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Descripción y demarcación de las Islas Californias, por Francisco de Ortega.
3 de julio de 1632, 8 de abril de 1634 y 16 de mayo de 1636.

Descripción y demarcación de las Islas Californias, sondas y catas de los comederos de perlas que hay en dichas Islas, hecha por mí, el Capitán Francisco de Ortega, por Comisión del Excelentísimo Señor Marqués de Cerralbo, Virrey que fue de esta Nueva España, en que se contienen tres demarcaciones que hizo desde el año pasado de mil seiscientos y treinta y uno, hasta el de mil seiscientos y treinta y seis, y todo lo demás reconocido y descubierto hasta hoy

Excelentísimo Señor. Descripción y demarcación de las Islas Californias, sondas y catas de los comederos de perlas que hay en dichas Islas, hecha por mí, el Capitán Francisco de Ortega, por Comisión del Excelentísimo Señor Marqués de Cerralbo, Virrey que fué de esta Nueva España, en que se contienen tres demarcaciones que hizo desde el año pasado de mil seiscientos y treinta y uno, hasta el de mil seiscientos y treinta y seis, y todo lo demás reconocido y descubierto hasta hoy.

Primera Demarcación de las Islas Californias, hecha por mí, el Capitán y Cabo Francisco de Ortega, por Orden y Comisión del Señor Marqués de Cerralbo, Virrey que fué de esta Nueva España, en que se muestra la disposición de las islas, puertos y ensenadas y comederos de perlas que hallé en esta primera demarcación, que es como se sigue.

En el Presidio de Acaponeta en veinte y un días del mes de febrero de mil seiscientos treinta y dos años, el Capitán Don Alonso Votello y Serrano, Alcalde Mayor y Capitán de este Presidio por S. M., habiendo visto que Francisco de Ortega, cabo de la fragata que va a las Islas Californias, y que el Excelentísimo Señor Marqués de Cerralbo, Virrey de esta Nueva España, me manda envíe persona que visite la dicha fragata y obedeciendo su mandado, despacho a Juan de Oliva, mi Aguacil Mayor, para que con la misión que me da Su Excelencia, y a mí, el dicho Escribano de la Guerra de este Presidio, visite y haga registros ante mí, y me da facultad para hacerlo conforme los Despachos que Su Excelencia ha dado a Francisco de Ortega. Dada en este Presidio a 21 de febrero de 1632 = Don Alonso Votello y Serrano = Ante mí = Jerónimo Martínez de Lerma. Escribano da Guerra.

En el puerto y río de San Pedro, Jurisdición de la Alcaldía Mayor de Santiquipac del Reino de la Galicia, en veinte y siete días del mes de febrero de mil y seiscientos treinta y dos años, yo, Juan de Oliva, Alguacil Mayor del Presidio y Alcaldía Mayor de Acaponeta, Juez nombrado por D. Alonso Votello y Serrano, Capitán y Alcalde Mayor del dicho Presidio y su Jurisdición para la visita y despacho de la fragata que está surta en este dicho puerto, de que es dueño el Capitán Francisco de Ortega, a cuyo llamamiento y citación que le hizo al dicho, mi Capitán y Alcalde Mayor de pedimento del dicho Capitán Francisco de Ortega en virtud de la Comisión y Título que tiene del Excelentísimo Señor Marqués de Cerralbo, Virrey de la Nueva España y Capitán General de todos estos Reinos, cuyo tenor es el que sigue.

Don Rodrigo Pacheco Osorio, Marqués de Cerralbo, del Consejo de Guerra, Virrey, Lugarteniente del Rey Nuestro Señor, Gobernador y Capitán General de la Nueva España, y Presidente de la Audiencia y Chancillería Real, que en ella reside: Por cuanto S. M. fué servido de mandar despachar una su Real Cédula, del tenor siguiente.

El Rey = Presidente y Oidores de mi Audiencia Real que reside en la ciudad de México de la Nueva España: Por diferentes papeles y relaciones que han venido a mi Real Consejo de las Indias he entendido, que gobernando en ese Reino D. Luis de Velasco, Marqués de Salinas, Presidente que fué del dicho mi Consejo, capituló el año de 594 con Sebastian Vizcaíno, sobre el descubrimiento de las Islas Californias, y que habiendo sucedido al dicho Marqués en el dicho Gobierno, el Conde de Monterrey el año de 597 hallando hechas las prevenciones necesarias para el dicho descubrimiento, ordenó al dicho Sebastián Vizcaíno ejecutase lo que tenía contratado, no embargante que en la sustancia y capacidad de su persona halló algunos inconvenientes y poniendolo en ejecución, volvió el dicho año al puerto de Acapuleo tan mal parado con tanta pérdida de gente qua no pudo proseguir con su intento; y aunque dió alguna noticia de los puertos y bahías de aquellas islas y que por lo que había visto en ellas las juzgaba muy ricas y habitadas de mucha gente, y pidió se le volviese a dar nuevo socorro de gente armas y municiones para continuar el dicho descubrimiento no pareció conveniente tratase dello; y el año de 602 el Conde de Monterrey le encargó el descubrimiento y demarcación de los puertos y ensenadas de la Mar del Sur, prohibiéndole del auto que proveyó, que pena de la vida no se embarcase en las ensenadas de las dichas Californias, y en carta que escribió al Rey mi Señor y Padre que está en gloria, en 28 de diciembre del dicho año de 602, desde el puerto de Monterrey, que había ya descubierto, dió cuenta de muchos puertos, bahías e islas que había hallado hasta el dicho puerto; y el de 613, habiendo venido a estos Reinos el dicho Sebastian Vizcaíno y pedido se le encargase este descubrimiento, por haberse tenido por de poco fruto su ofrecimiento, por lo que había resultado de la primera vez que fué a él, no se admitió; por lo cual, dió noticias a ciertas personas particulares, que en aquellos mares había gran cantidad de perlas, los cuales pidieron en el dicho mi Consejo, licencia para ir a la pesquería de ellas a su costa; y respecto de poderse seguir beneficio a mi Real Hacienda y no costa ninguna, se le concedió, de que resultó mucha pérdida a las dichas personas por el gasto que hicieron en fabricar bajeles acomodados para el dicho efecto, y llevar gente y las demás prevenciones necesarias para él, sin haber conseguido su intento; y por que el Capitán Pedro Bastan, ha venido de ese su Reino a tratar de la dicha conquista haciendo instancia en ello, habiéndose visto en mi Consejo de las Indias y consultádoseme, como quiera que siempre se ha tenido el dicho descubrimiento por de poca consideración, por no haber sacado sustancia de las veces que se ha intentado, y resultado tan malos sucesos, porque para tomar resolución quiero saber de vos, lo que se ofrece en la materia; os mando que habiendo primero oído a Fray Antonio de la Asención, Descalzo de la orden de Nuestra Señora del Carmen, y demás personas que tengan noticias de aquella tierra me aviseis muy particularmente en la forma y manera que se podrá hacer el dicho descubrimiento en caso que convenga ponello en ejecución, para que visto en el dicho mi Consejo, se tome la resolución que mas parezca convenir. Fecha en Madrid a 2 de agosto de 1628 años. = Yo el Rey. = Por mandado del Rey Nuestro Señor = Andrés de Rocas. = Y ahora Francisco de Ortega me ha hecho relación, que ha venido a su noticia que tengo la Real Cédula inserta, para informar a S. M. de la inconveniencia que puede haber en el descubrimiento de las Californias, y la que se siguiría para dar licencia para poblarlas, y que para que yo lo pueda hacer con mas certeza, se halla con una fragata, que ha fabricado, nombrada la Madre Luisa de la Asención de setenta toneladas, apropósito para hacer este viaje, que está al presente surta en el puerto de Matanchel, Jurisdicción de Acaponeta, costa de la Mar del Sur, la cual tiene prevenida con Pilotos, gente de mar, matalotaje, armas, municiones, sin que le falte nada, y que la ha fabricado con mucho trabajo, y gastó mas de doce mil pesos en todo ello, y que desea servir a S. M. en este descubrimiento a su costa y misión, esperando de su grandeza el premio de su trabajo, según el efecto que resultare de su viaje y de la razón que trajere de los parajes y derroteros que descubriere en aquellas costas, pidiéndome mande darle licencia para ello, nombrándole por Capitan y Cabo de la dicha fragata y gente que en ella fuere embarcada; y asimismo para poder rescatar los géneros que hallare a comprar, en el discurso del dicho viaje y partes donde llegare; y por mi visto, y la respuesta que dió el Doctor Don Juan Gonzalez de Peñafiel, Fiscal de S. M. en esta Real Audiencia, a quien mandé dar vista dello, atento a que el ofrecimiento que hacía el dicho Francisco de Ortega, es a su costa y sin níngun gasto de la Real Hacienda, y que de concederle la licencia que pide para hacer este viaje, podrá resultar mayor luz y inteligencia de la materia para poder informar con mas noticia della a S. M., como lo ordena y manda por la dicha Real Cédula; por la presente, doy licencia a vos el dicho Francisco de Ortega, para que podais hacer viaje vía recta a las dichas Californias, descubrir y reconocer los puertos y ensenadas de aquellas islas y costas, observando los rumbos, derroteros y alturas de la navegación que hiciéredes; sondando los puertos fondables que hubiere, y haciendo itinerario particular y descripción, en la forma y con la distinción y claridad que se acostumbra en los nuevos descubrimientos, procurando con particularidad, enteraros de que naturales habitan aquella tierra, sus costumbres y modo de vivir, sin hacerles ofensa ni mal trato, antes toda la caricia y agasajo posible, y ansimismo os enteraréis, si tienen algunas riquezas, plata, oro u perlas, y si hay pesquería dellas, como por diversas relaciones se ha entendido, y en que partes, autenticándolo todo con fe y testimonios autorizados de Escribano; y si se ofreciere rescatar dellos algunos géneros, lo hareis sin perjuicio suyo, ni violencia alguna; y mando al Capitán del Presidio de Acaponeta, que antes y primero que os hagais a la vela con la dicha fragata, lo haga reconocer, y ver los marineros y pilotos que llevare y su bondad, y si está bien prevenida de velas, jarcia y lo demás necesario para el manejo de las cosas de la mar, y reciba muestra de los Oficiales y demás personas que llevais en ella, y razón de las armas, municiones, peltrechos, bastimentos y aguada, y envie los autos originales que sobre ellos hicieren al Gobierno, al oficio del infraescripto Secretario dél, quedándose con un traslado dellos, para que le traigan cuando vinieren a esta ciudad; tomando asimismo razón del día que os hiciéreis a la vela con la dicha fragata; teniendo, como habeis de tener obligación que de vuelta de viaje, arribeis a las costas de esta Nueva España para que entreis en uno de los puertos dellas que mas apropósito os estuviere, y luego que diéredes fondo y salteis en tierra, vendreis, o enviareis con toda puntualidad, razón y cuenta de lo que os hubiere sucedido con los autos y diligencia que hiciéredes, para que por mi visto, provea lo que convenga. Y os nombro por Cabo de la dicha fragata y gente que fuere en ella, usando el dicho cargo en todos los sucesos y cosas a él anejas y concernientes, corrigiendo y castigando los excesos que cometieren, breve y sumariamente, precediendo información a usanza de guerra; y mando a la gente que fuere embarcada en la dicha fragata, os hayan y tengan por tal su Cabo y os acaten, respeten y obedezcan, guardando y cumpliendo las órdenes que les diéredes a los plazos y so las penas que les pusiéredes que para las ejecutar en los rebeldes e inobedientes, y gozar de todas las honras, gracias, preeminencias y exenciones y libertades, que por razón del dicho cargo debeis haber y gozar, bien y cumplidamente, sin que os falte cosa alguna, os doy poder y facultad cual de derecho se requiere; con declaración que con el trabajo y gasto que habeis de tener y tuviéredes en el dicho viaje no se os ha de pagar ninguna cantidad de la Real Hacienda por cuanto vos de vuestra libre voluntad habeis ofrecido hacer el dicho viaje a vuestra costa. Fecho en México a veinte y dos de noviembre de mil y seiscientos y treinta y un año. = El Marqués de Cerralbo. = Por mandado de Su Excelencia = Luis de Tovar Godines.

Y cumpliendo con la dicha orden de mi Capitán, y con lo mandado por Su Excelencia, entré en la fragata nombrada la Madre Luisa de la Asención y la visité, la cual hallé dada carena de nuevo, aprestada con sus velas nuevas, jarcias y cabos necesarios, dos cables nuevos, dos anclotes nuevos y una ancla y un rastro pequeños, los cuales dijo el dicho Capitán Francisco de Ortega, que eran para rastrear los fondos y todos los puertos donde quiera que llegasen y playas, y buscar los comederos de perlas; y asimismo registró y manifestó una campana de madera y plomo, artificio nuevo y traza del dicho Capitán Francisco de Ortega, para que puedan ir una u dos personas dentro della a cualquiera cantidad de fondo sin riesgo de ahogarse, aunque se esté debajo del agua, diez y doce días; y asimismo registró un chinchorro para dar de comer a la gente y a cualesquiera indios de cualesquier puertos que llegasen y abastecerlos de pescado; y asimismo registró cantidad de tres mil pesos de mercadurías, cuchillos, hachas, machetes y espejos, y contería de aguas marinas y otros géneros de esta calidad y las registra, y dijo: que las llevaba para repartir entre los indios bárbaros, y acariciarlos y no para venderlas. Y bajando debajo de la escotilla, yo el dicho Juez y el presente Escribano, se manifestó un barril de pólvora con cantidad de seis arrobas, y ocho arrobas de plomo y veinte quintales de bizcocho y ochenta fanegas de maíz y cantidad de carne; cien botijas y veinte barriles de agua, una caja con medicinas y otros regalos para si alguno cayere enfermo; de todo lo cual yo el presente Juez y Escribano, doy fe; y tomando muestra la gente y armas, son las siguientes.

Primeramente el Capitán y Cabo Francisco de Ortega, natural de la villa de Cedillo y vecino de la ciudad de México, con su arcabuz, peto acerado y adarga, espada y daga. El Licenciado Diego de la Nava, elegido Presbítero, natural de Valdepeñas en la Mancha, y vecino de Guadalajara, cura y Vicario nombrado por el Ilustrísimo Señor Don Leonel de Cervantes, Obispo, para este viaje, con todo su ornamento y aderezo de decir misa para el culto divino, que es la persona que ha fomentado este viaje, desde su principio.

Diego de Cañedo, natural de Béjar, Maestre y aviador de este viaje, y vecino de la de México, con su arcabuz, peto acerado y adarga y cuerda, espada y daga.

El Capitán Esteban Carbonel de Valenzuela, natural de la ciudad de Sevilla y vecino de la de México, Piloto examinado, con los aparejos necesarios de piloto para este dicho viaje, con su arcabuz y adarga, un jubón de malla, y cuera de gamuzas, espada y daga.

Cristóbal García, natural de Almonte y vecino de México, y Ayudante de Piloto y buzo, con su arcabuz y adarga, espada y daga.

Cosme Lorenzo, Contramaestre, natural de San Lucar de Guadiana, vecino de México, con su arcabuz y adarga, espada y daga.

Andrés Ramos, barbero y cirujano y marinero, natural de la ciudad de Lisboa, y vecino de la ciudad de Guadalajara, con su arcabuz y adarga, espada y daga.

