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Siglo XVII > 1640-1649 > 1642

Carta del Duque de Escalona al Conde de Salvatierra, su sucesor.
13 de noviembre de 1642

Excmo, Sr. y Sr. mío: hállome muy rodeado de justas causas para representar a V. E. lo que dice en este papel, ejecutándome por él en mi misma obligación, siendo preciso a ella cuanto a V. E. de todos visos.

Es orden de S. M. que los antecesores discurramos con los sucesores en las cosas de que haya habido ejercido de oficio, para que el que entra sea más en los casos, con que podrán excusar inconvenientes en que la experiencia antecedente hubiese tropezado. Y siendo este supuesto tan de razón (como averiguado sin ella en mí), no puedo negarme a V. E. ni V. E. puede ayudarse de otro informe que más fiel le sea de todos lados y en que más escarmiento pueda prevenir su prudencia, con mis acaecimientos tan inopinados cuanto no merecidos. Como V. E. reconocerá del mismo hecho y tiempo, con clara verdad, confesada generalmente y todas estas provincias testigos inexcusables, cuanto partes que padecen la misma calumnia maliciosa y acre por espacio de los años que tienen de vasallos a la corona del rey nuestro señor, y sus antecesores; pues como V. E. puede leer en las crónicas y entender de las antiguas noticias, ningún gobierno (desde el primero), dejó de adolecer de sospecha contra si o contra el reino, propiedad de la distancia y de la primera formación y establecimiento de este gobierno y de sus primeros conquistadores, pobladores, gobernadores y ministros, que tantas veces en tan pocos años variaron nombres y extendieron y encogieron jurisdición a sus ministerios. A todo ha ayudado la poca estimación más que sólo de la parte en que se ha puesto la atención, descuidando en la que se debe a lo demás del gobierno, mejorándole con menos cédulas y leyes para que estén de las condiciones de la tierra y de sus habitadores. Siendo muy otras que para en España, lo cual no se encubre ni aún en los institutos de las religiones que no sufren la regularidad de otras provincias por muchas razones que son de admitir, cuanto para omitir por no extender este discurso.

Lo primero (señor mío) digo a V. E. como quien todo bien y acierto le desea, sea cortés y agradable sin refregarse con alguno, con que se conservará a todos y será de sí mismo.

El lucimiento no sea mucho, mas algo más del que V. E. habrá dádose a creer, porque esta tierra está en posesion de más ostentación que el Perú, respecto de ser mayor México que Lima y ser diferente el sitio y disposición.

Con la real audiencia se porte V. E. con gran estimación, honrándoles mucho como merecen tan grandes ministros de S. M. y coadjutores de V. E., y así deles V. E. todo honor y gusto y déjeles de obrar en sus ministerios, atendiéndoles en su cumplimiento y dándoles a entender V. E. por demostraciones de entendimiento que V. E. le tiene, y les entiende, con que bastará sin más declaraciones para que estén con más cuidado que si las averiguasen.

A los acuerdos, que son lunes y jueves, asista V. E. lo más que pueda; a las audiencias poco basta.

Los acuerdos de hacienda son martes y viernes, más no hay que hacer en ellos sino es en venida o despachos de flotas, o algunos arrendamientos o asientos de la real hacienda, y así muchos días de los señalados son desocupados.

Las noticias mejores del estilo de gobierno para los despachos harán Godínez y Láinez; al primero estime mucho V. E. y del segundo se sirva y le ocupe y favorezca, que tengo por cierto hago en decir esto a V. E. gusto por el que recibirá de la buena asistencia que le propongo con los dichos.

Todos los secretarios del gobierno y acuerdo son de estimación por su calidad y experiencia, habilidad y comodidad, pero hallo que para firmar y despachar por sus oficios será conveniencia de V. E. por muchos respectos, que su secretario de cámara (en especial siendo tan capaz), será con quien V. E. despache, dejando los propietarios sus derechos y el expediente de los papeles, que es lo que pudieron comprar y no el averiguar tan de cerca el talento de los virreyes que es tan inestimable, cuanto es bien sea incomprensible.

A las iglesias acuda V. E. los días de tabla, investigando primero los más precisos para que en caso que V. E. quiera excusarse a algunos, mas a las festividades de religiones y cofradías se niegue V. E. poco, porque se les hace placer grande recibiendo descomodidad corta.

