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Siglo XVII > 1620-1629 > 1628

Real cédula confirmando ciertas ordenanzas dadas para el incremento de los bienes comunales, el desarrollo agrícola y la vida rural indígena de las provincias de Zapotitlán, Soconusco y Verapaz (Reino de Guatemala).
28 de septiembre, 1628.

El Rey.

Don Diego de Acuña, caballero de la Orden de Alcántara, mi gobernador y capitán general de la provincia de Guatemala y presidente de mi Audiencia Real de ella, o la persona o personas a cuyo cargo fuere su gobierno.

En carta que el licenciado Juan Maldonado de Paz, oidor de esa mi Audiencia, me escribió el 10 de octubre de 1625, dice que en virtud de comisión que la dicha Audiencia le dio para visitar las provincias de Soconusco, Zapotitlán y Verapaz y sus corregimientos, los ha visitado y para su buen gobierno y administración de mi real hacienda hizo ciertas ordenanzas, que son del tenor siguiente:

El licenciado Juan Maldonado de Paz, del gobierno de S.M., su oidor en la Real Audiencia, visitador general de las provincias de Soconusco, Zapotitlán y Verapaz, mandó que el gobernador de la provincia de Soconusco que al presente, es, y adelante fuere, y los alcaldes y regidores del pueblo de Huehuetlán y demás pueblos de la dicha provincia e indios vecinos de ellos, y los españoles, guarden las ordenanzas siguientes:

[...]

18. [Que se hagan milpas de comunidad para satisfacer obras en la iglesia y sirvan de sostén de los enfermos]

Ítem, y para que el dicho pueblo tenga con qué poder dar la ración a los que administran y acudir a las obras de la iglesia, gastos de comunidad, cura y sustento de los indios pobres enfermos, ordeno y mando que todos los indios del dicho pueblo hagan milpas de comunidad, en dos partes diferentes, que lleven de sembrada entre ambas una fanega de maíz, cuando menos, y las beneficien, recojan y pongan con mucho cuidado cuenta y razón por bienes de comunidad.

Y los alcaldes, vendan el dicho maíz al mayor precio que pudieren, por ante al escribano del pueblo que lo asiente en un libro de bienes de comunidad, que mando se haga a costa de ella, para dar cuenta al gobierno o justicia que se la tomaren.

Y los alcaldes que les sucedieren, so pena que de sus bienes se\a pagado lo que faltare y ser castigados por el delito que por eso se ha mandado, no les nombren jueces españoles para recoger las milpas.

Por excusar que se consuman en los salarios de ella, y para que mejor acudan al beneficio de las dichas milpas de comunidad, mando no hagan otra a título de cofradía, ni para otra cosa, pues las de su comunidad es para acudir al reparo de la iglesia, y todo lo demás que queda dicho.

19. [Que cada indio disponga de milpas de maíz, que se promocionen los cultivos y que se castiguen a todos aquellos que rehuyeran el trabajo]

Y para que los indios tengan con qué sustentarse, pagar sus tributos, criar gallinas y lechones, y que la necesidad no les obligue a buscarlo fuera del pueblo, mando que cada indio, casado, viudo o soltero, aunque sea reservado, haga una o dos milpas de maíz, de media fanega de sembradura ambas, y los alcaldes tengan cuidado de visitarlos tres veces al año y castigar los indios que hallaren defectuosos en la siembra y beneficio de las dichas milpas con azotes, repartiendo entre sí las visitas para que con más igualdad y facilidad se hagan con apercibimiento que serán castigados por las faltas que se hallaren en las siembras y beneficios de las dichas milpas de los indios del dicho pueblo por el gobernador, so pena que les mando castiguen a los indios defectuosos.

20. [Que se atienda al cultivo de las milpas de cacao, con penas corporales -sea indio macehual o principal- a quien lo rehusare]

Y porque la ociosidad de los indios y su pereza en acudir al beneficio y cultura de sus milpas de cacao es notorio, y los daños de ella grandes al aumento y conservación de los indios y de sus haciendas, y a la paga de los tributos, para que los dichos daños cesen ordeno y mando que todos los indios acudan todos los días que no son de guardar para ellos al beneficio y cultura de las dichas milpas de cacao.

