viniese a llevar otros. Porque conviene que aquella orden se guarde, avisaréis a los prelados de las de allá que sin haber hecho esta diligencia y traer parecer vuestro no se enviarán religiosos, ni ellos tendrán para qué enviar y quién los lleve, ni el que viniere por ellos volver allá, y tendréis muy particular cuidado de hacer que infaliblemente pasen a las partes para donde fueren consignados los que de acá se enviaren, advirtiendo a dichos prelados que a los que no lo hicieren y se quedasen en diferentes partes de aquellas para donde se envían, los embarcaréis y enviaréis a estos reinos.

3. Y porque aunque la gobernación espiritual de aquellas provincias toca principalmente a los prelados a quienes se la encargó, quedo y estoy con cuidado y deseo que esto se cumpla cuanto mejor fuere posible, les encargaréis de mi parte que, como cosa propia de sus oficios y obligación, procedan con el cuidado y vigilancia que se le requiere porque por su culpa y negligencia el demonio no turbe ni impida tan santo y apostólico oficio y ejercicio.

4. Atento que por la misericordia de Dios y con su favor y ayuda y cuidado que hasta aquí se ha tenido con aquellos reinos, cuyo gobierno os encomiendo, se mantienen en la paz y obediencia que se puede desear, mediante lo cual cada día se va sentando más la fe y religión cristiana y pública en los naturales, procuraréis no sólo conservarlo, sino que todo vaya con el mucho aumento que se desea y conviene.

5. Por ser una de las cosas que podrían embarazar más la ejecución de lo sobredicho, si, lo que Dios no permita, hubiere entre vos y los prelados de aquellos reinos algunas discordias y diferencias, os encargo mucho que tengáis con ellos toda buena conformidad y correspondencia, de manera que, procurando todos un fin y ayudándoos para alcanzarle, una jurisdicción y la otra, resulten los buenos efectos que espero. Para ello, procuraréis que tengan la misma buena corespondencia entre sí unos prelados con otros, seculares y regulares, y las justicias seculares e inferiores con las eclesiásticas. Para que esta conformidad y paz sea entre todos más cierta y segura y tenga mejores fundamentos, cuando algún clérigo, o religioso causare escándalo o procediere de manera que de su asistencia en aquellas partes resultare o pueda resultar inconveniente, escribiréis y llamaréis a su prelado y trataréis con él el exceso que entendiereis de tal clérigo o religioso y con su beneplácito le haréis embarcar y que se venga a estos reinos, pareciendo a ambos que no hay otro remedio. Si alguno de dichos prelados eclesiásticos o de las órdenes causare inquietud en la tierra o la tuviere con vos o impidiere el cumplimiento de lo que por mi está proveído y ordenado, lo procuraréis remediar sin escándalo, y no pudiendo no daréis lugar a que le haya, sino ir entreteniéndolos cuanto mejor fuere posible, y me avisaréis muy particularmente y con recaudos ciertos de la calidad y circunstancias del caso, y de lo que para su remedio puedo y debo proveer.

6. En las instrucciones antiguas se ordenaba a los virreyes pasados que llamasen a los prelados de las órdenes, y entendido de ellos donde había falta de doctrina, diesen orden en que fundasen nuevos monasterios con acuerdo y licencia del diocesano y se les encargase mucho el cuidado de la salvación de aquellas almas. Teniendo entendido que ya se halla en otro estado lo de los monasterios, por una cédula mía del 9 d marzo de 1593 mandé que no se permitiese edificar nuevos monasterios sin licencia mía y que se me enviase relación de todos los monasterios que hay en aquellos reinos, de cada religión aparte, y las doctrinas que son a su cargo y hacienda que tienen y cuantos religiosos hay comúnmente en cada convento, como más particularmente se contiene en dicha cédula. Veréis y tendréis cuidado del cumplimiento de lo que toca a no edificarse nuevos monasterios sin mi licencia, no permitiendo ni dando lugar a que se haga cosa en contrario, antes proveeréis que cuando se me hubiere de pedir sea con información de tan urgente necesidad y otras causas justas que verosímilmente puedan mover mi ánimo, al menos quedar muy informado para lo que hubiere de proveer, enviando vuestro parecer y de la audiencia con dicha información.

7. Con los prelados seculares y regulares, trataréis y procuraréis que tengan cuidado de prevenir a los predicadores que no digan en los púlpitos en las cosas públicas universales cosa de que pueda resultar en los ánimos de los que los oyeren poca satisfacción ni otra manera de inquietud, al menos sin advertir primero a los que gobernaren en mi nombre de cualquier cosa que les parezca tenga necesidad de remedio, por ser este medio el más seguro y conveniente para que se alcance. Si teniendo esta prevención todavía hubiere alguno que se desmande procuraréis luego el remedio con sus prelados, con la prudencia, suavidad y buenos medios que de vos confío; y no aprovechando, si los casos fueren tales que requiera mayor remedio, usaréis del que os pareciere conveniente.

8. Con los inquisidores de la ciudad de México, os encargo tengáis toda buena correspondencia y les honréis, proveyendo y procurando que las audiencias, gobernadores, corregidores y otras justicias de todo el distrito se lleven bien con sus comisarios y oficiales, por lo mucho que importa que en partes tan remotas y donde está tan recién plantada la fe, sea el Santo Oficio reverenciado, temido y estimado. Que para que se excusen los encuentros y diferencias que se han ofrecido por lo pasado sobre cosa de jurisdicción y preeminencias, está proveído lo que conviene, como lo tendréis entendido, de cuyo cumplimiento tendréis mucho cuidado.

