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Siglo XVI > 1570-1579 > 1576

Relación hecha por el licenciado Palacio al rey D. Felipe II, en la que describe la provincia de Guatemala, las costumbres de los indios y otras cosas notables.
8 de marzo de 1576

C.R.M.

Por vuestras cédulas y provisiones está mandado y ordenado á los Vireyes, Presidentes y Gobernadores destas partes, hagan larga y verdadera relacion de la posicion de tierras, indios, lenguas, costumbres, rios, montes y raridades y cosas de sus distritos, de que deba darse cuenta á V. M. y ponerse por memoria, que así se debe creer lo habian fecho, y como cosa cumplida no trataré de ello; por otras, manda ansí mesmo V. M. que un Oidor, por su turno, ande visitando las provinicas de su partido para el bien, conservacion é pulicía destos naturales, y desagraviarlos de las sinjusticias y vexaciones que padecen, y vayan á componer y hacer justicia en las demás cosas que entre ellos se ofrecen. En cuyo cumplimiento esta V. R. Audiencia de Guatemala me nombró por la dicha visita y señaló algunas provincias de su distrito, donde ví y averigué algunas cosas, que de raras y de consideracion, me han forzado á dar cuenta á V. M., aunque con rudo estilo.

Conocida cosa es que del ámbito del mundo, que segun la comun opinion es de cinco mil seiscientas veinticinco leguas, posee y gobierna V. M. la mayor parte, como consta por su posicion; porque sin esos vuestros reinos de España, Italia y Flandes, hay á las islas del Poniente, do vuestros ejércitos van ampliando V. R. Corona, tres mil cuatrocientas cinco leguas, regualdos los paralelos y fecha la computacion á las comunes españolas, en que se incluye este distrito, que comienza de los postreros términos de Teguantepeque, y acaba en los de Costa-Rica; corre á Sudeste-Noroesta trescientas y más leguas. Está dividido en trece provincias principales, sin otras más menudas, que en ellas se incluyen, que son: Chiapa, Soconusco, Suchitepeques, Cuaahtemala, Verapaz, Izalcos, San Salvador, San Miguel, Honduras, Chaluteca, Nicaragua, Taguz-Galpa, Costa-Rica, y en cada una de ellas hay y hablan los naturales diferentes lenguas, que parece fue el artificio más mañoso quel demonio tuvo en todas estas partes para plantar discordia, confundiéndolos con tantas y tan diferentes lenguas como tienen, que son:

En la de Chiapa, la chiapenaca, hoque, mexicana, zozil, zeldalcuelen.

En la de Soconuso, la mexicana corrupta y la materna ó bebetlateca.

En la de los Suchitepeques y Cuaahtemala la mamey, achi, cuaahtemalteca, hutateca y chirichota.

Los Izalcos y costa de Guazacapan la populaca y pipil.

La Verapaz, la poponchi, caechi y colchi.

La de San Salvador la pipil y chontal.

En el valle de Hacacevastlan y el de Chimula de la Sierra, la hacacebastleca y apay.

La de San Miguel, Poton, Itaulepa y Ulua, la choluteca, mangue y chontal.

En Honduras la ulba, chontal y pipil.

En Nicaragua, la pipil corrupta, mangue, maribio, poton y chontal.

En la de Taguz-Galpa, la materna y mexicana.

En la de Costa-Rica, la inicoya, materna y mangue.

De las cuales comencé á visitar la de Guazacapan hasta el rio de Lempa, que corre cincuenta leguas al Este por la costa del Sur, y á lo ancho hasta Chiquimula de la Sierra, que corre treinta leguas de Norte-Sud, en que visité ciento cincuenta y seis lugares de españoles é indios, y entre ellos repartí setenta y ocho de los que los naturales deben pagar de tributo en cada un año á sus encomenderos.

La dicha costa comienza desde el rio de Michiatoya y fenece y acaba en el de Aguachapa; es abundante de montes, aguas, caza y pesca de todas suertes, tiene muchos frutales de la tierra y de Castilla, bonísimas naranjas y algunos higos y melones; es tierra de cacao y de buenas tierras para maiz y las demás legumbres y semillas, que los indios usan; tiene comodidad toda ella para hacer sal, aunque la hacen con mucho trabajo y riesgo de su salud; sacan la salmuerta, que para hacella han menester, de la tierra que la mar baña en sus crecientes, y cuécenla en hornos semejantes á los que los campaneros usan; gastan mucha leña y ollas para cocerlas, por manera, que aunque se podria hacer mucha, es costosa, enferma y trabajosa de hacer; tiene muchos esteros, de que se aprovechan grandes pesquerías de todo género de pescados y tortugas, aunque tienen y están llenos de caimanes, que propiamente son los cocodrilos, porque tienen las elecciones que dellos cuentan los naturales, y espanta pescar en ellos, porque allende de la firmeza que muestran y grandeza que tienen, están algunos muy encarnizados y cebados. Y ha acontecido, que pasando un gran toro por un rio, le asió uno de la cola, y era tan grande, que aunque salido el toro á la orilla, él tiró lo que pudo para desasirse y salir á tierra, y no pudo, porque el caiman era tan grande y feroz, que le tornó al agua y mató. Otros estragos y daños han hecho en diversas partes destas provincias, que admiran, aunque con toda la fiereza hay muchos indios que se echan al agua, y chapuzados debajo, le atan pies y manos, y dan cabo á otros indios que quedan en tierra, y ansí los sacan fuera del agua y los matan. Y llegando yo á un lugar, por meregalar me convidaron para que lo viese; no le quise aceptar por el riesgo que parece ofrece la braveza de un animal tan espantoso, los cuales, sin que yo lo supiese, fueron y ataron uno, como dicho es, y me lo trujeron. Hay algunos de diez, veinte, treinta y más pies, muy gruesos, de gruesos pies y manos, la cola gruesa y recia, hieren con ella bravísimamente; tienen muchas conchas, y no las pasa un arcabúz; á veces la boca muy grande con dientes fierísimos, repartidos en tres andanadas; yo conté á uno treinta y cuatro dientes en cada una, sin los colmillos con que atraviesa el hocico suprior por dos agujeros, que naturaleza le hizo. Tiene toda esta costa muchas praderías, que acá llaman savanas, grandes y de mucho pasto, y en ellas algunas estancias de vacas, aunque no las que podria haber, segun su grandeza y grosedad.