Martin Saez de Córdoba y Arbizo, natural de la villa de Azpéitia y vecino de la de México, Escribano nombrado de la dicha fragata por el dicho Capitán, y ensayador de metales de azogue, y fué con su arcabuz y adarga, espada y daga.

Juan Tomás, marinero, natural de Córcega, vecino de México, con su arcabuz y adarga, espada y daga.

Luis de Cabrera, marinero, natural de la ciudad de Jerez de la Frontera y vecino de la de México, con su espada y daga.

Nicolás Rodriguez, grumete, natural de Saboya y vecino de México.

Benito de Acuña, natural de San Lucar de Barrameda y vecino de Tepique, carpintero y marinero, con su arcabuz y adarga, espada y daga.

José Ruiz, grumete, natural de la ciudad de México.

Soldados
Francisco Lopez Pico, natural de las Asturias y vecino de Tepique, con su arcabuz y adarga, espada y daga.

El Alferez de Diego Castro Tenorio, natural de la ciudad de Sevilla, y vecino de la de Guadiana, con su arcabuz, adarga, cota, espada y daga.

Alonso de Espinosa, natural de la ciudad de Jerez, y vecino de la de Guadiana, con su cuera de gamuzas, arcabuz, espada y daga.

Mateo de Morantes, natural de Manzanares, en la Mancha, vecino de México, con su arcabuz y adarga, espada y daga.

Diego de Almazan, natural de Villanueva de los Infantes, y vecino de la ciudad de Compostela, con su arcabuz y adarga, espada y daga.

Hernando de Ortega, natural de Cedillo, Reino de Toledo, y vecino de la ciudad de Compostela, con su arcabuz y adarga, cota, espada y daga.

Francisco de Robles, natural de Sevilla y vecino de Acaponeta, con su arcabuz y adarga, cuero, cota y espada y daga.

Pedro, negro, natural de tierra Angola, esclavo del dicho Piloto.

Pascuala, mulata, esclava del Vicario Diego de la Nava que va sirviendo, y haciendo de comer a la gente.

Otra mulata libre, llamada Cecilia, que va sirviendo al dicho Capitán Francisco de Ortega.

Y habiendo hecho muestra y lista de la dicha gente, estando todos embarcados como a las diez del día, se hicieron a la vela del dicho puerto. Doy fe y verdadero testimonio. Y de este registro se le dió un traslado al dicho Capitán Francisco de Ortega, sacado a la letra y autorizado en forma, para que en todo tiempo conste de este dicho registro, lo firmamos de nuestros nombres, siendo testigos el Padre Fray Miguel de Abalos, Gobernador de Santiquipaque, y el Padre Fray Diego Ruiz y Pedro Osorio, y otras muchas personas estantes al presente en este dicho puerto. Fecho ut supra.

En el nombre de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, y la Virgen Santa María. Memoria del Descubrimiento que va a hacer a las Islas Californias y demarcación de puertos y bahías, Francisco de Ortega, Capitan y Cabo nombrado para este dicho viaje, por el Excelentísimo Señor don Rodrigo Pacheco Osorio, Virrey de la Nueva España y Capitan General de todos estos Reinos. Estando surta la fragata nombrada la Madre Luisa de la Asención en el puerto de San Pedro, en veinte y seis días del mes de febrero de mil y seiscientos y treinta y dos años, un día antes que se hiciera a la vela, el Piloto de este viaje que es el Capitán Esteban Carbonel de Valenzuela y su ayudante Cristobal García pesaron el sol y hallaron que el dicho puerto de San Pedro está en veinte y dos grados, y es buen puerto, apacible y hondable, donde desemboca el río que pasa por Guadiana a este Mar del Sur, dos leguas de donde desemboca el río de Toluca, jurisdicción de la provincia de Santiquipaque, estando presentes el Padre Fray Miguel de Abalos, Guardián de esta Provincia, y Fray Diego Ruiz, su compañero, y Presidente Francisco de Ortega, Esteban Carbonel de Venezuela. = Ante mí, Martin Saez de Córdoba y Albiçu, Escribano nombrado.

En dicho día, mes y año, habiendo salido del dicho río de San Pedro por una gran fuerza de viento norueste volvimos a arribar al dicho puerto y habiendo alijado mucha cantidad de bastimentos y botijas de agua que llevaba cargado el navío por ser el viento forzoso y general en esta costa por el gran riesgo de la gente y navío, y por verdad, lo firmaron de sus nombres el dicho Capitán y Piloto; y yo, el Escribano Esteban Carbonel, digo, doy fe dello que es fecho ut supra. = Francisco de Ortega. = Esteban Carbonel. = Ante mí, Martin Saez de Córdoba, Escribano nombrado.

Y habiendo vuelto a aderezar el dicho navío y comprado bastimentos de nuevo, volvimos a salir del dicho puerto en 4 del mes de marzo siguiente y habiendo salido a la mar con el dicho viento y tormenta deshecha, volvimos a arribar al dicho puerto, y por verdad lo firmaron, el dicho Capitán Francisco de Ortega y el Piloto Esteban Carbonel del dicho, y yo el presente Escribano, de que doy fe que es fecho ut supra. = Francisco de Ortega. = Esteban Carbonel. = Ante mí, Martin Saez de Córdova, Escribano nombrado.

Y habiéndose rehecho de agua y lo demás necesario, volvimos a salir en veinte del dicho mes de marzo, y tardamos once días en llegar al puerto y Islas de San Juan de Mazatlan, por haber ventado el viento general norueste, siendo por la proa, por cuya causa se dilató el viaje hasta este dicho puerto, el dicho tiempo de los once días, y por ser así verdad lo firmaron el dicho Capitán Francisco de Ortega y el Piloto; y yo el infraescripto Escribano, de que doy fe: es fecho ut supra. = Francisco de Ortega. = Esteban Carbonel. = Ante mí, Martín Saez de Arbíçu, Escribano nombrado.

En el puerto de San Juan Mazatlan del Reino de la Nueva Vizcaya en la Provincia de Chameta, en veinte días del mes de abril de mil y seiscientos y treinta y dos años, el Capitán Francisco de Ortega, Cabo de la gente que lleva a su cargo para el descubrimiento que va a hacer a las Islas Californias por Comisión y nombramiento que para ello tiene, del Excmo. Señor Don Rodrigo Pacheco Osorio, Marqués de Cerralbo, Virrey y Capitán General de la Nueva España dijo: que para que conste los gastos y trabajos que en la dicha jornada, pues a costa y misión, habiendo salido del dicho puerto de San Pedro desde donde el día que partió con su fragata y gente se hizo auto dello a que se remite, habiendo antes de proseguir la dicha jornada tuvimos dos arribadas, por cuanto dió la nave en bajíos a la salida de la barra, donde fué necesario alijar la dicha nao, como en efecto se hizo, echando al agua mucha cantidad de bastimentos, con lo que se salió de este naufragio, prosiguiendo la navegación con mucho trabajo por las tormentas que hubo hasta llegar a este dicho puerto, que fué a primero de este mes, de donde, por la necesidad con que quedamos de los dichos bastimentos, fuímos a buscallos a la villa de San Sebastián y a otras partes distantes del dicho puerto, mas de diez leguas, por muy grandes bosques y alcabucos con grande trabajo, hambre y sed, por no saber por do se había de ir, lo cual hizo en persona el dicho Capitán, habiéndolo consultado con el Licenciado Diego de la Nava, cura y Vicario de la gente de la dicha jornada, y con todos los soldados della que en su compañía fueron, algunos dellos con el dicho Licenciado; y el dicho Capitán, compró bastimentos a excesivos precios, por ser la tierra de suyo muy cara, y vasijas para el agua por la gran falta que hicieron las que por alijar la dicha nao, se echaron al agua, con cantidad de pesos que pagó el flete para traer el dicho bastimento al dicho puerto; se vino a él con los dichos soldados, que por haber quedado en los pueblos atrás referidos, enfermos, dudoso de poder ir en la dicha jornada, el dicho Licenciado Diego de la Nava, por consuelo de los dichos soldados, el dicho Capitan rogó al Padre Diego Jimenez, Presbítero de la Compañía de Jesús, viniese al dicho puerto como en efecto lo hizo, dejando por breves días en su partido y misión de Guaymino y su comarca otro compañero suyo, donde confesó a todos los soldados y gente de mar, y les dió el Santísimo Sacramento, y les dió pláticas con que les dió ánimos para ir a la dicha jornada, ayudando al dicho Capitán a reducir algunos que habían mudado de este intento, en que se trabajó mucho con ellos hasta reducirlos, y al dicho religioso en señal de agradecimiento, porque dijo su religión no recibía limosna, ni paga por semejantes beneficios, le dió una muy cumplida remuneración de las cosas que el dicho Capitán a su costa llevaba, para dar a la gente de dicha California, para que el dicho Padre agasajase con ello a la gente de su partido, que baja de las sierras, y reduce a nuestra Santa Fe, que en la dicha tierra y lugar es donde hizo los dichos bastimentos; es tan remota, que fué menester intervenir y rogar asimismo al Capitán Don Juan de Arriaran, Alcalde Mayor del dicho Partido y lugares susodichos, con algunos españoles de su Jurisdición, ayudó a ello muy bien y cumplidamente, y con los dichos soldados y personas vino a este dicho puerto donde se hallaron a su embarcación, que fué a veinte y dos días del dicho mes de abril del dicho año que habiéndose despedido del dicho Padre de la Compañía de Jesús, y Alcalde Mayor, y del Alferez Juan Pardo y del Capitán Luis Ponce de Villavicencio y Diego de Lerma, vecinos de esta Jurisdición, personas que estuvieron presentes desde el día que el dicho Capitán y soldados llegaron a los dichos lugares a hacer el dicho bastimento, hasta que partió la dicha nao de que son testigos, e yo presente Escribano doy fe y verdadero testimonio haber sido y pasado así, todo lo aquí contenido, porque me hallé presente, y demás de los testigos supra escritos lo fueron, Hernando de Ortega y el Capitán Esteban Carbonel, Piloto, y Francisco Lopez Pico y Nicolás Martín, soldados y marineros de la dicha jornada, que firmaron aquí sus nombres con el dicho Capitán, a quien doy fe que conozco, el cual interpuso para que haga mas fe su autoridad y decreto judicial cuanto ha lugar de derecho.= Francisco de Ortega. = Padre Diego Ximenez. = El Licenciado, Diego de la Nava. = Don Juan de Arriaran. = Esteban Carbonel. = Luis Ponce. = Francisco Lopez Pico. = Hernando de Ortega. = Diego Martinez de Lerma. = Juan Pardo.= Ante mí.= Martín Saez de Córdova y Arviçu, Escribano nombrado.

En el dicho puerto de San Juan de Mazatlan, en veinte y cuatro días del mes de abril de mil seiscientos y treinta y dos años, un día antes que saliera del dicho puerto pesó el sol el Capitán Esteban Carbonel de Valenzuela Piloto del dicho viaje, y halló estar en altura de veinte y cuatro grados, y el dicho puerto tiene las calidades siguientes: una entrada de Leste Ueste para naos grandes, y otra de Norte a Sur para naos pequeñas, y dentro del dicho puerto, tiene un estero como bahía, de cuatro leguas de largo y cuatro brazas de fondo y para entrar por estas bahías y esteros se ha de entrar por la canal de Leste Ueste, y ansí corre el mismo estero casi hasta el pueblo de Mazatlan; tiene por señas cinco islas, las tres cerradas de agua, y son muy grandes, que no hay otras señas desde el puerto de San Pedro acá, pegadas a tierra.= Francisco de Ortega, = Esteban Carbonel de Valenzuela. = Martín Saez de Córdova y Arbiçu, Escribano nombrado.

