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Siglo XVII > 1620-1629 > 1628

Informe del estado en que Diego Carrillo de Mendoza y Pimentel, Marqués del Gelves, halló los reinos de la Nueva España.
1628

Informe del estado en que el Marqués de Gelves halló los reinos de la Nueva España, y relación de lo sucedido en el tiempo que la gobernó y del tumulto y lo demás hasta que volvió a España.

Entró S. M., que Dios guarde, a gobernar su monarquía deseoso que el servicio de Dios asentase el suyo, y todos sus reinos se reformasen. Para el de Nueva España escogió al Marqués de Gelves, excusóse proponiendo otros, no se le admitió, y viéndose nombrar virrey, esforzó la excusa y se le mandó por S. M. aprestase su viaje con brevedad, ofreciéndole particular asistencia a que se dio principio escribiendo en nombre de S. M. al arzobispo, obispos y demás comunidades del reino, que si sucediese cualquier alboroto o tumultos o el virrey quisiese remediar algunas cosas convenientes al servicio de Dios y suyo, se procurasen conformar con él, y encaminar sus designios. Consta por su real cédula del 11 de mayo de 1621 librada por el Real Consejo de las Indias.

2. Enbarcóse el 3 de julio de 1621, llegó a la ciudad de México sin admitir fiestas ni regalos, pagando el costo del viaje a los indios aunque no se acostumbraba. Se le quejó con gran sentimiento su antecesor, el Marqués de Guadalcázar, que estaba en México, por lo ultrajado que se hallaba del arzobispo, que le perseguía, de los oidores que gobernaban, que unas veces con acciones propias y otras con omisiones de castigo, habían animado la gente soez y vil a desprecios suyos.

Por ser más necesario en aquellas que en otras partes, ejemplificar con sus respetos los que se deben tener a ministros que tan inmediatamente representaban al rey nuestro señor, como sus virreyes, quiso el Marqués de Gelves despedir con aplauso al de Guadalcázar que iba por virrey al Perú.

3. Convidó para esto la audiencia, tribunales, nobleza, y todos concurrieron, sólo faltó el Lic. Gaviria, oidor de aquella audiencia, aunque se paseó por el lugar ostentándose poderoso entre los virreyes y sigular entre los demás oidores. Y otro día dijo al virrey había faltado al acompañamiento del de Guadalcázar porque en acción tan pública, gustaba mucho que el reino supiese sabía ser enemigo del Marqués de Guadalcázar, que lo había sido suyo, como amigo de sus amigos; consta del proceso de su prisión que está en el Consejo Real de Indias, y cartas del del marqués a S. M., del 1.o de diciembre de 1623 y del 1.o de junio de 1624.

De los mayores y pequeños quiso saber el estado del reino, le dio muy entera noticia el arzobispo, cargando mucho la mano, en que el quitarla a los oidores y en particular al Lic. Gaviria, era servicio de Dios y S. M., y la conservación del reino.

4. Le agradó el estilo del virrey, luego que empezó a conocer su celo, y escribió en su loa y hacimiento de gracias a S. M., parece por su carta en el Real Consejo de Indias.

5. La primera cosa que puso en cuidado el nuevo virrey fue remediar la carestía de bastimentos de la ciudad, que la tenían en hambre, porque aunque la cosecha había sido en abundancia, la diligencia de los ricos en entregarla había sido muy grande y la fanega de maíz (pan más común que el trigo) valía a 48 y 50 reales, y así los demás frutos y carnes.

Ocurrió al pósito por remedio, averiguó que S. M. daba cada año para él 130.000 reales, que repartidos en los regidores mismos les eran ganacia, no remedio ni abasto a la ciudad, hizo diligencia para su restauración, no pudiendo conseguirla tan en breve como la necesidad pedía, suplió de su hacienda 80.000 reales, con éstos y los demás se empezaron a comprar bastimentos. Mandó que ninguno los vendiese en sus casas, sino que todos los trajesen a la alhóndiga, e hizo diligencia de quienes los entraran, y mandó los remitiesen a la ciudad dejando libre para que cada uno vendiese al precio que pudiera, y bajó de 50 a 18 reales la fanega de maíz, y en breve fue abundancia la carestía; consta por la información que dio el procurador de la ciudad, y del testimonio de los autos sobre el pósito y cuentas de él, que se remitió al Real Consejo de las Indias, con el aviso segundo del 21 de febrero de 1622, refiriéndose al número 46.

7. Las carnes y demás bastimentos padecían la misma carestía, porque las despensas despojaban las plazas, prohibiolas en general a los señores y a los padres de la Compañía, y mandó que en ninguna parte sino en las diputadas para ello se pudiesen vender carnes, comprendiendo la del arzobispo, por haberle dado aviso y memorial, tenía en su casa pública carnicería y el despensero le daba 800 reales cada mes y carne de balde para sus criados. Consta del memorial de Jacinto de Vallejo, que con citación de testigos dio al virrey y se remitió a S. M. en despacho del 14 y 20 de noviembre de 1621.

8. Hermanóse al hambre la enfermedad, y halló que su mayor ocasión nacía de la poca limpieza de las acequias (son unas zanjas grandes que desde su antigüedad usa aquella ciudad en que se recogen las aguas el invierno y echan las inmundicias), para quitar la ocasión a la peste y asegurar la ciudad de inundaciones. Sabedor que aquel era el medio más eficaz para ello, las redujo al estado antiguo. Consta de dicha información y avisos a S. M. en su Real Consejo de Indias, a que respondió en carta del 25 de octubre de 1623.

9. Habíase intentado fabricar una obra insigne, que llamaron el desagüe, que hasta entonces costaba 1.140.000 pesos y las vidas de más de 50.000 indios, y con asistencia del ingeniero que había dado la traza y asistido desde el principio a la fábrica, acompañado del Oidor Galdós de Valencia, superintendente nombrado para esta obra, y de dos regidores de México, y del escribano mayor de él, y de las personas prácticas; se pesaron las aguas y conforme las alturas juzgaron todos por imposible que se consiguiese el fin para que se principió (que fue desaguar la ciudad de México) y verificó el virrey que el sustentar la fábrica era para aprovechamiento de ministros, criados o confidentes de virrey y oidores que a ella asistía. Y por lo que constó y a instancia que le hizo la ciudad de México y pueblos a ella circunvecinos, suspendió el proseguirla hasta que S. M. en su consejo tomase la resolución, a quien remitió la planta papeles y demás autos, y puso en depósito la renta situada para dicha fábrica, que después del tumulto repartieron los oidores en los efectos y cosas que se dice a número 204, como consta de los autos remitidos a S. M., en su Consejo de Estado, con carta de diciembre de 1623; refiérese en el auto de la ciudad a número 46.

10. El día de la Candelaria de Nuestra Señora, que es de los de obligación de ir a la catedral, el virrey, audiencia, tribunales y regimiento, habiéndolos prevenido el portero algunos regidores ordenaron que no les llevasen los asientos a la iglesia y quitaron el que los guardaba las llaves y no quisieron acompañar al virrey, so color de cierta competencia que con los oficiales reales tenían sobre el asiento, el virrey les había mandado acudir dejándoles su derecho a salvo. Y viendo que le faltaban de acompañar y del lugar en que solían estar en la iglesia, los mandó llamar por el corregidor y con consulta de los oidores prender a los que no viniesen. El corregidor, habiéndoles requerido, por decirle que antes querían ser presos que obedecer, los puso presos en las casas del cabildo de donde de noche y de día salían y hablaban libre y desacatadamente, con palabras injuriosas, indecentes e indignas de la autoridad del virrey y del decoro y reverencia que se le debe.

Y un día de jubileo, estando en la Compañía de I E S V S, en los oficios divinos, le enviaron una petición descompuesta y atrevida, ordenada por el Dr. Juan Cano y llevada por un criado de los regidores, con orden se le diese en aquella publicidad, de que resultó gran escándalo y visto esto y otros desacatos que en juntas que para ello hacían, cometían contra el virrey, recibida información, que cometió al Lic. López de Ubeda, su asesor, los mandó sacar de la ciudad, movido de ejemplares de sus antecesores hechos en menores casos, y remitió la causa a S. M., apelaron de ella a los oidores y habiéndoles hecho relación, se la volvieron a remitir al virrey. Consta de los autos remitidos al Real Consejo de Indias, en el aviso de febrero de 1622.

11. Halló el reino lleno de delitos y delincuentes insolentes y atrevidos por la omisión de justicia y a todos permitidas las armas de fuego, los caminos y la misma ciudad no segura, mandó que los cirujanos le diesen cuenta de cualquier herida que curasen, prohibió en general armas de fuego, que después permitió, según la calidad de los sujetos, y para la seguridad, paz y desembarazo de los caminos; eligió comisarios que recogiesen la gente facinerosa y vagabunda que tan infectado tenía el reino. Hizo prender los más delincuentes y del estilo y diligencias que en esto puso, avisó a S. M. en carta del 7 de junio de 1622 que está en el Real Consejo de las Indias. Y teniendo los alcaldes de corte sustanciadas sus causas, los soltaban los oidores en las visitas de cárcel, de que se quejaron al virrey por memorial que dieron el 22 de noviembre de 1621, pidiéndole remedio y protestando quejarse a S. M. si no les ponía, por haberlos soltado en fiado muchos de los presos que tenían condenados en revista contraviniendo a las cédulas de S. M., como consta del memorial de los alcaldes remitido a S. M. con carta del 26 de febrero de 1622.

12. Avisó a los oidores el virrey y obró tan poco que soltaron en otra visita a Juan Gutiérrez de la Pompa, preso por haber cortado la cara a una mujer, lanzeado a dos hombres, en la ciudad uno y en el campo otro, y haber robado una mujer casada y pasados los carrillos al marido de que se querelló y dio información y de haber amenazado a los testigos, y resistidos a la justicia y decirse había muerto un teniente de ella y maltratado al provincial y ministros de la hermandad. Soltaron con caución juratoria a Juan Lozano, que había estuprado una doncella en el campo.

13. Y en dicha visita dieron en fiado a Don Gerónimo y Don Martín Guerrero, que en la ciudad habían herido un mercader y resistido a la justicia.

14. También halló libre y en fiado a un adúltero, que había más de dos años que la sala del crimen le había condenado en destierro de algunos años, con calidad que sirviese parte de ellos personalmente en las Islas Filipinas, y que nunca se ejecutaría la pena por ser poderoso y rico y amparado de los oidores habiendo el marido muerto a la mujer, que era de lo más noble de aquel reino, de que se quejó Diego de Ayala Haro, que lo era ante S. M. en su Real Consejo de Indias, diciendo que el favor de Gaviria no le dejaba conseguir su justicia.

15. Había sucedido que a una señora mujer de un sobrino del Marqués del Valle, a las ocho de la noche la habían muerto a puñaladas tres embozados; seguía fe la causa y los reos poderosos y ricos favorecidos de los oidores, se prometían en cualquier visita de cárcel la soltura, prohibió se visitasen hasta que determinase la causa por los alcaldes de corte; avisó a S. M. por cartas del 26 de febrero de 1621 y del 23 de febrero de 1622, respondidas por S. M. el 31 de diciembre de 1623 y el 25 de octubre de 1623. Consta de los avisos y de los testimonios de los escribanos de cámara que con ella se remitieron.

16. Por estos excesos ordenó que después de hecha la visita a la cárcel por los oidores, se la llevasen y llamados ante sí los alcaldes de corte, con su consulta los que no se habían podido soltar conforme a las cédulas de S. M. hacía detener; de que avisó a S. M. y le regració y mandó hiciese guardar justicia en las visitas de cárcel, para que no le suelten los reos con la facilidad que había.

17. Y viendo Gaviria que en visita de cárcel no podía con sus diligencias eximir sus parciales de la jurisdicción de los alcaldes de corte, siendo juez de bienes de difuntos dio una comisión por su juzgado a un reo llamado Juan de Palacios, criado de Don Melchor de Baráez, que estaba llamado a pregones por un delito atroz. Consta de los testimonios números 21 y 22, que se remitieron a S. M., en el aviso que salió de México el 16 de diciembre de 1623.

18. Desesperados los delincuentes del favor de los oidores, se acogían al de la inmunidad eclesiástica, probándola con número de testigos falsos; hizo que el fiscal de S. M. tomase la voz para averiguar el delito, y el mismo juez eclesiástico, teniéndolos convencidos y confesos, los condenó a servir a China. Pidió el auxilio al virrey. Diósele y la audiencia en grado de apelación le suspendió, con que otro día los reos se pasearon libres. Consta de los descargos dados ante el visitador en capítulo 3 del cargo primero, en que le absuelve.

19. Halló robada la real caja y quebrantadas sus paredes y cerraduras, sin indicio de los reos. Los descubrió, remitió su causa a los alcaldes e hizo restituir el hurto a S. M. y castigar a los delincuentes. Consta por carta que remitió a S. M. el 14 de noviembre de 1621 y 24, de 1622.

20. Mandó le sacasen los contadores memoria de todos los débitos y rezagos que hasta allí se debían a S. M. y aunque se le presentaron imposibles e incobrables, cobró con su diligencia rezagos que estaban hechos desde el año 1598, sacando de la contaduría de tributos casi 100.000 pesos, como consta del testimonio que dio Mateo de Aróstegui, contador de tributos, a quien por esta mala administración pretendió obligar a que pues por su defecto no estaban cobradas ésta y otras cantidades, las pagase de su hacienda, como consta del auto del 25 de setiembre de 1622, que se remitió al Consejo.

21. Lo que con este oficial real, le sucedió con los demás, por cuya omisión se debían a S. M. muchos rezagos de ellos, cobró casi 200.000 pesos. Como consta de los testimonios dados por los contadores remitidos a S. M. en su Real Consejo de Indias y de un auto del virrey, su fecha el 15 de setiembre de 1622.

22. Atento al beneficio público del reino por los avisos que tuvo de que despachados los mandamientos de pago por los virreyes era granjeo de los oficiales reales el apresurar o detener las pagas, y tomaban en sí las libranzas, y haciendo perder alguna parte a los interesados las pagaban en sus cajas. Y asimismo tuvo aviso que es costumbre en aquella real caja, pagar sin distinción en reales o en pasta de plata y del trueque de la pasta a reales, se interesan en cada marco dos reales y medio o tres de plata, y tomando en sí los oficiales las libranzas se las pasaban de su mano en reales a los interesados les contaban la pérdida del trueque de la plata a reales, interesando aquellas cantidades. Sobre esto dispuso que todos los días de paga le enviasen los oficiales reales certificación del dinero o plata que tenían de S. M. y según la cantidad y géneros que había daba los mandamientos de pago y no más, con que cesó la ganancia de los oficiales reales. De esto, como si fuese culpable, le hizo cargo el Lic. Gaviria, en el memorial de cargos que dio al visitador, que fue en número el 16 y el visitador declaró por auto no debérsele hacer este cargo, por haberle onstado que resultó en beneficio público y en mayor aumento de la real hacienda.

23. Halló defraudado a S. M. en grandísimos intereses causados de que unos extranjeros le habían falseado el sello real con que se señala la plata que se saca de las minas, que denota estar ya pagado de sus derechos, y la ley que la plata tiene para que sea corriente, y el daño de abonar como de ley, con el sello real la plata que no la tenía, y de falsear las mismas barras en pasta, metiendo adentro del cuerpo de la plata otro de bronce o plomo. Se sintió en Sevilla y se avisó en nombre de S. M. a México, para que se hiciesen las diligencias con Juan Bautista Magreda, veneciano, que estaba preso por este caso cuando el virrey entró, con tan ceremoniosa prisión, que dormía y asistía lo más del tiempo en su casa. Veló sobre la averiguación el virrey, y no solamente lo halló reo, pero descubrió los cómplices y el sello de que se valían, y remitido a la sala del crimen, los quemaron. Consta por cédula de S. M. del 15 de junio de 1622, no obstante que procuró impedirle el Dr. Juan Cano, con peticiones libres, por lo cual le condenó la sala civil y de los alcaldes en 20.000 maravedís y en suspensión de oficio, por seis meses. Puso este letrado esto por demanda ante el visitador al marques y le dio por libre, condenando al abogado en costas parte de la sentencia.

