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Siglo XVII > 1600-1609 > 1604

Apuntamientos de Real Hacienda y buena administración y aumento de la que se le enviaron al Virrey Marqués de Montesclaros.
1 de abril de 1604

Cuando llegué a este reino sentí rumor que en las cajas de la Vizcaya y Chametla había mucha remisión en las cobranzas y retención de la hacienda real en los ministros que las habían tenido a cargo. Y aunque habían ido para ello diferentes comisarios, no se acababa de deshacer este encantamiento, ni tampoco se habían tomado las cuentas de aquellas cajas algunos años ha. Y yo, con cuidado de que se desenmarañase, envié a ello a Pedro de Idiáquez, persona de suficiencia y confianza, y a Pedro de Vergara; y mandé hacer otras diligencias con que se ajustaron las cuentas o quedó muy corto el rezago que V. S. mandara vencer, y que se causen de aquí en adelante.

Y de lo que de ello resultó y adiciones que hubo en las cuentas, y determinación de las adiciones antiguas, hice cobrar cantidad de millares de pesos de oro y asegurar y componer otra buena parte: y esto quedó en mucho mejorado del estado que antes tenía. Y dí a Alonso de Santoyo cargo de esta cobranza y conclusión de las resultas de ella a quien V. S. mandara la del estado en que está, para que si hay que cobrar algo de ella se haga porque es de mucho daño el olvidarlo respecto de la facilidad con que algunas deudas se pierden.

Y yo me he hallado bien y se ha asegurado mucha hacienda real con solicitar el recogerla sin ponerlo en rigor de justicia, porque ése suele totalmente destruir la deuda y al que la debe y perdérsele por no ir sobrellevándole.

Con el ensaye general de que ha de resultar que la plata se haga buena y tal que sin pérdida la pueda meter quien quiera en la casa de la moneda, para hacerla dinero, no se ataja por alguna vía la falta de reales y el hambre de ellos con que viven siempre los mineros.

Parece que será muy fácil a S. M. el hacerse cantidad de ellos de su plata y abastecer de moneda a los mineros con puntualísima cobranza, pues una de las excelencias de los ensayes es que para ésta y las demás cobranzas de S. M. tiene el alcalde mayor precisamente parte cierta donde ha de acudir toda la plata de los mineros de necesidad, y sin que por medio ni fraude alguno se pueda derrotar ninguna a mercaderes ni a otras personas. Cosa que debe animar mucho a los virreyes, de aquí en adelante, para no acortarse en los socorros, pues en estos pocos días de ensaye me ha contado el alcalde mayor de Taxco don Juan de Arellano, que de seiscientos quintales de azogue que vendió fiado, luego que entró y V. S. tomó el gobierno ha cobrado los trescientos.

S. M. ha deseado mucho que se encabezase la renta que en estos reinos tiene procedida de las alcabalas, y en esta conformidad, con buena diligencia, se encabezó la ciudad de Los Angeles, y después con harta maña hizo lo mismo México, como V. S. verá por las escrituras.

Y mandé extinguir la contaduría real de las alcabalas y los oficiales y receptores, dejando los forzosos que fueron pocos, para que en la de resultas debajo de la orden de Alonso de Santoyo sirviesen en la averiguación y cobranza del rezago de México por el tiempo que durase la deuda. Y al oficial escribano y escribiente que tenían los papeles de las alcabalas que caen fuera de estas dos ciudades, para que los sirviesen en la contaduría de tributos y azogues con orden de aquel contador, por parecerme que podían como pueden acudir a esto los dos contadores dichos, y sin merecimiento de salario ni costa, en la ejecución de esto.

En cuanto a la persona del contador de las alcabalas hubo alguna dilación porque haciendo tino de cuentas de las deudas rezagadas que se debían en México, procedentes de alcabalas, se halló ser la cantidad muy gruesa y para descabezarla bien en uno o dos años. Me pareció nombrar contador particular con moderado salario para que entendiese en la cobranza y averiguación de lo que así se debía de rezagos que fue de mucho efecto. Después ejecuté lo proveído en extinguir esta plaza y reducir estos papeles a las contadurías dichas, y se trataba de resumir el alguacil y receptores que tienen por la remisión y respetos de éstos a dos alguaciles que diesen fianzas e hiciesen juntamente oficio de receptores.

Que por ser de ordinario personas más desbravadas de contemplaciones y cortesías con los vecinos y más necesitadas de valerse de interés y derechos de las cobranzas, apretarían más en ellas. Y a esto no dio lugar ni salida de México por venirse V. S. acercando.

