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Siglo XVI > 1590-1599 > 1592

Cargos que resultan de la visita secreta que por especial comisión del rey nuestro señor está tomando el Dr. Don Diego Romano, Obispo de Tlaxcala, de su Consejo, a Don Alvaro Manrique de Zúñiga, Marqués de Villamanrique.
18 de abril de 1592

Cargos que resultan de la visita secreta que por especial comisión del rey nuestro señor está tomando el Dr. Don Diego Romano, Obispo de Tlaxcala, de su Consejo, a Don Alvaro Manrique de Zúñiga, Marqués de Villamanrique, del tiempo que ejerció los cargos de virrey, gobernador y capitán general de esta Nueva España, y presidente de la audiencia real de ella.

1. Primeramente se hace cargo a dicho Marqués de Vallamanrique que luego como desembarcó y llegó a este reino trabó amistades e hizo y favoreció a los oidores y demás personas que estaban en visita, que tomaba Don Pedro Moya de Contreras, arzobispo de México, desfavoreciendo dicha visita y visitador, y a los que la favorecían y ayudaban en ella de que resultó dejarse de averiguar muchas culpas y se recrecieron otros inconvenientes.

2. Se le hace cargo que luego como desembarcó en el puerto de San Juan de Ulúa y viniendo caminando antes de llegar a México y de presentar en el acuerdo sus títulos y provisiones reales de tal virrey, gobernador y capitán general, y de hacer el juramento que para ello se le mandaba; y estando actualmente gobernando el arzobispo de México, comenzó a despachar y proveer negocios, refrendándolos Antonio de Castro, persona que venía a su servicio sin ser escribano, como fue el mandamiento que dio a Francisco Mercado, alcalde mayor de Jalapa, que habiendo cumplido el primer año de su oficio administrase justicia. Y quitando del puerto de San Juan de Ulúa, luego que saltó en tierra, la carnicería que por remate y mandamiento del arzobispo gobernador había, mandó que no la hubiese, a pesar que se le mostró el mandamiento, y en otras cosas.

3. Se le hace cargo a dicho marqués que mostrando enemistad y desfavor a dicho arzobispo de México, visitador llegado a la ciudad de Tlaxcala y hablando que los indios de ella tenían pintado en la caja real donde le aposentaron a la subida de la escalera en el descanso de ella las armas de todos los virreyes que habían sido hasta su tiempo, y las de dicho arzobispo que actualmente estaba gobernando. Y como las vio, preguntó a los que se hallaron más cerca qué armas eran aquellas. Y habiéndole dado razón y declarado las que eran de dicho arzobispo, con mucho enojo y desdén las mandó borrar en presencia de mucha gente que le oyó y lo murmuraron.

4. Se le hace cargo que habiendo llegado a la ermita y casa de Nuestra Señora de Guadalupe, donde antes de entrar en México le estaba hecho aposento, yendo dicho arzobispo gobernador y capitán general de este reino y presidente de la real audiencia, acompañado de la gente principal con la autoridad que su persona y oficios que administraba requería a visitar a dicho marqués y marquesa, su mujer, llegado a la puerta del aposento donde le aguardaban criados de dicho marqués, por su orden con fuerza y gran desacato quisieron quitar la falda al clérigo que la llevaba; haciéndole violencia para que la soltase, diciendo que delante de la marquesa no había de entrar falda que era un notable descomedimiento; y se causó mucho escándalo.

5. Se le hace cargo que en contradicción de dicha visita, sabiendo que algunas personas servían y ayudaban en ella les amenazaba. Y así, por su persona como por medios de sus criados y allegados y echar a la China, y a otros dar garrote, con que dejaron de proseguir sus intentos por dichos temores que redundó en quiebra de dicha visita.

6. Se le hace cargo que siendo Alonso de Herrera Mejía uno de los hombres más importantes de cuentas y negocios de este reino a quien por esto dicho arzobispo había puesto en la administración y contaduría de las reales alcabalas y visita de los libros cuentas y papeles de ella. Y por cual industria se habían descubierto y cobrado muchos pesos de oro. Dicho marqués, sin causa le quitó dicho oficio y administración, y lo dio a un criado suyo, mozo que no tenía experiencia de la tierra ni de dicho oficio. Lo cual hizo sin embargo de que el arzobispo le advirtió de la importancia que era la persona de dicho Alonso de Herrera y perjuicio que podría recrecerse a la real hacienda de hacer dicha mudanza.

7. Se le hace cargo que teniendo nombrado dicho arzobispo por tesorero de la hacienda real a Pedro de Armenta, persona que había servido en dicha visita, así de alguacil mayor de ella como encargándole cuarta llave en la caja con mucho cuidado y fidelidad, y el marqués sin causa le removió de dicho oficio y le encargó a persona que porque había impedido la visita estaba desterrado de México. Y de quien dicho marqués se prendó, recibiendo de él muchos millares de pesos de oro.

8. Se le hace cargo a dicho marqués haber quitado a Felipe Chagoya, hombre bien entendido en cuentas y papeles el archivo que por mandado del arzobispo, él mismo había hecho y recogido en él todas las cuentas tocantes a la real hacienda, con mucho trabajo, asistencia y solicitud, y servido en dicha visita sin ocasión. Y por esto y por otras causas dejó Hernando de Santotis el oficio de contador de cuentas de que asimismo estaba encargado por dicho arzobispo por ser persona que también entendía que había descubierto muchos fraudes y falsedades que se hallaron en la visita de los libros reales. Y nombró en dicho oficio y archivo a un paje suyo, muchacho de diez y siete años.

9. Se le hace cargo que por que un Nicolás de Salazar, escribano real, se ocupó en muchos negocios de la visita y se iba a España en servicio de dicho arzobispo, le hizo prender sin causa alguna, haciéndole molestias y vejaciones extraordinarias.

10. Se le hace cargo que habiendo sido Martín Herrera una de las personas que más favorecieron la visita y capitulante contra algunos de los visitados, pretendiendo ir a los reinos de Castilla en seguimiento de ella, pidió licencia a dicho marqués para hacer su viaje. El cual no sólo se lo denegó pero a instancia de uno de los oidores que quedaban suspendidos le mandó prender, y para ello se hicieron muchas diligencias. Y habiéndose escapado con mucho riesgo de su persona le tomó la hacienda y papeles y consumió mucha parte de ella. Y un religioso honrado guardián del monasterio de Alichueza, porque le recogió en él, hizo con su provincial le trajese y detuviese en México, y últimamente le privase de dicha guardianía. Y sabiendo que dicho Martín de Herrera se había embarcado en la capitanía, despachó recaudo para que en la villa de San Cristóbal de La Habana fuese preso y traído a esta Nueva España, encargándole a un tío de dicho oidor. Y hecha prisión y sabido por el gobernador, visto por los recaudos que no había justificación y que era conocido agravio, dio libertad a dicho Martín de Herrera para que se fuese como se fue a los reinos de Castilla.

11. Se le hace cargo a dicho Marqués que habiendo nombrado el arzobispo de México por teniente de general de la guerra de Chuchimecava Don Pedro de Quesada, caballero y encomendero de los pueblos de Xilotepeque, frontera de los Chichimecas; hombre inteligente, experimentado y práctico de la tierra y que había hecho muy buenos efectos. Sólo por dar gusto a algunos oidores y visitados, y suspendidos por dicho arzobispo, que sospechaban había dicho algunos dichos contra ellos, le quitó el oficio y le encargó a Don Antonio de Monroy, su criado y capitán de la guarda, hombre mozo y recién venido de España, que ninguna noticia tenía de esta guerra ni de otra por haber sido siempre estudiante. De que se siguieron muchos daños e inconvenientes.

12. Se le hace cargo a dicho marqués que además de lo referido en el cargo precedente, so color de haber sido Don Pedro de Quesada tal teniente de general de la guerra, le mandó prender y cometió la averiguación de cómo usado dicho oficio a Don Antonio de Monroy, su criado y la determinación para uno de los oidores, quedaron suspendidos por la visita sabiendo que contra él y los demás había sido en ella dicho Don Pedro de Quesada, sin quererle otorgar apelación para la real audiencia, deteniéndole y molestándole con prisión de muchos meses en la cárcel real de corte hasta que compelido pagó la condenación. Con que se le causaron grandes daños, gastos y menoscabos, porque aunque apeló para la real audiencia y fue admitido en dicho grado, y se mandó dar el proceso a su letrado, dicho marqués no lo consintió como lo hacía en todas las cosas que tocaban a guerra y soldados.

13. Les hace cargo que siendo Diego Caballero Bazán, clérigo presbítero, uno de los que más avisos y memoriales dieron en la visita general, por esto el marqués a instancia de uno de los oidores suspendidos, enemigo declarado de Diego Caballero, procedió contra él como si fuera mero lego recibiendo capítulos y haciendo informaciones y enviando a su casa mucha gente y parte de su guarda para que le tomasen todas las cartas y papeles que en su poder se hallasen como se hizo con mucho escándalo de toda la ciudad, y otro día le mandó traer a su presencia donde de palabra le ultrajó y trató mal y con seis guardas a su costa le hizo llevar al puerto de Acapulco en el Mar del Sur, con mucha incomodidad de su persona para que fuese embarcado y llevado a los reinos del Perú entreteniéndole en tierras malsanas muchos meses, de donde mandó fuese traído al puerto de San Juan de Ulúa, del Mar del Norte y ponerlo preso en la fortaleza, donde sin que nadie le pudiese hablar ni celebrar estuvo muchos días hasta que se entregó al general de la flota y se llevó a los reinos de Castilla con mucho daño y pérdida de su hacienda.

14. Se le hace cargo que por sólo que Pedro Caballero Bazán era hermano de Diego Caballero, le mandó prender sin otra causa ni razón y le otorgó que no sólo aventurase la vida huyendo de unas partes a otras por no ser preso, pero que perdiese dicha hacienda que tenía y se la tomasen los ministros a quienes dicho marqués cometió dicha prisión. Y con ella mucha parte de la del dueño de la casa donde posaba y tenía la suya que hasta hoy no se le ha vuelto, con mucha incomodidad y riesgo dicho Pedro Caballero se fue huyendo a España.

15. Se le hace cargo que habiendo Gonzalo Gómez de Cervantes pedido licencia al marqués para ir a España a dar cuenta a S. M. de cosas tocantes al real servicio,y temeroso que no le sucediese lo que a muchos que habían servido y favorecido la visita como él lo había hecho, no atreviéndose a ir sin licencia, no sólo se la denegó pero le mandó prender hasta que diese fianzas cuantiosas que no saldría de este reino, so la pena de la fianza. Y habiéndola dado por no incurrir en ella no se atrevió a hacer ausencia.

16. Se le hace cargo que persiguió y tomó odio y enemistad a Gonzalo Gómez de Cervantes por sólo haber sido uno de los que principalmente sirvieron en la visita general y con ocasión de haber sido alcalde mayor de Tlaxcala ocho o diez meses. Nombró para que le tomase residencia al Dr. Hernando Alvarez de Aguirre, enemigo de dicho Gonzalo Gómez, abogado que había sido de los oidores, suspendidos por la visita y de los oficiales reales que también lo fueron. Y aunque le recusó por enemigo, no se admitió la recusación diciendo dicho marqués que se la había de tomar el mayor enemigo que tuviese. Y siendo costumbre en esta tierra que algunos que dan residencia de un año se conceden sólo quince días en término, y a los demás treinta, se le dieron a dicho Doctor Aguirre sesenta días con salarios excesivos a él y a sus ministros; cometiéndose ordinariamente las residencias a él, su asesor a un receptor de la real audiencia.

17. Se le hace cargo al marqués que para mejor poder destruir a dicho Gonzalo Gómez de Cervantes, mandó a un alguacil y escribano que fuesen a su casa y le tomasen la llaves de sus escritorios y cajas, y le buscasen todas las cartas, papeles y libros, y se los llevasen. Y esto hiciesen con mucho cuidado y rigor, advirtiendo a las palabras que dicho Gonzalo Gómez sobre ello dijese y ademanes que hiciese, escribiéndolo todo como lo ejecutaron dicho alguacil y escribanos. Dando color el marqués que se hacía aquella diligencia para tomar ciertos libros que Luis de Bohorquez, yerno de Gonzalo Gómez, había dejado con ocasión de cierto pleito que contra los bienes del difunto se trataba en la real audiencia, de que él no era juez.

18. Se le hace cargo al marqués que a todas las personas de quienes conoció han hecho favor a los visitados en la visita general, para que no averiguasen contra ellos culpas y excesos, los honró, proveyó e hizo mercedes por esta causa. Como fue el Mariscal Don Carlos de Arellano a quien proveyó por castellano en el puerto de San Juan de Ulúa con el corregimiento de Cocamaluapa y el oficio de receptor de la avería de la imposicion todo junto. Y después le dio la alcaidía mayor de la ciudad de Los Angeles, juntamente con el juzgado de la Grana, que son los mejores oficios que se proveen en este reino. Y a Gerónimo López, regidor y encomendero, la tesorería de la real hacienda; y a Martín de Olivares, correo mayor; y a Leonardo de Cervantes y a otros.

19. Se le hace cargo a dicho marqués que estando suspendido de plaza de oidor de esta real audiencia al Dr. Diego González Palacios, con favores que le hacía, le proveyó por juez general de la guerra con gran salario en cada año. Y le dio conducta de general contra el corsario inglés que entró en el Mar del Sur y robó, saqueó y quemó la nao Santa Ana que venía de Filipinas, con veinte ducados de salario cada día y otras comisiones de naos, aprovechamiento que el salario de la plaza de oidor como fue la del camino de la ciudad de Veracruz y mercedes y gracias que le hizo poniéndolas en cabeza de sus deudos y criados en continuación del favor que el marqués hacía a los visitados y desfavor a la visita.

20. Se le hace cargo que por favorecer al Dr. Hernando de Robles, oidor, que había quedado suspendido por la visita general, el marqués le dio e hizo merced de carnicerías, licencias para matar vacas, tierras y sitios de estancia, y otras gracias; y el cargo de alcalde mayor de la provincia de Chalco. Poniéndole en cabeza de un sobrino de su mujer, todo por desautorizar la visita; y que quedase más aprovechado que con el salario que había tenido en la plaza de oidor.

21. Se le hace cargo al marqués haber proveído el cargo de alcalde mayor de la provincia de Michoacán en cabeza de un sobrino del Dr. Pedro Farfán, oidor que había quedado suspendido de la plaza por la visita general, para que yéndose, como se fue a vivir a dicha provincia con su casa, fuese acomodado, beneficiase mejor algunas carnicerías y estancos de vino que le dio y el tenientazgo para un criado de su casa. Lo cual hizo, a pesar que Hernán Sánchez Urdiales, escribano público de dicha provincia, le contradijo y le dio memorial representándole los muchos inconvenientes que de dicha provisión resultaban, por haber muchas personas dicho sus dichos contra el Dr. Farfán en la visita de quien podría tomar venganza, y tener doña Francisca Infante Samaniego, sobrina de su mujer y su nuera, que entonces eran grandes haciendas de ganados mayores y tierras de labor, indios de encomienda en la provincia juraron en muchas deudas y pleitos que de ello dependían. Y lo que más es que por haberle dado el aviso dicho Urdiales sin otra causa le hizo prender, y tuvo preso más de seis meses, y le causó grandes daños. Y que últimamente le desterró de las gobernaciones de esta Nueva España, impidiéndole que aun de paso no entrase en su casa por complacer al Dr. Pedro Farfán y llevar adelante los favores que había comenzado a hacer y hacía con los visitados.

22. Se le hace cargo al marqués que en continuación de los muchos favores que desde que entró en este reino hizo a los oidores visitados que quedaron suspendidos por la visita y habiendo venido de España las ejecutorias y condenaciones que se le habían hecho por el Real Consejo de las Indias se cobrasen y metiesen en la real caja, no sólo no lo hizo pero les hizo esperar y aguardar a plazos largos por ello. Y lo que peor es que con su acuerdo y parecer algunos de ellos pusieron sus haciendas en cabeza de terceras personas en confianza, para que a título que no tenían de que pagar pudiese justificarse la espera, teniendo todos fiadores abonados para la cantidad en que fueron condenados.

23. Se le hace cargo que por sólo que Juan de la Cueva y Martín López de Gaona, secretario de gobernación en esta Nueva España, dieron ciertos testimonios de cosas que pasaron en sus oficios por mandato del arzobispo visitador, los mandó prender en la cárcel de corte y procedió contra ellos hasta suspenderlos de sus oficios y desterrarlos de palacio por cierto tiempo. Encargando el uso de ambos oficios a Juan Vázquez de Cearesta su allegado y criado, que había sido del Virrey don Martín Enríquez, tío de la marquesa, su mujer. El cual comunicaba y partía los aprovechamientos con Antonio de Castro, su secretario, lo cual fue notorio agravio. Y constándole a S. M. por su real cédula la mandó se les volviesen los oficios con los dineros que hubiesen valido.

24. Se le hace cargo que por sólo que Alonso Martín era criado de Diego Caballero Bazán, clérigo, el marqués le mandó prender y poner en un calabozo donde estuvo algunos días muy afligido sin comer ni beber, ni cama ni otra cosa en que recostarse ni ver luz, donde de persuadido jurarse lo que no sabía contra dicho Diego Caballero y otras personas graves, prometiéndole su soltura y que sería favorecido y proveído por el marqués. Y porque no lo hizo fue detenido en la cárcel más de setenta días sin darle, como nunca se le dio, causa de su prisión; y después fue suelto la ciudad por cárcel y detenido en ella sin libertad muchos meses.

25. Se le hace cargo de haber mudado el orden que estaba dado por S. M. en la caja, administración y juzgado de los bienes de difuntos, de que resultó mucho daño y costas a los bienes. Porque siendo justicia los oidores por su turno, como siempre lo habían sido sin salario, nombró juez letrado con salario de 1.000 pesos por año. Y acrecentó otros oficios haciendo cargo del dinero que solía estar en caja de tres llaves a un hombre particular que lo trataba y granjeaba, además que se acudió al juzgado una instancia más porque siendo oidor no había en los pleitos grado de revista en la audiencia.

26. Se le hace cargo de que siendo Pedro López Olivares persona muy honrada y emparentado con gente principal y que había servido a S. M. en cargos de justicia y otros de calidad con aprobación y con facultad que de él habían tenido los virreyes, el marqués le hizo prender y procedió contra él con color que había escrito a España ciertas cartas en agravio suyo y de la marquesa. Las cuales se hallaron entre papeles que Martín de Herrera llevaba a España, que se le quitaron cuando le mandó prender. Y siendo para persona del Consejo Real de las Indias y estando cerradas, las abrió; y haciéndose juez en su propia causa y no teniendo jurisdicción en ella ni en otras de justicia, le condenó a vergüenza pública, y a pesar de apelación la hizo ejecutar. Y después, conociendo el exceso que había tenido la remitió a los alcaldes del crimen a quien pertenecía.

27. Se le hace cargo que porque el Dr. Luis de Villanueva, capitán, había ayudado en la visita general al arzobispo, y por su comisión visitado la universidad, y por esto le graduó por claustro de doctor, el marqués dio orden como se proveyese auto mandándole que no se formase doctor. Y que la universidad no guardase los estatutos que el visitador les había dado y jurado y admitido la universidad. Y después el mismo marqués gustó de que se tornase a guardar por claustro, como lo hizo sin tener más autoridad ni fuerza un grado que el otro, sino sólo haber querido deshacer lo hecho por dicho arzobispo.

28. Se le hace cargo que habiendo la orden de San Agustín nombrado por su procurador en corte de S. M. al maestro Fray Juan Zapata, y habiendo sacado licencia de dicho marqués para hacer el viaje, estando en la ciudad de Veracruz aprestado para embarcarse el marqués envió orden para que le tomasen todos los papeles y cartas que se le hallasen y no lo consintiesen embarcar. Como se hizo, con mucha nota de los que supieron y si no fuera avisado con diligencia le tomaran las cartas misivas que llevaba, que era lo que principalmente se presume pretendía el marqués.

29. Se le hace cargo que siendo lugarteniente del rey nuestro señor y ocupando por esto lugar tan prominente, era poco compuesto y reportado colérico en demasía, así negociándose con él como presidiendo en los acuerdos y audiencias. Teniendo costumbre de jurar y votar a Dios a menudo, con que causaba nota y mal ejemplo a los que lo veían y sabían.

30. Se le hace cargo al marqués que en el tiempo de su gobierno y porque no supiese en España el modo con que gobernaba ni las quejas que de él había, dio orden a los oficiales de la ciudad de Veracruz y castellanos del fuerte de San Juan de Ulúa, que eran sus criados, deudos y allegados, que recogiesen todas las cartas que fuesen y viniesen y se las enviasen. Como se hacía aunque fuesen de audiencia, inquisición y prelados y de otra cualquier persona. Con que se experimentó que nadie tenía sus cartas seguras ni las recibía a tiempo. Y muchas de ellas se daban a sus dueños abiertas por criados de casa del marqués. Y generalmente todos echaban menos sus cartas, y para esto despachó mandamientos de color que se hacía para que cada uno las tuviese seguras de que se recrecieron, además de la queja universal daños en sus haciendas y negocios.

31. Se le hace cargo al marqués que por ser el Contador Alonso de Villanueva, gran amigo de Diego Caballero Bazán y saber lo que se escribían, envió persona a la ciudad de la Veracruz que le tomase sus papeles y cartas, como se cumplió. Y tomando todo esto el mandó parecer en México personalmente, donde le tuvo tiempo e hizo gastar muchos pesos de oro, sin quererle dar licencia para que se volviese a su casa, aunque lo procuró por todas vías.

32. Se le hace cargo al marqués que entre las cartas que se le enviaron de particulares del puerto de San Juan de Ulúa, fueron dos escritas a dos hermanos de Juan de Astudillo, vecino de México, uno arcediano de Jeréz y canónigo de Sevilla, y el otro capitular de Burgos. Las cuales dicho marqués abrió, y visto que estaban firmadas de un nombre que decía Juan de Astudillo y que en ellas se referían algunos excesos de su gobierno, hizo llamar uno de los alcaldes del crimen y se las entregó, mandándole hiciese cabeza de proceso contra dicho Juan de Astudillo, a quien quiso persuadir pusiese en ella que los alcaldes las habían abierto.

Y el alcalde no lo quiso hacer, y habiéndolas negado dicho Juan de Astudillo, tomándole sobre ello su confesión, estando presente a todo el marqués, le mandó poner preso en la cárcel y que le metiesen en un calabozo con prisiones sin dejarle meter cama, silla, ni otro asiento, ni una estera en que se recostase, siendo hombre honrado bien nacido. Y ordenó se quitase al alcalde la llave del calabozo y que la tuviese el secretario de la causa, y después un criado de dicho marqués, dando con esto a entender y con persuasiones que hizo a algunos de los jueces que quería fuese gravemente castigado; y viendo que los alcaldes habían remitido en discordia la causa dos veces y la segunda al Dr. Santiago del Riego, gustaba a la sazón en cierta comisión en la ciudad de Los Angeles, veinte leguas de México. Pareciéndole que por este camino le querían dilatar su venganza, no consintió que dicha causa se llevase, y por auto que proveyó nombró dos abogados que la viesen en discordia y sentido de la dilación y medios que los jueces tomaban para dilatar la causa dijo el marqués con mucho enojo que estaba determinado de hacer dar garrote una noche a dicho Juan de Astudillo y hacerlo sacar otro día a la plaza para que todos viesen como se castigaban los que ponían lengua en él. Y cuando todo el tiempo que duró la prisión, que fueron diez y seis días, se hicieron extraordinarias diligencias con él y con la marquesa para que templase su rigor por muchas personas graves y religiosos, no le pudieron aplacar hasta que los jueces y letrados por él nombrados, hallaron camino y fue remitirle la causa para obligarle a piedad y con ello le mandó dar en fiado. Y que suelto quiso persuadir a dicho Astudillo escribiese otras cartas a sus hermanos en su abono, diciendo que lo primero no había sido cierto. Con que se vio tan afligido y acongojado como antes lo había estado por el temor que habían tomado a dicho marqués, considerando que reconocía las cartas que había negado, escribiendo las segundas. Y así estuvo determinado de dejar su casa y hacienda, mujer e hijos, y salirse de este reino.