9. Asimismo, os encargo tengáis particular cuenta con la conservación del derecho de mi patronazgo real, guardando y haciendo que los prelados, así eclesiásticos como de las órdenes, no le quebranten, sino que antes le guarden según y como ha sido concedido a los reyes de España por la Santa Sede apostólica y se declara en las provisiones que sobre ello por mí están dadas, sin permitir ni dar lugar a que los prelados se embaracen ni metan en lo que no les pertenece, como algunos lo han intentado.

10. Se ha entendido que los religiosos de las órdenes tienen discordias y pasiones entre sí, porque los que allá toman el hábito hacen su parte contraria a los que van de acá, y que se contradicen los unos a los otros. Puesto que la discordia de suyo es tan dañosa, se echa tan bien de ver, cuanto más lo será en las religiones y los inconvenientes que se pueden seguir si esto, pasa adelante. Así os encargo que os informéis muy en particular del estado en que estuviere esto en cada una de las órdenes para que si hallareis dichas diferencias o cosa semejante que tenga necesidad de remedio, tratando de ellos con sus prelados y superiores, procuréis concordarlos mostrándoles su propio daño y el que pueden hacer en lugar del provecho que se espera de su doctrina, que es en lo que se debían ocupar, dejándose de estas pasiones domésticas de tan poco fruto y tan procuradas por el demonio. Para que yo de mi parte procure el remedio en lo que conviniere ponerle, pues esto ha de ser sabiendo en lo que está el daño, procuraréis con mucho recato y secreto entender por medio de las personas que tuvieréis por más confidentes y sustanciales cómo se procede en el gobierno de las religiones, así acerca de lo espiritual como de lo temporal que les toca, y me avisaréis muy particularmente de lo que entendiereis de cada uno y de lo que pareciere convenir que se reforme, y por qué medios.

11. Como lo entenderéis, se ha tenido particular cuidado de que los clérigos y frailes que se presentaren para las doctrinas sepan las lenguas de los indios que han de enseñar y adoctrinar, y que haya cátedras en las cuales se lea la lengua para que haya copia de sacerdotes y ministros que la sepan para dicho efecto. Porque esto no se ha tenido ni tiene por bastante remedio para que los indios sean enseñados y adoctrinados en la fe y religión cristiana, de manera que sean tan aprovechados en ella como conviene y se desea, y como hubiera sucedido si se hubiera procurado con el mismo cuidado que todos los indios supiesen la lengua castellana con lo cual habría más y mejores ministros para su enseñanza y doctrina, y serían menos o ninguno los errores en que caerían de sus idolatrías y otros vicios y supersticiones antiguas, ha parecido proveer cerca de esto la cédula que allá hallaréis, que os encargo la veais y os junteis con la audiencia y prelados seculares y regulares, y todos juntos acordéis y ordenéis como lo contenido en dicha cédula, según guarde y ejecute y cumpla precisa e inviolablemente, así en esa ciudad como en todas las demás de esos reinos y provincias, de manera que lo en ella contenido tenga cumplido efecto, de lo cual tendréis el cuidado de que vos confío y pide la calidad del negocio, de que Nuestro Señor será tan servido y las almas de los indios tan aprovechadas. En todas las ocasiones que hubiere, me avisaréis de lo que para su cumplimiento se ordenare, y los medios, y cómo se ejecutare.

12. Por haberse entendido por lo pasado que muchas veces los encomenderos de indios y sus caciques y otras personas por ellos impedían a los indios de sus pueblos que fuesen a los monasterios donde se juntaban a aprender la doctrina cristiana, diciendo que con aquello se distraen de pagar los tributos, a cuya causa dichos indios recibían notable daño y perjuicio en su cristiandad, se ha encomendado mucho a los virreyes pasados, en sus instrucciones, tuviesen muy particular cuidado de castigar lo que en aquel caso entendiesen haber excedido. Como quiera que es de creer lo habrán hecho, por ser cosa esta de tanta importancia, me ha parecido encargároslo (como lo hago) para que no estando remediado esto, lo remediéis, proveyendo que ninguna persona sea osada de impedir a los indios el acudir a su doctrina, so graves penas, las cuales ejecutaréis con mucha demostración, y para que todos teman el castigo, haréis que esto se pregone en todas las ciudades principales de la Nueva España. Me avisaréis del estado en que lo hallareis y de lo que proveeréis, y de lo que más os pareciere que debo proveer para que de todo punto se remedien los abusos pasados.

13. En la ciudad de México hay un colegio donde se recogen todos los mestizos, muchachos perdidos de la tierra, para instruirlos y criarlos y que no se críen viciosamente y hagan vagabundos en deservicio de Dios y daño suyo, la cual por ser cosa tan importante como se ha de considerar, así para la tranquilidad y paz de esa república, como para el bien de los mismos mestizos, deseo mucho que esto no sólo se conserve, sino que sea muy favorecido para que cada día vayan en mayor aumento en la virtud. Os encargo que juego que ésta recibáis, os informéis del estado en su buena costumbre y doctrina, y remediaréis de la manera que os pareciere que más convenga al servicio de Dios Nuestro Señor y mío. Me avisaréis particularmente de la forma en que lo hallareis, y de lo que proveereis, procurando con el cuidado y diligencia, que confío le tendréis, de hacer recoger en dicho colegio todos cuantos niños mestizos hubiere. Porque he hecho algunas mercedes a dicho colegio, como lo veréis por cédulas que hallaréis allá, ordenaréis que se tome la cuenta para que sepáis y os enteréis en qué se ha gastado la renta, y cómo, y con qué orden se ha distribuido, y lo que estuviere en pie, y proveeréis que se gasten los alcances que hubiere en cosas necesarias y provechosas a dicho colegio. Para proceder en todo con más luz, procuraréis entender lo que sobre esto han hecho y proveído los virreyes, vuestros antecesores, a quienes se ordenó y mandó lo mismo.