Es tierra enferma por la mucha calor y humedad que en ella hay, de que se suelen causar grandes calenturas y otros males pestilenciales, mosquitos de cuatro géneros, que de dia desasosiegan y enfada, y de noche no dejan dormir, muchas moscas y avispas de diversos géneros, malas y venenosas, que en picando hacen roncha, y si la rascan, llaga. Yo ví que un mozo cayó de una picadura aturdido y amortecido por más espacio de dos horas. Hay alacranes y unos gusanos peludos, que con cualquiera cosa que de su cuerpo toquen, emponzoñan y á veces matan, y otros que llaman ciento pies, tan malos y tan venenosos como los dichos, grandes culebras é víboras malísimas y otras sabandijas pestilenciales y muy dañosas, de diferentes especies, que espantan con los malos efectos que ellas y con ellas hacen. Hay unas que crian un cornezuelo en la cabeza, de que los malos usan para sus sucias lujurias, de efecto estraño, y para lo mesmo hay unos escarabajos muy grandes, los cuernos de los cuales aun son peores y de más mala operacion. Yo hablé á un sacerdote á quien unos, sus toscos amigos le hicieron con las raeduras de uno, una burla tan pesada, que ni bañarse, ni ungüento rosado, ni sangrar le aprovechó por más de veinticuatro horas. Hay en esta provincia abejas blancas, aunque pocas; hacen la miel y cera muy blanca; no pican tan mal como las otras ordinarias.

Hay en toda esta tierra un árbol comun, que nosotros llamamos ciruelos, y los indios cotes, que perdiendo las hojas, sin ellas crian y producen y dan su fructo, y despues de dado, echan hoja y se paran muy frescos y lozanos, como yocándose del fructo que han dado.

El dicho rio de Michiatoya, donde esta provincia comienza, nace y es un desaguadero de la laguna de Amatitan, cuatro leguas de Guatemala, y para caer á la dicha provincia hace un salto tan grande, que un arcabúz parece no podria llegar de abajo arriba, y una concavidad entre el agua y peña donde cae, muy grande, de manera que se crian en él gran suma de papagayos de diferentes suertes, y tantos murciélagos que es maravilla; y son tan malos, que si dan é topan una ternera, la matan é desangran. Cuélganse en la dicha cueva unos de otros, y hacen racimos y colgajos mayores que un sombrero, y en algunas partes se han despoblado estancias de ganado por el mucho daño que hacian en las dichas terneras.

En un lugar de aquella provincia, que se llama Nesticpac, hay unos lagos que parece salen de mineros de azufre, de mala agua y hedionda, salen á sus orillas pedazos del dicho azufre cuajados y congelados de la gravedad del agua, tan limpio y purificado, como lo mejor que viene de Alemaña, y el pasto que riega las vertientes desta agua, es tan bueno para los caballos y engordan tanto, que de muy perdidos y flacos, en pocos dias vuelven en sí y se paran muy hermosos y gordos.

Los indios desta provincia son humildes é de buena condicion; corre entre ellos la lengua mexicana, aunque la propia es popoluca; en su gentilidad usaban de los ritos é idolatrías, sueños y supersticiones de los pipiles y chontales, sus vecinos, de que trataré adelante; en los más lugares se conocen sus señores naturales, y eran poco poderosos; valia é mandaba entre ellos más, el que más podia é tenia más hombres de guerra.

Está repartida en seis partidos de clérigos; son medianamente instruidos en la doctrina cristiana; en la pulicía van tambien aprovechando, aunque como gente nueva en nuestras costumbres, si se descuidan dellos, saben á la pega de la gentilidad. Allí se me querelló un indio de que un su Alcalde, sin su pedimento, habia procedido contra su muger y castigádola por ocho adulterios, y forzádole á él á que pagase la condenacion que por ellos le habia fecho, por manera que allende de su afrenta le llevaban su dinero. El caso es que en tiempo de su infidelidad, era costumbre que alguna muger estaba de parto, la comadre hacia le confesase y dixese todos los pecasos, para que habiéndolos confesado, pariese mejor; y cuando habiéndolo fecho la tal mujer no paria, llamaban á su marido y hacíanle confesase él los suyos, y si esto no aprovechaba, quitábanle al tal marido el maxtli é pañetes, que traia calzados, é poníalos en los renes de la preñada, y si esto no aprovechaba para que pariese, la propia comadre sacaba su sangre y sacrificábala, asperjando con ella los cuatro vientos, haciendo algunas invocaciones y cerimonias. Sucedió que estando la mujer del querellante de parto se confesó, oyéndolo un alguacilejo que estaba escondido; dixo que habia cometido adulterio con los ocho referidos, y despues de sana, el dicho alguacil la acusó ante el Alcalde de los dichos delitos, y por ellos la prendió, castigó é penó.

Están aun siempre estos naturales en algunos yerros y cerimonias antiguas; placerá á Dios, que con la diligencia que se pone, poco á poco vayan olvidándose de su perdicion antigua y tomando el camino verdadero para salvarse.

No tiene esta provincia puerto, sino uno que llaman de Iztapa, donde antiguamente el adelantado Pedro de Alvarado hizo ciertos navíos pequeños. Han querido algunos decir que será cómodo, que si V. M. fuere servido, se pase por estas provincias la contratacion del Perú y se corresponda con él, lo cual es imposible por muchas razones. Su entrada es playa de mucho tumbo, desabrigada y de mala faccion para puerto; hace la mar una barra en la tierra harto grande y honda en la entrada, y la boca es muy baja, porque cuando es mar muerta, aun no hay un estado de agua, y hay resaca; la dicha boca se muda cada año á donde la fuerza de los tiempos hiere más recio. Dicen algunos, que para que la barra no se mude, se podria hacer un muelle, que la fuerce siempre á estar en un lugar y no mudarse; parece razon de poca consideracion, porque allende que aunque estuviera siempre en un lugar y no mudase, es baxa y de poca agua, desabrigada, y que con los tiempos tiene más ó menos arena por falta de cimiento, que no tiene por ser arena gruesa y lavada, no tiene V. M. hacienda en estas provincias para podello hacer en veinte años. Dicen tambien, que en la dicha barra se podría echar un rio que con su corriente haga mayor barra y boca, y más hondo y mejor puerto; tampoco es bien considerado, porque allende que será muy costoso y poco firme, segun lo que la mar y remanso hace entrar la tierra adentro, aunque en ella se echasen muchos rios, no harian ni podrian hacer fuerza, que contra la furia ordinaria de la mar y gran tumbo que siempre alli tiene, haga barra ni puerto conviniente; y cuando contra ella hobiera tanta agua y corriente que lo pudiera hacer, la propia corriente impidiera y estorbára que fuera puerto, como quieren decir que podria.