25. No era menor el daño que se causaba a la hacienda real con la asistencia de los extranjeros en los reales de minas, pues cada año les valía 200.000 pesos, ganancia que desde que ellos entraron en ellas, se había perdido siendo el interés que S. M. perdía en cada marco de plata 14 reales, sin los intereses en que también le defraudaban de mercaderías de contrabando y saca de tan gran cantidad de plata para otros reinos. Determinó que ninguno asistiese en dichos reales de minas, y por las manifestaciones constó que cada año de los de 1622 y 1623 de solo un puesto de minas, que era Zacatecas, había interesado S. M. 170.000 pesos, como se verificó por los manifiestos. Y siendo 44 los puestos en que se benefician minas se deja entender cuánto serían de provecho a la real hacienda estos intereses, y consta de los avisos que dio S. M. en cartas del 10, 13 y 16 de junio, y 8 de noviembre de 1622, sobre que S. M. le regracia el 9 de octubre de 1623.

26. Se proveen las Islas Filipinas con los socorros de Nueva España, parte en municiones y bastimentos y otra en dineros, de que se socorren en fábrica de galeones y pagas de ministros y soldados los remates de las cosas que en especie le enviaban. Corrían por cuenta de los oficiales reales y era S. M. defraudado no solamente en la cantidad sino en la calidad de las cosas. Atendiendo el marqués a su remedio y a las quejas que desde Filipinas le enviaban, reservó en sí el despacho y ahorro cada año en los géneros que se enviaban en especie, bastimentos y municiones, 30.000 ducados, y los envíos fueron tan cuantiosos, que muchos años antes ni hasta hoy se han visto. Consta de los testimonios remitidos al Consejo en diciembre de 1623.

27. Luego que llegó por virrey, halló que los indios estaban con general desconsuelo y aflicción, por la mudanza de ministros que se mandaba hacer entregándolos a clérigos y quitándolos de religiosos. Y hecha junta de los más calificados sujetos, clérigos y seculares, se le representaron gravísimos inconvenientes si se ejecutaban estas órdenes, con que se halló obligado a conservar los religiosos en la posesión y derecho que tenía, de que el arzobispo le dio por muy ofendido y no menos los padres de la Compañía, que se habían ofrecido a suplir el defecto y suficiencia de los clérigos, con sus personas. Consta de los autos que se remitieron al Real Consejo de Indias, y de los de la junta que aprobó la manutención de los religiosos.

28. El arzobispo, que al principio no pudo negarse a la calificación, con que escribió a S. M. del gobierno del virrey, cuando se halló quitadas las carnicerías y la administración de doctrinas que pretendía para sus clérigos, requerido también que en las visitas procurase evitar algunos escándalos, de que le habían dado memoriales sobre que su antecesor había hecho informaciones que estaban en el Consejo de Indias, convirtió en odio el buen afecto. Y de él, todo se dio por ofendido cuando se vio tan atento a la proposición que de ministros para los indios le hacía buscando el más benemérito aunque el lugar que le daba el arzobispo no fuese el primero.

29. Advirtiole la corrección de algunos clérigos libres y escandalosos, con mucho secreto y solo sirvió de sacar a público las quejas y darlas a los interesados, para que quedasen enemigos del virrey. Miguel Ruiz de la Torre, alcalde de corte, y juez de residencia del Marqués de Guadalcázar, y que le había averiguado que el declararse a ponerlos había sido a persuasión del arzobispo, y por 8.000 reales que para ello le había dado, con que se halló obligado a advertirle cuán indignas eran de su autoridad y oficio semejantes acciones, estas cosas tenían al arzobispo mal contento y así empezó a desacreditar las acciones del virrey, y la primera dándole por excomulgado, por el empréstito y donativo que pedía para S. M. Consta de los autos hechos por el visitador sobre este caso.

30. Halló banderizadas las religiones, con cismas y sediciones causadas del favor o desfavor de los oidores, deducidos a tribunales de audiencia y juicio público sus defectos, contra los sacros cánones, leyes del reino y lo dispuesto por S. M. en sus cédulas. Mandó a los escribanos no admitiesen peticiones de religiosos contra sus prelados y constándole al Lic. Gaviria las hizo leer, y las decretó de su mano, por resistencia del escribano que se excusó con la orden del virrey, parece por los autos de su prisión remitidos al Real Consejo de Indias.

31. Obligó a los religiosos de la Merced a recibir y conocer su prelado, que no reconocían. Consta de carta escrita a S. M. y a su presidente de Indias el 14 de noviembre de 1621.

32. Compuso y redujo a obediencia y quietud a los de Santo Domingo, que poderosos con la amistad del arzobispo sembraban cisma, dando auxilio a su prelado, que se le pidió para sacar de la ciudad al autor que era un maestro llamado Prado.

33. En la de San Agustín tenía el Dr. Galdós de Valencia un deudo tan poderoso, inquieto, sedicioso y banderizo, que tenía negada la obediencia al provincial y había compelido a un visitador enviado por S. M., que fue el maestro Guiral, a embarcarse, dejada la visita. El provincial le pidió auxilio y con él los redujo a obediencia. Consta del proceso de Gaviria que se remitió al Real Consejo de las Indias y descargos en el cargo 9 que le hizo el visitador.

34. Se habían sustraído con el favor de Gaviria de la obediencia del comisario general de San Francisco, algunos religiosos, los procuró reducir y aquietar, y lo consiguió. Consta de carta remitida a S. M. del 26 de febrero de 1622, en el Real Consejo de las Indias.

35. Los padres de la Compañía, embarazados en el manejo de las haciendas de ingenios de azúcar, de ganados, labranzas y canteras que tienen, no pudieron excusar que llegasen a los oídos del virrey quejas muy apretadas de indios de que los tenían detenidos muy largos años, sin haber visto sus casas, hijos y mujer, que tenían cárcel en que los encerraban, y cepo en que los ponían de noche, porque no se les huyesen, con que les denegó que en las canteras caleras y demás haciendas se sirviesen de ellos. Consta de los memoriales que dieron los indios al virrey y el mayordomo de dichos padres que se remitieron al Consejo.

36. Siendo tantas las haciendas, también lo son las dependencias en el reino, en particular con los tribunales y más con el de la audiencia donde al tiempo que sucedió el tumulto, tenían pendientes pleitos de más de 500.000 pesos, que el virrey había procurado componer, sin estrépito de juicio y no consiguió.

37. Crecían tanto los excesos del Lic. Gaviria y eran tan generales y continuos en todas las materias, que estorbaban al virrey en el gobierno y en los actos más públicos a que concurrían. Se singularizaba la oposición y desacato conocido, desde el principio, pero el virrey procuró con blandura y suavidad corregirle. Atribuyó a temor lo que era deseo de evitar encuentros con ministros y estorbos a la justicia, y gallardeando contra el virrey se declaró por dueño de sus acciones, para el descrédito y menosprecio con hechos y palabras ausente y presente, como parece de los testimonios remitidos con su carta del 6 de junio de 1623, y con ella la información sumaria de sus desacatos.

38. Suplicando a S. M. mandase corregir los excesos de este ministro, que él procuraría conservar la benevolencia y disimular sus desórdenes, porque de mano de S. M. se le diese la corrección.

39. Prosiguió en su atrevimiento en el reino y fuera de él avisando no obedeciesen al virrey y ofreciéndoles su amparo, incitaba a los oidores a que diesen quejas del virrey a S. M. Llevaba las cartas escritas y los irritaba para que las firmasen, y viendo su violencia las protestaron. Consta de la deposición de algunos oidores ante el visitador.

40. El común y particulares daban de él no pocas quejas al virrey, las religiones grandísimas, y no pudiendo negarse a ellas por dejar corriente a la justicia y despachos, le mandó estuviese detenido en su casa, y desde entonces lo estuvo, permitiéndole en ella ser juez de bienes difuntos, que le cabía por su turno, prohibiéndole sólo la concurrencia en actos públicos y la audiencia por el impedimento que causaba a la justicia y escándalo al reino con sus desacatos. Consta de las cartas del virrey del 6 de junio y 22 de diciembre de 1623, de los memoriales e informaciones y testimonios que con ellas se remitieron al Real Consejo de Indias.

42. En el tiempo que estuvo preso, se empleaba en desacreditar las acciones del virrey.

43. Formando a deshoras de la noche juntas en que concurrían los oidores de su facción, los poderosos que el virrey tenía oprimidos, los facinerosos y delincuentes que había castigado o le huían temerosos, y generalmente cuántos del virrey se hallaban quejosos.

44. A los nobles y ciudadanos que le visitaban retraía y culpaba la obediencia al virrey, irritándolos a que se negasen con ejemplares de sedicios de otros reinos, fraguábanse contra el virrey en su casa los libelos, que a las mañanas amanecían fijos en las partes públicas de la ciudad. Todo lo cual consta por el proceso causado contra dicho Lic. Pedro de Vergara Gaviria, en que deponen el Conde de Santiago, el Marqués del Valle, y otros diversos testigos, mayores de toda excepción.

45. Este estado de reino, en algunas de las materias referidas declaró la ciudad en su ajuntamiento, con un auto de este tenor:

Auto:

46. Dijo que por cuanto ha entendido y visto por las visitas que la fiel ejecutoria ha hecho en las plazas, la gran cantidad de bastimentos que en ellas hay, a muy moderados precios, y cada día es mayor el aumento por la gran vigilancia y cuidado que en esta materia especialmente ha puesto el Excmo. Sr. Conde de Priego, Virrey de la Nueva España. Y porque es justo que el pueblo y vecinos entiendan cómo el año presente, tienen el pan y demás bastimentos para su sustento a muy moderados precios, y que las posturas que se dan a los vendedores se observen y guarden. Acuerda que se pregonen las posturas y precios. Y para que haya memoria de los medios por donde el virrey ha conseguido la abundancia y moderación de precios, así en esta ciudad como en las demás partes, pueblos y ciudades de aquel gobierno y reino, se ordenó al procurador mayor pidiese ante el corregidor se le recibiese información de lo contenido, la cual pasase ante el escribano mayor del cabildo, y antes de ella se hiciese visita en la plaza pública por la justicia y fieles ejecutores, y se tomase testimonio de la cantidad de bastimentos que hubiese y precios de ellos y fechada con dicha información, se guardase en su archivo.

47. En su cumplimiento el procurador mayor Simón Enríquez, regidor y depositario general de la ciudad de México, presentó ante el corregidor una petición en nombre, y como procurador de la ciudad de México, en que dijo que para que en todo tiempo conste y haya memoria en el cabildo y regimiento de esta ciudad, del acerado gobierno del Excmo. Sr. Conde de Priego, Marqués de Gelves, virrey de esta Nueva España.

48. Y de los particulares y generales beneficios que se han seguido y siguen a todo este reino, de la atención con que asiste al gobierno de él, conviene al derecho de la ciudad, se le reciba información de lo referido, y en particular de cómo habiendo en esta república en el tiempo que entró a gobernar este reino dicho excelentísimo señor, muy gran carestía y falta de mantenimientos, para el sustento de los vecinos, gente pobre e indios naturales, en especial de los maíces, panes y carne, y demás mantenimientos.

49. Luego que entró en dicho gobierno, mediante su celo cristianísimo, prevenciones extraordinarias, diligencias y arbitrios que tuvo se remedió la gran necesidad que hubo, y mediante lo referido los regatones de dichos mantenimientos quedaron quitados, frustrados y castigados de tal manera que valiendo como en aquel tiempo valía, cada fanega de maíz a 40 reales, barató 18, y la fanega de cebada a 8 reales, y la carga de harina a 56 reales, cuyo precio se ha continuado en tan gran beneficio de los pobres e indios naturales que fue y ha sido la total restauración de todos ellos por ser el maíz el principal mantenimiento de que se sustentaban.

50. Si se considera se hallará que en aquel tiempo, además de redimir tan gran necesidad les ahorró a los pobres indios y común de aquella ciudad en el maíz que en ella se vendió a más de 300.000 pesos de la baja que vino a tener de los 40 reales a que valía, a 18 que vale.

51. Siguiéndose a los pobres indios otro particular beneficio desde entonces, por haber estado y estar la alhóndiga de esta ciudad tan abundantemente abastecida, que con muy gran descanso todos gozan de dichos mantenimientos, en que no se espera ni teme necesidad por la continuación que S. E. ha tenido mediante sus diligencias y prevenciones en el remedio de lo susodicho y los precios a que hoy se vende todo género de bastimentos, son los más moderados que se han visto ni conocido de veinte años a esta parte.

52. Estando reducidos a peso, postura y medida, dándose 19 onzas de pan cocido por medio real y 8 libras de vaca por un real y 3 y media de carnero por otro. Y cada uno por lo que le toca observa y guarda dichas posturas, pesos y medidas por el temor que tienen al castigo mediante el cuidado y diligencia que con V. M. como corregidor de esta ciudad, guardando y ejecutando las órdenes de S. E., acude al cuidado y visitas de plazas, carnicerías y alhóndigas, y los regatones y gente poderosa y rica que tenían por uso y costumbre atravesar y rescatar dichos mantenimientos y revenderlos. Han cesado en dicha regatonería, por el temor del castigo que tan olvidado estaba de antes, y que tan necesario era. Y así en esto y en lo de más particular y general con que S. E. gobierna este reino.

53. Todos los que en él viven le deben estar reconocidos, por ser como son, mantenidos en paz y en justicia, consiguiéndola los pobres contra los ricos y poderosos, premiando los buenos y castigando los malos delincuentes y gente baldía, con ejemplares demostraciones. Con que viven seguros en sus estados y haciendas, y cada uno atiende a dar buena cuenta de sí en lo que le toca, por lo bien que están regidos y gobernados. Todo lo cual se ha convertido en general beneficio de este reino y ciudad. Que además de lo referido se han seguido y siguen otras utilidades a él, como son las del beneficio de los reales de minas, que mediante el cuidado de S. E. han estado y están proveídos de azogues, y lo demás necesario para su mayor aumento. Y lo mismo se ha conseguido en el mal haber de S. M., y cobranzas de sus reales derechos, y con la misma atención y cuidado.

54. S. E. ha procurado y procura la conservación y aumento de los indios naturales, relevándoles de molestias y vejaciones.

55. Las obras públicas del reparo y perpetuación de esta ciudad, han ido en aumento y el desagüe de la laguna se ha proseguido en la verificación de lo más verdadero.

56. Para que conste en todo tiempo de lo referido, y que esta ciudad tenga ejemplares semejantes a V. M. pido y suplico mande se me reciba información de lo referido al tenor de esta petición. Y se haga visita de la plaza y alhóndiga de esta ciudad, y se ponga por testimonio lo que de ella resultare para que conste de lo referido y se me de uno, dos o más traslados autorizados y de manera que hágase y pido,

Simón Enriquez.

57. El auto fue mandado, se recibiese información y se le diesen los traslados y se hiciese la visita, llamando para ella a los caballeros, regidores, los cuales fueron a la plaza y hallaron que el pan, desde diez y ocho a veinte y dos onzas se vendía por medio real, y esto en muchísima abundancia, y los demás bastimentos, a fin de que ningún mantenimiento común hubiese falta, ni fraude en las posturas, y en la alhóndiga se hallaron mil cargas de harina, quinientas de maíz y los precios de la harina de 56 reales la más baja, y la más alta a 80. Y el de la fanega de maíz de 18 a 20 reales, de que se tomó testimonio y se firmó por todos los regidores, que allí se hallaron.

58. Y el 25 de agosto se procedió a la información y se recibieron para ella once testigos, dos administradores de la alhóndiga y mayordomos que han sido y son, dos caballeros, tres personas eclesiásticas del clero y religiosos, cuatro mercaderes que son y han sido procurador y cónsules del comercio, los cuales todos deponen por el tenor del interrogatorio. Y dicen haber sido extrema la necesidad y apretura de la ciudad en los bastimentos antes de la venida del virrey. Y que se vendían repartiéndolos en las alhóndigas por medida, dando un tanto a cada persona, por excesivo precio, y por serlo tanto, aun de esta manera, sólo los ricos lo conseguían. Deponen de la abundancia notable en tiempo del virrey, atribúyenla a su cuidado y vigilancia y a celo cristianísimo del bien de los pobres y conservación de los indios. Dicen de la comodidad de los precios en que no se varió el tiempo de su gobierno, aunque los tiempos eran estériles por haber hecho desentrojar lo guardado. Estas y las demás acciones de su gobierno las toman por buenas santas, y de beneficio a la república no vistos muchos años antes.