14. Asimismo, se ordenaba en dichas instrucciones pasadas a los virreyes, vuestros antecesores, que porque en la ciudad de México y en algunos otros pueblos de la Nueva España se había hecho, dotado y fundado casas para recogerse indias doncellas y adoctrinarlas en las cosas de nuestra santa fe, y enseñarlas a regir sus casas cuando las tuviesen, siendo casadas; se informasen de las casas que había de esta calidad y del orden que se tenía en ellas, y cómo se sustentaban, y de qué, y de lo que conviniese proveer para su conservación, teniendo muy particular cuidado de su recogimiento y honestidad. Porque conviene que esta obra, siendo como es tan importante para el servicio de Dios y bien de la tierra pase muy adelante, os encomiendo mucho y que con muy particular cuidado procuréis no solamente su conservación, sino que en las provincias donde hubiere buen aparejo y no se hubieren hecho estas casas se hagan para dicho efecto, y se pongan en ellas mujeres de buena vida y ejemplo para que se comunique el fruto de tan buena obra en toda la tierra. A estas mujeres que hubieren de enseñar a las indias, les encargaréis que tengan particular cuidado de no permitirles que hablen su lengua materna, sino la española, la cual enseñen a las que no la supieren, y en ella las oraciones y a leerla en libros de buen ejemplo. Me avisaréis del estado en que lo hallareis y de lo que proveeréis de nuevo, y lo mismo continuaréis adelante en todas las ocasiones.

15. Habiéndose entendido que en la ciudad de México y sus comarcas había muchas niñas mestizas, hijas de españoles y de indias que andaban perdidas sin conocer padres ni personas que mirasen por ellas, se fundó una casa en dicha ciudad de México para su recogimiento, sustentación y doctrina. Como quiera que a los virreyes, vuestros antecesores, se les ha encargado en sus instrucciones tuviesen mucho cuidado de esta obra, y es de creer que la habrán ayudado como lo requiere la importancia de ella; pero como lo que deseo que asimismo vaya muy adelante, por lo que además del servicio de Dios Nuestro Señor importa al bien de la tierra, os encargo os informéis del estado en que está, y de la renta que tiene dicha casa para su sustento, y de las limosnas que se recogen, procurando que con lo uno y lo otro se esfuerce y aumente, teniendo de esto el mismo cuidado que os mando tengáis de lo contenido en el capítulo precedente.

16. Y porque asimismo en la ciudad de México hay dos hospitales para recoger y curar los enfermos, los cuales conviene que procuréis conservar y aumentar, para que mejor se consiga os encargo que los visitéis algunas veces y que procuréis conservar y aumentar y que procuréis que los oidores, cada uno de por sí, hagan lo mismo, al menos cuando vos pudiereis para que además de que se vea la cura, servicio y la dote y limosna con que se sustentan, y cómo se distribuyen, y por qué mano, para que los mismos que los tienen a cargo se animen y vayan con más cuidado, viendo el que vos y la audiencia tenéis, y esto mismo sirva de consuelo y alivio para los enfermos. A los que mejor asistieron a su servicio con más cuenta, caridad y asistencia, los animaréis y favoreceréis para que esto les sea parte de premio, para que con vuestro buen ejemplo y suyo hagan lo mismo otros muchos.

17. Una de las cosas con que habéis de tener mayor cuidado es del buen tratamiento de los naturales, por ser de la que depende la segura conservación de aquellos reinos y provincias, como lo entenderéis por las cédulas que se han despachado para su buen tratamiento y moderación con que se ha de usar de sus servicios y trabajos, de que han de ser premiados y gratificados suficientemente. Porque, sin embargo del cuidado con que se ha proveído, hay nuevas quejas de sus malos tratamientos y de que son demasiadamente agraviados y trabajados con los servicios personales y otras cosas, lo cual es causa de que se vayan consumiendo y acabando, de manera que si no se remediase como conviene brevemente no quedaría ninguno, y para remedio de ello, he ordenado lo que allá veréis en los despachos del 26 de mayo de 1609, que mandé enviar al Marqués de Salinas, presidente que fue de mi Consejo de Indias, que entonces era mi virrey de aquellas provincias, acerca de los servicios personales de dichos indios, y en otros que después acá he mandado dar. Os encargo lo veais, e informándoos del estado que tiene su ejecución y cumplimiento, prosigáis en las diligencias con la atención y consideración que pide la grandeza de la materia, y de la manera que resulten los buenos efectos, avisándome de lo que en esto se hubiere hecho y se hiciere con particular cuidado y puntualidad.

18. Por haber entendido que en algunos pueblos de dichos indios había tasaciones confusas que no tenían números ni cantidad cierta de lo que los indios habían de pagar, y así muchas veces pagaban más de lo que debían, se ordenaba a vuestros antecesores, en las instrucciones, proveyesen como luego se hiciesen tasaciones ciertas y determinadas para que los indios supiesen lo que habían de pagar, y que esto fuese con moderación y conforme a la orden que por mí está dada acerca de la distribución y cobranza de los tributos. Y aunque se entiende que ya estas cosas están en otro estado y las tasaciones justificadas, pero por si hubiere algunas cosas de estas por remediar, os encargo que os informéis de la audiencia y de otras personas inteligentes, y hallando que hay algo que proveer acerca de esto, lo haréis de manera que se quite toda ocasión de que por esta vía los indios sean agraviados, como os encargo que lo procuréis, así en esto como en todo cuanto les tocase.

