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Siglo XVII > 1630-1639 > 1635

Relación del Procurador general de la ciudad de Manila e Islas Filipinas a S.M. sobre la conservación de aquellas y sobreseimiento de la cobranza de cierto impuesto a las mercaderías que van a Nueva España.
1635

Señor:

D. Juan Grao y Monfalcon, procurador general de la insigne y leal ciudad de Manila, metrópoli y cabeza de las Islas Filipinas, dice: que es de grande importancia y consideracion su conservacion y amparo, digno de repararse en él con particular atencion por las grandes conveniencias y utilidades que tiene. Pues demás de lo principal que es el servicio de Dios, propagacion de la religion y fe catolica que en la dicha ciudad y demás islas está asentada y lo estará más cada dia con mayor aumento y extension, no solo entre las mismas islas, sino tambien en otras circunvecinas, y en particular á la gran China y Japon que del continuo trato y correspondencia en las dichas islas Philipinas, conservándose y durando en ellas la christiandad tan arraigada, limpia y segura, que al presente hay en ellas, se puede esperar en la dicha materia de religion felices y grandes sucesos, y lo mismo por lo que toca al servicio de V. M. y acrecentamiento de la Real Hacienda, con grandes utilidades y aprovechamientos, pues aun los que al presente goza y tiene en la dicha ciudad y demás islas con muchos y de grande consideracion. Porque en solo un pueblo que llaman Parian, un tiro de arcabúz de la dicha ciudad, asisten más de veinte mil indios chinos, que llaman sangleyes, y en las demás islas hay más de otros diez mil, venidos todos de la gran China y Japon por sus particulares tratos é intereses, que son los que causan y sustentan gran parte del comercio y contratacion que hay allí, de la cual resulta la de Nueva-España y navíos que cada año van á ella con muchos y diferentes géneros de mercaderías traidas y comerciadas por los dichos sangleyes, como son mucho oro labrado y en panes, diamantes, rubíes y otras piedras, con grande cantidad de perlas, muchos texidos de seda de todos colores, tafetanes, damascos, rasos, gorgoranes, terciopelos, seda cruda, mucha ropa blanca y negra de algodon, ambar, algalia, almizcle y estoraque, de que resulta grande aprovechamiento á la Real Hacienda en cada un año por los muchos y considerables derechos que se adeudan y cobran, así á la salida de la dicha ciudad de Manila y de sus islas y puertos, como en el de Acapulco y entrada despues en la Nueva-España y ciudad de México, donde á la salida della para las dichas Philipinas se duplican, y en el dicho puerto de Acapulco por los que de nuevo se adeudan y pagan, siendo los dichos sangleyes gran parte en esta adquisicion.

Y no es menos considerable el tributo que ellos pagan á la Real Hacienda por la licencia de entrada y asistencia en el dicho puerto del Parian y en las demás islas donde residen, que siendo en número los dichos de treinta mill, pagan en cada un año docientos y setenta mill reales de á ocho, que es á nueve reales cada uno, los cuales se meten en la Real Caxa.

Y en las islas de Pintados y otras islas que son de las dichas Philipinas, hay ciento catorce mill docientos diez y siete indios, todos tributarios á la Real Hacienda, y es muy necesaria su conservacion por ser domésticos y grandes trabajadores, y por la misma razon gente de utilidad y provecho para cualquier ocasion, habiendo como hay ansí mismo en las dichas islas muchas minas de oro, de que se saca cantidad y otros frutos de la tierra con grande abundancia, y en particular cera, algodon, ganado maior y de cerca, gallinas, arroz, algalia, con otras innumerables cosas y provechos; que todo está diciendo y publicando la grande importancia de la dicha ciudad y sus islas y conservacion dellas, y los muchos é incomparables daños que se seguirian de la dicha ciudad, cabeza de las demás se despoblase, perdiese ó aniquilase, á que está muy próxima por los grandes y continuados infortunios y trabajos que han padecido y padecen los vecinos della, causados de incendios de casi toda la ciudad y haciendas de los dichos vecinos, naufragios y pérdidas de muchas y diferentes naos, que en el viaje ordinario que desde la dicha ciudad á la Nueva-España han perecido lastimosamente con la sustancia y caudales de los dichos vecinos que llevan. Cuyos efectos de tantas y tan grandes pérdidas duran y durarán para siempre, por haberlos aniquilado y empobrecido en grado muy desigual de lo que se puede creer y dar á entender.