33. Se le hace cargo del mal despacho y expediente que daba a los negociantes estándose muy de ordinario encerrado con llave, dos y tres puertas, las cuales traían pajes y criados de su cámara. De manera que nadie podía entrar a negociar sin que éstos abriesen. De que además del mal despacho se siguieron muchos cohechos que recibían por dar las puertas. Y así españoles como indios padecieron mucho trabajo y otras veces salía de México a los pueblos circunvecinos de la laguna a holgarse, donde estaba muchos días con perjuicio de los que tenían negocios por la dilación, y los indios de tales pueblos para sustantarle y regalarle echaban derramas con que se ponían en necesidad.

34. Se le hace cargo a dicho marqués que entre las dádivas que hizo a holguras a los pueblos circunvecinos a la laguna fue el de Xochimilco donde fue recibido debajo de palio. Y en su recibimiento se dispararon cámaras de artillería y fue causa que algunas reventaron y mataron tres indios.

35. Se le hace cargo que muchas veces de las que salía a recrearse llevaba en su compañía a la marquesa y su hija, y a sus damas y criadas, y se aposentaban y dormían dentro de la clausura de los monasterios en las celdas donde solían recogerse los religiosos, que para ello se las desembarazaban. De que se causó mucho escándalo y murmuración y se hacían otras cosas muy indignas de lugares tan religiosos. Los cuales celosos de la clausura, se ofendían y no lo osaban remediar.

36. Se le hace cargo al marqués que sin tener orden de S. M. pidió préstamo en toda esta Nueva España y nuevo reino de Galicia, publicando la tenía, con que obligó a que todos prestasen más de lo que podían poniendo en necesidad la tierra. Y no sólo a españoles, pero a los naturales tomando las sobras de sus comunidades y un año adelantado en los tributos, así de los pueblos de la real corona como de encomenderos. Con que causó a los indios notable daños por ser gente que no tiene nada guardado y para pagar dicho tributo tuvieron necesidad de vender el maíz y gallinas y lo que tenían para comer, que faltándoles fue ocasión tuviesen mucha necesidad. Además del agravio que se hizo a los que de ellos murieron antes de cumplirse el año, pues pagaron lo que no debían y a los españoles que no podían o no querían prestarles prendió y molestó no prestando dicho marqués, teniendo tanto posible antes cobró adelantado el tercio de su salario, dejando de ir en aquella flota lo que así montó, no debiéndosele, y estando prohibido no se saque dinero de la real caja adelantado.

37. Se le hace cargo que siendo Juan Guerrero uno de los vecinos honrados y principales de esta ciudad, hombre muy viejo y enfermo que sólo salía de su casa a oir misa y entonces en una silla por estar tullido de la gota, el marqués le mandó llamar que pareciese ante él. Y habiéndole excusado con el impedimento dicho, a pesar mandó que todavía viniese ante él aunque le trajesen en la silla. Y por cumplir su mandamiento vino con cierto trabajo; y dicho marqués le pidió prestase a S. M. cantidad de pesos de oro. Y habiéndose excusado de Juan Guerrero con decir haber sacado pocos días había en remate en la almoneda real unas casas en 21.400 pesos, y que de ellos acababa de meter en la real caja los 16.400 que pertenecían a S. M., y lo restante pertenecía al convento de San Agustín por cierto censo que sobre ellas tenía a quien había hecho reconocimiento. Además que de su encomienda del pueblo de Atucha se habían tomado prestados de sus tributos 6.000 pesos. Con todo eso el marqués le dijo con mucho enojo que había de prestar más y por redimir su vejación ofreció que tomaría a daño 4.000 pesos y los prestaría. Y con esto se fue. Y no quedando satisfecho dicho marqués al cabo de pocos días le envió a notificar luego redimiese los 5.000 pesos del censo y los metiese en la real caja. Y aunque Juan Guerrero con buen término representó no tener obligación y estar la causa pendiente en la real audiencia por no habérsele dado posesión de las casas, segunda vez mandó lo mismo, y que un alguacil le apremiase. Y porque de nuevo tornó a apelar para dicha audiencia, despachó mandamiento por el cual mandó fuese preso con veinte hombres de guarda y cada uno dos ducados de salario a su costa. Y siendo requerido con él aunque se quiso ir a la cárcel, y para ello se levantó de la cama donde hacía muchos días que estaba, su mujer e hijos se lo impidieron.

Y por redimir aquella vejación y gasto a su viejo padre, dieron orden como haciendo daño se metieron en la real caja dichos pesos de oro. Y no contento aún con esto, el marqués le obligó a que asimismo metiese los otros 4.000 pesos por vía del préstamo que también tomaron a daño. Todo lo cual hizo con mucho rigor y demostración de estar ofendido de dicho Juan Guerrero.

38. Se le hace cargo a dicho marqués que porque habiendo pedido al Lic. Ríos, racionero de la catedral de México, prestase a S. M. alguna cantidad de pesos de oro y se excusó diciendo que no los tenía, le trató mal sobre ello. Y mandó llamar a Francisco de Montoya, hombre viejo y enfermo, para que declarase donde podría hallar bienes de dicho racionero. Y porque dijo que no lo sabía se indignó y le mandó poner preso en la cárcel de corte y echar dos pares de grillos; y porque se dejaba estar preso por su mandado, le metieron en un calabozo sin ninguna luz ni otro refugio ni cama. Y viéndose tan apretado y que se moriría si estaba allí algún tiempo, envió a decir al marqués que sólo tenía para sustento de su mujer e hijos 250 marcos de plata que los tomasen y le soltasen, y así se lo tomaron y salió de la aflicción en que estaba con extrema necesidad.

39. Se le hace cargo que habiendo pedido a Baltasar Mejía regidor de México, prestase 12.000 pesos a S. M. por sólo que respondió que si había orden de S. M. para ello haría lo que pudiese. Sin haber tenido otro desacato ni dado otra opción el marqués le mandó prender y poner un alguacil y cuatro guardas a su costa con excesivo salario. Y viendo las costas que de cada día se le causaban, y temiendo mayores rigores de dicho marqués, procuró meter 10.000 pesos en la caja real, protestando lo hacía compulso y por redimir su vejación, como lo hizo. Y aunque le constó a dicho marqués, no lo soltó libremente, sino la ciudad por cárcel donde le detuvo muchos meses con gran pérdida de sus haciendas que pedían la asistencia de su persona.

40. Se le hace cargo que siendo Doña Francisca de Vargas hija de Pablo de Vargas, hombre honrado y conquistador, y estando en casa de Leonor Gutiérrez, su madre viuda, el marqués mandó a uno de los alguaciles mayores de México una noche se la trajese a su presencia. El cual yendo por ella y no queriendo venir con él dicha Doña Francisca, sin su madre, que hacía muchos días estaba enferma en cama, y porque dicho alguacil mayor dijo que había de cumplir lo que se le había mandado, la madre se levantó y vistió y juntas las llevó de noche ante dicho marqués, donde en presencia de un secretario le dijo que estaba allí en nombre de S. M. para deshacer agravios, y que había sido informado que Baltasar Mejía Salmerón la traía engañada diciendo que se había de casar con ella. Que le dijese lo que en ello pasaba, que le daba su palabra de hacer que se casase con ella o la dotase. Y porque dicha Doña Francisca de Vargas le dijo no pasa tal cosa, se levantó con cólera y la llamó de ruin mujer bellaca y otras palabras injuriosas, mandando al secretario escribiese como decía que estaban amancebados y que tenían hijos. Y porque la susodicha lo contradijo diciendo que no se escribiese lo que ella no decía, volvió a tratarla mal de palabra y que la llevasen a la cárcel de corte. Y visto que por ninguna vía le podía hacer decir lo que él quería mandó que se la echasen de allí y se fue a su casa.

41. Se le hace cargo al marqués que para poder enviar a S. M. más cantidad de moneda con color de préstamo, mandó tomar de la casa de la moneda 60.000 pesos que restaban en ella, que eran de particulares mercaderes que tenían por granjería meter plata para hacer reales. Y esto hizo contra voluntad de los dueños, habiendo algunos de ellos prestado de su voluntad lo que habían podido. Con que recibieron daño y pérdida así por esto como por la tardanza de la paga. Y por este respeto estuvieron muchos días sin meter plata ellos y otros que tenían el mismo trato con que paró la labor. Y la plaza sintió mucho la falta del dinero en los negocios y contratación, hasta que compelidos por dicho marqués con prisión y otros cargos se volvieron a proseguir con dicho trato.

42. Se le hace cargo al marqués haber pedido prestado a muchas personas de esta ciudad y reino cantidades de millares de pesos de oro de que se aprovechó, deteniendo la paga muchos días siendo personas que tenían negocios antes y en la real audiencia cuando le hubiesen menester estándole prohibido expresamente por capítulo de su instrucción como fue:

De Francisco de Solís de Oculma, de quien recibió 20.000 pesos.

De Pedro Arauz de Prado, mercader, 6.000 pesos.

De Pedro Alvarez de Flechilla, 6.000 pesos.

De Diego López de Montalbán en dos veces, una 1.000 ducados de Castilla y la otra 4.000 pesos.

Del Dr. Pedro Farfán, oidor, que quedó suspendido por la visita, 11.000 pesos.

De Juan Rodríguez de Villegas, mercader, 4.000 pesos.

De Hernando de Ribadeneira, 8.575 pesos.

De Martín de Salinas, persona a quien proveyó encargos de justicia, 11.000 pesos.

De Alonso García Palomo, persona a quien nombró por depositario de la hacienda y bienes de difuntos en tres veces, una 10.000 pesos y la última 200 marcos de plata, que valen 1.625 pesos.

De Gaspar de Rivadeneira, regidor de México, 8.488 pesos y cuatro tomines.

De Baltasar Rodríguez, mercader, 4.000 pesos y otra vez 3.000 pesos sin otros muchos préstamos que en diferentes tiempos se lo hizo de las propias cantidades y menores.

De Francisco de Benavides Canseco, mercader, 1.000 pesos.

De Juan Pérez de Otaegui, 2.000 pesos.

De Cristóbal Gudiel, polvorista, 17.000 pesos en dos veces, una 10.000 pesos, la otra 7.000.

De Gaspar de Soto, tesorero de la cruzada, 15.000 pesos.

De Agustín Bustamante, a quien proveyó encargo de justicia, 2.000 pesos.

De Jeronimo López, encomendero regidor de Trujillo y a quien nombró por tesorero de la real hacienda, 10.000 pesos.

De Juan Nieto, obligado de las carnicerías de México, 2.000 pesos.

De Diego Caballero, mercader, 2.000 pesos.

De una persona grave y de oficio prominente, 19.000 pesos en dos veces, una 10.000 pesos y la otra 9.000.

Muchos de los cuales no parecen haber prestado a S. M. en el empréstito general que en su real nombre pidió, siendo personas de posible que lo pudieron hacer.

43. Se le hace cargo que a Fray Miguel de Talavera, comisario de los descalzos de la orden de San Francisco, religioso de mucho ejemplo y gran predicador, porque hacía su oficio con libertad cristiana y reprendía el venderse los oficios y la prisión de Diego Caballero Bazán, clérigo, el marqués muy enojado le mandó estar recluso en el monasterio de Santiago Tlateluzco, donde le tuvo muchos días afligido. Y asimismo a Fray Juan Cobo y Fray Luis Jándalo, dominicos, los envió y desterró a las Filipinas. Y dio orden como se envió a España a Fray Francisco Jiménez por una carta que le había escrito. Con que los demás predicadorse en su tiempo quedaron atemorizados para no osar reprender los vicios.

44. Se le hace cargo a dicho marqués que siendo costumbre que ante uno de los oidores de esta real audiencia se registrasen todos los indios Chichimecos que estaban condenados a servicio, para que o no teniendo los dueños títulos bastantes o habiendo cumplido el tiempo de su condenación, se les diese libertad, mudó este estilo. Y mandó que esto se hiciese ante Antonio de Castro, su secretario, nombrándole por juez y dándole escribano ante quien pasase para aprovecharle en mucha cantidad, de pesos, porque llevaban excesivos derechos juez y escribano. Y esto se hizo diversas veces así ante dicho Antonio de Castro como ante otros comisarios. Y lo mismo hacían después para volver los títulos cuando les parecían bastantes y cuando no los tenían por tales quitaban los indios a los que los habían comprado, dándolos el marqués a sus criados y allegados. Los cuales se servían de ellos y muchos servían en la casa de dicho marqués. Y las personas a quienes los daba los volvían a vender a sus mismos dueños y a otras personas y algunos se volvieron por negociaciones.

45. Se le hace cargo que estando en costumbre que todas las pascuas en Navidad y resurreccion los presos por deudas se mandaban soltar en la visita general por veinte o treinta días en fiado de la paz. Que las primeras pascuas que dicho marqués se halló recién venido en las visitas impidió que no se cumpliese esto, teniéndolo votado y mandado guardar los oidores. De que además del daño y molestias de los presos, sus mismos acreedores la recibieron, porque en aquellos días se suelen los deudores dar orden en la paga de sus deudas.

46. Se le hace cargo al marqués de que lo impedía el libre ejercicio de sus oficios a los oidores alcaldes del crimen y otros jueces ni dejándoles hacer justicia cuando no determinaban lo que quería. Y otras veces, habiéndose votado algunos negocios, no consentían pronunciación de los autos y sentencias, ni otros proveimientos; y cuando se publicaban sin su orden y se llevaban a firmar a los despachos que sobre ello se hacían, no los quería firmar rompiendo algunos y quedándose con otros que fuesen ejecutorias libradas por sentencias de vista y grado de revista, como fue:

Una ejecutoria que se libró en favor de Antonio Gallo, escribano de minas y registros.

Otra ejecutoría que se liberó en favor de Juan de Reina y Andrés de la Vega, vecinos del pueblo de Tecamachallo.

Otra ejecutoría que se libró en favor de Juan Velasco.

Otra ejecutoría de Juan Alonso Velázquez, vecino de la villa de San Miguel.

Otra ejecutoria de los indios de Tlaxmanalco sobre los maices de su pueblo que estaban rematados en Sancho de Pantigosa, su allegado.

Una real provisión a pedimento de los vecinos de Michoacán. Otra provisión en favor del Lic. Sernay Alvaro y Alonso Prieto, vecinos del pueblo de Tehuacan.

Otra provisión compulsoria que se dio a Juan Beloso sobre la causa de la ejecutoría que el suso se hace mención.

Otra compulsoria de Agustín Guerrero.

Otra provisión compulsoria a pedimento de Juan Tamayo, labrador de Tepecotlán.

Una real provisión de la sala del crimen para que a ciertos soldados del reino de León se los volviesen sus bienes.

Otra provisión de dicha sala librada a pedimento de Don Cristóbal Judmes, contra Cristóbal de Miranda, su mayordomo.

Otra provisión que se libró por la real audiencia a pedimento de Alvaro de Baena, para que el Contador Don Antonio de Cuéllar, su allegado, no fuese justicia.

Un mandamiento que se libró en favor de Juan de Santiago. Otro mandamiento en favor de Martín Casillado.

Impidió el cumplimiento de los autos de vista y revista de la real audiencia en el negocio de Rodrigo Jorge sobre lo de Ocoytuco.

Impidió a la audiencia el conocimiento de los agravios que pedían los indios del barrio de San Juan de México contra su gobernador y principal.

Que habiendo mandado la sala del crimen soltar de la cárcel a un Diego de Leiva no lo consintió. Y sin embargo lo mandó llevar al fuerte de La Habana.

Habiendo proveido los oidores que los alcaldes mayores de minas a quien tenía presos en la cárcel de corte los pasasen al cabildo, lo impidió y no hubo efecto.

Habiendo dos oidores soltar en visita los indios de la estancia de San Juan que tenía presos el marqués, no lo consintió. Antes los mandó llevar a obrajes, además de los otros que no quiso formar y retuvo, diciendo y publicando que tenía orden de S. M. para todo. De que resultó mucha quiebra en la autoridad y suprema jurisdicción que la real audiencia ejerce, y daño a las partes litigantes que con semejantes impedimentos no conseguían su justicia.

47. Se le hace cargo que fue tanta la aspereza de su gobierno y afición que tuvo a sus propias cosas que si alguno de los que proveía se le apelaba para la real audiencia, se enojaba en tanto grado que hacía las partes como a los letrados y procuradores, y que solicitaban sus causas, los afrentaba de palabra. Y algunos prendió por sola esta razón, y cuando alguno por mandamiento suyo se prendía ni sus deudos ni amigos no osaban visitarlos en la cárcel, ni rogar por ellos; y si lo hacían procuraban fuese secreto como lo hizo con el Lic. Pedro de Castañeda, abogado; Miguel González, portero de la real audiencia; Dr. Salvador, abogado; Don Pedro de Quesada, teniente de general de la guerra, o Justan Pinto, procurador, y con otros.

48. Se le hace cargo al marqués que estando proveido por la real audiencia, gobernando y lo mismo por Don Pedro Moya de Contreras, arzobispo de México, y hecho guardar como cosa importante así a las repúblicas de españoles como de indios, que no hubiese estancos de vino en sus pueblos, aunque llegó la noticia de dicho marqués y se le representaron los inconvenientes y daños que se habían de seguir de haberlos, por aprovecharse así y a sus criados y allegados, mandó poner y puso dichos estancos en los más de los pueblos de esta Nueva España, con que no tuviesen vecinos españoles con color que había monasterios de dos o tres frailes o clérigos beneficiado. Que con facilidad se podían proveer de lo necesario para misas y su sustento como de ordinario lo están dando algunos aun los mismos alcaldes mayores haciendo su merced de estas licencias a criados de su casa y a otras personas que primero se habían concertado con ellos a quienes las vendían. De que se sacó gran suma de pesos de oro, sabiendo que dichos sus criados y otras personas a quienes hacía estas gracias las vendían públicamente, como fue:

Antonio de Castro, 500 pesos de estanco de Tezcuco.

Juan Zúñiga, 600 pesos del estanco de la misteca.

Pedro Martínez, 200 pesos del estanco de Yzucar.

Don Alonso de Ovalle, 200 pesos del estanco de Tenancingo.

Don Alonso de Monroy, 800 pesos del estanco de Querétaro.

Alonso de Castro, 230 pesos del estanco de Tula.

Don Pedro Fajardo, 500 pesos del estanco de Tehuantepec.

Juan Zúñiga, 875 pesos por dos años de estanco del pueblo de Taculaya.

Don Alonso de Sotomayor 950 pesos de dos años del estanco de Cuernavaca.

Pedro Martínez, 4.000 pesos del estanco de la provincia de Tepeaca.

Cristóbal de Miranda, 400 pesos del estanco de Misteca.

Don Alonso de Ovalle, 200 pesos del estanco de Amozoque.

Don Luicián de Negrón, 400 pesos del estanco de Yzucar.

Antonio de Castro, 300 pesos del estanco de Nuchimelco.

Don Antonio de Figueroa, 650 reales del estanco de Tehuacan.

Gerónimo Osorio, 500 pesos por el estanco de Tlaxcala.

Don Martín de Salazar, 380 pesos del estanco de Apaceo.

Antonio de Castro, 1.600 pesos por el estanco de Toluco.

Antonio de Castro, 550 pesos de otro año de dicho estanco.

Antonio de Castro, 2.000 pesos de cuatro años de dicho estanco.

Don Miguel de Salazar, 100 pesos de una licencia para vender vino en la villa de Toluco.

Diego de Molina, 1.000 pesos del estanco de Xochimilco.

Genónimo Osorio, 412 pesos del estanco de Guejocingo.

Alonso Jiménez, 400 pesos del estanco de Guatemala.

Don Alonso de Ovalle, 200 pesos del estanco de Gualinchan.

Tomás Muñoz, 100 pesos por una licencia para vender vino en Guatepelque.

Juan de Mendoza, 450 pesos del estanco de Ysmiquilpa.

Antonio de Castro, 600 pesos del estanco de Tulancingo.

Agustín de Medinilla, 250 pesos de dicho estanco.

Que en las ciudades y pueblos principales de indios proveyeron los estancos que en ellos hubo algunos de los criados de dicho marqués, como fue en la provincia de Tlaxcala, Alonso Jiménez de Portillo, su contador, en la ciudad de Cholula y Gualjocingo; Juan de Zúñiga, su mayordomo, en la ciudad de Tepeaca y su provincia, Agustín Francisco Alemán, que vino de España en su servicio, en la provincia de Chalco; Tomás Muñoz en la villa de Cuyoacan; Gerónimo de Alcaraz en la ciudad de Xochimilco; Diego de Molina Padilla, sus criados y otros que tuvieron grandes ganancias y aprovechamientos de ello.

49. Se le hace cargo a dicho marqués que habiendo ocurrido por parte de algunos mercaderes ante la real persona agraviándose de los estancos de vinos y que con ellos se les impidiese el poder vender los que traían por su cuenta de España, habiéndose despachado cédulas reales sobre ello. Y aunque se obedecieron y mandaron cumplir por la real audiencia, constándole de ello a dicho marqués, sin embargo prosiguió en dichos estancos dándolos con color que los proveía en mercaderes de Castilla, prohibiendo que otro ninguno lo pudiese vender. Que esto fue en substancia conservar dichos estancos como de antes estaban y si algunos eran mercaderes de Castilla y habían vendido los vinos que habían traido y no bastaban los que tenían, compraban para abastecerlos. Esto fue ocasión para defraudar la real alcabala y a estos no se daban tampoco dichas licencias libremente, sino con interés.

50. Se le hace cargo, a dicho marqués que por haber sido tanto el vino que sus criados sacaron de esta ciudad para proveer sus estancos, además del daño que a los indios se hizo con la abundancia que tuvieron tan en su casa que les causó cometer delitos y excesos con las borracheras, fue ocasión que a esta ciudad le faltase el vino necesario. De manera que obligó a los regidores de ella encargarse de distribuir por menudo a los vecinos el vino que habían menester con mucha limitación, tomando por orden de dicho marqués muchos vinos a los mercaderes de Castilla a precios moderados en que fueron agraviados por no dejarlos libremente vender y sacar sus vinos de México conforme a la licencia que de S. M. tienen los que traen por su cuenta. Y lo que peor fue, que de los vinos que así se recogieron, algunos de los criados del marqués hubieron parte de ellos para provisión de sus estancos con fieros y amenazas que hicieron a los regidores que el marqués dispuso para esto donde los vendían a excesivos precios.

51. Se le hace cargo que teniendo los mercadores que tratan en Castilla cédula de S. M. y ejecutoria de la Real Audiencia de México para libremente poder sacar de ella sus vinos por haberlos traido por su cuenta de España; el marqués, con graves penas, prohibió que sin su licencia no se pudiesen sacar y que estas licencias las despachase Antonio de Castro, su secretario. El cual y otros criados y allegados de dicho marqués vendían las licencias juntamente con las pipas a excesivos precios, y otras veces sólo las licencias como fue: Don Fernando de Aldana, 200 pesos; Luis Ortiz de Vargas, 300 pesos; Gerónimo Osorio, 500 pesos; Luis de Vargas, 100 pesos; y otras. De manera que quien mejor las pagaba, negociaba mejor que así de esto como de excesivos derechos que por el despacho de ellas llevaban, aunque en ellas se ponían gratis recogieron muchos pesos de oro, porque de ordinario en cada año se suelen sacar de esta ciudad para la provisión de todo este reino y el de Galicia y Nueva Vizcaya, más cantidad de 4.000 pipas de vino por lo menos.

52. Se le hace cargo a dicho marqués que firmaba en blanco las licencias para sacar vinos de México sin estar puesto en ellas el nombre de las personas a quienes las daban, ni la cantidad de pipas que habían de sacar, ni el día, mes y año, ni la parte donde se llevaban en que excedió. Además de que fue dar ocasión a que las personas que las despachan con más libertad y rotura pudiesen llevar lo que quisiesen por ellas como lo hicieron conforme a la cantidad de pipas que permitían sacar.

