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Siglo XVII > 1610-1619 > 1610

Ordenanzas de aguas en el término de la villa de Salamanca.
México, 24 de marzo, 1610.

En la villa de Salamanca, en veinticuatro días del mes de marzo de 1610, la justicia, cabildo y regimiento de la dicha villa, estando juntos y congregados en su cabildo, entre otras cosas que trataron tocantes al bien, pro y utilidad de esta dicha villa y vecinos de ella, dijeron que en conformidad del título de ella y ordenanzas reales para el buen gobierno y orden de su república, y en virtud de la facultad que para ello tienen, ordenaron y mandaron las cosas siguientes:

1. [Que se haga una presa en el río Grande, para riego, y que sus aguas se repartan proporcionalmente conforme la hacienda de cada labrador]

Si fuese menester hacer presa en el río Grande de un brazo que sale de él, el cual llaman de Moreno, que hoy sirve de acequia principal para el riego de las tierras del valle de Santiago, o en otra cualquier parte o partes que convengan las pueden hacer, y hagan, a costa de los labradores.

Y que el cabildo que es, o fuere, de esta villa pueda hacer, y haga, repartimiento entre los susodichos para hacer las dichas presas a cada uno por cantidad conforme a la hacienda que cada uno tuviere en el dicho valle.

2. [Cada labrador cuidará de la limpieza y reparo de las acequias que atraviesan su labor, penando el cabildo al negligente]

Item, ordenaron que las acequias que al presente están hechas, y de aquí adelante se hicieren en el dicho valle, para el riego de las tierras del dicho cabildo, pueda compeler éste a los labradores interesados que las tengan limpias y bien reparadas todo el año, cada uno su pertenencia, y cerradas por la parte de arriba so pena de quince pesos de oro común, aplicados por tercias partes: cámara, juez y denunciador.

3. [Que cada labrador haga los puentes necesarios para cruzar sobre dichas acequias]

Item, ordenaron que todos los labradores hagan puentes en las dichas acequias anchas y altas del agua, cada uno en su pertenencia, de suerte que no estorben el pasaje del agua.

Los cuales hagan de manera que puedan pasar carretas y demás ganados.

Y tengan en las dichas puentes agujas y trancas para cerrar de noche, porque los ganados no puedan entrar a hacer daños en los sembrados.

Lo cual hagan todo bien y cumplidamente, so la dicha pena de los quince pesos, los cuales aplican en la forma arriba dicha.

4. [Se prohíbe que en las acequias beba y abreve el ganado, con penas a los que lo impulsaren]

Item ordenaron que en las dichas acequias no se consienta que ningunos de ninguna calidad que sean, beban ni abreven en ellas por los grandes daños que a las dichas acequias se les siguen, sino que cada labrador en su pertenencia haga abrevaderos por la parte de fuera de la cerca y los puedan cebar con el agua de la dicha acequia.

So pena que por cada vez que se hallare bebiendo en ella le lleven al dueño del dicho ganado de pena un real todas las veces que se hallaren y le compelan al dueño a que aderece y limpie el caño que los dichos sus ganados hicieren, y para ello se puedan sacar prendas cuantiosas que basten para pagar el daño que hubiere hecho.

5. [Se pondrán marcos, a trechos en las acequias principales, por cada cuatro labradores. Reglamentándose las tandas y las normas de riego, con penas a los contraventores y al que rompiere la acequia o impidiere el libre curso del agua]

Item, que porque se eviten pleitos y diferencias entre los labradores y se tenga en todo la cuenta y razón que convenga y que todos gocen por iguales partes, tanto el uno como el otro conforme a sus repartimientos, se pongan marcos en las dichas acequias principales, por donde salga el agua a las contraacequias: que han de ser obligados a tener cada uno en su pertenencia para el riego de su tierra.

Y que los dichos marcos se pongan a trechos, de suerte que por cada uno rieguen cuatro labradores a la par, cada uno con el agua que le perteneciere.

Y que por dónde acabare el primero empiece el siguiente, de suerte que los riegos sean iguales.

Y que si algún labrador que le cupiere la tanda del riego no tuviere el trigo para poderlo regar lo puedan tomar los otros sus compañeros en el dicho marco, hasta tanto que lo tenga para poder regar: que se entiende trocar la vez, porque no se pierda el agua.

Y éste se guarde generalmente entre todos los labradores de dicho valle, y que ninguno sea osado a romper las dichas acequias principales, ni poner en ellas tablas ni otros géneros de presa sino que dejen ir el agua libremente, so pena de cien pesos de oro común en que les dan por condenados lo contrario haciendo, aplicados por tercias partes: cámara, juez y denunciador.

6. [Que se nombre un vigilante, o juez del agua que la reparta y atienda a las incidencias de las acequias, denunciando daños o quebrantamiento de ordenanzas]

Item, ordenaron que para lo arriba contenido en las ordenanzas se guarden y cumplan en este dicho cabildo pueda nombrar una persona, o más si fuere menester, a costa de los dichos labradores.

Y que el salario que se le señalare a la tal persona lo puedan repartir entre los dichos labradores.

Y que ésta tal pueda servir de denunciador de los daños y quebrantamientos de las dichas ordenanzas, en lo cual sea creído en su simple juramento, sin tener necesidad de hacer ninguna averiguación.

Y los dichos alcaldes y regidores y demás cabildos habiendo visto las dichas seis ordenanzas juraron a Dios y a una cruz parecerles ser todas muy convenientes y de mucha utilidad, a la paz y quietud y provecho de los dichos labradores.

Confirmación de dichas ordenanzas por el virrey marqués de Salinas.

México 22 de enero, 1611.

En la ciudad de México a 22 días del mes de enero de 1611.

Don Luis de Velasco, etc.

Habiendo visto lo pedido por la justicia, cabildo y regimiento de la villa de Salamanca cerca de que se mande aprobar y confirmar las ordenanzas que hizo para el buen gobierno de su república, contenidas en este testimonio, y el parecer que en él dio el doctor Luis de Villanueva, capataz, y a quien Su Excelencia las remitió, dijo que fuera de la primera ordenanza por no tener sustancia, ni razón de decir ordenanza, todas las demás se guarden, cumplan y ejecuten en todo y por todo, como en ellas y en cada una de ellas se contienen y declaran.

Y las justicias de la dicha villa, habiéndolas pregonado en ellas las lleven a debida ejecución.

Y así lo proveyó y firmó.

AGI. Ordenanzas, vol. 1, fols. 135v-136v.

Fuente:

Francisco de Solano. Cedulario de tierras. Compilación. Legislación agraria colonial (1497-1820). Instituto de Investigaciones Jurídicas. Universidad Nacional Autónoma de México. Primera edición: 1984. Segunda edición: 1991. México.

http://biblio.juridicas.unam.mx/libros/libro.htm?l=387