59. Dicen en todo el común y república, le debe estar agradecida por el general beneficio que han gozado y gozan, viéndose bien gobernados, seguros, mantenidos en paz y quietud con seguro de sus personas, honras y haciendas, viéndose conformes con su estado y en la moderación de vida, libres de las molestias, agravios y vejaciones en que antes solían estar obrando justicia sin excepción de persona, consiguiéndola los pobres contra los ricos, haciéndoles satisfacer de sus agravios y deudas, recogidos los facinerosos y delincuentes, con que todos viven seguros por el concierto y acierto que en toda materia de gobierno S. E. tiene asentado y observado, imitando los súbditos el ejemplar que tienen en la vida de S. E., que con tan grandes demostraciones de cristiano asiste al gobierno de este reino y en conclusión, dicen como personas que tienen larga noticia y experiencia de las cosas del reino, que saben y tienen por cierto que la total restauración de él ha sido y es el gobierno de dicho señor virrey, por cuanto el día de hoy en todos géneros, las materias de él están también asentadas y observadas, cuanto bien recibidas, en lo particular y general.

60. Así lo sintieron y juraron por verdad, antes que la maliciosa diligencia de los oidores los pervirtiese, el último testigo de esta información depuso el 26 de octubre de 1623, ochenta días antes del tumulto, y hasta entonces como por el auto y la información se refiere, pareció inculpable su vida.

61. Por muerte del corregidor, los oidores habían nombrado a Don Melchor Pérez de Varáez, que lo era de Metepeque, por ser incompatible, y otros quebrantamientos de leyes que en ello concurrieron los condenó el Real Consejo de las Indias, en cada cien ducados la cédula en que los condenaban llegó mando y gobernaba el Marqués de Gelves y entendió que sobre lo dispuesto por el Consejo querían formar juicio para determinar si era o no incompatible. No se les permitió e hizo que pagasen la condenación, como consta de los autos.

62. Seguíale la causa contra los que habían comprado en cosecha los bastimentos y los tenían ocultos y entre otras denunciaciones la hubo contra Don Melchor de Varáez, a quien entre otras cosas capitularon, de que siendo el precio común del maíz de 16 a 20 reales, había compelido a los indios de la jurisdicción donde era corregidor que se le diesen a 5 y 6, que los despachaba a la ciudad de México a vender con los mismos indios, sin pagarles sus fletes. Que rescataba todos los demás frutos y ganados, ocupando los indios en repastarlos, no les pagaba pastos ni pastorería. Que les hacía pagar las reses que por muerte o enfermedad faltaba; que tenía públicas carnicerías y en ellas se vendían carnes mortecinas, algunas veces compeliendo a los indios aún en días cuaresmales a recibirlas. Que haciendo venta de la justicia le había concertado con los dueños de ganados y en particular con el Conde de Santiago, cuyas haciendas caen en su jurisdicción de no hacer causa ninguna ni recibirla de parte contra sus mayordomos. Y las hechas hasta allí dárselas originales, cuando acabase su oficio y de ello dio información sumaria ante el virrey con muchos testigos. Y porque éstos citaban otros ausentes de la ciudad, mandó el virrey se recibiese más información y la cometió al Dr. Lorenzo de Terrones, presidente de alcaldes, como parece por los autos remitidos al Real Consejo de las Indias. En el despacho del 8 de noviembre de 1622 Don Melchor recusó a dicho alcalde y se acompañó con un letrado y en ejecución de su comisión y en conformidad de la información sumaria que estaba hecha antes ante el virrey y con parecer de asesores con quienes primero se consultó y a instancia del denunciador y de los indios, por lo que eran interesados y por los agravios de que se temían, se mandó detener en la ciudad de México, preso en las casas de cabildo, y se le tomó confesión sin embargo de protestaciones que hizo y se dio traslado al denunciador y se puso acusación a que no quiso responder dicho Don Melchor, y pidió soltura. Diósele la ciudad por cárcel y remitiose la causa para que la sustanciase y determinase al Oidor Cisneros, el cual dilataba el sustanciarla, y no quería entrar en ella por amistad del Lic. Gaviria, de quien era íntimo Don Melchor de Varáez y compañero en los tratos y granjerías, como está probado ante el visitador con mucho número de testigos. En la octava pregunta y por este defecto nombró el virrey al Lic. Don Juan de Alvarado Bracamonte, fiscal de la Audiencia de Panamá y le recusó dicho Don Melchor en su tribunal y ante el virrey, que le dio por recusado y le acompañó del corregidor de México. Los cuales vieron los autos y declinatoria de jurisdicción que hacía Don Melchor, por decir eran capítulos de residencia y competían a la audiencia y no al virrey, y los jueces reservaron para la definitiva proveer sobre las nulidades. Y mandáronle que respondiese derechamente y recibieron la causa a prueba, y por excusarle costas cometieron para que se ratificase los testigos que habían dicho y recibiese otros de nuevo al secretario de la causa, que lo era uno el mayordomo de dicho Don Melchor, y por cuya mano corrían los tratos y contratos, y tenía libro de debe y ha de haber de dicho Don Melchor. Y habiendo declarado éste y otros muchos testigos conforme las denunciaciones, los capítulos que tocaron a residencia se remitieron a ella; esta división de cargos constaba haberse hecho y remitido a S. M, en el Real Consejo de las Indias, por carta del 8 de noviembre de 1622, escrita por el Marqués a S. M. y por el despacho que con ella se remitió.

63. Y los que eran contra ordenanzas y en agravio de indios, por ser y competirle de oficio de virrey según lo dispuesto y ordenado por S. M. por sus reales cédulas, en particular una del 31 de diciembre de 1621 y otra del 25 de octubre de 1623, en que encarga el cuidado de los indios y que haga guardar lo que por sus instrucciones y cédulas reales tiene dispuesto. Mandaron los jueces a dicho Don Melchor se arraigase de fianzas y llegado a su noticia se retrajo al Convento de Santo Domingo.

64. Quebrantada la carcelería y vistos los autos condenaron a Don Melchor, en las penas que según ordenanzas había incurrido, aplicando a la cámara de S. M. más de 40.000 pesos, y a los indios la parte de los jueces, y le privaron de oficio de justicia en las Indias perpetuamente, y condenaron en destierro del gobierno de México. Apeló dicho Don Melchor para la audiencia. Consta de los autos originales que sobre esta causa se remitieron al Consejo Real de las Indias. Y el virrey no le otorgó la apelación, de que formaron queja los oidores y la dieron a S. M. en apuntamientos del 2 de junio de 1623, y de que le hizo cargo el visitador en la residencia, en su conformidad que fue el primero y le absolvió en la sentencia, consta de ella.

65. En este tiempo le vino comisión de S. M. al Dr. Don Juan de Canseco, alcalde de corte, para tomarle residencia a Don Melchor y de ello se le dio noticia y notificó, fuese a darla si gustase y no quiso por tener como tenía prevenido el ausentarse y venirse a los reinos de Castilla, sin pagar las condenaciones que a S. M. y a los indios debía.

66. Comunicado por el virrey y el caso con el fiscal de Panamá, y otros, y fueron de parecer que se le debía poner guardas y asegurar su persona. Y así se lo ordenó al corregidor, para que nombrase seis guardas que le asistiesen en el convento de Santo Domingo, pidiendo permiso y beneplácito a los prelados y religiosos de dicho convento, que le dieron y permitieron. Consta de los autos en el Real Consejo de las Indias y descargos ante el visitador, en el cargo del capítulo 9.

67. Dicho Don Melchor pareció por su procurador ante el vicario general, y pidió mandase le quitasen las guardas y dejasen gozar libremente de la inmunidad eclesiástica, antes que el provisor pudiese proveer sobre ella. Ocurrió el denunciador ante los jueces y pidió se requeriese al juez eclesiástico permitiese sacar de la iglesia a dicho Melchor.

68. Y declarase no deber gozar de la inmunidad de la iglesia, por no haber entrado en ella libre sino preso, y haber alzado y ocultado bienes al real fisco y estar en tiempo de residencia.

69. El cual respondió que vistos los autos proveería y sin juntarse como debía con los jueces, para proveer sobre esto, proveyó auto en que mandó al corregidor quitase las guardas dentro de dos horas, de que el corregidor apeló y protestó el real auxilio de la fuerza.

70. Y la noche siguiente que fue víspera de Todos los Santos, el arzobispo quitó la causa a su provisor y la advocó en sí, y mandó al corregidor so pena de excomunión mayor, que dentro de dos horas quitase las guardas, y de no quitarlas le pusiesen en la tablilla.

71. Nombró por notario para esta causa un clérigo su criado, llamado Joseph de los Reyes, aunque tenía más de veinte notarios seglares en su audiencia. Este se ofreció por más animoso y acostumbrado a oponerse a las reales justicias y día de Todos los Santos, a las siete de la mañana se le notificó al corregidor que de nuevo apeló y protestó el auxilio de la fuerza. Ese día envió recado dicho arzobispo con este notario al provincial de Santo Domingo.

72. Le pedía no consintiese las guardas y se juntasen con él a tratar de la inmunidad de la iglesia, porque estaba resuelto a hacer información a que el provincial respondió que él sabía muy bien mirar por lo que tocaba a la defensa de su convento. Y así descuidase Su Señoría pues no le tocaba, y los religiosos, no era bien que pareciesen testigos en causas no justificadas. Avisó el provincial al virrey; consta de su papel que está en los autos en el Real Consejo de las Indias.

73. Aquella tarde envió el arzobispo al clérigo notario, acompañado de otros sus criados a notificar a las guardas se fuesen de dicho convento con excomunión y la misma impuso al fiscal de Panamá y para habérsele de notificar, fue el clérigo a caballo y con mucho escándalo, y le cercó la casa y esperó a que saliese de palacio y dieran los finados a las seis de la mañana; no hallándole en su casa hizo sabedores en ella a sus criados del auto del arzobispo, y ad cautelam apeló el fiscal.

74. El virrey juntó los oidores, mandó hacerles relación de toda la causa y vista mandaron absolver los excomulgados por veinte días. Y porque el secretario Osorío tenía en su poder el auto de la audiencia, el jueves 6 de noviembre le envió a notificar con dicho notario clérigo le entregase el auto y por estar en el acuerdo el secretario de cámara, se le notificó a su oficial mayor el cual dio noticia al virrey, que mandó se dijese al notario en su nombre le esperase hasta que se acabase el acuerdo. Y habiéndolo entendido, respondió que no quería; sabedor el virrey de esta respuesta le mandó buscar y no hallándole envió un recado con el secretario de gobierno al arzobispo, suplicándole le enviase aquel notario y pasados dos días, y en ellos muchas demandas y respuestas, se le envió con su secretario y el virrey en compañía del fiscal de Panamá y del Dr. Luis de Herrera. Presente un secretario de cámara, le hizo ciertas preguntas y según daba las respuestas, aunque eran libres y descompuestas, se escribían, y acabadas le dijo el virrey al notario firmase lo que así había respondido y aunque se le requirió por cuatro o cinco veces, no quiso. Mandósele por auto de ruego y encargo, pasóse a la pena de temporalidades y extraño de los reinos. Y resistiéndose, se le exhortó no diese lugar a la ejecución de la pena y dijo que no quería, y que el virrey le había quitado un beneficio y así no se hallaba obligado a hacerle gusto. Acumulóle otra causa de desacatos y libertades, que le estaba averiguada por querella de Alonso Berrio, alcalde mayor de Guayacocotla, por haberle pretendido turbar la jurisdicción real y entrometerse a ella, y otros excesos, declaróle por incurso en las penas de extraño de los reinos, y mandó fuese llevado al puerto de San Juan de Ulúa; parece por los descargos dados por el marqués en su residencia, al cargo 9 que el hizo el visitador.

75. A este tiempo el arzobispo envió un papel con su secretario al virrey en que le declaraba por excomulgado, y le citaba y mandaba parecer en sus estrados, el cual visto, juntó el virrey más de veinte, teólogos y juristas, prelados y sujetos de mayor autoridad, ciencia y conciencia de aquel reino, y les mandó hacer relación de todo el caso y de lo que S. M. por sus reales cédulas tiene dispuesto sobre ello.

76. En particular una del 15 de octubre de 1606 dirigida al Marqués de Montesclaros, en que dice S. M., marqués y c. conforme a lo que está dispuesto por cédulas reales, que están dadas para el buen gobierno de ese reino, obligaba a que los eclesiásticos culpados los hicierais embarcar y enviar a estos reinos. Y así estaréis advertido de hacerlo de los que hallares culpados, y de los que adelante lo fueren en semejantes casos.

Y por otra del 25 de agosto de 1620 dirigida al Marqués de Guadalcázar, hablando no de clérigos sino de los religiosos que son más exemptos, le dice: Sabed que aunque estas materias sean sólo eclesiásticas, cuando pasan a tumulto o disensión o especie de perturbación de la paz pública, con escándalo del pueblo, es propiamente de vuestro ministerio y de la real autoridad, interponerla y exhortarles, y en caso necesario mandarles que se compongan y procedan bien, de manera que sientan no sólo intercesión de parte del bien público y mi servicio, sino que embarcaréis y reformaréis los que tuvieren culpa en semejantes procedimientos. Y habiendo visto y conferido dichas cédulas, se resolvieron y dieron por su parecer firmado que el virrey por lo hecho no habían incurrido en censura alguna, y el arzobispo por el escándalo que había causado y riesgo a que se exponía el reino, había pecado gravemente. Y este parecer exhibió original el marqués ante el visitador al cargo 9. Con lo cual el virrey proveyó auto para que el arzobispo repusiese todo lo escrito en esta razón y la declaratoria que había hecho, y no queriendo le despachó provisión con pena pecuniaria, y que se procedería a las temporalidades y extraño de los reinos y resistiéndose, le declaró por incurso y entonces obedeció. Consta por las respuestas del virrey ante el visitador, y de los testimonios con que satisfizo el cargo 9.

El denunciador en la causa de Don Melchor había recusado al arzobispo y no se quiso abstener ni acompañar, antes condenó al letrado que había firmado la recusación en 200 pesos, el cual apeló. Y el denunciador y jueces, guardas y abogado, le recusaron de nuevo, y alegaron ante el juez delegado de su santidad y se presentaron ante él con testimonio de la apelación con que despachó compulsoria y citatoria, para que el arzobispo absolviese por veinte días, y en su defecto, cualquier sacerdote expuesto, apeló y protestó el real auxilio y no quiso absolver. Por cuya causa un religioso de Santo Domingo requerido por las partes con la citatoria, los absolvió. Lo cual no obstante persistía el arzobispo en las censuras por lo cual las partes volvieron a apelar y el delegado despachó segunda carta con agravación de penas. Notificóse al arzobispo y apeló y protestó, y puso entredicho en todas las iglesias de la ciudad y a las ocho de la noche empezaron a tocarle, con que se alborotó todo el lugar, y en ejecución de estas censuras fue prosiguiendo en ellas con todo rigor, precipitación y ceremonias afectadas y nunca vistas, de que volvieron a apelar las partes y pidieron al delegado juez que ejecutase las penas y quitase el entredicho. Dio juez el delegado, el cual vino a México y dio noticia de su comisión al arzobispo, y le rogó cesase en las censuras, sin dar lugar a que procediese a las penas. Irritóse de ésto ásperamente y respondió que apelaba y protestaba el real auxilio de la fuerza. Consta de los autos originales presentados ante el visitador, en satisfacción del cargo diez que hizo el marqués.