19. Asimismo se decía en otro capítulo de dichas instrucciones que por haberse entendido que en la Nueva España había tierras buenas y templadas para poderse en ellas plantar morales y criar sedas, se informasen de las que hubiesen a propósito para la postura de morales, y también para sembrar lino, y procurar en que los indios, cuyos fuesen, las plantasen y sembrasen y diesen a criar seda y coger lino y a hilarlo y tejerlo, para que no solamente la tierra se proveyese de todas estas cosas, sino que se pudiesen traer a estos reinos, lo cual por ser cosa de mucha consideración en que se va mirando para proveer lo que más convenga; en el entretanto que se hace os encargo que, luego que hayáis recibido este despacho, procureis saber y entender lo que se ha hecho acerca de lo sobredicho, y si en virtud de lo que se ha ordenado a vuestros antecesores, en dichas instrucciones, se han plantado morales y criado linares, en qué cantidad, qué personas, y de qué calidad, qué seda y lino se coge y de lo que se hace de ello, para que con mucha particularidad me aviséis luego del estado que esto tiene, y en el que lo hallareis, sin permitir ni dar licencia para que de nuevo se planten morales ni compren linares, antes a los que lo quisieron hacer se lo estorbaréis con destreza y la prudencia que de vos confio, y sin que se entienda que lo hacéis por vía de provisión, porque no se exasperen, hasta que vista vuestra relación se os envíe la orden que hubiérais de guardar.

20. Asimismo, he sido informado que en muchas partes de la dicha Nueva España hay tierras muy buenas y aparejadas para poner cañas de azúcar y hacer ingenios, porque son muy templadas y de mucha agua, así cerca del Mar del Norte como a la costa del Mar del Sur. Procuraréis que algunas personas se encarguen de hacer algunos ingenios de azúcar, favoreciéndoles para ello en lo que buenamente se pudiere, dándoles tierras donde hagan los ingenios y planten las cañas, las que pareciere ser más convenientes para ello, con que sea sin perjuicio de los indios, y entendiendo que han de tener negros para servicio de sus ingenios sin que en ellos se ocupan indios, so graves penas.

21. Estoy informado que muchas (estancias) que los españoles tienen en sus tierras muy cerca de sus labranzas y haciendas, y que a estas causas los ganados les comen y destruyen sus frutos y les hacen otros daños. Para el remedio de lo cual, proveeréis que los oidores que salieren a visita de la tierra, por su turno conforme a las ordenanzas, lleven a su cargo visitar dichas estancias sin ser requerido y ver si están en su perjuicio o en sus tierras, y siendo así, llamadas y oídas las partes a quienes tocare breve y sumariamente de su oficio como mejor les pareciere, procuren que se quiten luego y pasen a otra parte todos sin daño y perjuicio de tercero, de lo cual os encargo que tengáis particular cuidado por quitar toda ocasión de que dichos indios sean agraviados, ni dejen labrar ni cultivar la tierra, o haciéndolo, reciban daño en sus frutos.

22. Habiendo sido informado que algunas de las estancias de ganados ocupan tierras de regadío muy buenas y fértiles para sembrar trigo, y que no estando allí dichas estancias las sembrarán los indios, de que resultaría común beneficio en la tierra porque el trigo de regadío no se hiela, lo que no es en lo que se coge sin regarse, encargué a los virreyes vuestros antecesores, se informasen de las tierras que hubiese de regadío, y diesen orden cómo se sembrasen de trigo, desocupándolas de los ganados no teniendo los dueños títulos para dichas estancias, y se pasasen a otra parte donde estuviesen sin este perjuicio. Sabréis lo que se ha hecho en esto y no se habiendo ejecutado, lo haréis vos, teniendo muy particular cuidado del cumplimiento y de avisarme de lo que hubiéreis hecho de nuevo proveeréis para seguridad y población de la tierra.

23. Y particularmente para estorbar las invasiones que los indios chichimecos hacen en ella, de donde tantos daños han resultado y resultan, fui informado que convenía hacer y edificar algunas poblaciones de españoles en buenos y cómodos sitios, y pareciendo este buen medio para atajar la osadía de los indios y recogerlos en sus tierras, se han ordenado a vuestros antecesores que, bien informados de los sitios más dispuestos para las poblaciones y conseguirse dichos efectos, proveyesen sobre ello lo que les pareciese convenir. Y porque hay algunos que se entiende están pacificados, y a estos ayuda el buen tratamiento y doctrina y es de gran importancia por lo que conviene al servicio de Dios y mío y bien universal de la tierra, os encargo que os informéis del estado en que están y lo que conviene para conservarlos en paz y quietud, y lo proveeréis en cuanto se pudiere con el cuidado que de vos confío, por los buenos e importantes efectos que resultarán de cumplirlo así, de lo cual me avisaréis con toda puntualidad.

24. Entre los títulos que os he mandado dar se os envía el de presidente de mi audiencia real, que reside en la ciudad de México, y en él se os manda que no tengáis voto en las cosas de justicia, así lo haréis y cumpliréis, dejando la administración de ella a los oidores míos de dicha real audiencia, para que ellos la administren en aquellas cosas y de la manera que lo hacen los oidores de mis audiencias de las ciudades de Valladolid y Granada, conforme a las ordenanzas de dicha real audiencia. Y en las cosas de justicia que dichos oidores proveyeren, despacharen y sentenciaren, firmaréis vos con ellos en el lugar que suelen firmar mis presidentes de mis audiencias de Castilla. Además de lo cual os encargo mucho la paz y conformidad que habéis de tomar con dichos oidores; y el cuidado, asimismo, de que ellos administren justicia recta y libremente con satisfacción universal, no dando lugar ni consintiendo que entre los oidores haya rencores y pasiones, de cuya manera de proceder y de lo que cada uno hiciere y cómo usare su oficio me avisaréis secreta y ordinariamente con la puntualidad y seguridad que se requiere, para que con la misma haga merced o mande castigar, conforme a lo que cada uno hiciere.