La provincia de los Izalcos.

La cosa más rica y gruesa, que V. M. tiene en estas partes, comienza del rio de Aguachapa y acaba en Gueymaco y costa de Tonalá; corre por la misma costa diez y ocho leguas, tiene las cualidades del suelo y cielo para la de Guazacapan, y abundancia de cacao, pesca y frutos y demás cosas que acá comunmente hay en las tierras salientes, y en especial la más abundante de cacao que se sabe. El árbol que dá el cacao es mediano, tiene sus hojas como castañal, aunque mayores; produce flor y fruta casi todas las lunas, y lo mismo hacen en estas partes todos los naranjos; echa su flor el tronco y ramas, comenzando las más veces desde el suelo, y como ellos echan la flor y crian su fruto. Hay otros dos géneros de árboles, que se llaman zícaras y zapotes, de que se van criando unas mazorcas más largas y mayores que piñas, y dentro dellas veinticinco ó treinta almendras, que es el cacao, de las cuales doscientas valen comunmente entre los indios un real, y es la moneda que para las cosas menudas corre de ordinario entre ellos y nosotros. Es tan tierno este árbol, que con cualquier estremo se pierde y seca, y ansí para criarle es menester mucho cuidado y ponelle otro árbol que llaman Madre, que le haga sombra y ampare del sol y del aire. Antiguamente era tan estimado, que nadie bebía del dicho cacao, que no fuese cacique, gran señor ó valiente soldado. Usaban en el sembrallo muchas cerimonias, escogiendo de cada mazorca é piña los mejores granos de cacao, y juntos los que habian menester, los saumaban y ponian al sereno en cuatro dias del plenilunio, y cuando los habian de descombrar, se juntaban con sus mujeres y hacian otras cerimonias bien súcias. En efecto; era la cosa más preciada que acá habia; ha crecido y multiplicádose tanto despues questán en vuestra Real Corona, con la libertad que tienen de bebello y tratallo, que desta provincia principalmente y de su comarca se provee la Nueva-España, de que hay mucho comercio y contratacion de una á otra parte. La calidad desta fructa es casi fria en tercero grado; úsase en las bebidas generalmente, y gástase y cójese tanto, que parece que lo que sale á Nueva-España y dan y gastan en sus casas y labores, debe ser en solos cuatro lugares de los izalcos más cincuenta mill cargas, que a su precio comun, valen quinientos mill pesos de oro de minas; yo los conté y repartí el tributo. Ocupan todos ellos con sus huertas dos leguas en cuadro, de que se infiere que no se sabe cómo tales leguas de árboles y huertan fructifiquen y den tanto valor. Cuentan estos naturales el cacao por contles, xiquipiles y cargas; un contle es cuatrocientas almendras, un xiquipil veinte contles, que son ocho mill almendras, y una carga tres xiquipiles, que son veinte y cuatro mill almendras. Por estos números cuentan todas las cosas, y es el mayor que entre ellos se halla.

Está el puerto de Acazutla, donde surgen y están los navíos, que andan al tracto del dicho cacao é mercaderías que vienen del Perú y Nueva-España. Tambien se ha querido decir que este puerto es bueno é suficiente para la correspondencia con el Perú, si V. M. fuese servido que la que ahora hay en tierra firme se pasase á esta provincia; está en altura de trece grados y treinta y seis minutos, é por la diferencia de meridiano de Sevilla al desta tierra y declinacion, se le dá cuatro minutos, con que serán trece grados y cuarenta minutos. Córrese Este-Oeste, está desabrigado del Sur y sus colaterales, y la playa es de mucha resaca y tumbo.

Están situados los izalcos en la falda de un volcan, que siempre está humeando, y que segun todos afirman, se ha consumido y bajado de ciencuenta años á esta parte más de veinte estados de altura; y algunos años ha arrojado y espelido de sí tanta ceniza, que ha cubierto la tierra muchas leguas al rededor y fecho gran daño en las huertas del cacao. Vierte á la parte del Sur, como á la más baja, mucha agua, alguna muy buena y otra malísima y hedionda, con la que forma un rio, que llaman de la Ceniza, por el mucho y gran hedor que lleva. Sale ansímismo del otro arroyo, de tan mal y viscosa agua, que en poco tiempo cubre y hace piedra cualquiera cosa que en él cae. Y aconteció, que habiéndosele caido á un indio un machete, al cabo de dos años se halló cubierto de más de un palmo de piedra por todas partes. Y fuera de la tierra destos izalcos, en un lugar que se llama Tecpa, sale del dicho volcan otro arroyo, de la mesma calidad; y dicen que en la provincia de Chiapa, hay un rio que hace lo mismo, y sacando unos indios piedra para hacer cal y quebrando una, hallaron dentro un fuste de una silla gineta, sano y entero.

Los dichos izalcos, van subiendo tres leguas, hasta un lugar que se llama Apaneca, tan fresco y aun frio, como que es el estremo de los lugares dichos. Cójense en él granadas, membrillos, manzanas y duraznos, trigo y las demas cosas que á estas partes han venido de esos vuestros reinos.