77. Y aquella noche le vio el Lic. Gaviria y le incitó a que prosiguiese en esa causa y no desistiese de ella, y le aseguró el favor y asistencia de los oidores. Consta por el proceso causado ante dicho visitador, en que contestan mucho número de testigos mayores de toda excepción y aconsejó y puso en que otro día en una silla de manos, so color de pedir justicia, le fuese a la real audiencia como lo hizo pasando por medio de la plaza y siendo la hora de la audiencia. Y habiendo prevenido dicho arzobispo que aquel día había de hacer una gran acción, todos sus clérigos y demás afectos concurrieron a ella y con este acompañamiento llegó a la sala de los oidores y pidió licencia para entrar en ella. Y ellos sin responderle se bajaron de los estrados y avisaron al virrey. Y juntos con él en la sala del acuerdo, se confirió el caso y ordenó por auto el arzobispo se fuese a su casa, y desde ella pidiese su justicia, excusando el escándalo e inquietud del pueblo, y respondió que no se había de ir de allí hasta que le oyesen, y en la sala de la audiencia subió y puso las peticiones que contenían se le hiciese justicia, sobre las penas en que le había condenado el delegado y que se le mandase al virrey, no despachase por Don Felipe, y que la audiencia le reciba debajo de su amparo. Respondiósele que no era estilo y que guardando el de audiencia y retirándose a su casa, se le proveería de justicia. Y así se le mandó por auto se volviese a su casa y evitase las novedades y desde ella tratase por los modos prácticos y estilo de audiencia, porque de lo contrario le daría S. M. por no servido y se proveería lo que conviniese. Habiéndosele notificado respondió que no se había de ir hasta que le oyesen, con que se proveyó otro con pena de temporalidades y estraño de los reinos. Persistiendo en su rebeldía se le mandó cumpliese lo proveído con apercibimiento que se ejecutarían las penas de los autos y cometieron la ejecución de ellas al virrey, y notificándosele respondió lo mismo. Ordenó el virrey al presidente de alcaldes y al aguacil mayor de la ciudad, sacasen de ella al arzobispo y le llevasen al puerto de San Juan de Ulúa, en ejecución de lo proveído por la audiencia, y así le sacaron en un coche con orden del virrey, que cuidasen mucho de su regalo, decoro y reverencia. Consta de los autos originales dados al visitador en respuesta del cargo 11, que opuso el marqués en la residencia.

79. Este día jueves a la noche, 11 de enero, juntó en su casa los oidores el Lic. Gaviria y con extraordinarias diligencias les persuadió revocasen lo actuado y mandasen volver al arzobipo y sobre esto le escribió Gaviria al arzobispo, diciéndole que estaban los oidores muy pesantes de no haberle cumplido la palabra que le habían dado, y de ello se hallaban muy arrepentidos. Y algunos en su estudio al tiempo que le escribía y que tuviese por cierto que jamás le faltarían, y al otro día revocaron lo hecho, y en esta conformidad el Lic. Ybarra escribía al Alcalde Terrones, para que no le sacase del arzobispado.

80. Otro día que fue viernes 12 de enero, juntos los oidores revocaron el auto que habían pronunciado contra el arzobispo y mandaron se le despachase recaudo para que se volviese a su casa, sin instrucción del virrey. Y contraviniendo a la orden y mandato suyo, que tenían de no ver aquella causa sin él, súpolo el virrey y mandó suspender el auto y que los oidores se detuvieran en palacio y a los relatores y secretarios mandó llevar presos a la cárcel. De esta prisión de los oidores se le hizo cargo por el visitador, que es el 12, y le absolvió.

81. Al punto tuvo noticia de lo proveído por los oidores y así pensaba el proseguir el viaje hasta tener nueva orden de la audiencia. Consta de la deposición del alcalde Terrones ante el visitador.

82. Renovó las censuras e impuso nuevo entredicho, siendo opinión común que por el auto de relegación le quedó la jurisdicción suspensa, lo cual no bastante de que se apeló al delegado, sin que de ello se hiciese caso, ni se quisiese obedecer una comisión que despachó para que absolviesen y alcancen el entredicho. Consta de los autos que el delegado presentó ante el visitador.

83. Tuvo noticia el fiscal de que le quería poner cesación a divinis y por evitar el escándalo y no dar ocasión para mayores inquietudes, el virrey a su instancia y petición, encargó a los curas y demás prelados eclesiásticos no permitiesen poner dicha cesación. Consta de la petición del fiscal y autos que se presentaron ante el visitador en respuesta del cargo 20, 21, de residencia.

84. El arzobispo se iba deteniendo en el camino y el sábado 13 de enero se entró en una iglesia de religiosos de San Francisco que está a seis leguas de México y sacó el Santísimo Sacramento y lo tuvo en sus manos, con que se detuvo sin caminar.

85. Allí estuvo haciendo autos de jurisdicción contenciosa y pronunció censuras, entredicho y cesación a divinis, contra el virrey, sin citarle al juicio ni notificarle algunas de dichas censuras, no teniendo noticias de ellas, hasta que con las voces, clamores y piedras de los clérigos y amotinados entendió que contra él se promulgaban porque hasta entonces de solas las guardas se temían. Consta del auto que está remitido al Real Consejo de Indias.

86. Sabiendo el alcalde de corte que le llevaban el efecto que había de causar la cesación a divinis, por lo que el arzobispo le decía, le avisó a una hija suya que dejaba en la ciudad para que se recogiese a un convento de monjas y llevase consigo sus joyas preciosas y demás bienes, que para eso le enviaba licencia del arzobispo, así lo dispuso el que trajo la orden, que fue Francisco del Corral y Viedma, y hay testimonio.

87. El lunes 15 de enero a las ocho de la mañana, repartidos los clérigos por todas las iglesias y conventos de la ciudad, publicaron la cesación a divinis y echaron de la iglesia con mucho ruido y alboroto la gente y en la catedral un clérigo desde el púlpito publicó por descomulgado al virrey y consumieron el Santísimo Sacramento afectadamente, y para causar mayor indignación al pueblo, y Luis Barrero, clérigo, dijo a unos clérigos que estaban juntos al púlpito, señores vamos a lo que hemos de ir.

88. El contador Gaspar Vello venía a Palacio a las cinco de la mañana y vio a las puertas de la iglesia catedral, pasando por ella mucho número de clérigos y otras personas con pretensión y forma de tumulto.

89. Los clérigos se estaban ante la iglesia después de la cesación a divinis, y pasando para palacio el secretario Osorio, que lo era de la causa de Varáes, le apedrearon y fueron siguiendo hasta palacio. A este ruido se juntaron algunos indios a quienes los clérigos decían en su lengua que ya no tenían Dios, porque el virrey lo había muerto, y así que mataran aquel hereje; con esto contestan todas las relaciones.

90. Con esto fueron con gran ruido y alboroto contra palacio, apellidando viva la fe de Cristo y muera el virrey, entró un Antonio González, clérigo a caballo, con un Cristo de bulto, dando voces que fuesen a matar al virrey y librar al arzobispo. Consta de la causa que pasó ante el visitador.

91. Los inquisidores, sabedores de este ruido, salieron de su casa y por su mandato se retiró la gente y desembarazó el palacio, pidió el inquisidor más antiguo al virrey mandase volver al arzobispo. Así lo proveyó y se publicó entre la gente y el Marqués del Valle, con el inquisidor, se fueron en una carroza por él contestando ante el visitador los inquisidores y el Marqués del Valle.

92. Al salir le pidió la gente le suplicase al virrey les concediese perdón general y él se le concedió al inquisidor Juan Gutiérrez Flórez, ante el visitador.

93. Pidieron asimismo que a los oidores que tenía presos los dejase libres y al Lic. Gaviria mandasen salir de su casa y concurrir con la audiencia los oidores en sus deposiciones; con esto fue la misma gente por el Lic. Gaviria y le trajeron adonde estaban los otros oidores diciendo viva Gaviria, oyéndolo él y consintiéndolo contestan, mucho número de testigos ante el visitador.

94. Eran intérpretes de estos hechos criados del arzobispo y de los oidores y así aunque se había quietado el tumulto con esto que les estaba concedido de nuevo se alborotaron y el virrey ordenó a los oidores aquietasen la gente, y para ello saliesen a la plaza Gaspar Vello ante el visitador, con otros muchos testigos.

95. Juntáronse los oidores en las casas que llaman de cabildo y allí enviaron por el oidor Galdós de Valencia y el Lic. Gaviria, junto con los demás oidores, se estuvieron en las ventanas desde donde el Lic. Gaviria en nombre de todos les dio las gracias del afecto que les había mostrado y les aseguró por sí y los demás pondrían su cabeza, señalándola por defensa de cualquiera de ellos. Está probado en el proceso del visitador con testigos mayores de toda acepción.

96. Les preguntó Gaviria qué querían o pedían y respondiéndole que prendiesen al virrey él les dijo que la prisión del virrey corriese por cuenta de ellos, que la pedían. Está probado en su proceso con mucho número de testigos.

97. Los religiosos de San Agustín, que estaban con los oidores, viendo la demasiada comunicación que tenían con los tumultuantes, les dijeron y persuadieron la dejasen y cerrasen las ventanas si deseaban la paz, que él sólo con eso echaría de la plaza la gente. Consta en el proceso que el visitador hizo contra dicho Gaviria.

99. A las tres de la tarde enviaron los oidores recaudo al virrey que se diese por preso, y él les respondió se juntasen con él y se dejasen de aquellos recaudos; consta del proceso que el visitador hizo contra dicho Gaviria, en que está probado con mucho número de testigos mayores de toda excepción.

100. Don Antonio de la Mota, con otros muchos caballeros que allí estaban a las cuatro de la tarde, se les ofrecieron de favorecer y de desembarazar la plaza para que se juntasen con el virrey, a que les respondió el oidor Galdós de Valencia, con acciones afectadas, alzando el brazo en voz alta y con desvíos, déjennos señores que nosotros sabemos lo que hemos de hacer. Y el dicho Don Antonio de la Mota le respondió, mucho me admiro del enfado que V. M. muestra de que los caballeros hagamos semejantes ofertas en estas materias, en que nuestros pareceres se han de aceptar y ejecutar, como de personas que sabrán morir en servicio de su rey, parece por los autos del visitador.

101. Viendo los oidores que el marqués no venía en dejarse prender, siendo este el intento desde el principio por usurpar el gobierno, se resolvieron de tomarle y desde esta hora hasta que entró el de Cerralbo, ni por sus autos ni bandos le trataron como virrey. Y a las tres de la tarde dieron el oficio de capitán general al Lic. Gaviria, estando aún el virrey en palacio. Consta del proceso que el visitador formó contra dicho Gaviria y está probado con más de veinte testigos.

102. Mandaron luego que se publicase por bando la advocación del gobierno y nombramiento de capitán general en Gaviria, y a ello salió al balcón el mismo Gaviria y dijo estos señores mandan que todos estén a su orden como leales vasallos de S. M. y no obedezcan al virrey por tener en sí ya advocado el gobierno y a mí nombrado por capitán general, y así todos me ayuden contra los que van contra la fe. Consta ante el visitador en dicho proceso.

103. Luego echaron bando que todos los vecinos de la ciudad acudiesen a la plaza con sus armas; mandaron tocar las campanas de la catedrál a rebato y el oidor Galdos de Valencia envió su criado a la casa de las comedias para que trajese una caja con que tocar al arma en forma de milicia. Consta ante el visitador por dicho proceso, por deposición de mucho número de testigos.

104. Dando cabeza a los amotinados con el capitán general y engrosando el tumulto con mandar venir los vecinos con armas a la plaza, cobró fuerzas y bríos la gente tumultuante y embistieron con tal violencia el palacio que necesitó el virrey a valerse de 18 á 20 arcabuces que había en palacio, disparando algunos tiros en su defensa. Consta de los autos de visita en el proceso de residencia y en el de Gaviria.

105. A esta hora salió con bastón de general de las casas de cabildo el Lic. Gaviria y dijo a la gente: síganme todos, nadie obedezca al virrey, y se fue al Convento de San Francisco y allí se vistió cota, nombró capitanes y demás oficiales de guerra y preguntándole las órdenes, varias veces repitió que embestir a palacio y prender al virrey, y las señas, lienzos blancos en los sombreros o papeles, la voz, viva la fe de Cristo y muera el mal gobierno. Consta del proceso de dicho Gaviria ante el visitador con mucho número de testigos.

106. Desde aquí fueron marchando Gaviria y sus capitanes a palacio, y en llegando a la plaza dijo en voz alta: a palacio, a palacio, y los que estaban más cerca de él, cierra, cierra, con que se empezó la guerra, fuego y sangre a vista de Gaviria y los demás oidores con quien se juntó y aunque el alcalde de la cárcel les pidió auxilio, porque se quemaba la cárcel por ser conjunta al palacio, ni a él ni a los que le pedían para el virrey dieron oídos y así los del tumulto ejecutaron muertes, incendios y robos, sin perdonar divino ni humano, disipando los ornamentos, cálices y demás adornos de la capilla real, extendiéndole hasta romper las imágenes y retablo, causando en todo una destrucción miserable y lastimosa. Consta en la probanza hecha por el visitador en la pregunta 35 y 36, en que contestan más de cincuenta testigos.

106. En el interin que este daño se ejecutaba y poco antes de llegar a él, muchos de los nobles y del pueblo se ofrecieron a los oidores y pidieron auxilio para librar al virrey y reales casas, que no sólo denegaron, pero afrentaron con asperezas y malas razones a los que le pedían, siendo requeridos por cuatro veces en diversas horas del día. Consta de la deposición de los que requirieron, en número de más de cien.

107. Ejecutóse el despojo del palacio, casas conjuntas a él y de la cárcel por dos días a los ojos de los oidores, sin que estorbasen el incendio ni evitasen el robo, antes llevándoles a su presencia algunos de los bienes del virrey, aprobaban el hurto y aplaudían al ladrón. Consta de la información del visitador en la causa general de los oidores, y en el proceso contra Gaviria.

108. La misma gente que saqueaba el palacio tenía orden de reservar del incendio los papeles del virrey, pero como les pareciese que su asesor el Dr. Luis de Herrera tendría algunos, desde allí se fueron a su casa y la saquearon con el mismo rigor. Y asimismo las del fiscal de Panamá y el comisario de vagamundos, sin que en otra casa o tienda de la ciudad tocasen, habiendo estado abiertas hasta las horas acostumbradas con la misma seguridad que si no hubiera habido el suceso.

109. Algo se quiso la gente adelantar a las órdenes de Gaviria y así intentaron saquear las casas del secretario Osorio, pero como las particulares dependencias que en ella tenía le obligasen a su defensa, mandó que no se tocase en ellas y con esto quedaron reservadas.

110. El virrey quiso con su espada y rodela salir a la plaza, ora le siguiesen algunos o no, y se lo estorbaron. Y viendo ya muertos los que le defendían, saqueada su casa y entregada al fuego y a los que le buscaban para matarle, valiéndose de la noche y de su industria, con la misma voz y seña de los que entraban, se escapó entre ellos y se retrajo al Convento de San Francisco. Luego lo supieron los oidores, en particular Gaviria, por la estrecha amistad que tenía con el padre Lormendi, guardián de dicho convento y por avisos que de ello dio un religioso hijo del oidor Gisneros. Y otro día, estando juntos los oidores y con ellos el Marqués del Valle, les preguntó si sabían del virrey, a que respondió Gaviria: seguro está, aunque cualquiera de los lacayos de V. S. habrá tenido mejor cama que él. Consta de las deposiciones del Marqués del Valle, comisario, provincial y guardián de San Francisco, con otros muchos testigos.

111. De los que acompañaron al virrey muchos mataron, los demás, heridos y maltratados fueron presos por la plebe y llevados ante los oidores que los encarcelaron como reos, por el delito de defensores del virrey, y así le dijo Gaviria a uno de ellos, que fue Don Sancho de Baraona, secretario de cámara, que en nombre de aquellos señores le perdonaba. Contestan infinito número de testigos.

112. Aquella misma noche, hablando Gaviria con los presos, criados y confidentes del virrey, les dijo que él y aquellos señores mirarían por la vida del virrey, por lo que en ello les iba, pero que jurando a Dios que no había de volver al gobierno. Está probado en el proceso que el visitador hizo contra Gaviria, con cuantos allí se hallaron.

113. Aquella noche desde las nueve que constó de la salida del palacio del virrey, se quietó la ciudad sin que en ella hubiese más tumulto ni forma de él, y el resto hasta la mañana gastaron los oidores en congratularse entre sí, y con el arzobispo que llegó a las doce y a la mañana ocurrieron los títulos, caballeros y ciudadanos a ver qué se les mandaba, sin que hubiese más memoria de tumulto que el arrepentimiento y recelos del castigo. Y allí les dieron a entender a todos cómo su resolución era retener en sí el gobierno y so color de ausencia del virrey lo publicaron por bando. Consta de los autos y de la información de testigos ante el visitador, en que deponen todos estos testigos de mayor excepción.