25. En las cosas que tocaren a la gobernación de la Nueva España, entenderéis vos sólo, conforme a las instrucciones y provisiones que para ello os he mandado dar, pero será bien que siempre los comuniquéis con los oidores las cosas importantes y que a vos os pareciere, para mejor acertar y seguir lo que después de comunicado con ellos os pareciere.

26. Otrosí, proveeréis los corregimientos de toda la tierra que allá se hubieran de proveer a quien os pareciere, guardando la orden dada por una de las Leyes Nuevas, que acerca de ello disponen. Y porque dichos oidores tienen conocimiento de las personas de la tierra y de lo que cada uno ha servido y merece, será bien, si os pareciere, que los comuniquéis con ellos, y oídos, haréis lo que a vos mejor os pareciere.

27. Otrosí, tendréis mucha diligencia y cuidado en ver dichas Nuevas Leyes que mando hacer para el buen gobierno de las Indias y ordenanzas que mandé hacer para la Audiencia Real de México, y tendréis muy particular cuidado en la guarda y conservación, mandándolos guardar y cumplir y ejecutar según y como en ella se contiene, excepto lo que de dichas Nuevas Leyes, por mí, está revocado.

28. Y porque por un capítulo de las Nuevas Leyes está proveído y mandado que no haya ni consienta haber traspasos de pueblos de indios por vía de venta ni compra, por donación ni por otro título, ni causa ni debajo de cualquier color que sea, la veréis y la mandaréis guardar, cumplir y ejecutar como en ella se contiene, porque dicha Ley Nueva por mí no ha sido revocada ni tal intención he tenido; antes me avisaréis, si en algo se hubiere contravenido después de su promulgación, qué personas, con qué causa, y cómo, con lo que os pareciere que se puede proveer para que visto todo se provea lo que más convenga.

29. Como quiera que en otro capítulo de los de atrás se os ordena que en ninguna manera se pase adelante en lo que toca a la labor de sedas y linos, porque quiero saber lo que importa el diezmo de lo que está en pie y no se hubiere de quitar, os informaréis muy particularmente de ello y me avisaréis.

30. Porque al servicio de Dios Nuestro Señor y mío, y a la cristiandad de los indios conviene que no haya ni se consienta en esas partes ningún morisco libre ni esclavo, os mando que, según está ordenado por cédulas y provisiones mías, proveáis que las audiencias, gobernadores y otras justicias del distrito hagan diligente averiguación para saber si hay allá algunos de los sobredichos, y a cualquiera que se hallare le enviaréis a estos reinos sin permitir ni dar lugar a que quede allí ninguno por ninguna causa, y de lo que de esta inquisición resultare, me avisaréis.

31. También haréis guardar y ejecutar la provisión en que se manda echar de esas partes los frailes que hubieren apostatado; además de lo cual, también haréis echar de la tierra a los religiosos de las órdenes de que no hay allá conventos, aunque digan que van a fundar de nuevo, porque esto no han de poder hacer sin expresa licencia mía, lo cual otro ninguno la ha de poder dar.

32. Porque los oidores de las audiencias de todas las Indias, islas y Tierra Firme del mar océano, puedan libremente entender en la administración de la justicia que les está encargada, y por otros justos respetos, ordené y mandé por una cédula mía que no pudiesen tener ni tuviesen ganados, casas, minas, huertas, ni hacerlas ni entendiesen en otras granjerías ni mercaderías, según que más largamente se contiene en dicha cédula. Porque habiéndose notificado a los oidores de la Audiencia Real de México, algunos suplicaron de ella para ante mi real persona, y por convenir dicha cédula se cumpliese y ejecutase, mandé dar y dí mi sobrecarta en que mandé que, sin embargo de la dicha suplicación, se guardase y cumpliese lo contenido en dicha cédula. La veréis y haréis que se guarde, cumpla y ejecute, como en ella se contiene, sin embargo de la suplicación ni otra apelación alguna que de ella se interpusiese, que mi voluntad es que se guarde por convenir así a mi servicio, y lo mismo proveeréis que guarden los otros oidores de las audiencias del distrito de la Nueva España.

33. Por entender los muchos inconvenientes que se seguían de que los presidentes y oidores, alcaldes del crimen y fiscales de las audiencias reales de las Indias y sus hijos e hijas se casasen en el distrito de sus audiencias, proveí y ordené por cédula mía hecha el 10 de febrero del año 1575 que de allí adelante ninguno de los susodichos se pudiesen casar durante el tiempo que me sirviesen en dichos cargos, so pena de privación de ellos. Ultimamente, habiendo entendido que algunos de los ministros, con esperanzas de que yo les daría licencia para casarse en dichos distritos, han tratado con secreto casarse y entretenido los conciertos de sus casamientos, por los inconvenientes que de esto se podría seguir de incurrir en peligro de las honras y haciendas aquellas personas con que tratasen dichos casamientos, por uno cédula mía hecha el 15 de noviembre del año 1592, declaré que, sucediendo lo sobredicho de concertar de casarse en sus distritos por palabra o promesas o por escrito con esperanza de que yo le tengo de dar dicha licencia, incurran en privación de sus oficios como si verdaderamente efectuaran sus casamientos, y no puedan tener otro ninguno de ninguna calidad en las Indias, como más en particular se contiene en dichas cédulas, y en otra que últimamente mandé despachar el 12 de mayo del año 1619. Y porque mi voluntad es que se guarden y cumplan irremisiblemente por lo mucho que importa para el buen gobierno de esas partes y libre administración de justicia, os encargo que tengáis muy particular cuidado de su cumplimiento, ejecutando la pena en los que contra lo en ellas contenido fueren y pasaren, y de darme aviso cuando sucediese el caso en cualquiera de las audiencias de esa tierra, para que se provean luego las plazas de los que contravinieren a la provisión de dichas cédulas.