Los rezagos de la ciudad de Los Angeles había de cobrar e ir pagando la ciudad, conforme al asiento, fuese cuidando o enfriando en tratar de la liquidación que para esto había de preceder, y hacerse por aquel cabildo, juntamente con el contador de S. M. que allí había servido. Y así yo proveí de remedio con la comisión y comisario que V. S. verá. Queda encabezada, asimismo la villa de Carrión en el valle de Aristco, y tomado asiento con el cabildo de ella en la cantidad que V. S. entenderá, y con los requisitos y seguridad necesaria. Y aunque se intentó en Oaxaca y Salaya, que son los lugares donde se puede tener esperanza que esto cuaje y que sea conveniente y a propósito, no salieron a ello por entonces.

La ciudad de Zacatecas es la única población que en la Nueva Galicia tiene sustancia para encabezarse, y visitando la real caja de aquella ciudad, Francisco de Quintan Dueñas, a la sazón por orden mía, le ordené que la moviese. Y puesto en plática y tratado con los regidores de ella, vinieron a ofrecer a S. M. 4.000 pesos cada año por esta renta con ciertas condiciones. Y se me envió testimonio de su ofrecimiento hecho por cabildo y todo el cuerpo de la ciudad, el cual yo envié a S. M. dándole cuenta de ello como por hecho, y que no se entendió que tuviera duda en el ínterin que yo enviaba aprobación para que se hiciesen las escrituras.

Continuó dicho Francisco Quintana Dueñas, el efecto de este negocio, y lo subió a 4.500 pesos cada año y sin las condiciones que la ciudad pedía, que en todo era conforme a la comisión mía que él tuvo. Y estando de acuerdo y hechas las escrituras para otorgarlas y las pares rentadas para hacerlo, se le hicieron afuera, y aunque les requirió por ante escribano cumpliesen lo tratado y ya ofrecido por los mercaderes que les fiaban por petición que dieron en su cabildo, no los pudo reducir a ellos aun bajándole a los 4.000 pesos que primero ofrecieron.

Algo pudo entibiar esto al estar proveído el oficio de corregidor, y así por medio del que va ahora de nuevo, que es don Alonso de Guzmán, caballero que tiene la acción y suavidad que se puede desear, podrá concluirse este negocio que tan adelante está. Y para mejor ejecución de ello puso dicho Francisco Quintana Dueñas dicha renta en pregón para arrendarla a cautela y por obligar a la ciudad a que la tomase. Y a la primera postura quedó puesta en 5.000 pesos cada año de que trae razón y diligencia, hechas según me ha informado.

Esta me parece se continúe, que bastará a lo que presumo para que la ciudad vuelva al cumplimiento de lo tratado. En el ínterin que se pone en ejecución, se ha de continuar su cobranza con más calor y cuidado que el ordinario, que será estímulo para lo que se pretende. Y lo mismo en los demás lugares en que se pretende dar asiento a esta renta por encabezamiento que de la misma traza se usó en México, y no entra en esta cuenta la ciudad de la nueva Veracruz, cuyo trato y comercio es de mucha importancia.

Y por la misma razón la alcabala de allí, porque el presente no parece que tiene la disposición que conviene para encabezarse por ser tan nueva su fundación, y la mudanza de la nueva descarga que en ella se hace de las flotas e ir aquella población sobre el mucho aumento que en pocos años ha recibido, creciendo cada día tanto que se perdería mucho si ahora se tomase asiento, pues necesariamente ha de ser por muchos años y a título de que aun no le tienen las cosas de allí han de pretender que el precio sea bajo. Y cuando den lo que vale hoy, será mucho menos de lo que valdrá presto.

Y esto me movió a no tocar allí en esta plática, y con la que hoy tiene se pierde hacienda de que yo estaba ya con cuidado. V. S. lo mandará ver y lo proveerá con aventajada traza y aprovechamiento de S. M. a quien parecía los años pasados que corriese por cuenta de los oficiales reales y no se cuanto convenga ha aprobado bien esta orden, con el ejemplo de Zacatecas, donde entiendo que importara que se les quite el nombramiento de receptor, y que V. S. lo nombre.

No parece que hay otros pueblos en donde se pueda tratar de encabezamiento porque minas las de más que hay no tienen cabildo ni regidores ni propios, ni aun forma para que se les apliquen que yo sepa, ni vecinos permanentes, ni los mercaderes lo son porque siempre viven de paso y conforme a sus sucesos proceden de más de ser poco el caudal; y a los mineros les falta también y como gente fallida y alcanzada, están sin crédito ni puntualidad para semejantes asientos, y los pueblos por grandes que sean no tienen cabildo de españoles sino de naturales, y no es gente de república ni de razón.