En 26 del dicho mes de abril del dicho año, salimos de las Islas de Mazatlan en prosecución del dicho viaje, y fuímos montando por toda la costa hasta en frente de Culiacan para atravesar desde allí, y el día de los Señores Apóstoles San Felipe y Santiago, que es en primero de mayo, pareciéndole al Piloto del navío, estar en altura suficiente, atravesamos desde el dicho paraje para las islas de las Californias por el rumbo de Leste Ueste, y que llegamos a las islas en tres del dicho mes, día de la Santísima Cruz, que descubrimos una isla alta y grande de mas de sesenta leguas de boj, a la cual pusimos por nombre, la Isla de Cerralbo, y es muy poblada de indios, y por entonces no llegamos a ella. Y en cuatro del dicho mes tomamos tierra enfrente de la isla de tierra firme donde saltamos y hallamos poblada de indios, y luego se llegaron a nosotros y al navío, y habiéndoles dado de los rescates que llevábamos, nos ayudaron a hacer aguada; y vimos que son muy mansos y afables, donde estuvimos dos días, y no alcanzamos a saber que ritos y ceremonias pueden tener; y yendo costeando hacia la parte del Sur, llegamos a una ensenada donde asimismo hallamos muchos indios al pié de un gran cerro que echa una punta a la mar, que en cuatro días no la pudimos montar; estos indios eran muchos y de ninguna manera no nos consintieron ir al agua dulce, porque tenían sus mujeres y rancherías allá, y ser ellos muy celosos, y porque no fuésemos allá, nos trajeron el agua cuanto quisimos; tienen aquí una pesquería de sardina y otros géneros de pescado, de los cuales nos dieron y repartieron con mucha voluntad y nos mostraron mucho amor y afabilidad, a los cuales les fuímos dando algunas cosillas de las que traíamos de rescates, como cuchillos, cuentas, cascabeles, y zarcillos; al abrigo de este cerro se pueden estar, cualesquier navíos abrigados de los vientos norueste y ueste, y sudueste y sur, de todos los demás, está desabrigado; aquí pesó el sol el Piloto y se halló en altura de 24 grados y medio. Y prosiguiendo nuestro viaje, con vientos favorables la costa que corre de Leste Ueste y al remate hallamos una bahía grande y buena con una punta que sale a la mar, que hacen tres farellones dentro de la mar, yendo entrando adentro quedan por la parte del Sur; el uno es grande y los demás chicos que los divide el agua el uno del otro, y tiene un arco grande el uno de ellos, que parece hecho a mano que le pasa el agua de una parte a otra; esta bahía es muy hondable y apacible, hay en ella gran población de indios, los cuales así como dimos fondo, y antes que saltáramos en tierra se llegaron al navío en sus balsas y canoas en que navegan, y muchos dellos a nado y entraron dentro, a quien repartimos de los rescates que llevábamos, y ellos como son tan afables nos agradecieron mucho, y nos trujeron de todo lo que tenían, así de pellejos muy bien curtidos de venado, leones y otros animales, y nos trujeron algunas perlas quemadas y acanaladas; tienen en esta bahía, muy gran pesquería de sardinas, salmonetes, y otros muchos géneros de pescados; estuvimos en esta bahía aguardando a la conjunción, unos doce días, y en todos ellos los indios nos traían el pescado que podíamos comer y en todo el día los caciques, no salían del navío, ayudándonos a todo cuanto vían hacer. Saliendo los soldados afuera con dos mujeres que llevábamos para hacer de comer, a lavar la ropa, las indias ayudaban a las mujeres y los indios a los soldados, y no son tan celosos como los que habíamos visto hasta aquí; tiene esta bahía un aguaje de agua dulce por la parte del ueste, suficiente para todo gasto; al remate de esta bahía hay un charco con laguna que cuando la mar crece, la baña y se cuaja sal; en ella, hay algunos árboles de higueras chicas; aquí pesó el sol el Piloto y ayudantes y hallaron estar en 24 grados de altura, no pasamos de aquí adelante, porque pareció correr la costa al norueste. En esta bahía, una noche, estando un marinero haciendo guardia, se fué a tierra con la chalupa y habiéndola varado en tierra, se fue con dos indios, y la chalupa la sacó la resaca a la mar y se la llevó adentro; en la mañana cuando echamos menos el hombre y a la chalupa, dimos voces a los indios, y los caciques y capitanes despacharon luego, cuatro indios en sus balsillas que ellos tienen en que navegan, y habiendo salido a la mar mas de cuatro leguas no la pudieron hallar ni columbrar y así se volvieron sin ella; y antes de salir de esta bahía se hizo otra chalupa, y los indios nos ayudaron, y siendo menester hacer un cable viejo, los indios lo desbarataban y ayudaban a hacer estopa; y si por las mañanas habiendo venido el cacique a bordo si acaso no estaba hecho el toldo, él sin decille nada se ponía a hacello con sus indios, y con mucha voluntad. Aquí, el Vicario Diego de la Nava celebro misa casi todos los días y los indios nos venían a ver, y estaban muy atentos a lo que se hacía. Y haciendo diligencia para buscar el marinero que se huyó, fué el cacique con muchos indios a buscarllo, y con él dos soldados, y habiéndole hallado, vieron que iban con el dicho marinero cuatro indios flecheros qué le iban guiando por la tierra adentro, y habiéndole cercado y queriéndose resistir, y yendo muchos indios como iban con el cacique, no se atrevieron los indios a echarle mano, sino dijeron a los soldados que lo asiesen que ellos les ayudarían a traer como lo hicieron; señal manifiesta de gran temor que tienen a los españoles, pues siendo ellos tantos y cargados de flechas y dardos no se atrevieron a llegar a un hombre sólo. Trujéronle al navío y teniéndole el Capitán y Cabo, hecha la causa para castigarlo, el Piloto y el Padre Vicario y los marineros y soldados, le pidieron al dicho Capitan no le justiciara por la falta tan grande que hacía en el navío, y así hubo de perdonarle y preguntándole la causa porque se quedaba entre aquellos bárbaros, respondió que él se quería quedar, para aprender la lengua hasta otro año, y lo cierto es que la codicia de las perlas le movían a ello, y el ver los indios tan amigables, y él ser codicioso, pues la codicia le movía a quedarse entre aquellos bárbaros. Habiendo el Capitán enviado dos soldados a tierra a reconocer un cerro, viniendo de vuelta el uno de ellos, le salió al camino a recibir una india con un caracol de agua, y le llevó a su yacalillor, haciéndole sentar para que descansara; llegó un indio a limpiarle el sudor de la cara y dijo este soldado, que si fuera su propia madre no pudiera hacer con mas amor y voluntad; este soldado se quedó aquella noche a dormir allí, y los indios le dieron de cenar pescado y lo que ellos comían, y luego le trujeron un petate de palma y unos cueros de venado bien aderezados con que se cobijara, por que en esta bahía hace muy buen frío; y un pájaro desollado para que se pusiera por cabecera y dijo este soldado, que todas las indias chicas y grandes, todas andan vestidas de pellejos de animales, y que las dichas indias son de buenos rostros y muy vergonzosas; y que toda la noche estuvo un indio cantando y echado en su cama, y en cansándose aquel, empezaba otro, hasta que amaneció, ni sabe mas si esto lo hacían por agasajar al soldado, o por ser costumbre dellos, o vela que le estaban haciendo. Los indios son bien dispuestos robustos y ágiles para cualquiera cosa, que al parecer fuera muy fácil a reducirlos a nuestra Santa Fe Católica. El Piloto por la altura que halló en esta bahía que fueron veinte y cuatro grados, y las señas de la dicha bahía y correr desde allí la costa al Norte, dijo ser la bahía de San Bernabé, que ansí parece por las señas que da el Padre Fray Antonio de la Asención. Habiendo pasado la conjunción y habiéndonos despedido de los indios, los cuales mostraron muy gran sentimiento en ver que nos queríamos venir y habiéndoles dado a entender por señas, que volveríamos dentro de ocho lunas, salimos de esta bahía la vuelta del Norte, y a cosa de diez leguas, con la tierra firme hacia el ueste. vimos una grande arboleda muy verde, que parece desembocar en la mar algun río o arroyo de agua; la tierra adentro hacían humos, no pudimos saltar en tierra por no haber puerto cómodo, y aun en la costa mucha resaca; y prosiguiendo nuestro viaje la vuelta del Norte llegamos a la ensenada donde estan los indios que nos hicieron el aguada porque no viéramos a las mujeres; y habiendo tomado aquí agua, le pusimos por nombre a esta punta que esta en veinte y cuatro grados y medio, que se llama el Cabo de la Porfía, y fuímos costeando la vuelta del Norte; llegamos a la Isla de Cerralbo donde dimos fondo y saltamos en tierra y hallamos muchas conchas de nácar, y muestras de haber muchos comedores en ella, y por la parte de tierra firme hace una grande ensenada, y en ella hay gran población de indios, y aunque fuímos con el navío, no pudimos hallar comodidad adonde dar fondo; hay en esta bahía señales de haber grandes comederos de perlas, por las muchas conchas que se ven en tierra. En esta Isla de Cerralbo estuvimos dos días, y luego salimos la vuelta al norueste y llegamos a reconocer una isla, la cual la llamamos la del Espíritu Santo(*), porque la descubrimos en su día; a la parte de tierra firme hace una ensenada donde estuvimos dos días dando fondo, y echando la gente en tierra fueron a hacer agua los soldados, que la hay muy buena, y encontraron una gran ranchería de indios; y habiendo tomado agua, salimos de este paraje y llegamos a reconocer una muy gran bahía que su entrada está al Norte, y la Isla del Espíritu Santo está tendida enfrente de esta gran bahía y su boca. Entramos por ella a la parte del norueste y hallamos tres puertos, y en el uno entramos y luego que dimos fondo, vinieron al navío muchos indios en sus balsas, y entraron dentro y les dimos algunas cosas de las que llevábamos y de comer, y ellos fueron a tierra y nos trajeron algunas perlas quemadas y acanaladas, y por ellas les dimos algunos cuchillos, que estimaron en mucho. En este puerto estuvimos un día, y luego fuímos entrando por la bahía que a la parte del nordeste hace una isla embebida en tierra, que la divide en estero; hay algunos magles pequeños y al remate de esta isla, está una muy buena salina, que la mar echa, cuando se alborota el agua dentro y se cuaja la sal dentro; el Capitán hizo cavar a un soldado y ahondó vara y media y no llegó al suelo; pueden cargar sal, cien navíos y no la apurarán; a esta isla le pusimos por nombre, la Isla de la Salina. Alrededor de esta isla, hay muy buenos comederos de perlas, que los indios de esta bahía tienen su sustento de los ostiones, y las perlas las queman, sin hacer caso dellas. De aquí salimos para ver el remate de esta bahía que tendrá de longitud mas de diez leguas y entrando mas adentro hallamos una población de indios y vinieron al navío, y nos mostraron donde estaba el agua, y saltando toda la gente en tierra y el Padre Vicario Diego de la Nava, se adornó un altar y se dijo misa, y los indios acudían a todo; cantando las Letanías y bendiciendo el lugar y puerto, se puso una cruz alta, y el dicho Vicario tomó la posesión en nombre del Señor Obispo de Guadalajara, y por haber entrado aquí el día de CorpusChristi, le puso por nombre, la Bahía del Sacramento. Tiene esta bahía al remate una laguna grande y al remate della, una muy gran población de indios, y toda ella está cercada de mángles, y es agua salada; y saltando en tierra el Capitán y soldados, los indios huyeron y no quisieron esperar; y los indios de mas afuera donde hicimos agua y el Padre Vicario tomó la posesión, nos dieron a entender que eran bellacos; tiene esta bahía de boj, mas de treinta leguas y los indios amigos nos dijeron por señas que traían guerra con ellos, que se echó bien de ver, pues estando diciendo misa el Padre Vicario, vinieron los indios muy alborotados a decir a los españoles que venían los enenilgos contra ellos, que tomáramos los arcabuces y los matáramos, y nos hacían señas que disparásemos al aire para amedrantallos, y así se hizo, y los indios y indias se vinieron a favorecer de nosotros no atreviéndose ir a sus ranchos hasta que el capitán de los indios nos hizo señas fuéramos con ellos a sus rancherías, y así se hizo, y los indios nos lo agradecieron mucho, mas nosotros no vimos indios ningunos; los amigos dijeron iban por el monte adentro, y bien se echaba de ver, pues los amigos nos mostraban las aves que se levantaban por donde iba la gente. Estos indios nos dieron algunas perlas y entre ellas una, que pesa mas de seis adarmes aunque estaba quemada y acanalada; es gente muy amigable, no reusan que vean las mujeres; traen tapadas sus vergüenzas con pellejos y otras, con hojas de palma; es muy buena tierra para sembrar; y en las serranías demuestran ser ricas de plata, porque son muy altas; la tierra pelada y sin arboleda y de mucha bufería y albarradones; y mostrándoles a los indios, piedras de metales ricos que para el efecto llevábamos de la Nueva España, nos hacían de señas hacia los montes, que había mucho de aquellos géneros. Aquí pesó el sol el Piloto y su Ayudante, y hallaron estar en esta gran bahía, en altura de veinte y cuatro grados, y, que por la altura y señas le parece ser el puerto de la Paz, y en ello se afirmaron él y su Ayudante; en toda esta bahía hay muy buenos comederos de conchas de nácar; y habiendo estado en esta bahía diez días y despidiéndonos de los indios y diciéndoles por señas volveríamos presto, se holgaban mucho, nos hicimos a la vela y salimos la vuelta del Norte, y llegamos a la Isla del Espíritu Santo que corre de norueste a sueste, y por la parte del ueste hace tres puertos muy buenos y abrigados y en el puerto que está a la banda y cabeza del norueste, le pusimos por nombre el Puerto del Gato; está guardado de todos los vientos, y es muy hondable; su entrada tiene, a la parte de Leste ueste; y en este dicho puerto vinieron al navío muchos indios que están poblados en aquella isla, y en aqueste puerto hay muy grandes montones de conchas de lo que los indios comen, señal manifiesta de que hay gran riqueza en esta isla. Salimos de este puerto por reconocer toda la isla, y hallamos otro puerto en medio della y guardado de todos los vientos, y su entrada tiene, a la parte por donde se pone el sol; hay grande población de indios y mucha conchería de nácar; en este puerto hallamos agua dulce; a la parte del Sur como entramos por la boca atraviesa una canal de agua por este puerto que sale a la mar por la banda del Este, arrimándose a la parte del Sur; en este puerto hay grandes cuevas donde los indios tienen su morada en tiempo de aguas; son cuevas que la naturaleza obró, y son tan grandes, que hay cueva que pueden entrar en ella doscientas personas sin estar apretados. De este puerto que es el mejor que hemos visto, que está en altura de veinte y cinco grados largos, y de allí salimos para acabar de reconocer esta isla, y la parte y cabeza del Sur hace otro puerto donde estuvimos surtos dos días y hallamos agua dulce; y habiendo tomado lo necesario salimos deste puerto que se llamó de San Francisco, y en él hay muchas conchas de nácar, y la entrada de este puerto está de Leste Ueste, y el puerto de enmedio que es el mejor, se llamó el Puerto del Espíritu Santo. Y prosiguiendo nuestro viaje reconociendo la tierra firme, y habiendo costeado dos días y estando en altura de veinte y siete grados, víspera del Señor San Juan por la tarde, nos dió un tiempo de viento sudueste, que por parescer de todos y por no poder tomar otro puerto, por ser el viento contrario de donde salimos, arribamos a la Nueva España, y dando vista a la tierra firme con el mismo viento que teníamos por la proa para Acapulco u otro puerto conocido, por parecer del Piloto y Ayudante y por salvar la gente, quisieron varar en tierra y paresciendo que el viento sosegaba un poco, se dió fondo en la costa, y otro día por la mañana tornando a proseguir nuestro viaje a la vuelta de Acapulco, u adonde pudiéramos tomar buen puerto, nos volvió el viento sudueste con tanta furia que por parescer de los marineros y de toda la gente de la fragata, se arribó a buscar el puerto de San Ignacio; y habiendo reconocido que salía a la mar un río, y por parecer de todos, entramos en él, y habiendo saltado en tierra y entrando la tierra adentro, supímos que esta bahía se llama la Bahía de Bachillote, a donde pareció puerto muy conveniente y acomodado para poder invernar, por las muchas aguas y vientos suduestes que en este tiempo son generales y estar tan cerca de la California para poder salir, en pasando las aguas. Tendrá esta costa de travesía treinta leguas; está la dicha bahía, diez y seis leguas del Presidio y villa de Sinaloa, y la costa corre de Norte a Sur y la dicha bahía de Norte a Sudueste y es muy grande y ancha, y dentro hace muy buenos puertos, y esto es lo que hemos visto y demarcado hasta altura de veinte y siete grados; y porque haga fe, juramos a Dios y a esta Señal de la Cruz, ser así verdad todo lo que está en esta relación escrito, y lo firmamos de nuestros nombres que es fecho en la dicha Bahía de Bachillato y puerto, en 3 de julio de 1632 años. = Francisco de Ortega. = Diego de la Nava. = Esteban Carbonel de Valenzuela. = Hernando de Ortega. = Francisco Lopez Pico. = Cristóbal García.=Diego de Castro. = Juan Tomás. = Nicolás Martín. = Luis de Cabrera. = Ante mí, Martín Saez de Córdova y Arbiçu, Escribano nombrado.

Segunda demarcación de las Islas Californias hecha por mí el Capitán y Cabo Francisco de Ortega, por Orden y Comisión del Señor Marqués de Cerralbo, Virrey que fué de esta Nueva España, en que se muestra la disposición de las islas, puertos y ensenadas y comederos de perlas que hallé en esta segunda demarcación, que es como se sigue.

Francisco de Ortega, Capitán de la fragata nombrada la Madre Luisa de la Asención, y Cabo por Comisión de V. E., para hacer la demarcación de los Reinos y Provincias de las Californias, habiendo llegado a los dichos Reinos, y demarcado desde el Cabo de San Lucas y villa de San Bernabé hasta el puerto de Nuestra Señora de la Paz y a mas altura, hasta veinte y siete grados como consta de la demarcación y papeles que remite a V. E. por mano del Licenciado Diego de la Nava, cura y beneficiado de estos Reinos por la Catedral de Guadalajara, con quien remití los doscientos y setenta y seis granos de perlas para que se entregasen a V. E., remitiéndolas a S. M. y a su Real Consejo; y hallándome falto de bastimentos y ser la fuerza del invierno, por no conocer los tiempos de estos mares de la California, me requirió mi Piloto, Esteban Carbonel, arribase a la Nueva España y cumpliendo con el dicho requerimiento arribé a la Provincia de Sinaloa a un puerto llamado Barbaichilato, paraje donde remití a V. E. todo lo sobredicho, que fue su fecha en 3 días del mes de julio de 1632 años; y estándome previniendo, dando carena a mi fragata, llegó el Capitán Esteban Carbonel con Comisión de V. E. y en ella mandándome le entregase mi fragata, para ir a dar aviso a las naos de las Islas Filipinas por las nuevas de que había enemigos en la costa, y cumpliendo la Real Comisión, entregué mi fragata según y como se me mandaba embarcándome en ella, y los mis marineros para que en la dicha ocasión y aviso sirviéramos a S. M.; y de lo dicho tengo certificación del dicho Esteban Carbonel y habiendo cumplido el dicho, las órdenes de V. E. arribamos a las Islas de Mazatlan, y estando en el dicho puerto de vuelta del dicho aviso de las naos de Filipinas, me dipuse a comprar bastimentos, y dar carena a mi navío, y teniendo junta toda mi gente, Piloto y su Ayudante, y todo lo necesario para poder volver a proseguir esta dicha demarcación requerí y pedí a D. Juan de Arriaran, Alcalde Mayor de Mazatlan, y Capitán del río Piastla, viniera a visitar mi fragata y gente, lo cual hizo según y como consta por el registro, ser fiel y verdadero como adelante se dirá. = Francisco de Ortega.

