Buscar en  
  Página principal

  Conquista

  Independencia

  Revolución

  Siglo XXI

  Siglo XX

  Siglo XIX

  Siglo XVIII

  Siglo XVII

      1690-1699

      1680-1689

      1670-1679

      1660-1669

      1650-1659

      1640-1649

      1630-1639

      1620-1629

      1610-1619

      1600-1609

          1609

          1607

          1606

          1604

          1603

          1601

  Siglo XVI

  Siglo XV

Siglo XVII > 1600-1609 > 1604

Parecer de Gaspar de Zúñiga y Acevedo, Conde de Monterrey, sobre el Juzgado General de Indios.
Abril 1604

Vuestra Majestad me mandó por una su real cédula particular que se despachó para esto en a _ del _ del _ el año pasado que informé y di mi parecer sobre si convendrá que se continúe el Juzgado General de los Indios que está a cargo del virrey en esta Nueva España, o que se quite o se reduzca el conocimiento de las causas que allí se tratan a la forma antigua. Y aunque el año 1598 me acuerdo haber escrito de esto mismo al Consejo largamente, lo vuelvo a hacer ahora por cumplir con lo que S. M. manda.

Cuando llegué a este gobierno hallé muy recién fundado el Juzgado General de Indios de que trata el Virrey Don Luis de Velasco en el advertimiento 7 de las que me dejó, sobre cuyo despacho antiguo habló también el Virrey Don Martín en el 3 advertimiento de los suyos para el Conde de Coruña. Que ambos se verán por las copias que aquí envío y yo diré en el estado en que se halló este juzgado y al que le reduje y lo que siento acerca de su continuación o de extinguirse.

Desde que desembarqué en San Juan de Ulúa oi ruido de esta novedad, y que sentían bien de ella algunas personas muy inteligentes y muchas no tan informadas ni mal, y los más mostraban apasionados sentimientos en esta parte. Proseguí en ello como lo hallé, con los mismos oficiales o la mayor parte de ellos, dada primero su residencia, porque no me atreviera en mucho tiempo a caminar sin guía en negocios tan menudos que se pierden de vista. Pues falta la atención en ellos cuando se pone a tratarlos un entendimiento hecho a cosas mayores, además de que dada la semejanza de los casos de los indios hacen mucha extrañeza en el principio.

Estuve como un año con este cuidado y asistí siempre a las audiencias de este despacho, reparando muy atentamente en lo que allí pasaba, y al cabo me pareció convenientísimo el continuarse aunque di orejas con disimulación a hombres de calidad y algunos muy graves en lo contrario, a que nunca me persuadí antes a esforzar al Consejo en la conservación de lo ordenado. Lo cual yo confieso por cargoso y de algunos inconvenientes, mirándolos sólo y de por sí, mas no lo tendrá por tal uno por favorable y útil a los indios quien juzgare de ello, como en los gobiernos se debe hacer.

Que es por comparación del otro expediente que estas causas tenían antes y habrían de tener ahora, si estos redujesen a su primer estado. Las peticiones de gobierno se despachaban en la gobernación mezcladas con muchas otras de españoles, que son comúnmente más gruesas y de más cuidado que su importancia. Y está bien claro cuán barajadas irían y cuán dependientes en su breve despacho de la incertidumbre de Dios y horas que suele causar la gran ocupación del virrey, por quien se proveían todas sin ayuda de asesor. Y cuanto peligro corrían, en segundo lugar, la breve vista y decretos y el engrosarse los despachos en las causas de estos miserables con la gana o desgana de los secretarios que vivían siempre ocasionados de preferir los demás negocios por particulares respectos de parentesco o amistad, o favor o de interés. Y cuando su limpieza y rectitud tapase estos portillos, no se puede negar lo que serían combatidos de las importunaciones mismas los proveimientos.