Y los españoles que entre ellos moran en algunos de sus pueblos por la mayor parte son pocos y no constituyen república, y darles la administración de la alcabala a ellos más sería dársela como arrendadores que no encabezamiento, y podrían apretar a los pasajeros y escarmentar a los tratantes con disminución y en daño de la misma real hacienda. El intento que yo tenía en cuanto a estos pueblos, que no tienen sujeto para encabezarse, para que esta cobranza se haga más ajustada y S. M. recupere lo mucho que de esta hacienda y renta se le pierde en cuanto estuviere en administración, y para que se reduzca lo que fuere posible a renta cierta, es que se procurase encabezar por miembros menudos como son encomendados los frutos de sus cosechas, en que no se incluyen las ciudades encabezadas.

Las personas que tienen estancias de ganado mayor y menor y los que las tienen de labores de todo género de grano, así por los frutos que de ellas venden como de la ropa que los unos y los otros dan a sus indios y criados para paga de los jornales que ganan con ellos, los obligados de todas las carnicerías donde las hay.

Los dueños de los obrajes que están en pueblos de indios no encabezados en cuanto a la ropa que dan a sus indios y criados en paga también de sus jornales, los dueños de los ingenios de azúcar, y mieles que en ellos venden y de los trapiches que hay también de este género; y los dueños también de los molinos harineros, y generalmente todo lo demás que causare alcabala, hasta de los vecinos españoles que tuviesen costilla para esto, en Tlaxcala, Tezcuco Cholula y otros pueblos de indios donde muchos son tratantes y parece hacedero convenirse con cada uno de por sí, la justicia por la que toca a sus granjerías. Y los súbditos serán menos molestados y ayudados para acudir y cumplir con sus obligaciones y S. M. gozará mejor del útil que tiene en este género.

S. M. me encargó los años pasados procurase arrendar los almojarifazgos de San Juan de Ulúa que son de gran importancia, y que hallando disposición lo hiciese sacar en pregones, y admitiendo las posturas lo remitiese al consejo. Yo he ido despacio en esta plática, por tener por muy verosímil que no ha de hallarse quien salga a esto, y por ser de mayor consideración en tierra tan nueva lo que se puede temer de los arrendadores en ser demasiadas las molestias que harán para la cobranza de estos derechos.

Y si por medio del consulado de la ciudad de México se pudiese encaminar el dar asiento en esta tan importante renta, sería como un encabezamiento y cosa bien recibida. Y así lo tendría yo por muy conveniente, así para el comercio como por lo que toca a S. M., pues el mayor servicio que se le puede hacer es darle sus rentas ciertas y seguras.

Ya V. S. ha entendido los buenos efectos que ha causado la visita que Francisco Quintana Dueñas hizo de la caja real de Zacatecas y todas las minas de aquel distrito, y el asiento general que dio en su paga de lo que debían los mineros de todo él. Que esto se hizo después de entendido el estado de ellos e importancia que tenía el sobrellevarlos por orden mía con acuerdo del de hacienda y él.

Menos trabajoso estado que todo aquello tiene hoy y el acrecentamiento que se espera ahora para adelante, por ser muy gruesas haciendas de minas las de aquella parte, así por fundición como de azogues, e irse fundando y descubriendo otras de nuevo. Y visto cuanto importa la buena diligencia de los ministros que lo tienen a cargo, y que no hay género de hacienda que tanto la pida como es lo que toca a mineros, especial en la cobranza de lo que deben, haciéndola con suavidad y continuación. Y aunque sea poco a poco, que es como ellos menos la sienten y como conviene que se haga, para sustentarlos, y que están en crédito con los que los proveen sin que vengan a decaer ni cesar en el navío y beneficio de sus haciendas.

Pareció necesario y forzoso para la ejecución de esto y buen recaudo de la real hacienda, y que la expedición de los azogues vaya en aumento añadir un ministro oficial real en la caja de Zacatecas para que haya tres, de manera que siempre ande uno el tiempo que bastare visitando los reales de minas de aquel distrito, que es de lo que pende el no decaer las haciendas como lo estaban procurando que todas estén en pie, y como cosa tan lejos de México pide esta prevención.

Pues allí a Rafael de Alzate con título de tesorero, persona de conocida legalidad y suficiencia en papeles e inteligencia y estilo, de lo que es hacienda de S. M. y de las cajas reales, por experiencia que de todo ha tomado siendo oficial mayor de la contaduría de México y sirviéndola después en cierto ínterin por muerte del contador Gordián Casano, y ahora se hará enteramente plático en lo que es minas para que en aquella caja no suceda otra carga tan grande ni se causen más rezagos.

Conviene que V. S. mande a los oficiales reales de ella que no los hagan ni fíen azogues a plazos, si no fuere yendo llanos en que es por su riesgo y cuenta, y que los que deben y los han de pagar porque como gozan un tanto de encomienda de cada quintal o de los que venden se suelen alargar. Y lo mismo han de entender en lo de la sal que la han de vender al contado y no de otra manera. Y si la fiaren por su riesgo y cuenta teniendo de plazo para enterar a S. M. en el valor de la que de ella se hubiere vendido sólo un año, que sea el siguiente a la cosecha.