Respete V. E. mucho las religiones y clero, que cuanto más V. E. les venerare será obligarles a mayor obtemperancia de su profesión, y excuse V. E. competencias, aunque disimule algo, pues será menor inconveniente este que el que se seguirá de hacer empeños tales que sea menester alguna extensión gallarda para salir de ellos, en que se aventuran mucho y se gana poco.

Con la Inquisición guarde V. E. muy buena hermandad con alguna mayoría, si bien todos los sujetos que yo he alcanzado sabrán merecer a V. E. lo que se les debe al puesto que tan dignamente ocupa y a su persona.

Elija V. E. asesor de letras, autoridad, confianza y de buena intención, con inteligencia, porque todo es menester para que sea él un polo de esa esfera, pues el otro toca al secretario y pues se habla en estos términos habremos de hacer a los señores fiscales la equinocial.

La armada de Barlovento conviene se conserve, no porque yo la formé, sino por las razones que tuve y las que movieron a S. M. para mandarlo a mis antecesores y a mí, que siempre estarán vivas para con V. E. y sus sucesores, pero lo que yo hallo es que conviene al servicio del rey nuestro señor, al reino y a V. E., porque S. M. en cualquier acontecimiento puede servirse de dicha armada para escoltar las flotas u otros efectos. Y en estos intermedios se limpie esta ensenada de los piratas que la infestan, y V. E. cría sujetos ocupándoles en servicio de S. M., mas como no puede haber armada ni sustentarse sin tener consignaciones, ha de ser muy posible a V. E. obrar sin ella; por haber faltado las más y otras no haber tenido efecto según largamente entenderá V. E. del contador mayor de la armada y de las demás personas a cuyo cargo son estos papeles. Y así tendré por acertado que V. E. continúe haciendo fábrica de navíos y remitirlos a España, según la ocurrencia de las ocasiones pidiere, y con ésto hace V. E. justo consumo de las consignaciones que han quedado subsistentes. El reino lo tendrá a bien, los enemigos se abstendrán, y el rey nuestro señor más bien servido en lo que más necesita, pero todo este sentir sólo es según la presente disposición, porque cualquiera otra que facilite o embarace más la materia será de otro parecer.

El batallón ni le deje V. E. ni le tome, sino descuide con él con que no siendo menester no se fatigará la tierra, y si pareciere alguna vez necesario (que lo dudo mucho), se podrá suscitar fácilmente. La compañía de caballos, que varias consideraciones la formaban con extrañeza por la carta al rey nuestro señor y por de ningún útil en los pretextos, y de notable ofensa al reino y al virrey, hallará V. E. por lo dicho no es bien pase adelante, pues aun la antigua que había en Lima se quitó. V. E. verá lo que más convenga, que a mi entender la mayor guarda es la buena conciencia, pues nunca los ejércitos defendieron vidas, de los que por justos juicios de Dios las hubieron de perder con violencia.

Los asientos de pólvora, naipes, sal y otros, es muy conveniente estén en curso. Yo hice en todo lo que V. E. hallará y de lo demás conocerá, que si está mal hecho no lo hice yo ni pude remediar, y lo que está hecho, ni lo pude ni tuve tiempo para ello. Pruébase con los mismos papeles y oficiales de hacienda a que me refiero sin declararme más en quien pare la culpa. Sólo digo a V. E. le queda la pena de ejecutar lo que yo por no ser de mi tiempo, ni tenerle, y otro por otras causas, todas recargan a V. E. y a su criado, que me duele a mí que haya de tener V. E. en lo que se le puede excusar.

En los miembros de las rentas reales V. E. ponga mucho cuidado, ya que no baste el desear adelantarlo, por lo menos no falte el solicitar su conservación, que después de mantener el reino en paz y justicia, es el mayor servicio que se puede hacer a S. M. Y para esto hago saber a V. E. es muy importante la puntualidad de lo que se asentare con los asentistas, porque así se les podrá obligar al cumplimiento de lo que se capitulare con ellos.