Y que al indio principal o macehual que los alcaldes hallaren, o supieren, que ha estado en su casa ocioso y dejado de acudir al beneficio de las dichas milpas le den por la primera vez 25 azotes en el palo de la picota del dicho pueblo, y por la segunda vez 50.

Agravándole la pena corporal por cada vez que faltare: para que con esto acudan todos al beneficio que tanto importa de sus haciendas, y excusen jaquehuales, en cuyos jornales las consumen, y otros inconvenientes que de traerlos se siguen.

Y si los dichos alcaldes fueren negligentes en ejecutar lo contenido en esta ordenanza, el gobernador o justicia mayor ejecute la dicha pena en ellos, con apercibimiento que en su residencia se les hará cargo de ella.

21. [Que para intensificar los cultivos se prohíben los servicios personales, con graves penas a las autoridades que lo repartiesen]

Y porque de ocuparse los indios del dicho pueblo en servicio de los españoles y otras personas se siguen los daños grandes que se dejan considerar, así al servicio de Dios nuestro señor, paga de tributos y beneficios de sus haciendas, como a sus honras, ordeno y mando que ninguna justicia pueda dar indios de servicio a ninguna persona, ni ella lo reciba, aunque el tal indio la quiera servir voluntariamente.

Pena al juez, si fuere español, de 200 pesos aplicados a la cámara de S. M. y que en su residencia se les hará cargo grave.

Y si fuere indio, de 40 pesos por cada vez para la cámara de S. M. y privación de oficio de república por 4 años.

Y al español que recibiere el dicho servicio, de otros 200 pesos aplicados en la forma dicha y 4 años de destierro del dicho pueblo.

Lo cual ejecute el gobernador que es, o fuere, de la dicha provincia, so la dicha pena que le está puesta en esta ordenanza.

22. [Que los servicios ordinarios sean ejecutados por todos los indios útiles, sin excepción de sus cargos anteriores]

Y porque el servicio ordinario a que acuden los indios sea llevadero cayendo sobre más, ordeno y mando que ningún indio por haber sido alcalde, regidor, procurador o alguacil, o tenido otro oficio en su pueblo, sino que acabado de, usar el dicho oficio acuda a los dichos servicios como los demás naturales, y como acudía y debía acudir antes de tener el tal oficio.

Y las justicias indios los obliguen a ello a los que han sido, y adelante fueren, so pena de que el gobernador de la dicha provincia los pueda castigar por la negligencia con cárcel con apercibimiento, que si no le hiciere se le hará de ello cargo en su residencia.

23. [Que cada familia posea su casa]

Ítem, ordeno y mando que cada indio casado, viudo o soltero, empadronado, tenga casa de por sí y no vivan en una casa, aunque sean padre e hijo, o yerno. Y que tengan las casas bien cubiertas, con barbacoas y magines y rosanos.

Y los alcaldes del pueblo visiten cada tres meses las casas de los indios y castiguen con azotes a los negligentes, sin llevarles dineros, previniendo lo necesario para que no haya falta en lo adelante, so pena que serán castigados por la justicia mayor de esta provincia, que así mismo ha de castigar los negligentes con azotes, sin prenderlos ni hacerles condenación pecuniaria en las visitas del pueblo, so pena que volverá lo que llevare y se le hará cargo grave de ello en su residencia.

24. [Que cada indio de padrón posea animales de corral]

Item, que cada indio casado, viudo o soltero, empadronados, tengan dos gallinas de Castilla y un gallo y seis de la tierra y otro gallo, con que puedan sustentar a los padres doctrineros y acudir al remedio de sus necesidades.

25. [Que existan libro y caja de los bienes de comunidad y reglas para su funcionamiento]

Y para que los bienes de comunidad estén con la cuenta y razón que deben, ordenó y mando que se haga un caja de comunidad de los bienes de ella, que tenga dos llaves diferentes: la una en poder del alcalde más antiguo y la_otra en poder del mayordomo del pueblo; y si no lo hubiere, en poder de un regidor.

Y todo el dinero que procediere de las milpas de comunidad y del tributo que pagaren los indios después de la tasación y lo aplicado para la comunidad por la dicha tasación, se venderá al mayor precio que pudiere.