114. Luego supo el virrey y el estado del reino, su quietud y defensa, por haberle alistado cuatro compañías de soldados de paga, sin las de caballeros, consulados y conquistadores, con que le pareció bastante requerir a los oidores se juntasen con él para que sin fingir alteraciones le restituyesen sus oficios. Pero ellos, continuando el propósito que desde el principio de la alteración tuvieron y tanto antes tenían prevenido de usurparlos, respondieron después de algunas réplicas con este auto, cuyo tenor se insertará dividido en capítulos con números para responder a él.

115. Auto: En la ciudad de México a nueve días del mes de febrero de 1624, los señores presidente y oidores de la audiencia y cancillería real de la Nueva España.

116. Dijeron que por cuanto el Marqués de Gelves, virrey que fue de ella, se ausentó y desamparó las cajas reales el 15 de enero de este año por la conmoción y alteración popular que hubo en dicha ciudad, causada del absoluto y violento gobierno que tenía este reino en la mayor opresión que jamás ha estado.

117. Sin obedecer cédula ni mandato real, quitando las apelaciones impidiendo la libre administración a la audiencia y la libertad de usar los oficios públicos a los que los tienen, prohibiendo que no se diese testimonio de cosa alguna, así por los escribanos de cámara de esta audiencia, como por los demás.

118. Y asimismo impidiendo escribir a los reinos de Castilla libremente, tomando las cartas y despachos que de allá venían para que ni S. M. pudiese ser informado de lo que verdaderamente pasaba ni sus súbditos y vasallos gozasen de los beneficios, mercedes y remedios que les enviaba.

119. Publicando y diciendo que no había de hacer más voluntad que la suya, como lo hacía, en lo espiritual y temporal, lo cual llegó a términos que hizo desterrar y desterró al arzobispo de esta ciudad para los reinos de Castilla, declarándolo por extraño de los de S. M. A pesar de que esta audiencia proveyó otro día auto en contrario por lo cual la prendió y puso a tres oidores de ella presos en las casas reales con guardas y sin consentir que nadie les hablase y obligó a poner cesación a divinis sobre dicho destierro. Proveyendo dicho señor marqués auto para que no se pusiese con penas pecuniarias como de dicho auto constaba.

120. E hizo otras cosas con que la plebe se irritó y enfureció de la forma y manera que se vio, y para pacificarla y sosegarla fue forzoso, único y total remedio tomar en sí esta audiencia el gobierno de esta Nueva España por común aclamación del pueblo en el ínterin que S. M. otra cosa proveyese y mandase. Sin haberlo podido excusar menos que poniendo este reino en condición y evidente riesgo de perderse, como lo estuvo en dicho movimiento y desasosiego popular, en cuyo caso esta audiencia conforme a las cédulas reales que hablan en esta razón lo debió hacer.

121. Y aunque habiéndose manifestado después dicho señor y marqués en el convento de San Francisco de esta ciudad, deseó esta audiencia que conservándose este reino en la obediencia de S. M. y paz pública fuese vuelto al gobierno de él. Habiéndolo consultado con todos los tribunales, cabildo eclesiástico y secular y señores de título, universidad real, religiones, caballeros y demás personas principales de esta república, fueron de parecer que no convenía y que era necesario y forzoso al servicio de S. M. quietud y paz de este reino que dicho gobierno lo continuase esta audiencia y por algunos se le requirió y protestó no lo dejase por el evidente peligro en que ponía este reino volviendo al gobierno dicho Sr. Marqués de Gelves, pues era cierto había de haber mayor alteración y con mayores e irreparables daños que la primera.

122. Y porque dicho Sr. Marqués de Gelves desde dicho convento de San Francisco esta inquietando de nuevo este reino, proveyendo oficios con antedata ante Alonso López Romero, su secretario de cámara, para reducir a su devoción los proveídos y haciendo otras acciones por las cuales quiere dar a entender que todavía es virrey y que como tal ha de proveer y mandar de lo cual se sigue tanto perjuicio y daño como es volver a alterar los ánimos de los vasallos de S. M., que comienzan a estarlo y a poner este reino en el evidente riesgo y peligro de perderse en que estuvo, como se pondría si se diese lugar a sus intentos. Tratando y poniendo en práctica volver el gobierno a dicho Sr. Marqués de Gelves, como lo ha pretendido y pretende por un protesto que de su parte trajo a esta real audiencia el Dr. Juan Gutiérrez Flores, inquisidor apostolico de esta Nueva España, de que se dará cuenta a S. M. Y para que todo lo susodicho cese y dicho Sr. Marqués de Gelves no sea otra vez causa ni instrumento de que este reino se ponga en dicho evidente riesgo de perderse antes se conserve en obediencia real, tranquilidad, paz y sosiego, en que queda y está por la gran misericordia de Dios, fidelidad y buena diligencia de esta real audiencia, como es notorio mandaban y mandaron se notificase a dicho Sr. Marqués de Gelves no cause nuevos disturbios ni trate directa ni indirectamente de ser vuelto ni restituido a dicho gobierno, ni haga acción alguna en orden a esto con que se perturbe la paz pública. Porque esta real audiencia ha de continuar y tener precisamente dicho gobierno hasta tanto que S. M. ordene y mande lo que fuere servido ante quien ocurra a pedir lo que le conviene con apercibimiento que se le hace que todos los daños, alteraciones e inquietudes, robos y muertes que se siguieren y recrecieren de lo contrario, correrán por su cuenta riesgo y serán a su cargo además que de que esta real audiencia lo remediará por todos los medios y modos que sean necesarios y más convenga al servicio de S. M., seguridad y conservación de este reino. Y así lo proveyeron y firmaron el Lic. Paz de Vallecillo, el Dr. Galdós de Valencia, el Lic. Pedro de Vergara Gaviria, el Lic. Alonso Vázquez de Cisneros, doctor don Diego de Avendaño, Lic. Juan de Ibarra, ante mí Luis Tovar Godínez.

Con este auto y so color de las causas en él contenidas pretendieron los oidores justificar ante S. M. la violencia con que depusieron al virrey y fueron las mismas que dieron y pretendieron probar ante el visitador y porque se entienda mejor la poca sustancia y verdad de los fundamentos se divide en autos en cláusulas y a cada una de ellas en particular se da respuesta.

Respuesta a este auto:

123. La primera parte de este capítulo I en el número 16 dice se ausentó y desamparó el palacio. Respóndese que éste desamparó o tuvo de fuerza la que se refiere en el número 102 causado de la violencia de armas y fuego con que le acometieron hasta echarle de él. Escapando de la muerte que le intentaban dar con la industria que se refiere, número 106.

124. Y la otra parte de este capítulo que dice por la conmoción y alteración popular, nunca se pudo llamar así sino de audiencia y de los que ellos solicitaron e indujeron para ello, según y como la tuvieron mucho antes prevenida. Como deponen Don Sancho de Baraona, Fray Benito de Vega y otros, y se verifica con lo que se irá refiriendo.

125. Los oidores Galdós y Gaviria le avisaron a S. M. por carta del 5 de agosto de 1622 y por ser de extraordinario desacato y libertad los multó S. M. y reprendió por la cédula que se refiere en esta respuesta a número 152.

126. Tenía el Lic. Gaviria las juntas que están referidas a número 43 de personas poderosas que el marqués había hecho castigar y delincuentes disponiéndoles los ánimos con descrédito y desacatos del virrey, y procurando se alterasen con ejemplos de sediciosos de otros reinos y que de estas juntas se originó y causó el tumulto. Lo dicen Fray Benito de Vega, Fray Alonso de Armería, Don Sancho de Baraona y otros.

127. Persuadió al arzobispo a las acciones y empeños que tuvo contra el virrey como se refiere en número 77.

128. Gregorio de Vergara Gaviria, su sobrino, propaló el tumulto que después sucedió en Campeche, refiriéndole antes como verificó el visitador con 19 testigos en la sumaria.

129. Gerónimo de Aguilar, notario y mayordomo del arzobispo, un año antes, escribiendo a Pedro de la Serra y su mujer, les dijo así: V. M. procure aprovecharse en lo que pudiere que andan muy turbadas las cosas y tenga muy de memoria este capítulo y el de su mujer, dice. Ya V. M. sabe el deseo que siempre he tenido de que el Sr. Pedro de la Serra se aproveche de la merced que le hiciere el conde (habla del virrey) y para desengañarle digo que las cosas andan muy turbadas y que sepan gozar de la ocasión parece por las cartas.

131. A 13 de noviembre de 1622 el maestro Fray Alonso de Armería, de la orden de Santo Domingo avisó al virrey que por el riesgo que se podía tener del alboroto que causaba Gaviria en su prisión le preveniese.

132. Tres días antes que sucediera el tumulto lo avisó el padre Fray Pedro de San Antonio, confidente de Gaviria, de la Orden de Descalzos de San Francisco, al confesor del virrey de su misma Orden, como deponen Fray Bartolomé de Burguillos, Fray Joseph de San Bitores y otros.

133. El padre Guillermo de los Ríos, de la Compañía, predicando en la catedral el 26 de diciembre de 1623 dijo hablando con el arzobispo buenas Pascuas dé Dios a V. S. y a su grey que sí dará con el nuevo gobierno, contestan Fray Alonso de Armería, Dr. Gabriel Ordóñez y otros.

134. El 2 de noviembre de 1623 dijo el arzobispo, respondiendo a un auto del virrey, que por evitar escándalos, alborotos e inquietudes, obedecía. Y el 12 de enero de 1624 dice que por final remedio y esperando que lo ha de ser la voz del pueblo y sus clamores pone la cesación a divinis. Consta de los autos.

135. El 14 de enero, un día antes del tumulto envió el alcalde Terrones, que iba con el arzobispo, a Francisco del Corral y Viedma, su criado, a su casa con una licencia del arzobispo para que Doña Ana Terrones, hija de dicho alcalde, por el riesgo que corría se recogiese a un convento de monjas, como aparece a número 86.

136. La instancia que hicieron los oidores para que se pusiese la cesación a divinis, aparece a número 79, y los aplausos al pueblo número 94 y 95. Las órdenes que dio la audiencia y Gaviria enderezadas a este fin se refiere en número 102. Como mandaron tocar la campana y traer a tambor acciones todas que el pueblo ignoraba consta a número 100. Las señas y voz que dio Gaviria, número 101 y 102, con que se convence que esta conmoción no fue popular sino de los oidores, prevenida antes que sucediese y dispuesta en la forma que sucedió y aunque el hecho del día 15 de enero pueda tener color para llamarse tumulto de plebe habiéndose cesado como cesó a las ocho de la noche del mismo día los efectos que de él resultaron, usurpación de gobierno, prisión del virrey, y los demás causalmente son de los oidores, y ellos y no otros, los autores de ellos con que la conmoción será suya y no popular.

137. Y en lo que dice el auto "por el absoluto y violento gobierno con que tenía el reino en la mayor opresión que ha estado", satisface el reino y la cabeza de la ciudad de México con el auto que a la letra está inserto a número 46, y con la información de caballeros, eclesiásticos y ciudadanos ochenta días antes del tumulto, en que confiesan que por lo particular y general todos los estados del reino deben estar agradecidos al virrey por la paz y justicia en que los mantiene, porque sus acciones son buenas, santas, ejemplares, no vistas muchos años antes como parece a número 59. Y habiendo entrado el Marqués de Cerralbo, su sucesor, hacen otro auto el 30 de octubre de 1624 en que dicen juntos en su ayuntamiento los regidores de México por su ciudad, que para que se conozca el efecto que ha tenido y tiene dicho Sr. Marqués de Gelves y por mostrar en lo que puede reconocimiento a su buen gobierno, manda se hagan todas las demostraciones de gusto y como aparece a número 216. Y el común verificó lo que su ciudad dijo en los aplausos de su restitución y entrada como parece. Y estos autos que la ciudad hizo confirmó el reino cuando el visitador mandó que en todos los lugares de él se publicase su residencia y en sus ayuntamientos declarasen si tenían o no que pedir contra el Marqués de Gelves, y no se le puso de manda alguna, ni resultó cosa de que se le pudiese hacer cargo. Antes se le enviaron al visitador más de doscientos testimonios de todas las ciudades y lugares del gobierno de la Nueva España, que todos confiesan lo que la Ciudad de México en sus autos ya referidos.

Sin obedecer cédula ni mandato real respóndese:

138. Desde que se señalaron para aquel reino virrey y audiencia, todas las materias del gobierno estuvieron remitidas a los virreyes y así las gobernaron hasta los últimos años que el Marques de Guadalcázar fue virrey. Entonces se dividieron las materias de gobierno y él empezó a sentir los inconvenientes de que avisó a S. M. por carta del 26 de mayo de 1621, remitiéndose a otra en que había representado los daños que de ello se seguían. Esta carta parte comunicada al de Gelves por el de Guadalcázar y en todo consultada por S. M. en su Real Consejo de las Indias, se le remitió y añadió muchos otros inconvenientes a los que el de Guadalcázar representó; suplicó de las cédulas libradas en esta razón, representó que pues que S. M. tenía remitido lo general del gobierno a su dirección se sirviese que como hasta su antecesor habían corrido las dejasen correr sin desmembrar del gobierno lo anexo a él. Y en caso que hubiera justificacion para innovar con alguno la demostración se había de hacer con las personas y no con los oficios aminorándoles la autoridad y más en las Indias, donde más que en otra parte es necesario que la representen los virreyes entera.

139. Así respondía el Marqués de Gelves a S. M. por su carta del 8 de noviembre de 1622 en la consulta que se le había hecho, y en esta corte sus agentes representaban estos inconvenientes y suplicaban por el remedio al Sr. Conde Duque, al Consejo de Indias y a su presidente Don Juan de Villela, y los oidores al mismo tiempo formaron las quejas que después fueron cargos. Con las palabras de este auto que son las mismas de que usó el visitador en el cargo primero de los que hizo al Marqués, hablando en general de quebrantamiento de cédulas cuya justificación se verificará. Refiriendo los capítulos del cargo que el visitador le hizo para que se vea en qué casos se les opone haber quebrantado cédulas y qué calidad de cédulas fueron las quebrantadas.

140. El primer capítulo del visitador y tercero de este auto fue que prohibió las apelaciones, probóse con las cartas de los oidores escritas a S. M. en las cuales se especifican seis casos en que habían negado apelación a las partes y de ellos todos les da por absuelto el visitador, con que está satisfecho el quebrantamiento de cédulas en cuanto a esta parte.

141. El segundo capítulo de quebrantamiento de cédulas es que en cinco casos que especifica el visitador en el cargo que le hizo dio comisiones por sí sin consulta de la audiencia. La primera a un alcalde de corte para cobrar las alcabalas reales de S. M. que le estaban usurpadas, de que avisó a S. M. que lo tuvo por bien y le mandó lo continuase por capítulo de carta del 9 de octubre de 1623.

142. La segunda comisión sobre el conocimiento de unas ropas de contrabando que se habían embarcado de que dio cuenta a S. M. y lo aprobó por capítulos de cartas del 9 de octubre de 1623 y del 15 de enero de 1624.

143. La tercera comisión fue contra delincuentes que infestaban el reino que consiguió con la mayor felicidad que ninguno de sus antecesores, de que S. M. le regració por capítulo de carta del 25 de octubre de 1623 y de que la ciudad se halló en la obligación que se refiere por su auto, que está a número 46.

144. La cuarta y quinta comisión dio para averiguar de delitos en agravio y vejación de indios, en que se halló obligado por capítulos de su instrucción por muchas y diversas cédulas de S. M. Y como por todas estas comisiones consta, ninguna dio de que no resultase particular útil y acrecentamiento notable a la real hacienda o en beneficio público para conservación del reino. Y este es el segundo género de quebrantamiento de cédula en cuyos casos todos se hallan particularmente regraciados por S. M.

145. Otro quebrantamiento de cédula que este auto refiere de haber impedido la libre administración de justicia, comprobaron los oidores en sus cartas y el visitador en los cargos que por ellas hizo al marqués, con cuatro casos y de todo le dio por absuelto y libre.

146. El cuarto quebrantamiento de cédulas de que el visitador le hizo cargo y en que no se atrevieron a entrar los oidores, fue de haber impedido las visitas de cárcel de los oidores. En ellas pasó lo que está referido a número 12 y el visitador le dio por libre, y S. M. lo aprueba por capítulo de carta del 25 de octubre de 1623.

