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Siglo XVI > 1590-1599 > 1596

Instrucción del Consejo de Indias al Virrey de Nueva España, Gaspar de Zúñiga y Acevedo, Conde de Monterrey.
20 de marzo de 1596

Lo que vos Don Gaspar de Zúñiga y Acevedo, Conde de Monterrey, pariente a quien he proveído por mi virrey, gobernador y capitán general de la Nueva España y por presidente de mi audiencia real, que reside en la ciudad de México, habéis de hacer en servicio de Dios Nuestro Señor y mío y buen gobierno de aquellos reinos además de lo contenido en los otros despachos que con esta instrucción se os entregarán, es lo siguiente:

1. Porque tengo relación que algunos españoles rehusan que residan religiosos en los pueblos de indios que tienen encomendados por particulares fines y que por esta causa procuran por sus criados e interpósitas personas hacerlos molestias y malos tratamientos para que dejen los pueblos en que ya moran, lo cual si así fuese sería en gran ofensa de Dios Nuestro Señor e impedimento de la conversión y cristiandad de los indios e injuria de dichos religiosos. Y fuera más justo y conveniente al descargo de sus conciencias que los españoles procuren tener como están obligados religiosos en los pueblos de sus encomiendas para que los descargasen de la gran obligación que tienen como lo entenderéis más en particular por las cédulas que tienen de dichas encomiendas. Os informaréis de lo que acerca de ésto ha habido y pasa y proveeréis como se castiguen con rigor los excesos pasados que hallaréis que ha habido y para lo de adelante daréis orden como cesen y no los haya. Y a los prelados de las órdenes advertiréis que cuando quisieren enviar religiosos a algunos pueblos donde no hubiere doctrina o que se hayan descubierto y pacificado de nuevo, os lo comuniquen y digan los religiosos que quisieren enviar y de qué partes y calidades y a qué lugares y por qué causa, y que también sea con sabiduría de ordinario para que todos miréis y consideréis si en calidad y cantidad son los que se requieren para el ministerio en que se han de ocupar. Advirtiendo que principalmente ha de ser esto para lo que toca a nuevas entradas y descubrimientos, pues en lo que está llano y pacífico se entiende que ya hay monasterios. Y que si hubiere falta no puede ser si no de religiosos los cuales habéis de procurar que se envíen siempre de las partes donde los hubiere para que no la haya en la doctrina de los indios.

2. A propósito de lo referido en el capítulo precedente es de advertir que he entendido que cuando se piden religiosos para Nueva Galicia, frontera de Chichimecas, Nuevo México e islas Filipinas, u otras de las provincias de guerra o fronteras de Chiriguanaes, y tierras pobres y se envían como se hace siempre que se entiende haber necesidad con tanta costa de mi hacienda, como lo tendréis entendido, luego que llegan a la Nueva España fingen algunas causas y se quedan allí o van a otras partes donde les parece. De manera que por maravilla llega ninguno a la pase donde va consignado y así se queda en pie la necesidad y mi hacienda gastada sin provecho y dichos religiosos llenan los conventos donde no hacen ninguno. Y la causa de esto es que cuando alguno quiere venir a estos reinos a negociar, que se le ofrecen procuran con sus prelados que se les den recaudos para pedir y llevar religiosos, y para excusar los muchos inconvenientes que seguían de que anduviesen vagando de unas partes a otras y también de llevar religiosos no siendo necesarios, se ordenó por una cédula mía, cuyo duplicado se os entregará, que cuando en alguna de las órdenes hubiese falta de ellos el prelado acudiese al virrey y le informase de la necesidad para que satisfaciéndose de ella y de la cantidad que convendría enviarme escribiese para que yo los mandase proveer, sin cuales recaudos ningún religioso viniese a llevar otros.

Y porque conviene que aquella orden se guarde avisaréis a los prelados de las de allá que sin haber hecho esta diligencia y traer parecer vuestro no se enviará quien los lleve ni el que viniere por ellos volverá allá. Y tendréis muy particular cuidado de hacer que infaliblemente pasen a las partes para donde fueren consignados los que de acá enviaren, advirtiendo a dichos prelados a los que no lo hicieren y se quedaren en diferentes partes de aquellas para donde se envían, los embarcaréis y enviaréis a estos reinos.

3. Y aunque la gobernación espiritual de aquellas provincias toca principalmente a dichos prelados, a quienes se las encargó quedo y estoy con cuidado y deseoso que esto se cumpla cuanto mejor fuere posible, les encargaréis de mi parte que como cosa propia de sus oficios y obligaciones procedan con el cuidado y vigilancia que se requiere porque por su culpa o negligencia el demonio no turbe ni impidan tan santo y apostólico oficio y ejercicio.

4. Atento a que por la misericordia de Dios y con su favor, ayuda y cuidado que hasta aquí se ha tenido, aquellos reinos cuyo gobierno os encomiendo se mantiene en la paz y obediencia que se puede desear, mediante lo cual cada día se va asentando más la fe y religión cristiana y policía en los naturales, procuraréis no sólo conservarlo, sino que todo vaya con el mucho aumento que se desea y conviene.

5. Por ser una de las cosas que podría embarazar más la ejecución de lo sobredicho si, lo que Dios permita, hubiese entre vos y los prelados de aquellos reinos algunas discordias o diferencias, encargo mucho que tengáis con ellos toda conformidad y buena correspondencia de manera que procurando todos un fin y ayudándoos para alcanzarle una jurisdicción a la otra, resulten los buenos efectos que espero. Y para ello procuraréis que tengan la misma buena correspondencia entre sí unos prelados con los otros seculares y regulares, y las justicias seculares inferiores con las eclesiásticas, y para que esta conformidad y paz sea entre todos más cierta y segura y tenga mejores fundamentos, cuando algún clérigo o religioso causare escándalos, o procediendo de manera que de su asistencia en aquellas partes resultare o puede resultar inconveniente, escribiréis o llamaréis a un prelado y trataréis con él el exceso que entendiéreis de tal clérigo o religioso, y con su beneplácito le haréis embarcar y que se venga a estos reinos pareciendo a ambos que no hay otros remedios. Y si alguno de dichos prelados eclesiásticos o de las órdenes causare inquietud en la tierra o la tuviere con voz, o impidiere el cumplimiento de lo que por mí está proveido y ordenado, lo procuraréis remediar sin escándalos y no pudiendo, no daréis lugar a que vaya sino entreteniendo cuanto mejor fuere posible. Me avisáis muy particularmente y con recaudos ciertos de la cualidad y circunstancias del caso, y de lo que para su remedio puedo y debo proveer.