En el Puerto de Mazatlan en 20 días del mes de mayo de 1633 años, Don Juan de Arriaran, Justicia Mayor del pueblo de Mazatlan y Capitán a Guerra del río de Piastla por S. M. en este Reino de la Nueva Vizcaya: Atento de que no cese la administración de la Real Justicia en todos los casos y causas que se pueden ofrecer en toda esta Jurisdición, no hay Escribano público ni Real, ante quien pueden pasar los autos de mi Juzgado tenga necesidad de nombrar a personas en quien concurran las calidades del derecho, fidelidad y secreto, para que ejerza el dicho oficio de Escribano entendiendo que en la persona de Juan de Herrera, vecino de esta dicha Jurisdición, concurren las calidades arriba referidas, en nombre de S. M. y de su Real Servicio, elijo y nombro al dicho, por mi Escribano nombrado, y mando acepte el dicho oficio, y haga la solemnidad del juramento; y así juró y hizo una cruz en forma, que usará bien y fielmente el dicho oficio a todo su legal saber y entender y guardar secreto a las partes y casos que deba, a la solución del juramento; y el dicho, dijo: si juro, amen; y visto por mí, el dicho Justicia Mayor la aceptación y juramento, dijo, que le discirnía y discirnió el dicho oficio dando poder y facultad para usarle, mandando que en todos los autos y escritos que ante él pasaren en juicio y fuera dél, se le dé fe y crédito, y interponiendo toda la Autoridad Real a mi dada y decreto judicial, y lo firme y el dicho Juan de Herrera, siendo testigos, el Alferez Juan Pardo y Rodrigo Pardo y Martin Hernandez, vecinos y estantes en esta Jurisdición. = Don Juan de Arriaran. = Juan de Herrera.

En el puerto de San Juan de Mazatlan en 6 días del mes de abril de 1633 años. Don Juan de Arriaran, Justicia Mayor del pueblo de Mazatlan y Capitán a Guerra del río de Piastla y su partido, por el Rey Nuestro Señor y porque soy requerido del Capitán Francisco de Ortega dueño de la fragata de la Madre Luisa de la Asención, Cabo de los soldados y marineros, grumetes y demás compañeros que al presente están en este dicho puerto, para ir en prosecución de la demarcación de los Reinos de California, por Comisión del Exmo. Señor Don Rodrigo Pacheco Osorio, Virrey y Capitán General de la Nueva España, y por haberme presentado la dicha comisión por el requerimiento hecho le visitase la dicha fragata, gente y bastimentos, pertrechos, según y como se usa, y diese licencia para salir del puerto y preguntándole al dicho Capitán Francisco de Ortega, a que había venido, dijo: que el año pasado de 1632 arribó al puerto y bahía de Barucaichilato, Jurisdición de Sinaloa, viniendo a los Reinos de la California, de la demarcación de los puertos y bahías, ensenadas, por Comisión y licencia del Exmo. Señor Marqués de Cerralbo, y estando en el dicho puerto y bahía de Barbaichilato, le fué mandado, fuera a dar aviso con su fragata a los naos que vienen de Filipinas, y habiendo cumplido con el dicho aviso y órdenes, volviendo de vuelta para la Nueva España, entró en este puerto y bahía de Mazatlan, a donde al presente ha tomado bastimentos y avío necesario para volver a proseguir el dicho viaje y demarcación, segun y como conviene al Servicio de S. M.; y como al presente corren buenos vientos para poder navegar estos mares, y atravesar a las Californias, me pidió la visitase segun y como tengo dicho, y visto por mí, ser al Servicio de S. M., hice la visita y mandé dar traslado della, para en guarda de su derecho. = Don Juan de Arriaran. = Ante mí, Juan de Herrera, Escribano nombrado.

Y vista la licencia y Comisión del Excelentísimo Señor Don Rodrigo Pacheco Osorio, Marqués de Cerralbo, del Consejo de Guerra, Virrey y Lugarteniente del Rey Nuestro Señor, y Capitán Gneral de la Nueva España y Presidente de la Audiencia y Chancillería Real que en ella reside, es su tenor el siguiente.

Nota
"La Real Cédula que aquí cita, está comprendida en la relación del primer viaje, por cuya causa se omite en esta."

Vista y leída por mí, la dicha Comisión, y por ser cosa al Servicio de S. M., visité la dicha fragata, y hice la dicha visita entrando en ella según y como se sigue. Primeramente hallé la fragata dando carena, aprestada con dos esquifaçones de velas nuevas, y las jarcias y cables nuevos; dos rezones grandes de seis arrobas el uno, y el otro de ocho; un anclote de cuatro quintales; y un rastro de hierro de peso de seis arrobas; dos rastros pequeños; los cuales dijo el dicho Capitán Francisco de Ortega que eran para rastrear los fondos de los puertos y bahías y comederos de perlas; asimismo registró una campana de madera y plomo nuevo, arbitrio del dicho Capitán, para que pueda estar una y dos personas dentro della sin ahogarse debajo del agua al fondo; y asimismo registró un chinchorro para pescar pescado para dar de comer a la gente; asimismo registró cuatro cajones de hachas, machetes, cuchillos, jiferos, cuentas marinas, granates, peines, listones, quipiles, naguas y otros géneros de rescates, los cuales dijo llevaba para dar y repartir con los indios de las Californias para acariciarlos y granjear sus amistades; y dijo que todo lo susodicho le costó muy grande cantidad de pesos, en la ciudad de México. Y entrando yo, el dicho Don Juan de Arriaran debajo de escotilla, juntamente con mi Escribano nombrado, se manifestaron cien fanegas de maíz y cincuenta quintales de bizcocho, ciento y cincuenta arrobas de carne, dos cajones de chocolate, veinte arrobas de azúcar, dos cajas de conserva y otras cosas de regalos para los enfermos y necesidades; doce botijas de aceite, una caja de medicinas, un barril de vino de Castilla para decir misa, dos arrobas de candelas, seis barriles de vino de mescale, dos barriles de vino de cocos y un barril de vinagre, una carga de jabón, un cajón de zapatos para la gente, y otros cuatro cajones de velas de sebo para la bitácora, doscientos y cincuenta quesos, cincuenta botijas de agua y treinta barriles de agua y una carga de sal; diez arrobas de plomo, dos cajones de brea, dos quintales de pólvora, diez mosquetes, diez arcabuces de cuerda, un tercio de cuerda para los arcabuces y mosquetes, dos quintales de munición demás del plomo referido; seis arrobas de estopa, docientas gallinas, diez carneros, todo lo cual yo el dicho Juez y Escribano damos fe.

Luego incontinente tomando muestra de la gente y armas, salieron marchando en orden y capitaneando y ordenando el dicho Capitán y Cabo, Francisco de Ortega segun y como se sigue.

Primeramente el Capitán Francisco de Ortega, con su arcabuz de rastrillo, peto acerado, adarga, cuera, cota, espada y daga, el cual dijo ser natural de la villa de Cedillo del Reino de Toledo, vecino de México.

El Licenciado Diego de la Nava, clérigo Presbítero, cura nombrado por el Ilustrísimo Señor Leones de Cervantes, Obispo de Guadalajara, con su ornamento y aderezo para decir misa; dijo ser natural de Valdepeñas de la Mancha, Reino de Castilla y vecino de Guadalajara.

El Bachiller Juan de Zuñiga, clérigo Presbítero en compañía del dicho Licenciado Diego de la Nava; dijo ser natural de México, vecino de Querétaro, en las Indias.

Diego de Cañedo, natural de Béjar, de Castilla la Vieja, aviador y maestro de primero y segundo viaje; soldado, con su arcabuz y rastrillo, peto acerado, chimalquera, cota, espada y daga, vecino de México.

Jusepe Maldonado, aviador de ambos a dos viajes, soldado, natural de la ciudad de México, con su arcabuz, jubón, fuerte, cuera y cota, espada y daga y chimal.

Antonio Mayor de la ciudad de Barcelona, de los Reinos de España y vecino de la ciudad de México. Escribano nombrado, y familiar del Santo Oficio de la Inquisición, soldado, con su arcabuz de rastrillo, coleto, fuerte y adarga, espada y daga.

Hernando de Ortega, dijo ser primo del Capitán Francisco de Ortega, Alferez nombrado por el dicho viaje, con su bandera y todo género de armas, natural del Reino de Toledo de la villa de Cedillo, que es entre Toledo y Madrid.

Pedro de Robles Saravia, Sargento nombrado para este viaje con su alabarda y todo género de armas, natural de los Reinos de Castílla, de los Reinos de Guevara en las montañas de Burgos, vecino de Salaya.

Alonso de Ortega, Alferez reformado que al presente sirve plaza de soldado, natural de los Reinos de Castilla, de la villa de Güebar en la Jarafe de Sevilla, vecino de Querétaro con su arcabuz y todo género de armas.

Juan de Oliva, Alferez reformado, plaza de soldado, natural de la ciudad de Tarifa en España, con arcabuz de rastrillo, y todo género de armas, cuera, cota, jimal, espada y daga, vecino de Caponeta.

Francisco Lopez Pico, vecino y natural de las Asturias, vecino de Tepique, soldado con arcabuz de rastrillo, adarga, cota y cuera, espada y daga.

Gaspar de Robles, natural de Sevilla, con arcabuz y todas armas, vecino de Guadalajara.

Don Martín de Orostegui, natural de los Reinos del Perú, soldado con arcabuz de rastrillo y demás armas; dijo ser vecino de la Puebla.

Jerónimo Diaz de la Lamo, natural de la villa de Cedillo en el Reino de Toledo, con arcabuz de rastrillo y demás armas.

Nicolás de Olmedo, vecino y natural de la villa de la Puebla de los Angeles, soldado con su arcabuz de rastrillo, cuera, cota, espada y daga.

Alonso de Torres, Sargento reformado, natural de la Jarafe de Sevilla, con su arcabuz de rastrillo, cota y cuera, espada y daga, vecino de Mazatlan.

Juan de Ayala, natural de Madrid y vecino de México, soldado con arcabuz de rastrillo, cota y cuera, espada y daga.

Diego Lopez Brito, natural de Compostela de la Nueva Galícia, soldado con arcabuz y sus armas.

Benito de Acuña, natural de San Lucar de Barrameda, soldado y marinero con su arcabuz y demás armas.

Josef Ruiz, natural de México y vecino de Tepique, soldado con su arcabuz de rastrillo y demás armas.

Salvador de los Reyes, soldado, natural de Sevilla, con su arcabuz de rastrillo, cuera, cota, espada y daga.

Diego de Castro, natural de Sevilla, soldado con arcabuz y demás armas.

Pedro de la Higuera, Alferez reformado, soldado, natural de la Mancha de Toledo, con arcabuz y demás armas.

Custodio de la Higuera, soldado, natural del Reino de Toledo y vecíno de Tepique, con todas armas.

Luis de Cabrera, natural de Jerez de la Frontera, soldado con arcabuz de rastrillo, adarga, espada y daga.

Diego de Miranda, soldado y barbero del dicho viaje, con arcabuz, jimal, espada y daga, natural de Guautitlan, vecino de México.

Juan de Morales, soldado y ensayador de metales, con su arcabuz, adarga, cota y espada y daga, natural de México, vecino de Cuyacan.

Marcos Ortiz, soldado y buzo, natural de la Margarita, con arcabuz de rastrillo, espada y daga.

Marcos de Gües, soldado, natural de Zaragoza del Reino de Aragón con arcabuz, cota, güera y chimal.

Francisco de Escamilla, soldado, natural de Carmona, con todas armas.

Felipe de Meneses, atambor y buzo, negro, natural de la Margarita.

Marineros
Bartolomé de Terrazas, natural de Triana, con todos sus aparejos necesarios, para su oficio; con arcabuz de rastrillo y cota, espada y daga.

Cosme Lorenzo, Ayudante de Piloto y marinero, con arcabuz, chimal y espada y daga, natural del Condado de San Lucar de Guadiana.

Francisco Ruiz, Contramaestre, vecino de México, natural de Utrera, con su arcabuz, cuera, espada y daga.

Nicolás Martín, marinero con su arcabuz, cota espada y daga, de Villafranca de Saboya.

Juan Tomás, natural de Córcega, y vecino de México con su arcabuz y cuera y chimal, espada y daga.

Andrés Ramos, natural de Lisboa con arcabuz, espada y daga.

Hernando Morera, natural de Lisboa, con su arcabuz espada y daga y cuera.

Francisco de Leon, natural de Suchimillco.

Nicolás Perez, grumete, natural del pueblo de Querétaro.

Diego Sanchez, grumete, natural de San Lucar.

Alonso Gómez, grumete, natural de Cadiz.

Mozas de servicio
Juana Barron, mujer de Francisco de Escamilla.

Agustina Pascuala, natural de Culiacan.

Pascuala Hernandez, mulata, esclava del Padre Nava.

Y habiendo hecho la dicha lista y pasado muestra de la gente que van embarcados en la dicha fragata, como a las ocho de la mañana, día de la Natividad de la Madre de Dios, a 8 de septiembre, se hizo a la vela estando yo presente en este dicho puerto, de que doy fe y verdadero testimonio, habiendo dado primero y ante todas cosas traslado, y así de lo uno como de lo otro sacado a la letra del original que queda en el archivo de la Jurisdición autorizado de mi Escribano nombrado, en forma para que en todo tiempo conste, y lo firmamos siendo testigos, el Licenciado Pablo de Rivera, cura y Beneficiado de Mazatlan, y el Alferez Juan Pardo y Martín Hernandez y Francisco Martín, todos vecinos de este dicho pueblo, estando todos presentes en la dicha visita y lista, fecho ut supra.

Corregido este dicho traslado, se le entregó al dicho Capitán Francisco de Ortega para que lo presente ante S. E. según y como manda en su Real Comisión; e interpongo toda la autoridad a mí dada, según y como conviene de fe de registros, y lo firmé dicho día. = Don Juan de Arriaran. = Ante mí, Juan de Herrera, Escribano nombrado.