147. En el quinto capítulo salió condenado por el visitador el marqués y en el texto absuelto; por ésto se pospone para su respuesta.

148. El quinto capítulo fue que le dio conforme a cédulas de S. M. tratar muy bien a los oidores y no lo hizo, mandándolos que le fuesen una vez acompañado y del quebrantamiento de cédulas, este solo capítulo hizo culpable al marqués. De manera que llamarle quebrantador de cédulas y desobediente a los mandatos reales se reduce sólo a que no trató como gustaron a los oidores y sometió la autoridad de virrey a la suya, consintiendo en sus abusos y por esto le depusieron de sus cargos de virrey que le usurparon.

149. Dice más en dicho capítulo del auto, quitando las apelaciones, esto es ejemplo de no obedecer las reales cédulas y de esta conformidad se le hizo cargo por el visitador y se le dio por absuelto.

150. También dice que impidió la libre administración de justicia y libertad de usar los oficios públicos. Probaron ésto los oidores con reales cédulas y así en el capítulo de quebrantamiento de cédulas se incluyó éste. Y fue el tercero de los del primer cargo que le hizo el visitador en que está dado por libre como aparece a número 145.

151. Otra prueba le dieron los oidores a este cargo, con alegar la suspensión de oficio en que había tenido a los oidores Galdós y Gaviria, el uno preso en su casa y el otro mandado no asistir a la audiencia. La justificación con que se hizo la prisión del Lic. Gaviria consta de los autos remitidos al Consejo de Indias, y en cuanto a la detención del Oidor Galdós de Valencia, se hizo cargo que fue el 19, y le dio por absuelto. Y para que en alguna manera haya noticia del proceder de estos ministros se pone a la letra lo que S. M. les respondió por su consejo y las cartas en que del virrey se quejaron.

152. El Rey. Dr. Galdós de Valencia y Lic. Pedro de Vergara Gaviria, en mi Consejo Real de las Indias se ha visto vuestras cartas del 20 de marzo, del 6, 8 y 15 de junio, 25 de agosto y del 13 de ocubre del año pasado en que me dais cuenta de los casos que se han ofrecido en esa mi audiencia con mi virrey, Conde de Priego, y las diferencias que con él habeis tenido sobre la provisión de algunos autos, en negocios de justicia en cuya razón él también me ha escrito y supuesto que debierais de proceder de vuestra parte con el respeto y decencia que se debe a la persona que en mi lugar, y como virrey tiene a su cargo el gobierno de esos reinos y provincias, y como presidente de esa audiencia, es vuestra cabeza, he extrañado mucho el modo e indecencia con que los habéis gobernado y me escribisteis y dando el crédito que se debe a lo que el virrey me ha referido, se queda mirando en la demostración que convendrá hacer con vosotros. Y en el entretanto os mando que de aquí adelante moderéis vuestras acciones, guardándole en todas ocasiones y lugares el respeto y decoro que estáis obligados conforme a la deferencia de su cargo y de vuestros oficios. Y si acaso en las ejecuciones de mis cédulas reales y de lo que yo tuviera mandado él acordase otra cosa y os hallareis obligados a disentir de ello pareciendoos que no conviene a mi servicio se lo representaréis y si no aprovechase excusaréis el irle a la mano, dándome cuenta con mucha decencia y respeto de los casos en que excediere, pues el remedio de ellos depende de lo que yo acordare y mandare por mi Consejo Real de Indias. A vosotros no toca más que decirle lo que se os ofrece y representarle las causas y razones que motivan vuestro parecer. Hecha en Madrid el 9 de octubre de 1623.

153. Con que se echa de ver a que ocasionaron sus cartas y cuán de otra manera tratarían del virrey en sus juntas los que así hablaron a su rey por escrito, y cuál será la condición de los que habiendo de quedar temerosos y recatados con esta represión se enfurecieron y licenciaron más.

154. Concluye el auto citando a los escribanos que no diesen testimonio de ésto, se le hizo cargo con el de apelación de que está absuelto, como se vio en número 149.

Prosigue el auto y el capítulo 3, y asimismo impidiéndoles escribir a los reinos de Castilla libremente:

155. Aunque para la satisfacción era bastante no haberle los oidores dado prueba ante el visitador ni hablado de qué hacerle cargo, con todo para más justificación se insertará el último auto de otros que hubo en esta razón, y testificó Cristóbal Osorio, escribano de cámara, fechada el 13 de noviembre de 1623, dos meses antes que pronunciasen este auto los oidores.

156. Juntos en acuerdo dice, les habló así el virrey: Señores, Vuestras ms., miren si se los ofrece algo que escribir a S. M. y al Real Consejo, además de lo escrito, que aunque sea contra mí y en cualquier negocio que toque al servicio de S. M., y en satisfacción de Vs. ms., háganlo libremente, sin que se les embarace ningún respeto mío porque yo lo firmaré.

Siendo pues tan reciente el requerimiento, pudieran excusar las palabras del auto pero su misma sinrazón los desvaneció como está visto.

157. Y a lo que dice el auto "tomando las cartas y despachos que de allá venían". Se responde que de ésto habían dado quejas a S. M. por carta que le escribieron el 6 de junio de 1623, con que se empeñaron en verificar lo que tan sentidamente avisaron a su rey. Y en este auto lo dieron por motivo de su deposición, habiendo tenido para su verificación a prevención suya y sin alguna del virrey, todos los papeles de su secretaría y cámara, y el gobierno del reino absolutamente. No hallaron cosa alguna que les pudiese dar prueba ni la pudieron formar teniendo tanto número de testigos voluntarios a su arbitrio, y así no le hicieron cargo de ello ante el visitador ni hay más memoria o prueba que decirlo en este auto.

158. Prosigue el auto y es el capítulo 4 diciendo "que no había de hacer más voluntad que la suya en lo espiritual y temporal".

Para la prueba de este capítulo dio las palabras Don Joseph Ibánez de Carmona, testigo singular en la deposición que hizo ante el Oidor Galdós de Valencia, aplaudido, premiado y sacado de la cárcel donde el virrey le tenía cuando el tumulto sucedió, por haber quitado a un vecino la mujer, valiéndose para ello de la mano de juez y por otros delitos de que le absolvieron los oidores, restituyéndole el oficio de juez para que lo volviese a ejercer con el delito. Y cuando el visitador le llamó a ratificarse lo reformó como parece.

159. El capítulo 5 dice "lo cual llegó a término que hizo desterrar y desterró al arzobispo".

Respóndese que en este caso no tuvo más parte el virrey que la que los oidores le quisieron dar y nunca entrara en ella al parecer juez y votar sino a su instancia y persuasión, y si alguna duda hubo en derecho no tuvo obligación a saberlo, sino asegurarse por lo mismo que ellos le dieron por asentado y conforme a él. Y no habiendo podido prevenir el virrey el estilo contumaz con que había de proceder el arzobispo ni la discordia de los votos, tampoco pudo prevenir lo que se había de proveer en la causa. Y así la provisión de los autos en que se conformaron los oidores y la justificación con que ellos hallaron digno el hecho de la demostración que hicieron con el arzobispo, toda dependió de ellos y la han y deben satisfacer pues el virrey, sujetándose a lo que como letrados y sabedores del derecho disponían, no hizo más que seguir su dictámen. Entrando en la causa cuanto de derecho le dijeron que tenía lugar, si no es que su malicia y la coligación con el arzobispo, sabedores que empeñando al virrey virrey se había de ocasionar el tumulto y efectos de él, que tanto desearon le introdujese esa causa para dejarla en ella. Como probó el efecto, pues aunque la provisión real del destierro del arzobispo fue proveída por el virrey y la audiencia y se veía firmada de todos, las censuras del arzobispo nunca hablaron con oidores sino sólo con el virrey, estando según derecho, libre por haber seguido consejo de los que regularmente hablando se juzgaron sabios.

Y así nunca pudo ser autor de la expulsión el virrey, sino los oidores que le aconsejaron el hecho, se lo dieron por bastante y le habilitaron dándole voto en materia que absolutamente ignoraban, de que resultó poner el arzobispo las censuras que puso por persuasión, consejo, disposición y con asistencia de los oidores, esperando que de ellas se había de seguir el tumulto, y por él introducirse al gobierno como lo confesó el mismo arzobispo por su auto del 2 de noviembre de 1623. Y en el que puso la cesación a divinis por esta palabras: que por final remedio y esperando que lo ha de ser el pueblo y sus clamores, pone dicha cesación. Consta de los autos y respuestas del virrey, cargo 11 y 15 de su residencia, y en la parte del auto de la prisión de los oidores se le hizo cargo por el visitador, que fue el 22, y le absolvió y dio por libre.

160. Prosigue "proveyendo dicho señor marqués auto para que no se pusiese", respóndese:

Que el auto que el virrey proveyó para que la cesación a divinis no se pusiese, lo hizo por haber el fiscal de S. M. ocurrido, alegando que por el escándalo que se podía temer y por los daños que por la amenaza de la cesación a divinis se empezaban a ejecutar, inquietud y descontento de todo el reino, debía mandar no se pusiese dicha cesación por estar apelado ante el delegado y esperarse la resolución que en ello convenía. Y este auto notificado al deán, le juzgó por tan conveniente que requirió al virrey dispusiese la mejor forma para su ejecución por la necesidad que había de ocurrir a los daños que corrían. Otros contradijeron al arzobispo el poner dicha cesación y requirieron al virrey no la permitiese y ejecutase su auto. Y en esta conformidad a instancia del fiscal, y consulta de letrados y aprobación del deán y otros prebendados de la catedral, proveyó el auto como por él consta y de las respuestas remitidas al Real Consejo de las Indias.

161. Añade el auto "e hizo otras cosas".

La generalidad de este lenguaje se corrige con lo particularmente referido y con lo que en su confesión tiene dicho Gaviria, preguntado en ella por el visitador de los motivos que tuvo para la deposición de su virrey. Dijo: que se remitía a ese auto con que fue visto declarar que no tenía otros.

Prosigue el auto "y para pacificarla fue forzoso, único y total remedio, tomar en sí el gobierno".

Este remedio eligieron los oidores para destrucción total del virrey e introducción suya, luego que el virrey conoció el tumulto mandó que el arzobispo se volviese, que los oidores presos saliesen libres y al común dio perdón general para cuya manifestación y para darlo a entender al pueblo tuvo por bien que los oidores lo publicasen y se volviesen a las reales casas donde él asistía. Ellos, empero, que desde que se vieron libres empezaron a ejecutar lo que antes tenían dispuesto, se fueron a las casas del ayuntamiento que son frontera de las reales, y allí, dividiendo el gobierno aún antes de advocarle por auto, le usurparon la jurisdicción proveyendo autos que competían a la del virrey y publicándolos en nombre de S. M.

Y no habiéndose aún juntádose gente que pudiese formar tumulto ni concurrido número tan cuantioso que lo causase sino sólo aquella gente que llevados de la novedad y persuadidos de los clérigos, criados y confidentes de los oidores, se habían congregado ante el palacio. Llegada la hora de comer desembarazaron la plaza y desde las once y media hasta las tres de la tarde no quedó gente alguna de consideración. En este tiempo uno de los oidores que fue el Lic. Juan de Ybarra se salió de con los otros y sin hablar al virrey entró en palacio, le requirió y sin impedimento alguno se fue a comer a su casa y es sin duda que si tuvieran intento los oidores de favorecer al virrey pudieran en esta ocasión juntárseles y defenderle, pero como nunca éste fue su intento se estuvieron divididos hasta que dispusieron el tumulto en la forma que habían menester, como se verá.

162. En esta ocasión de quietud no dieron orden alguna a la gente noble y ciudadana para si acaso volviese la que ellos llamaban plebe se les pudiese oponer.

163. Dejada pues, pasar esta ocasión, determinados para ejecución de sus intentos a valerse de la que llaman plebe viendo que la hora de comer se había ausentado y no volvían, echaron bando para que viniesen a la plaza con sus armas todos los que las tuviesen. Desde entonces cobró fuerzas y se pudo llamar tumulto a aquella junta de gente que no lo había sido y la plebe insolente con las ofertas y gracias que les había hecho Gaviria, asistido de los otros oidores, y solicitada de sus criados y confidentes, llegó a demandar lo que antes no había intentado ni presumido, y así pidió a la audiencia que gobernase y que prendiesen al virrey. A que respondió Gaviria, presentes los demás, que lo que era prender al virrey no lo podían los oidores hacer, que por cuenta de la plebe corría, y aunque conocieron esto los oidores se atrevieron enviar recaudos al virrey diciéndole se diese por preso y renunciase al gobierno. Y visto que no venía en medio tan inicuo, se resolvieron a tomar por sí lo que él no quiso dejar.

164. Los nobles y ciudadanos conocedores del daño que de esto se causaba y temerosos de los mayores que se habían de seguir, les requirieron no usasen de medios tan rigurosos contra el virrey y su autoridad, sino que cumpliendo con lo que les había ordenado se procurasen juntar con él, que este era el medio eficaz para la defensa del virrey y casas reales, y la consecución de la paz si la deseaban, y si tenían algún temor o recelo de la gente ellos lo allanarían y asegurarían el paso, a que respondieron con aspereza diciéndoles se dejasen de eso porque ellos sabían lo que les importaba. Contestan cincuenta y más testigos.

165. Nombraron capitán general a Gaviria, que fue a dar cabeza al tumulto que hasta entonces no la había tenido, autoridad y fuerza a los que estaban sin ellas, voz y seña a los que no se conocían, forma y estilo a los que lo ignoraban. Consta y se refiere a número 99.

166. Prosigue el auto diciendo "sin haberlo podido excusar", para que se vea la falta de certeza de estas palabras.

Luego que por bando publicaron que todos viniesen con sus armas a la plaza, estuvieron notoriamente conocidos 20.000 y más hombre nobles y del comercio, sujetos a su disposición y voluntad, y muchos de ellos les llegaron a pedir les diesen órdenes y mandasen la defensa del virrey y reales casas, que reprobaron con aspereza. Contestan más de cincuenta testigos.

167. Teniendo número de capitanes nombrados el Lic. Gaviria y gente conocida ciudadana no plebeya, debiendo mandar desembarazar la plaza y socorrer al virrey, le mandó prender y embestir a palacio.

168. De manera que el riesgo que tuvo el reino de perderse nació de la elección temeraria que desde principio tuvieron los oidores de tomar en sí el gobierno sin que para esto perdonasen medios algunos, aunque fuesen tan rigurosos y enormes como los de incendio, saqueo y robo. No perdonando divino ni profano y haciendo lícitas con su permiso las alevosía y traiciones en que cooperaron.

169. "En cuyo caso esta audiencia, conforme a las reales cédulas que hablan en esta razón le debió hacer".

El visitador les mandó a los oidores exhibir estas cédulas que citan y como nunca las hubo no las pudieron dar, sólo se remite el Lic. Gaviria a lo que por el auto se refiere y no a las cédulas que nunca tuvo.

170. "Y aunque habiéndose manifestado dicho señor marqués en San Francisco, deseó esta audiencia que conservándose este reino en la obediencia de S. M., por la paz pública, fuese vuelto al gobierno de él".

Respóndese: viendo el virrey que los oidores teniendo noticia del lugar en que asistía so color de su ausencia, tomaban en sí el gobierno, les envió a requerir se le volviesen con el Dr. Juan Gutiérrez Flores, inquisidor más antiguo y al guardián de San Francisco, a que respondieron: que ellos no se lo habían quitado, sino el pueblo, y que por haberse ausentado de las casas reales estaban en el caso de tomarle en sí, según la disposición de las cédulas reales y así le habían tomado hasta que S. M. ordenase otra cosa sin que en esta respuesta den más causa que la que está dicha. Consta de la declaración del inquisidor y guardián.

171. Desde que advocaron en sí el gobierno, el mismo día del tumulto, le trataron como no virrey y en los bandos que echaron lo llamaban virrey que fue de la Nueva España. En ese mismo día publicaron en la ciudad de México y mandaron despachar avisos para todos los lugares de su gobernación con decretos de que todos estuviesen a su obediencia. Y el 25 de enero echaron bando en que publicaron habían de continuar el gobierno no obstante la manifestación del virrey.

172. El llamado tumulto estuvo pacífico y quieto a las diez de la noche sin que hubiese más memoria ni recelo de él hasta que entró el Marqués de Cerralbo, que halló el reino en esta misma paz y quietud.