34. Estaréis advertido de no casar hijos, parientes, ni criados en aquella tierra sin expresa licencia mía.

35. Para que haya la buena cuenta y razón que conviene de las provisiones y cédulas que se han dado y dieren de aquí adelante, dirigidas a la audiencia, proveeréis que todas se pongan por su orden en el archivo, y que además de esto haya un libro donde se asienten todos a la letra. Y para que se hallen y ejecuten muy fácilmente, procuraréis que se reduzcan a materias, y que se haga una tabla de ellas, porque podría ser que por no saber lo que está proveído se quedasen algunas cédulas y provisiones por cumplir. De este libro, si estuviere hecho me enviaréis copia con relación de las cédulas que se platiquen y ejecutan, y de las que no, y por qué causa; y no habiéndose hecho, proveeréis que se haga lo uno y lo otro.

36. En los bienes de difuntos que murieren en aquella tierra sin testamento ni dejar herederos, soy informado que no hay el buen recaudo que convendría, como quiera que por cédulas mías está proveído y ordenado lo que conviene para que se envíen con toda puntualidad. Y porque ésta es cosa de mucho escrúpulo por lo que además de embarazarse el descargo de las almas cuyos son los herederos y personas que los han de haber reciben notable agravio y daño, ordenaréis se guarde y cumpla en la Nueva España precisa e inviolablemente lo últimamente proveído acerca de esto, por la cédula que hallaréis en los archivos de la Audiencia de México, para que conforme a ella se ponga todo el buen recaudo que convenga en dichos bienes.

37. Habiendo visto por experiencia los muchos daños que han resultado de pasar a las Indias frailes y clérigos sin licencia de sus prelados sin llevar dimisorias, que éstos por la mayor parte son distraídos y que causan mal ejemplo a los indios, se ha encargado a los virreyes, vuestros antecesores, que no dejen estar en la tierra ningún religioso ni clérigo ni otro expulso alguno sin expresa licencia mía. Y lo mismo os encargo a vos, y que déis orden a los prelados para que si ahí hubiere algunos de estos religiosos y clérigos que hayan ido sin licencia, salgan de la tierra y sean traídos a estos reinos conforme a lo que por una cédula mía que sobre esto está dada, se dispone.

38. Estaréis advertido que no habéis de poner ni criar oficios ni acrecentar salarios de nuevo a persona alguna que tenga oficio proveído sin expresa comisión mía, y cuando en algún caso os pareciere que conviniere acrecentar dicho salario, me lo consultéis primero para que, por mí visto, provea lo que convenga.

39. También estaréis advertido de no librar cosa alguna en mi real caja por vía de merced ni gratificación ni en otra manera alguna, sin particular comisión y orden mía.

40. Asimismo tendréis especial cuidado de proveer que los escribanos de cámara y de la ciudad y otros relatores de la audiencia lleven los derechos conforme al arancel, porque he sido informado que en esto ha habido y hay muchos excesos. Para que se atajen y ninguno se atreva a ir contra lo proveído, temiendo su castigo, haréis pregonar la cédula que hallaréis allá para este efecto, dirigida al Marqués de Montesclaros.

41. En fin de cada año proveeréis una persona que visite los registros de todos los servicios públicos de número y ordinarios para que vean si están conformes a las leyes y pragmáticas de mis reinos, lo cual, y lo contenido en el capítulo precedente, proveereis y haréis que se guarde y ejecute en todas las otras ciudades, villas y lugares de españoles de la Nueva España.

42. Luego que llegaréis a aquella tierra, os informaréis del estado en que están las cosas de la Casa de la Moneda de la ciudad de México, y habiendo necesidad de proveer de algunas, me avisaréis de ello, y en el entretanto lo proveeréis como viéreis que conviene.

43. Habiendo sido informado que la fábrica y labor de los paños que se hacen en la ciudad de los Angeles de la Nueva España va en tanto crecimiento que no solamente se abastece de ellos a aquella tierra, sino que se llevan muchos al Perú con la comodidad que tienen de darlos baratos los que los labran, respecto de serlo los materiales que de acá se llevan, que son ribaya y caparrosa, con que se ha ido enflaqueciendo el trato y comercio de aquellos reinos con éstos. Envié a mandar a dicho mi virrey me enviase relación del estado en que estaba lo sobredicho, y lo más que le ocurriese y pareciese que convenía proveer para remedio de aquel daño, y que en el entretanto, siendo cierta la relación que se me había hecho, diese orden en que no fuesen en aumento dichas labores. Porque éste es negocio de mucha importancia, luego que hayáis recibido ésta, os informéis de lo que se hubiere hecho en cumplimiento de dicha cédula y de lo que se ordenó en los despachos de los servicios personales, y con éste y con lo que entendiéreis de la audiencia y otras personas inteligentes, me avisaréis con vuestro parecer, procurando que en el entretanto que proveo, conforme a él lo que más convenga, no sólo no se aumente la labor y tratos de dichos paños, antes los reparéis y detengáis cuanto buenamente pudiéreis, y se sufriere principalmente los agravios y trabajos que en esta labor reciben los indios. Informado muy particularmente, me avisaréis de los que son, para que vistos y entendidos, se provea lo que más convenga para que sean muy relevados.