Y ansí, no favoreciéndola la liberalidad, magnificencia y poderosa mano de V. M., se puede y debe temer con mucha certidumbre la ruina y destruicion de la dicha ciudad y de las demás islas en cuyo gobierno y proteccion están, de que se seguirán grandes é intolerables inconvenientes y daños en deservicio de la Real Corona, menoscabado de aquella tierra y república, y lo que es más de notar de la religion y fe catolica, que estando tan arraigada en la dicha ciudad y demás islas, se perderia apoderándose dellas los holandeses, como lo están de muchas islas y fuerzas cincunvecinas, que son la isla de Notiel, la de Maquien, donde tienen los holandeses dos fuerzas nombradas Talagoa y Mosaquia, y la isla de Ambueno, donde está fortificado el susodicho con mucha artillería y vecindad de holandeses, y la de Xacadra, donde tiene el dicho holandés su corte, donde asiste un Capitan General y Audiencia con cuatro Oidores, con poblacion y vecindad de mill vecinos holandeses, y las islas de Xava mayor y menor, y la de Mindanao, en algunas de las cuales tiene sus factorías, donde recoxe lo que roba y contrata con chinos y otras naciones, cogiendo en las dichas islas (cuyos fructos son clavo, pimienta y nuez moscada) innumerable cantidad, de lo cual despacha en cada un año tres navios cargados á Holanda con más de tres mill quinientos y cincuenta balas de clavo, que cada una vale cuatrocientas y sesenta libras, y mucha cantidad de pimienta y de la dicha nuez moscada y massa della, sedas, canela y otras cosas.

De suerte que está muy fortificado en las dichas islas y en otras, entendiéndose con los reyes circunvecinos; porque el de Daquen le dá ochenta mill ducados en cada un año porque le guarde su tierra y porque puedan seguramente sus vasallos andar y navegar en aquellos estrechos al trato y contrato de las islas circunvecinas de su reino. Todo lo cual obliga á mayor cuidado, fuerza y prevencion de la dicha ciudad de Manila y demás sus islas; pues si en esto se faltase, se podria temer la fuerza é invasion de los dichos corsarios holandeses, que tan cursados y entendidos tienen los dichos estrechos de que están tan apoderados y con tantas fuerzas como está referido.

Y aunque la dicha ciudad y sus vecinos, á costa de sus vidas y haciendas, han estado y están siempre con gran cuidado y vigilancia, que es muy notorio, defendiendo la tierra de las continuas baterías, rebatos y acometimientos de los dichos holandeses, con obligacion forzosa de andar muy de ordinario con las armas á cuestas, padeciendo una vida servil, molesta y trabajosa, pudiéndola dexar y estándoles mejor y más á cuento por habitacion menos gravosa y libre de tantos trabajos y dificultades, sin embargo, pasan con ellas atendiendo al servicio de V. M., y á la continuacion de los muchos que han hecho en la defensa y conservacion de aquella tierra, y esperando en la grandeza y liberalidad de V. M., les ha de favorecer y sobrellevar, para que puedan acudir mejor al intento, y en particular mandando sobreseer la execucion del 2 por 100 que por cédula del año pasado de 604, se mandó imponer sobre las mercaderías que se navegan desde las dichas islas á la dicha Nueva-España, sobre el 3 por 100 que dellas pagaban los mercaderes de la dicha ciudad, que llegó y se tuvo noticia de la dicha Real cédula el año de 607, siendo gobernador D. Rodrigo de Vivero, y entonces no tuvo efecto su cumplimiento, reconociéndose la dificultad y grandes inconvenientes que traia consigo; por lo cual se quedó así, hasta que el año de 611 se volvió á encargar la cobranza del dicho derecho al gobernador D. Juan de Silva, que queriéndola poner en execucion, reconoció los mismos inconvenientes por las muchas causas que representó la ciudad, tan justas y relevantes, que le obligaron á hacer junta de Hacienda; donde habiéndose tratado y conferido sobre ellas y echado de ver ser tan urgentes y precisas que totalmente impedian y debian impedir la execucion de la dicha Real cédula de 604, la suspendió por entonces, dando cuenta á V. M., con que se quedó ansí hasta el año de 625, en que los oficiales reales volvieron á tratar de la cobranza del dicho 2 por 100, gobernando D. Fernando de Silva. El cual reconociendo los mismos inconvenientes y que entonces eran mucho mayores por el peor estado y notable mudanza y quiebra á que habian venido las cosas de la dicha ciudad, haciendas, tratos y grangerías de los vecinos della, con grande baxa y diferencia de la que tenian el dicho año de 607, se conformó con lo proveido por el dicho D. Juan de Silva, su antecesor, mandando no se innovase en ello; como tambien hizo lo mismo el gobernador D. Juan Niño de Tavora, que le sucedió.