En el mesmo alto, una legua del antedicho, está otro que se llama Ataco, del mismo temple y fertilidad, muy abundante de toda montería y caza, por los muchos y buenos montes que para ella tienen. Tuve noticia que habia en él venados de la forma de los que hay en la India de Portugal, é hice matar algunos, en que se hallaron algunas piedras, que probadas en enfermedades pestilentes, hacen el mismo efecto que las que se traen de la dicha India. Hay tambien un género de osos pequeños, que no tienen la boca como los de esos reinos, sino que en el cabo del hocico tienen un agujero pequeño y redondo, y para mantenerse proveyólos naturaleza de una lengua larga y acanalada, con que chupan y sacan la miel do quiera que la hallan, y cuando esta les falta, se van á los hormigueros, donde tendiendo su lengua como caño y agujero de otra cosa, engañadas las hormigas, éntranse y se hartan dellas.

Hay asimismo muchas dantas de color blanco, pardo y bermejo, y muchos otros géneros de animales estraños y dañinos, y muchas yerbas y árboles de buenos efectos para la salud humana.

Prosiguiendo en la visita deste lugar, y pidiendo razon de los menores y huérfanos, para saber el trato de sus personas y haciendas, me trujeron una niña de año y medio, huérfana de padre y madre, que estaba en poder y la daba leche una vieja de más de setenta años. É yo, admirdo de que mujer de tanta edad tuviese leche, la hice traer delante de mí, é ví cómo la niña la mamaba. Averigüé allende que era de la dicha edad, que jamás habia parido, sino que al tiempo que tomó la dicha niña, movida de piedad y con ánimo de crialla, y porque no tenia quién la diese leche suficiente, la dió el pecho y la vino leche. Hícelo tomar por testimonio, y que se diese á entender á los indios cómo por la caridad que aquella mujer habia tenido, Dios habia sido servido de usar con ella aquella maravilla contra la órden comun, para que los indios se moviesen á misericordia, que lo han bien menester.

Del dicho lugar fui á otro de vuestra Real Corona que se llama Aguachapa, de mediano temple, de la fertilidad y cazas dichas. Hácese en él la mejor y más galana loza, al modo de los indios que hay en estas provincias. Principalmente la hacen y es oficio de mujeres, las cuales la labran sin rueda ni instrumento alguno, sino que preparado el barro, lo adelgazan é igualan con las manos, de manera que hacen muy bien cualquier vasija que les mandan. Hay en los términos de este lugar dos arroyos, y en el uno hacen los indios pozos y remansas de agua, en que se cria una nata y escremento, que beneficiado, se hace colorado como grana, y desto hacen y dan color á unos jarros que hacen muy curiosos; yo creo que es bolarménico, porque tiene las elecciones dél, y ansí mismo lo ha dicho un médico. Bebido, aprovecha al flujo de sangre, y háse probado en enfermedades pestilentes y aprovechado mucho. Débese creer que, si lo es, el agua do esto se nota pasa por algun minero del dicho bolarménico. En el otro arroyo, con la misma órden, coxen otra tierra negra, con que dan muy buen color negro, aunque lavado se vacía.

Hay en el término del dicho lugar unos manantiales, que yo ví, de agua caliente, y tanto que quema, y tan diferentes en el color y nascimientos que espantan. Llámanle los indios el infierno, y no sin alguna semejanza; brota y sale el agua en espacio de un tiro de ballesta por muchas partes y con diversos estruendos, segun los órganos por do salen; unos hacen ruido, como suena un bastan, otros como molino, otros como fuelles, otros como quien ronca y de otras mill formas; en algunas partes sale el agua turbia, en otras clara, en otras colorada, en otras amarilla y de otros colores, segun los mineros de tierra por do pasan; y del humo que de allí sale, se hace un betun de diferentes colores, que parece podria servir para pintar los indios. Suelen llevar sus ollas de elotes y de carne y cocellas en algun respiradero de aquella agua. Y habrá tres años, que pasando un muchacho por el dicho lugar, se le sumió y hundió una pierna en un pantano desta agua, y aunque le socorrieron luego, dejó la carne de toda la pierna, y sacó el hueso y niervos mondos y limpios, y murió otro dia siguiente.

Despues de todas estas fuentes se hace un rio, que llaman el rico caliente, que aunque sale por debajo de la tierra más de media legua de este lugar, ha acontecido pelar los pies á un caballo y mancalle.

Dos tiros de arcabúz, cerca de una sierra que allí está, hay otros respiraderos de agua caliente, y está una piedra de cinco varas de largo y tres de ancho, hendida por medio, por cuya hendedura sale siempre cantidad de humo; y llegándose á ella, se oye el más horrible y espantoso ruido que se sabe. Y acontece muchas veces, cuando los tiempos andan revueltos, que salen por allí unos bramidos y truenos, que se oyen media legua alrededor, cosa por cierto que admira. En el monte donde esto está, hay grandes y gruesos árboles y un género de robles con grandísismas bellotas, de que los muchachos hacen tinteros, é yo tengo una concha de las dichas bellotas, que tiene tres dedos de grueso. Hay en los términos deste lugar escorpiones tan grandes como gazapos, é un género de sapos menores que ranas, que saltan por los árboles y se tienen como pájaros. En tiempo de aguas, hacen tan grande estruendo y dan tan grandes bramidos como unos terneros, y aunque esto me lo habian afirmado, no lo quise creer hasta vello; y ansí mesmo las mayores hormigas, que he visto, cómenlas los naturales, é las venden en sus mercados.

Toda esta provincia está repartida en ocho partidos de clérigos, y por el mucho comercio que en ellos hay, es gente entendida é ladina, é instruida por la mayor parte en las cosas de la fée.

La provincia de Cenconatl se acaba en el lugar dicho, y comienza la de San Salvador en el de Atiquizaya, que es un lugarejo de vuestra Real Corona, que tiene la caza é fertilidad de los pueblos ya dichos. Hacen una masa y betun, que llaman axin, de un género de gusanos hediondos y ponzoñosos, que es maravilloso medicamento para todo género de frialdades y otras indisposiciones. Nace dos leguas de este lugar el rio que llaman de Aguachapa, y á siete de su nacimiento vá muy grande, y á trece, que es donde entra en el mar del Sur, es tan grandísimo, que creo que en todas las Indias no hay rio tan grande con tan poca corriente.