En el puerto y ensenada de San Juan de Mazatlan, en 20 días del mes de Agosto, de 1633 años, el Capitán Francisco de Ortega, dueño de la fragata nombrada la Madre Luisa de la Asención y Cabo, por el Excmo. Señor Don Rodrigo Pacheco Osorio, Marqués de Cerralbo, Virrey, Gobernador y Capitán General de estos Reinos de la Nueva España, para que en nombre de S. M. prosiga el descubrimiento comenzado, viaje, demarcaciones de los ríos de las Californias; y estando de partida para los dichos Reinos, con los compañeros soldados y marineros, tengo necesidad de nombrar Escribano por no haber público ni real, ante quien puedan pasar las causas, autos y escritos, así civiles como criminales, a usanza de guerra, que en la prosecución del dicho viaje puedan suceder; y para el dicho oficio tengo necesidad de persona en quien concurran las calidades de suficiencia y legalidad, secreto; y por tener entendido que en la persona de Antonio Mayor y Corbera, familiar del Santo Oficio, caben y concurren las dichas calidades para poder ejercer el dicho oficio, y para que no cese la Real Justicia en nombre de S. M. y de su Real Servicio, elijo y nombro por Escribano del dicho viaje y demarcación, al dicho Antonio Mayor, y mando acepte el dicho oficio y haga la solemnidad del juramento. Dijo, que lo aceptaba; y aceptó y juró a Dios y a una Cruz en forma, de usar bien y fielmente a su legal y leal saber y entender, y de guardar el secreto de las causas y casos que deba a la absolución del dicho juramento: Dijo, si juro. Y por mi visto, el dicho Capitán Francisco de Ortega, la aceptación del juramento, por la facultad de mi Comisión Real, usando della, instituyo el dicho oficio discirniendo la plenaria potestad a mí dada en los casos referidos, para poder usarle en la dicha jornada y demarcación; y mando que en todos los autos y escritos tocantes en este viaje, que ante el dicho Antonio Mayor pasaren, se les de entera fe y crédito en juicio y fuera dél, interponiendo toda la autoridad de mi Real Comisión, y lo firmé con el dicho Antonio Mayor, siendo testigo Diego de Cañedo, aviador, y Bartolomé de Terrazas, Piloto de la dicha demarcación y el Sargento, Pedro de Robles Saravia y Francisco Ruiz. = Francisco de Ortega. = Antonio Mayor y Corbera.

Digo yo, el Capitán Francisco de Ortega, que declaro, que el Capitán Juan García de Mercado, es uno de los armadores que en este viaje me han ayudado con cantidad de hacienda, y porque no va puesto en esta lista y visita, fué por haber quedado en servicio de Su Excelencia, no pudo venir a esta jornada; así lo certifico y firmé, siendo testigo Diego de Cañedo, armador de este viaje y Bartolorné de Terrazas, Piloto y Cosme Lorenzo, su Ayudante. = Francisco de Orega. = Ante mí, Antonio Mayor, Escribano nombrado. Usando yo, el sobredicho Escribano nombrado, de la autoridad dada para autenticar la relación que ha de ir inserta para el descargo del sobredicho Capitán Francisco de Ortega, por lo que le ha sido mandado por la Real Provision de V. E. La cual es la que sigue.

En nombre de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, salimos del puerto de Mazatlan, día de Nuestra Señora de Septiembre del año de mil seiscientos y treinta y tres años, despues que Bartolomé de Tarrazas, Piloto, y su Ayudante, hubieron pesado el sol, hallaron que están en 24 grados de altura; las señas y calidades de este puerto no se ponen de esta demarcación por haber remitido otra a V. E. en que doy cuenta de todo lo que demarqué y son dé la primera demarcación, que fué, hasta el puerto de Nuestra Señora de la Paz, y a mas altura hasta 27 grados. Esta demarcación será tan solamente de este siguiente viaje, y navegando vía recta para las Californias desde el dicho puerto de Masatlan, siguiendo el rumbo de uesnorueste, hasta llegar a reconocer la Isla de Cerralbo, entramos en un puerto de la dicha isla, que está a la banda del Ueste, y hace abrigo; a este puerto, le pusimos San Miguel, por nombre; en él aguardamos la conjunción de la luna por los nortes que reinaban, y pasada la conjunción, fuímos vía recta al Puerto de la Paz costeando la Isla del Espíritu Santo y dando fondo en la dicha isla, a la cabeza que hace al Sur, fueron a tierra ocho soldados por agua, y otro día de mañana, en cuatro días del mes de octubre, nos hicimos a la vela y gobernando a la vuelta del Sur, llegamos a tierra firme que está a dos leguas de la dicha isla, y entrando por la boca de la bahía, a la banda del Este, hace un puerto abrigado de todos los vientos, al cual pusimos por nombre San Francisco Javier; tiene la entrada este dicho puerto, Ueste; es suficiente para cualquier navio; y saliendo de este dicho puerto y navegando por la dicha bahía al Sur, hallamos otro puerto, que está tambien a la banda del Este que hace dos bocas por tener una isla pequeña atravesada a la entrada, al cual pusimos por nómbre, San Ignacio de Loyola; es puerto abrigado de todos los vientos y suficiente para cualquier navío; habiendo dado fondo en este dicho puerto, llegaron a bordo indios con balsillas y nos trujeron perlas acanaladas y ahumadas, y por ellas, les dimos cuchillos. Hay en este puerto muchas conchas de nácar en tierra, y vistas las dichas conchas, entraron en el barco tres buzos que para el efecto se trujeron y mandándoles catear y buscar, hallaron que todo el puerto está de conchas de nácar; y de las conchas que los dichos buzos sacaron, hallaron ser muy buenas, y en ellas se halló perla de diez quilates y las demás, de muy buen género y oriente.