De manera que siempre los dichos Gobernadores, con quien tenia la cosa presente, echaron de ver con evidencia las dichas dificultades, la cual al presente no solo es de la calidad referida sino imposible, respecto del estado de las cosas, pobreza de los vecinos y grande baxa y disminucion del trato y comercio que solia haber. Lo cual se hace más notorio por las diligencias del visitador el licenciado D. Francisco de Rojas, que las hizo muy grandes para que se pusiese en execucion la dicha cobranza del 2 por 100; y sin embargo llegó á ver por vista de ojos los dichos inconvenientes que resultaban de la dicha execucion; uno de los cuales fue la resolucion de los vecinos de no cargar sus haciendas y mercaderias por no poder por las pérdidas grandes que han tenido y tienen. Y siendo este el mayor daño que pueda haber para la Real Hacienda, porque cesando la carga, y comercio, no solo faltará el dicho 2 por 100 sino aun el 3 por 100 antiguo que se ha pagado siempre, que de nuevo se ha impuesto de poco acá sobre las mercaderias que los indios chinos llevan á la dicha ciudad é islas Philipinas; porque faltando el comercio de ellas á la Nueva-España es cierto é infalible faltará tambien el de los dichos chinos, que solo consiste en la salida á la Nueva España.

Por lo cual el dicho Visitador, no obstante el mucho deseo que mostró de executar la dicha cobranza, no se atrevió á hacerlo, teniendo por mejor modo suspenderla y dar cuenta á V. M. Y aunque procuró se cobrase de servicio voluntario por la de adelante, viendo los vecinos su mucha imposibilidad, no pudieron conformarse con este medio, aunque por aquella vez sola sirvieron con cuatro mill pesos, con calidad que no sirviese de consecuencia para lo de adelante, ni se hubiese de tratar más de la dicha cobranza, hasta que visto por V. M. se tomase la resolucion que conviniese y las causas y razones bien precisas y urgentes para que no se trate de la dicha cobranza del dicho 2 por 100, sobreseyendo su execucion, suplican á V. M. se sirva de advertir, que son las siguientes:

La primera: que el motivo y causa declarado en la dicha cédula de 604 para la dicha imposicion, fue decir se compensaba con las grandes ganancias de los que comercian y tratan en la carrera de Philipinas, diciendo que eran á ciento por ciento y algunas veces á doscientos; lo cual aunque los tiempos antecedentes al dicho año de 604 los dichos sangleyes traian las mercaderias de China á la dicha ciudad, las vendian á precios tan acomodados que llevadas y vendidas á la Nueva-España daban muy grande ganancia. Pero esto cesó muchos años ha, desde el dicho año de 604, cuando los enemigos y corsarios holandeses comenzaron á continuar é infestar aquellas islas con muchos y diferentes robos de las mercaderias que traian los navíos chinos á la dicha ciudad de Manila, con que de dia en dia se ha ido minorando la dicha contratacion con mucha priesa y continuacion, al paso que las han tenido los dichos holandeses en perseguir y robar los dichos navíos chinos, de que ha resultado haberse destruido el dicho comercio y por la misma razon las ganancias dél, en tanto grado que con el precio que antes se compraban dos picos y medio de seda, apenas se comprará hoy uno.