53. Se le hace cargo al marqués de haber agraviado a Andrés Vázquez de Aldana, regidor de México, proveyendo auto en que le privó del voto de regidor. Y no habiendo querido el fiscal de S. M. pedirlo por no tenerlo por justificado, aunque hizo instancia con él sobre ello dicho marqués, moviéndole a ello haber hecho Andrés Vázquez de Aldana firmado cierta carta que algunos regidores de México escribieron a S. M., dándole cuenta del modo que en gobernar tenía. Y al cabo de un año, porque dicho Andrés Vázquez fue parte para que dos primos de su mujer ricos casasen con dos criadas de la marquesa, le restituyó en su oficio sin haber otra razón más de la dicha.

54. Se le hace cargo que habiendo Don Pedro de Moya de Contreras, arzobispo de México, gobernando esta Nueva España, comenzado a edificar unas escuelas y universidad donde se leyesen todas facultades con orden de S. M.; llegado que fue dicho marqués mandó cerrar el edificio sólo por haberlo comenzado el arzobispo, procurando deshacer el buen nombre que con tan provechosa obra había de ganar; además del daño que vino a la universidad pagando casas de alquiler. Asimismo por defender y amparar los solares en que se edificaba por habérselo encargado en España el Marqués del Valle, pretendiendo ser suyos.

55. Se le hace cargo que por ser Juan Rodríguez de Villegas, mercader, su allegado, y por otros fines el marqués le mandó entregar de la real caja 8.000 marcos de plata para que en reales los volviese a ella los 6.000 marcos luego de cuando, y los 2.000 dentro de cierto tiempo. Habiendo persona que teniendo noticia de esta amistad ofreció volver 500 pesos más de la cantidad a dicha caja y diera 1.000; con que S. M. fue aprovechado. Sin embargo el marqués mandó entregarlo a dicho Juan Rodriguez de Villegas, como se entregaron. El cual no cumplió con puntualidad lo que se obligó y se disimuló con él.

56. Se le hace cargo al marqués que estando la guerra de los Chichimecas alzados en su fuerza hizo despoblar la mayor parte de los presidios donde asistían capitanes y soldados, como fue en el de Jalapa y el de Guapan y otros que estaban para asegurar los caminos y castigar los indios salteadores y hacer escolta a los pasajeros. De que resultaron daños e inconvenientes, robando los pueblos de paz como fueron el pueblo de Taequillo, pueblo de San Antonio, pueblo de Tarcalilla y el de San Marcos, pueblo de Xilitla y el de Cicicatla, y pueblo de Santa María, y otros. Y robado y quemado las iglesias y monasterios con muchas muertes de españoles, indios, y otras personas; destruido estancias de ganados mayores, impidiendo que no se herrasen ni sacasen los ganados. Y siendo advertido el marqués de estos excesos, muertes y salteamientos, no lo quiso remediar ni estorbar, y si Dios no lo remediara con su misericordia, moviendo los corazones de los indios a paz, hubieran pasado los años más adelante. Y antes de estos hubo otros muchos daños por haber proveido en el tiempo que duró la guerra hombres no experimentados en ella y que asistiesen personalmente, así en el oficio de teniente de general como en otros.

57. Se le hace cargo que habiendo la real audiencia con mucha consideración preveido que en las partes y lugares de indios donde conviniese que hubiese carnicerías éstas se rematasen en quien más carne diese por postura, y no se diesen por vías de mercedes a personas particulares. El marqués las daba a sus criados y allegados a otras personas en cuyas cabezas se ponían para que las vendiesen y se aprovechasen del dinero que por ellas se daba. Sabiéndolo y consintiéndolo dicho marqués y participando de ello como fueron:

Pedro Martínez, 525 pesos por la carnicería de Toluca, por un año.

Gerónimo Osorio, 200 pesos por la carnicería de Toluca, otro año.

Tomás Muñoz, 350 pesos de la carnicería de Tultepec.

Alonso Jiménez 525 pesos, de la carnicería de Yzniquilpa.

Cristóbal de Miranda, 600 pesos por la carnicería de Guatitlan.

Gerónimo Osorio, 1.300 pesos, carnicería de Juichimilco.

Cristóbal de Miranda, 3.000 pesos de la carnicería de Tlaxcala.

Tomás de Arbizu, 300 pesos de la carnicería del pueblo de Tula.

Y a Don Antonio de Ledesma, 100 pesos de la misma carnicería.

Y a Juan de Zúñiga, 400 pesos de la carnicería de Tula, otro año.

Alonso Jiménez, 400 pesos de la propia carnicería otro año.

Antonio de Castro, 600 pesos de la carnicería de Texcuco.

Alonso Jiménez, 500 pesos de la carnicería de Xochimilco.

Alonso Jiménez, 1.500 pesos de la carnicería de Guljocingo.

Alonso Jiménez, 750 pesos en 1.000 fanegas de maíz por la carnicería de Teplaca.

Don Fernando de Aldana, 600 pesos de la carnicería de Tenango.

Antonio de Castro, 650 pesos de la carnicería de Tlaxcala.

Antonio de Castro, 1.200 pesos de la carnicería de Gulgocingo y Tacuna.

Juan Lucas de Luque, 500 pesos de la carnicería de Tezcuco.

Juan de Zúñiga, 1.100 pesos de la carnicería de Lalmanulco.

A Pedro Martínez, 1.600 pesos de las carnicerías de Tetongo y Metepeque.

Gerónimo Osorio, 400 pesos de la carnicería de Tlamenalco.

Alonso Jiménez, 400 pesos de la carnicería de Guatitlan.

Pedro Martínez, 2.000 pesos de la carnicería de Tepeaca.

Juan de Zúñiga, 500 pesos de la carnicería de Uruapa.

Juan de Zúñiga, 450 pesos de la carnicería de Cinacantepeque.

Cristóbal de Miranda de la carnicería de Tlaxcala, 2.546 pesos.

Pedro Martínez, 1.400 pesos de la carnicería de Cholula.

Cristóbal de Miranda y Tomás Muñoz, 1.000 pesos de la carnicería de Guljocingo.

Cristóbal de Miranda, 300 pesos de la carnicería de Topoyango.

Antonio de Castro, 1.000 pesos de la carnicería de Xochimilco.

Pedro Martínez, 300 pesos de la carnicería de carnero de Tlaxcala.

Tomás Muñoz, 250 pesos de la carnicería de Tenango.

Antonio de Castro, 2.000 pesos de la carnicería de Tacuva y otros.

Cristóbal de Miranda, 300 pesos de la carnicería de Yzucar.

Cristóbal de Miranda, 400 pesos de la carnicería de carnero de Tlaxcala.

Antonio de Castro, 300 pesos de la carnicería de Yotlavaca y Cinacantepeque.

Pedro Martínez, 300 pesos de las mismas carnicerías otro año.

Pedro Martínez, 300 pesos de las mismas carnicerías otro año.

Juan de Zúñiga, 400 pesos de las carnicerías de Tlayacapa y Guatepeque.

Alonso Jiménez, 300 pesos de la carnicería de Tulaytepexe.

Cristóbal de Miranda, 300 pesos de la carnicería de carnero de Tlaxcala.

El Dr. Hernando de Robles, 1.800 pesos por la carnicería del Tezcuco dos años.

El Dr. Hernando Robles, 700 pesos por la carnicería de Atucpa.

El Dr. Hernando de Robles, 1.200 pesos por la carnicería de carnero de Tezcuco dos años.

Antonio de Castro, 550 pesos de la carnicería de Cempoala y Tulacingo.

Gerónimo Osorio, 540 pesos de la misma carnicería otro año.

Antonio de Castro, 700 pesos de la carnicería de Atucpa.

Francisco de Covarrubias, 210 pesos de la carnicería de Cuernavaca.

Pedro Martínez, 550 pesos por la carnicería de Toluca.

Pedro Martínez, 550 pesos de la carnicería de Cempoala y Tulacingo.

Alonso de Castro, 1.000 pesos por la carnicería de Tacuva otro año.

Pedro Martínez, 400 pesos de la carnicería de Cuernavaca.

Pedro Ortiz de Zúñiga, 400 pesos de la carnicería de Yzmiquilpa.

Luis Francisco de Ojeda, 300 pesos de la carnicería de Metepeque y Tenango.

Don Diego Fernández de Velasco, 2.400 pesos de la carnicería de Pátzcuaro y Uruapa.

Don Diego Fernández de Velasco, 2.400 pesos de la carnicería de Pátzcuaro y Uruapa.

Don Diego Fernández de Velasco, 800 pesos de la carnicería de Pátzcuaro otro año.

El Dr. Pedro Farfán, 2.000 pesos de la carnicería de Pátzcuaro.

Doña María de la Cueva, 400 pesos de la carnicería de Yzucar.

58. Se le hace cargo al marqués que teniendo los demás virreyes y la audiencia gobernando, prohibido que no se matasen vacas en las carnicerías ni fuera de ellas porque los ganados se multiplicasen. Y si alguna vez convenía por ser viejas y por otra justa causa, dará algunas licencias. Estas eran pocas y en poca cantidad. El marqués, respecto de hacer merced a sus criados y allegados o que pudiesen en breve ser ricos, dio mano abierta todas las que se le pedían, sabiendo que las personas que las procurarían las pagaban muy bien y lo menos hizo dándolas para matar cabras, estando también prohibido lo contrario como fueron:

Gerónimo Osorio, que llevó 1.000 pesos por una licencia de 2.000 vacas.

Gaspar Antúnez, 300 pesos por una licencia de 600 vacas.

Sancho de Pantigosa, 350 pesos por una licencia de 1.000 vacas.

El Capitán Pedro Martínez de Loaisa, 625 pesos por una licencia de 1.000 vacas.

Juan de Zúñiga, 1.000 pesos por licencia de 2.000 vacas.

El Dr. Robles, 300 pesos por una licencia de vacas.

Cristóbal Gudiel, 1.000 pesos por una licencia de 2.000 vacas.

El Lic. Luis de Porras, su médico, 500 pesos por licencia de 1.000 vacas.

Gerónimo Osorio, 500 pesos por licencia de 1.000 vacas.

Diego de la Vega, 150 pesos por licencia de 200 vacas.

Gerónimo de Alcaraz, 350 pesos por licencia de 2.000 cabras.

Y otras muchas licencias en mucho perjuicio de la multiplicacion de los ganados y daño universal de este reino.

59. Se le hace cargo que sabiendo que el Dr. Hernando Alvarez Aguirre había sido abogado de los oficiales de S. M. de la real caja de Zacatecas, le nombró por juez visitador contra ellos, y para que les tomase cuenta habiendo otras muchas personas que sin estar impedidos lo pudieran hacer. Y le habilitó y dispersó con él en la comisión que le dio para que a pesar de dicho impedimento y prohibición que tenía en derecho, lo hiciese como lo hizo.

60. Se le hace cargo al marqués que porque Don Diego de Velasco, alguacil mayor de México, favorecía a Fray Alonso Ponce, comisario de los franciscanos, sobre las diferencias que tenía con el provincial y esta provincia, sin haber otra causa alguna le mandó prender y tuvo en la cárcel pública de corte algunos días y otros en su casa, de que se siguió escándalo en la república viendo un hombre tan principal preso sin culpa. Y se atemorizaron los que querían bien a dicho Fray Alonso Ponce.

61. Se le hace cargo a dicho marqués haber causado escándalo y murmuración porque mandó al deán y cabildo de México que cuando él viniese a oir misa a la iglesia mayor le saliesen a recibir aunque dejasen el coro hasta fuera de la puerta de la iglesia. Y desde allí se llevasen hasta dejarle en su asiento y acabado el oficio volvieran con él hasta el puesto donde le recibieron. Y porque se detuvieron algunos días en no hacerlo les envió a decir que mientras no lo hiciesen no entrarían en la iglesia de que se recreció mayor nota. Y así les obligó a que hiciesen su voluntad, y lo que no se había hecho con otro ningún virrey hasta entonces. Y lo mismo hizo con ocasión que prohibió dicha iglesia a un religioso no predicase cierto sermón por temor había de escandalizar el pueblo. Y por esta causa estuvo muchos días sin querer ir a la iglesia hasta que dio orden de parte del cabildo se le rogase.

62. Se le hace cargo al marqués que proveyó por gobernador de la Nueva Vizcaya a Don Antonio de Monroy, su criado, siendo hombre mozo sin ninguna experiencia y el oficio calificado y de importancia. Y que con el favor que siempre tuvo de él dicho marqués hizo muchos excesos e insolencias en dicha gobernación.

63. Se le hace cargo a dicho marqués de que ocupaba en su casa y servicio hombres casados, así en esta tierra como en los reinos de Castilla, permitiéndoles estar mucho tiempo ausentes de sus mujeres, sin hacer vida maridable con ellas y detenido muchos a quienes por la sala del crimen estaba mandado se fuesen a hacer vida con ellas, y otros amparaba sin haber sido presos, con su calor y licencias que les daba a ello como fue:

A Francisco de Mena, Bartolomé Garcia, Juan Lucas, Gaspar Atunde, Antonio de Molina, Agustín Francisco y otros algunos hizo llevar a pie con los galeotes, con prisiones y esposas, a pesar que ofrecieron fianzas para irse.

64. Se le hace cargo al marqués que habiendo Diego de Molina Padilla, su criado, tomado en el puerto de Acapulco un pliego de cartas que venía de las Filipinas dirigido al santo oficio de la Inquisición, y por esto procedióse contra él por los inquisidores hasta declararle por público excomulgado. Fue tanta la cólera y enojo que recibió con los inquisidores, que estaba determinado de embarcarlos para España, hasta que habiéndolo comunicado con la audiencia dieron traza como aplacarle y que se compusiese el negocio con buenos medios, cosa que escandalizó sobre manera todo este reino.

65. Se le hace cargo que habiendo Fray Alonso Ponce, comisario general de la orden de San Francisco, dado licencia a Fray Miguel de Talavera, comisario que había sido de los descalzos de dicha orden, para ir a los reinos de Castilla, el marqués, temiendo que por haber tenido recluso a dicho religioso y que puesto allá daría noticia de ésto y del modo de su gobierno y favor que hacía a los frailes franciscanos contra su comisario, le detuvo y no consintió hiciese el viaje, negándole la licencia que le pedía y no queriendo dar lugar a que sobre ello le viese ni hablase.

66. Se le hace cargo al marqués que con el deseo que siempre tuvo de tomar las cartas para saber lo que cada uno escribía, teniendo noticia que un Juan González Navarro era por cuya mano escribía el maestre escuela Dr. Don Sancho Sánchez de Muñón, comisario general, su delegado de la santa cruzada, gobernador y provisor de México, dio orden como dicho Juan González le trajese las cartas o los borradores que escribía a España. El cual movido de ofrecimientos y promesas le llevó el tanto de una carta, y porque esto le hizo merced, proveyéndole por corregidor de Cinagua, no teniendo méritos para ello. Y le hizo otras mercedes de tierras y estancias.

67. Se le hace cargo a dicho marqués que fue tanta la estimación que de si tenía y presunción que, en muchas ocasiones casi de ordinario representaba mucha antigüedad y firmeza de su linaje, y los muchos grandes de España que le tocaban en deudo, queriendo con esto atemorizar los que sabía que se quejaban de él y menospreciando los que antes habían gobernado este reino, hasta decir que habían sido escuderos en su comparación.

68. Se le hace cargo que sabiendo que en el pueblo de Guayacocotla y su provincia había cierto género de maderas olorosas y que se estimaba en mucho, encargó a Felipe Osorio beneficiado de dicho pueblo, le enviase cantidad de ella. El cual se la envió, y el marqués la recibió sin pagarla ni a los indios que la cortaron y trajeron, que fue mucha la vejación que recibieron.

69. Se le hace cargo que entre los estancos de vino que proveyeron sus criados fue uno el de las ciudades de Choluca y Guajoango, que abasteció Juan de Zúñiga, su mayordomo, tiempo de dos años, en que además de gastarse malos vinos y medirse con medidas sisadas, se hicieron otros agravios a los españoles e indios por pertenecerles a dicho marqués las dos partes de las ganancias y a dicho Juan de Zúñiga sólo una. Por lo cual no se atrevía el corregidor a poner remedio en ello, antes hacía las posturas a más subido precio del que se vendía en la comarca, favoreciendo dicho estanco, tomando cuenta a los que vendían el vino y encargándose de las llaves de las bodegas donde estaban.

70. Se le hace cargo al marqués que él y la marquesa hicieron que en el pueblo de Meztitlan se les bordase cantidad de colchas para camas y bazquinas, y un dosel rico con su cielo todo de seda de matices en que los indios se ocuparon mucho de ello, no se les pagó. Y las cosas que se les pagaron fueron menos de lo que merecían, y para que esto mejor se hiciese los marquéses pidieron al definitorio de los religiosos de San Agustín que continuaron allí por prior al que lo era que acababa ya el trieno de su oficio porque les tenían encargadas estas obras y otras que había de hacer si no dejara el gobierno y la orden no osando hacer otra cosa, fueron contra su constitución que prohibe que no esté un prior en una cosa más que tres años sino concurriendo causa justa.

71. Se le hace cargo que siendo Luis Suárez de Peralta alcalde mayor de la provincia de Challo, encomendero y hombre principal, y que tenía negocios, el marqués recibió de él un caballo rosillo que valía más de 300 pesos. Y no le dió su valor por él, antes le hizo muchos favores y lo proveyó por alcalde mayor de Oaxaca.

72. Se le hace cargo a dicho marqués que debiendo proveer y dar los cargos de justicia a las personas beneméritas y a quien S. M. lo mandó dar por sus reales cédulas, dejó de cumplirlas y de proveer muchos de ellos dando dichos cargos a sus criados y allegados, y a otras personas que no lo merecían por negociación que hacían con los dichos sus criados, y allegados dando y prometiendo cantidades de pesos de oro, caballos, joyas preseas de precio y otras cosas. Y lo mismo hacían los que tenían méritos y otros que pretendían otros oficios y gracias viendo que por otra vía no podían conseguir sus pretensiones redimiendo con esto su vejación y en alcanzar las prorrogaciones se tenía el mismo orden.

73. Se le hace cargo al marqués que perteneciendo a la ciudad de México el nombramiento de veedor de los tintoreros y otros oficios de los paños, se entrometió en nombrar a un Melchor de los Reyes. Y porque el Lic. Pablo de Torres, corregidor, y Andrés Vázquez de Aldana, regidor, nombraron otro que en su compañía hiciese dicho oficio por no ser oficial el nombrado por dicho marqués, se indignó contra ellos y los mandó prender y poner presos con cuatro hombres de guarda a su costa en las casas de cabildo. Y a Martín Alonso de Flandes, escribano de él en la cárcel pública con prisiones donde los tuvo cinco días, al cabo de los cuales los mandó soltar sin tomarles confesión, ni hacerles cargo. Y además de esto el marqués le reeligió y sustentó tres años en dicho oficio a dicho Melchor de los Reyes, siendo costumbre nombrarse por sólo un año y al cabo hacer nueva elección en diferente persona.

74. Se le hace cargo que teniendo noticias dicho marqués que Don Carlos de Terrozas, indio rico y principal cacique del pueblo de Igualtepeque en la Misteca baja, tenía muchas y ricas piedras de las que en aquella tierra se hallaban, así de sangre como de ixada, cornerina y otras virtudes, le mandó llamar. Y porque por estar distante más de cuarenta leguas dicho pueblo y no haber sido tan puntual en parecer ante él, le maltrató y amenazó pidiéndole le declarase la mina de donde sacaba dichas piedras y le diese las que tenía. A que el indio respondió no haber mina sino hallarse por los cerros y quebradas, y que le daría las que tenía. El marqués le tornó a apretar de manera que el indio ofreció pagar salario de diez pesos cada día al juez que fuese a averiguar si había mina hallándola. Y el marqués le dio carga para que el alcalde mayor de Chiautla hiciese informaciones sobre ello, como lo hizo. Con lo cual volvió dicho cacique y con algunas piedras de que no se contentó y le mandó que no saliese de México sin su licencia. Y despachó comisión a Juan Romero con salario de juez escribano y nahuatatos para que averiguasen excesos de dicho cacique a su costa de su oficio, sin que hubiese parte que lo pidiese. Y después dio otra comisión a Don Antonio de Ledesma, su criado, para que tomase residencia del tiempo que había sido gobernador y averiguase como poseía el cacicazgo,

Y habiéndosele detenido muchos días en México, deseando volverse a su casa porque se fue sin licencia, envió alguacil que lo volviese preso, como lo hizo, poniéndole en una cárcel desde donde el marqués le mandó llevar ciertos obrajes. Y porque supo que allí era bien tratado, le mudó a otro donde fue muy mal tratado y azotado, además de que viniendo a noticia de los alcaldes del crimen le hicieron traer a la cárcel de corte, verificaron dicho castigo mandándole quitar las prisiones con que le trajeron, aunque no le soltaron por no encontrarse con dicho marqués. El cual lo mandó sacar de dicha cárcel y poner en la de los indios de Santiago; y porque alegó el tiempo de visita general de Pascua de Navidad y entendió que si los oidores le visitaban por no haber causa contra él, le mandarían soltar libremente, dio orden como antes que amaneciese la misma víspera de pascua le sacasen de dicha cárcel y le llevasen al obraje de Apizaco en términos de Tlaxcala, veinte leguas de México. Donde habiendo estado algunos días y no pudiendo sufrir la vida que en los obrajes se padece por ser indio regalado, acostumbrado a tratarse bien, así en el vestido como en la cama, mesa y servicios como español, y sabiendo que un alcalde del crimen estaba dos leguas de dicho obraje, en cierta comisión se le envió a quejar.

Traido ante él e informado de su agravío y que le había azotado un mayordomo de dicho obraje procedió contra él hasta que el marqués le escribió que por su orden estaba detenido dicho indio y que si la prisión del mayordomo no era más de por esta causa, le soltase, como lo hizo, mandando volver el obraje al indio por no atreverse con el marqués. Y visto por el indio que no tenía remedio, desesperado, se dejó morir sin confesión; de todo lo cual fue causa el rigor y aspereza del marqués.

75. Se le hace cargo que habiendo cobrado odio y enemistad a Don Carlos de Terrazas y sabiendo que vivía Don Juan de Aguilar, su padre, para quitarle el cacicazgo procuró pareciese ante él y pidiese ser restituido en él. Y sobre esto despachó a dicho Don Antonio de Ledesma con oficio de escribano alguacil de Aguatato. Y últimamente le cometió metiese en posesión de dicho cacicazgo y de lo a él anexo a dicho Juan de Aguilar, que habiendo ido a tomar posesión murió en dicho pueblo de Yguestepeque al cabo de pocos días. Y dejando por heredero a Don Felipe de Terrazas, su hijo. Siendo ya muerto dicho Don Carlos, el marqués de nuevo dio otra comisión a Don Antonio de Ledesma para que le diese la posesión todo con grandes costas y salarios y pérdidas de la hacienda de dicho Don Carlos, no siendo necesario semejantes diligencias judiciales entre los indios, que sin dificultad obedecen y reconocen al que tienen por señor y cabeza. Y entre otras cosas que se trajeron a México fue una escribanía llena de piedras ricas y algunas guarnecidas de oro que el marqués mandó se le trajesen. Y habiéndolas visto escogió las mejores hasta en cantidad de cuarenta o cincuenta, e hicieron a Don Felipe carta de pago de cómo recibía todo lo que vino en dicha escribanía; pagando por dichas piedras a dos reales y a cuatro, habiendo entre ellas piedras de mucho valor, y en particular una que dicen había costado cien pesos a dicho Don Carlos.