44. Por otra cédula más, hecha el 13 de julio de 1595, mandó que se prosiguiese la reducción de los indios a poblaciones, tomando lo que para ello fuese necesario de penas de cámara, estrados, y gastos de justicia, quitas o vacaciones, o de los tributos puestos en mi corona para dar entretenimiento, y lo que faltase habiendo apurado aquellos géneros, se tomase del nuevo servicio que se ha acrecentado en los indios para el sustento de la armada como no pase de un real de los cuatro del nuevo acrecentamiento, ésto no habiendo inconveniente, y si lo hubiere parase la ejecución, y se me avisase. Después continuó estas reducciones el Conde de Monterrey, y por lo que él y el Marqués de Montesclaros me escribieron por cédulas del 13 de diciembre de 1604 y 19 de agosto del año 1606, di la orden que en ello se había de tener, que os encargo las veáis y que en conformidad de lo que por ellas se manda continuéis y acabéis dichas reducciones, procurando la buena comodidad y conservación de los indios y su doctrina y edificación en nuestra santa fe católica. De lo que sobre ello hiciéreis, me daréis aviso, porque me holgaré de tenerlo entendido.

45. Porque una de las mayores quejas de los vecinos que causan más descontentamiento de la tierra es la poca libertad que los encomenderos tienen en sus casamientos, porque en sucediendo alguna en algún buen repartimiento los virreyes las casan con criados suyos, o ellos las procuran y solicitan, de manera que con los medios que ponen y principalmente con el favor que para ello les dar los virreyes, las alcanzan, lo cual es causa de que muchos repartimientos, y de los mejores que se hallan, están de presente en personas que no han servido, con gran sentimiento, quejas y descontento de los que habiendo servido y teniéndolo por muy merecido se quedan sin ellos. Y porque no es justo ni conveniente que pase esto adelante, estaréis advertido de no embarazaros ni tratar de dichos casamientos sino que les dejéis correr con la libertad que es justa y necesaria, antes procurando que las encomenderas se casen con las personas que fueren más apropósito para mi servicio, pacífico estado, y conservación de la tierra, porque además de lo contrario me tendré por deservido. Mandaré proveer del remedio que convenga, como quiera que espero de vos que no daréis lugar a que yo entienda que se excede en lo que tan precisamente os encargo y mando.

46. En el guión que trajéreis como virrey, traeréis mis armas reales y no otras algunas.

47. La gente ociosa y que no tuviere oficios ni otra cosa a qué acudir, procuraréis ocupar en poblaciones y nuevos descubrimientos, y en lo que hubieren de hacer, guardaréis y haréis guardar las instrucciones de nuevo descubrimientos y poblaciones que allá hallaréis, con lo cual os encargo tengáis mucho cuidado.

48. Por capítulo particular de las instrucciones y por muchas cédulas mías, se ha encargado a los virreyes pasados que enviasen a estos reinos todos los casados que tuvieren acá sus mujeres, sin dispensar ni disimular con ninguno, ni concederles término ni prorrogación. Y porque no se ha tenido de esto el cuidado que convenía, y las mujeres padecen con la ausencia y falta de sus maridos y se da ocasión a otros inconvenientes en deservicio de Dios Nuestro Señor, le tendréis vos muy particular en hacer que se cumpla precisamente lo proveído, y lo mismo encomendaréis a las audiencias, gobernadores y demás ministros del distrito.

49. Tendréis especial cuidado de entender con toda la puntualidad y verdad cómo se administra y ejecuta la justicia en todas las audiencias de ese distrito y por todos los gobernadores y corregidores de él, informándoos de esto ordinariamente con mucho recato y secreto, y de los que hicieren lo que deben, y también de los que lo contrario, y me avisaréis en carta aparte de vuestra propia letra, porque sea el secreto inviolable, para que unos sean premiados y los otros castigados.

50. Veréis y entenderéis el estado en que vuestro predecesor dejó la casa y aposento de armas, municiones, y artillería, para procurar con mucho cuidado, como os lo encargo, que esté como conviene para los fines con que se fundó, y que antes se aumente que se disminuya.

51. Tendréis muy particular cuidado del reparo y seguridad de los caminos y de todas las obras públicas, principalmente de la que fueren necesarias y convenientes de todas las ciudades y pueblos principales de aquel distrito, para que, como es razón, cada día se aumenten y ennoblezcan más. Y más particularmente tendréis este cuidado de lo que toca a los hospitales, y de que se conserven todos los que están fundados, y sobre todo el remedio de los daños de la laguna y acequias que están dentro de la ciudad de México, que se causan en ella con los crecientes de las aguas, procurando repararla cuanto fuere posible, pues veis el peligro que tiene de ser anegada si no se pone algún remedio en ella, advirtiendo que por el más eficaz y permanente se juzga el de la inundación de dicha laguna. Así, lo que a esto toca, ejecutaréis cumpliendo con lo que por cédula mía se os manda.

52. Asimismo, se tiene entendido que los indios reciben muchos agravios de los religiosos y clérigos que los adoctrinan, y particularmente en que los prenden y castigan por cualquier cosa liviana, y algunas veces porque no acuden a sus granjerías y servicios personales, como ellos querrían. Como quiera que esto está prohibido, porque no se cumpla como debía os mando que no permitáis ni deis lugar a que los clérigos y frailes, a cuyo cargo fuere la doctrina, tengan cárceles, alguaciles, ni fiscales, ni hagan cosa que sea en perjuicio de los indios.

53. También os encargo mucho que tengáis mucha cuenta con la labor y beneficio de las minas descubiertas, y en particular que se busquen y labren otras de nuevo, pues la riqueza de la tierra es el nervio principal para su conservación, y de su misma prosperidad resulta la de estos reinos que es en ellos tan importante y necesario cuanto lo tendréis entendido.