6. En las instrucciones antiguas se ordenaba a los virreyes pasados que llamasen a los prelados de las órdenes y entendiendo de ellos donde había falta de doctrina, diesen orden en que se fundasen nuevos monasterios con acuerdo y licencia del diocesano, y se les encargase mucho el cuidado de la salvación de aquellas almas. Y teniendo entendido que ya se halla en otro estado lo de los monasterios por una cédula mía del 9 de marzo de 1593, que se os entregará duplicado, envié mandar a Don Luis de Velasco, vuestro antecesor, no permitiese edificar nuevos monasterios sin licencia mía y que me enviase relación de todos los monasterios sin licencia mía y que me enviase relación de todos los monasterios que hay en aquellos reinos de cada religión aparte y las doctrinas que son a su cargo, hacienda que tienen y cuántos religiosos hay comunmente en cada convento, como más particularmente se contiene en dicha cédula. La veréis y en llegando a aquellos reinos sabréis si Don Luis de Velasco hizo la relación. Y no habiéndola enviado la haréis y me la enviaréis vos y tendréis cuidado del cumplimiento de lo que toca a no edificarse nuevos monasterios sin mi licencia, no permitiendo ni dando lugar a que se haga cosa en contrario. Antes proveeréis que cuando se me hubiere de pedir sea información de tan urgente necesidad y otras causas justas que verosímilmente puedan mover mi ánimo, al menos quedar muy informados para lo que hubiere de proveer, enviando vuestro parecer y el de la audiencia con dicha información.

7. Con los prelados seculares y regulares trataréis y procuraréis que tengan cuidado de prevenir a los predicadores que no digan en los púlpitos en las cosas públicas universales, cosa de que pueda resultar en los ánimos de los que oyeren poca satisfacción ni otra manera de inquietud, a menos sin advertir primero a los que gobernaren en mi nombre de cualquier cosa que les parezca tiene necesidad de remedios, por ser este medio el más seguro y conveniente para que se alcance. Y si teniendo esta prevención todavía hubiere alguno que se demande procuraréis luego el remedio con sus prelados con la prudencia, suavidad y buenos medios que de vos confío, y no aprovechando si los casos fueren tales que requieran mayor remedio usaréis del que os pareciere convenir.

8. Con los inquisidores de la ciudad de México os encargo tengáis toda buena correspondencia y los honréis proveyendo y procurando que las audiencias, gobernadores, corregidores y otras justicias de todo el distrito se lleven bien con sus comisarios y oficiales por lo mucho que importa que en partes tan remotas y donde está tan recién plantada la fe, sea el santo oficio reverenciado, temido y estimado, que para que se excusen los encuentros y diferencias que se han ofrecido en el pasado sobre cosa de jurisdicción y preeminencias, proveeré lo que convenga, de que se os avisará.

9. Asimismo os encargo tengáis muy particular cuenta con la conservación del derecho de mi patronazgo real, guardando vos y haciendo que los prelados, así eclesiásticos como de las órdenes, no le quebranten, sino que antes le guarden según y como ha sido concedido a los reyes de España por la santa sede apostólica. Y se declara en las provisiones que sobre ello por mí están dadas, sin permitir ni dar lugar a que los prelados se embaracen ni metan en lo que no les pertenece, como algunos lo han intentado.

10. Se ha entendido que los religiosos de las órdenes tienen discordias y pasiones entre sí porque los que allá toman el hábito hacen su parte contraria a los que van de acá, y que se contradicen los unos a los otros. Y porque la discordia que de suyo es tan dañosa se echa tan bien de ver, cuánto más lo será en las religiones; y los inconvenientes que se pueden seguir si esto pasa adelante, os encargo que os informéis muy en particular del estado en que estuviere esto en cada una de las órdenes para que hallares dichas diferencias o cosa semejante que tenga necesidad de remedio, tratando de ello con sus prelados y superiores, procuréis concordarlos mostrándoles su propio daño y el que pueden hacer en lugar del provecho que se expresa de su doctrina, que es en lo que se deberían ocupar, dejándose de estas pasiones domésticas de tan poco fruto y tan procuradas por el demonio. Y para que yo de mi parte procure el remedio en lo que conviniere ponerle, pues esto ha de ser sabiendo en lo que está el daño, procuraréis con mucho recato y secreto entender por medio de las personas que tuviéreis por más confidentes y sustanciales cómo se procede en el gobierno de dichas religiones, así acerca de lo espiritual como de lo temporal que les toca, y me avisaréis muy particularmente de lo que entendiéreis de cada una y de los que os pareciere convenir que se reforme y por qué medios.

11. Como lo entenderéis, se ha tenido particular cuidado de que los clérigos y frailes que se presentaren para las doctrinas sepan la lengua de los indios que han de enseñar y adoctrinar, y que haya cátedras en las cuales se lea dicha lengua para que haya copia de sacerdotes y ministros que la sepan para dicho efecto. Y porque esto no se ha tenido ni tiene por bastante remedio para que los indios sean enseñados y adoctrinados en la fe y religión cristiana de manera que sean tan aprovechados en ella como conviene y se desea. Y como hubiera sucedido si hubiera procurado con el mismo cuidado que todos los indios supiesen la lengua castellana, con lo cual habría más y mejores ministros para su enseñanza y doctrina, y serían menos o ninguno los errores en que caerían de sus idolatrías y otros vicios y supersticiones antiguas. Ha parecido proveer acerca de toda la cédula que con esta se os entregará para que habiéndola hecho pregonar en los lugares públicos acostumbrados con la solemnidad y demás circunstancias os juntéis con la audiencia y prelados seculares y regulares, y todos juntos acordéis y ordenéis cómo lo contenido en dicha cédula se guarde, cumpla y ejecute precisa e inviolablemente, así en esa ciudad como en todas las demás de estos reinos y provincias. De manera que lo en ella contenido tenga cumplido efecto, de lo cual tendréis el cuidado de que de vos confío y pide la calidad del negocio de que Nuestro Señor será tan servido y las almas de los indios tan aprovechadas. Y en todas las ocasiones que hubiere me avisaréis de lo que para su cumplimiento se ordenare y los medios y cómo se ejecutare.