De allí fuí al lugar de Santa Ana; no tiene cosa de notar más que dos géneros de madera; de las astillas de la una hacen y tiñen la color leonada, y el otro palo, si lo echan en el agua, se torna azul estremadamente. Cerca del dicho está un lugarejo que se llama Coatan, y en sus términos una laguna en la falda del volcan dicho, hondísima y de mala agua y muy llena de caimanes. Los indios pipiles tenian esta laguna por un oráculo de suma autoridad, sin que ningun humano pudiera ver lo que en ella habia, y el que lo probase, se habia de tullir y morir de mala muerte; y derivaban esta devocion de patrañas antiguas. Entendiendo yo que los indios de la comarca estaban generalmente en este error, mandé que me hiciesen unas balsas para entrar en la dicha isla y desengañarles de tal torpeza; y estando hechas y para partirme, parece que ciertos negros y mulatos, de una estancia allí vecina, entraron en la isla é hallaron un ídolo grande de piedra, de figura de mujer, y algunos sacrificios cerca. Con lo cual los indios viejos y antiguos se desengañaron de su yerro, y los mozos más cristianos entendieron la burla de aquel santuario, que era como los demás de su gentilidad.

En el término y montes del lugar de Guaymoco, de vuestra Real Corona, hay grandes árboles de bálsamo, y en toda la costa de Tonalá, que es de su partido; en la iglesia del dicho lugar ví doce pilares del bálsamo de á más de cincuenta y cinco piés de altos; es madera muy recia y pesada. El licor que en comun se coge dél, es por el verano, que acá llaman desde Noviembre hasta Mayo. Vale una botija perulera de él doscientos y cuarenta reales entre los indios; sácanlo con alguna violencia, porque para que el árbol dé y destile más, lo chamuscan con leña alrededor del tronco. Yo he hecho sacallo y cojello, como el árbol lo dá y despide, sin otra fuerza de fuego ni instrumento; dicen es licor maravilloso y que será de mejor efecto; echa su semilla como almendras, y en ellas cria un licor como oro; hice sacar un poco, tambien se cree que es maravillosa cosa; en habiendo ocasion se esperimentará tambien; hice sacar de las mismas pepitas agua, que dicen las mujeres ser muy buena para agua de rostro.

De allí se vá á la ciudad de San Salvador por una angostura y callejon estraño; pásase yendo por él un rio sesenta y siete veces; está á la falda de un volcan grande y de mucha circunferencia; por sus faldas no echa fuego, porque la materia que le causaba se debió acabar. En el tiempo que ardió, consumió é hizo tan gran boca, que baja más de media legua y está hondísima, y antes de llegar á lo bajo hace dos estancias ó plazas de la forma de los hornos de cal. De lo más hondo y último sale un humo estraordinario y de tan grande hedor, que ha acontecido que llegándose un español cerca, se desmayase y amorteciese. Desde lo último de abajo hasta lo más alto está lleno de grandes cedros, pinos y otros muchos géneros de árboles y animales y de quemazones del fuego que solia haber en él.

Tres leguas de su estremidad, está un lugar que se llama Nixapa, donde hay un pedazo de monte áspero, que llaman el mal pais, de piedra, de mucha tierra quemada y arrojada y muy tendida en grandes pedazos; y ansí pone admiracion de dónde pudo venir, pues en todo lo que hay hasta el dicho volcan, no aparesce señal de lugar do haya habido fuego, sino en el dicho volcan; paresce que pues las piedras y tierra que allá hay, son quemadas, y no hay lugar dó más cerca pudiera salir, que el dicho volcan las arrojó al tiempo que tenia fuego, como lo ha hecho en estas provincias uno que hay en el valle desta ciudad, que pocos años há, echó de sí grandes montones de fuego y piedra, y otro de Nicaragua que reventó y subvertió unas tierras sobre un valle, é hundió ciertos lugares de indios en que murieron hartos.

Del dicho volcan salen muchas é muy buenas aguas; junto al dicho lugar de Nixapa se forma un rio dellas, y sale un arroyo que corre y lleva agua de noche y hasta las siete ú ocho del dia, é lo demás, se sume é no paresce. Junto al cerro de San Juan, en la provincia de la Choluteca, es público y notorio que hay otro, que solo corre hasta medio dia, y de allí hasta la noche se sume el agua; y otro en la provincia de Chiapa, que tres años contínos corre, y tres no corre ni parece agua.

Ansí mesmo, en la falda del dicho volcan, hay una hoya redonda, de mucha anchura, que muestra haber sido volcan y ardido mucho tiempo, porque en todo su circuito, la tierra y peña está muy quemada é molida del fuego, y nace agora una fuente de bonísima agua, de que se provee el lugar de Cuzcatan, que está asentado á orilla della.

Junto al dicho lugar está la ciudad de San Salvador; es de buen temple y fértil tierra, está en altura de trece grados y treinta y seis minutos. Cuando llegué á ella, casi estaba despoblada, porque un temblor grande, que hizo el segundo dia de la Pascua del Espíritu Santo pasado, les derrocó y molió todas sus casas, que, aunque muchas eran fuertes é buenas, se cayeron é abrieron; fue el más espantoso que jamás se ha visto. Yo ví un lienzo muy grueso de la pared de la iglesia, que habiéndole levantado el temblor hácia arriba, se tornó á sentar desviado de su cimiento un xeme por algunas partes, y á este tono otras muchas cosas. En el camino y sierras que llaman de los Tezacuangos, hay hendiduras por muchas partes, y ninguna cosa de los indios de aquellas tierras quedó en pié, todas cayeron. Contóme un español, que caminaba por allí á la sazon, que tembló, porque las sierras parecia que se juntaban unas con otras, é que á él le fue forzado apearse y tenderse en el suelo, porque no se podia tener en pie. La casa donde yo estaba, parecia un navío, pues las domas llegaban con los tejados al suelo, é quiso Nuestro Señor que no peligraron sino tres personas, que fue misericordia suya, segun las casas cayeron, y la gente andaba turbada y espantada. En los arrabales de la ciudad salen tres ojos muy grandes de agua caliente, muy buena é clara é sin ningun mal sabor, y que en sacándola se enfría y bebe; en su nacimiento es algo cálida, aunque se puede sufrir, y como va corriendo, se va resfriando; no creo que en el mundo pueda haber mejor disposicion para baños que en las dichas fuentes.