76. Se le hace cargo que en prosecución de descubrir las minas y canteras de piedras que dicho marqués entendía había, encargó así a los alcaldes mayores beneficiados y otras personas de aquella tierra, donde se hallaban, hiciesen muchas diligencias hasta descubrirlas y le enviasen las piedras que pudiese recoger. Y en particular despachó desde México a Don Antonio de Ledesma con su comisión y oficiales a dicho descubrimiento, mandando a las justicias y naturales le acudiesen a ello. Y habiendo tenido razón dicho Don Antonio y algunas piedras, volvió a enviar un Francisco de Leiva con vara de justicia a que sacase de ciertas partes como fue y sacó gran cantidad de cornerinas toscas, de que trajo cuarenta caballos cargados. Todo en notable vejación de los indios a quienes no se pagó el trabajo ni heramientas que en ello gastaron, y se hicieron otros muchos agravios.

77. Se le hace cargo a dicho marqués que en algunos de los oficios que proveía, así en criados como a otras personas les echaba pensión, mandando que acudiesen con parte de los salarios y aprovechamientos unos a otros. Como fue el repartimiento de Tepocotlan, en el oficio de diputación de la ciudad de México, en el uso de los oficios de secretarios de la gobernación, jueces de caminos y salinas, repartimiento de Tacubaya, y otros con que daba ocasión a que los proveidos no pudiendo sustentarse con lo que les quedaba llevasen excesivos derechos y procurasen otros aprovechaminetos con perjuicio conocido de los que negociaban con ellos.

78. Se le hace cargo a dicho marqués que por estar mal con Juan Luis de Ribera, tesorero de la casa de la moneda y para que fuese molestado, nombró por su visitador en dicha casa a Francisco de Quintana Dueñas, su antecesor enemigo declarado suyo. Y aunque alegó dicho Juan Luis de Ribera haber orden para que estas visitas se hagan por mano de un oidor, recusando a dicho Quintana Dueñas, no le aprovechó. Antes fue preso con guardas a su costa y agraviado en el discurso de su causa, y finalmente suspendido de su oficio, de que le causó grandes pérdidas y menoscabo de su hacienda, y le obligó a tratar con cierta persona, privado de dicho marqués que se volviese el oficio con ofrecimiento de 500 pesos, en cuenta de los cuales le dio 300 y se quedó con ellos.

79. Se le hace cargo a dicho marqués que en el tiempo de su gobierno acudió mal a honrar y autorizar las cosas del santo oficio, no hallándose presente a la publicación de sus edictos ni asistiendo en la iglesia mayor a las misas mayores, sino muy raras veces, ni a las fiestas propias que celebraban las demás iglesias y monasterios. Y las veces que acudía era causando con su ida ruido y murmuración porque hacía sacar de las capillas mayores todos los escaños y asientos que en ellas había para la gente principal, con que huían de acompañarle. Y asimismo no se hallaba en la festividad que se hace el día de San Hipólito en memoria de haberse ganado aquel día esta ciudad de México, sacando a las vísperas y misa uno de los regidores el pendón real con que se ganó.

80. Se le hace cargo a dicho marqués que habiendo traído Esteban Rodríguez de las Filipinas una esclava morisca grande lavandera que solamente escapó de la hacienda que traía en la nao Santa Ana, que robó y tomó el inglés. Habiendo tenido noticia de ella la marquesa aficionada a sus manos, envió un alguacil que se la trajese, como lo hizo, contra voluntad de su dueño, al cual se la quitaron ofreciéndole 300 pesos por ella, valiendo la esclava 800 pesos, que otros tantos le había llegado a dar en el puerto de Acapulco para llevarla al Perú. Y aunque representó su necesidad y que la morisca le ayudaba al sustento, no bastó para que se le volviese. Antes, le hicieron hacer escritura de venta, prometiéndole que además de los 300 pesos se le daría una Chichimeca, que nunca se le dio.

81. Se le hace cargo al marqués que teniendo por muy allegado de su casa y compadre a Francisco Bazo de Andrada, proveido por alcalde mayor del pueblo de Teposcolula y su partido, le mandó que rescatase y recogiese mucha cantidad de seda en su jurisdicción y en la de Anguitlan, que es donde se cría e hila, so color que quería hacer ciertos doseles de ella. Y con esta orden se recogió mucha cantidad, con agravio notable de los indios en los precios, porque se les tomaba, y perjuicio de los españoles que tenían aquel trato, no consintiéndoles la comprasen. La cual, traida a esta ciudad, se dio a devanar señalando personas que se encargasen de hacerlo hacer a los indios con vejación y por fuerza, y no pagándoles enteramente lo que merecían. Y así devanada, se vendió por vía granjería en que interesó, conforme a la cantidad, muchos pesos de oro.

82. Se le hace cargo al marqués que teniendo noticia que Francisco de Olavide, vecino de la villa de Cuyocan, tenía en su casa una hija de su mujer con más de 25.000 pesos de dote, dio orden y traza como casarla con alguno de sus criados. Y para esto, y que no se entendiese su intención, dio comisión al corregidor de dicha villa, allegado de su casa para que averiguase como el padrasto la trataba mal y no la quería casar. Y hecha y traida esta información, el marqués mandó por escrito al corregidor que porque la moza estaba con su madre en aquella sazón en esta ciudad, la sacase de su poder y la llevase a dicha villa, y la depositase en su misma casa a su mujer, como lo hizo. De donde resultó entrar Gerónimo de Alcaraz, criado del marqués, y aprovecharse de ella, siendo doncella. De manera que aunque la madre y el padrastro reclamaron y contradijeron lo hecho ante el provisor de este arzobispado, no fueron parte para estorbarlo por el calor que dio dicho marqués. Y así tuvo efecto dicho casamiento de que resultó mucho escándalo en esta república por el mal modo con que se rodeó agravios que se hicieron a Francisco de Olavide por la contradicción que hizo que fue causa de ausentarse de su casa, mujer e hijos, teniendo el rigor de dicho marqués. Porque estando preso en la cárcel pública y mandado soltar en vista de los oidores, ordenó al alcaide que sin embargo no le soltase hasta que otra cosa mandase.

83. Se le hace cargo que teniendo los indios de las estancias de San Juan Tilhuacan sujeto del pueblo de Ascapuzalco una iglesia y capilla, casa y morada de religiosos con su claustro y escuelas de muy bien edificio, ornamentada con todo lo necesario para el culto divino, de más de cincuenta años a esta parte vendida por Don Fray Juan de Zumárraga, primer azobispo de México, usado de ella con licencia de todos los demás, el marqués le impidió continuar los divinos oficios en ella. Mandando a los indios de dicha estancia acudiesen a la doctrina a dicho pueblo de Ascapuzalco, donde mandó llevar los ornamentos y demás ornato que tenían comprado a su costa. Y porque algunos lo contradijeron, los mandó azotar y traer a la cárcel de corte, de donde dos de ellos salieron enfermos, de manera que luego murieron. Y a dos que los sacaron en hombros les dejaron libremente, enviando los otros cuatro a obrajes a pesar que los habían mandado soltar en visita los oidores, donde estuvieron mucho tiempo. Y dos de sus mujeres, yéndoles a servir y regalar murieron; y no contento con este castigo el marqués además de haberles quitado todo lo que en dicha iglesia para el servicio de ella tenían, con mucha cólera y enojo que había concebido contra dichos indios, dió mandamiento para que se derribase dicha iglesia y todo el demás edificio que allí había hasta las cercas del cementerio que se ejecutó por la persona que señaló para ello con mucho concurso de gente, así de españoles como de indios y soldados de la guarda; que fue ocasión de cuatro indios se despeñasen de lo alto del edificio y muriesen sin confesión. Que este rigor espantó todo el reino y escandalizó los naturales que vieron tratar con tanto desacato las cosas de la iglesia, diciendo y publicando que en el tiempo de su gentilidad, cuando entraron los cristianos en esta tierra, no les derribaron con tanta crueldad las partes donde idolatraban. Y porque no quedase memoria de haber habido iglesia, hizo arar el cementerio donde estaban las sepulturas de los indios y sacar sus huesos y llevarlos a Escapuzalco, talando los árboles que estaban plantados en el patio que hacían sombra a los que oían misa y sermón cuando se decía en la capilla de afuera.

Y en el sitio se puso una horca para que temiendo los indios no volviesen a reedificar su iglesia. Y porque el Lic. Castafieda Rebollar, abogado, ordenó una petición para la real audiencia, apelando de los agravios que se hacían a dichos indios, y Agustín Pinto, su procurador, la presentó, el marqués lo mandó prender en la cárcel real de corte donde los tuvieron y a dicho Agustín Pinto con prisiones.

84. Se le hace cargo a dicho marqués que mandó hacer un brasero de plata muy curioso, que tuvo de peso 414 marcos de hechura extraordinaria. Y debiendo pagarla que por lo menos valía más que el valor de la plata, no pagó a los maestros cosa alguna sino sólo a los obreros. Habiendo puesto los maestros su industria, casa, carbón y otras cosas para labrarlo, haciendo por sus propias manos las obras más curiosas de dicho brasero, en que se ocuparon más de un año, de que merecieron más de 2.000 pesos, además que le labraron otra gran suma de piezas de plata sin pagarles lo que justamente merecían.

85. Se le hace cargo que por gratificar el marqués a los plateros que le habían servido en la obra del brasero y demás plata, hizo que en el monasterio de monjas de Santa Clara, de esta ciudad, se recibiesen dos hijas de uno de ellos por monjas con 1.000 pesos menos de las dotes ordinarias, quitándolas con su autoridad y poder a dicho monasterio, como se hizo. Y asimismo les nombró en los oficios de veedor de los plateros de maconería, con 200 pesos de salario y veedor de oro con otros 200 pesos; y en el oficio de ensayador y marcador de la plata en la sala de fundición con 100 pesos de minas de salario y otros 100 de ayuda de costa.

86. Se le hace cargo al marqués que teniendo Bartolomé Martín Sastre, un indio chichimeco condenado en servicio de quince años de que le restaban por servir los trece, y habiéndose aprobado los títulos por el Dr. Sánchez para ello, oidor de esta real audiencia a quien estaba cometida la visita, y después cuando el marqués mandó se visitasen ante Antonio de Castro, su secretario, vueltos a ver y visitar los títulos entregaron el indio a Bartolomé Martín en depósito. Al cabo de algunos días el marqués envió por él y se lo quitó y entregó a un oidor de la audiencia en depósito para que sirviese de él. Y aunque dicho Bartolomé Martín le presentó su pobreza y que el indio era oficial de sastre que le ayudaba a sustentar su casa, con mucha aspereza le echó. Y porque después dicho indio huyó, fue preso Bartolomé Martín hasta que diese dicho indio sin tenerlo. Y en visita general no consintió el marqués fuese suelto hasta que después en otra visita particular los oidores le soltaron libremente viendo que en detenerle se le hacía agravio.

87. Se le hace cargo al marqués que habiendo venido de los ríos de Guinea Nuño Frances con cantidad de negros que trajo a su cargo y vendió algunos de ellos, sabido por el marqués mandó que entregase lo procedido de dichos negros y por vía de préstamo se enviase a S. M. Lo cual se hizo contra su voluntad y sin osar resistir a la de dicho marqués, metiendo en la caja 6.165 pesos de oro.

88. Se le hace cargo que porque Francisco de Solís. vecino de México, rico y honrado tenía prestados a dicho marqués 20.000 pesos, disimuló con él cuando generalmente pidió a todo este reino préstamo para S. M. Y porque a la segunda vez que lo pidió se los tenía pagado le compelió a que prestase 10.000 pesos. Y aunque dicho Francisco de Solís ofreció prestaría 5.500 pesos, le trató ásperamente y amenazó; de manera que no osó hacer otra cosa, temiendo la condición de dicho marqués, cumpliéndolos a 10.000 tomando a daño el resto.

89. Se le hace cargo al marqués que permitió que en el colegio de los niños de San Juan de Letrán de México, se representasen comedias de ordinario y asistió él y la marquesa alguna vez. Con que además de profanarse la casa y distraerse los niños que se ocupaban en ellas, causó murmuración y daño particular de las limosnas que cada día se hacen en aquella casa por las muchas y grandes gracias y jubileos que tiene, hallando cerrada la iglesia las personas que iban con devoción a ello. Y eso se hacía por ser el mayordomo de dicho colegio muy su allegado y ser el autor de las comedias el maestro que enseñaba a los muchachos, lo cual se debiera excusar por S. M. le tenía encargado por capítulo particular de su instrucción mirase por dichos niños y aumento de la casa, además que dicho mayordomo no le mandó tomar fianzas abonadas por ser su allegado. Y así en las cuentas fue alcanzado en cantidad de pesos de oro de que el día de hoy está por cobrar gran parte de ello, quitando dicha mayordomía a persona que la tenía y acudía como debía y era obligado con bastante seguridad.

90. Se le hace cargo a dicho marqués que sabiendo que Don Juan de Guzmán tenía en su poder 2.000 pesos, poco más o menos, que eran de Diego Caballero Bazán, clérigo, su cuñado, a quien dicho marqués envió a los reinos de Castilla, le mandó que luego los metiese en la caja real Y aunque supo había cédula de S. M. para que todos los bienes y hacienda de dicho Diego Caballero Bazán se entregase al juez eclesiástico, sin embargo los hizo meter en dicha caja a lo que se entendió, porque no fuese socorrido de ellos dicho Diego Caballero. Y después mandó por auto al secretario Martín López de Gaona fuese a casa de dicho Don Juan de Guzmán y le notificase que exhibiese las cédulas y provisiones y demás recaudos que tuviese tocante a dicho Diego Caballero, como lo hizo.

91. Se le hace cargo a dicho marqués que teniendo la ciudad de México en corte de S. M. por su solicitar a Diego de Salas Barbadillo muchos años había por medio de algunos de sus criados, mandó a los regidores se le revocase el poder y se nombrase en su lugar a Mateo de Segura, agente del mismo marqués, con 1.000 ducados de salario. Y porque los regidores, entendiendo que no convenía tener solicitador que lo fuese de dicho marqués, pues con esto se quitaba la libertad de poder tratar negocios que tocasen al marqués, no lo hicieron. De que quedó desabrido y ofendido de muchos de dichos regidores y se le mostró en ocasiones que adelante se ofrecieron.

92. Se le hace cargo que teniendo la ciudad de México cédula de S. M. para poder enviar procurador a su corte cuando le pareciere, dicho marqués no se le consintió diciendo que le comunicasen primero por escrito los negocios que tenían que tratar, de que le dieron memorial. Y porque al fin de él decían y otros que se han de tratar a boca con la persona real, declaró no haber lugar de enviarse el procurador procurando después que se encomendasen tales negocios a dicho Mateo de Segura, su agente, contenido en el cargo antes de éste.

93. Se le hace cargo al marqués que nombró por alguacil de la diputación fiel ejecutoria criados suyos, quitando a Don Diego de Velasco alguacil mayor de México, el nombramiento y aprovechamiento que tenían sus tenientes. Y aunque por escrito se le dio noticia de la voluntad de S. M., suplicándole no hiciese novedad pues a dicho alguacil mayor y sus tenientes pertenecía, no quiso remediar.

94. Se le hace cargo a dicho marqués haber encargado a Agustín Francisco Alemán, su allegado, a quien trajo de España en su compañía y tenía proveido por alcalde mayor de la ciudad y provincia de Tepeaca, y juez repartidor de los indios del valle de San Pablo, el estanco de vino de dicha provincia, poniéndolo en cabeza de un vecino de dicha ciudad, porque no se entendiese que siendo justicia lo administraba. Siendo como los aprovechamientos y ganancias eran para su cámara, de que se siguieron muchos daños e inconvenientes, porque ni los vecinos eran para beber ni las posturas justificadas, ni los que los vendían guardaban ordenanzas porque estaban ciertos no habían de ser penados por ello. Y así se interesaron en dicho estanco muchas cantidades de pesos de oro, pues sólo once meses se ganaron más de 7.000 pesos oro

95. Se le hace cargo a dicho marqués que habiendo condenado los alcaldes del crimen a María Hernández, negra, por excesos y delitos en destierro de México con diez leguas a la redonda y mandando que un alguacil y escribano lo sacasen fuera de las diez leguas siendo a orden del marqués proveer tal persona con vara de justicia, nombró un alguacil allegado de su casa y le señaló cuatro días de salario a cuarenta pesos cada día, a pesar que fue avisado era muy excesivo salario porque no suele dar más de dos pesos o dos y medio. Y cuando mucho dos pesos de minas; y después de haberlo cumplido dicho alguacil, pareciéndole excesivo lo que había hecho en nombrar dicho salario, lo mandó enmendar y que se le diesen diez pesos por cada día, que también fue excesivo, y se le libró en penas de cámara y gastos de justicia.

96. Se le hace cargo a dicho marqués que sabiendo que en el pueblo de Teocan vivía Hernán González Ficallo, hombre de muchas haciendas en el campo, que tenía dos hijos llamados Alvaro Alonso y Alonso Prieto, mancebos, le escribió tuviese por bien como sus dos hijos se casasen con dos criadas de la marquesa también hermanas, ofreciéndole serían muy honrados y favorecidos de él. Y entendiendo dicho Hernán González que no le estaba bien ni a sus hijos dichos casamientos y temiendo a dicho marqués le respondió que sus hijos no estaban al presente en el pueblo que venidos le trataría de ello. Y sabido por dicho marqués que había sido excusa porque estaban en él dio orden como el fiscal de esta real audiencia pidiese contra padre e hijos y otras personas de su casa habían cometido delitos graves contra los indios, que se mandasen averiguar, como se mandó enviado juez y escribano que se ocuparon más de cincuenta días a su costa.

Y entendido por los reos que estaban mandados prender ocurrieron a esta corte. Y para redimir su vejación se tornó a caer de dicho casamiento, y estando presos, el marqués que era la causa principal de que se procediese contra ellos, dio a entender a los oidores de visita de cárcel que en ninguna manera soltasen dichos presos porque los quería casar con dos criadas suyas y tenía el negocio muy a pique para concluirlo. Y dado palabras que lo harían siendo sueltos, los favoreció y se les dio recado para que personalmente fuesen a hacer sus descargos; y aunque los delitos eran graves salieron bien de ellos. Y porque se detenían en venir a efectuar los dichos casamientos, dijo que les dijesen que viniesen luego mirasen lo que hacían, los cuales no osando hacer otra cosa vinieron. Y uno de ellos, estando sano se sangró algunas veces para dilatar su casamiento, y no le aprovechó porque de casa de dicho marqués trajeron un coche en que fuese y así se desposaron contra su voluntad. Y porque Andrés Vázquez de Aldán, regidor de México, que estaba casado con deuda de dichos prietos intercedió en dichos casamientos, le volvió el marqués el oficio de regidor de que le tenía privado sin causa. Y a un Juan Crespo, suegro de dicho Andrés Vázquez, habiéndole despoblado una estancia de ganado mayor por mandado de dicho marqués yendo contra ejecutoria de la real audiencia de que tuvo noticia, dio licencia para que se tornase a poblar, efectuados los casamientos.

97. Se le hace cargo que recibió de Alonso de Villanueva Cervantes, siendo hombre pretendiente de cargos y que tenía pleitos un caballo rubio que valía 300 pesos. Y desde hace año y medio o dos años que esto pasó de parte de dicho marqués, le hicieron recibir 100 pesos habiendo sido su intención de servirlo con él. Y a la partida de dicho marqués, lo hubo en su almoneda dicho Alonso de Villanueva por los mismos 100 pesos, aunque estaba ya manco.

98. Se le hace cargo que recibió de Fray Luis Marín siendo provincial de la orden de San Agustín, un caballo bayo muy bueno de camino que valía 200 pesos, siendo dicho provincial, que así por las cosas que tocaban a su orden como a las pretensiones de sus herederos y deudos, personas de quien no se daba de recibir dádiva ni presente. Y aunque le dio otro por él era de tan poco precio que sólo se vendió en cincuenta pesos.

99. Se le hace cargo a dicho marqués que sirviendo el canónigo Antonio de Salazar de diácono, siendo racionero en la catedral de México, habiendo dicho el evangelio conformándose con la costumbre de dicha iglesia y con los estatutos de la de Sevilla, llegando a dar el evangelio a dicho marqués y habiendo hecho una humillación profunda antes que lo besase y después otra como otras veces lo había hecho, y porque no se hincó de rodillas dicho marqués se demudó y alteró. De manera que a toda la misa estuvo desasosegado y hablando con los oidores de la real audiencia que allí se hallaron, por ser día de la Epifanía, a quienes hizo pronunciar por un auto en que daban por ajeno y extraño de los reinos y señoríos de S. M. a dicho canónigo Salazar, y privado de las temporalidades en que ellos tenía. Y mandó que un alguacil con hombres de guarda lo llevasen al puerto de San Juan de Ulúa y entregase al general de la flota para que fuese llevado a los reinos de Castilla. Cosa que causó notable escándalo en toda la república porque dicho racionero, temiendo la violencia con que había de ser tratado anduvo escondido y retraido más tiempo de tres meses, hasta que con muchos terceros dicho marqués y audiencia remitieron su causa al juez eclesiástico. El cual le dio por libre por no hallar culpa contra él, habiendo dicho racionero padecido muchas incomodidades en su persona y recreciendole más de 2.000 pesos de daños.

100. Se le hace cargo a dicho marqués que en tiempo de su gobiemo proveyó deudos y parientes cercanos de los oidores, alcaldes y fiscal de esta real audiencia, estando prohibido por los inconvenientes que pueden redundar de ello.

101. Se le hace cargo a dicho marqués que proveyó por jueces repartidores de los indios que se dan a las mismas y labradores y obras públicas a sus criados y allegados. Como fue en los repartimientos de México, Santiago y San Juan Tacuvata, Cubaya, Chalco, Tepocotlan, Pachuca, Tepeaca, Tascocimapan. Michoacán y otros. Los cuales hicieron grandes agravios y demasías, así a los indios como españoles, vendiendo los indios, recibiendo grandes cohechos, haciendo baraterías y otros excesos dignos de ser remediados y castigados. Y aunque se le dio noticia de muchos de ellos a dicho marqués por ser tales criados y allegados, no lo remedió ni castigó. Antes porque no se les averiguase, sabiendo que estaba proveido nuevo virrey, hizo que se les tomase residencia con cada diez días de término, habiendo muchos de ellos servido los oficios un año, dos y tres, y más. Y así habiendo ya dejado el gobierno juzgó la audiencia que se debían volver a tomar aquellas residencias como se hizo, averiguaron muchas y graves culpas.

102. Se le hace cargo que siendo Francisco Bazo de Andrada alcalde mayor de Tepozcolula proveido por dicho marqués, recibió de él muchas dádivas y preseas de precio y estima como fue una cama de tela de seda leonada y plata guarnecida con un franjón y alamares de plata y las goteras de tela de seda anaranjada y plata, hecha en dicho partido, que valía 1.400 pesos. Y un cuchillo de monte que el puño era de una piedra de ixada, y el pomo de plata dorada, la cruz brocal y contera de piedras cornerinas engastadas en plata dorada y esmaltadas, con una funda de tela de oro metida en una cajita que valía 200 pesos; doce cajones y un escritorio misteco, los cajones llenos de piedras cornerinas y de sangre, rosarios de cuacuyoles, escofias y pañitos de cabeza de seda y oro con granates y puntas y almohadas y aceritos labrados de seda, oro y plata. Y un bufete curioso de madera preciada, todo taraceado con una sobremesa de seda leonada con las afras de plata y oro y la cenefa de tela de oro. Ocho quesos mistecos que pasaron once arrobas y otras muchas cosas de regalos, el cual viéndose favorecido de dicho marqués excedió en el ejercicio de su oficio haciendo agravios así a españoles como a indios. Y había que algunos se quejaban de esto a dicho marqués no les quería oir con que otros muchos dejaron de hacerlo. Antes le mejoró proveyéndole por alcalde mayor del puerto de Acapulco y veedor de la real hacienda y al tiempo que le mandó tomar residencia encargó por carta del juez a quien la cometió mirase mucho por la persona de dicho Francisco Brazo de Andrada, y despacho mandamiento para que durante el término de ella no desembarazase la casa real. De manera que obligó al juez tomar otra casa donde aposentarse y por las causas dichas y de que trajo vara durante su residencia a título de juez, debiendo de difuntos no se osaron quejar de él muchos agraviados.