Y habiendo estado en este puerto un día, salimos prosiguiendo el dicho rumbo, y a una legua poco mas, hay otra isla redonda; tendrá media legua de boj, poco más; pusímosle por nombre, la isla de San Pedro, está pegada a tierra firme, y entre esta isla y la tierra firme, hay un puerto razonable, hondable; le pusimos por nombre el Puerto de San Pedro. En este puerto y paraje, está una ranchería de indios muy amigables; desde este puerto corre una isla apegada a tierra que la divide un estero; tendrá dos leguas de boj; y habiendo dado fondo en esta dicha isla a la cabeza que hace la banda del Sur, hallamos en tierra que había muchas conchas de nácar y una salina, la cual fué puesta en la primera demarcación y mandando entrar los buzos en el barco, para sondar y buscar, hallaron un placer muy bueno de conchas de nácar, y de las que se sacaron, vimos ser perlado, y los granos que se sacaron fueron de muy buen oriente y entre ellos hubo grano de cinco quilates, y otros muy buenos géneros, de dos y tres quilates y pedrería; y habiendo estado en este paraje y descubierto este comedero, siguiendo nuestra derrota al Sur, llegamos al Puerto de la Paz en siete días del mes de octubre, y nos salieron a recibir muchos indios, trayéndonos frutas de la tierra y algunas perlas quemadas y acanaladas, las cuales nos las dieron a cuenta de cuchillos y rescates; hay en esta bahía muy buena agua y cantidad de leña; aquí desembarcó toda la gente y reconociendo los indios el amistad y agasajo que les hacíamos, nos dijeron por señas a donde podíamos hacer alto y ranchearnos, como lo hicimos, donde se hizo un jacal para que los sacerdotes dijesen misa todo el tiempo que habíamos de estar en este paraje, y fué a donde el viaje pasado tomó la posesión el Licenciado Diego de la Nava por la Catedral de Guadalajara. Habiendo estado en este puerto cuatro días, salió el Capitán Francisco de Ortega, con el barco y los tres buzos y el Ayudante de Piloto para sondar toda la bahía y buscar comederos de perlas. El primero que se halló, fué enfrente de este rancho, muy bueno y perlado, de muy buen genero de perlas; a este comedero le pusimos por nombre la Paz; y saliendo por la bahía y habiendo llegado enfrente del puerto de San Ignacio de Loyola, descubrimos un cayo anegado, un cuarto de legua de tierra firme, y a la redonda de este dicho cayo, hallamos un comedero de perlas de muy buenos géneros; pusímosle por nombre, el comedero de la Barca, por parecer los peñascos que salen sobre el agua, una barca; y saliendo de la dicha bahía a la vuelta del Sur, hallamos muchos indios en la playa y nos dieron algunos granos de perlas quemadas y acanaladas, fruta y pescado; dímosles cuchillos y otros rescates; estos indios se embarcaron en el barco y nos llevaron donde hay comedero y conchas de perlas y muy poblado; a este comedero le pusimos por nombre, la Playa Honda y es muy grande; y habiendo estado un día con los indios, atravesamos a la del Espíritu Santo, que está a dos leguas de la tierra firme como tengo dicho, y habiendo dado fondo en la dicha isla, a la parte del Sur, vinieron a nosotros cantidad de indios y nos trujeron perlas muy buenas, que a no estar ahumadas y acanaladas valían muchos ducados porque hubo perla; de más de veinte quilates; y habiéndoles dado, hachas, cuchillos y otros rescates, se fueron muy contentos; en este paraje nos mostraron los dichos indios de a donde sacaban las conchas; yendo con nuestros buzos a probarlo y catearlo, hallamos muy buenos granos de perlas de todos géneros; a este comedero le pusimos por nombre, San Lucas; tiene de boj mas de cuatro leguas, está poblada de manchones. Desde este paraje nos volvimos al Puerto de la Paz, donde estaban los compañeros de la fragata, y llegados al dicho Puerto de la Paz, el Capitán Francisco de Ortega juntó todos los soldados y marineros para traer y comunicar aquello que mas convenía al Servicio de Dios y de S. M., y mandó leer la Real Provisión, y vista y oída por todos, se acordó de que la fragata saliese del puerto con los marineros y Piloto y Vicario, Diego de la Nava y Escribano y los tres buzos, en compañía del Capitán Francisco de Ortega, para ir a hacer demarcacion y buscar comederos, y que la demás gente se quedase en el Puerto de la Paz, por requerimiento que hicieron Piloto y marineros, diciendo que no podía ir a hacer la demarcación con tanta gente por ser los tiempos que en esta costa corren, muy rigurosos y comenzar el tiempo de aguas cuando llegamos a esta costa; y pareciendo este requerimiento ser justo, nombrose por Cabo de los soldados y compañero, a Diego de Cañedo uno de los armadores de este viaje, dejando en su compañía el Bachiller Juan de Zuñiga, con licencia y acuerdo del Bachiller Diego de la Nava, y veinte y ocho personas muy bien pertrechadas de armas, municiones y bastimentos necesarios; e visto por los indios de este puerto que nos queríamos ir con la fragata, se entristecieron mucho y vino el rey dellos, Bocari, con todos sus capitanes a rogarnos que no nos fuéramos; el Capitán Francisco de Ortega les dió a entender como dejaba con ellos a sus hijos con el barco y que los regalarían y darían cuchillos y rescates, como lo hizo entonces; el Bacari y capitanes, quedaron muy contentos por estar amparados de nosotros, por causa que estos dichos indios, tienen guerra con otros que habitan a la costa del Poniente, que los llaman Guacicuros; ordenado y dado órdenes referidas, salimos del puerto de Nuestra Señora de la Paz en veinte y dos días del mes de octubre de este año de mil y seiscientos y treinta y tres años, para proseguir con la demarcación comenzada y costeando, la costa del Ueste de esta bahía, llegamos al remate della; tendrá 20 leguas de ensenada, y al cabo remate della, está una isla que tendrá 6 leguas de boj; dimos fondo en 24 días de este presente mes de octubre, a la banda de Ueste, y acabando de dar fondo, bajaron por las sierras, indios diciendo: capitán amigo, boo; que son perlas; y nadando llegaron abordo y nos dieron muchos granos de perlas muy buenas, salvo el ser ahumadas y acanaladas; hubo entre ellas perlas de mas de quince quilates; estos indios son muy amigables amigos de los del Puerto de la Paz, todos hablan una lengua; y habiendo estado con ellos un día, nos dijeron que fuéramos a una isla muy grande; a esta isla donde hallamos a estos indios, le pusimos por nombre, San Simon y Judas; esta isla está, de la isla grande, una legua del Norte a Sur, está en altura de 26 grados; estos indios nos llevaron a un comedero que hay antes de llegar a la isla grande y probándolo con nuestros buzos, se halló ser perlado y de muy buenos géneros; este comedero está arrimado a un cayo, le pusimos por nombre, la fuerza de San Josef; este es de los mejores comederos que hasta aquí se han descubierto; está entre las islas de los Apóstoles y la isla que se sigue llamada San Josef; está este comedero de tierra firme, tres leguas y habiendo estado en este cayo y comedero, cuatro días surto, aguardando tiempo, fuímos con la chalupa y los buzos, a la isla grande dicha; es isla que tendrá de boj sesenta leguas; está de tierra firme dos leguas; en esta dicha isla a la banda del Ueste, hace un gran puerto; en la boca y entrada della, están dos cayos atravesados, y entrando dentro del puerto con la chalupa, hallamos muchos indios de la lengua y calidad de los del Puerto de la Paz; esta bahía tiene de boj, cuatro leguas, y los indios naturales nos llevaron a un comedero que está dentro de la dicha bahía; tendrá dos leguas de placer, catando y buceando los buzos y naturales, sacaron conchas y en ellas perlas, de muchos géneros y junto de la dicha bahía en la playa, hay muchos pozos de agua dulce muy buena, y cantidad de leña y arboledas; está esta isla en altura de 27 grados el remate della a la banda del Norte. Salimos de esta isla a la banda del Norte habiendo pesado el sol, en 28 días del mes de octubre, fuímosla costeando la vuelta del Norte; llegamos a dos islas que está la una de la otra una legua; les pusimos por nombre, las Islas de las Animas; está cinco leguas de tierra firme, tendrá la primera dellas, ocho leguas de boj y la otra, diez; en estas islas no saltamos en tierra porque el viento no nos dió lugar. Entre la isla de San Josef y estas dos islas de las Animas a la banda del Ueste, hace la tierra firme una muy grande bahía y ensenada, abrigada de los vientos que ordinariamente corren en esta costa, que son ueste y norueste y norte; tendrá esta ensenada de punta a punta, mas de veinte leguas; corre de Norte a Sur, de la una a la otra punta; es muy fértil de arboleda y estas dichas islas corren de Norte a Sur; y costeando y navegando la costa hacia el Norte llegamos a una isla que está ocho leguas de las Animas y seis, de tierra firme, y habiendo llegado a ella, no hallamos gente alguna, y en ella pesó el sol el Piloto, halló que estábamos en altura de 27 grados y medio, poco mas; a esta isla se le puso por nombre, San Diego; tendrá de boj veinte leguas; no pudimos dar fondo en ella, por la fuerza de los vientos, y siguiendo nuestra derrota llegamos a otra isla que está apartada de la de San Diego a la vuelta del Norte, diez leguas, a la cual le pusimos por nombre, Santa Cruz; dimos fondo y no hallamos gente en ella, aunque hay conchas de nácar; los indios de la tierra firme se pasan a esta dicha isla a pescar; y de la banda y cabeza del Sur, hallamos un comedero perlado, el cual se llamó, el comedero de Santa Cruz; y habiendo costeado toda esta isla, navegamos la vuelta del Norte y pegado a tierra firme, hay muchos islotes y islas anegadas, que sino es de bajamar no se pueden ver, a cuya causa no se puede navegar entre las islas y tierra firme sino es de día, y con mucho cuidado; en la tierra firme hay una punta tajada y muy alta al cual pusimos por nombre, la Punta de las Encubiertas; y navegando al Norte llegamos a dos islotes que está el uno del otro un tiro de arcabuz; les pusimos por nombre, los Ladrones; entre estos islotes hay comederos de perlas buenas; no tienen abrigo ninguno y volviendo hacia tierra firme a una legua, está una isla pequeña, a la cual le pusimos por nombre, Isla de Alcatraces por los muchos que había en ella; aquí se halló comederos de perlas, le pusimos por nombre, el comedero de los Alcatraces; enfrente de esta isla hace una ensenada la tierra firme, la cual es de mucha arboleda; son unas serranías muy altas y amotadas; aquí saltamos en tierra y subiendo a un cerro alto el Capitán y Vicario, se vieron cantidad de cabras monteses andar en manadas, y volviéndose a la fragata a embarcar, se halló un muy grande rimero de conchas de nácar, y se hizo diligencia y se buscó junto donde estaba la fragata; sacáronse conchas y en ellas perlas; y por temer los tiempos, por estar descubiertos de los vientos norueste y norte, no pudimos hacer mas diligencia en este paraje, nos hicimos a la vela; y en esta ensenada, está una isla pequeña que la pusimos San Carlos Borromeo; tendrá una legua de boj; junto a esta isla, están dos cayos a la banda del nordeste, donde se buceó y se hallaron muy buenas perlas y se le puso por nombre, el comedero de San Carlos Borromeo. Estos cayos y la isla de San Carlos y la isla de Santa Cruz están del Ueste al Este, en altura de 28 grados y medio, y navegando por la dicha ensenada, está una isla a ocho leguas de la San Carlos Borromeo, pelada y amogotada, a la cual pusimos por nombre, Nuestra Señora de Monserrate, la cual está apegada a la tierra firme; tendrá de boj, ocho leguas, corre de Norte a Sur; y navegando la vuelta del Norte a dos leguas de esta Isla de Monserrate, está una isla muy grande a la cual saltamos en tierra, y hallamos muy grande cantidad de conchas de nácar, que la resaca las echa fuera, y en ella hallamos indios, los cuales llegaron a nosotros temblando; son de diferente nación y lengua que los demás que hasta aquí habíamos visto en este viaje y demarcación; nos dieron pescado asado y no nos entendieron palabra ninguna de la lengua que les hablábamos del Puerto de la Paz, y según lo que con nosotros hicieron, dieron a entender, no haber visto españoles jamás; enseñándoles a estos dichos indios las perlas, no las conocieron, ni comen el ostion de las conchas por no ser su comida, por tener en esta isla y tierra firme mucho sustento; y embarcando los buzos en la chalupa, fuímos costeando y buscando, y en una punta que hace cabeza a la banda del Sur, hallamos un comedero muy poblado de conchería y perlado, a la rodilla; sacaron conchas y perlas en ellas; este comedero está muy poblado hasta seis brazas, al cual le pusimos por nombre, Nuestra Señora del Carmen; y en la dicha cabeza y punta, hay una buena bahía; a esta Isla del Carmen, la bogueamos toda; nos pareció que tendrá de boj, ciento y veinte leguas poco mas o menos; en ella se pesó el sol y hallamos que está en veinte y nueve grados; y por la banda de tierra firme, está una isla pequeña apegada a la tierra firme; hace una bahía muy hondable y al remate della, hay muchas carrizales que tienen agua; a esta bahía le pusimos por nombre, de los Danzantes, porque los indios que hallamos en la dicha bahía nos volvieron a recibir danzando y tocando flautas hechas de cañas; es gente mas belicosa que la del Puerto de la Paz; aquí hicimos aguada en una alberca grande que hay; esta alberca es agua de pié para todo el año; y saltando el Capitán a tierra y toda la demás gente y cariciando los indios, llegaron a juntarse con nosotros y admirados de vernos, llegando a tentarnos y tocarnos las barbas, haciendo muchos extremos, como cosa que en su vida habían visto; son indios muy dispuestos; dímosles algunos rescates; estos indios no tienen perlas porque son, como los de la Isla del Carmen; son en muy grande número los habitadores de estas playas, porque todas ellas estaban cubiertas de indios. Y saliendo de la dicha bahía, volvimos a la isla que está a la boca della, y dimos fondo y saltamos a tierra, y en la playa hallamos muchas conchas de nácar; mandamos a los buzos cartear y buscar, sacaron conchas de nácar y dellas sacaron perlas muy buenas y todos géneros; a esta isla y comedero le pusimos por nombre, de las Pitahayas, porque las hay en esta isla muy buenas, y saliendo de esta isla a la vuelta del Norte a doce leguas, está una isla redonda, a la cúal le pusimos, la Isla de los Coronados; tendrá esta isla, diez leguas de boj; y navegando la vuelta del Norte a catorce leguas de esta isla, hallamos otra isla, que le pusimos San lldefonso; está de tierra firme cuatro leguas y tendrá de boj, veinte leguas; está poblada de gente; en altura de treinta y un grados y medio, está esta isla. Y prosiguiendo nuestra derrota y reconociendo nuestra derrota y tierra firme, desde la Isla de los Coronados, no hallamos conchas; y habiendo salido como cosa de seis leguas mas adelante de la isla de San Ildefonso, volvimos a arribar a ella por un viento Norte que nos dió, y de arribada a la dicha isla, vimos la tierra firme de Sinaloa de esta Nueva España; juzgamos había veinte leguas poco mas o menos; hase de advertir y entender, que todas estas islas referidas en esta demarcación viniendo de la Nueva España de mar en fuera, no se ve ninguna isla, por ser la tierra firme tan alta y estar ellas tan apegadas a tierra, salvo la Isla de Cerralbo que se ve de mar en fuera por ser mas alta que la tierra del Puerto de la Paz; y habiendo hecho la demarcación dicha, y estar entablados los vientos norte y norueste, volvimos a navegar hacia el Puerto de la Paz, donde habíamos dejado nuestros compañeros, y llegando a vista del dicho Puerto de la Paz, llegamos a dar fondo a la Isla del Espíritu Santo; y entrando los buzos en la chalupa en una punta que hace la dicha isla de la banda del norueste, mas acá del Puerto del Gato, se halló un comedero perlado de muy buen género, le pusimos por nombre, el comedero de la Punta; y habiendo estado un día en él, seguimos nuestra derrota, costeando la dicha isla, hallamos una isla pequeña, redonda, de la banda del Ueste apegada a tierra; hallamos un comedero muy bueno perlado, le pusimos por nombre, de la Ballena; y haciéndonos a la vela costeando la isla, vimos una ensenada y bahía; dimos fondo y entrando en la canoa los buzos y catearon, buscaron y hallaron, un placer muy bueno; sacaron conchas y dellas muy buenas perlas; llamose, el comedero de la Ensenada. Y haciéndonos a la vela costeando, llegamos a la punta donde está el comedero de San Lucas, y pasando de largo yendo costeando la vuelta del Este, a dos leguas del dicho comedero, dimos fondo y pareciendo que el paraje era de conchas, saltaron los buzos de la canoa y bucearon y sacaron conchas, y en ellas algunas perlas; a este comedero le pusimos por nombre, la Madre de Dios del Rosario; y otro día por la mañana entramos en el Puerto de la Paz, y habiendo dado fondo en el dicho puerto, salieron nuestros compañeros a recibirnos, y muchos indios de los amigos, diciendo: Capitán, yo cristiano; y preguntando al Capitán Francisco de Ortega, que novedad era aquella de los indios, en lo que decían de cristiano, respondió el Bachiller Juan de Zuñiga, que el rey Bacari y el príncipe, su hijo y toda su familia y algunos de los capitanes, habían pedido el agua del Santo Bautismo y querían ser cristianos y que habían bautizado ciento y seis personas de los mas principales y entre ellos, muchos niños; y pareciéndole al Capitán Francisco de Ortega y al Licenciado Diego de la Nava, que había sido mal hecho y con poco acuerdo, por no tenerlos catequizados y falto de licencia, respondió a lo dicho, el Bachiller Juan de Zuñiga, que era permitido bautizar a los reyes y capitanes, que así lo disponían los Santos Cánones; esta es la respuesta y descargo que el dicho dió, en esta duda. Visto por el dicho Capitán Francisco de Ortega lo hecho, determinó hacer un Fuerte en que poderse reparar y tener los bastimentos, para poder dar aviso al Señor Virrey de la Nueva España de todo lo subcedido, lo cual se hizo, y se despachó la fragata a la Provincia de Sinaloa por bastimentos, y habiendo hecho el dicho despacho y visto los indios que habíamos hecho Fuerte, se vinieron arranchar junto a nosotros por el miedo que tienen a los guaycuros. Estas guerras que tienen estos indios, es por unas pesquerías y paraje donde se acoje mucho tabaco y camotes que es una raíz como batatas de España. A dos días del mes de diciembre salió de este real, el principe Conichi, hijo del Bacari, rey de esta tierra, a quien se le puso por nombre Don Juan, en el Santo Bautismo, y habiendo llevado consigo mas de doscientos indios a las pesquerías y comederos dichos, a los ocho días, estando durmiendo él y los compañeros le dió una algazara y asalto el rey de los guaycuros, en el cual mataron al dicho Conichi y a su mujer y a un hijo de edad de dos años, que estaba bautizado; murieron con ellos mas de treinta personas y entre ellos algunas mujeres y niños. Trujeron a este real, donde están los españoles, al príncipe muerto y a su mujer y hijo, adonde estaba su padre poblado; y después de amortajados y puestos en sus andas, avisó el Bacari a todas las poblaciones y rancherías mas cercanas, y habiéndose juntado muy grande número de indios, le estuvieron llorando de noche y de día, que se oía el llanto y gritería mas de una legua, y habiendo estado tres días en las andas, llamó el Bacari al Capitán Francisco de Ortega y a toda su gente y a dos sacerdotes para que estuviesen presentes al enterrar su hijo, lo cual se hizo con mucha solemnidad como a cristianos que eran, y fueron tantas las lástimas que hacían, que quebrantaban los corazones a los circunstantes, y acabado de hacer el entierro, el Capitán Francisco de Ortega, llevó al Bacari al Fuerte y a los capitanes, a donde fueron consolados, diciéndoles que él y su gente estaban dispuestos para defenderlos en nombre de S. M. el Rey Nuestro Señor de las Españas, cuyos vasallos somos, y habiéndoles dado algunos regalos, el Bacari pidió al Capitán le diera seis hachas de cortar madera; con ellas, mandó a sus indios, que cortaran los árboles a donde su hijo acostumbraba ponerse a la sombra y cegaron y ataparon un camino por donde el Conichi acostumbraba a ir a una población; en estos diez o doce días después del entierro se ajuntaron muchos indios de todas las islas y tierra firme, los cuales reconocían a D. Pedro, el Bacari, que así se llamó en el Bautismo; y estando todos estos indios juntos haciendo llantos y exclamación por el príncipe muerto, se cortaron todos los cabellos, que de uso y costumbre los traen largos hasta la cinta pendientes; quedaron con el cabello corto al modo de los españoles; hicieron una lumbre y quemaron los dichos cabellos y todos se embijaron de negro. La muerte del dicho, lo habemos atribuído y juzgado ser permisión divina, porque era muy soberbio y belicoso, que después de lo referido están debajo de nuestro amparo y abrigo y cualquier cosa que les mandamos hacen con mucho amor y voluntad, y si alguno tiene alguna demasía, se castiga, corno se castigó porque un día, un indio riñó con un buzo, que trujimos de la Margarita, se mandó poner en un cepo estando el Bacari presente y mas de doscientos indios, y habiéndole tenido en el cepo, vino el Bacari pidiéndole que lo soltaran y el Capitán lo hizo luego y todos los indios y indias, dieron muestras de agradecimiento, y el Bacari mandó que los indios sus súbditos, fueron a cazar un venado y lo dieron al Capitán y así lo hicieron según y como les fué mandado.

La condición de estos indios es muy afable y no se ha hallado en ellos idolatría ninguna, y no tienen mas que una mujer; el amor lo tienen puesto en los hijos y en la comida; entiérranse a nuestra usanza, son muy bien aprestados y de muy buen cuerpo y muy ligeros; la lengua castellana cortan y hablan, tan bien como nosotros, y se huelgan de que sepamos la suya, la cual es muy fácil de aprender; andan siempre en tiempo de verano, en el agua de la mar, porque della sacan el sustento, en unas balsillas que tienen, que se enmaran cuatro y seis leguas; la disposición de la tierra, a dos leguas de la costa es muy buena y dispuesta para todos géneros de sementeras y de ganados mayor y menor. Caminando del Puerto de la Paz por tierra hacia el Sur, seis soldados que invió el Capitán Francisco de Ortega a explorar y reconocer la tierra por aquella parte con indios amigos, a dos leguas de este puerto, hallaron un muy buen río, el cual se le puso por nombre el Río de las Palmas por estar toda la ribera de él llena: tiene la corriente hacia el Puerto de la Paz, y cuatro leguas mas adelante, hallaron otro río mas caudaloso que tiene su desembocadero hacia la Isla de Cerralbo; y asimismo hallaron muy grandes magayales y muchos mescales y tunales donde los indios tienen mucho sustento; hay zapotes prietos y ciruelas de buen gusto; desde el Puerto de la Paz hasta el desembocadero del dicho río, habrá veinte leguas. Hallaron los sobredichos soldados muchas rancherías pobladas de indios, y rescataron dellos muchos granos de perlas; y estos dichos indios, dijeron por señas, que pasaban con sus balsillas a las Islas de Cerralbo a pescarlas; hasta hoy, no se ha podido pasar a esta isla, a ver los comederos que dicen los indios que hay y ha sido la causa, por haber sido invierno.