Asimismo, siendo muchos de ellos contra sus ministros, doctrina o de justicia o encomenderos, o contra mineros, labradores u otras personas semejantes, que respecto de los indios se pueden tener por muy poderosos, bien se ve que correrían peligro leyéndose las peticiones al virrey a solas, adonde la cortedad de lo escrito ofrece el secretario ocasión, y a veces necesidad, de que supla de palabra. Pues deja entender que cualquiera mala información sería de riesgo donde faltan a la presencia las partes y la asistencia que hoy nace en estas audiencias tantos y tales oficiales y que tan inteligentes son para enmendar las relaciones siniestras que suele a veces haber, o por cegarse los ministros con pasión o por su ignorancia, ya que formada malicia no se pueda presumir.

La otra parte de los negocios de estas audiencias pasaba en la audiencia real adonde he experimentado que para hacerse ver en la sala los pocos pleitos de indios que se pasan a ella en apelación, le cuesta al virrey, como presididente, mucho cuidado y no pocas dificultades en vencer con algunos oficiales de la audiencia. Cuando sea así que todos los jueces tengan una misma compasión de estos miserables, y un mismo deseo de abreviar sus pleitos, mayormente que algunos de cacicazgos y otros suelen ser prolijos y al cabo es de doler la poca o ninguna ayuda que allí hacen los indios en su defensa, aun a su modo y según su capacidad, y cuán de afuera están en la sala y esa atención y cuidado que algunas veces ponen los defensores abogados y procuradores y los intérpretes. Asimismo que les es tan señalado a quien por esto se puede apretar y vivir sobre ello había de tener menos cobro y seguridad en la forma de antes, no siendo estas personas ciertas como hoy ni de la aprobación con que ahora se eligen, sino a elección de los indios que a veces topaban con oficiales que les erraban el fundamento de sus pleitos con graves daños de nulidades que se hallaban al fin y tiempo de la sentencia y con otras faltas y descuidos muy perjudiciales. Fuera de que algunos, como hombres de poca conciencia y menos cuenta de su reputación, los traían engañados y en dilaciones y lo estaban no sólo con varios géneros de dádivas menudas, sino con cantidad de dineros.

Como quiera que estos intereses y aun sólo las costas legítimas de la dilación es grande, suelen importar más que vale el pleito. Estos inconvenientes téngolos yo por mucho mayores que los del juzgado general y de más difícil remedio para la claridad y luz de los decretos pasados. Porque no haya encuentro proveí que hubiese libro donde se escriba otro tanto al mismo tiempo porque no pueda después haber encuentro por olvido, y sobre la puntualidad de cada oficial en su ministerio y la prevención y recato de que los indios no anduviesen por casas de procuradores con peligro de dávidas y presentes, sino que negociasen en las casas reales en oficio público yo puse el remedio que me pareció necesario con uno o más autos de reformación que proveí y tengo por importante que se observen y ejecuten con rigor.

2. Resta satisfacer las dos dificultades que son las mayores que han hallado siempre a este juzgado algunos celosos del bien de los indios y a vueltas de ellos los muchos interesados que hay, como apuntó el virrey, de toda profesión, estado y condición en que esto cese y juntamente se les afloje a ellos la rienda que sienten para el mal tratamiento y vejaciones de los indios por ver que ahora los agraviados miserables hallan la mesa puesta para negociar fácilmente, que es ante un mismo juez con que se van criando mejor las causas y proveyendo hasta fenecerlas, y esto es medio muy eficaz. Para estar bien al cabo en la verdad de los hechos y hechos tan menudos como estos son, y para ir con cuidado hasta remediarlos, lo cual corre muy al contrario en la sala de oidores con las demandas y pedimentos de amparo de esta gente, se leen ante unos jueces y se prosiguen, ven y determinan por otros diversos en diferentes artículos con que se van variando, como se aciertan a hallar en la sala de peticiones de donde suele faltar alguno por ausencia de la ciudad de excusarse de venir a la audiencia, o por ir a otra sala siendo cierto que la no continuación de los jueces y de la noticia e inteligencia de los casos y de los proveimientos que han precedido, trae consigo ignorancias y olvidos perjudiciales para el remedio de esta gente y no es menos freno el que sienten dichos interesados de que este juez, uno perpetuo y estable, sea el virrey por las muchas noticias que alcanza con el gobierno universal y por esta misma audiencia de lo que pasa en cada provincia, para discurrir más presto en si es verosímil el daño y en la traza y brevedad que pide el remedio.