Y no habiendo nuevos rezagos ni que fiar, que a esto se ha de cerrar la puerta totalmente, se han de cobrar los pasados y la hacienda real andará redonda, y la deuda de los mineros se irá disminuyendo, que la irán pagando de la plata que fueren marcando. Y lo que más allí deben a S. M. otras personas en que dejó dado asiento dicho Francisco Quintana Dueñas, lo han de ir cobrando los oficiales reales con puntualidad porque de no haberla tenido han resultado muchos daños, y para estos efectos buenos son de mucha importancia.

El contador Pedro de Arriola, que allí asiste nuevamente, y dicho Rafael de Alzate. Lo que es alcabalas no ha tenido en su cobranza y averiguación de lo que se debe el recaudo que conviene, así en aquella ciudad de Zacatecas como en su distrito y creo que importa mucho que de acá vaya receptor nombrado por V. S. para ello y creo que importa mucho como se apunta en este papel.

A otro propósito informará a V. S. dicho Francisco Quintana Dueñas en lo referido, como a mí me informó, y también dirá las minas que fueron socorridas de nuevo con azogues, que estaban paradas las haciendas por falta de él, para que los oficiales reales acudan a ver como usan de él, y no siendo conforme a las ordenanzas se tenga algún rigor en la ejecución de la pena para que escarmienten los demás.

Para el beneficio de los metales que en los Zacatecas y aquel distrito se benefician, y aun en Guanajuato y en comarca cómoda de ellas hay unas lagunas en donde se cría gruesa cantidad de sal, que por cuenta de S. M. se coge y se vende a los mineros, y se beneficia con indios que para ello traen por orden del presidente de Guadalajara de pueblos de su jurisdicción y por mano de dos alcaldes mayores y otros ayudantes proveídos en dichas salinas por el virrey de Nueva España.

Conforme a lo dicho Francisco Quintana siente, y algunas dí licencias que hizo por mi mandado y me envió, le parece que no es conveniente la orden que hasta aquí ha habido, en la administración de esta sal. En el acuerdo de hacienda se vio los meses pasados en ocasión de sus cartas y se confirió muy bien este negocio. Y porque era cuando yo dejaba el gobierno y se representaron mayores dificultades en el arbitrio que proponía Quintana Dueñas y no pareció alterarlo sin mayores diligencias, y más deliberación, se quedó así.

V. S. proveerá en esto mejor lo que convenga, enterándose en los papeles que sobre ello habrá en la gobernación, y de que darán noticia los escribanos mayores de ella o Alonso Pardo. Cosa que es de mucha importancia, por las circunstancias que de su buen recaudo resultan, y principalmente porque sin sal no se puede sacar plata.

La misma diligencia que se ha hecho en la caja de Zacatecas se debe hacer con la de Guadalajara, y visita de ella y de las minas de aquel distrito que está muy caído, y deben a S. M. muchos dineros, así ministros que han tenido a cargo la real hacienda, como los mineros. Para esto es necesario que V. S. con la brevedad que conviene lo remedie, que yo estaba tratando de ello cuando hube de partir de México a las visitas de Otumba. Y aquí es muy necesario también asentar lo que toca a la cobranza de la alcabala, que no lo está, y se pierde mucho y de cobrada por los ministros que la han tenido a cargo, hay harta por recoger. Para cuyo remedio convendrá también proveer persona como advierto para lo de Zacatecas, proveída por V. S. Que todo lo que es hacienda real como no dependa del virrey de la Nueva España, no tiene el concierto y recaudo que conviene.

Así en Zacatecas como en Guadalajara se administran los azogues, que ambos distritos gastan, por los oficiales reales de aquellas cajas por orden de S. M. y el virrey don Luis de Velasco, mi antecesor. Por haberse atrasado otra vez aquellas cobranzas, se lo quitó y nombró administrador general, persona suelta con muy buenos efectos, pero los oficiales reales fundados en dicha orden de S. M. se agravaron en justicia y en la audiencia salieron con el negocio, y se volvió a su poder este cargo; siempre me ha hecho dificultad que esté bien al servicio de S M. el administrar ellos los azogues u otros por ellos, como se hace respecto de no poder asistir a las congregaciones de minas, pero el remedio en esto es fuerza que venga del consejo.

La fuente de toda la hacienda y mayor miembro son las minas y tienen difícil inteligencia por la variedad de los sucesos de las vetas y las conducciones de los mineros y sus dependencias, y trabazón con todo género de gente del reino.