12. Por haberse entendido por lo pasado que muchas veces los encomenderos de indios y sus caciques y otras personas por ellos impedían a los indios de sus pueblos que no fuesen a los monasterios donde se juntaban a aprender la doctrina cristiana, diciendo que con ello se distraían de pagar los tributos, a cuya causa dichos indios recibían notorio daño y perjuicio en su cristiandad, se ha encomendado mucho a los virreyes anteriores en sus instrucciones, tuviesen muy particular cuidado de castigar lo que en aquel caso entendiese haber excedido. Y como quiera que es de creer lo habrán hecho por ser cosa esta de tanta importancia, me ha parecido encargároslo, como lo hago, para que no estando remediado los remediéis, proveyendo que ninguna persona sea osada de impedir los indios el acudir a su doctrina, so graves penas, las cuales ejecutaréis con mucha demostración. Y para que todos teman el castigo, haréis que esto se pregone en todas las ciudades principales de la Nueva España y me avisaréis del estado en que lo hallareis y de lo que proveyereis, y de lo que más os pareciere que debo proveer para que de todo punto se remedien los abusos pasados.

13. En la ciudad de México hay un colegio donde se recogen todos los mestizos y muchachos perdidos de la tierra para instruirlos y adoctrinarlos, y que no se críen viciosamente y hagan vagabundos en deservicio de Dios y daño suyo. Lo cual por ser cosa tan importante como se ha de considerar así para la tranquilidad y paz de esta república, como para el bien de los ministros mestizos, deseo mucho que esto no sólo se conserve sino que sea muy favorecido para que cada día vayan en mayor aumento. Os encargo que luego que lleguéis a dicha ciudad os informéis del estado en que está dicho colegio, y si los niños que allí concurren aprovechan en buena doctrina y costumbres. Y hallando alguna falta o descuido lo proveeréis y remediaréis de la manera que os pareciere que más convenga al servicio de Dios Nuestro Señor y mío, y me avisaréis particularmente de la forma en que lo hallaréis y de lo que proveyéreis procurando con el cuidado y diligencia que confío tendréis hacer recoger en el colegio todos cuantos niños mestizos hubiere. Y porque he hecho algunas mercedes a dicho colegio como lo veréis por cédulas que hallaréis allá, ordenaréis que se tome la cuenta para que sepáis y os enteréis en qué se ha gastado la renta y cómo y con qué orden se ha distribuido, y lo que estuviere en pie. Y proveeréis que se gasten los alcances que hubiere en cosas necesarias y provechosas a dicho colegio, y para proceder en todo con más luz procuraréis entender lo que sobre ello han hecho y proveído los virreyes nuestros antecesores, a quienes ordené y mandé lo mismo.

11 Asimismo se ordena en dichas instrucciones pasadas a los virreyes, vuestros antecesores, que porque en dicha ciudad de México y en algunos otros pueblos de dicha Nueva España se habían hecho, fundado y dotado casas para recoger indias doncellas y adoctrinarlas en las cosas de nuestra santa fe católica, y enseñarlas a regir sus casas, cuando las tuviesen, siendo casadas, se informasen de la casas que había de esta calidad y de la orden que se tenía en ellas, y de cómo se sustentaban y de qué, y de lo que conviniese proveer para su conconservación; teniendo muy particular cuidado de su recogimiento y honestidad y porque conviene que esta obra, siendo como es tan importante para el servicio de Dios y bien de la tierra, pase muy adelante. Os la encomiendo mucho y que con particular cuidado procuraréis no solamente su conservación sino que en las provincias donde hubiere buen aparejo y no se hubieren hecho estas casas, se hagan para dicho fruto y se pongan en ellas mujeres de buena vida y ejemplo para que se comunique el fruto de tan buena obra en toda la tierra. Y a estas mujeres que hubieren de enseñar a dichas indias, les encargaréis que tengan particular cuidado de no permitirles que hablen su lengua materna sino la española, la cual enseñen a las que no la supieren y en ella las oraciones y a leerla en libros de buen ejemplo. Me enviaréis relación del estado en que lo hallaréis y de lo que proveyereis de nuevo y lo mismo continuaréis adelante en todas las ocasiones.

15. Habiéndose entendido que en dicha ciudad de México y su comarca había muchas niñas mestizas, hijas de españoles e indias, que andaban perdidas sin conocer padre ni persona que mirase por ellas, se fundó una casa en dicha ciudad de México para su recogimiento, sustentación y doctrina, y como quiera que a los virreyes, vuestros antecesores, se les ha entregado en sus instrucciones tuviesen mucho cuidado de esta obra, y es de creer que la habrán ayudado como lo requiere la importancia de ellas, pero por lo que deseo que asimismo vaya muy delante por lo demás del servicio de Dios Nuestro Señor importa al bien de la tierra. Os encargo que os informéis del estado en que está y de la renta que tiene dicha casa para su sustento y de las limosnas que se recogen, procurando que con lo uno y lo otro se esfuerce y aumente teniendo de esto el mismo cuidado que os mando tengáis de lo contenido en el capítulo precedente.

16. Porque asimismo en la ciudad de México hay dos hospitales para recoger y curar los enfermos, los cuales conviene que procuréis conservar y aumentar para que mejor se consiga, os encargo que los visitéis algunas veces y que procuréis que los oidores, cada uno de por si haga lo mismo, a lo menos cuando vos no pudiereis, para que además de que se vea la cara, servicio y buena hospitalidad que se hace a los enfermos y cómo está el edificio y la dote y limosnas con que se sustentan y cómo se distribuyen y por qué mano, para que los mismos que lo tienen a cargo se animen y vayan con más cuidado viendo el que vos y la audiencia tenéis y esto mismo sirva de consuelo y alivio para el enfermo. Y a los que mejor asistieren a su servicio y con más cuenta, caridad y asistencia, los animaréis y favorecereis para que esto también les sea parte de premio para que con vuestro buen ejemplo y suyo hagan lo mismo otros muchos.