Cerca de la dicha ciudad hay una laguna que boxa cinco leguas, de poco fruto, porque hasta agora que han echado algunas mojarras, no ha habido pescado de momento. Cuentan los naturales indios antiguos, que solia haber en ella culebras de estraña grandeza, y que un cacique de un lugar, que se llama Atempamacegua, topó una, que segun la demostracion que hacia, debia tener más de ciencuenta pies; no lo tengo por cosa muy auténtica, porque nadie dice la ha visto si no es este cacique, aunque es notorio por fama antigua en toda aquella provincia.

A la costa del Sur hay unos campos, que se llaman de Tivoga, que corren catorce leguas hasta el rio de Lempa, término de la provincia de San Miguel, y llanos abudantísimos de pasto para gran cantidad de ganados; al presente hay algunas estancias, pero muy poco ganado para lo que podria haber. Hay en ellos grandes pesquerías y disposicion para hacer sal, al modo de los indios, á un lado de los dichos campos. Á la falda de un alto volcan están cuatro lugares de indios, que llaman de Nunualcos, donde de poco tiempo á esta parte, se beneficia y cria cacao abundantísimamente, y en tanta cantidad, que, tanto por tanto, escede á la provincia de los Izalcos.

A la parte del Norte del dicho volcan, está un lugar que se dice Iztepeque, y en sus términos hay unos manantiales de agua caliente de la misma forma, que dixe los habia en el lugar de Aguachapa; tienen mucho alumbre y azufre; en todo aquel alrededor hay muchos árboles y yerbas para buenos efectos, y en especial están los montes llenos de raiz de Mechuacan. Del lugar dicho, aunque es en la misma provincia, comienza otra lengua de indios, que llaman los Chontales, gente más bruta, aunque antiguamente valientes entre ellos.

Hay en la dicha provincia una laguna, que se dice de Uxaca, grande, y que de su desaguadero se forma y hace el rio de Lempa, que es uno de los mayores de este distrito; tiene en medio dos peñoles, en el uno de los cuales, antiguamente los indios de aquel distrito hacian sus sacrificios é idolatrías; es tierra, aunque caliente, fértil, de mucha pesca y caza, hay algunos venados blancos, y no se sabe en estas provincias dó los haya en otras partes; en su ribera hay un género de árboles pequeños, que dan una goma de lindo olor, y que si se moja parece menjuy finísimo; dá la flor muy olorosa, y el fruto no se sabe que sea de provecho.

Tres leguas della está el lugar de Micla, donde antiguamente los indios pipiles deste distrito tenian grande devocion, y venian á ofrecer sus dones é á hacer sacrificos, y lo mismo hacían los chontales é otros indios comarcanos de diferentes lenguas. Tenian en sus sacrificios algunas especialidades, de que aun hoy hay grandes señales é indicios.

Allende del cacique y señor natural, tenian un Papa que llamaban Tecti, el cual se vestia de una ropa larga azul, y traia en la cabeza una diadema y á veces mitra, labrada de diferentes colores, y en los cabos della, un manojo de plumas muy buenas, de unos pájaros que hay en esta tierra, que llaman quetzales; traian de ordinario un báculo en la mano, á manera de obispo, y á este obedecian todos en lo que tocaba á las cosas espirituales. Despues de este, tenia un segundo lugar en el sacerdocio otro que llamaban de Tehua-Matlini, que era el mayor hechicero y letrado en sus libros y artes, y el que declaraba los agüeros y hacia sus pronósticos. Habia, allende destos, cuatro sacerdotes que llamaban Teupixqui vestidos de diferentes colores y de ropas hasta en pies, y eran negros, colorados, verdes y amarillos, y estos eran los del consejo de la cosas de sus cerimonias, y los que asistian á todas las supersticiones y boberias de su gentilidad. Habia tambien un mayordomo, que tenia cuidado de guardar las joyas y preseas de sus sacrificios, y el que abria y sacaba los corazones á los sacrificados, é hacia las demás cosas personales que eran necesarias. Sin los dichos había otros, que tenían trompetas é instrumentos de su gentilidad, para convocar y llamar la gente á los sacrificios que habían de hacer.

Eleccion del Papa y sacerdotes.

Cuando el Papa fallescia, lo enterraban vestido, asentado en un banco pintado en su propia casa, y le lloraba todo el pueblo quince dias con muchos gritos y alaridos, y ayunaban todos los quince dias. Acabadas las exequias, el cacique y el sábio elegian otro Papa por suertes, y habia de ser uno de los cuatro sacerdotes susodichos, y á la eleccion de este, hacian grandes mitotes y fiestas, y este electo sacrificaba la lengua y miembro genital, y la sangre ofrecia á sus ídolos, y este elexia el sacerdote que habia de entrar en su lugar, y habia de ser uno de los hijos del Papa muerto, si los tenia, ú otro hijo de sacerdotes, y proveia los demás oficios que faltaban en sus teupas.

Adoraban al sol cuando sale, y tenian dos ídolos, uno en figura de hombre, y este se llamaba Quetzalcoatl, y el otro en figura de mujer, llamado Itzqueye; todos los sacrificios que hacian eran á los susodichos, y tenian calendario ó dias diputados para cada uno dellos, y ansí el sacrificio se hacia conforme á quien caia la suerte del dia.

Sacrificios.

Hacian los sacrificios solemnes cada año, de dia; el uno al principio del invierno y otro al principio del verano; y este sacrificio era oculto, que solo lo veian caciques y principales, y era dentro de la casa de la oracion, y los que sacrificaban para este sacrifico, eran muchachos de seis hasta doce años, bastardos y nacidos entre ellos.

La manera deste sacrificio.