Esto ha sido causa de que faltando á sus vecinos para sus empleos las mercaderias de los chinos, les ha sido forzoso comprar de los portugueses de Macan á precios tan subidos y escesivos que en la Nueva-España no vienen á tener ganancia considerable; de manera que la que solian tener los vecinos de Manila, la vienen á tener hoy los dichos portugueses de Macan; y asi totalmente y con gran certidumbre ha faltado la causa y motivo de la dicha Real cédula y esto mismo debe hacer que cese su disposicion.

La segunda, tambien se fundó en el gasto y coste que para seguridad y defensa de las naos de la contratacion desde dichas Islas á la Nueva-España se habian de hacer con cincuenta soldados, capitan á guerra y otros oficiales, y que los dichos naos habian de ser de cierto número de toneladas y para este efecto de los dichos gastos y costas, sin que fuese necesario llegar á la Real Hacienda, ni hacer gastos ninguno de ella, se mandó, por la dicha Real cédula imponer el dicho dos por ciento, y que lo procedido se meta en arca y por cuenta á parte para los dichos gastos, que con los dichos navíos y gente de ellos se hubiesen de hacer. Ni tampoco este fundamento ha tenido efecto, porque los dichos gastos no se han hecho, ni hacen, ni van en las dichas naos el dicho capitan á guerra, soldados, ni otros oficiales, ni los dichos navíos son ni los hay del dicho porte y toneladas, sino menores, con que cesan los dichos gastos y costas, en que la dicha cédula hace fundamento, que por lo dicho cesa y tambien debe cesar lo que se dispone y manda por ella.

La tercera, porque por el año pasado de 611 viendo el dicho gobernador D. Juan de Silva, la mala traza y disposicion que habia para la cobranza del dicho 2 por 100, lo quiso suplir, como lo hizo, con el medio que pareció menos dañoso y de mayor interés para la Real Hacienda, que fué imponer en su lugar otro derecho de 2 por 100 sobre las mercaderias que llevan los chinos á vender á la dicha ciudad de Manila, que aunque la dicha imposicion, suena sobre los dichos chinos, efectivamente lo viene á ser sobre los vecinos de Manila: pues siendo ellos los compradores, forzosamente ha de ser, á precio mas caro, teniendo consideracion los chinos, vendedores á la nueva carga é imposicion que se les ha puesto, con que el dicho 2 por 100 ha venido á surtir efecto y con mas ventaja que el dicho 3 por 100 subrogado en su lugar, á que el dicho gobernador D. Juan de Silva tuvo atencion; y si de nuevo se volviese á ejecutar, seria duplicarlos por los daños é inconvenientes referidos y con imposibilidad de su efecto.

La cuarta, porque los derechos Reales que los vecinos pagan en los dichos empleos que hacen, son muy grandes, porque en cada mill pesos de principal que emplean, importan doscientos setenta pesos y mas en la dicha ciudad de Manila y en la Nueva-España y las costas y gastos que los dichos empleos traen consigo importan otros doscientos y ochenta pesos, de manera, que solo los dichos derechos Reales entran con carga conocida é infalible de quinientos cincuenta pesos en cada mill que emplean, con que en cuatro años, dejando las dichas costas y gastos, vienen á pagar los dichos vecinos, por los dichos derechos Reales, mas que los dichos mill pesos de principal y á este respecto sucede lo mismo, empleándose en mayor cantidad.

La quinta, nace de la misma precedente, porque siendo los dichos derechos y las dichas costas y gastos tan grandes y las ganancias tan cortas é inciertas, como queda referido, los dichos vecinos no pueden continuar el dicho trato y comercio de Philipinas á Nueva-España siendo lo contrario mal gobierno y administracion de sus haciendas traerlas por el mar con tantos riesgos é infortunios, como de ordinario suceden y cada dia se van frecuentando más, sin interés ni ganancias, ó tan cortas que con el dicho 2 por 100 serán de poca ó ninguna consideracion; por lo cual no han de poner en tan grande riesgo las dichas sus haciendas y caudales.