Y el cacao a como se rematare el de S.M. de aquel año, cuando menos, y entrará en la dicha caja, sin entrar en poder de ningún indio particular, en presencia del escribano del pueblo que lo asiente luego en el dicho libro de bienes de comunidad, así lo que entrare, como lo que saliere.

50 azotes a cualquiera que sacare, o tuviere en su poder cualesquier bienes de comunidad, contra lo que se manda por esta ordenanza y privación de oficio de república por 4 años, y de 10 pesos para la real cámara, y que de sus bienes se vuelva a la dicha caja de comunidad lo que así se hubiere sacado.

[Que los bienes de comunidad no sean gastados por los alcaldes, salvo con licencia del presidente de la Audiencia]

Ítem, ordeno y mando que de los bienes de la dicha comunidad no puedan gastar los alcaldes, tatloques, ni [otra persona], poca ni mucha cantidad, sin licencia del Sr. presidente de la Real Audiencia de Guatemala, si no fuere en reparo de la iglesia y en la paga de la ración del cura que los administra, y en el sustento y cura de los indios pobres que estuvieren enfermos, como se dice en la ordenanza 18.

Excepto hasta en cuantía de 10 pesos por arancel cada año, con licencia del gobernador de la dicha provincia, la cual han de tener y el gasto asentado en el dicho libro de comunidad.

So pena de 50 azotes y privación de oficio de república por cuatro años y 20 tostones para la Cámara de S.M. y que no les parará en cuenta lo que gastaren contra el tenor de esta ordenanza, y de que se enterará de sus bienes la dicha comunidad.

31. [Que todas las ventas de bienes raíces han de hacerse sólo con licencia del gobernador]

Item, ordeno y mando que ningún indio pueda vender hacienda raíz, aunque sea a otro indio, sin licencia del gobernador de la dicha provincia.

Y la venta que de otra manera se hiciere sea ninguna, como será la que se hiciere de hacienda de raíz a español, con licencia o sin ella.

[…]

43. [Que se impida la geofagia]

Y porque de la gran desorden que la mayor parte de los indios de toda la dicha provincia tienen de comer tierra, desde muchachos hasta la vejez, se han seguido, y siguen, muchas muertes anticipadas de ellos y enfermedades continuas que les impiden acudir al beneficio de sus haciendas, en que hay notable disminución, sin que haya remediado.

Y que para que estos daños cesen adelante, ordeno y mando que ningún indio, ni india, coma tierra, en poca ni en mucha cantidad, y a los muchachos y muchachas de hasta quince años castigarán sus padres severamente.

Y a los demás adelante, es de la justicia en la picota del pueblo 50 azotes por la primera vez, y por las demás 100.

Y a los demás indios e indias de veinticinco años les den en la dicha picota 100 azotes por la primera vez y las demás 200 cada una, con pregón público en que se manifieste el feo delito que cometieron.

Y al que dos veces lo cometiere no pueda tener oficio de república por cuatro años, desde que lo hubiere cometido y sea castigado.

Y si fuese principal quede adelante por macehual, sujeto a los servicios del pueblo.

Y los alcaldes de él ejecuten esta ordenanza en los transgresores, so la pena de ella, la cual ejecute en los dichos alcaldes el gobernador de la dicha provincia si fuesen negligentes, pena en su residencia se les hará cargo grave de ello como de cosa que tanto es contraria al servicio de Dios y al aumento de la dicha provincia.

Hecho en el pueblo de Huehuetlán, provincia de Soconusco, en 5 de abril de 1625.

Y que conviene a mi servicio y gobierno de las dichas provincias las mandase confirmar.

Y habiéndose visto en mi Consejo Real de las Indias, juntamente con lo que dijo y alegó el licenciado Juan Pardo, mi fiscal, en él, he tenido por bien de dar la presente por la cual os mando veáis las ordenanzas aquí insertas y las hagáis guardar

AGCA A.1.23. Leg. 4576, fols. 150-151v.

Fuente:

Francisco de Solano. Cedulario de tierras. Compilación. Legislación agraria colonial (1497-1820). Instituto de Investigaciones Jurídicas. Universidad Nacional Autónoma de México. Primera edición: 1984. Segunda edición: 1991. México.

http://biblio.juridicas.unam.mx/libros/libro.htm?l=387