En 22 días del mes de febrero de este año de 1634 años, estando el Capitán Francisco de Ortega, invernando en este puerto, hizo llamamiento de los compañeros, y proponiéndoles que quería hacer una entrada a la tierra adentro a la vuelta del Ueste hasta dar a la costa; habiéndoles parecido bien a todos, para poder mas largamente infomar a S. M. y que fuéramos amigos del rey de los guaycuros y tratar de paz con los nuestros indios amigos, del Puerto de la Paz; púsose por obra en 28 días del dicho mes. Salió el Capitán Francisco de Ortega de este dicho puerto, llevando en su compañía veinte soldados y al Vicario Diego de la Nava dejando en el Fuerte a Hernando de Ortega, por Cabo de la demás gente y habiendo caminado dos días a la vuelta del Ueste estando rancheados el dicho Capitán y soldados, llegó el Bacari Don Pedro, con docientos indios amigos, entendiendo que nosotros íbamos a pelear con los guacicuros, y aunque hicimos muchas diligencias para que se volvieran, no quiso, y caminando otro día, siguiendo la derrota que llevábamos, llegamos a unas sierras donde no se entendió hubiera gente ninguna, porque siempre íbamos haciendo ruido porque los guaycuros se fueran y no llegasen a las manos con los indios amigos que iban en nuestra compañía; y a las doce del día llegando a un aguaje, el Bacarí Don Pedro, había inviado indios delante, y hallaron en el dicho aguaje una ranchería de indios guaycuros, y los cercaron sin poderlos detener, y aunque hicimos muchas diligencias, como estaban tan lastimados por la muerte de su príncipe y demás compañeros no hubo remedio ninguno que bastase; mataron algunos indios y acabando de huir los que quedaban, se bautizaron los que no habían acabado de morir y asimismo les quitamos cinco criaturas que querian despeñar y echar de unas peñas abajo, los cuales trujimos al Puerto de la Paz; los cuatro, que son de edad de siete años, los están catequizando los sacerdotes, enseñándoles las oraciones para bautizarlos. Luego que llegamos al real y Fuerte, el encuentro referido de estos indios, fué causa no poder proseguir nuestra jornada. Los indios amigos hicieron grandes fiestas por la victoria que alcanzaron de los guaycuros con nuestro favor y amparo; todo lo referido, fué causa que los dichos, esten mas sujetos a nosotros y acudir a todo cuanto les mandamos: el modo y costumbre que estos indios tienen en la pelea es con dardo y flecha y al descuido cuando el contrario está durmiendo, acometen por las madrugadas al alba, y hecha la embestidura se retiran a los montes, y como el encuentro que con los guaycuros se tuvo, fué a mediodía y oyeron la arcabucería de los soldados, ha sido la causa y parte de amedrantarlos y retirarlos a los montes y a la costa del Ueste, y los indios amigos estan muy contentos y alegres y nos dicen y ruegan que no nos vamos, y es tanto el amor y fe que tienen a nuestras facciones, que si algun indio cae enfermo vienen a llamar a los sacerdotes para que les bauticen y les digan el Evangelio, y esto se ha hecho con cuidado, habiendo dicho primero el Doctor estar en peligro de la vida y desahuciado, y a estos tales se les ha dado el Santo Bautismo; en todo lo que se ha visto y demarcado sondado y de asistencia, hasta el día de la fecha de esta, se han hallado los dichos diez y nueve comederos de perlas arriba referidos, con mas diez y siete marcos de ámbar gris, que se halló dentro del Puerto de la Paz; hay muchos mas comederos que los dichos porque desde la Bahía de San Bernabé hasta la Isla del Carmen, que está en veinte y nueve grados, están todas las playas llebas de conchas de nácar, por donde se entiende hay muchos placeres de perlas mas, de los referidos, que por comenzar el invierno, cuando llegamos a estos reinos, que fue a primeros del mes de octubre del año pasado, no habemos podido descubrir mas de lo que está dicho y hecho; pues estando la Isla de Cerralbo tan cerca, no se ha podido ir a ella por ser el tiempo riguroso de vientos y fríos, teniendo noticias de que hay muchos comederos, porque es la pesquería y paraje de los naturales; los temperamentos de esta tierra son como los de España, por donde entendemos que los seis meses del año son de invierno y los otros seis de primavera y estío, y que a las arboledas no se les cae la hoja en todo el año; y porque haga fe y crédito todo lo susodicho, va esta firmado con el autoridad que se requiere, interponiendo el Capitán Francisco de Ortega, toda la autoridad dada por Comisión Real y por mi nombramiento a mi hecho de Escribano nombrado, y firmado y rubricado con las rúbricas acostumbradas, y firmas de los Religiosos y compañeros, todos firmamos en forma para que se autorice con la fe del juramento, que juramos a Dios y sobre una Cruz en derecho, ser verdadero todo lo referido; fecho ut supra, en 8 días del mes de abril de mil seiscientos y treinta y cuatro años. = firmas. = el Capitán, Francisco de Ortega. = El Licenciado, Diego de la Nava. = El Bachiller, Juan de Zuñiga. = Bartolomé de Terrazas. = Diego de Cañedo. = José Maldonado. = Cosme Lorenzo. = Francisco Ruiz. = Hernando de Ortega. = Pedro de Robles Saravia. = Juan de Oliva. = Francisco Lopez. = Juan de Oliva. = Gaspar de Robles. = Nicolás Martín. = Juan Tomás. = Don Martin de Orontigui. = Nicolas de Olmedo, soldados y marineros todos, los sobredichos, firmaron que se hallaron y vieron parte o en partes de lo referido. Certifico y doy fe como todo lo referido en esta demarcación y relación pasó ante mi, y es cierto y verdadero sacado de la letra del original que fué remitido a Su Excelencia Don Rodrigo Pacheco Osorio, Virrey de la Nueva España, por descargo de lo mandado por la Real Comisión, a que me remito y firmo y rubrico con mi rúbrica y firma acostumbrada. = Ante mí, Antonio Mayor y Corvera, Escribano nombrado.

Tercera demarcación, que yo, el Capitán y Cabo, Francisco de Ortega salgo a hacer desde este puerto de Santa Catalina, Provincia de Sinaloa, a las islas Californianas, en virtud de la Comisión que tengo del Exmo. Señor Marqués de Cerralbo, para la dicha demarcación y descubrimiento destas dichas islas y tierra firme.

Francisco de Ortega, Capitán y Cabo, por el Exmo. Señor Marqués de Cerralbo para las demarcaciones y descubrimientos de los reinos de las Californias, por haber arribado a este puerto de Santa Catalina, por bastimentos y dar carena a mi fragata llamada la Madre Luisa de la Asención, por tener prevenido todo lo necesario para el manejo de la mar a Vuestra Merced pido y suplico, como a Capitán de este Presidio, y Teniente de Gobernador, visite mi fragata antes que salga de este dicho puerto. = Francisco de Ortega.

En el puerto de Santa Catalina, Provincia de Sinaloa: Don Francisco de Bustamante, Capitán de este Presidio de Sinaloa, y Teniente de Gobernador por el Rey nuestro Señor, y porque soy requerido del Capitán Francisco de Ortega, dueño de la fragata la Madre Luisa de la Asención, Cabo de los soldados y marineros, grumetes y demás compañeros que al presente están en este dicho puerto para ir en prosecución de la demarcación de los reinos de las Californias, por Comisión del Exmo. Señor Don Rodrigo Pacheco Osorio, Virrey y Capitán General de la Nueva España, y por haberme presentado la Comisión, y por el requerimiento hecho, le visité la dicha fragata, gente y bastimentos según como se usa, y diligencia para salir del puerto; y vista la licencia y Comisión que es su tenor como se sigue, por cuanto S. M. fué servido de despachar una Real Cédula que es como se sigue.

Nota
Se omite la Real Cédula por haberse copiado ya en el primer viaje.

Vista y leída por mí, la sobredicha Comisión, y por ser cosa del servicio de S. M. visité la dicha fragata, y hice la visita según y como se sigue.

Primeramente hallé la fragata dada carena, aprestada con dos esquifazones de velas, jarcias, cables nuevos, dos rezones grandes de a ocho arrobas un anclote de cuatro quintales, un rastro de hierro de diez arrobas; dos rastros pequeños, los cuales dijo el Capitán Francisco de Ortega, que eran para rastrear los fondos de los puertos, bahías, comederos de perlas. Registró una campana de madera y plomo, nuevo artificio del dicho Capitán, para que puedan entrar una o dos personas dentro della sin ahogarse debajo del agua; asimismo registró un chinchorro para coger pescado para dar de comer a la gente; asimismo registró cuatro cajones de cuchillos y machetes, un cajón de cuentas marinas, un cajón de granates, cincuenta quipiles con sus naguas, los cuales dijo llevaba, para dar y repartir con los indios de las Californias, para acariciarlos y granjear sus amistades. Y entrando en la dicha fragata, debajo de escotilla con mi Escribano, se manifestaron ochenta hanegas de maíz, veinte quintales de bizcocho, cien arrobas de carne, un cajón de jabón, otro de azúcar y otras cosas de regalos; doce botijas de aceite, una caja de medicinas, cuatro barriles de vino de Castilla, dos arrobas de candelas de cera, dos barriles de vinagre, un cajón de zapatos para la gente y otros cuatro cajones de velas de sebo para la bitácora, doscientos quesos, cincuenta botijas de agua, veinte y cuatro barriles de agua, una carga de sal, diez arrobas de plomo, dos cajones de brea, dos quintales y medio de pólvora, diez mosquetes, diez arcabuces de cuerda, un tercio de cuerda para los arcabuces y mosquetes, un quintal de municiones; seis arrobas de estopa, doscientas gallinas, una docena de carneros; todo lo cual, yo el dicho Capitán y Teniente de Gobernador y Escribano, damos fe. Y luego incontinente tomando, muestra de la gente y armas.

Primeramente el Capitán Francisco de Ortega, con su arcabuz de rastrillo, peto acerado, cuera y cota, espada y daga; el cual dijo ser natural del Reino de Toledo, de la villa de Cedillo.

El Padre Roque de Vega de la Compañía de Jesús, con todos sus ornamentos para poder decir misa.

El Alferez Pedro de la Higuera, natural de la Mancha con arcabuz de rastrillo, cuera y cota, espada y daga y chimal.

Don Gabriel de Figueroa, Escribano nombrado de esta demarcación, con todas sus armas, natural de la Mancha de Toledo, y vecino de Sinaloa.

Bartolorné Gonzalez, vecino de Sinaloa, con todas sus armas.

Francisco Ruiz, natural de Triana, Contramaestre.

Cosme Lorenzo, Piloto, natural de San Lucar de Alcortin, con todos sus aparejos para pesar el sol, tomar la altura, con su arcabuz, cuera, cota, espada y daga, y chimal.

Custodio de la Higuera con su arcabuz y cuera, de la Mancha de Toledo, y vecino de Tepique.

Francisco de León, marinero, natural de México con sus armas, espada y daga y arcabuz.

Nicolás Martín, marinero, natural de Saboya, de Villafranca de Niza con todas sus armas.

Jerónimo Nuño de la Lamo, soldado, natural del Reino de Toledo, de la villa de Cedillo.

Lorenzo de Espinosa, marinero y buzo, con todas sus armas.

Don Martín de Aregui, soldado, con sus armas, criollo del Perú, vecino de México.

Benito de Acuña, soldado, con todas sus armas.

Cuatro mozas de servicio.

Alonso Perez, grumete, natural de San Lucar.

Juan Díaz, grumete, natural de Triana.

Francisco de Amaya, natural de San Lucar de Barrameda, grumete.

Habiendo hecho la lista y pasado muestra, la gente que van embarcados en la dicha fragata, como a las ocho de la mañana, a 11 días del mes de enero de 1636 años, se hicieron a la vela, habiendo dado primero y ante todas cosas, traslado así de lo uno como de lo otro, sacado a la letra del original, que queda en el archivo de mi Juzgado, autorizado de mi Escribano en forma, para que en todo tiempo conste, y lo firmamos; siendo testigos el Padre Juan Romero, de la Compañía de Jesús, Sebastian de Urbina, Marcos de Gües, y Juan Baez, vecinos de Sinaloa. Firmólo, el dicho Capitán y Teniente Gobernador. = Don Francisco de Bustamante. = Ante mí, de que doy fe. = Pedro de Sierra, Escribano público y de Guerra.

En el puerto de Santa Catalina, Jurisdicíón de Sinaloa, en 11 días del mes de enero de 1636 años, el Capitán Francisco de Ortega, dueño de la fragata nombrada la Madre Luisa de la Asención y Cabo, por el Exmo. Señor Don Rodrigo de Pacheco Osorio, Marqués de Cerralbo, Virrey, Gobernador y Capitán General de estos Reinos de la Nueva España, para que en nombre de S. M. prosiga el descubrimiento comenzado, demarcaciones de los reinos de las Californias, y estando de partida para los dichos reinos, con los compañeros, soldados y marineros, terigo necesidad de nombrar Escribano por no haber público ni Real, ante quien puedan pasar las causas, autos, escritos, así civiles como criminales a usanza de guerra, que en la prosecución del dicho viaje puedan suceder, y para el dicho efecto, tengo necesidad de persona en quien concurran las calidades de suficiencia legalidad, secreto; y por tener entendido que en la persona de D. Gabriel de Figueroa, caben y concurren las dichas calidades para poder ejercer el dicho oficio y para que no cese la Real Justicia en nombre de S. M. y de su Real Servicio, elijo y nombro por tal Escribano del dicho viaje y demarcación, al dicho D. Gabriel de Figueroa y mando acepte el dicho oficio, y haga la solemnidad del juramento; dijo que lo aceptaba y aceptó, y juró a Dios y a una Cruz en forma, de usar bien y fielmente el dicho oficio, a su leal y legal saber y entender y de guardar el secreto de las causas y cosas que deba. Y a la absolución del juramento, dijo: Si, juro; y visto por mí, el dicho Capitán Francisco de Ortega, la aceptación y juramento por la facultad de mi Real Comisión, usando della, instituyo el dicho oficio de Escribano, discirniendo la plenaria potestad a mi dada en los casos referidos y para poder usarle en la dicha jornada y demarcación, y mando que en todos los autos y escritos tocantes a este viaje que ante Don Gabriel de Figueroa pasaren, se les de entera fe y crédito, en juicio y fuera dél, interponiendo toda la autoridad de mi Real Comisión, y lo firmé juntamente con el dicho Don Gabriel de Figueroa, siendo testigos Cosme Lorenzo, Francisco Ruiz, Bartolomé Gonzalez, presentes. = Francisco de Ortega. = Don Gabriel de Figueroa, Escribano nombrado.

Usando yo el sobredicho Escribano nombrado de la autoridad dada para autorizar la relación que ha de ir inserta, para el descargo del sobredicho Capitán Francisco de Ortega, por lo que le ha sido mandado por la Real Provisión de Su Excelencia, la cual es como se sigue.