La sesta, porque si se hiciese instancia en la dicha cobranza y execucion del dicho 2 por 100, seria cierto desamparar los dichos vecinos el dicho trato y comercio, sin hacer los dichos empleos por las causas referidas, lo cual se ha visto por esperiencia en las ocasiones en que se ha tratado con algun calor de la dicha cobranza y con particular cuando el dicho visitador, el licenciado D. Francisco de Rojas trató de ella, en que los dichos vecinos estuvieron firmes y resueltos en no abaluar, registrar, ni cargar nada en las naos que estaban vergas en alto, para salir á la Nueva-España, con que al dicho visitador, le pareció conveniente y necesario sobreseer la dicha execucion. Y aunque los vecinos en esta ocasion por la mucha instancia y razones que las propuso el visitador de conveniencia, ofrecieron servir con donativo de cuatro mill pesos, fue con la dicha condicion de que hubiese de ser solo por aquella vez y con la dicha calidad de que no se hubiese de tratar de la dicha cobranza.

La séptima, el grande daño y perjuicio que es cierto se seguiria á la Real hacienda faltando el dicho comercio, porque siendo así que el dicho 3 por 100 primero que sea cobrado del almojarifazgo y el otro 3 por 100 nuevo del dicho año de 611, importan y valen á la dicha Real hacienda muy grande suma y cantidad de pesos en cada un año, no se ha de aumentar con la imposicion del dicho 2 por 100, antes se ha de perder lo uno y lo otro, ó á lo menos reducirse á una grande baja, quiebro y disminucion de la Real hacienda; siendo la razon muy clara y evidente. Porque en cada un año y el de la dicha imposicion de 2 por 100, de que se trata, importaba cosa de cuatro mill, y esta cantidad ahora sin la imposicion del dicho 2 por 100, tratan y comercian todos cuantos vecinos hay en la ciudad ricos y pobres, y con esto se causan los dichos derechos de almojarifazgo, así en la salida de la dicha ciudad de Manila como entrada en la dicha ciudad de México, como en el retorno despues de los empleos y géneros de mercadurías, que por los mismos puestos y lugares se vuelven á comerciar para la dicha ciudad de Manila; porque siendo muchos los que comercian, los son tambien los dichos derechos que se causan y adeudan, pero esceptuándose el dicho 2 por 100. Y aunque se dicte que algunos de los dichos vecinos continuasen el comercio, serian muy pocos, reduciéndose á los más ricos y de mayores caudales, que no son muchos, pero en todos los demás que no lo son, faltarán las fuerzas y caudales, no queriendo ni pudiendo arriesgar la cortedad de ellos sin ganancia ni provecho, como no le tendrán con el dicho 2 por 100, y no seria justo ni conveniente, que por la dicha nueva imposicion, habiendo faltado las razones y motivos de ellas (como ya queda advertido) disponga en riesgo y ventura la renta y valor del dicho almojarifazgo, siendo tan grande y considerable, y la de los otros 3 por cientos del dicho año de 611, dependiente é inseparable la una de la otra; porque sin ninguna duda faltarán entrambas, faltando ó disminuyéndose el dicho comercio y el dicho riesgo, y se puede tener por cierto, así por el desamparo del dicho comercio, como de la poblacion de aquellas islas, dando lugar á que los holandeses, que tan poderosos están en las circunvecinas, como queda referido, tuviesen entrada en ellas por la falta de gente, cansada de la dicha imposicion. Cosa de que V. M. debe ser servido de mandar se tenga grande atencion, por los muchos ejemplares que en semejantes casos se han visto en estos reinos, con grande daño y pérdida de la Real hacienda, que no se pudo restaurar despues, como sucedió en el crecimiento de los naipes, imponiendo un real más de lo acostumbrado, que valiendo esta renta al dicho tiempo en los tres partidos de Castilla, Toledo y Andalucía, de cuarenta y cuatro á cuarenta y cinco quentos de maravedís en cada un año, bajó por causa de la dicha nueva imposicion á veinte y dos quentos de maravedís.