En esto he trabajado mucho y querido muy de raíz entender su sustancia porque en cada tiempo, y a veces en cada caso, es necesario nuevo acuerdo y orden en el gobierno y administración de ello, como V. S. entenderá por capítulo de un discurso que envié a S. M. en 1598 sobre las cosas de su real hacienda de este reino, de lo que envío a V. S. una copia por haber mostrado deseo y hecho instancia en que yo le sirva con informarle más casera y familiarmente de lo que comúnmente suele esto hacerse.

Tengo este papel por sustancial y van con él otros dos, que uno es tanteo de lo que un año con otro vale toda la hacienda de S. M. y tiene de costas y salarios y cargas, y el otro un resumen de la disposición y estado en que se hallaron las minas cuando mandé hacer visita general de ellas en 1597. Y remitiéndome a estos papeles tendré poco que decir, los mineros están siempre pendientes del favor y ayuda de S. M. y mucho de la que más de cerca reciben de sus alcaldes mayores. Estos importa que sean sujetos escogidos con pocos o ningún respeto, sino sólo ser los mejores y principalmente libres de codicia desordenada y contrataciones mayormente menudas y en variedad de géneros, aunque tengo por conveniente el tener caudal y ánimo para socorrer a los mineros.

Es muy importante que duren en sus cargos algunos años si prueban bien sin mudarlos como a otros corregidores y que tengan aprovechamiento fuera de su salario y encomienda de los azogues. Y para esto sería conveniente ejercerle algunos carguillos que están en sus comarcas para que gocen del salario y sirva el tener más jurisdicción para que se avecinen más indios en las minas, que es el nervio principal para sacar mucha plata.

Y tanto más convendrá esto si les cesase el aprovechamiento que comúnmente suelen tener de dar dineros a los mineros para pagar sus mayordomos, mozos e indios y costear las haciendas de lo necesario que el trocarles en reales su plata con el rescate ordinario les ha valido mucho y sido forzoso disimularse por menor daño que la falta de moneda y desavío de las haciendas. Y aun se ha deseado siempre que el alcalde mayor tenga hacienda y ánimo largo en esto como medio necesario para cosa inexcusable. Podría esto cesarse con hacer V. S. lo que yo consulté a S. M. y se me remitió y lo tenía en intento, que es mandar que por cuenta de S. M. se les provea de reales con forma de paga que sea segura y puntual, y con tan moderado rescate que S. M. no perdiese y a ellos les saliese menos costoso gran parte. Y lo hallasen fácilmente a la mano sin estar a merced del alcalde mayor.

Y si ahora el cobrar de golpe les hace parar las haciendas porque no era tomándoselo en plata respecto de que el alcalde mayor no cobra sino en las marcas, y ellos dejaban de marcar por no pagar y entonces era y es, mientras no se vieren las cosas en diferente disposición con lo que está dicho, el dar larga a los alcaldes mayores que acaban sus oficios para que los mineros le vayan pagando sin apretarle a él, porque él no apriete a los mineros.

Que estando la deuda por su riesgo y afianzada se tiene por mejor deudor él solo que muchos alcanzados y llenos de trampas, que si los acosan no pagan y dejan sus haciendas o el beneficio de ellas, y piérdese todo. Siendo como se dijo arriba, el principal monto y la fuente de la hacienda real, todas estas consideraciones son menester para que los miembros no caigan y haya quien de nuevo se atreva a serlo.

Y una de las cosas que más se ha platicado por los señores virreyes, mis antecesores, y por ahí, ha sido si convendrá o no dar a los mineros azogue en depósito. Y hecho por ellos y por mí el señor Marqués de Villamanrique los quitó totalmente, y si usaran de ellos los mineros bien y para el fin que se les da cierto, era cosa útil, más he visto por experiencia que no sólo usan bien de ello sino que lo toman por medio para más daño suyo y de la real hacienda, convirtiendo en abusos perjudiciales un medio que se toma para su acrecentamiento.

Si tengo por muy conveniente el no dárseles azogue en depósito ni por ningún plazo, sino que los alcaldes mayores a su riesgo hagan esto por la orden que les está dada por mí, salvo en tal caso que a uno que funda nueva hacienda le falta posible para comprarla; que hoy se permitirá darles azogue en depósito a pagar por la quincena y mandar a los ministros, que siempre tengan cuidado de su cobranza con puntualidad.

Y poco a poco la hará S. M. de lo que le deben y ellos quedarán libres de deuda que esto importa mucho. Y para todo lo que toca a esta materia me dio gran luz el haber ido en persona a visitar las minas de Pachuca, aunque S. M. no me lo mandó, puesto que se mandaba en instrucciones de otros virreyes que lo desearon y no pudieron ponerlo en ejecución.

Entiendo que a V. S. le importará mucho visitar las de Taxco, que son las más principales de esta gobernación en beneficio de azogue. Y tengo relación de que hay en ellas muchas minas anegadas en el cerro Rico, que llaman, cuya importancia me ha dicho que es mucho mayor, sin comparación que otro ningún descubrimiento de los en que hoy se saca plata con azogue en estas provincias, y que se le podrían desaguar por casavón.