17. Una de las cosas en que habéis de tener mayor cuidado es del buen tratamiento de los naturales, por ser de la que depende la segura conservación de esos reinos y provincias, como lo entenderéis por las cédulas que se han despachado para su buen tratamiento y moderación con que se ha de usar de sus servicios y trabajos de que han de ser premiados y gratificados suficientemente. Y porque sin embargo del cuidado con que se ha proveído hay muchas quejas de sus malos tratamientos y de que son demasiadamente agraviados y trabajados con los servicios personales y otras cosas. Lo cual es causa de que vayan consumiendo y acabando, de manera que si no se remediase como conviene buenamente no quedaría ninguna. Os encargo como seáis llegado hagáis recoger y recojáis y veáis todas las cédulas y ordenanzas y las hagáis guardar, cumplir y ejecutar precisa e inviolablemente en el entretanto que se da la orden que más conviene acerca de la moderación de los servicios personales, buen tratamiento y gratificación de los trabajos de dichos indios. De que se queda tratando con el cuidado que la importancia del negocio requiere para avisaros brevemente de la resolución que se tomare, encargándoos su preciso e inviolable cumplimiento y ejecución con el cuidado, diligencia y prudencia que de vos confío.

18. Por haber entendido que en algunos pueblos de dichos indios había tasaciones confusas que no tenían números ni cantidad cierta de lo que dichos indios habían de pagar, y así muchas veces pagaban más de lo que debían, se ordenaba a vuestros antecesores en dichas instrucciones proveyesen como luego se hiciesen tasaciones ciertas y determinadas, para que dichos indios supiesen lo que habían de pagar, y que esto fuese con moderación y conforme a la orden que por mí está dada acerca de la cosa de éstas por remediar, os encargo que os informaréis de la audiencia y de otras personas inteligentes. Y hallando que hay algo que proveer acerca de esto lo haréis de manera que se quite toda ocasión de que por esta vía dichos indios sean agraviados, como os encargo que lo procuréis así en esto como en todo cuanto les tocare.

19. Asimismo se decía en otro capítulo de dichas instrucciones que por haberse entendido que en dicha Nueva España había tierras muy buenas y templadas para poderse en ellas plantar morales y criar seda, se informasen de las que hubiesen a propósito para dicha postura de morales y también para sembrar lino. Y procurasen que los indios en esas tierras las plantasen y sembrasen y se diesen a criar seda y coger linos e hilarlo y tejerlo, para que no solamente la tierra se proveyese de estas cosas sino que se pudiesen traer lienzos a estos reinos. Lo cual, por ser cosa de mucha consideración en que se va mirando para proveer lo que más convenga en el entretanto que se hace. Os recargo que luego que seáis llevado a la Nueva España procuraréis saber y entender lo que se ha hecho acerca de lo sobredicho y si en virtud de lo que se ha ordenado a vuestros antecesores en dichas instrucciones, si han plantado morales y crían linares, en qué cantidad, qué personas, de qué calidad, qué seda y lino se coge y de lo que se hace de ello para que con mucha particularidad me aviséis luego del estado que eso tiene y en el que lo halláis, sin permitir ni dar licencia para que de nuevo se planten moreras ni compren linares antes a los que de vos confío y sin que se entienda que lo hacéis por vía de prohibimiento, porque no se exasperen hasta que vista vuestra relación se os envíe la orden que hubiéreis de guardar.

20. Asimismo he sido informado que en muchas partes de la Nueva España hay tierras muy buenas y aparejadas para poner cañas de azúcar y hacer ingenios, porque son muy templadas y de mucha agua, así cerca del Mar del Norte como a la costa del Mar del Sur. Procuraréis que algunas personas se encarguen de hacer algunos ingenios de azúcar favoreciéndoles para ello en lo que buenamente se pudiere, dándoles tierras donde hagan los ingenios y planten las cañas, las que pareciere ser más convenientes para ello, con que sea sin perjuicio de los indios y entendiendo que han de tener negros para servicio de sus ingenios sin que en ellos ocupen indios, so graves penas.

21. Estoy informado que muchas de las estancias que los españoles tienen para sus ganados se les han dado en perjuicio de los indios por estar en sus tierras, o muy cerca de sus labranzas y haciendas. Y que a esta causa dichos ganados les comen y destruyen sus frutos y les hacen otros daños, para remedio de lo cual, proveeréis que los oidores que salieren a la visita de la tierra por su turno, conforme a las ordenanzas, lleve a su cargo visitar dichas estancias sin ser requerido y ver si están en su perjuicio o en sus tierras. Y siendo así llamadas y oídas las partes a quienes tocare breve y sumariamente o de sus oficios, como mejor les pareciere, procuren que se quiten luego y pasen a otra parte todos sin daño y perjuicio de tercero. De lo cual os encargo que tengáis particular cuidado por quitar toda ocasión de que los indios sean agraviados ni dejen labrar ni cultivar la tierra, o haciéndolo reciban daño en sus frutos.

22. Habiendo sido también informado que algunas de las estancias de ganados ocupan tierras de regadío muy buenas y fértiles para sembrar trigo, y que no estando allí dichas estancias las sembraran los indios, de que resultaría común beneficio en la tierra porque el trigo de regadío no se hiela, lo que no es en lo que se coge sin regarse, encargué a los virreyes, vuestros antecesores, se informasen de las tierras que hubiese de regadío y diesen orden como sembrasen de trigo, desocupando las de los ganados. No teniendo los dueños títulos para dichas estancias y se pasasen a otra parte donde estuviesen sin este perjuicio, sabréis lo que se ha hecho en esto y no habiéndose ejecutado lo haréis vos, teniendo muy particular cuidado del cumplimiento y de avisarme de lo que hubiéreis hecho y de nuevo proveyeréis.