En el nombre de la Santísima Trinidad y de la Madre de Dios, en 11 de enero de mil y seiscientos y treinta y seis años, salimos del puerto de Santa Catalina, Provincia de Sinaloa, después de haber visitado la fragata, el Capitán Don Francisco de Bustamante, que lo era al presente del Presidio y Teniente de Gobernador; y gobernando al ueste, dimos vista a la California a 13 de enero, y costeando la tierra firme de la dicha California, llegamos a dar vista al Puerto de la Paz, y dando fondo con calma en una ensenada cuatro leguas del Puerto de la Paz, que en la segunda demarcación se puso por nombre la Playa Honda, y aquesta noche se levantó un viento de norte, y no pudiendo montar ninguna punta de la dicha ensenada, nos estuvimos dado fondo en doce brazas de agua, y estuvimos aguantando la tormenta, dos noches y un día; víspera de San Sebastián al amanecer, se rompió el un cable, y garrando la otra ancla, el viento creció y la mar, de manera que dimos a la costa, donde se hizo pedazos la fragata, y en uno de los pedazos salió toda la gente a tierra, sin haber ningún herido; y dando gracias a Dios por la gran merced que nos había hecho, pues habiendo tanta mar y viento, que los pedazos de la fragata salían a tierra arrojados, adonde parecía no haber llegado en vida del mundo, el agua, fué Dios servido, salieran en un cajón los ornamentos y recaudos para poder decir misa, y luego se puso por obra el hacer una ramada para decir misa y el padre Roque de Vega, de la Compañía de Jesús, dijo misa todos los días que estuvimos en este paraje, y luego el Capitán Francisco de Ortega, puso por obra un barco mastelero, valiéndose de la tablazón de la fragata y de algunas maderas de la California; tardóse en hacer el dicho barco, cuarenta y seis días y esta tormenta en que nos perdimos, duró once días sin dejar de ventar de noche ni de día, que aunque estuvimos a la mar, fuera imposible dejar de perdernos, y acabado el dicho barco lo echamos al agua y embarcando en él, los peltrechos de la fragata que salieron a tierra y todos los compañeros, a veinte y siete de febrero, salimos de este paraje donde se perdió la fragata, y costeando la costa que corre al Ueste, llegamos al Puerto de la Paz, donde nos salieron a recibir los indios naturales haciendo muchas alegrías y muestras de amor, y saltando en tierra, entendiendo que volvíamos a arrancharnos otra vez con ellos, y el Bacari, que es la persona que manda a todas aquellas naciones a quien los Padres en el Bautismo, le pusieron Don Pedro, como consta de la segunda demarcación, mandó a sus vasallos limpiaran el real donde estuvimos la segunda demarcación, y hallamos el Fuerte, como lo dejamos, y la iglesia y todas las demás cosas que se nos habían quedado olvidadas, nos las tenían guardadas. El Padre Roque de Vega, de la Compañía de Jesús, dijo misa en la iglesia que habíamos dejado allí, y los indios estuvieron con mucha atención a todas las misas que allí se dijeron, y el siguiente día, vinieron los indios de una arranchería, a llamar al Padre para que fuera a bautizar a una india que se estaba muriendo, y fué el dicho Padre y el Capitán Francisco de Ortega y cuatro soldados, y hallaron la india sin habla, y dijeron los indios, padres de la india, que había comido un pescado ponzoñoso y que le echase agua para que se fuese al cielo y miraron allá, y visto el Padre, el amor con que los indios le pedían, después de haber hecho muy larga oración a Nuestro Señor por aquellos bárbaros, bautizó la dicha india y luego dentro de un cuarto de hora murió, y los indios hicieron muy gran sentimiento porque era india principal, y aquel día la enterraron, y todos nos hallamos presentes al entierro, y el Capitán Francisco de Ortega le dijo a los indios, que quería volver por sus hijos, y ellos quedaron muy tristes y pedían que les dejara allí al Padre y a algunos de los soldados; y el Padre Roque de Vega, visto el amor de los indios, no quería volverse a embarcar y el Capitán Francisco de Ortega le embarcó por fuerza, aunque el Padre le hizo muchos requerimientos, por no tener orden de Su Excelencia ni de S. M., no se atrevió a dejarlo. Los indios que dejamos cristianos en aqueste puerto, muchos dellos vinieron diciendo: yo me llamo Jusepe, y otro decía, yo me llamo Juan y cada uno iba diciendo su nombre, y todos los indios y indias decían a voces: Santa María, ora pro nobis; que fué lo que les solían enseñar cuando estábamos allí rancheados, y esto era la causa de que el Padre Roque de Vega se quisiese quedar con ellos, por ver con la eficacia que nombraban a la Madre de Dios; y asimismo preguntaban los indios por los españoles que fueron la primera demarcación y segunda, sin habérseles olvidado nombre ninguno; y habiendo estado en este puerto siete días, y peltrechándonos de algunos bastimentos de la tierra y tomando agua y leña, a diez días del mes de marzo, salimos deste puerto, y gobernando la vuelta del Sur llegamos a dar fondo en tierra firme de la California; a la salida del Puerto de la Paz, enfrente de unos montes que hacen unas sillerías, hallamos un comedero de perlas bien poblado, al cual pusimos por nombre, el comedero de las Sillas. Y otro día por la mañana nos hicimos a la vela y fuímos a dar fondo, a la Isla de Cerralbo; en el remate de la dicha isla que mira al Sur, hallamos un comedero de perlas bien poblado de conchería y habiéndole cateado, hallamos ser de buen género y le pusimos por nombre, las Toninas, por haber muchas en esta parte; y costeando la dicha isla en el comedio della, por la banda que mira al Ueste, hallamos otro comedero bien poblado, al cual pusimos por nombre, San Francisco; y habiendo estado allí un día, y ventando el viento sueste, nos hicimos a la vela; esta isla no se pone el altura en que está, por haber ido en la primera demarcación; y costeando la tierra firme de la California la vuelta del noroeste, llegamos a dar fondo a la Isla de San Josef que fué en la segunda demarcación. Los indios naturales della, en la cabeza que mira al Norte a la banda del Ueste, nos mostraron un comedero de perlas, y habiéndole cateado, se halló ser bien poblado y se sacaron algunos granos de buen oriente, y los indios naturales nos dieron perlas quemadas y acanaladas, y dijeron las sacaban del dicho comedero; y por la falta que teníamos de bastimentos, no nos pudimos detener mas, y haciéndonos otro día a la vela, fuímos costeando la tierra firme con el viento sueste, gobernando al Norte, que es el rumbo a donde corre la costa de tierra firme de la California. Llegamos a la Isla de San Ildefonso en veinte días del mes de marzo; esta isla está, en treinta y un grados y medio; esta isla fué la postrera y última tierra que demarcamos en la segunda demarcación que fué a S. M.; y en esta isla, los indios que hallamos en tierra, nos dieron algunos granos de perlas quemadas y acanaladas, y preguntándoles el Capitán Francisco de Ortega, que de donde las sacaban, por señas, que estos indios es diferente lengua que la de el Puerto de la Paz que no nos entendían palabra, nos mostraron un comedero de conchas de perlas muy poblado; sacaron algunas conchas los indios y dellas, algunas perlas buenas. Este comedero está en una ensenada de la dicha isla a la banda de Oeste, tiene buen fondo, es muy poblado de conchas; y costeando la dicha isla la vuelta del Norte en el remate della, hallamos otro comedero de perlas que los indios naturales de la dicha isla nos mostraron y de él sacaron algunos granos de buen género; a este comedero le pusimos, las Mucaras; y pesando el sol, el Piloto Cosme Lorenzo, halló estar en treinta y dos grados y un cuarto, la cabeza de esta isla que mira al Norte. Estos indios son muy belicosos aunque hacían, lo que les pedíamos por señas. Las armas son arco y flecha, y dardos arrojadizos de madera dura. En esta isla hicimos aguada de unas albercas a donde se recoge cuando llueve, y los indios tienen pozos en la playa, de agua salobre que dura todo el año; y siguiendo nuestra derrota, habiéndonos despedido de los indios, gobernando al norueste, en veinte y dos días del dicho mes, llegamos a una isla que está cosa de veinte y cinco legua de la isla de San Ildefonso, tres o cuatro leguas de tierra firme, a la cual pusímos por nombre, la Isla de las Tortugas; tendrá esta isla treinta leguas de boj, poco mas o menos; corre de noroeste a sueste; la cabeza que mira al sueste hace una buena ensenada guardada del norte, norueste, ueste, nordeste y leste, de buen fondo para cualquier navío; y dentro de la dicha ensenada, hallamos un comedero de perlas bien poblado de conchas; pusímosle, el puerto y comedero de San Andrés. Los indios de esta isla no quisieron llegar a nosotros; y pesando el sol el Piloto, halló estar esta isla en treinta y tres grados y un cuarto; y costeando la dicha isla la vuelta del Norte por la banda del Ueste, en la cabeza que miraba al noroeste, en una ensenada, hallamos un buen placer de conchas, y un marinero buzo la cateó y sacó perlas de buen género, y le pusimos a este comedero, San Matías; y otro día por la mañana haciéndonos a la vela, pusímosnos a tierra firme con el barco; es tierra muy fértil de arboleda, y enfrente de una isla hace una grande ensenada la tierra firme, y la gente que hay en esta ensenada de la tierra firme es mucha, que cubrían la playa, y todos andan en cueros, y aunque tenían balsas en que ellos navegan de tierra firme a las islas, no quisieron llegar a nosotros, aunque los llamábamos; antes ellos, parecía según los ademanes que hacían, que nos llamaban a tierra, como que querían pelear; no saltamos en tierra porque con la pérdida de la fragata, se nos perdieron las armas y la pólvora; en una tabla les amarramos unos cuchillos, y echando la tabla al agua, ellos los recibieron y pareció nos llamaban de amistad; mas por lo dicho, no saltamos en tierra. En esta ensenada hay un buen placer y comedero de perlas; tendrá esta ensenada de punta a punta, seis leguas, toda ella está salpicada de conchas de nácar. En veinte y ocho días del mes de marzo, nos hicimos a la vela siguiendo la derrota al norueste; en esta altura de treinta y tres grados y un cuarto, corre la costa de la tierra firme de la California, al ueste norueste, y habiendo costeado este día con viento sueste, llegámos al anochecer a dar fondo en tierra firme, en una ensenada grande y dentro della, hay cuatro cayos grandes, y alrededor de estos cayos o isletas, está poblado de conchas de nácar en abundancia, y se sacaron perlas de buen género; tiene buen fondo para cualquier navío, guardado del viento ueste y norueste, y norte y nordeste. Los indios de esta bahía cuando nos vieron, se huyeron la tierra adentro; no deben de haber visto ningun navío de españoles y a eso lo atribuímos. Aquí pesó el sol el Piloto, y halló que esta bahía que se llamó, la Bahía de San Juan, está en treinta y cuatro grados largos de altura. Otro día por la mañana nos hicimos a la vela gobernando al lesnoroeste (sic), y siempre fuimos un tiro de arcabuz de la playa, y era tanta la gente que iba corriendo por la costa hacia donde íbamos, que cubrían todos aquellos arenales, cargados de arcos y flechas y dardos, dando muchos alaridos en señal de alegría, segun parecía. Este día, que fué a cuatro de abril, llegamos a una punta que sale de tierra firme a la mar, mas de cuatro leguas, tierra muy baja; esta punta la llamamos, la Punta del Caiman porque desde lejos la parece; al abrigo della, por la parte que mira al norueste, dimos fondo para ver si los indios que venían por la playa llegaban a nosotros, y todos se subieron en una loma pelada, y desde adonde estaba el barco parecía sombra de algun nublado; la gente que había juzgado, habría mas de cuatro mil indios; bajaron a la playa, seis indios embijados y emplumados las cabezas, sin armas ningunas; desde allí nos hablaron, no les entendimos cosa, solo decían que saltáramos en tierra; no lo hicimos por estar tanta multitud tan cerca, mostrándonos pescado, haciéndonos señas que nos lo darían. En este debate se pasó este día; el Padre Roque de Vega, dijo misa en el barco, porque Dios sea servido de que estos bárbaros sean cristianos. Por aquesta parte, es la tierra firme, baja; mas cosa de quince leguas la tierra adentro, hay grandes serranías; es tierra muy fértil al parecer, de mucha arboleda; desde esta punta, se ve la tierra de la Nueva España bien clara; juzgamos había veinte y cinco leguas de una tierra a otra. A la redonda de esta Punta del Caimán, de una parte y de otra, hay un gran placer de conchas de nácar; este comedero se llamó el Caimán; aquí pesó el sol el Piloto, y halló que estaba en treinta y cinco grados menos un cuarto. En doce día del mes de abril, salimos de esta punta gobernando al esnorueste (sic), con viento nordeste; llegamos a catorce de abril a una isla, que estará de tierra firme cinco leguas, y habiendo dado fondo en la dicha isla, vinieron a la playa, había cosa de cincuenta indios, sin armas ningunas; en un abrigo que esta isla hace a la banda del Oeste, llegamos el barco a tierra, y los indios llegaron a nosotros con harto miedo, echando tierra hacia arriba, que és señal de paz entre ellos; diferente nación de las demás que habíamos visto, hasta allí; a estos les dimos algunos cuchillos y hicieron con ellos muchos extremos, como cosa que en su vida habían visto; y nos dieron algunos granos de perlas quemadas y rayadas: es tierra muy fría, que con ser a fin de abril no lo pudimos sufrir. Las indias de esta isla, todas las que vimos, estaban vestidas de cueros de venados y leones y a nosotros nos dieron algunos; comen el maíz, y la demás comida no la quieren, y dan a entender por señas, que lo hay la tierra adentro; en esta ensenada que está en la banda del Ueste hallamos un comedero de perlas, que los indios naturales de la dicha isla, preguntándoles por señas que de adonde sacaban aquellas perlas, nos le enseñaban; es muy poblado de conchas, es tan grande este placer de conchas, que tiene mas de una legua; los indios naturales no quisieron bucear, diciendo por señas que hacía frío, un buzo que llevábamos lo cateó y halló ser bueno; los indios de esta isla son de buen parecer, muy corpulentos y bien agestados; a este comedero, le pusimos San Roque y a la isla, San Sebastian; tendrá de boj cuarenta leguas, corre de norueste a sueste; en la cabeza que mira al sueste, hallamos otro placer de conchas de nácar y se cateó y se halló bien poblado; llamose, el comedero de San Francisco; aquí pesó el sol, el Piloto Cosme Lorenzo; está esta isla, en altura de treinta y seis grados escasos; hay en ella pozos de agua salobre que es la que beben los indios; en una quebrada que hace a la banda del Leste, hallamos agua en unas albercas que se recoge allí, cuando llueve; hay muchas pituayas y ciruelas y mucho mercul, y los indios se sustentan dello; y habiéndonos despedido de los indios de esta isla, tomamos nuestra derrota gobernando al uesnorueste, fuimos costeando la tierra firme de la California, y es tierra llana con mucha arboleda y lomas tendidas, que vienen a descabezar a la mar; por toda la playa no se vía, sino gente y habiendo costeado un día y una noche, llegamos a una punta que hace la tierra firme y dimos fondo, a cuatro días del mes de mayo. Otro día pesó el sol, el Piloto y halló estar esta punta, en altura de treinta y seis grados y medio; la tierra de la California corre al ueste cuarto al norueste, es tierra muy fría; la tierra adentro hay grandes serranías, tierra muy alegre; en esta punta hay una gran ranchería de indios y aunque teníamos falta de comida por la pérdida de la fragata, en seis días del mes de mayo de mil y seiscientes y treinta y seis años, nos dio un viento norueste y confiriendo lo que haríamos, fueron todos de parecer arribásemos a la Nueva España, por no tener armas ningunas, ni bastimentos ni poder saltar en tierra a buscallos, por la falta de las armas, por haberse todo perdido como dicho es, cuando se perdió la fragata; a esta punta la pusimos, la Punta de Buen Viaje; y haciéndonos a la vela con viento norueste en quince días del mes de mayo, nos llegamos al puerto de Santa Catalina, Provincia de Sinaloa, a donde antes de saltar la gente en tierra, se leyó esta demarcación y todos juraron en forma, para que se autorize con la fe de el juramento, y juraron a Dios sobre una Cruz en forma de derecho ser verdadero todo lo referido en esta demarcación, que es fecho ut supra a diez y seis días del mes de mayo de mil y seiscientos treinta y seis años, y lo firmó el dicho Capitán Francisco de Ortega y el Padre Roque de Vega, de la Compañía de Jesús y el Piloto Cosme Lorenzo, y otros de los compañeros. = Francisco de Ortega. = Roque de Vega. = Pedro de Layara. = Cosme Lorenzo. = Francisco Ruiz. = Don Martín de Aroztegui. = Francisco de León. Custodio de la Higuera = Bartolomé Gonzalez. Jerónimo de la Lamo, certifico y doy fe como todo lo referido en esta demarcación y relación pasó ante mí, y es cierto y verdadero, por haber pasado todo en mi presencia y de los compañeros marineros y soldados, lo cual se ha hecho con puntualidad, para cumplir econ la orden del Exmo. Señor Don Rodrigo Pacheco Osorio, Marqués de Cerralbo, Virrey de esta Nueva España para que conste que el dicho Capitán Francisco de Ortega, cumplió con la orden que le fué dada por la Real Provisión a que me remito, y firmo y rubrico con mi rúbrica y firma acostumbrada, fecha a diez y seis días del mes de mayo de mil y seiscientos y treinta y seis años, en este puerto de Santa Catalina, Provincia de Sinaloa, firmó el dicho Capitán para mas validación, e interpuso su autoridad. = Francisco de Ortega. = Ante mí, de que doy fe = Don Gabriel de Figueroa, Escribano nombrado.

Fuente: Colección de diarios y relaciones para la historia de los viajes y descubrimientos. Tomo IV. Diego García 1526-27, Pascual de Andagoya 1534, Sancho de Arce 1586, Sebastián Vizcaíno 1602-3, Francisco de Ortega 1631-6, Andrés del Pez 1687. Instituto Histórico de la Marina, Madrid, 1944, pp. 72-110.