173. Tuvo la audiencia prevenida y alistada toda la gente principal y ciudadanos no habiendo contra quien pudiese ser sino el mismo virrey, porque el tumulto como dicho es, se desvaneció luego y no quedó persona alguna de quien recelar, inquietud con que pudiera la audiencia ayudada de la gente principal, restituirle el gobierno o no oponerse a la gente leal y de buen sentimiento que le deseaba restituir, evitándole la comunicación con órdenes de que si algunos de los que tenían puestos por memoria, que eran los que en la ocasión del tumulto se habían declarado por parte del virrey, entrasen al convento de San Francisco donde estaba, o saliese el virrey u otros de los que no eran de su facción los requiriesen y si persistiesen los matasen.

174. En las juntas que hicieron no las inclinaron a la obediencia del virrey ni sus proposiciones les dejaban arbitrio ni se les dejaron, pues nunca les dijeron que los llamaban para tomar parecer, sino para declararles la resolución que ya tenían de perpetuarse en el gobierno, porque se la siguiesen y aprobasen. Contestan los títulos, los prelados de las religiones, muchos del cabildo secular y eclesiástico de los nobles y del común.

175. Viendo que el reino oprimido trataba de la restitución del virrey, mandaron por auto con graves penas, no pudiesen tratar de ello ni cual de los dos gobiernos era mejor. Consta del auto.

176. Recelando los oidores que el virrey admitiese las muchas ofertas que le hacían los nobles, ciudadanos y común, de restituirle el gobierno, levantaron nueva gente, apercibieron la artillería, encerraron los soldados y la causa era porque temían que el virrey entrase en palacio. Los autos que la audiencia hizo contra Don Francisco Pimentel entregáronse de todas las fuerzas del reino y en todos los caminos pusieron sus confidentes, quitando los oficios a la justicia que estaban por el virrey proveídas, sin dejarle comunicación ni aun por carta. Y si tenían noticias que le enviaban algunas salían a los caminos, a los correos y se las quitaban. Pruébase por las cartas y recaudos remitidos por el virrey, y en qué forma los ejecutaron.

"Habiéndolo consultado con todos los tribunales, cabildos, eclesiástico y secular señores de título, universidad real, religiosos, caballeros y demás personas principales de esta república, fueron de parcer que no convenía". Respóndese:

178. Para que se vea con la justificación que habla este auto en esta parte se referirá en cada una de las juntas lo que pasó con ellas.

179. La junta primera que solicitaron fue la de los alcaldes de corte, previniéndolos el Oidor Juan de Ibarra, que en nombre de los demás oidores pretendió persuadir al Presidente de Alcaldes, Dr. Lorenzo de Terrones, que en su tribunal declarase que la ocasión del tumulto había sido el riguroso proceder del virrey y que el gobierno de la audiencia era el más acertado para la quietud del pueblo, porque los demás tribunales y personas vendrían en ello. Y así era justo concurriese la sala de alcaldes. Respondioles que él no podía hacer semejante declaración ni testificación porque no sabía hubiese habido causa para quitar el gobierno al Marqués de Gelves, ni que el de los oidores fuese mejor. Consta de la deposición del presidente de alcaldes ante el visitador.

180. No obstante esta respuesta, ese mismo día a este presidente y demás alcaldes, los mandaron llamar los oidores a su sala de acuerdo y les hicieron la misma proposición que el Oidor Ibarra había hecho al presidente de alcaldes, y ellos respondieron junto lo que su presidente había respondido al Oidor Ibarra.

181. Viendo se les frustraba esta primera diligencia para sufrir con ceremonia lo que no podían con justicia y llenar el auto que después proveyeron, refiriendo que con consulta de todos los tribunales retenían el gobierno, esperaron un día en que faltaron de la sala de cinco alcaldes que había, los cuatro, y quedando en ella el Lic. Miguel Ruiz de la Corte, alcalde de corte y cómplice en los sucesos del día del tumulto. Y que se había hallado y concurrido con los oidores a todo lo hecho y proveído aquel día. A este mandaron que hiciese la declaración en forma de tribunal sobre que proveyeron auto.

182. Tres títulos tiene aquel reino que son los Marqueses del Valle, y Villamayor y Conde de Santiago, y llamados les propusieron como ya tenían el gobierno, y porque fuese con su aprobación se lo proponía a que respondieron conformándose con él. No sabiendo, dijo el Conde de Santiago, por entonces donde estaba el virrey, que si les constase no les dieran tal parecer y si le dieron fue por la resolución que dio en ellos de retenerle y por el temor de que dueños en aquella ocasión de la voluntad del pueblo, a quien habían aplaudido, les hiciesen alguna sin razón. Así lo depuso ante el visitador.

183. Tampoco llamaron ni consultaron al tribunal del santo oficio por saber habían de contradecir su intento.

184. El cabildo eclesiástico, cuando fue llamado de los oidores, habiéndoles hecho la misma proposición que a los títulos y respondiendo algunos las razones que tenían para la restitución del virrey, les dijo el Lic. Ibarra que no se cansasen porque la real audiencia tenía determinado de tener en sí el gobierno y que el haberlos llamado sólo era para apoyar su determinación. A lo cual asistieron todos los demás oidores y así no les replicó el cabildo. Contestan Don Lope Altamiro y Dr. Gabriel Ordóñez y otros.

185. Al de cuentas no consta que le llamasen en forma de tribunal, antes parece por una respuesta suya remitida al Marqués de Cerralbo, virrey que sucedió al Marqués de Gelves, que protestaron por decir no tenían jurisdicción a unos autos proveídos por los oidores el 20 de agosto y el 3 de septiembre de 1624, que era en el tiempo que tenía en el gobierno. Parece por el auto original.

186. A las religiones de Santo Domingo, San Francisco, San Agustín y de las Mercedes, no llamaron, citando para esto las cabezas y prelados mayores, sino algunos afectos y particulares. Y cuando después de algunos días hubieron de juntarlos fue para notificarles auto en que referían que por cédulas reales y parecer de todos tribunales y religiones habían tomado en sí el gobierno y mandado a todos estuviesen a su obediencia y de nuevo por dicho auto les mandaban a los prelados que estaban presentes por lo cual no les pedía parecer sino se les ordenaba la obediencia. A que replicaron pidiéndoles declarasen si era o no el virrey el Marqués de Gelves, y le respondió el Lic. Gaviria no preguntéis si es virrey, pues no es virrey.

187. Exhibieron cédula de S. M. que hablaba en el caso en que les mandaba a los superiores de las órdenes que por si sucediesen algunos alborotos y alteraciones en el tiempo que gobernase el virrey, les mandaba que en aquellos casos y otros que sucediesen de aquella calidad o de otra, que tocasen a su servicio, se conformasen con él y le ayudasen cuanto les fuese posible.

188. Y después de varias réplicas se les mandó obedeciesen y hechas sus protestaciones y pedido testimonio obedecieron declarando que lo determinado en la primera junta en que no habían sido llamados no parase perjuicio a sus religiones, pues los particulares de ellas no representan sus religiones sino que solamente suponen por sus personas. Consta de las deposiciones ante el visitador de los comisarios generales de San Francisco y La Merced, y de la de los provinciales de Santo Domingo, San Francisco y San Agustín.

189. Al resto de las demás personas les notificaron auto mandándoles estuviesen a su obediencia y declarándoles tenían ya tomada resolución de retener en sí el gobierno, sobre que les pedían se conformasen para mayor autoridad y siendo los llamados las personas que sabían se habían de conformar con ello y que las tenían granjeadas con ofertas de comodidades y promesas de oficio. Y las más cómplices por haber aceptado el día del tumulto los oficios, que con este fin les había repartido el Lic. Gaviria por dar defensores a su delito se conformaron con su determinación.

190. Contestan los prelados de las religiones todas, los títulos del reino y la mayor parte de los que concurrieron en las juntas y para mayor prueba se vea a la letra la deposición del Oidor Don Juan Alvarez Serrano, que dijo así ante el visitador.

191. Que como amigo y colega del Lic. Gaviria le había dicho muchas veces no tratase mal de la persona del Marqués de Gelves porque era cosa peligrosa hablar en semejante materia tan despejadamente como él hablaba de un hombre tan grave y calificado. A que él respondió que por lo hecho en el suceso del 15 de enero había de tener muy gran premio de S. M. y que votaba a Dios que han de entender los virreyes que no se han de burlar con la real audiencia y que el marqués se había de acordar mientras viviese de los disgustos que les dio. A que dicho Don Juan Alvarez respondió al Lic. Gaviria que no se había recibido bien en España lo que con él habían hecho, el cual dijo que por eso se habían los oidores asido de las mejores y más fuertes ramas del reino y habían dado oficios de justicia y cargos militares a quien comunicaron lo que se ofrecía y que siendo todos tratasen de la defensa común para que hubiese dificultad en derribarlos y castigarlos.

De esta calidad fueron las juntas que congregaron y con la justificación que por ellas se ve y consta tomaron en sí el gobierno.

192. "Por las cuales quiere dar a entender que todavía es virrey."

Cuando su delito no se convenciera más que de esta palabra por ella sola eran reos del crimen de lesa majestad, pues no habiendo el pueblo "caso negado que lo fuera la congregación de muchachos y gente soez y vil como ellos mismos confiesan" sido autores de este tumulto ni habiendo habido otros, y siendo como es notorio que el mismo día que sucedió el tumulto a las diez de la noche cesó y no le hubo más y al tiempo que este auto se proveyó tenían milicia efectiva, y alistado mayor número de leales que hubo de rebeldes, es muy fuera de duda que quien le quitó el ser virrey fueron los que pronunciaron el auto, pues nadie le había antes declarado por no virrey sino ellos mismos que le pronunciaron y ejecutaron.

193. Estas son las cláusulas del auto y estas las respuestas para que pues los oidores confiesan que estos fueron sus motivos y no otros para la deposición del virrey, por ellas consta la justificación con que procedieron.

En todas las consultas y acuerdos de los oidores no convino el oidor Avendaño y Vallecillo dijo le habían forzado a ello. Y para que con evidencia se conozca que los oidores solos fueron los principales culpados, baste por prueba que habiendo sucedido este hecho por todo un día continuado en la mayor plaza del mundo, ejecutado por los naturales, vecinos y moradores de aquella ciudad, los mismos oidores el día siguiente de como sucedió recibieron información del caso. Examinando entre cuatro que tomaron por su parte dicha averiguación, un gran número de testigos que pasan de cien, todos asimismo naturales y vecinos de dicha ciudad, de todos los estados de ella aunque todos cuentan muy largo y difusamente el hecho, como pasó con muchas circunstancias y atrocidad, ninguno nombra ni declara quienes fueron los delincuentes. Antes todos niegan haber conocido persona alguna de todos los que cometieron semejante delito, si no es un solo testigo que nombra a uno de los principales delincuentes, que es Alonso de Soto, criado del Dr. Galdós de Valencia, el que andaba en un caballo melado de una parte a otra incitando a la plebe, acudiendo y hablando desde dicho caballo varias veces con los oidores que no pudieron dejar de reconocer, por ser criado, y muy favorecido de uno de ellos y tan conocido de todos. Ni pudieron ignorar sus culpas y la gravedad de ellas pues fueron tales y tan notorias que fue uno de los presos que el visitador tenía para ajusticiar. Y siendo esto así al testigo que le nombró, le abocó y reprendió al oidor Cisneros que le examinaba, diciéndole que para qué quería en caso tan grave hacer mal a aquel pobre hombre.

194. Luego que requirió el marqués a la audiencia, Gaviria como capitán general, le puso guardas y dio órdenes a los soldados para que no le permitiesen salir de San Francisco. Y si lo pretendiese le prendiesen y si se resistiese le matasen. Las cuales órdenes dio a los capitanes de la milicia de paga. Como lo declaran dos de dichos capitanes amigos íntimos y confidentes de dicho Gaviria, a cuya instancia se le dieron las conductas de dichos capitanes y otro mucho número de testigos.

195. Impidiéronle con órdenes apretadísimas la entrada de sus criados y de las personas que cumpliendo con la obligación de fieles vasallos le querían ver. Y dio órdenes Gaviria para que se catasen y registrasen todas las arcas y demás cosas que en el convento entraban. Teniendo necesidad para afeitarle de que entrase ocultamente un barbero y porque en la torre del convento se asomó un paje le dispararon un arcabuz. Probóse ante el visitador con más de veinte testigos.

196. Dieron orden luego de alistar toda la gente de la ciudad y la dividieron en nueve compañías, y se apoderaron de las fuerzas de la ciudad y enviaron a apoderarse de las del reino. Contestan Don Fernando de Rivadeneyra, el Dr. Vega y otros más de veinte y cinco testigos.

197. Enterándose de todos los papeles de importancia y secreto que el virrey tenía y publicaron los secretos de S. M., repartiendo a los interesados los memoriales, informaciones o avisos que como a virrey le habían dado. Contestan Bartolomé de Ybarra, Alonso de Santa Cruz, Luis de Echávez Villavicencio, Alonso de Avilés y otros.

198. Publicáronse varios libelos y sátiras contra el virrey, que se registraban primero con el Lic. Gaviria y aunque su facción con el provisor era tan corriente y los oidores tan notorios émulos y enemigos del virrey, no se atrevieron a dar parecer para que se imprimiese. Ni el doctor a quien se remitió, que fue Sancho de Guevara, la quiso aprobar con ser capital enemigo del virrey, por haberle quitado la abogacía de los indios, y visto por Gaviria por su sola autoridad sin aprobación alguna la hizo imprimir y los demás oidores, sus compañeros, avergonzados de su estilo y falsedades le hicieron recoger. Parece por probanza ante el visitador con más de treinta testigos.

199. El día del tumulto habían mandado a los escribanos que no diesen testimonio de cosa alguna que aquel día sucediese, ni todo el discurso de su gobierno, procedieron a la averiguación del delito ni permitieron que otro juez alguno lo averiguase. Antes, habiendo el corregidor preso algunos de los más notorios se los soltaron libres y pidiendo en otra ocasión a Gaviria como capitán general auxilio y soldados para aprehender algunos de los que saquearon el palacio y sacaban de la ciudad las preseas que había robado, se les denegó y dio orden a los alguaciles para que aunque tocasen cualquier reo de los del saqueo y tumulto, no los prendiesen. Contestan el corregidor, el Marqués del Valle, y otros más de veinte testigos de mayor acepción.

200. Todas las cartas que así de S. M. como de particulares venían para el virrey se enteró de ellas el Lic. Gaviria y las abrió y leyó. Parece por la carta del general de la flota, Don Juan de Benavides, escrita al virrey que se remitió original a S. M. el 18 de julio de 1624, y por los testimonios y deposición de los socorros ante el visitador.

201. Sabiendo el Marqués de Gelves que los oidores trataban de proveer los oficios de justicia, proveyó auto el 10 de julio de 1624, en que les requería y mandaba so pena de caer en mal paso y otras, no se entrometiesen a tal provisión por tenerla ya él hecha. Y en caso que no le quisiesen reconocer virrey para ello, como para las demás cosas, no innovasen en los gobiernos y esperasen la resolución de S. M. que vendría infalible en la flota, pues a más tardar estaría en el reino dentro de dos meses, como lo estuvo. Este auto les llevó para hacérselo notoria Don Juan de Canseco, alcalde de corte, y no se le permitieron leer aunque él de palabra les dijo lo que contenía. Parece del auto y de la deposición del alcalde ante el visitador.

202. Con esto proveyeron todos los oficios de gobierno y justicia, repartiéndolos entre sus parciales y delincuentes, sin más atención a méritos que los que se habían granjeado en ser o no contra el virrey. Así le dieron oficio a un hombre vil llamado Juan de la Serna, porque fue el primero que disparó el arcabuz contra el virrey y a Gerónimo de Aguilera, que era hilador de seda, le hicieron teniente de justicia, porque metió memorial contra el virrey diciendo que había topado entre los papeles del saqueo uno en que el virrey hacía títulos a sus criados de marqueses y condes y a Gerónimo Ramírez porque vino delante de Gaviria diciendo muera el hereje, desenvainada la espada y daga le dio otro día título de alguacil de guerra. E hizo alférez a Perca, a quien el visitador ahorcó por uno de los más escandalosos turbadores en aquella sedición, y a este respecto le dieron las demás conductas y oficios. Contestan más de cincuenta testigos, además de los testimonios de las provisiones que se remitieron al Consejo.