Y aunque visto el daño, se procure enmendar, quitando la dicha nueva imposicion, reduciendo el precio de ellos al primero antiguo, no se consiguió, porque por las fraudes y cautelas que causó á su primer estado el que la dicha renta tenia, nunca volvió, quedando con el daño y disminucion que hoy tiene, de catorce quentos de maravedís en cada un año, menos del que tenia al tiempo de la nueva dicha imposicion. Y lo mismo sucedió en la de 30 por 100, que estando la córte en Valladolid, se echaron sobre la contratacion de los mercaderes estranjeros; de que resultó que, desamparado el comercio, buscaron nuevo modo, aplicándose á la entrada de las Indias Orientales, siendo causa la dicha imposicion, de las muchas tierras y puertos importantes de que están apoderados y tienen, habiéndose perdido por la dicha causa. Ambas á dos cosas, son muy ciertas y sabidas, y públicas y notorias.

La octava y muy urgente y precisa es, que pues el año de 607, cuando el dicho comercio estaba con mucho mejor estado, y los dichos holandeses no habian comenzado á hacer las entradas y grandes daños que han hecho en las dichas islas y sus vecinos, y en los dichos chinos y sangleses, sin embargo, el dicho gobernador D. Rodrigo de Vivero, y el dicho D. Juan de Alba y D. Juan Niño de Tabora, que le sucedió, viendo los inconvenientes que tenia la dicha imposicion, no tuvieron por conveniente ni se atrevieron á ejecutarla, mucho menos se puede hacer hoy habiendo pasado cerca de treinta años, en tiempo que los vecinos se hallan con tan grande aprieto y necesidad, causada de las muchas pérdidas que quedan referidas de muchas naos que se han ido á fondo, y otras arribado á las costas del Japon y otras partes, donde se perdieron tan grandes riquezas sin poderse sacar, ni escaparse cosa alguna, y los incendios que han padecido, abrasándose en una ocasion la mayor parte de la ciudad y las haciendas de los vecinos. Y en la isla Verde se perdió pocos años há la capitana Nuestra Señora de la Vida, que iba á la Nueva-España, así mismo con las haciendas y caudales de los susodichos. Y el pasado de 31, se fue á pique en el puerto de Cabite la nao Sancta Maria Magdalena, con toda la hacienda y ropa que llevaba, que aunque se sacó, fue mas de mes y medio despues de haber estado en el agua, con que el daño que recibieron los dueños fue grande y notable, con que se hallan acabados los caudales, los tratos limitados y las haciendas destruidas, tanto que con el dicho 2 por 100 ejecutado tendrá los defectos referidos y acabaria el dicho comercio.

La novena es muy considerable, consiste en los muchos y grandes servicios que ha hecho á V. M. la dicha ciudad de Manila y los que cada dia están haciendo sus vecinos, pues en las ocasiones, que son muchas, cuando falta la infantería de sueldo por haber ido ó estar ocupada en otra faccion, los vecinos entran de guardia por estar aquella ciudad cercada de tantos infieles, y siempre han acudido con la lealtad y amor posible á servirle en cualquier jornada que se ha ofrecido contra holandeses y otras naciones, con sus personas y haciendas, siendo los primeros que toman las armas.

Y lo que es de grande consideracion, que en las muchas necesidades que se ofrecen á la Caxa Real sin tener con que acudir á ellas, los dichos vecinos la han socorrido y socorren muy de ordinario con muy grandes cantidades, metiendo en ella ochenta y cien mil pesos sin llevar interés alguno, sucediendo la detencion dellos en la dicha Real Caxa sin pagárselos á sus dueños más de dos años, que para mercaderes y hombres de negocios es grande servicio el desinterés de tanta cantidad por tanto tiempo, teniendo solo atencion al afectuoso deseo que siempre han tenido y tienen al servicio de V. M. Y este es tan grande, que muchos vecinos pobres, no teniendo caudal para hacer préstamos á la Real Caxa como los demas vecinos, piden prestado para poder acudir al Real servicio de V. M., y en el repartimiento, cada dia les reparte el Gobernador tinajas, atrez y otras cosas necesarias para los socorros de Terrenate é Isla Hermosa. Y en los viajes que hacen las galeras faltando esclavos, como sucede muchas veces, los dichos vecinos dan los suyos con grande gusto y voluntad; y con la misma hicieron el donativo de los dichos cuatro mill pesos el año de 632.