Y por la experiencia que tengo y entiendo para mí verosímil que además de lo que a esto pudiese disponer la ida de V. S. vencería muy anticipadamente de una vez la extrañeza que le harán los términos y lenguaje de minas y el beneficio de la plata, y el enfado y falta de aplicación y resolución que esto causa, y se hallaría muy fácil y animoso en el trabajo que esta materia requiere y la prontitud y largueza que a veces ha menester. Y mucho puede esforzar a V. S. para usar de esto, así en los proveimientos de gobierno como en los socorros de la real hacienda que mira a esta administración, de ver que además de pagar los mineros el azogue que consumen van pagando poco a poco las deudas rezagadas a este género.

Porque el año de 1598 debían los de Nueva España y ciudad de Zacatecas 841.700 pesos y habiéndoles juntado a esto que era sólo de azogues lo que allí debía de sal y de otras deudas, que era mucho, y socorrídolos para enterar los depósitos de lo que pareció por la visita estar menoscabado con mil quintales de azogue, cuyo valor es una gran suma. Y lo uno y lo otro importa más de 300.000 pesos de nueva deuda. No deben ahora más de 780.000 pesos, de manera que en pocos años han pagado mucho, y siendo poderosamente socorridos va la deuda antes a menos que a más. Y todo el buen suceso consiste en los ministros que les dan el azogue y reparten los indios.

Todas estas minas se proveen de la sal que han menester para incorporar de diferentes partes donde hay salinas, y alguna del mar. Y aunque S. M. me ha mandado que se tomasen por suyas, por ser principalmente de su patrimonio según dice por sus cédulas, hasta ahora no lo he puesto en ejecución no embargante que sobre ello se han hecho algunas conferencias en el acuerdo de hacienda fuera de que ha parecido que este modo de salinas de la Nueva España no son de las comprendidas.

No he resuelto cosa por embarazos que hallé siempre por esto y otras cosas de este capítulo de las salinas en la opinión de algunos letrados ministros, y aún de capa y espada. De dicho acuerdo ahora V. S. lo mandará ver y ordenará mejor lo que convenga considerando que el beneficio de ellas y la propiedad la gozan indios en quienes caerá bien cualquier comodidad y merced que se les haga, según su miseria y tan grande servirtud como hacen en todo cuanto se ofrece.

Hay algunas salinas además de las que hoy se labran, que se podrían labrar hacia Chiautla y junto a Zacualpa y Izcateupa, de que se trajo razón en algunas diligencias de unos comisarios que yo envié estos años. Y particularmente en Zacatula hay unas lagunas que se hinchan por el mar y se cierran estando llenas, que todas se cuajan de maravillosa sal y es tanta la cantidad que allí se puede sacar que bastaría para todas las minas de Nueva España, más es inútil por ser incomparable el precio que tendría lo que allí no cuesta dinero si se hubiese de trajinar desde Acapulco a las minas, como hoy es fuerza que se haga por no haber camino sino es aquel, trayendo la sal hasta Acapulco por el mar en los barcos de trato de la costa.

Tengo noticia de un camino que dicen que se podría abrir fácilmente desde estas minas a Suchistlan, adelante de Tetela, en el corrigimiento de Izcateupa, del que me dio aviso Gómez de Quintana Dueñas; la justificación de tomarse por S. M. me pareció bien por entonces, conforme a diversas relaciones que tomé y lo del camino vencería la dificultad de lo excesivo de costo de los fletes. Mas es muy de mirar en que se había de hacer con indios, y que por allí hay pocos, y que siempre se debe procurar relevarlos de nuevas molestias, y ahora más porque se van consumiendo.

La limosna que se recoge de la expedición de la cruzada es muy gruesa y de gran importancia en la real hacienda, y como pasa por mano de tantos ministros, y entre ellos son muchos frailes y clérigos, personas que se ha de contemporizar con ellos, pide mucho que el comisario y los oficiales, mayores, cada cual en su tanto, sean muy favorecidos para que el efecto de lo que hicieren sea cual conviene. Y de que esto importa mucho tengo larga experiencia, V. S. verá que esto es muy importante para el servicio de Nuestro Señor como para el de S. M.

La ocupación que he visto tiene el contador de cuentas por lo que está a su cargo dura todo el año sin que le sobre nada, y como negocio accesorio y aun odioso por la mayor parte y por esto quedaban muy desabrigadas todas las resultas de que ella salían, de que era juez y contador del mismo contador de cuentas, y también andaban sin dueño los ramos de cuentas que tenían obligación de dar personas que de la real caja, reciban dineros para diferentes efectos, o para socorro o cuenta de sueldos, o para proveimientos de navíos, y gente de guerra u otras cosas.