203. Todas las órdenes del virrey, provisiones de armas, de saca de harinas, de venta de frutos y carnes, revocaron en su gobierno.

204. El dinero que tenía el virrey reservado del desagüe y consultado a S. M. para que dispusiese de él, repartieron dando a cada uno de los que enviaron a esta corte a defenderlos a 10.000 pesos y a los padres de la Compañía dieron otros 1.000 para la fábrica de la cañería de agua que llevaron a su casa. Consta de los testimonios que están en el Real Consejo de las Indias.

205. Mandaron por auto que nadie le tratase ni llamase virrey. Parece por su auto y por la confesión de Gaviria.

206. La sala de los alcaldes, sabedores de este auto, proveyeron otro contrario a él, diciendo que por la disonancia que causaba significar con el modo de decir virrey que fue depuesto al que lo era por S. M. y le representaba inmediatamente en aquellos reinos y era presidente de su sala para que cesase el exceso mandaban que ante ellos los secretarios y demás ministros y personas que hablasen por petición o en otra manera, le tratasen como virrey actual, so pena de caer en mal caso. Parece del auto fechado el 30 de mayo de 1624.

Tuvieron por esta acción los alcaldes muy ásperas quejas de los oidores a que respondieron que ellos tenían y obedecían al Marqués de Gelves por su virrey, y no sabían quien le hubiese podido quitar. Parece por sus deposiciones ante el visitador.

207. El arzobispo que tuvo por tan agravio del virrey su remisión a España, que ocasionó antes que obedecerle alterar el reino de su propia voluntad y con consentimiento de los oidores se vino a ella, repartiendo para el viaje más de 100.000 ducados. No haciendo escrúpulos de este donativo habiéndole hecho del que para S. M. se recogió hasta publicar excomulgado al virrey como está referido a número 29.

208. Los oidores procuraban por todos los medios posibles valerse de relaciones e informaciones para satisfacer a S. M., solicitaban los testigos con ofertas de oficio y otros premios y de ello muchos no quisieron decir, como el Marqués del Valle, otros se ausentaron porque no les compeliesen a ello, como el Conde de Santiago, otros se vencieron a decir y cuando los ratificó el visitador se retractaron, atribuyendo sus dichos a extensión del escribano o a la ordinata del juez que recibía los dichos, como fueron el tesorero Alonso de Santoyo, del hábito de Santiago, Don Antonio de la Mota, del mismo hábito, Don Pedro Escoto, secretario de cámara, y otros. Algunos protestaron como Juan de Cueto, otros dijeron forzados como Don Agustín de Valdés y para que se vea el estilo y proceder de estas informaciones se pone a la letra la deposición de Gerónimo de Fuentes Cortés ante el visitador, el cual dijo:

209. Que cuatro meses después del tumulto le había llamado a su casa el Lic. Gaviria y le había dicho que le llamaba para que testificase contra el Marqués de Gelves, una gran bellaquería que no le podían probar, a que respondió que no se atrevería a jurar lo que no sabía y a ello le replicó el Lic Gaviria, tampoco lo saben otros, y lo han jurado por amor a mí. Este fue el estilo e intento de las informaciones, aunque su auto del 16 de enero de 1624 con que las motivaron dijo que las recibían para inquirir y averiguar si hubo o no caso pensado en el tumulto, sobre que no parecerá diligencia suya sino que so color de ésto procedieron a informaciones contra el virrey como si las pudieran hacer y tuvieran jurisdicción y así el visitador las dio por nulas.

211. Creciendo sus tiranías en el gobierno y viendo algunos de los vecinos se juntaban en corrillos a lamentar el mal estado del reino, proveyeron auto en que mandaron no tratasen ninguno ni se pusiese en disputa cuál de los dos gobiernos había sido mejor. Y tímidos de que el virrey aceptase las ofertas que los vecinos le hacían de su persona para restitución a su oficio por redimirse de las vejaciones e injusticias que padecían, se fortificaron en palacio y añadieron guarda y gente. Era público aunque S. M. le restituyese al marqués, no le habían de admitir.

212. Para esto llamó el Lic. Gaviria a Gerónimo de Fuentes Cortés mandándole que visitase la armería y artillería de palacio y la reparase porque si el Marqués de Gelves se quisiese volver a palacio le pudiesen resistir. Así lo depuso ante el visitador y para su mayor seguridad tomaron todas las fuerzas de los puertos y los caminos que hay desde ellos a México, dándose muchos pésames de no haber muerto el virrey o sacádole de San Francisco y puéstole en prisión. Consta por carta que tuvo el visitador de Filipinas que está en su proceso de las cartas y relaciones que el marqués remitió a S. M. en su real consejo de estado el 9 de septiembre de 1624.

213. Puesto el reino en tan miserable estado y temiendo cada instante su ruina, llegó la flota y en ella por virrey el Marqués de Cerralbo. Aquella noche formaron una estatua del de Gelves que colgaron en la calle de San Francisco y le cantaban: Ya murió Galves y vino Cerralbo, si no fuere a gusto quitarlo. Consta se avisó a S. M. en su real consejo de estado en carta del 20 de noviembre de 1625, y del proceso del visitador sobre esto.

214. Pretendieron saquear el convento donde estaba el marqués y el temor de sus muchos afectos los detuvo. Así se avisó a S. M. por el marqués en consejo de estado el 9 de septiembre de 1624. Salieron a recibir al virrey que venía todos estados de gente, por granjearle unos y otros llevados de la novedad de verle entrar gobernando. Desde el punto que se desembarcó tuvo de esto aviso el Lic. Gaviria y en pública audiencia dijo que S. M. se daba por bien servido de lo hecho, mandaba parecer ante sí al de Gelves. Consta de la relación remitida a S. M. en su real consejo de estado el 20 de noviembre de 1625 y les enviaba nuevo virrey, el cual llegó muy festejado y se puso a una legua de la ciudad y una noche entró en ella y a las guardas que todavía estaban a la puerta de San Francisco mandó que se quitasen, festejaron la libertad de su vista pequeños y grandes, como si en ello estuviera la de sus personas. Trató luego el virrey de que le quitasen de la tablilla donde hasta allí había estado puesto por excomulgado, no quiso el provisor de hecho sino que por auto suyo se había de quitar persistiendo siempre en que habría de reconocer su jurisdicción, así se hizo. Consta del testimonio que remitió al Consejo de Indias el Marqués de Gelves, fechado en México el 20 de octubre de 1624.

215. El Marqués de Cerralbo se detuvo algunos días, desde Veracruz despachó su camarero Don Diego de Astudillo a México con cartas suyas para algunas personas y la casa primera donde se alojó fue la de Gaviria y de allí repartió las cartas. Y en ellas se tuvo noticia que trataba de la disposición y el estado del reino y si según él sería a gusto de la ciudad la restitución del de Gelves al gobierno. Y conociéndose en él muchos deseos de verse ya en posesión del oficio de virrey por libres que los queramos de pasión, no lo estarán de alguna lisonja se publicó la restitución del virrey al gobierno y se festejó por la ciudad con las demostraciones que usan en sus mayores y más célebres fiestas. Y el ayuntamiento hizo el auto siguiente:

216. Que por cuanto ha entendido que el Sr. Marqués de Gelves, Virrey de esta Nueva España, que al frente lo es de ella, entra mañana jueves 31 de este mes en continuación de su gobierno. Manda que todos los regidores en forma de ciudad lo más lucidamente que puedan concurran a su acompañamiento y se dé noticia al oidor más antiguo para que si hubiere que advertir en mayor aplauso, lo haga, porque se conozca de esta ciudad el afecto que ha tenido y tiene dicho Sr. Marqués de Gelves y servirle en lo que puede su reconocimiento, por su buen gobierno manda que a cuenta de propios se hagan salvas de artillería e invenciones de fuego, que dos de los regidores le besen la mano en nombre de la ciudad y signifiquen la voluntad con que han deseado las ocasiones de su servicio. Consta del testimonio del 30 de octubre de 1624.

217. Ayudaron este aplauso los adornos de las calles publicando a voces el sentimiento que habían tenido de la falta de su gobierno y el gusto que tenían de su restitución, maldiciendo los oidores y a los que habían sido causa de las inquietudes pasadas. Consta de las relaciones remitidas a S. M. en el Real Consejo de Indias y de Estado.

218. Poco duró este gusto porque otro día salió de palacio trocadas las fiestas en lágrimas que generalmente se vieron en los ojos de todos siguiendo por más de una legua que es la que hay desde México al convento de Tacuba, de la Orden de San Francisco, donde se retiró. Avisó a S. M. por carta del 20 de noviembre de 1625 y del 19 de enero de 1626 en el Real Consejo de Estado.

219. Aquí estuvo por más de un año esperando la visita que había pedido a S. M., sufriendo muchas sequedades y desvíos del Marqués de Cerralbo, que llevaba con mucha paciencia el de Gelves por no desamparar la causa de S. M.

220. Favorecía con particular cuidado las causas de los oidores, hizo instancia con S. M. que jubilase a Vallecillo. A Gaviria le dio las más honrosas comisiones y a dos sobrinos que tenían oficios de justicia aunque había otros oidores que no se hallaron en el tumulto, a uno de ellos nombró su asesor y de esta manera en todo procedía en gran aplauso a los rebeldes y particular desvío a los que habían asistido al de Gelves, de suerte que se entabló como proposición infalible que había sido culpa la defensa del virrey.

221. Pretendió con vivas instancias que se saliese del reino y no pudiéndolo conseguir le quiso alejar de la ciudad. Consta por sus papeles que el de Gelves remitió al Consejo de Estado.

222. Pidióle que algunas cosas de su hacienda que se habían escapado del saqueo se le restituyesen y el sueldo de su oficio que le había corrido, pidióle fianzas para el sueldo y dijo enviaría la ropa embargada a la Contratación de Sevilla. Consta del memorial que remitió el de Gelves al Consejo de Estado.

223. Llegó el visitador y publicó la residencia del marqués haciéndole venir para tomarle su confesión desde el convento donde estaba, que como está dicho dista una legua de la ciudad. Duró quince meses con término abierto, enviando despachos a todos los lugares de la Nueva España, aunque fuesen muy pequeños para que ocurriesen a pedir si tuviesen qué y no resultó queja alguna sino muchos sentimientos de la pérdida de su gobierno. Consta de doscientos o más testimonios que en esta conformidad se enviaron de los lugares.

224. Para hacerle cargos al visitador se valió de las cartas que los oidores habían escrito a S. M., no obstante que el Dr. Don Diego de Avendaño declaró ante el visitador que estas cartas las escribieron persuadidos y obligados del Lic. Gaviria. Y sobre haber de escribir o no a S. M. las cartas que ellos traían dispuestas y ordenadas se encontraron Galdós de Valencia y dicho Gaviria con sus compañeros como lo dio por testimonio el escribano de cámara Cristóbal Osorio y se remitio a S. M. con el primer aviso que salio de Nueva España el 16 de diciembre de 1623 en los papeles que sobre la prisión de Gaviria se le remitieron. Y de los capítulos que Gaviria por su memorial habían dado en el tiempo que gobernaban y estando ellos ejerciendo sus oficios y el virrey ausente y sin mano alguna sin quien osase ser su abogado, dio su residencia sin que en ella presentase testigo alguno de abono, y cuando llegó a sentencia la dio el visitador diciendo:

225. Que declaraba haber servido dicho marqués al rey nuestro señor en dichos cargos de virrey, gobernador y capitán general de esta Nueva España. De que había dado residencia como bueno, recto, limpio juez, muy celoso al bien público, administración de la justicia y del real servicio de S. M. Y que puede servirse dicho marqués con mucha satisfacción de su fidelidad y del amor e inclinación que tiene a su real servicio, ocupándole no sólo en los puestos y oficios que tiene sino en cualquier otro de su monarquía, conforme a la calidad, servicios y profesion de dicho marqués. Consta de la sentencia dada el 14 de abril de 1627.

226. El marqués se embarcó en la primera ocasión de viaje que hubo en dicho año y antes que él llegase a España se había de ella despachado por arzobispo al Lic. Don Francisco Manso y Zúñiga, con comisión para ejecutar la resolución que S. M. había tomado en las causas del tumulto, extinguiéndole y mandando soltar cuantos presos el visitador tuviese por aquella causa, reservando ocho de los más culpados cuales juzgasen dicho arzobispo y visitador. Y aunque de conveniencia de ambos el arzobispo vistas las culpas convino con el visitador en la reservación cuando se llegó a ejecutar le pareció tan digna de extensión la misericordia real que ninguno halló digno de culpa. Sólo lo era en su opinión el Marqués de Gelves y los que le habían asistido. Y así publicó en aquel reino que había sido dichosísimo en haberse venido a España y cuando no pudo perjudicarle la persona le perjudicó la reputación, publicando S. M. era servido que se le remitiese a estos reinos preso y con guardas a su costa y que le mandaban hiciese con él iguales demostraciones que con los oidores que habían fabricado el tumulto. como aparece en sus papeles que están en el Real Consejo de Indias en relaciones remitidas por el visitador.

227. La persecución contra todos los que asistieron al virrey y ministros que ayudaron a la visita ha sido tan áspera como si fuesen enemigos capitales de fe y profesión contraria, quedando gloriosos los culpados y con opinión constante que el motín tumulto no fue culpable ni en la junta se halló materia sobre que cayese perdón alguno. Separando de mí con sutileza hasta hoy no imaginada la persona de virrey que era de la de Marqués de Gelves y declarando el delito cometido en odio mío, como si como Marqués de Gelves pudiera competir la jurisdicción con el arzobispo, y defender la autoridad real de quien la usurpaba cbmo la hacienda y demás derechos. Como todo consta por las relaciones de dicho visitador remitidas al Real Consejo de Indias.

228. Los oidores vinieron a estos reinos y están en esta corte y habiendo sido acusados de lesa majestad por el fiscal en la visita y la causa del Lic. Gaviria estando conclusa ya la sentencia en que sólo resta pronunciarla en escándalo de aquel y de los demás reinos de S. M., y para su mal ejemplo y consecuencia con daño de terceros tan enormes. Dicho Gaviria, autor del motín, y capitán general de él, se pasea por esta corte y a título de la conspiración contra mí hecha pretende mercedes y las ofrece con el escándalo de cuantos tienen noticia de estos sucesos y saben que dicho marqués fue visitado y residenciado de cuanto dicho Gaviria y demás oidores le quisieron oponer a que satisfizo con las demás causas que alegaron de su deposición y de ellas le dio el visitador por libre. Y no obstante esta justificación no puede conseguir se determine justicia en la causa contra los que le despojaron de sus oficios, le saquearon su hacienda, conspiraron contra su vida y la de los suyos, quitándola a muchos de ellos y gozando hoy de sus haciendas y oficios, privados de ellos los que por ser virrey, lugarteniente de S. M., me asistieron. Quedando por culpable lo que por tantas razones debió juzgarse como es meritorio, por todo lo cual esta causa en que tan sin orden judicial se procede pide a S. M. se le haga, suplicando se tome resolución en los memoriales que dicho marqués tiene dados a que debe S. M. mandar proveer por lo dicho siendo como es tan del servicio de Dios y suyo. Ocurriendo a la satisfacción de mi reputación que con autoridad suya y suponiendo sus órdenes, dicho arzobispo, la igualada con la de ministros acusados de conspiración, alevosía y traición. Siendo ministro suyo en los superiores consejos de su monarquía y habiéndole servido en los mayores oficios de ella de cincuenta y seis años a esta parte en todos sus reinos y señoríos con estimación y aprobación general y muy particular de los señores reyes, padre y abuelo de S. M. Por todo lo cual a S. M. pido y suplico mande que dicha causa se siga en justicia y se vea en tribunal de ella con asistencia de fiscal que pida por el derecho de S. M. lo que convenga, dando lugar a que asimismo pidan los interesados lo que les convenga.

Fuente: Los Virreyes españoles en América durante el gobierno de la casa de Austria: México, edición de Lewis Hanke con la colaboración de Celso Rodriguez, Biblioteca de autores españoles, Atlas, Madrid, 1976-1978, 5 volúmenes, volumen 3, 1977, pp. 113-160. Documento de la Bancroft Library de la Universidad de California, Berkeley.