103. Se le hace cargo a dicho marqués que la marquesa, así dentro de palacio como fuera de él, en minas y otras partes, hizo que se le rifasen algunas preseas, ropas y vestidos y otras cosas que sabiéndose que eran suyas, gustaban de rifarlas en más precio de lo que valían.

104. Se le hace cargo a dicho marqués que en sabiendo la marquesa que algunas personas tenían joyas, perlas preseas y otras cosas de estima y valor y curiosidad, procuraba que se las trajesen para verlas, y contentándole se quedaba con ella aunque fuese contra la voluntad de sus dueños. Y las que pagaba era mucho menos precio de lo que valían como fue la sarta de perlas de Doña Aldonsa de Villafuerte, una perla rica de Francisco Maraver de Ayala y otra de Doña María de Carvajal, y otra de a manera de cruz de Doña Mariana Velázquez.

105. Se le hace cargo a dicho marqués que juntamente con la marquesa tuvo costumbre de irse a heredades y huertas de algunos españoles, personas principales, a holgarse y a pueblos de indios, a los monasterios de los religiosos donde recibían costosas comidas, meriendas y colocaciones con que quedaban prendados y obligados a acudir a lo que les tocase. Como fue la a la huerta de Sancho López de Agurto, donde estuvieron algunos días, y a los molinos y haciendas del Dr. Vallanueva Zapata, abogado, y a la casa de campo y recreación del Dr. Santiago de Riego y otras.

106. Se le hace cargo a dicho marqués que hizo merced de dos caballerías de tierra que valían más de 2.000 pesos a Antonio de Castro, su secretario, en términos de Coatapeque en perjuicio de los naturales, por ser tierras suyas. Y porque Don Juan Bautista, gobernador de dicho pueblo de Coatepeque hizo contradicción y pretendió defenderlas, le mandó tomar residencia y la comentó a Domingo de Castro, deudo e íntimo amigo de dicho Antonio de Castro, habiendo sido el mismo procurador del susodicho, cuando se hicieron las diligencias, y amenazado a dicho Juan Bautista que él había de tomar la residencia, como en efecto salió verdad.

La cual se cometió sin que nadie la pidiese y de ella fue dado por libre dicho gobernador por la real audiencia, al cual se le causaron además de quitarle las tierras, mucho daño. Y a Juan de Palencia, su procurador, porque le defendía, lo trató mal dicho marqués porque no se defendiese a dicho indio, en que también fue damnificado. Y mandó a dicho Juan de Palencia que mostrase los títulos de ciertas tierras que él poseía con color de una petición que se fraguó haber dado un indio llamado Juan de la Cruz, sin que hubiese tal indio en aquel pueblo, sino que fue trazada y procreado de propósito para amedrentar a dicho Palencia y que con esto los indios no tuviesen quien volviese para ellos.

107. Se le hace cargo que porque Don Juan Puertocarrero había sido testigo en la visita general que tomó el arzobispo de México y por entenderse que escribía a España sobre el gobierno del marqués, le mandó prender y poner en la cárcel pública de corto tratándole mal y con demostración de mucha pasión. Y aunque los alcaldes del crimen tomaron la causa y procediendo a ella hallándole casi con culpa, le mandaron dar en fiado, dicho marqués no lo consintió mandando al alcaide que aunque se le diese mandamiento para soltarle no lo hiciese, porque él le embargaba, como se hizo. Y de la prisión y malos tratamientos se le siguió una enfermedad tan peligrosa, estando en la misma prisión, que estaba a punto de muerte. Y tampoco consintió salirse de la cárcel para curarse, que con lo uno y lo otro le causó muchos daños y menoscabos en sus haciendas.

108. Se le hace cargo a dicho marqués que habiéndosele notificado un decreto suyo al Lic. Pedro Pablo de Torres, corregidor de México, en que mandaba no se hiciese novedad en darle perdón la víspera de San Hipólito, que las casas de cabildo por la persona que lo acostumbraba a dar al que lo había de sacar aquel año, habiendo respondido que se cumpliría y que se diese traslado al procurador de la ciudad para que tratado por ella suplicase a S. E. conforme a lo que se acordase. El marqués, ofendido de sola esta respuesta, aunque se había cumplido lo que había mandado en dar de dicho pendón, yendo con el que lo llevaba a la ciudad en mucha caballería de acompañamiento a palacio a sacar a dicho marqués para ir a vísperas y estando aguardando que saliese, mandó el alguacil mayor de corte prendiese a dicho corregidor y le pusiese en la cárcel de corte con unos grillos, como lo hizo. Y aunque la ciudad le suplicó tuviese por bien que en un día tan solemne como aquel no les hurtase a dicho corregidor, no les quiso oír diciendo que él le enseñaría a tener crianza, y así se quedó preso. Y cuando le soltó, mandó tuviese su casa por cárcel, donde estuvo tres o cuatro días sin que se le hiciese cargo ni tomase confesión, ni hiciese sobre ello autos por escrito.

109. Se le hae cargo a dicho marqués que yendo a misa y otras partes públicas, acompañado de la real audiencia, permitió y consintió que la marquesa fuese en dicho acompañamiento y que uno de los oidores que llevase de brazo cuando iba a pie. De que todo el pueblo y los que lo veían y sabían se escandalizaban pareciéndoles que el tribunal supremo no tenía su autoridad y libertad, pues hacía oficio de escudero.

110. Se le hace cargo a dicho marqués que todas las veces que quería que su voluntad se ejecutase sin réplica, usaba despachar lo que así acordaba su provisión real sellada con el real sello, no pudiéndolo ni debiendo hacer, ni lo hicieron ninguno de sus antecesores, sino sólo en los casos que S. M. lo tiene mandado como son provisiones de corregidores y alcaldes mayores, presentaciones de beneficios y en los demás casos sólo pertenece a la real persona y a sus consejos y reales cancillerías.

111. Se le hace cargo a dicho marqués que por respectos particulares de hecho es negar orden de derecho. Quitó el pueblo y doctrina de Tlaquetenango a la orden de Santo Domingo y lo dio a los padres de San Francisco, con quien tenía particular amistad, enviando juez seglar que usase a los dominicos de su casa y metiese en posesión de los franciscanos, como se hizo. En que fueron agraciados, pues después que dejó el gobierno la orden de Santo Domingo pidió en la real audiencia serles restituido la doctrina y se les adjudicó y está en quieta posesión.

112. Se le hace cargo a dicho marqués que por ser Agustín Francisco Alemán su allegado y haber venido en su compañía de España, le hizo merced de tres caballerías de tierra en términos del pueblo de Acacingo, de la provincia de Teplaca, donde le tenía proveido por alcalde mayor. Y porque no se entendiese ser para él, se sacó el acordado y merced en cabeza de Francisco de las Casas, hijo que decían ser suyo, cometiendo las diligencias al mismo Agustín Franciso que las hizo como su cosa propia. Y aunque eran tierras que actualmente poseía Juan Marqués de Amarillo, vecino de la ciudad de Los Angeles, por compra de ellas había hecho y que hizo contradicción, presentando sus recaudos y títulos, sin embargo dicho marqués hizo la merced con que obligó a dicho Juan Marqués por no quedar sin su hacienda, a que de nuevo por remedir su vejación diese 700 indios a dicho Agustín Francisco, el cual le hizo obligar que en ningún tiempo reclamaría ni usaría del derecho que había pretendido tener en ellas, con otras cláusulas insólitas y extraordinarias.

113. Se le hace cargo a dicho marqués que en algunas mercedes que hacía a sus criados de tierras y estancias y otras cosas, era para pagarles con ellas el servicio que le hacían, y algunas veces les nombraba en comisiones, y del salario que les señalaba se les quitaba parte.

114. Se le hace cargo a dicho marqués de que con su calor y favor se hicieron ciertas informaciones injuriosas contra la persona de Don Pedro Moya de Contreras, arzobispo de México. Y en razón de los cargos que en nombre de S. M. había ejercido en este reino por la enemistad que cobró a dicho arzobispo y favorecía los oidores visitados que dejó suspendidos en tanto grado, que dicho marqués habló y persuadió a algunos para que fuesen testigos diciéndoles las cosas en que habían de declarar, y a otros por terceras personas. Y hechas, prendió a un Cristóbal Martín, delator para que se las entregase, sabiendo que estaban en su poder originales y una protestación que sobre la entrega había hecho dicho Cristóbal Martín. Y asimismo, prendió a Juan de Beteta, escribano real, ante quien había pasado la protestación hasta que todo le fue entregado, habiéndolos tenido en rigurosa prisión. De todo lo cual hubo notable escándalo y murmuración hasta predicarse en los púlpitos.

115. Se le hace cargo a dicho marqués que porque Luis Francisco de Ojeda, escribano real que había quedado suspendido por la visita de dicho arzobispo, escribió las informaciones que contra él se hicieron y solicitó los testigos, persuadiendo a algunos que dijesen en ellas dicho marqués le hizo favor, gracias y mercedes, como fue la carnicería de Metepeque y Tenango, que se le dieron por ella 300 pesos. Y porque iba a España a seguir y contradecir a dicho arzobispo, le hizo pagar ciertas libranzas suyas y de otras personas que le ayudaban con ellas.

116. Se le hace cargo a dicho marqués que favoreció en tanto grado a sus deudos, criados y allegados, que fue ocasión para que sintiéndose tan favorecidos y amparados cometiesen muchos excesos y delitos, viendo que ninguna de las justicias ni sus ministros se atrevían a prenderlos ni castigarlos, porque a los que pretendieron hacerlo fueron maltratados por ello.

117. Se le hace cargo a dicho marqués de que dejó de cumplir muchas cédulas y provisiones reales libradas por el rey nuestro señor y su Real Consejo de las Indias, dirigidas así al marqués como a los demás virreyes y real audiencia, aunque por ella estuviesen mandadas cumplir. Y otras limitó y restringió cumpliéndolas en parte, como fue en las que trajo Rodrigo Jorge a quien S M. envió proveido en el cargo de alcalde mayor de las villas del marquesado del Valle; las cédulas reales de Antonio Gallo sobre ser recibido al uso de oficio de escribano de minas y registros, la de la ciudad de Veracruz sobre la elección de alcaldes, la cédula que trajo Juan de Reina, vecino de Tacamalchaco, de otras muchas. Y lo que peor pareció fue decir que aunque de España proveyesen cosas tocantes al gobierno de este reino, si no le pareciese no los había de cumplir y guardar.

118. Se le hace cargo a dicho marqués que además de las provisiones de cargos y oficios de justicia que proveyó a instancia y negociación de sus criados y allegados, como está declarado en otro cargo, asimismo hizo muchas mercedes de tierras, sitios de estancias, ejidos de molinos y batanes, y otras gracias a personas que ni lo pedían ni trataban de ello. Porque aunque se ponían en sus cabezas eran para criados de dicho marqués que las tenían vendidas a quien las pretendía. Y otras se ponían en cabeza de los mismos que las habían pagado, no siendo beneméritos, lo cual hacía dicho marqués a negociación de sus criados, y porque fuesen aprovechados. A los cuales muchas veces preguntaban por dichas mercedes, y diciéndoselo les decía que pidiesen más interés que más valía, porque los engañaban siendo muchas de ellas hechas en conocido perjuicio de los indios y de otras personas, aunque había contradicciones como fue a Diego Arias, curtidor, veinte caballerías de tierra y sitio de ingenio de azúcar en términos de Urizaba. A Bartolomé Luis un sitio de estancia; a Diego Navarro Maldonado y Diego Ruiz, su suegro, cuatro sitios de estancia. A Gonzalo Gutiérrez dos sitios de estancia; a Luis Pérez del Castillo cuatro caballerías de tierra y un ejido de molino; a Juan Rodríguez Flayn, ocho caballerías de tierra y un sitio de estancia; Marco Aurelio, dos sitios de estancia; a Luis Ortiz de Vargas, cinco caballerías de tierra; a Diego López de Ribera, tres caballerías de tierra; a Andrés de la Rosa, cuatro sitios de estancia; Juan de Villafranca, dos caballerías de tierra; Baltasar de Castañeda, siete caballerías de tierra y cuatro sitios de estancia; Gerónimo de Heredia, siete caballerías y otras muchas.

119. Se le hace cargo a dicho marqués que so color que él y la marquesa se podrían ir a holgar a la villa de Cuernavaca del marquesado del Valle, hizo que se abriese camino por donde pudiesen rodar coches y carrozas. Hallando para ello muchas penas y cerros, y mandó se trajesen gran suma de indios, así de los que están en la comarca puestos en la real coronpa, como de encomenderos, con mucho detrimento de los naturales por ser de diferentes temples. Que esto Y el excesivo trabajo les causó muchas enfermedades y muertes, porque duró la ocupación tiempo de trece meses. Todo lo cual se trazó por hacer deudo y amistad al Marqués del Valle para sus aprovechamientos fuesen mayores, trayendo en carretas sus azúcares, corambre y otras cosas por el camino, habiendo otro por donde se caminaba y camina con recuas. Y nunca dicho marqués ni marquesa fueron a dicha villa de Cuernavaca, donde asimismo hicieron repasar y reedificar las casas principales que allí tiene dicho marqués. Que uno y otro no fuera poder hacerlo sino con la autoridad y mano que como virrey tuvo, además de que a dichos indios no se les pagó su trabajo.

120. Se le hace cargo a dicho marqués que permitió que muchas veces se jugase públicamente en su casa de día y de noche juegos prohibidos. Y para este efecto se llamaban mujeres principales y otras personas donde además de jugarse en muchas cantidades de pesos se sacaban los naipes y se daban baratos con exceso.

121. Se le hace cargo a dicho marqués que teniendo Francisco Maraver de Ayala una perla de hechura de pera y siendo actualmente pretendiente de cargos, y estimándola en más de 400 pesos, sabido por la marquesa que la tenía, hizo que se la llevasen, que la quería ver. Y habiéndosela llevado y visto sin consentimiento del dueño se quedó con ella, y contra su voluntad le hicieron tomar ochenta pesos y que diese carta de pago, como la dio, y luego fue proveido en cargo de justicia.

122. Se le hace cargo a dicho marqués que acrecentó en la casa de la moneda dos hornazas a fin de que por dichas hornazas y cuño se sacase, como se sacaron, 4.800 pesos cada hornaza 1.300, y por cada cuño 550. Y porque los demás capataces y acuñadores, como agraviados, apelaron para la real audiencia de dicho acrecentamiento, les suspendió de los oficios sin otra causa que bastante fuese. Y los tuvo muchos meses suspendidos, nombrando en su lugar las personas que les pareció hasta que se apartaron del pleito, perteneciendo este nombramiento al tesorero.

123. Se le hace cargo a dicho marqués que siendo Don Manuel de Luján corregidor de dicho pueblo de Tepegi, de la seda y tratamiento de ser mejorado, encargó a dicho marqués un caballo rucio de precio y él lo recibió. Y aunque después le envió por paga 100 pesos y otro caballo de poco precio no fue suficiente porque valía más. Y después proveyó a dicho Don Manuel de Luján en una alcaldía mayor de aprovechamiento.

124. Se le hace cargo que siendo Sancho López de Agurto uno de los escribanos de cámara de la real audiencia, dicho marqués recibió de él un caballo castaño de mucho precio con sus mantos de ancho y paño cincha de brocado y freno dorado y otras muchas cosas de regalo que de ordinario de casa a dicho Sancho López se le llevaban, estándolo prohibido por capítulo de su instrucción. Y habiéndose servido de dicho caballo muchos días se vendió en 500 pesos.

125. Se le hace cargo a dicho marqués que prohibió que no se sacasen harinas ni bizcochos de este reino, ni otras cosas de provisión sin especial licencia suya, habiendo abundancia de todo. Y teniendo dada algunas a particulares personas después de dicha prohibición, porque las habían pagado a criados suyos, como fue a Don Antonio de Cuéllar, 500 pesos de una licencia, a Don Alonso de Sotomayor, 500 pesos de otra, y a Gerónimo Osorio 100 pesos, a Don Luzian de Negrón 120 pesos, a Tomás de Arbizu 125 pesos, y más llevarle sesenta pipas de harina sin flete, a Gerónimo Osorio por otra licencia la tercia parte de las ganancias de los bastimentos. Y otras dicho marqués las revocó y después las concedió de nuevo a algunos de sus criados para que él y ellos fuesen más aprovechados. Y por darles más aprovechamiento no permitió que nadie llevase harinas bizcochos ni otros bastimentos a La Habana, estando allí las Flotas de Tierra Firme y Nueva España para invernar, que padecieron por esta causa mucha hambre y subieron los bastimentos a precios excesivos y se aventuraron al tiempo por excusar esta falta, de que sucedió perderse muchas naos y en ellas cantidades de indios, cueros y grana.

126. Se le hace cargo a dicho marqués que algunos alcaldes mayores de los que proveyó les daba a entender que tratasen y contratasen en sus cargos, diciéndoles que los llevaban buenos y se podían aprovechar, cosa que de suyo está reprobado en los que administran justicia y no digna de que la dijese el que los había de castigar.

127. Se le hace cargo que teniendo la marquesa deseo de enviar a España algunos hornazos de plata Rodrigo de Luis Marbán, escribano público de las minas de Taxco, tres hornazos que valían 300 pesos poco más o menos en los cuales venían puestas las armas de los marqueses y no los pagó.

128. Se le hace cargo a dicho marqués que debiendo nombrar los navíos de aviso que se despachaban para España sin interés y dar las licencias para ello y para otros navíos libremente, no lo hizo, haciendo merced a sus criados de dichas licencias para que las vendiesen. Y lo mismo hacía de los maestrajes y otros oficios de la carrera de Filipinas, como fue que Gerónimo Cosario, su secretario, llevó 1.700 ducados de una licencia de un navío de aviso y de otra para otro navío 280 pesos y de otra 400 pesos. Antonio de Castro 500 pesos por cinco licencias de navíos pequeños y 250 pesos de un oficio de alguacil del agua y cosas que valieron 250 pesos por negociar una conducta de capitán. Don Fernando de Aldana 500 pesos por un maestrazgo, Don Alvaro de Portugal, 300 pesos de un oficio de alguacil del agua; Antonio de Castro una colcha de la India que valía 100 pesos por favorecer otro maestraje y otras negociaciones. Y se entendía que de este aprovechamiento participaba dicho marqués.

129. Se le hace cargo a dicho marqués que sin tener orden expresa de S. M. para mudar el camino que viene de la ciudad de Veracruz a la de México, lo intentó con grandísimo gasto y costa. Porque cuando le tuviera, habiendo tenido muchos pareceres de maestros y otras personas que era muy dificultuso y casi imposible de abrirle para que rodasen carros por la parte y lugar que señaló el Dr. Diego García Palacio a quien lo cometió, sin embargo le nombró para que ejecutase su parecer. Que sólo sirvió de que las personas que se ocupaban en ello fuesen aprovechados y los indios molestados y vejados, de que murieron muchos, cobrando de cada indio de este reino un real, obligando a las ciudades y pueblos de españoles contribuyesen gastando todo lo que había de avería de imposición hasta sacar de la real caja millares de pesos de oro que hasta hoy no se han vuelto a ella por no haberse podido suplir de dicha avería.

130. Se le hace cargo a dicho marqués que habiendo mandado los alcaldes del crimen que el Lic. Bartolomé de la Canal diesen fianzas de que estaría a derecho y pagaría lo juzgado y sentenciado sobre ciertos capítulos que contra él se habían puesto, acudió al marqués. Y por petición le dio noticia como los alcaldes le impedían que no fuese a servir el cargo de alcalde mayor de la ciudad de Veracruz en que él tenía proveido con mandarle dar dichas fianzas y decretó dicho marqués en la petición que se fuese sin darlas, como lo hizo, con quiebra de la autoridad de dicha sala y agravio notorio de los que pretendían su interés.

131. Se le hace cargo a dicho marqués que sin tener poder y jurisdicción para ello alzó muchos destierros precisos que por la sala del crimen y otros jueces estaban puestos. Y cometió servicios de fuertes en otras penas pecuniarias, por negociaciones que hacían sus criados, de que llevaban interés. Y de algunos tuvo noticia dicho marqués, como fue el destierro de Antonio Gómez, su despensero; el destierro de Andrés de Losada, minero de Pachuca, el servicio del fuerte de Pablo Castellón; el destierro de Don Felipe de Guzmán, cacique del pueblo de Cuyoacan, y otros sabiendo que esto es reservado a la real persona.

132. Se le hace cargo a dicho marqués que teniendo María de Campo una hija doncella que no había cumplido doce años con más de 10.000 pesos de dote herederos de su padre y estando recogida en el colegio de las doncellas por mandado de la real audiencia hasta que tuviese edad para tomar estado dicho marqués le mandó sacar de dicho colegio y poner en poder de cierta persona, allegado de su casa, por negociación que hizo Pedro Martínez su criado, secretario de la marquesa, a quien se dieron 800 pesos y otras cosas por la persona que se casase con ella, además de otras dádivas y gastos que hizo para conseguir dicho casamiento.

133. Se le hace cargo a dicho marqués que estando pleito pendiente entre Guillén Peraza de Ayala y Francisco de Quintana Dueñas, como administrador del estado del Marqués del Valle sobre las cuentas del tiempo que dicho Guillén Peraza lo había sido a pedimento de dicho Quintana Dueñas. El marqués mandó, sin para ello tener jurisdicción por sólo ser deudo y amigo de dicho Marqués del Valle, que un alcalde ordinario con alguacil y escribano fuese a casa de dicho Guillén Peraza y le tomase todos sus papeles, como lo hicieron. Y los mandó llevar a casa de cierta persona, su allegado, donde se los detuvieron más tiempo de seis meses, procurando saber la defensa de dicho Marqués del Valle y ofensa de dicho Guillén Peraza.

134. Se le hace cargo a dicho marqués que además de que en este reino fue público y notorio que las más de las cosas que se proveían y de que se hacían merced era por negociaciones e intereses que sus criados y allegados recibían de los negociantes y pretensores. También esta misma opinión se tenía de que los beneficios a que dicho marqués, como lugarteniente de S. M., presentaba asimismo se daban a quien tenía más favor y mejor negociación. Como fue que Pedro Martínez, su criado, secretario de la marquesa, llevó 1.000 pesos por la presentación de un beneficio y Gerónimo Osorio, su secretario, una fuente y jarro de plata que valía 200 pesos por otro; y Don Pedro Fajardo, su caballerizo, 100 pesos por otra negociación, y otros sin que dicho marqués tuviese atenciones a la información que los obispos le enviaban, expresando las calidades de los opuestos. Antes, casi de ordinario presentaba por la causa dicha los que venían en segundo lugar, que son los que menos bien merecen, pues siempre se prefiere el más idóneo y conveniente para tal beneficio.

135. Se le hace cargo a dicho marqués que habiendo la Real Audiencia de México en tiempo que gobernó, quitado por justas causas y consideraciones que no hubiese veedores que llaman de carnicerías, sino que lo fuesen las justicias, cada uno en su jurisdicción. Sin embargo dicho marqués proveyó en cada carnicería un veedor, y estos fueron todos criados y allegados de su casa y que de ordinario asistían en ella en esta ciudad, dando diez y doce carnicerías a una persona, señalándoles de salario por cada una 100 pesos en cada año, sin asistir a ver el ganado que se mataba ni cumplir con las demás obligaciones del oficio, atendiendo solamente a llevar dicho salario. Y esto se cobraba de los obligados, con que la república era defraudada, dándole menos carne de la que se le diera sino se les echara dicha pensión, y a los obligados ocasión que para restaurar este daño y costa no diesen las libras que estaban obligados, yendo sólo una o dos veces al año a dichas carnicerías a cobrar dicho salario.