Y siendo todo lo referido ansí, y que están serviendo á V. M. perpétua y contínuamente con sus personas, vidas y haciendas y con el intolerable trabajo de llevar siempre las armas á cuestas, y que todo lo referido en este memorial, consta por informaciones hechas con citacion del fiscal y por lo que escriben los Gobernadores y religiones, es justo que V. M. les honre y haga merced, pues son tan dignos de premio y remuneracion sus servicios, y no lo seria sino pena y castigo la dicha imposicion de 2 por 100, y mande sobreseer su ejecucion para que no se trate mas de ella, como por los fundamentos referidos se deja entender, ha sido y ser el ánimo é intento Real de V. M., pues en tantos años en que se ha suspendido la execucion, teniendo V. M. noticia por cartas de los Gobernadores y oficiales Reales de la dificultad de su cumplimiento, se ha dejado y sobreseido por evitar tantos y tan grandes daños como los referidos, y perjuicios de los dichos vecinos y habitadores de aquellas islas, intento muy conforme al de la primera cédula del dicho año de 604, en que aunque se mandó imponer el dicho 2 por 100, se dijo fuese con la mayor suavidad que pudiese ser, y así no habiéndola ni pudiéndola haber, sino los dichos grandes inconvenientes y dificultades, la misma cédula está insinuando como por palabras expresadas que no se trate de la dicha cobranza.

Y así, la pretension de la dicha ciudad y sus vecinos y de las dichas islas, es que V. M. sea servido de declararlo y mandarlo así, no solo para en lo de adelante, sino tambien por lo pasado. Pues no habiéndose puesto en ejecucion la dicha Real cédula, ni sido conveniente en ningun tiempo, ni para el de adelante, ni para el pasado, respecto del cual, aunque tiene imposibilidad mucho mayor por los muchos años que han corrido y muchas personas contra quien se podria intentar, que se han muerto, de manera que tratar de ello no fuera mas que un seminario de pleitos, con desasosiego y revolucion de todos los vecinos de la dicha ciudad, ó de gran parte de ellos, pues son muchos los que del dicho año de 607 acá han comerciado, y la mayor parte han fallecido, sin dejar hacienda de donde cobrar lo atrasado, caso que se tratase esto, en que recibirán singular merced, como lo esperan de la grandeza de V. M.

Respuesta del señor Fiscal.

Á 6 de Septiembre de 1635.

El Fiscal dice que ha visto los autos que se le han traido con este memorial y otros papeles y cartas de la Audiencia, Visitador y prelados de las religiones, y que la resolucion pide grande atencion, y toda la que el Consejo suele tener para su acierto, porque se encuentra con la necesidad grande que representa la ciudad de sus vecinos, ponderando la imposibilidad de ejecutarse el impuesto, la de S. M., no menor, causada en las guerras y ocasiones forzadas que ha estenuado las Rentas reales, y obliga á mas no poder; á lo que como tan cristiano y piadoso escusa haciendo lo posible, y que habiéndolo considerado todo, le hace mucha fuerza lo que escribe el Visitador, y persuade á que es conveniente y necesario consultar á S. M. su carta, para que visto lo contenido en ella y lo más que el Consejo advertirá, se sirva demandar lo que sea más del bien de sus vasallos, en cuya conservacion consiste su mayor servicio, y aprobando el medio suave que apunta el Visitador y de que se valió para que no se cesase en la contratacion con evidente de mayor pérdida, se ocurre á todo; y así lo pide en Madrid á 6 de Septiembre de 1635.