54. Particularmente os encomiendo mucho el buen recaudo y cobranza de los miembros de rentas que se acrecentaron y formaron de nuevo para fundación y conservación de la armada del Mar Océano, y que esto venga siempre por cuenta aparte, distinta de la demás hacienda mía, en conformidad de lo que por cédulas mías, que allá veréis, está ordenado, sin que en esto haya descuido, falta ni remisión.

55. Una de las cosas que yo más deseo y que con más cuidado procuréis, es que los premios, honras acrentamientos que se han de distribuir en aquellas partes se conviertan en personas que allá me sirvieren. Y porque se acierte como conviene, cosa que tanto importa, os mando que tengáis particular cuidado de informaros y saber las personas beneméritas que hubiere en cada estado para la provisión de lo eclesiástico y temporal, y en los despachos ordinarios de cada año me enviaréis relación de todas, refiriendo en ellas las partes, calidades y servicios de cada uno, distinguiendo en los eclesiásticos clérigos y religiosos, cuáles serán buenas para prelados, y de los clérigos, cuáles para dignidades, canonjías, y beneficios, de iglesias y pueblos, y de los otros estados, los letrados para qué plazas, y los de capa y espada, quiénes para gobierno y quiénes para la guerra y oficios de pluma de mi real hacienda.

56. Al Marqués de Montesclaros mandé por un capítulo de mi instrucción que se le dio, supiese el estado en que estaba el descubrimiento y pacificación de Nuevo México a que fue Don Juan de Oñate, y que procurase que esto tuviese efecto. Y porque al presente está en diferente estado lo que a esto toca, os encargo y mando veáis lo que por cédulas que allá hallaréis envié a mandar en la materia al Marqués de Salinas, y las guardéis y cumpláis, informándoos del estado que al presente tiene su ejecución.

57. Por cuanto, como tendréis entendido, importa a mi servicio que se guarden inviolablemente las órdenes que últimamente tengo dadas acerca de la contratación de esas provincias con las islas Filipinas, os encargo tengáis en esto el cuidado que de vos confío, para que de aquí adelante no haya los fraudes y excesos que ha habido hasta ahora, previniendo, por vuestra parte, cuanto fuere posible para que no exceda de la permisión de los 50.000 ducados, y demás ordenes que tengo dadas.

58. Por cédula del 14 de diciembre del año 1606, tengo permitido y mando que se puedan renunciar en las Indias los oficios vendibles, como se hace en estos reinos, en la forma que veréis por dicha cédula. Porque conviene que se guarden y cumpla precisamente y puntualmente todo lo contenido en ella, os mando que, en lo que toca al distrito de vuestro gobierno, hagáis que esto tenga cumplido efecto, poniendo en ello el calor y cuidado posible, procurando en todo la utilidad y aumento de mi real hacienda.

59. Visto el gran exceso que ha habido y hay en pasar a aquellas partes tanta gente como continuamente va sin licencia, que los llevan los maestres de las naos por sus intereses y aprovechamientos, y que allá tienen tantas trazas para encubrirlos y ellos para pasar adelante sin que haya quien se lo resista, con lo cual se llena la tierra de vagamundos y mujeres perdidas, tengo ordenado por cédulas generales que se han enviado a todos los puertos que se tenga muy particular cuidado de inquirir, averiguar y buscar lo que van sin licencia, y que en ninguna manera dejen embarcar los que no la mostraren. En Sevilla, San Lúcar y Cádiz se pregonó que ningún maestre llevase en su nao pasajero sin licencia, so pena de privación de oficio y 200 ducados por cada uno, además de las otras penas conocidas en las nuevas ordenanzas de descaminos y arribadas y en otras cédulas que para excusar esto se han despachado, con lo cual se excusaría dicho inconveniente si se cumpliesen. Por lo cual os encargo y mando que si no llevaren consigo dichas licencias y no las presentaren ante vos, que luego los mandéis volver a embarcar sin réplica ni dispensación alguna, de que os encargo tengáis especial cuidado, por lo mucho que importa aliviar la tierra de tanta gente perdida y a vos del cuidado de castigarla y prevenir lo que convenga en el puerto de San Juan de Ulúa para remedio de esto y cumplimiento de lo que está ordenado.

60. Porque, sin embargo de que no se da licencia a ningún extranjero para que pase a esas partes, estoy informado que son muchos los que pasan, porque con títulos de marineros, artilleros, y con otros oficios de los navíos los embarcan los maestres de ellos, y después les es fácil cosa pasar adelante por la poca cuenta que hay con impedírselo, y así hay muchos en la tierra; y porque esto es de mayor inconveniente que lo pasado, os mando tengáis muy particular cuidado en procurar examinar y entender muy bien los extranjeros que pasan en cada flota, pues encomendándola a las justicias de San Juan de Ulúa y Veracruz y los demás puertos de la costa que con cuidado inquieran los que van y los busquen y prendan, no se podrán encubrir, y aún esta misma diligencia parece que sería buena para lo de los pasajeros que quedan dicho en el capítulo precedente; y en ninguna manera consentiréis que quede en la tierra ninguno de los extranjeros, entiéndese de los que fueren después de la composición.

Todo lo cual haréis con el cuidado y diligencia que yo confio de vuestra persona prudencia y el celo que tenéis de acertar en las cosas de mi servicio. Madrid, a 28 de mayo de 1649. Yo el Rey. Por mandado del rey nuestro señor: Gerónimo de Carencia, y señalada de los del Consejo.

Fuente: Los Virreyes españoles en América durante el gobierno de la casa de Austria: México, edición de Lewis Hanke con la colaboración de Celso Rodriguez, Biblioteca de autores españoles, Atlas, Madrid, 1976-1978, 5 volúmenes, volumen 4, 1977, pp. 128-145.