23. Para seguridad y población de las tierras, y particularmente para estorbar las invasiones que los indios Chichimecas hacen en ella, de donde tantos daños han resultado y resultan, fui informado que convenía hacer y edificar algunas poblaciones de españoles en buenos y cómodos sitios, y pareciendo este buen medio para atajar la osadía de dichos indios y recogerlos en sus tierras, se ha ordenado a vuestros antecesores que bien informados de los sitios más dispuestos para dichas poblaciones y conseguirse dichos efectos, proveyesen sobre ello lo que más les pareciese convenir. Y por las cartas que ha escrito Don Luis de Velasco, vuestro antecesor se entiende el cuidado con que ha procedido en esto procurando pacificarlos, lo cual porque siendo así es de gran importancia para lo que conviene el servicio de Dios y mío y bien universal de las tierras. Os encargo que os informéis del estado en que lo deja dicho Don Luis para que siendo el que espero, lo confirméis o hagáis de nuevo con el cuidado que de vos confío por los buenos e importantes efectos que resultaran de cumplirlo, así de lo cual me avisaréis con toda puntualidad.

24. Entre los otros títulos que os he mandado dar lleváis el de presidente de mi audiencia real, que reside en la ciudad de México, y en él se os manda que no tengáis voto en las cosas de justicia. Así lo haréis y cumpliréis dejando la administración de ellas a nuestros oidores de dicha real audiencia para que ellos la administren en aquellas cosas y de la manera que lo hacen los oidores de mis audiencias que residen en la villa de Valladolid y ciudad de Granada, conforme a las ordenanzas de dicha real audiencia. Y en las cosas de justicia que los oidores proveyeren, despacharen y sentenciaren, firmaréis vos con ellos en el lugar que suelen firmar mis presidentes de mis audiencias de Castilla. Además de lo cual os encargo mucho la paz y conformidad que habéis de tener con los oidores y el cuidado asimismo de que ellos administren justicia recta y libremente, con satisfacción universal, no dando lugar ni consintiendo que entre los oidores haya rencores ni pasiones. De cuya manera de proceder y de lo que cada uno hiciere y cómo usare su oficio, me avisaréis secreta y ordinariamente con la puntualidad y seguridad que se requiere para que con la misma haga merced o mande castigar, conforme a lo que cada uno hiciere.

25. En las cosas que tocaren a la gobernación de la Nueva España, entenderéis vos sólo conforme a las instrucciones y provisiones que para ello os he mandado, pero será bueno que siempre comuniquéis con los oidores las cosas importantes y que a vos os pareciere para mejor acertar y seguir la que después de comunicada con ellos os pareciere.

26. Otro sí, proveeréis los corregimientos de toda la tierra que allá se hubieren de proveer a quien os pareciere, guardando en ello la orden por mi dada por una de las leyes nuevas que acerca de ello disponen. Y porque dichos oidores tienen conocimiento de las personas de la tierra y los que cada uno ha servido y merece, será buenos si os pareciere que lo comuniquéis con ellos. Y oídas, haréis lo que a vos mejor os pareciere.

27. Otro sí, tendréis mucha diligencia y cuidado en ver dichas nuevas leyes que mandé hacer pra el buen gobierno de los indios y ordenanzas que mandé hacer para la Audiencia Real de México. Tendréis muy particular cuidado en la guarda y conservación de ellas, mandándolas guardar y cumplir y ejecutar según y como en ellas se contiene, excepto lo que de dichas nuevas leyes por mí está revocado.

28. Y porque un capítulo de dichas nuevas leyes está proveído y mandado que no haya ni se consienta haber traspasos de pueblos de indios por vía de venta ni compra por donación, ni por otro título ni causa ni bajo cualquier color que sea, la veréis y mandaréis guardar, cumplir y ejecutar como en ella se contiene. Porque dicha ley nueva por sí no ha sido revocada ni tal intención he tenido antes, me avisaréis si en algo se hubiere contravenido después de su promulgación, qué personas, con qué causa y cómo, con lo que os pareciree que se debe proveer para que visto todo, provea lo que más convenga.

29. Como quiera que en otro capítulo de los de atrás se ordena que en ninguna manera se pase adelante en lo que toca a las labores de paños, sedas y linos, porque quiero saber lo que importará el diezmo de lo que está en pie y no se hubiere de quitar, os informaréis muy particularmente de ello y me avisaréis.

30. Porque al servicio de Dios Nuestro Señor y mío, y a la cristiandad de los indios conviene que no haya ni se consienta en estas partes ningún morisco libre ni esclavo, os mando que según está ordenado por cédulas y provisiones nuestras proveídas, que las audiencias, gobernadores y otras justicias de distrito hagan diligente averiguación para saber si hay allá algunos de los sobredichos y a cualquiera que se hallare le enviaréis a estos reinos sin permitir ni dar lugar a que quede allá ninguno por ninguna causa, y de lo que de esta inquisición y diligencia resultare, me avisaréis.

31. También haréis guardar y ejecutar la provisión en que se manda echar de esas partes los frailes que hubieren apostatado, además de lo cual asimismo haréis echar de la tierra a los religiosos de las órdenes de que no hay allá conventos, aunque digan que van a fundar de nuevo porque esto no lo han de poder hacer sin expresa licencia mía la cual otro ninguno se la ha de poder dar.

32. Porque los oidores de las audiencias de todas las Indias, islas y Tierra Firme del mar océano puedan libremente entender en la administración de la justicia que está encargada y por otros justos respetos, ordené y mandé por una cédula mía que no pudiesen tener ni tuviesen ganados, ni minas, casas, huertas, ni hacerlas, ni entendiesen en otras granjerías ni mercaderías, según que más largamente en dicha cédula se contiene. Y porque habiéndose notificado a los oidores de dicha Audiencia Real de México, algunos suplicaron de ella para ante mi real persona y por convenir dicha cédula se cumpliese y ejecutase, mandé dar y dí mi sobrecarta en que mandé que a pesar de dicha suplicación se guardase y cumpliese lo contenido en dicha cédula. La veréis y haréis que se guarde, cumpla y ejecute, como en ella se contiene, a pesar de la suplicación ni de otra aplicación alguna que de ella se interpusiere. Porque mi voluntad es que se guarde por convenir así a mi servicio y lo mismo proveeréis que se guarden los otros oidores de las audiencias del distrito de dicha Nueva España.