D. Juan Grao y Monfalcon, procurador general de la insigne y leal ciudad de Manila, metrópoli y cabeza de las islas Filipinas, respondiendo á lo dicho y alegado por el Fiscal de V. M. al memorial y fundamentos que tiene representados, para que cese y se sobresea en la pretension de la cobranza del 2 por 100, dice: Que V. M., teniendo atencion á las razones que tiene representadas en otro memorial, no cesa ni se escluye con lo que en contrario se alega, ántes espresamente se reconoce (lo que no se puede negar) de la justificacion y urgentes razones precisas é inescusables, que con grande instancia obligan á lo que tiene suplicado la dicha ciudad, en cuyo nombre acepta en lo que es en su favor lo dicho y alegado por el dicho Fiscal. Pero en cuanto por su parte se dice de la aprobacion del medio que aprueba el Visitador y de que él se valió para que no cesase la contratacion, que con evidencia dice seria de mayor pérdida, y que con el dicho medio se ocurre á todo y se escluye, con que no se ocurrirá á todo, sino solo al intento de que se consiga el dicho derecho del 2 por 100, quedando en pie la dificultad y las razones y fundamentos de la dicha ciudad, como si no fueran, y ella y su comercio sin remedio de poderse conservar, sin que haya si se pueda considerar competencia entre la necesidad que se refiere de la Real hacienda; porque aunque esta sea grande, la de la dicha ciudad no toca en necesidad, sino en los términos de imposibilidad, y así debe preponderar y preferirse, como se ha llegado á ver por esperiencia en la ocasion del año pasado de 632, cuando el dicho Visitador quiso ejecutar el dicho derecho en que se halla atajado, porque vió cesar el comercio, y la determinacion resuelta de los dichos vecinos, de no cargar ni arriesgar sus caudales sin provecho, con que se venia á tratar el despacho de las naos que se despachan á la Nueva-España, siendo la causa el dicho Visitador por la dicha ejecucion que intentó, á que nunca se determinaron en tantos años los Gobernadores de aquellas islas, que fueron muchos, y muy prudentes y acertados, y en el celo del servicio de V. M. muy aventajados. Y la fuerza y resistencia de inconvenientes que hallaron y estaban mirando presentes les obligó á consultar con V. M., como siempre lo hicieron, teniéndolo por mas asentado que ejecutar y arriesgar el estado de aquellas islas, considerando con maduro consejo y prudente deliberacion, con lo cual nunca llegaron á ver la dicha determinacion que el dicho Visitador esperimentó. Y aunque lo procuró remediar proponiendo el medio que en contrario se alega de la paga de cuatro mill pesos por via de donativo y servicio gracioso, no fue perpetuo, como en contrario parece y se dá á entender sino por aquella vez y hasta tanto que hubiese determinacion de V. M., lo cual se verifica bien con el hecho que despues sucedió. Pues el año siguiente reconociendo el dicho Visitador que el donativo de los dichos cuatro mil pesos habia sido limitado y por aquella vez, y que en virtud de que no estaban obligados los dichos vecinos á cosa alguna, trató con algunos de los regidores de volver hacer la misma suspension que ya tenia hecha de la ejecucion del dicho derecho hasta que V. M. determinó que hubiesen de servir con algun donativo, aunque fuese en poca cantidad, que la que llegó á señalar fue de mill á dos mill pesos, tornando el Visitador con esta nueva ocasion á poner en riesgo el despacho de las dichas naos, causando por lo menos dilacion mas dañosa que el dicho interés. Por lo cual la Real Audiencia, para mejor acierto, hizo junta del Obispo gobernador de aquel arzobispado, y del Arzobispo y prelados de las religiones, conviniendo y concordando todos en que se debia hacer el despacho en la forma que siempre se habia hecho sin dar lugar á novedad. De manera que todos y en todas las ocasiones han reconocido la dicha imposibilidad y los nuevos daños é inconvenientes que podian resultar de la dicha ejecucion.

Atento á lo cual, pide y suplica á V. M. que sin embargo sea servido de proveer y mandar sobreseer en la cobranza del dicho 2 por 100 como tiene suplicado, en que recibirá singular favor ó merced, como aquella ciudad y reino lo espera de su grandeza y real mano.

Fuente: Colección de documentos inéditos: relativos al descubrimiento, conquista y organización de las antiguas posesiones españolas en América y Oceanía, sacados de los Archivos del Reino y muy especialmente del de Indias, por Torres de Mendoza, Luis de, abogado de los Tribunales, ex-Diputado a Cortes, con la cooperación competente. Autorizada por el Ministerio de Ultramar, según Real Orden de 10 de julio de 1862, Imprenta de Frías y compañía, Madrid, 1864-84, 24 tomos. Primera Serie, tomo VI, 1866, pp. 345-364.