136. Se le hace cargo a dicho marqués que algunas de las cosas que proveyó y mercedes que hizo fueron solicitados y negociadas por su confesor. El cual recibió dineros, por las tales negociaciones, y según él decía para cosas que tocaban a dicho marqués, como fue que recibió 200 pesos de un regidor para negociar con el marqués le entregase cierto recaudo suyo que en su favor había venido del Real Consejo. Doscientos pesos por hacer volver su oficio al tesorero de la casa de la moneda; 450 pesos por negociar un mandamiento para que se diesen indios de repartimiento a las minas del Espíritu Santo; 600 pesos por una negociación y merced que alcanzó para seis sitios de estancia; 200 pesos por favorecer los acuñadores de la casa de la moneda para que fuesen restituidas en sus oficios; 800 pesos en que concertó las negociaciones de ciertas caballerías de tierra en términos de Tepeaca, y más 200 pesos para la persona que fuese a hacer las diligencias; 200 pesos por hacer alzar el destierro preciso al cacique de Cuyoacan Don Felipe de Guzmán, y otras negociaciones.

137. Se le hace cargo a dicho marqués que todo o de lo más de lo que se negociaba y compraba con dineros y otros intereses, así por sus criados como de allegados y otras personas, llevó el marqués y marquesa mucha parte, como también lo debían y confesaban muchos de sus criados. Y que de lo procedido de los oficios en que eran preveidos acudían a los marqueses y a su hija, además de la pública voz y fama general que de esto hubo en todo el reino.

138. Se le hace cargo a dicho marqués que estando ordenado y mandado que el real sello esté como ha estado y está en una pieza de la real audiencia, parte cómoda y decente por la veneración que se le debe para que en dicha pieza y no en otra parte se sellen las provisiones reales, y que esté metido y guardado debajo de llaves y en cofres, el marqués le mandó sacar las veces que le pareció y llevarlo a sus aposentos. Así para sellar provisiones como fue la que se libró para averiguar ciertos capítulos a Gabriel de Chávez, alcalde mayor que era de Gitlan, como para recibir algunos de los oídores, acostumbrándose dentro de la capilla. Y aunque fue avisado de ello, sin embargo lo mandó traer a la pieza donde asistía, no queriendo salir de ella.

139. Se le hace cargo a dicho marqués que teniendo un coche Don Pedro de Quesada y siendo hombre encomendero que traía pleitos, procuró haberlo dicho marqués. Y Don Pedro de Quesada le ofreció gracioso y queriéndosele pagar pidió por él cuarenta pesos. Y sin hacer otros precios se lo llevó, valiendo 2.400 pesos que por él había dado dicho Don Pedro. Y nunca se le pagó, sólo se le dio una certificación diciendo había por él Don Pedro de Quesada 300 pesos que debía de las cuentas que se le tomaron del tiempo que fue teniente de general de la guerra. Y no pidió más precio por causa de los pleitos que traía, y por tener grato a dicho marqués y excusar más molestias de las que había recibido con ocasión de la residencia que le mandó tomar del tiempo que usó dicha cargo de teniente general.

140. Se le hace cargo a dicho marqués que muchas cosas de las que tocaban al gobierno las despachó ante los que le servían de secretarios de cámara por fines particulares, y por no querer que los secretarios de gobernación supiesen lo que él proveía a sus intentos. De que resultó quiebra en la autoridad de sus oficios y mucho daño en sus aprovechamientos y derechos que por razón de ello las pertenecían.

141. Se le hace cargo a dicho marqués que habiéndose dado ciertos capítulos por Alonso Ramos de Contreras contra Francisco de León Pacheco, corregidor de Coatepeque, favorecido de Antonio de Castro, su secretario, habiéndose mandado por la audiencia que un receptor averiguase las culpas, el marqués sin poderse entrometer en aquella causa y sin conocimiento de ella, porque no se averiguasen los excesos, mandó a Juan de Palencia, procurador de la real audiencia que ayudaba a los que seguían los capítulos, que no entrase en dicho pueblo de Cotepeque, y le desterró sin causa. Y después le alzó el destierro sin que dicho Juan de Palencia lo pidiese, sólo porque gustó de ello Antonio de Castro.

142. Se le hace cargo a dicho marqués que las veces que le pareció, mandó que se fuese hacer ante él relación de negocios y pleitos eclesiásticos que habían de ir por vía de fuerza a la real audiencia. Como fue en el negocio matrimonial de Don Pedro Farfán y Doña Francisca Infante Samaniego, que casó con Don Diego Fernández de Velasco, su cuñado, en que proveyó auto y mandamiento; y en de Agustín López sobre el beneficio de Yzcateupa, y del Lic. Olvera sobre el beneficio de la parroquia de Veracruz de México, en que usurpó a la real audiencia su jurisdicción y preeminencia y agravió a la jurisdicción eclesiástica.

143. Se le hace cargo a dicho marqués virrey, que estando obligado como presidente de esta real audiencia a guardar el secreto del acudido y tenerlo aseguro, lo descubrió algunas veces con perjuicio de la autoridad de dicho acuerdo y daño de algunos litigantes. Como fue que habiéndose acordado que se prendiese a un Diego de Aguilera lo dijo a persona que le avisase se guardase y tratando pleito la ciudad de México con el Mariscal Don Carlos de Arellano, trató con algunos regidores se concertasen sobre dicho pleito que estaba para determinar porque había entendido de los jueces que habían de condenar a la ciudad. Y pretendiendo Guillén Borondate regidor, ser restituido a su oficio, del que estaba suspendido en virtud de real ejecutoria del Real Consejo, el marqués declaró que los oidores interpretaban dicha ejecutoria para no admitirle.

144. Se le hace cargo a dicho marqués que habiendo enviado S. M. entre las demás cosas de regalo para que llevasen al rey de la Gran China una imagen de Nuestra Señora, no se enviase dicho regalo. Se puso dicha imagen en la sala del acuerdo de esta real audiencia donde la halló el marqués cuando vino, y codiciándola para sí, hizo por mano de un indio sacar un retrato de ella, el cual se puso en su lugar y el marqués tomó el original y se quedó con él.

145. Se le hace cargo a dicho marqués que mandó pregonar y por auto que todos los que tuviesen solares en México por edificar, los edificasen dentro de cuatro meses so pena de perdidos, y que la ciudad hiciese nueva merced de ellos. Y por lo que hubo algunos que por ser pobres no pudieron y otros por la brevedad del tiempo de tales solares hizo mercedes la ciudad a criados de dicho marqués por darle gusto. Los cuales tampoco los cercaron ni edificaron, antes, muchos de ellos los vendieron; que fue traza en perjuicio de los dueños y aprovechamientos de sus criados.

146. Se le hace cargo a dicho marqués que viendo ordinario en cada año enviar navío a las islas Filipinas con socorro de gente para aquel campo y otras cosas, el marqués le dejó de despachar en 1589, teniéndole S. M. propio en el puerto de Acapulco aprestado y pertrechado y levantado gente de guerra, capitanes y oficiales, y pagados sueldos de la real hacienda en él. Y dio orden cómo se vendiese y rematase en Diego de Molina Padilla, su criado, por menos de lo que valía y fiado para que vuelta de viaje, con que en las islas se recreció mucha necesidad y los indios se pretendieron alzar y levantar contra los españoles, viendo la poca defensa que tenían que si no fueran sentidos salieran con ella.

147. Se le hace cargo a dicho marqués que teniendo el cabildo, justicia y regimiento de la ciudad de Antequera del valle de Oaxaca, cédula de S. M. para nombrar alguacil mayor en aquella ciudad y provisión mal librada por el presidente y oidores de la Audiencia de México para que se cumpliese la cédula y nombrase dicho cabildo a pesar de otro cualquier nombramiento hecho por el virrey, aunque le constó a dicho marqués, proveyó el oficio de alguacil mayor a Don Francisco de Sotomayor, deudo y criado suyo con voz y voto en cabildo Y después a Don Luis de Castro, hermano de Antonio de Castro, su secretario, a quien hizo contradicción el cabildo, aprovechándose de dicha cédula y real provisión. Y presentándolo ante dicho marqués, el cual debiéndolo cumplir, proveyó que luego se le trajese testimonio de cómo estaba recibido con voz y voto en dicho cabildo, como él lo tenía mandado.

Y no estando recibido, se enviase alguacil que le metiese en posesión, y teniendo el rigor de dicho marqués, no osaron según su justicia y consintieron que dicho Don Luis de Castro sirviese el oficio, admitido por sólo el alcalde mayor con voz y voto, no habiéndolo tenido los demás porque esto se da sólo a los que vienen proveidos en tales oficios por S. M.

148. Se le hace cargo a dicho marqués que habiendo sido el Dr. Pedro Farfán muchos años oídor de la Real Audiencia de México, y hombre a quien por su persona se debía honrar y tener respecto, el marqués no lo hizo. Antes, muchas veces yendo a tratar de sus negocios y pleitos le hacía aguardar toda una mañana y tarde sin darle puerta. Y esto porque dicho doctor trataba pleito en nombre de Don Pedro Farfán, su hijo, con Doña Francisca Infante que pretendía ser su mujer, y con Don Diego Fernández de Velázquez cuñado de dicho marqués, que había casado con ella, hasta enviarle a decir a quien trataba pleito con su cuñado no le quería ver ni que llegase a su antecámara. De manera que dicho marqués favorecía y favoreció el casamiento que dicho Don Diego de Velasco había contraido con dicha Doña Francisca Infante.

149. Se le hace cargo a dicho marqués que habiendo venido Diego Ochoa de la Vega a llevar harinas de este reino para el sustento de la gente que está en servicio de S. M. en las galeras de La Habana y andando en pregón por baja en la almoneda real estando rematadas cien pipas puestas en el puerto de San Juan de Ulúa a cuarenta y tres pesos, Tomás Muñoz criado de dicho marqués solicitó con él mandase abrir el remate para que por el mismo precio se diesen a otra persona que por él antes del remate les había puesto, como se hizo con color que por el dinero esperaba algunos días. Amenazando primero al que las tenía rematadas que no hiciese baja que no había de quedar con ellas, y ofreciéndole dinero por ello. Que por esto y ser forastero no se atrevió a hacer baja, y valiendo las pipas a veinte y ocho y treinta pesos fue causa se defraudase lo que va a decir a los cuarenta y tres del remate, además de la falta que en el peso de las pipas hubo y ser de mala harina que no se pudo sustentar. La cual era de trigo que se compró para dicho marqués en la provincia de Chalco por cuya guisa en Veracruz los oficiales reales las costearon y hubieron con dinero que sacaron de la real caja, que durante esta visita se mandaron volver a ella.

150. Se le hace cargo a dicho marqués para que se avisasen desde la ciudad de México a la de Veracruz las 100 pipas de harina contenidas en el cargo antes de éste, dio un mandamiento para que Francisco Carrasco que estaba preso por deudas a pedimento de sus acreedores, fuese suelto por término de sesenta días, que ninguna justicia le pudiese prender ni impedir para que las llevase a embarcar sin poderlo hacer. Y en perjuicio de los acreedores pudieron perder sus deudas.

151. Se le hace cargo a dicho marqués que habiéndose puesto sisa en el vino en esta ciudad con orden de S. M. para que lo procedido sólo se gastase en traer el agua a los lugares públicos, y proveido a sus virreyes no consintiesen se gastasen en otros usos aunque fuesen de república, el marqués continuando los favores y mercedes que hacía a su confesor dio mandamiento para que la ciudad a costa de la sisa metiese en el monasterio del Carmen mucha cantidad de agua y se les hiciese pila donde corriese, en que se gastó cantidad de pesos de oro. Porque aunque la obra fue pía se hizo contra lo que estaba ordenado, pues los demás monasterios lo habían metido a su costa; además de que fue tanta la cantidad que causó falta en lugares públicos y particulares que se servían de aquel ramal.

152. Se le hace cargo a dicho marqués que asimismo sacó de la caja de la sisa del vino 4.000 pesos. Los cuales mandó gastar en abrir el camino nuevo al puerto de San Juan de Ulúa sin tener orden para poderlo hacer, de que hubo quejas.

153. Se le hace cargo a dicho marqués que habiendo una persona pretendiente de cargos ganado una ropa de martas cibelinas rica en 500 pesos en una rifa, ciertas personas allegadas de la marquesa, su mujer, de su parte le dijeron se la diese porque estaba aficionada a las martas, y con esto estaría en su gracia y se conservaría en el oficio que tenía de obrero mayor de la obra de la catedral. El cual por dichos respetos la presentó a la marquesa y la presentó a dicha marquesa y la recibió y no se le pagó ninguna cosa por ella.

154. Se le hace cargo a dicho marqués que por estar ofendido de un indio cacique y gobernador de la villa de Cuyoacan, llamado Don Felipe de Guzmán, el corregidor procedió contra él con color de una causa vieja que selló y puso haber hecho resistencia a un alguacil. Y sentenciado por dicho corregidor fue traído preso con su causa en apelación a la sala del crimen de esta real audiencia y lo envió a la cárcel de corte. Y visto se dio en fiado dicho marqués viendo que por este camino no se ejecutaba la sentencia del corregidor, despachó mandamiento por el cual desterró a dicho gobernador de dicha villa y le quitó el oficio de gobernador que tenía. Y aunque después le alzó el destierro con intercesión de cierto allegado suyo a quien se dieron 200 pesos, no le volvió la gobernación, de que se le siguieron muchos gastos y daños.

155. Se le hace cargo a dicho marqués que fue tanta la estimación que tenía de su persona que además de negociar sentado con todo género de gentes y tenerlos destocados, consentía que muchos de los que hablaban lo hiciesen de rodillas sin mandarles levantar de que había murmuración.

156. Se le hace cargo a dicho marqués que siendo uso y costumbre que el contador de la real hacienda para el mejor y más breve despacho viviese en las casas reales, y el tesorero asimismo para guarda y custodia de la real caja en patio y cuartos distintos de donde acostumbraban a vivir y habitar los virreyes, el marqués pervirtió este orden echando a dichos oficiales de sus aposentos, tomando el de dicho tesorero para criadas de la marquesa, y el del contado para Don Diego Fernández de Velasco, su cuñado, a pesar de la contradicción e inconvenientes que se le representaron por parte de dichos oficiales.

157. Se le hace cargo a dicho marqués que fue en tanto grado lo que favoreció los visitados y no dio de dicha visita y visitador que habiendo dejado suspendidas algunas personas de sus oficios y desterrándoles, el marqués le restituyó en el uso de ellos y alzó el destierro y los usó con algunos, como fueron Diego León, intérprete, Pedro Gómez de Nájara, Mateo de Carmona y otros.

158. Se le hace cargo a dicho marqués que cuando vino de España además de traer grandísimo acompañamiento de criados y criadas se vino tan despacio y deteniéndose que consumió en llegar a México más tiempo del que bastaba y los demás virreyes habían gastado, con grandísima vejación y costa de los indios naturales que le proveían de todo lo necesario sin que por ello se les pagase cosa alguna, siendo mucha la cantidad. Y mayormente la con que se sirvió la provincia de Tlaxcala, además de dávidas y piedras y otras cosas que entonces le presentaron y después le enviaron a México. Y porque algunos indios de Tlaxcala ocurrieron ante el marqués en México pidiendo le mandase tomar cuenta a los principales de la derrama que para su recibimiento habían echado y que se les pagase lo que habían gastado, les mandó echaren obrajes donde estuvieron muchos días.

159. Se le hace cargo a dicho marqués que porque Fray Juan Cansino, comisario de corte en México, religioso de la orden de San Francisco y Fray Andrés Veles, de la misma orden, intimaron a su provincial cierta obediencia y patente de su comisario general porque dicho marqués les había enviado a mandar no la notificasen por la parcialidad que tenía con dicho provincial y odio con el comisario, lo mandó sacar de su monasterio enviando para ello a Don Diego de Mercado, alguacil mayor de corte y otros alguaciles y ponerlos en una carreta enviándolos a embarcar al puerto de San Juan de Ulúa, con alguacil y guardas de la manera que acostumbran a llevar los galeones en esta tierra, cosa que causó grandísimo escándalo en ella viendo el tratamiento que se hacía a personas tan religiosas.

160. Se le hace cargo que debiendo Alonso Gutiérrez Chirronero más de 25.000 pesos a diversas personas, el marqués por favorecerle le dio mandamiento para que por tiempo de cuatro meses no pudiese ser ejecutada de sus acreedores, y que si los estuviese fuere suelto. Lo cual fue causa que muchos a quienes debía se quedasen sin su hacienda y hasta hoy lo están.

161. Se le hace cargo a dicho marqués que sabiendo la marquesa su mujer, que Doña Aldonsa de Villafuerte, viuda mujer que fue de Don García de Albornoz, tenía una sarta de perlas ricas que se tenía por lo mejor que se había traido a la Nueva España, la procuró ver. Y habiéndola visto y contentándole aunque no la quiso por entonces recibir sin paga, después la hubo por 500 pesos, valiendo más de 1.500, contra voluntad de su dueña, porque la estimaba en mucho más, y vino en ello por tener de su mano al marqués en cierto pleito que en la real audiencia estaba pendiente entre ella y el adelantado Melchor de Legaspi, de importancia de más de 80.000 pesos.

162. Se le hace cargo a dicho marqués que siendo Gaspar Huerta pretendiente de oficios, habiendole proveido el marqués, recibió de él un caballo overo muy galán para la carroza y no se le pagó.

163. Se le hace cargo a dicho marqués que habiendo renunciado Pedro Telles de Fonseca su oficio de escribano público de la villa de Salaya a Juan de Vargas, y viniendo a sacar título metiendo en la real caja el tercio de su valor, conforme a la cédula de S. M., y siendo tasado por la real audiencia en 1.800 pesos de que pertenecían 600 a S. M. mandó que se le despachase el título. El marqués no quiso darle el título ni cumplir lo que la audiencia había proveido. Y hubo criado de dicho marqués que trató con él que le diese 200 pesos y le haría costar el oficio y no se los dio porque por otras vías alcanzó de dicho marqués le diese, como le dio, nombramiento para el uso de él por un año y más lo que fuese su voluntad, quedando dicha caja real defraudada de dicho tercio, el cual por orden de esta visita se ha cobrado y metido en ella.

164. Se le hace cargo a dicho marqués que por ser Don Antonio Velázquez de Cuéllar, su criado, y a quien tenía nombrado por contador de la real hacienda de la ciudad de Veracruz, mandó al alcalde mayor que a la sazón era, la dejase por su teniente y por sustentarle en dicho oficio no quiso que el alcalde mayor volviese a servirlo, antes dio mandamiento para que dicho Don Antonio fuese justicia mayor y en su ausencia el tesorero Baltasar Dorante, su allegado. Y aunque por parte de la ciudad y de algunos particulares se pidió que pues no podía tener dichos oficios, dejase el de justicia y así se proveyese por la real audiencia. No hubo efecto porque el marqués no quiso firmar la provisión que sobre ello estaba despachada, y habiendo ocurrido ante la real persona en nombre de la ciudad se despachó cédula para que los oficiales reales no fuesen justicia y el marqués los sustentó, aunque supo hacían agravios.

165. Se le hace cargo a dicho marqués que siendo Don Antonio Velázquez de Cuéllar contador de la real hacienda y Baltasar Dorante tesorero de ella en la ciudad de Veracruz, y ambos proveidos por dicho marqués, él y la marquesa recibieron de los susodichos muy de ordinario dávidas y regalos de precio, como fue un gato de Galia, ámbar y perlas, piezas de Holanda y otras muchas cosas.

166. Se le hace cargo a dicho marqués que por ser dicho Don Antonio Velázquez de Cuéllar, su criado, y que fuese más aprovechado agravió a dicha ciudad de Veracruz que estaba en posesión de nombrar el alguacil de la alhóndiga arrendando este oficio para propios, quitándoselo. Y lo dio a dicho Don Antonio para que de su mano lo arrendase, como lo hizo. Y asimismo, teniendo merced de S. M. Fernando de Brivanco, de la correduría de lonja de dicha ciudad y con su poder se arrendaba, el marqués lo dio a Don Antonio de Cuéllar. Y de lo uno y de lo otro recibió muchos pesos de oro de aprovechamiento.

167. Se le hace cargo que habiendo proveido dicho marqués que no se sacasen de este reino mercaderías, así de Castilla como de China, ni de la tierra, para los reinos del Perú, pocos días después de esta prohibición a instancia y por negociaciones de sus criados, comenzó a dar licencias para ello, pagando los que pretendían la negociación de ellas en cantidades de pesos de oro, sabiendo dicho marqués que de semejantes negociaciones sacaban sus criados aprovechamientos. Como fue Gerónimo Osorio, su secretario, 550 pesos de dos licencias; Diego de Molina Padilla 250 pesos de una licencia, Don Lucián de Negrón 150 de una licencia, y otras.

168. Se le hace cargo a dicho marqués que estándole prohibido por S. M. por capítulo de su instrucción que en el guión que había de sacar como virrey y capitán general no pusiese más armas que las reales, el marqués traía las suyas con las cifras de Alvaro y Blanca. Las cuales asimismo ponía en todas sus firmas, aunque fuese en provisiones reales.

169. Se le hace cargo a dicho marqués que habiendo quitado la real audiencia el excesivo número que había de alguaciles en la ciudad de México por excusar los muchos agravios que hacían, reduciéndolos a un número que los alguaciles mayores de México y cancillería podían nombrar. El marqués, sin atender a esto dio muchos más de los que nunca había habido, con que se hacían muchos agravios a los pobres.

170. Se le hace cargo a dicho marqués que habiendo la Real Audiencia de México gobernando, quitado los jueces que llamaban de Salinas, porque no servían de más de encarecer la sal, llevando por sus derechos un tanto de cada fanega, atravesando y revendiendo lo que había, y mandando que los alcaldes mayores y corregidores en cuyo distrito caían las salinas tuviesen cuidado de esto sin derechos, dicho marqués los tornó a poner nombrando criados y allegados de su casa.

171. Se le hace cargo a dicho marqués que viendo la real audiencia que el juez veedor que se nombraba en la provincia de la Misteca Antequera se manifestaba la seda que los indios crían ser de poca importancia y ocasionando agraviar y cohechar a los indios, y sólo servía de llevarles derechos, le quitó. Y dicho marqués le tornó a poner proveyendo personas que lo compraron de sus criados y allegados.

172. Se le hace cargo a dicho marqués que habiendo considerado la Real Audiencia de México que el juez que se nombraba de caminos para hacer que estuviese aderezado el de Veracruz, no convenía, pues cada alcalde mayor y corregidor podía en su jurisdicción tener cuenta con esto, y que dicho juez se le señalaba de los carreteros y chirrioneros, proveyó que no le hubiese. Y dicho marqués, sin embargo, proveyole en uno de sus criados y se siguió de estos los inconvenientes que la audiencia quiso estorbar.

173. Se le hace cargo a dicho marqués que los pliegos que venían de S. M. para presidente y oidores los abría con su secretario de cámara sin que estuviese presente la audiencia ni el secretario del acuerdo, y se quedaba con las cédulas y despachos que le parecía.

174. Se le hace cargo que habiéndose pregonado en esta ciudad la pragmática real de las cortesías a pedimento del fiscal de S. M., el marqués no quiso que se entendiese con él porque dicho fiscal en peticiones no le puso título de excelentísimo. Conforme a dicha pragmática no quiso proveer a ellas, hasta que visto por el fiscal que se perdían los negocios volvió a usar del estilo antiguo. Y entendido esto por todo este reino nadie osó escribirle ni hablarle por otro término, y lo mismo a la marquesa, su mujer.

175. Se le hace cargo que habiéndose hecho número de escribanos receptores en esta Real Audiencia de México, y viéndose por mandado de S. M. concediéndoles su real cédula para que todos los negocios despachados por provisión se les diese, dicho marqués no sólo les quitaba muchos de ellos y los cometía a escribanos que no eran receptores, pero aún a persona que no tenía título de escribano por sólo aprovecharles. Habiendo tanto número de ellos en este reino, de que se siguieron inconvenientes y agravio a los receptores y quiebra en el valor de sus oficios y en el tercio que cuando se renuncian, ha de haber S. M.