33. Por entender los muchos inconvenientes que se seguían de que los presidentes y oidores alcaldes del crimen y fiscales de las audiencias reales de las Indias y sus hijos e hijas se casasen en dicho distrito de sus audiencias proveí y ordené por cédula mía fechada el 10 de febrero de 1575, que de allí en adelante ninguno de los susodichos se pudiese casar durante el tiempo que me sirviesen en dichos cargos, so pena de perdición de ellos. Y últimamente, habiendo entendido que algunos de dichos ministros con esperanza de que yo le daría licencia para casarse en dichos distritos han tratado con secreto de casar y entretenido los conciertos de sus casamientos.

Y por los inconvenientes que de esto podrían seguir de incurrir en peligros de las honras y haciendas aquellas personas con quienes tratasen dichos casamientos por una cédula mía fechada el 15 de noviembre de 1592, declaré que sucediendo lo sobredicho de concretar de casarse en sus distritos por palabra, promesa o por escrito, con esperanza de que yo les tengo de dar licencia incurran en privación de sus oficios, como si verdaderamente efectuaran sus casamientos. Y no pueden tener otros algunos de ninguna calidad en las Indias como más en particular se contiene en dichas cédulas, y porque mi voluntad es que se guarde y cumpla irremisiblemente y por lo mucho que importa para el buen gobierno de esas partes y libre administración de justicia, os encargo que tengáis muy particular cuidado de su cumplimiento, ejecutando la pena en los que contra lo en ella contenido fueren y pasaren, y de darme aviso cuando sucediere el caso en cualquiera de las audiencias de esa tierra para que se provean luego las plazas de los que contravienen a la prohibición de dichas cédulas.

34. Estaréis advertido de no casar hijos parientes ni criados en aquella tierra sin expresa licencia mía.

35. Para que haya la buena cuenta y razón que conviene de las provisiones y cédulas que se han dado y dieren de aquí en adelante dirigidas a dicha audiencia, proveréis que todas se pongan por su orden en el archivo y que además de esto haya un libro donde se asienten todas a la letra. Y para que se hallen y examinen muy fácilmente procuraréis que se reduzcan a materias y que se haga una tabla de ellas, porque podría ser por no saber lo que está proveído se quedasen algunas cédulas y provisiones por cumplir. Y de este libro, si estuviere hecho, me enviaréis copia con relación de las cédulas que se platican y ejecutan y de las que no, y por qué causa. Y no habiéndose hecho proveeréis que se haga lo uno y lo otro.

36. En los bienes de difuntos que murieron en aquella tierra sin testamento y dejar herederos, estoy informado que no hay el buen recaudo que convendría como quiera que por muchas cédulas mías está proveído y ordenado lo que conviene acerca de que dichos bienes se cobren y envíen con toda puntualidad y porque esta es cosa de mucho escrúpulo, por lo que además desembarazarse el descargo de las almas cuyos son los herederos y personas que los han de haber, reciben notorio agravio y daño, ordenaréis que se guarde y cumpla en la Nueva España precisa e inviolablemente lo últimamente proveído acerca de esto por la cédula que hallaréis en los archivos de la Audiencia de México para que conforme a ella se ponga todo el buen recaudo que convenga en dichos bienes.

37. Habiendo visto por experiencia los muchos daños que han resultado de pasar a las Indias frailes y clérigos sin licencia de sus prelados, sin llevar dimisorias que estos por la mayor parte son distraidos, que causan mal ejemplo a los indios, se ha encargado a los virreyes, vuestros antecesores, que no dejasen estar en la tierra a ningún religioso ni clérigo ni otro exento alguno sin expresa licencia mía y lo mismo os encargo a vos, y que déis orden con los prelados como si hay allá algunos de estos religiosos y clérigos que hayan ido sin licencia, salgan de la tierra y sean traidos a estos reinos, conforme a lo que por una cédula mía que sobre esto está dada, se dispone.

38. Estaréis advertido que no habéis de poner ni criar oficios ni acrecentar salarios de nuevo a persona alguna que tenga oficio proveido sin expresa comisión mía. Y cuando en algún caso os pareciere que conviene acrecentar dicho salario lo consultaréis primero para que por mí visto se provea lo que convenga.

39. También estaréis advertido de no librar cosa alguna en mi real caja por vía de merced ni gratificación ni en otra manera alguna sin particular comisión y orden mía.

40. Asimismo tendréis especial cuidado de proveer que los escribanos de cámara y de la ciudad y otros relatores de la audiencia lleven los derechos conforme al arancel. Porque he sido informado que en esto ha habido y hay muchos excesos, y para que se atajen y ninguno se atreva a ir contra lo proveido teniendo su castigo haréis pregonar la cédula que se os entregará para ese efecto.

41. A fin de cada año proveeréis una persona que visite los registros de todos los escribanos públicos del número y ordinarios para que se vea si están conforme a las leyes y pragmáticas de mis reinos, lo cual y lo contenido en el capítulo precedente proveeréis y haréis que se guarde y ejecute en todas las otras ciudades, villas y lugares de la Nueva España.

42. Luego como lleguéis a la Nueva España os informaréis del estado en que están las cosas de la Casa de la Moneda en la ciudad de México, y habiendo necesidad de proveer algunas me avisaréis de ello. Y en el entretanto lo proveeréis como vieréis que conviene.

43. Para que se abriguen y amparen de tres vientos muy rigurosos y que hacen mucho daño a los navíos que surgen en el puerto de San Juan de Ulúa, envié mandar al virrey Don Luis de Velasco hiciese sacar una punta de sesenta pies con un baluarte desde la torre del fuerte hacia el mar y que se alargase el puerto 600 pasos más de como solía estar para que todos los navíos de las flotas y armadas que allí fueren quepan holgadamente y estén de manera que no topen unos con otros ni reciban el daño que hasta aquí; conforme a las trazas y pareceres de las personas que envié a ver y reconocer aquello que están en poder de dicho virrey, al cual también escribí las razones en que se fundaban los que eran de parecer. Que la descarga que ahora se hace en la Veracruz se pasase a las ventas de Buitrón, y lo que se decía del camino que se comenzó a abrir por orden del Marqués de Villamanrique y relación que Don Francisco de Valverde había dado de otros caminos que había tenido noticia más fácil y cómodo desde las ventas de Buitrón a la rinconada, en razón de lo cual cometí al virrey que lo apurase y averiguase y la costa que podía tener el abrir el camino nuevo, encargándole hiciese todas las diligencias que para ello le pareciesen necesarias, y me enviase relación de todo lo que toca al camino y mudanza de dicha descarga.