Tañian sus trompetas y atabales un dia y una noche; antes y luego todo el pueblo se juntaba en la manera susodicha, y los cuatro sacerdotes dichos salian del Cu con cuatro braseritos de fuego, y en elos puestos capal y uli. Íbanse derechos todos cuatro juntos á dó sale el sol, y se hincaban de rodillas ante él y le saumaban, diciendo palabras é invocaciones. Esto fecho, se dividian hácia cuatro partes, Este, Oeste, Norte y Sur, y predicaban sus ritos y cerimonias; acabado el sermon, se entraban corriendo en unas casas, que tenian hechas á los cuatro vientos, y descansaban un rato. De ahí se iban á la casa del Papa, que estaba junto al Cu, y allí tomaban el muchacho que habian de sacrificar, y daban cuatro vueltas al patio en manera de baile, cantando. Acabadas las vueltas, salia el Papa de su casa con el sábio y mayordomo, y subian al Cu con el cacique y principales, los cuales quedaban á la puerta de su adoratorio; y luego los cuatro sacerdotes tomaban al muchacho en brazos, cada uno de su mano y pié, y salian luego al mayordomo con cascabeles en los piés y manos, y por el siniestro lado le sacaban el corazon y lo daban al Papa, el cual lo ponia en una balsa pequeña labrada y la cerraba. Los cuatro sacerdotes tomaban la sangre del sacrificado en cuatro jícaras, que son unos vasos de cierta fruta que los indios usan, y salian uno tras otro, abajaban al patio, y á las cuatro partes de los vientos dichos, asperjaban la sangre con la mano derecha, y si sobraba alguna sangre, la volvian á donde estaba el Papa, el cual echaba la sangre, corazon y bolsa en el cuerpo del sacrificado, por la propia herida, y enterrábanlo en el mismo Cu. Este era el sacrificio que hacian para los tiempos del año.

Juntábanse el Papa, sábio y hechicero con sus cuatro sacerdotes, y sabian por sus suertes y hechicerias si harian guerra, ó si alguno vendria contra ellos; y si las suertes les decian que sí, llamaban al cacique y capitanes de guerra y estos salian en busca de sus enemigos, y si tenian victoria en la batalla, luego el cacique despachaba correo al Papa y le avisaba el dia que habia subcedido, y el sábio veia á quien se habia de hacer el sacrificio. Si era á Quetzalcoatl, duraba el mitote quince dias, y cada dia sacrificaban un indio de los que habian cautivado en la batalla; y si era á Aitzqueye duraba el mitote cinco dias, y cada dia sacrificaban otro indio. El sacrificio se hacia de esta manera: todos los que e hallaron en la guerra, venian en ordenanza cantando y bailando, y traian á los que habian de sacrificar con muchas plumas y chalchivites en los piés y manos, con sartas de cacao al pescuezo, y estos traian los capitanes enmedio de sí. Salia el Papa y sacerdotes con los demás del pueblo á recebillos con baile y música, y los caciques y capitanes, ofrescian aquellos indios al Papa para el sacrificio. Íbanse luego todos juntos al patio de su teupa, y bailaban todos los dias y noches susodichos, y en medio del patio ponian una piedra, como poyo, y sobre ella echaban al indio que habian de sacrificar, de espaldas, y los cuatro sacerdotes tenian al indio de piés y manos. Salia el mayordomo con muchas plumas y cargado de cascabeles, con un navajon de piedra en la mano, y le abria el pecho y le sacaba el corazon, y en sacándolo lo echaba en alto á las partes de los cuatro vientos, y la quinta vez lo echaba en medio del patio, derecho en alto cuanto podia, y decia: "Toma, Dios, el premio de esta victoria." Este sacrificio era público, de modo que chicos y grandes lo vian.

Los que eran soldados de la guerra, no dormian en sus casas con sus mujeres, sino en unos calpules que tenian diputados para ello; lo propio hacian los mancebos que amostraban el arte de la milicia, y de dia iban á casa de sus mujeres á comer y beber y de allí á sus millpas, y siempre quedaba una compañia á guardar el pueblo. Conocíanse los valientes, en cuanto tenian más agujeros en su miembro; el que más, aquel era más valiente. Las mujeres sacrificaban las orejas y lengua y se labraban todo el cuerpo, y la sangre que les salia, la cogian en algodones y la ofrecian á sus ídolos; las mujeres á Itzqueye y los hombres á Quetzalcoatl.

Las supersticiones que hacian para sus sementeras, era que tomaban en unas jícaras pequeñas todas las suertes de semillas que querian sembrar, y las llevaban ante el altar de sus ídolos, y en el suelo hacian un hoyo y las ponian por su órden y las cobijaban con tierra, y sobre ellas ponian un brasero grande con muchas brasas y con copal y ulí, y los cuatro sacerdotes se sacrificaban las orejas y narices y por ellas se metian unas cañas largas y las quemaban ante sus ídolos. Otras veces sacaban sangre de la lengua y miembro, y pedian á sus ídolos les diesen frutos y que fructificasen todas las semillas de la tierra. El Papa se sacrificaba la lengua, orejas y miembro, y con la sangre que desto salia, untaba los pies y manos á los ídolos, é invocaba al demonio y hablaba con él, y le decia los tiempos que habian de subceder, y mandaba á aquellos cuatro sacerdotes, dijesen al pueblo lo que el ídolo le habia dicho, y siempre concluian esta plática con mandalles que tuviesen comunicacion con sus mujeres y de allí fuesen á sembrar; y este era el sacrificio de las semillas.

Lo que hacian en los sacrificios de la pesca y caza, era que tomaban un venado vivo y llevábanlo al patio del Cu é iglesia que tenian fuera del pueblo, y allí lo ahogaban y lo desollaban y le salaban toda la sangre en una olla, y el hígado y bofes y buches los hacian pedazos muy pequeños y apartaban el corazon, cabeza y pies, y mandaban cocer el venado por sí, y la sangre por sí, y mientras esto se cocia, hacian su baile. Tomaban el Papa y sábio la cabeza del venado por las orejas, y los cuatro sacerdotes los cuatro pies, y el mayordomo llevaba un brasero, do se quemaba el corazon con ulí y copal, é incensaban al ídolo que tenian peusto y señalado para la caza y pesca. Acabado el mitote, ofrecian la cabeza y piés al ídolo y chamuscábanla, y despues de chamuscada, la llevaban á casa del Papa y se la comia, y el venado y su sangre comian los demás sacerdotes delante del ídolo; á los pescados les sacaban las tripas y los quemaban ante el dicho ídolo. Lo propio era con los demás animales.