176. Se le hace cargo a dicho marqués que estando las ciudades de los españoles de la Nueva España en costumbre de elegir los alcaldes ordinarios en principio de cada año, y queriéndolo así S. M. que estas elecciones se hiciesen con entera libertad, el marqués no sólo les enviaba memorial de personas para que de ellas eligiesen dos alcaldes, pero mandaba que dentro de ciertos días viniesen ante él a confirmar sus elecciones. Y aunque la ciudad de México se agravió y lo puso en la real audiencia, y se vio la causa para determinarse y se votó por los oidores, el marqués no consintió se diese el punto para hacer auto o sentencia. Con que la ciudad quedó defraudada de su derecho. Y siendo la ciudad de Veracruz la primera que hubo en este reino y desde su principio acostumbraba a elegir alcaldes ordinarios de todo punto, les privó que no los hubiese.

Y habiendo traido una real cédula para que libremente les dejase elegir, aunque se le presentó no la quiso cumplir ni se cumplió hasta que vino el nuevo virrey. Y no sólo hizo lo sobredicho pero a la villa de Carrión del Valle de Atisco de todo punto le quitó elección de alcaldes, eligiéndoles dicho marqués y sabiendo que de esto se había apelado a la real audiencia, dijo que se había de guardar lo que le había hecho aunque la audiencia no quisiese. Y así no se osó proseguir la apelación.

177. Se le hace cargo a dicho marqués que habiendo ido al Capitán Hernando de Mena a la cárcel real de esta corte acompañado de soldados y sacado de ella de por fuerza al Capitán Beluer, que estaba preso por cantidad de más de 1.000 pesos, y llevándolo a la iglesia mayor habiéndole preso por este delito la sala del crimen y condenándole en revista en servicio de galeras por gentilhombre el tiempo de cuatro años y en 500 pesos para la cámara y gastos de justicia; y estando preso hasta que cumpliese el tenor de la sentencia, el marqués le mandó soltar, como le soltó, con color que saliese a buscar la condenación, y fue causa que la sentencia de revista no se llevase a debida ejecución y el delincuente quedase sin castigo.

178. Se le hace cargo que habiendo costumbre que no se pasase ninguna plata de esta Nueva Espana quintada ni por quintar a Filipinas ni a otra parte de China y particularmente prohibido por Don Pedro Moya de Contreras, siendo gobernador de este reino, dicho marqués dio licencia para que se pasase. E hizo pagar a los marineros que iban a Filipinas en plata y que la pudiesen llevar; y aunque los oficiales de Acapulco la replicaron sobre ello y significaron lo dicho y otros inconvenientes, sin embargo les mandó cumpliesen lo que tenía ordenado.

179. Se le hace cargo al marqués que habiéndole pedido Juan de Montoya Bayllo, un sitio de estancia para ganado menor en términos de Tlamaco, y dándole el acordado y en virtud de él hecho las diligencias por hacer favor a Alonso Giménez de Portillo, su criado y contador, le hizo la merced de dicho sitio en virtud de las mismas diligencias. Y porque se quejaba dicho Juan de Montoya, el marqués mandó se le diesen 150 pesos, los cuales no quiso recibir aunque para ello se hicieron muchas diligencias con violencia hasta que venido el Virrey Don Luis de Velasco, hizo merced a dicho Juan de Montoya de dicho sitio.

180. Se le hace cargo a dicho marqués que a pesar que él y los demás virreyes, sus antecesores tenían dada instrucción y orden expresa al alcalde mayor y oficiales del puerto de Acapulco de que no denunciasen por la guardia de él las mercaderías que viniesen de China aunque no viniesen registradas así por ser contratación nueva y no estar cargados ni impuestos derechos algunos sobre tales mercaderías, el marqués nombró juez, y este fue un criado de su casa para que visitase los navíos que viniesen de Filipinas y tomase toda la ropa que viniese sin registro como lo hizo. Y la envió a México con muchas costas, daños y menoscabos de sus dueños y salarios que les dio de penas de cámara. Y por orden de dicho marqués se almacenó en uno de los aposentos de la casa real aunque después remitió estas causas a la sala del crimen. Y estando en ella pendiente proveyó dicha sala en algunos autos los que pareció convenir dicho marqués puso dilaciones e impedimento en daño de las partes y desautoridad de la sala.

La cual, habiendo mandado entregar cada uno su hacienda con fianzas y habiéndola ya recibido algunos, a pesar que supo dicho marqués que los alcaldes se la habían mandado entregar un miércoles santo, los mandó prender y fueron presos hasta que las volvieron. Y vuelta con la demás que estaba en poder de su criado antes de ser condenado se la mandó vender con voz de pregonero dentro del palacio donde se hizo almoneda y se malvendió. Y algunas cosas se sacaron por personas de casa de dicho marqués y para el de que hubo murmuración así de entenderse que la hacienda se malbarataba y se quedaba en casa del marqués, como por hacerse el almoneda en lugar tan ordinario y donde nunca se había hecho otra.

181. Se le hace cargo a dicho marqués que habiendo dado en el año 1586 las licencias para pesar carne en pueblo de indios con ciertas pensiones aplicadas para gastos de la guerra de Chichimecas como lo habían hecho los virreyes Don Martín Enríquez y Conde de Coruña, sus antecesores, estando ya metidos en la real caja 10.000 pesos los mandó sacar y volver a las personas que los habían pagado. Y después en los años siguientes de su gobierno, no habiendo juzgado ser lícitas dichas prisiones para la guerra, hizo merced de dichas licencias por mano y negociaciones sus criados y allegados, sabiendo que las vendían y permitiéndolo y que llevaba mayores intereses no habiendo querido que se gastase en la guerra, lo que era de menos gravamen y vejación para los que habían de comer la carne por ser menos la cantidad que para los gastos de la guerra se contribuía en lo que llevaban sus criados.

182. Se le hace cargo a dicho marqués que estándole proveido por capítulo de su instrucción que no consintiese que oidores, alcaldes del crimen ni fiscales de esta mal audiencia tuviesen ganados, casas, huertas ni heredades no tan solamente lo permitió en el tiempo de su gobierno mas aun les hizo merced de tierras y otras cosas poniéndolas en cabeza de terceras personas sabiendo que eran para ellos.

183. Se le hace cargo a dicho marqués que estándole expresamente mandado por capítulo de su instrucción que en fin de cada año así en la ciudad de México como en las demás de esta Nueva España nombrase jueces que visitasen todos los registros de los escribanos, así del número como reales para ver si estaban conforme a las leyes y pragmáticas del reino, tuvo descuido en así proveerlo y ejecutarlo, pues en todo el tiempo de su gobierno no se hizo.

184. Se le hace cargo a dicho marqués que teniendo Gaspar de Ribadeneira, vecino regidor de esta ciudad, una fuente aguamanil y salero de plata dorado de muy curiosa y costosa hechura, que llamaban de las sabandijas, y dicho marqués le envió por ello para verlo, y habiéndolo visto al cabo de muchos días trató de que se le vendiese. Y porque dicho Ribadeneira no quiso poner precio se le pagaron por mucho menos de lo que le había costado y valía, siendo dicho Gaspar de Ribadeneira uno de los ricos hombres y de más negocios de este reino.

185. Se le hace cargo a dicho marqués que porque un indio del pueblo de Amecameca se le quejó de su vicario religioso, grave y estimado en su orden de Santo Domingo de que él había acotado como si fueran de lego despacho receptor y nahuataro que averiguase aquella y otras cosas de dicho vicario sin dar noticia a su provincial hasta que hecha la información mandó que le quitase dicha doctrina,

186. Se le hace cargo a dicho marqués que sabiendo que la ciudad de México había recibido cartas de la Real Audiencia de Guadalajara y del obispo de la Galicia sobre la competencia que con ella tenía, y deseando saber lo que sobre ello se había tratado en el cabildo, mandó a Martín Alonso de Flandes, escribano, de que luego le trajese el libro de ayuntamiento. Y porque dicho escribano se quiso excusar diciendo que se lo mandase por escrito para que cumpliese con la ciudad, se enojó de manera que le puso las manos con mucha cólera, mandándole llevar a la cárcel. Luego mandó a un alguacil le llevase al cabildo y en su presencia sacase el libro y lo trajese como se hizo. Y vio en él lo que quiso porque dicho escribano no osó replicar más sobre ello. Y aunque dio noticia al corregidor y algunos regidores antes que lo llevasen, no se atrevieron a defender su libro ni escribano, temiendo al marqués.

187. Se le hace cargo que habiendo muerto Gabriel de Escobar, escribano de provincia, sin renunciar su oficio dicho marqués proveyó en el uso de él temporalmente a Pedro López de Arana, corredor, no siendo escribano real, estándole mandada por S. M., por capítulo de su instrucción, que cuando semejantes oficios y otros que tuviesen comprados vacasen, no los proveyese perpetua ni temporalmente.

188. Se le hace cargo a dicho marqués que habiendo vacado el oficio de canciller de la real audiencia por muerte de Gerónimo de Guevara, hizo merced del uso de él a Pedro Martínez, su criado, secretario de la marquesa. Y le permitió lo arrendase en 250 pesos por medio y dio el título a Luis Serrano, que fue el que lo arrendó. Y la misma gracia continuó después que Pedro Martínez se metió fraile Gerónimo Osorio, su secretario, a quien dicho marqués lo hizo gozando del mismo interés.

189. Se le hace cargo a dicho marqués que además de las cosas y casos eclesiásticos en que se entrometió, lo hizo sacando algunas hijas de vecinos de los monasterios de monjas donde habían estado para profesar y estaban en noviciado, so color que las quería poner en libertad sin pedir consentimiento a los prelados eclesiásticos a quienes estaban sujetas y pertenecía hacer semejantes diligencias. Con que causó murmuración como fue una hija de Melchor de Valdés, que sacó del monasterio de las recogidas.

190. Se le hace cargo que teniendo Martín Larios, platero, un yerno que pretendía ser proveido en cargos y negocios, el marqués sabiendo que era platero le encargó hiciese algunas obras de su oficio como fue una bacia y escarfador para la marquesa y otras piezas, y mereciendo la hechura de todo más de 600 pesos porque eran más de 300 marcos sólo le mandó pagar 200 pesos poniendo lo demás dicho Martín Larios a cuenta de los favores que le había hecho y había de hacer.

191. Se le hace cargo que siendo Alonso Ortiz, mercader, hombre honrado y rico, mayordomo del monasterio de monjas de San Gerónimo de esta ciudad, que está sujeto a ordinario y nombrado por él sin que le llevase salario ni otro aprovechamiento, antes le favorecía con su hacienda e industria a dicho convento por ser recién fundado y pobre, el marqués despachó mandamiento por gobernación, mandándole que no fuese mayordomo ni entrase en la portería ni iglesia, ni hablase a las monjas. Y aunque después lo revocó dicho Alonso Ortiz no quiso proseguir en el uso de dicho oficio de que siguió mucho daño y menoscabo a dicho convento

192. Se le hace cargo a dicho marqués que siendo conforme a la erección de este arzobispado de México el nombramiento de mayordomo del hospital del amor de Dios y la administración del arzobispo y cabildo, y estando en esta posesión desde que se fundó porque el gobernador del arzobispado removió de la mayordomía al que lo era porque le debió de parecer convenir así y puso otro, el marqués quitó éste y volvió a poner el que primero estaba. El cual por esto dio cantidad de pesos de oro para allegados y personas de su casa.

193. Se le hace cargo a dicho marqués que él y la marquesa recibieron de Antonio de Castrillo perlas y otras cosas de precio sin pagarles su valor más de que en satisfacción y recompensa le hizo merced de la carnicería de Izmiquilpa, por la cual se le dio 500 pesos, y el cargo de alcalde mayor de los motines que se puso en cabeza de la persona a quien señaló dicho Castrillo, que partía con él los aprovechamientos y salarios. Y a su intercesión dio el cargo de Autlan a otra persona su deudo, e hizo otros favores y mercedes a dicho Castrillo de caballerías y tierra y sitio de estancia.

194. Se le hace cargo a dicho marqués que cuando hizo las honras de Doña Teresa de Zúñiga, su hija, que murió en España, mandó a la ciudad de México que fuese a ellas por ciudad con sus mazas, siendo sólo esto usado y acostumbrado cuando se hacen honras de persona real. Y asimismo permitió que al entierro de Doña Francisca, su hija la llevase en hombros la real audiencia con mucho luto, que éste y el que trajeron muchas personas duró muchos días.

195. Se le hace cargo a dicho marqués que habiendo Don Luis Ponce de León cumplido el tiempo del cargo de alcalde mayor de las minas de Guanajuato en que fue proveido y su prorrogación, habiéndole mandado tomar residencia y estando ya comenzada el marqués envió orden para que si no estaba publicada se sobreseyese por cierto tiempo y carta a dicho Don Luis Ponce que tuviese cierto que acabada de dar su residencia le volvería a proveer en el propio cargo. El cual la anduvo mostrando a muchas personas y algunos de quienes se temía le pedirían en la residencia, aunque no osaron pedirle nada. Y acabado luego le tornó a proveer en el mismo cargo.

196. Se le hace cargo a dicho marqués que algunos alcaldes mayores que proveía en cuyos partidos se hilaba hilo de pita, les encargaba enviasen pita a la marquesa, como lo hicieron los que fueron proveidos en la provincia de Guacagualco y no se les pagó su valor.

197. Se le hace cargo a dicho marqués que las veces que se ofreció enviar azogues de S. M. a los oficiales reales de la Nueva Galicia, de que los mandamientos quedaba para que los de la Nueva España los entregasen a la persona que de allá venía por ello, éstos se daban a algunos de sus criados que hacían negociación con los arrieros que los pretendían llevar, recibiendo de ellos cantidades de pesos de oro porque ellos besen las cargas. Como fue Don Francisco Gaspar de Zúñiga, Don Lucián de Negrón, 150 pesos que llevaron a un arriero. Los dichos llevaron 100 pesos a otro arriero que fácilmente pudiera evitarlo el marqués, dándose tales mandamientos a los propios oficiales.

198. Se le hace cargo que teniendo Rodrigo de Avida, obrero mayor de la catedral de México, un caballo overo de rua y carreta de la costa de los borrachos, que estimaba en 500 pesos, por parte del marqués se le pidieron. Y él hubo de dar y le dio contra su voluntad.

199. Se le hace cargo a dicho marqués que teniendo el alférez de la ciudad de Los Angeles carta ejecutoria de la real audiencia para poder en las elecciones de alcaldes no sólo tener voto activo pero también pasivo en conformidad del título de su oficio y estando para elegirle los demás regidores, el marqués dio orden al alcalde mayor de dicha ciudad para que no lo consintiese, como se hizo. Y el año siguiente porque el alférez hizo negociación con Gerónimo Osorio, su secretario y le dio 700 pesos porque le sacase mandamiento para que la ejecutoria se guardase y cumpliese, se le despachó de dicho marqués en virtud del cual salió luego alcalde.

200. Se le hace cargo a dicho marqués que sabiendo la marquesa, su mujer, que a Doña Violante de Castro, mujer de Gaspar de Soto, tesorero de la cruzada, le había venido de España una caja de labores y otras cosas curiosas, envió a pedírsela diciendo que la quería ver. Y habiéndosele enviado tomó de ella cosas de valor de 400 pesos sin pagar por ello cosa alguna.

201. Se le hace cargo a dicho marqués que habiéndole pedido Luis Ortiz de Vargas un sitio de esta ciudad para ganado menor en términos de Tezontepeque, y dándosele el acordado y hecho las diligencias la merced se hizo a Agustín de Medinilla recién venido en la flota por querer el marqués que volviese en ella aprovechado a España. Y visto por el que lo había pedido y costeado, dio 200 pesos a dicho Medinilla del estanco del vino de Tulancingo de que se aprovechó de 250 pesos vendiéndolo.

202. Se le hace cargo a dicho marqués que los mandamientos que despachaba de mercedes y gracias que hacían, o los firmaban sin que los secretarios de gobernación llevasen puesto al pie de ellos el nombre del criado que lo había solicitado, y esto hacían dichos secretarios porque el despacho se abreviase, visto que de otra manera no los quería firmar y los hacía quedar en su escritorio, y firmando borraba el nombre de tal criado.

203. Se le hace cargo que teniendo los marqueses una criada enferma en una recámara y con necesidad de recibir el Santísimo Sacramento se envió por él, y trayéndole el cura acompañado de un obispo y otros sacerdotes y mucha cera y gente allegados a la puerta y aposento de dichos marqueses, los porteros no dejaron entrar a nadie con el cura que le llevaba. Y aunque porfiaron entrar los que acompañaban y llevaban la cera, no lo consintieron diciendo que eran mandados. Y así sólo entró dicho obispo y un cura y sacristán, y halláronla enferma con poca limpieza en el aposento, y sin altar ni donde se pudiese poner la custodia.

204. Se le hace cargo a dicho marqués que habiéndose tomado residencia por su comisión a Marcos de Berreza, escribano de Don Pedro de Quesada, teniente de general de la guerra de Chichimecas, y sentenciado la causa de su comisario, y habiendo apelado de la sentencia para la real audiencia, los oidores le mandaron soltar en visita de cárcel y fue suelto. Y dicho marqués le mandó volver a la prisión y quitó la causa a la audiencia y determinó sobre dicha apelación.

205. Se le hace cargo que habiendo venido a esta Nueva España de las provincias de la Florida, Juan de Bobadilla, tesorero de la real hacienda en ellas, a cobrar el situado que para el sustento de la gente de la guerra que allí reside tiene S. M. señalado para el año 1589 conforme a una cédula real traida por instrucción del gobernador y oficiales reales, llevase 250 pipas de harina y cantidad de pólvora y otras cosas. Y siendo costumbre que libremente las harinas y otros bastimentos para este efecto se sacasen sin licencia de los virreyes, sino sólo haciendo registro de lo que así llevaban, teniendo dicho Juan de Cebadilla que el marqués no pasaría, por lo que los demás gobernadores habían pasado, ocurrió a él y le pidió licencia por petición para las 250 pipas, habiéndosela concedido hecho el mandamiento no lo quiso firmar. Y aunque con muchas costas acudió con la solicitud, con poder de dicho Juan de Cebadilla, Juan del Junco, el marqués por dos veces denegó dicha licencia. Y después a intercesión de personas graves le concedió para solas 125 pipas, mandando descargar las demás como se descargaron. Y aunque se hizo instancia que dichas pipas se perderían estando al sol y al agua y la gente de dichos presidios padecería hambre y necesidad, nunca la quiso conceder. Y así se perdieron la mayor parte de ellas y se padeció en dichos fuertes extrema necesidad y estuvieron a punto de desmantelarlos, y algunos soldados huyeron y otros se metieron la tierra adentro con mucho riesgo a buscar qué comer, y lo que peor es que la mayor parte de las pipas de harina que se llevaron y otras cosas por salir tarde se perdió en el mar. Todo lo cual sucedió en tiempo que en esta Nueva España había abundancia de trigos. Y por el mismo tiempo dicho marqués concedió a negociación de sus criados y allegados muchas licencias para sacar bastimentos, las cuales se les pagaban y otros de sus criados las navegaban por su cuenta para hacer grandes ganancias respecto de la prohibición que los demás tenían para sacarlos.

206. Se le hace cargo a dicho marqués que siendo Fray Andrés de Ubilla, religioso grave y de mucha aprobación, maestro en santa teología, que había sido provincial de su orden de Santo Domingo y en las ocasiones que del servicio de S. M. se han ofrecido en este reino le ha servido con fidelidad, y porque en algunas en que dicho marqués quiso tomar su parecer sobre cosas del gobierno le dio contra lo que él pretendía, como fue en la causa de Fray Alonso Ponce, comisario de la orden de San Francisco, sobre que era injusto y de mucho perjuicio en la república imponer estanco del vino y dar licencias para las carnicerías en la forma que se daban. Y por otros respectos le tomó ojeriza y mandó a su provincial le echase del convento de México como lo hizo, no osando disgustarle. Y porque lo puso seis leguas de esta ciudad en un poblezuelo de indios, amenazó que no había de hacer amistad a la orden que visto por dicho Fray Andrés porque por su causa no padeciese la religión, teniendo licencia de sus prelados para ir a España, la pidió a dicho marqués y se la concedió. Y estando aprestado en la ciudad de Veracruz para embarcarse en un navío de aviso, despachó mandamiento en que mandaba que ningún pasajero fuese en aquel navío, dando orden en particular al castellano y oficiales que no le dejasen ni consintiesen embarcar, y a otras justicias con que obligó a dicho maestro procurase pasaje con mucho secreto como hizo con incomodidad y riesgo de su persona.

207. Se le hace cargo a dicho marqués que habiendo en la ciudad de México un hospital de San Hipólito que llaman de convalecientes, que sólo se sustenta de las limosnas que ciertos hermanos que residen en él recogen en este reino desde que le fundó Bernaldino Alvarez, el marqués nombró administrador en él y le señaló de salario 500 pesos, casa y raciones para sí, y dos criados, y un caballo, habiéndose administrado siempre sin costa por dicho Bernaldino Alvarez. Y después que murió por uno de los hermanos que lo sustentan. Y aunque le representaron que no se podía sustentar dicho administrador sin notable falta de los pobres, y que el pueblo no quería acudir con sus limosnas diciendo se consumían con dicho administrador, no quiso remediarlo hasta que ocurriendo sobre ello a S. M. mandó que se quitase por su real cédula. Que no se cumplió hasta que muerto dicho administrador y venido nuevo virrey se volvió el gobierno de dicho hospital a los hermanos como antes lo solían tener.

208. Se le hace cargo a dicho marqués que las veces que deseó que contra algunas personas se hiciesen informaciones y en ellas se les averiguasen culpas y excesos, tomó por medio hablar a algunos de los que pretendió fuesen testigos y que otros en su nombre lo hiciesen, acariciándoles y prometiéndoles que serían favorecidos. Y a algunos dándoles a entender lo que habían de decir, aunque no lo supiesen, como fue en las informaciones que con su favor se hicieron contra el Arzobispo de México Don Pedro Moya de Contreras, y averiguaciones que hizo contra el Dr. Zaldierna, oidor de esta real audiencia, para privarle de su plaza, y sobre la renunciación que pretendía haber hecho de su oficio el secretario Juan de Cuevas para quitarle del uso de él y en la pretensión que tuvo de damnificar a Baltasar Mejía, y en otros casos.

209. Se le hace cargo que habiendo los alcaldes del crimen de esta real audiencia comenzado a proceder a verificación de quien había puesto ciertos papeles con unas ruedas de fortuna y otras figuras y letreros que se habían hallado fijados el 10 de agosto de 1588, y hecho algunas diligencias, dicho marqués, el 20 de dicho mes, sin tener conocimiento de dicha causa proveyó un auto en que mandó que un secretario y otras personas fuesen a casa de Juan Guerrero y trajesen preso a Don Francisco Guerrero su hijo, regidor de México, y a sus pajes, y a un negro portero de dicha casa. Y trajesen el escritorio y con los papeles de dicho Don Francisco y sus hermanos, como se hizo, sin tener culpa en dicho negocio. Pues por sentencias de vista y revista de dicha sala fue dado por libre y quito y sin costas, lo cual hizo dicho marqués por mala voluntad que tenía a dicho Juan Guerrero y a sus cosas.