Excúsese V. E. visitador, mayormente consejero o prelado, y si todo junto, excúsese V. E. de ser virrey. Porque no es posible excusar algunas ocasiones de las muchas que dan las introducciones en la jurisdicción de los virreyes; y créame V. E. no sólo hablo de experto tan claramente, mas las antiguas noticias me previnieron desde España, y yo de ello al señor conde duque, más como estaba tan próxima mi embarcación y los despachos de la visita entregados, no puedo remediarlo hoy. V. E. sí podrá si desde el principio desvía de sí la visita antes de dar lugar a los lances, porque será V. E. creído en tiempo hábil y después sospechado de inhábil. V. E. es muy entendido y atento y sus obligaciones muy grandes por sangre y persona. Suplico a V. E. logre unas y otras en este punto, que es el muelle de sus aciertos, que los deseo a V. E. como propios.

Reconozca V. E. todas las comisiones, así las de su jurisdicción como las de los demás tribunales y visita, y haciendo junta de las personas de su confianza de V. E., eligiendo las más prácticas, independientes y de buena intención, zanje V. E. su jurisdicción impidiendo el exceso de otros. Porque teniendo esto V. E. hecho de antemano, sabrá responder a lo que se le propusiera por parte interesada, con que V. E. gozará de la mano que necesita para gobernar bien, conservando su gran crédito y porque para esta diligencia es menester preceda la visita de las cédulas en cuya ejecución se intentare proceder V. E. mande se le entreguen para estar advertido en su observancia.

Todo cuanto V. E. obrare y decretos que diere, sea con motivos de cédula ejemplares o razones que hagan fuerza, por consulta o en otra manera, tal que libre a V. E. de objeción, que así lo he hecho yo, no obstante que las acechanzas de la malicia lo vicia todo.

Si V. E. paga los muchos situados que S. M. tiene sobre sus cajas reales de este gobierno, hará V. E. según su obligación y razón, más no le quedará a V. E. considerablemente para las flotas, y como las más rentas de S. M. en estas provincias tienen más altas y bajas que en España, no es posible hacer subsistencia en dichas rentas, que es de harto inconveniente para todo. Reconocerá algo V. E. en el irreparable daño de la venta de naipes y en otros miembros semejantes.

Los nuevos impuestos no sean de propio arbitrio de V. E., porque además de la poca seguridad en la conciencia, la ejecución suele ser diferente, viciando los modos y medios con que podría no ser de servicio de Dios ni del rey, y toda la culpa recambiaría en quien hubiese propuesto el arbitrio. Pero si hubiese orden expresa podrá V. E. representar a S. M. los inconvenientes, estar (en el ínterin de la resolución) cuidadoso, venciendo modestamente las dificultades con que se hallará V. E. dispuesto para más fácilmente ejecutar lo que se le ordenare, y siempre empiece V. E. en estas materias usando de los medios más suaves, porque no por ésto se impide mayor esfuerzo. Y cuando llega es prevenido de las causas prudentes y no parece violencia sino atención precisa. Esto siento yo V. E. seguirá el dictámen que tuviere por mejor.

Oiga V. E. a todos, crea a pocos, y éstos sean de los que le hayan dado confianza con las experiencias.

No cese V. E. de estar adelantado en España a las noticias de aquí, porque la malicia no cesa de hundir y la confianza del ingenuo proceder ha dañado a quien esto propone a V. E.

Los oficios mayores de V. E. a sus propias obligaciones, los medianos a la nobleza criolla, que es mucha, segura y pobre, y que mirará por la tierra como propia, lo demás distribúyalo V. E. a los conquistadores e intercesiones, pero tenga V. E. siempre que dar; que es buena fullería del gobierno, pues a algunos mantienen las esperanzas y a otros el recelo de perder lo que poseen fuera de tiempo.

Todo lo demás que pudiera decir a V. E. es tanto menos cuanto lo dicho sobra para su gran talento de V. E., a quien suplico admita mi fiel voluntad, licenciosa de mis obligaciones, que éstas han causado el extra paso de estos apuntamientos que nunca los dio antecesor a sucesor, ni la razón de estado del lucimiento propio permite se refiera a otro. Mas mi afecto es mayor a V. E. que las conveniencias en propia persona, la de V. E. guarde Dios muchos años. San Martín, 13 de noviembre de 1642.

El Marqués.

Fuente: Los Virreyes españoles en América durante el gobierno de la casa de Austria: México, edición de Lewis Hanke con la colaboración de Celso Rodriguez, Biblioteca de autores españoles, Atlas, Madrid, 1976-1978, 5 volúmenes, volumen 4, 1977, pp. 30-35.