Que parte de esto quedaba totalmente perdido por falta de cuidado y atención desembarazada, y parte con la dilación se deterioraba y hacía de peor condición cada día en poder de los mismos deudores. Y dichos ramos de cuentas no estaban a cargo del contador de cuentas, y se tomaban por los oficiales reales que con su ocupación no podían con ello, aun por medio de sus oficiales mayores.

Y visto que este género de hacienda no tenía dueño, me pareció, con parecer de acuerdo de hacienda, nombrar a Alonso de Santoyo por contador de resultas de las cuentas de que se toman en esa ciudad de México, y en las demás partes donde se administra real hacienda, para que se entren en su poder todas las cuentas que se fenecieren de que salga cualquier resultado y él acuda a la cobranza y conclusión de ella y de cualquier adiciones que pongan a quienes se toman dichas cuentas, para que ante él se sustancien y determine, y se cobran con efecto.

Parece que de ello ha resultado muy buenos frutos y se han cobrado muchos millares de pesos de oro, y se van cobrando como antes de ahora V. S. ha sido informado, pero declarando que esto fuese por entonces y algún tiempo hasta dar cuenta de ello a S. M. del suceso. Este ministerio nuevo asegura al virrey de no ser necesario de volver a las cuentas una vez tomadas y S. M. lo está que de todo punto en su hacienda tiene el recaudo que convierte hasta la última salida y paradero de ella. Y además de esto tienen dueños, y dueño desembarazo.

Los ramos de cuentas que proceden de las de los oficiales reales porque con un corto salario le encargué la obligación de tomarlas, y lo mismo los de la pólvora, artillería y otros géneros extravagantes de gasto que por no hacerse por los ministerios de S. M. o dilatarse mucho, solían mis antecesores cometer muchas veces como V. S. entenderá, a particulares personas nombrados por contadores para ello, con salario muy costoso por su ocupación y peligro de quedarse las cuentas en sus casas, sueltas y desmembradas de los oficios reales y por ventura perderse si se anexaban en su poder.

Cuando yo llegué al gobierno de este reino hallé en la cobranza de los tributos de indios y servicio real muy grandes cantidades de pesos de oro que debían a S. M. rezagados cuya cobranza tenían a cargo los oficiales reales, los cuales se hallaban muy embarazados y alcanzados de tiempo y aún de diligencia. Con esto y con las cuentas de los alcaldes mayores que administraban los azogues por cuenta de S. M., porque no podían acudir a ello ni querían hacerse cargo de más de lo que cobrasen sin estar obligados a diligenciarlo, sobre que tenían cierta cédula real en su favor.

Y habían pedido al virrey don Luis de Velasco, mi antecesor, los descargase de ello, según entendí. Y habiéndolo pensado y escrito sobre ello a S. M., representando las dificultades susodichas y daño que de ello venían a su real hacienda, consultando el acrecentamiento de dicho oficial, se mandó por cédula que se nombrase otro ministro del modo que al virrey pareciese.

Esta vino cuando yo pasé a esta tierra y el virrey lo comunicó conmigo, y porque no obstante que debía haber tratado de encargar al nuevo oficio los azogues y almojarifazgos, se debió ofrecer entonces alguna duda sobre la resolución final, cuanto a este punto le pareció dejarlo indeciso como en sus advertimientos apunta. Fui viendo en este negocio y haciendo deliberación en él y le señalé con el género de los azogues el de los tributos y nuevo servicio de los indios, porque este era de mucha ocupación menuda y que requiere mucha atención además de que como tal había padecido mucho, y estaba muy necesitado de mejor administración.

Y en los almojarifazgos no sentí motivos que pidiesen este remedio deseando asegurar la elección, y que fuese a muy a mi mano para ser yo muy dueño de la solicitud y la buena cobranza de esta renta y rezagos. Nombré por contador a Juan Bonifaz, mi mayordomo, persona muy experta desde mozo en papeles de cuenta y razón y de conocida fidelidad y cuidado por experiencia que tuve de él en veinte años continuos que fue mi contador en mi casa y en la administración de mi hacienda. Entabló y sirvió muy loablemente el oficio como V. S. lo sabrá por notorio, y con muy importantes y lucidos efectos.

Fue hace dos años a España, puse en su lugar a Alonso de Salazar Barahona, hombre suficiente y muy antiguo en la tierra, y grandemente ejercitado en el beneficio de minas y de azogues y en papeles de esta materia. Y hasta hoy de 400.000 pesos que se habían causado de rezagos o al pie de ellos y se debían cuando se fundó esta nueva contaduría en los tributos y nuevos servicios, se han cobrado como 300.000, de manera que deben poco más hoy de 100.000 pesos de este género de hacienda. Y lo que queda, es mucha parte quiebras de dichas pérdidas o por haber faltado personas y bienes de los indios principales que lo cobraron y no acudieron con ello a la caja por haberse quedado sin cobrar de los indios tributarios tantos años que verosímilmente son fallecidos la mayoría de ellos. Y no se podría ya recoger de ellos ni por ellos del pueblo y oficiales de república, conforme a justicia y conciencia, por ser tributo que le deben cada uno por si solo y no unos por otros, como he escrito al consejo.