210. Se le hace cargo a dicho marqués que habiendo tenido por el mes de octubre de 1589 aviso de los reinos de Castilla en un barco que a sólo esto se le despachó a su costa, que S. M. había proveido nuevo virrey para este reino en su lugar, temiendo no se entendiese lo mucho que había adquirido y granjeado en el tiempo de su gobierno escondió gran cantidad de hacienda en partes sceretas, sacándolo de su casa a horas extraordinarias. Además de lo que se ha verificado y hallado durante su visita, pues habiendo ejercido los cargos de virrey gobernador y capitán general y presidente de la real audiencia sólo cuatro años y medio, poco más o menos, desde que salió de España hasta que los dejó y tenido de salario por todos 20.000 ducados de Castilla cada año, que para el sustento de su casa y muchos criados y otros gastos era bien necesario todo el salario, y no teniendo ni pudiendo tener otros aprovechamientos ni granjerías juntó y adquirió muchos millares de pesos de oro, como es 40.000 pesos que en cabeza ajena envió de este reino a los de Castilla; 32.000 pesos que puso en cabeza de otra persona; 30.250 que puso en cabeza de otra persona; 14.000 pesos que fueron consignados a dos personas, sabiendo que en esto se cometía delito y es perdido lo que así se envía; 57.000 y tantos pesos que las almonedas que se han hecho de sus bienes y recámara han valido; 28.500 y tantos pesos que han parecido haber pagado en el tiempo que gobernó a diferentes personas, además de los 170.000 pesos que recibió prestados de que esta fecha mención en particular en otro cargo que han constatado estar pagados. Doscientos siete marcos de plata labrada y mucha parte de ella dorada, que enviaba a España en dos cajones que se perdieron en el viaje, sin las muchas joyas, perlas y piedras, vestidos ricos y otras cosas que llevaron encubierto dichos marqueses. Y lo que de su recámara el día de hoy queda por vender que son cosas de precio y valor. Y el marqués luego que llegó a esta tierra lo dio así a entender, diciendo que no venía sino por dinero que honra harta tenía.

De cuales dichos cargos y cada uno de ellos su señoría dijo que hacía e hizo cargo a dicho Don Alvaro Manrique de Zúñiga, Marqués de Manrique y le mandó dar traslado y copia de ellos para que dentro de cuarenta días de la notificación se descargue, responda, diga y alegue de su justicia, y pruebe lo que viere que le conviene. Y reservó en si el hacerlo los demás cargos que van resultando y resultaren contra él de dicha visita, y mandó se notifiquen a la parte de dicho marqués, a quien se entregue la copia de ellos. Y así lo proveyó y lo firmó en la ciudad de México, a 18 de abril de 1592. Don Episcopus Tlaxcalensis.

Corregido con los cargos originales.

Melchor de Molina y Ayala.

Se notificó a Pedro de Vega, procurador de la real audiencia, como a procurador que dejó nombrado el Marqués de Villamanrique para su visita con poder general particular el 18 de abril de este año, y el 20 de dicho mes se le dio la copia y traslado. Y el 27 de mayo por petición pidió veinte días más de término y su señoría se los concedió, y hasta hoy lunes en todo el día 1.o de junio no se ha respondido ni alegado a dichos cargos. Y el 2 de junio el procurador presentó una respuesta a dichos cargos y alegación en ciento dos hojas que quedan junto con dichos cargos y visita sin presentar los papeles, recaudos y testimonios que en ella cita hace presentación ni ninguno de ellos por ser mucha la escritura, no va trasladada en estos cargos.

Melchor de Molina y Ayala.

Más cargos contra el Marqués de Villamanrique

[FALTAN DE 211 A 315]

26.iii.1593

Más cargos que se han resultado, así de la visita secreta como de averiguaciones hechas por particular comisión de S. M. por el Dr. Don Diego Romano, obispo de Tlaxcala, de su Consejo, a Don Alonso Manríquez de Zúñiga, Marqués de Villamanrique, virrey gobernador y capitán general que fue de la Nueva España, son los que se siguen.

316. Se le hace cargo al marqués que cobró odio y enemistad al Lic. Pedro Altamirano, oidor de la Audiencia de Guadalajara, porque había sido pesquisidor contra Don Félix de Zúñiga, su deudo y amigo, a quien favoreció para que la Audiencia de México revocase lo hecho por dicho Lic. Altamirano, y le condenase a que volviese los salarios suyos y de sus oficiales, como se hizo. Porque Don Félix dijo que cobrándolos, los había de dar a Doña Francisca de Zúñiga, hija del marqués, a quien los había prometido. Y porque si lo escribía a España Pedro López de Olivares, tío de la mujer de dicho Lic. Altamirano, y enviaba el proceso al Real Consejo de las Indias, le afrentó.

317. Se le hace cargo al marqués que acrecentó la enemistad que con el Lic. Pedro Altamirano tenía, y la cobró a los licenciados Don Nuño Núñez de Villavicencio y Miguel de Pinedo, oidor y fiscal de dicha audiencia, porque habiendo proveido el marqués el cargo de gobernador de la Vizcaya en Don Antonio de Monroy, su criado, presentando la provisión que de dicho cargo traía en la Audiencia de Guadalajara, dieron traslado a dicho fiscal, y él lo contradijo.

318. Se le hace cargo al marqués que por el odio que había cobrado al Lic. Miguel de Pinedo, fiscal de la Audiencia de Guadalajara, so color de que había casado una hija niña de menos edad de siete años, le privó de la plaza de fiscal, sin embargo que la Audiencia de Guadalajara en vista y revista había declarado no haber lugar dicha privación, y remitido el negocio a S. M. y a su Real Consejo y el juez eclesiástico, no haber habido matrimonio de presente ni desposorio de futuro.

319. Se le hace cargo al marqués que sin dejarle libremente la audiencia de Guadalajara el gobierno de aquel reino que pretendía, por no tener los recaudos en que se fundaba por bastantes, le tomó de su voluntad, intitulándose y haciéndose pregonar por tal gobernador, así en la ciudad de Zacatecas como en otras partes del reino, proveyendo todos los cargos y oficios de justicia de él, vacando los que dicha audiencia tenía proveidos sin haber cumplido. Y porque dicha audiencia mandó a los proveidos exhibiesen sus provisiones en ella, y prendió algunos de ellos porque no lo quisieron cumplir, ofendido de esto el marqués acabó de tomarles enemistad, mostrándola de palabra y obra.

320. Se le hace cargo al marqués que porque el Bachiller Baltasar de Mendoza, abogado, fue con comisión de la Audiencia de Guadalajara a las minas de Zacatecas y otras partes de su distrito a averiguar por ante Hernán Sánchez de Hurdiales, receptor, qué personas sin orden de dicha audiencia habían admitido y recibido por gobernador de aquel reino al marqués, despachó provisión real, por sí sólo, dirigida a Rodrigo del Río de Losa, su teninete de capitán general, para que los prendiese y enviase a la cárcel de México, con un capitán y nueve soldados de guerra; como se hizo, con escándalo que en la ciudad de Zacatecas se causó, y quiebra de la autoridad de la Real Audiencia de la Galicia, y mucho daño pérdidas y menoscabos en las personas y haciendas de los presos, porque los tuvo en prisión más de nueve meses, hasta que, sabiendo la llegada del nuevo virrey, los mandó dar en fiado.

321. Se le hace cargo al marqués que para conservar el gobierno de la Galicia y que la Audiencia de Guadalajara no pudiese volver a él, entre los que proveyó en cargos de justicia fue a Diego García Flores, receptor de la Audiencia de México, en la villa de Llerena y minas del Sembrete, a cuya orden mandó estuviesen ciertos presidios de soldados y en su compañía otros; y a Juan Domínguez, en las minas del Mazapil, con soldados; y al Capitán Miguel Caldera, en el valle de Tlatenango; ordenándoles tomasen posesión de sus cargos por fuerza y se conservasen en ellos, resistiendo a la Audiencia de Guadalajara si les quisiesen perturbar, prendiendo a los que por ella viniesen proveidos y se los enviasen presos.

322. Se le hace cargo al marqués que además de las causas de enemistad referidas con la Audiencia de Guadalajara, asimismo se distinguió de que dicha audiencia le fuese a la mano en las cosas que proveía de gobierno en aquel reino y de justicia, en que sin poderlo hacer se entrometía, enviando jueces comisarios suyos, como fue al Capitán Juan de Zayas para prender a Luis Carvajal de la Cueva, gobernador del Nuevo Reino de León; y a Antonio de Alcega, gobernador de la Vizcaya; y teniéndolos presos se soltaron por mandado de dicha audiencia. Contra la cual libró provisión real por sí solo, mandando no conociese de los excesos de la gente de guerra, diciendo pertenecerle al marqués como a capitán general, siendo contra lo que siempre se había usado y estaba proveido por S. M. Además de que alzaba destierros puestos por dicha audiencia por sentencia de vista y revista.

323. Se le hace cargo al marqués que por haber impedido a la Audiencia de Guadalajara el conocer y castigar los excesos de la gente de guerra de aquel reino, yendo contra cédula real que la audiencia tenía para ello, los soldados cobraron avilantez y osadía para cometer muchos delitos, viendo que no habían de ser castigados. Hizo por la mala voluntad que le había cobrado el marqués por las contradicciones que en lo del gobierno de aquel reino le había hecho.

[FALTAN DE 324 A 326]

[327.] Se le hace cargo al marqués que para que con puntualidad se cumpliese y ejecutase su voluntad y las prisiones de los licenciados Don Nuño de Villavicencio y Miguel de Pinedo, nombró a Gil Verdugo de Avila, su criado, a quien tenía proveido por contador y administrador general de las rentas de las alcabalas reales, y contador y juez de resultas de bienes de difuntos, para que saliese de esta ciudad, con color que iba a visitar los obrajes del valle de Toluca; donde le envió comisiones con un capitán y nueve soldados para que los fuese a prender, y una real provisión librada por el marqués, para que no los tuviesen por jueces en el reino de la Galicia ni los obedeciesen como a tales.

[328.] Se le hace cargo al marqués de que para acompañar a dicho Gil Verdugo, y que con más facilidad cumpliese sus órdenes, escribió y mandó a Rodrigo del Río de Losa, su teniente de capitán general en el reino de la Galicia, que luego tomase cincuenta soldados de los que estaban en los presidios, o los hiciese de nuevo, y con ellos se viniese al presidio de Xamy y esperase que llegase Gil Verdugo, y guardase su orden. Lo cual cumplió. Y la misma diligencia hizo el marqués con el alcalde mayor de la provincia de Michoacán, y con los demás corregidores y justicias de ella, y comarcanos a la Galicia, y con otras personas, escribiendo a cada uno en particular, mandándoles acompañasen a Gil Verdugo, sacando de su jurisdicción todos los españoles y más gente que pudiesen con sus armas y caballos, y se juntasen en día señalado en la ciudad de Zamora, como se hizo con mucho número de gente. Con lo cual, Gil Verdugo prosiguió su camino. El cual y dicho Rodrigo del Río con la gente que traía se juntaron en el puerto de Chapala, ocho leguas de Guadalajara. Que ante todos eran más de 250 hombres de a caballo con sus armas, sin otra mucha cantidad de mestizos, mulatos, negros e indios de servicio. Y asimismo en su ayuda en este tiempo, salió de la gobernación de la Vizcaya Don Antonio de Monroy, criado del marqués, gobernador puesto él en ella, con más de treinta hombres de a caballo armados.

329. Se le hace cargo al marqués que fue causa y ocasión de los alborotos y escándalos grandes que se causaron en la ciudad de Guadalajara y su comarca con la venida de dichos Gil Verdugo y Rodrigo del Río, y gente de armas que traían. Que causó gran confusión, porque los vecinos y mercaderes alzaban sus tiendas y escondían las haciendas en los monasterios y debajo de tierra y las mujeres, temerosas de lo que podía suceder, se escondían y salían de sus casas; y los indios se despoblaban y huían a los montes. Porque habiendo la audiencia y ciudad enviado al chantre de la catedral y a un regidor que saliesen al camino a Rodrigo del Río y sus soldados, y les pidiesen no se acercasen a la ciudad, representándoles muchos inconvenientes y la aflicción en que quedaban muchos vecinos de ella, trajeron por respuesta haberles dicho Rodrigo del Río que no podía dejar de cumplir la orden que tenía del marqués, y que era cosa recia que no le quisiesen dar el gobierno de aquel reino; y porque sus soldados les preguntaban por las más ricas tiendas y mujeres más hermosas de dicha ciudad. Que divulgado, quedó en poco espacio como si la hubieran saqueado y robado.

[330.] Se le hace cargo al marqués de que creció más el temor y aflicción de todos los moradores de Guadalajara con ver que habiendo salido de la ciudad el obispo de ella, Don Fray Domingo de Alcalá, acompañado de muchas personas doctas y graves, así de su cabildo como prelados de las religiones, seis leguas de camino. Y llegado al pueblo de Santiago, donde se vio con dichos Gil Verdugo y Rodrigo del Río, y les pidió no llegasen a la ciudad, porque la audiencia estaba llana de dar el gobierno al marqués habiendo orden de S. M. y recaudo bastante para ello, o que se tomase otro algún medio razonable y se despachase al marqués para que lo tuviese por bien. Y además de tratarlo con los sobredichos en la iglesia de dicho pueblo, lo propuso a la demás gente y soldados, representándolos con lágrimas cuanto se deservía S. M. de que pasasen adelante, haciéndoles sobre ello requerimiento. Y que sin embargo de esto, no había acabado nada con ellos y se había vuelto desconsolado y sin esperanza de buen suceso. Y que Gil Verdugo y Rodrigo del Río y soldados prosiguieron su camino y llegaron al pueblo de Analco, arrabal de la ciudad de Guadalajara, delante Rodrigo del Río con sus soldados armados y en ordenanza de guerra con su estandarte, y luego Gil Verdugo con su gente en la retaguardia, y se alojaron en dicho pueblo, asentando sus tiendas de campo.

331. Se le hace cargo al marqués que aunque se le sirvió por la Real Audiencia de Guadalajara y por el obispo y cabildo eclesiástico, representándole los daños e inconvenientes que se podían seguir, llevando adelante sus intentos, no tomando algún razonable medio, pidiéndole que se comprometiese en personas letradas de México que dicha audiencia ofrecía, como antes muchos días se lo había escrito y enviado a ello al Lic. Francisco de Pareja, oidor de dicha audiencia, la cual asimismo lo escribió a la de México, inquisición, gobernador del arzobispo, y cabildo eclesiástico y seglar. Sin embargo mandó que dicho Verdugo ejecutase su orden.

332. Se le hace cargo al marqués que aunque la Real Audiencia de México, oidores, alcaldes y oficial de ella le pidieron y requirieron por dos veces por escrito hiciese volver a Gil Verdugo, y gente que con él iba, poniéndole delante el deservicio de Dios y de S. M., representándole los grandes daños, alborotos, y escándalos y otros inconvenientes que se habían de seguir en esta Nueva España, no lo quiso hacer, respondiendo que se había de ejecutar lo que tenía ordenado. Y la misma prevención y diligencia se hizo con el marqués por prelados de este reino, inquisición, gobernador del arzobispado, y cabildo eclesiástico y otras personas, y tampoco condescendió a tan justas peticiones.

333. Se le hace cargo al marqués que aunque diversas veces se le escribió por la Audiencia de Guadalajara, obispo y cabildo de ella, lo mirase mejor, significándole como dicha audiencia tenía parecer que pedía justificadamente defender el gobierno que S. M. le tenía encargado con mano armada, y que para esto estaban recogidos y encerrados en la casa real con todos sus oficiales, él en la ciudad y otros que se habían llegado para defender su autoridad, jurisdicción y sello real, con artillería, arcabucería y otras armas, y que tenían fortificada la casa real de manera que no se podía entrar sin notable daño y muertes de los unos y de los otros. No quiso mudar parecer, antes habiéndosele enviado información de ésto, y escrito por cartas dichos Gil Verdugo y Rodrigo del Río las muchas dificultades que la ejecución de lo que tenía ordenado tendría, les escribió, mandándoles que sin replica y sin otra consulta ejecutasen su voluntad, dándoles orden como habían de batir y entrar en la casa real y hacer las prisiones; y a Gil Verdugo, que no cumpliéndolo, enviaría persona que a él y a los que con él estaban les cortasen las cabezas.

334. Se le hace cargo que por cumplir Gil Verdugo lo que tenía ordenado que del marqués tenía entró en la ciudad de Guadalajara, llevando la vanguardia el Capitán Juan de Zayas con la gente y soldados de Rodrigo del Río, y dicho Gil Verdugo con la demás en la retaguardia, en ordenanza como si hubieran de romper con el enemigo Y visto por el obispo y otras personas deseosas del servicio de S. M., hicieron prevención con la audiencia para que no se disparase artillería ni arcabuz, y con Gil Verdugo, entreteniéndole y pidiéndole que los pregones que quería dar, como los licenciados Don Nuño y Miguel de Pinedo estaban privados de sus plazas, los diese antes de llegar donde estaba la audiencia. Todo a fin de que se pasase el día. Y dados algunos pregones, se pusieron enfrente de la casa real donde se dio el último. Y visto que no salía nadie ni se hacía resistencia, mandó que Gil Verdugo alojara la gente en las casas de los vecinos, haciendo él lo mismo; estando en ellas solas mujeres, niños y doncellas, por estar sus maridos y padres en defensa de la audiencia; de donde procuraron salir a defender sus casas, mujeres e hijas, si no fueran impedidos por dicha audiencia, por evitar el daño que de esto pudiera resultar. Para cuyo efecto, viendo el sentimiento justo que los vecinos hacían por acudir a sus casas, libraron un real provisión, mandando a Gil Verdugo saliese de la ciudad con toda la gente. Y habiendo ido a notificársela el alguacil mayor con un receptor, no le consintieron lo hiciese.

335. Se le hace cargo al marqués de haber mandado a Gil Verdugo por carta que cercase las reales, donde estaba recogida la audiencia, sin dejar entrar ni salir persona alguna, y que se alojasen en las casas comarcanas, y al alba batiesen dicha casa y entrase en ella por fuerza de armas a ejecutar sus mandamientos. Lo cual hiciera, si no fuera porque fue avisado y persuadido por persona celosa del servicio de S. M. que la audiencia le había de prender aquella noche por no se haber dejado notificar dicha provisión. Que con esto antes que amaneciese se volvieron al pueblo de Analco, donde antes habían estado, y de allí se retiraron a Chapala.

336. Se le hace cargo al marqués que fue tanto el deseo que tuvo de prender a dicho oidor y fiscal y de traerlos afrentosamente a esta corte que, sabiendo que estaban recogidos en la casa real con defensa, despachó a dicho Gil Verdugo barriles de pólvora para que no le faltase munición. Y aunque después le mandó se retirase y volviese a México y despidiese la gente por carta 26 de mayo del año 1589, esto fue por aviso que tuvo que no se podía salir con su pretensión. Y esta determinación tomó tan tarde que si Gil Verdugo no se hubiera retirado muchos días antes, ya se hubiera seguido el rompimiento entre ambas partes, y causádose daños irreparables. De manera que no se evitaron por voluntad del marqués, pues cuando personas graves se lo rogaron, les dio por respuesta que no tratasen de aquello, que en aquella hora ya estaría todo acabado, como él le tenía ordenado.

337. Se le hace cargo al marqués de que cuando mandó a Rodrigo del Río, su teniente de capitán general, acudiese a Guadalajara y estuviese a la orden de Gil Verdugo con los cincuenta soldados, ordenó se pagasen de la caja real de Zacatecas a tiempo de partida de flota, cuando sólo se recoge el haber de S. M. para socorrerle con él. Y de que por haberse sacado dichos soldados de los presidios y partes donde servían, quedó desamparada toda la campaña y camino de Zacatecas y de México, Fresnillo, valle de la Puana, y así los indios chichimecas hicieron muchos daños, llevándose mucha cantidad de mulas y yeguas de las minas del Fresnillo y de otras partes, y haciendas por la falta que hicieron dichos soldados en haber dejado desamparados los caminos y pasos peligrosos y libres para los indios chichimecas salteadores.

338. Se le hace cargo al marqués que cuando mandó que dicho Gil Verdugo saliese de la villa de Zamora, era con tiempo que se habían de coger los panes de riego Y por haber llevado consigo contra su voluntad los labradores de aquella comarca y a los indios que les habían de ayudar en la cosecha, no osando hacer otra cosa por los bandos que so pena de la vida y perdimiento de bienes Gil Verdugo ponía para que todos le acompañasen, conforme a la comisión que llevaba del marqués, fue causa que muchas sementeras se perdiesen porque cuando volvieron no se pudieron aprovechar.

339. Se le hace cargo al marqués del daño y vejación que se causó y recibieron los indios comarcanos a la ciudad de Guadalajara, porque fueron muy vejados y molestados, tomándoles lo que tenían y haciéndoles servir todo el tiempo que Gil Verdugo y la gente que con él estuvo en dicha ciudad y comarca, y particularmente a los indios de la provincia de Avalos y otras partes, donde fueron compelidos a que cada tributario trajese dos almudes de maíz y una gallina, tomándoles sus mulas y caballos para llevar sus criados y ropa sin pagarles, y lo que pagaba menos de lo que valía, porque llevaban más de seiscientas bestias y muchos indios cargados.

340. Se le hace cargo al marqués de 1.064 pesos que mandó librar y pagar Gil Verdugo Dávila y sus oficiales, por lo que hubieron de haber de los salarios que les señaló cuando los envió a la ciudad de Guadalajara; y de 245 pesos que se pagaron por su mandado de Baltasar Martín y a Juan de Meneses, escribanos; 104 pesos, 6 tomines y 3 granos; y de 500 pesos que se sacaron de esta caja real de México y se entregaron por mandamiento del marqués a Cristóbal Gudiel, a quien los mandó pagar el Capitán Francisco Tavera, y a nueve soldados que había sido los que trajeron al bachiller Baltasar de Mendoza y Hernán Sánchez Hurdiales, para que fuesen en compañía de Gil Verdugo, y no consta se les hayan bajado de sus sueldos; y de 1.100 pesos que por tres mandamientos suyos libró en las cajas de S. M. de la Nueva Galicia y Zacatecas a Juan Salado, secretario de la gobernación y audiencia de Guada]ajara; y de más de 1.600 pesos que se pagaron a correos, gentes y vinientes que se despacharon diversas veces sobre este negocio; y de 2.733 pesos que montaron los salarios que se pagaron a Gonzalo Gómez de Cervantes y a sus oficiales del viaje que hizo a Guadalajara en esta ocasión, que sin hacer en el negocio que llevaba encargado cosa alguna, le mandó el marqués se volviese; y de toda la pólvora que así de parte del marqués como de dicha audiencia se consumió; y de las demás costas y gastos que se recrecieron a la real hacienda, sin lo mucho que costearon los alcaldes mayores y otras personas que sirvieron sin sueldo.

341. Se le hace cargo al marqués de todos los salarios que dicho Gil Verdugo gozó y cobró como contador de la real alcabala y de bienes de difuntos sin servir estos cargos en cincuenta y seis días, que se ocupó de la comisión que para Guadalajara llevó del marqués, además en los días que se entretuvo en la villa de Toluca visitando obrajes, pues hizo falta en la administración de dichos oficios, que no sirviéndolos no le debió correr salario en dicho tiempo. De los cuales dichos cargos y de cada uno de ellos, su señoría dijo que hacía e hizo cargo al Marqués de Villamanrique. Y mandó dar copia y traslado de ellos a su procurador para que dentro de treinta días le descargue, responda, diga y alegue de su justicia, y pruebe lo que viere que le conviene y se cite la parte del marqués para que vaya al Real Consejo de las Indias en seguimiento de dicha visita, con apercibimiento que no pareciendo le parará a dicho marqués entero perjuicio todo lo que se proveyere y determinare y notificare en los estrados reales. Y así lo proveyó y lo firmó en la ciudad de México a 26 de marzo de 1593 Pasó ante mí, Melchor de Molina

Corregido Melchor de Molina y Ayala.

Se notificaron al procurador del marqués a 29 de marzo de dicho año, y a 28 de abril, pasado quince días de término, y se le concedieron; y el 12 de mayo pidió otros quince días de termino y se le concedieron.

Fuente: Los Virreyes españoles en América durante el gobierno de la casa de Austria: México, edición de Lewis Hanke con la colaboración de Celso Rodriguez, Biblioteca de autores españoles, Atlas, Madrid, 1976-1978, 5 volúmenes, volumen 2, 1977, pp. 9-75.