Porque lo del puerto que se le ordenó que lo comenzase luego sin aguardar otra orden y como quiera que es de creer que ponía luego la mano en ello y que así la fábrica y fortificación estará muy adelante, será bueno que pues habéis de pasar por allí, lo veáis y reconozcáis todo de camino, dando prisa a lo del puerto e informándoos muy particularmente de lo del camino que para que vais instruido en lo uno y en lo otro, y más fácilmente os hagáis capaz de todo se os entregará una copia del despacho que se envió al virrey Don Luis de Velasco. Y habiéndolo visto y entendido me avisaréis del estado en que lo hallaréis y de lo que vos hubiéreis hecho y proveido para que se prosiga y acabe con toda perfección, por lo mucho que importa para seguridad de las armadas y flotas que necesariamente se han de abrigar en dicho puerto con todo lo demás que entendieréis y os pareciere acerca de dicho camino.

Que se llevan muchos al Perú con la comodidad que tienen de darlos barato, los cuales labran respecto de ser los materiales que de acá se llevan, que son rubia y caparrosa, con que se ha ido enflaqueciendo el trato y comercie de aquellos reinos. Con éstos envie a mandar a dicho mi virrey por una cédula mía cuyo duplicado se os entregará con ésta, me enviase relación del estado en que estaba o sobredicho y lo más que le ocurrriese y pareciese que convenía proveer para remedio de aquel daño y que en el entretanto, siendo cierta la relación que se me había hecho diese orden en que no fuese en aumento dichas labores. Y porque este es negocio de mucha importancia, luego que seais llegado a México os informaréis del virrey de lo que hubiere hecho en cumplimiento de lo contenido en dicha cédula y con esto y con lo que entendieréis de la audiencia y otras personas inteligentes, me avisaréis con vuestro parecer, procurando que en el entretanto que proveo conforme a él lo que más convenga, no sólo no se aumente la labor y trato de los paños, antes los reparéis y detengáis, y cuando buenamente pudieréis y se sufriere y principalmente los agravios y trabajos que en esta labor reciben los indios. E informado muy particularmente me avisaréis de los que son para que vistos y entendidos se provea lo que más convenga para que sean muy relevados.

44. Por otra cédula mía fechada el 13 de julio del año pasado envié a mandar a dicho Virrey Don Luis de Velasco que prosiguiese la reducción de los indios a poblaciones, tomando lo que para esto fuese necesario de penas de cámara, estrados, gastos de justicia, quitas y vacaciones, o de los tributos puestos en mi corona para dar entretenimiento y lo que faltase, habiendo apurado aquellos géneros, lo tomase del nuevo servicio que se ha acrecentado a los indios para el sustento de la armada como no pase de un real de los cuatro del nuevo acrecentamiento. Esto no habiendo inconvenientes y si hubiere, parase en la ejecución y me avisase y porque esto es una de las cosas que se puede ofrecer porque congregándose los indios en pueblos son menor y más cómodamente adoctrinados en las cosas de nuestra santa fe católica y enseñados que vivan con policía y comercio de hombres de razón como se ve en lo ya reducido. Tendréis muy particular cuidado de procurar que se acabe de reducir lo que no estuviese por los mejores medios que se ofrecieron, informándoos de dicho virrey Don Luis de Velasco, así de lo que ha hecho haréis voz en ambas cosas, y me avisaréis de todo muy particularmente.

45. Porque una de las mayores quejas de los vecinos y que causa más descontento en la tierra es la poca libertad que las encomenderas tienen en sus casamientos. Porque sucediendo alguna en algún buen repartimiento, los virreyes las casan con criados suyos o ellos los procuran y solicitan, de manera que con los medios que ponen y principalmente con el favor que para ello les dan los virreyes les alcanza. Lo cual es causa de muchos repartimientos y de los mejores y hallen y estén al presente en personas que no han servido, con gran sentimiento quejas y descontento de los que habiendo servido, y teniéndolo por muy merecido, se quedan sin ello. Y porque no es justo ni conveniente que pase esto adelante estaréis advertidos de no embarazaros ni tratar de dichos casamientos sino que los dejéis correr con la libertad que es justo y necesario, antes procurando que dichas encomenderas se casen con las personas que fueron más a propósito para mi servicio pacífico estado y conservación de la tierra. Porque además, de lo contrario me tendré por deservido, mandaré proveer del remedio que convenga como quiera que espero de vos que no daréis lugar a que yo entienda que se excede en lo que tan precisamente os encargo y mando.

46. En el guión que trajeréis como virrey traeréis mis armas y no otras algunas.

47. La gente ociosa y que no tuviere oficio ni otra cosa que acudir procuraréis ocupar en poblaciones y nuevos descubrimientos y en los que hubieren de hacer guardaréis y haréis guardar las instrucciones de nuevos descubrimientos y poblaciones que allá hallaréis. Con lo cual os encargo tengáis mucho cuidado y particularmente en llegando a la Nueva España de informaros del estado en que está el descubrimiento y pacificación de la Nueva México y si el Virrey Don Luis de Velasco, nuestro antecesor, no hubiere caído con alguna persona sobre aquel descubrimiento y población como me ha escrito, lo traiga en plática; vos haréis diligencia y os informaréis con mucho fundamento de las personas que hay en esa tierra a quienes se pueda encargar dicho descubrimiento. Y con la que se entendiere que lo hará mejor y tuviere hacienda y calidad, capitularéis sobre ello en la forma que mejor os pareciere, habiendo comunicado primero con la audiencia y con otras personas de experiencia, y las capitulaciones que así hicieréis que han de ser conforme a dichas instrucciones de nuevos descubrimientos. Me enviaréis en la primera ocasión con relación de la persona que fuere a dicho descubrimiento y de sus partes, capacidad y calidad.

48. Por capítulo particular de dichas instrucciones y por muchas cédulas mías se ha encargado a los virreyes anteriores que enviasen a estos reinos todos los casados que tuvieren acá sus mujeres, sin dispensar ni disimular con ninguno, ni concederles término ni prorrogación. Y porque no se ha tenido de esto el cuidado que conviene y las mujeres padecen con la ausencia y falta de sus maridos y se da ocasión a otros inconvenientes en servicio de Nuestro Señor, los tendréis vos muy particular de hacer que se cumpla y precisamente lo proveido, y lo mismo encomendaréis a las audiencias, gobernadores y demás justicias del distrito.