Y porque no se provee lleva mucha fuerza como pasado por mano tan poderosa las dos dificultades que los celosos dichos y estos otros interesados oponen por mayores son: el aumento de ocupación en el virrey que siempre anda necesitado de tiempo y mayor parte son más graves, y la nueva carga de los indios en pagar medio real cada tributario para la caja del medio tomín o medio real en donde se libran y pagan los salarios de los oficiales del juzgado general. En lo primero, que es la ocupación, no me satisface lo que responde el virrey don Luis, y así al segundo año de mi gobierno que estuve enterado en esta materia me convencí de este inconveniente y de que pedía remedio. Y para dárselo me retiré de la asistencia de estas audiencias en la parte que era de peticiones, tocantes a negocios de justicia, teniéndola por muy poco pertinente no habiendo yo de proveer en la determinación de las causas y artículos y aun para sustanciarlas sino lo que el asesor dijese. Y juzgando que podrían ordenar los decretos de todo esto por el asesor en ausencia mía y señalarse de su rúbrica para que presente, o ausente él, pudiese yo echar la mía con seguridad.

Comenzábanse las audiencias por estas peticiones y en estando ordenados los decretos me llamaban y yo salía a asistir a las peticiones restantes que eran de gobierno y las preveía y se decretaban allí, y rubricando esto y lo demás de justicia, entraba habiéndome ocupado poco más de lo que hubiera de gastar en ver y proveer aquellas mismas peticiones de gobierno en mi aposento y con sólo los secretarios de gobernación, conforme a la orden antigua.

Porque sólo crecía la ocupación habiendo alguna controversia de partes con que la autorización que los indios tienen de asistir allí, y lo mismo el español que tiene negocio o por alguna conferencia mía con los oficiales y asesor para mejor averiguación del hecho y derecho. Mas como el sujeto es flaco y de fácil inteligencia en quien tiene uso de él, también las dudas lo son y apenas había día en que me embarazase una hora y muchas cumplía con media, especialmente después que con otros puntos de reformación de que se tocó atrás. Proveí ciertas ordenanzas generales que se enviaron por el reino y continuamente se van llevando impresas en su vulgar mexicano y también en nuestra lengua castellana, en que para evitar inquietudes y cambios de indios y a veces muy largos, y los gastos, enfermedades y muertes, que de esto les resultaban con sombra de embarazos en este juzgado. Excluí muchos géneros de pedimientos, de los que se traían a él como peticiones de gobierno, porque en unos que eran de gracia y de fácil concepción y tocaba dispensación de ordenanzas, me pareció dispensar generalmente con todos los indios y en otros que se dispensaba con sólo los que tenían favor de intercesiones o tenían particulares calidades a su modo, o por ser principales o tener oficios u otras causas, dispensé con los indios en quien concurriesen aquellas calidades que para esto se solían respetar, cerrando a los demás la puerta. Y en ello y en las cosas que generalmente se negaban si no era alguna vez por intercesión violenta e importuna, mandé cerrarla a los procuradores y abogados con prohibición y penas para que no admitiesen tales demandas ni hiciesen peticiones. Y a los escribanos mayores de gobernación y escribanos de cámara, para que no las leyesen.

Con esto cesó casi la tercera parte de las que venían a esta audiencia que solían ser de ciento a ciento veinte muy de ordinario. Andando el tiempo con las enfermedades grandes que yo tuve por tres años, fui haciendo algunas faltas de asistencia y concurriendo a éste con más dolencias y con la gota y otros achaques que me quedaron de ellas.