Ayudó mucho que repartí el reino en cordilleras y encomendé la cobranza de estas rentas en ellas a sendos alcaldes mayores de jurisdicciones, que están en buena comarca y comodidad para toda la cordillera y que tienen sustancia para poderse poner en ellos hombres de facción.

Y procuré escoger los que con esto tiene el buen recaudo que conviene, y respecto de ser esta contaduría de confianza y parecer que es el todo del de los oficiales reales, parece que ellos han vuelto sobre esta desmembración reparando en que se haya hecho y poniendo inconvenientes en ella. Y entiendo que lo han escrito al consejo, y allá se debe haber movido plática de reducirlo en los jueces oficiales que han servido en mi tiempo y sirven en la caja de México. Ha sido ella muy dichosa por su fidelidad y solicitud en lo que toca a su administración y con ser esta tanta, yo no me atreviera no sólo a reducirlo yo, pero ni a ejecutar la orden que tuviera sobre esto sin replicar primero del conocido peligro a que se iría en esto de volver a rezagar la renta.

Y porque la raíz de esto es que ellos dicen que no corren riesgo sino de lo metido en la caja y el contador particular lo corre de negligente administración, y él no tiene otra cosa que hacer y ellos muchas veces no se pueden dar a manos si se hubiese de tratar de esto, por decir que es mejor y fiar de tres una administración tan gruesa que no de uno debería esto ser, haciendo otro oficial real cuarto. Y que aunque todos despachen lo tocante a esta renta en las cosas generales estuviesen a cargo de aquel sólo la solicitud de las cobranzas y él corriese el riesgo de la negligente administración y diese fianzas para ello, además de las que diese como los demás para la seguridad de lo metido en la caja.

En esta Nueva España, como a V. S. refiero en este papel, hay contador de cuentas que las toma a los oficiales reales de México y a los de la Veracruz y en la Galicia. Está otro en la ciudad de Guadalajara que la toma a los oficiales reales de allí y a los de Zacatecas, y la solía tomar a los de la Vizcaya aunque estos han porfiado que se la tomen en México.

Y como lo que es Galicia y Vizcaya están en diferentes jurisdicciones que el gobierno de la Nueva España, y allí hay advertencia real que juzga lo que son las cuentas no embargantes que el contador es nombrado por el virrey de la Nueva España, todavía resultan de ello harto inconvenientes en daño de la real hacienda de que se ha dado cuenta a S. M. Y lo que importaría, que todo se redujese lo que es cuenta y administración de hacienda real y juicio de ella a México, mandando que haya dos contadores de cuentas: uno para lo que hoy hace el que lo es, y el otro para lo que hace el de Guadalajara, que juntamente podría cumplir con las resultas y demás cuentas del cargo de Santoyo. Si ya no pareciese mejor que estos dos contadores no fuesen iguales sino uno contador en todo con obligación de ayudar a trabajar con un contador mayor de cuentas, que sin escribir asistiese y aquejase a él, y a los oficiales, para que apresuren y ajusten con tiempo las cuentas. Y para que en todo lo que es cuenta y razón de la hacienda de S. M., vele y cele lo que fuere necesario, toque a quien tocare, al modo que debió de hacer el factor Martín de Yrigoyen cuando vino con sus primeras comisiones.

Entendido por mí después de estar en este reino las pocas raíces y fundamentos que hay en muchas haciendas de él y que de su calidad y naturaleza tienen este daño y cuan mal se levanta lo que una vez cae y que de todo se compone y junta y viene a producirse la real hacienda. He ido siempre sobrellevando y ayudando a los que deben dineros a ella, cobrando de todos poco a poco, lentamente, continuamente, y sin dejar de ir achicando la deuda.

Y de esta manera se acaba y cobra mucho sin quiebra de nadie y con esto se excusa el odio y miedo de fiar que lo contrario causara y no se ataja ni estorba la gracia que conviene conservar con todo género de gentes con que se halla voluntad y facilidad en cuanto se quiere hacer en servicio de S. M. Fechada en Acapulco, el 1.º de abril de 1604.

Fuente: Los Virreyes españoles en América durante el gobierno de la casa de Austria: México, edición de Lewis Hanke con la colaboración de Celso Rodriguez, Biblioteca de autores españoles, Atlas, Madrid, 1976-1978, 5 volúmenes, volumen 2, 1977, pp. 179-192.