49. Tendréis especial cuidado de entender con toda puntualidad y verdad cómo se administra y ejecuta la justicia en todas las audiencias de este distrito, y por todos los gobernadores y corregidores de él, informándoos de esto ordinariamente con mucho recato y secreto, y de los que hicieren lo que deben y también de los que lo contrario. Y me avisaréis en carta aparte de vuestra propia letra porque sea el secreto inviolable para que los unos sean premiados y los otros castigados.

50. Veréis y entenderéis el estado en que vuestro predecesor dejó la casa y aposento de armas, municiones y artillería, para procurar con mucho cuidado como os lo encargo que esté como conviene para los fines con que se fundó y que antes se aumente que disminuya.

51. Tendréis muy particular cuidado del reparo y seguridad de los caminos y de todas las obras públicas, principalmente de las que fueren necesarias y convenientes en todas las ciudades, pueblos principales de aquel distrito, para que como es razón cada día se aumente y ennoblezcan más, y más particularmente tendréis este cuidado de lo que toca a los hospitales y de que se conserven todos los que están fundados.

52. Asimismo se tiene entendido que dichos indios reciben muchos agravios de los religiosos y clérigos que los adoctrinan, y particularmente en que los prenden y castigan por cualquier caso liviano y algunas veces porque no acuden a sus granjerías y servicios personales como ellos querrían y como quiera que esto les está prohibido porque no se cumple como debería, os mando no permitáis ni déis lugar a que los curas clérigos ni frailes a cuyo cargo fuere la doctrina tengan cárceles, alguaciles ni fiscales, ni hagan cosa que sea en perjuicio de dichos indios.

53. También os encargo mucho que tengáis mucha cuenta con la labor y beneficio de las minas descubiertas y en procurar que se busquen y labren otras de nuevo, pues esta riqueza de la tierra es el nervio principal para su conservación, y de su misma prosperidad resulta la de estos reinos que es en ellos tan importante y necesario cuando lo tendréis entendido.

54. Particularmente os encomiendo mucho el buen recaudo y cobranza de los miembros de rentas que se acrecentaron y formaron de nuevo para la fundación y conservación de la armada del mar océano y que este venga siempre por cuenta aparte distintos de la demás hacienda mía y en conformidad y de lo que por cédulas mías que allá hallaréis está ordenado sin que en esto haya descuido, falta, ni remisión.

55. Visto el gran exceso que ha habido ya en pasar aquellas partes tanta gente continuamente van sin licencia los que llevan los maestres de las naos por sus intereses y aprovechamientos, y que allá tienen trazas para encubrirlos y ellos para pasar adelante sin que haya quien se lo resista, con lo cual se llena la tierra de vagamundos y mujeres perdidas. Tengo ordenado por cédulas generales que se han enviado a todos los puestos, que se tenga muy particular cuidado de inquerir, averiguar y buscar a los que no las mostraren. Y en Sevilla, San Lúcar y Cádiz se pregonó que ningún maestre llevase en su nao pasajero sin licencia so pena de privación de oficio y de doscientos ducados por cada uno, además de las otras penas contenidas en las nuevas ordenanzas de descaminos y arribadas. Con lo cual se excusará dicho inconveniente y con que os encargo y mando que si no llevaren consigo dichas licencias y no las presentaren ante vos, que luego los mande volver a embarcar sin réplica ni dispensación alguna de que os encargo tengáis especial cuidado por lo mucho que importa aliviar la tierra de la carga de tanta gente perdida, y a vos del cuidado de castigarla.

56. Porque a pesar de que no se da licencia a ningún extranjero para que pase a esas partes estoy informado que son muchos los que pasan porque con títulos de marineros, artilleros y con otros oficios de los navíos los embarcan y llevan los maestres de ellos. Y después les es fácil cosa pasar adelante por la poca cuenta que hay con impedírselo y así hay muchos en la tierra. Y porque esto es de mayor inconveniente que lo pasado os mando tengáis muy particular cuidado en procurar examinar y entender muy bien los extranjeros que pasan en cada flota, pues encomendado a las justicias de San Juan de Ulúa y a la Veracruz y los demás puertos de la costa que con cuidado inquieran los que van y los que busquen y prendan. No se podrán encubrir y aún esta misma diligencia parece que sería buena para lo de los pasajeros que queda dicho en el capítulo precedente, y en ninguna manera consentiréis que quede en la tierra ninguno de dichos extranjeros, entendiése de los que fueron después de la composición.

57. Una de las cosas que yo más deseo y con más cuidado procuro es que los premios, honras, y acrecentamientos que se han de distribuir en aquellas partes se conviertan en las personas que allá me sirvieren y porque se acierte cómo conviene cosa que tanto importa, os mando que tengáis particular cuidado de informaros y saber las personas más beneméritas que hubiere en cada estado para la provisión de lo eclesiástico y temporal, y en los despachos ordinarios de cada año me enviaréis relación de todas refiriendo en ellas las partes, cualidades y servicios de cada una, distinguiendo en los eclesiásticos clérigos y religiosos, cuáles serán buenos para prelacías, y de los clérigos cuáles para dignidades, canonjías y beneficios, y de qué iglesias y pueblos, y de los otros estados los letrados para qué placas y de los de capa y espada, cuáles para gobiernos y cuáles para la guerra y oficios de pluma y de mi real hacienda.

Todo lo cual haréis con el cuidado y diligencia que yo confío de vuestra persona y prudencia y del celo que tenéis de acertar en las cosas de mi servicio. Aranjuez, a 20 de marzo de 1596. Yo el Rey, Refrendada de Juan de Ibarra y señalada del presidente y los del Consejo.

Fuente: Los Virreyes españoles en América durante el gobierno de la casa de Austria: México, edición de Lewis Hanke con la colaboración de Celso Rodriguez, Biblioteca de autores españoles, Atlas, Madrid, 1976-1978, 5 volúmenes, volumen 2, 1977, pp. 127-144.