La creciente increible de negocios y ocupaciones de la reducción general me fue necesario excusarme casi siempre con la gran confianza de la experiencia, legalidad y limpieza del asesor Lic. Valdés, rubricando lo que él señalaba en esos negocios de indios, aunque fuesen casos de gobierno como entiendo que se hace en el Perú donde este juzgado es más antiguo. La declinación en que quedan las ocupaciones dichas, de la reducción y congregación o la que tendrá muy presto, y la robusta salud que el Virrey Marqués de Montesclaros muestra tener me parece a mí que facilitarán el asistir en persona por la forma que yo lo hacía, saliendo a tiempo que lo de justicia esté despachado por el asesor.

En el otro inconveniente de medio real lo ordenado por el Virrey Don Luis de Velasco no era nueva imposición de los indios por cabezas como él dice y muy bien, porque mandó que se tomase de los dos reales que cada tributario pagaba a su comunidad, de manera que la cuarta parte de aquella contribución antigua se trajese a la caja del medio real para la paga de los salarios. Y como no se dijo secamente por este lenguaje, sino declarándose que había de ser a razón de medio real por cada tributario, nació de aquí que con el mal cobro de las cajas de su comunidad y con la fácil inclinación que tienen a imposiciones y derramas los gobernadores y mandones de los indios, y aun algunas justicias que no se dieron mafia ni aún por ventura a ellos se les dio el cuidado que fuera justo en ejecutar debidamente la orden del virrey, introdujeron el cobrar de los mismos indios aparte y de por sí medio real de cada uno, fuera de los dos reales que pagaban a su comunidad.

Y aun ha llegado el daño a que por ocasión de ser el medio real o medio tomín, como ellos llaman, una moneda tan menuda y que no se halla fácilmente, los indios corredores según fui informado, han hecho muchos agravios en cobrar por medio real uno entero. Y los años pasados, queriendo proveer de remedio, despaché cierto mandamiento que anda impreso para que no se pidiese por razón de esto nada a los indios, sino que se tomase de la caja de comunidad como está dicho la cuarta parte del procedido de los dos reales que cada tributario paga por ello.

Y pareciendo que su ejecución se facilitaría mucho con la que tuviese la reducción general a congregaciones por el mayor cobro y seguridad que se podría entonces poner en estas cajas, se ha ido entreteniendo respecto de tener hondas raíces este abuso para entablarse brevemente lo contrario en poblaciones derramadas y de instar cada tercio en México la paga de los salarios, y de no haber otra cosa de que hacerse y dárseles en recompensa de los derechos que solían llevar a los indios en sus pleitos.

Y se mandó que cesasen con gran menoscabo de los oficios, teniéndose algunos de ellos por compras que aún hoy duran. Importará mucho que el virrey marqués mande luego ejecutar este mandamiento al menos en las provincias congregadas, y tener la mano con fuerza en la observancia de él, rescatando por este medio a los indios particulares de este medio real y de las ocasiones de mayor robo. Y que como se fuere congregando lo que resta o si fuere posible antes, se haga lo mismo allí que con ello (en lugar de nueva carga). Parece que habrán recibido estos miserables alivio fuera del beneficio que les resulta del mismo juzgado, pues ahorran de pagar derechos como solían y la recompensa de los oficiales no la gastarán ellos, pues la ha de suplir de lo que así como así le contribuyen cada año. Guarde Dios la católica persona de S. M. hecha en el mar, navegando para el Perú, a postrero de abril de 1604.

El Conde de Monterrey.

Fuente: Los Virreyes españoles en América durante el gobierno de la casa de Austria: México, edición de Lewis Hanke con la colaboración de Celso Rodriguez, Biblioteca de autores españoles, Atlas, Madrid, 1976-1978, 5 volúmenes, volumen 2, 1977, pp. 237-242.