Lo que usaban cuando parian las mujeres, era que si llamada la partera, la preñada no podia parir, luego la hacian decir sus pecados, y si no paria, hacia que se confesase el marido, y si no podia con esto, si habia dicho y confesado que conocia alguno, iban á casa de aquel y traian de su casa la manta é pañetes, y se las ceñían á la preñada para que pariese; y si esto no bastaba, el marido se sacrificaba las orejas y lengua. Y cuando la criatura nacia, si era hombre, le ponian un arco y flechas en la mano, y si era mujer un huso y algodon, y la partera le hacia en el pié derecho una raya con tizne. Significaba esta raya, que cuando fuese grande, no se perdiese por los montes. Pasados doce dias, llevaban la criatura al sacerdote, y á aquel que la llevaba, le cortaban ramos verdes en que pisase; y llegado ante el sacerdote, le ponia el nombre de sus abuelos ó abuelas, y le ofrecian cacao ó gallinas, y estas eran las ofrendas de los sacerdotes. Llegados á casa con la criatura, la partera tomaba á la recien-parida y la llevaba á lavar al rio, y ofrecia al agua cacao y copal, y esto hacian porque el agua no le hiciese mal.

Los ritos de sus difuntos, era que si fallecia el cacique ó algun capitan ó señor, ó hijo ó mujer destos, los lloraba el pueblo cuatro dias y cuatro noches; á la cuarta noche, cuando amanecia, salia el Papa y decia que el ánima de aquel cacique estaba con los dioses y que no llorasen más. Todos etos se enterraban en sus propias casas, asentados y vestidos con todos sus bienes; y aquellas cuatro noches y dias, su llorar era como á manera de mitote, cantaban sus hazañas y linajes, y si era cacique, luego otro dia, el Papa y todos los demás del pueblo, tomaban por señor al hijo ó hija, si los tenia, y si no al hermano ó pariente más cercano, y á la eleccion de este se hacian grandes bailes y fiestas y sacrificios, y él daba de comer á todos los capitanes y sacerdotes en su casa. Si el difunto no era principal, solo le lloraban sus parientes y sus hijos; y si á alguna mujer se moria la criatura, guardaba la leche cuatro dias, que no la daba á ninguna otra criatura, porque tenian por agüero quel difunto le haria algun daño ó mal. Este sacrificio se llamaba navitia.

El cacique era su oficio mandar sembrar y casar á los indios, y siempre los casaban con muchachas, y cuando estaban concertados, si acaso el yerno encontraba al suegro, torcia el camino; lo propio hacia la nuera á la suegra. Y hacian esto porque el diablo les decia, que no habrian hijos si se topasen con los suegros. El casamiento y boda se hacia de esta manera: los padres de la novia iban por el novio, y lo llevaban al rio á lavar, y los parientes del novio iban por la novia; y lavados en el rio ambos, los envolvian á cada cual en su manta blanca, nueva, y los llevaban á la casa de la novia, y los ataban juntos en las dos mantas añudadas, desnudos en cueros. Los parientes del novio daban de presentes á la novia jicoles, mantas, algodon, gallinas, cacao; y los parientes de la novia lo mismo al novio, y luego comian todos juntos; á estos casamientos se hallaban el cacique y el Papa, de necesidad.

En lo que tocaba al parentesco.

Tenian un árbol pintado, y en él siete ramas, que siginificaban siete grados de parentesco. En estos grados no se podia casar nadie, y esto se entendia por línea recta, sino fuese que alguno hubiese fecho algun gran fecho en armas, y habia de ser del tercer grado afuera. Por línea trasversa, tenia otro árbol con cuatro ramos, que significaban el cuarto grado; en estos no se podia casar nadie.

Fuera de otras leyes que los indios tenian en toda la provincia, tenian los de esta nacion por inviolables las siguientes:

Cualquiera que menospreciaba los sacrificios de sus ídoos ó sus ritos, moria por ello.

Cualquiera que se echaba con mujer agena, moria por ello.

Cualquiera que tenia cuenta carnal con pariente en los grados susodichos, morian por ello ambos.

Cualquiera que hablaba con cualquier mujer, ó le hacia señas, si era casada, le desterraban de su pueblo y le quitaban sus bienes.

Cualquiera que se echaba con esclava agena, le hacian esclavo, sino fuese que á la tal persona le perdonase el Papa por servicios, que hubiese fecho en la guerra.

Cualquiera que hurtaba hurto, como fuese grave, moria por ello.

Cualquiera que forzaba doncella, le sacrificaban por ello.

Cualquiera que mentia, le azotaban bravamente, y si era en cosa de guerra, le hacian esclavo por ello.

Los que no eran para la guerra, cultivaban las tierras millpas del cacique y Papa y sacerdotes, y de las propias suyas daban un tanto para la gente de guerra. Esto es lo que he alcanzado de este pueblo.

En el dicho lugar está una peña, de donde salen dos ojos de aguja casi juntos, el uno muy caliente y el otro frio. Hay en él muchas especias, que los indios usan para sus comidas y bebidas, é una tierra que parece caparosa, que lo debe de ser segun el efecto que hace, con que se hace tinta en toda la provincia.

Desde este lugar comienza la provincia y corregimiento del pueblo de Chiquimula de la Sierra; es lo más del tierra alta y de buen temple y pastos, fértil para labranzas y crianzas de todo género de mantenimientos y ganado.

Hácia la parte que de este lugar vá á dar á Gracias á Dios en Honduras, son indios chontales. Averigüé estando allí un delito contra un cacique del lugar de Gotera, el cual desde su gentilidad tenia el miembro hendido y abierto, que era una de las gentilidades que usaban antiguamente los más valientes; é quel año de 63, en otro lugar cercano, que se llama Cerori, ciertos indios idolatraron en los términos de un monte, y uno se harpó y hendió su miembro, y que circuncidaron cuatro muchachos de doce años para arriba, al uso judáico, y la sangre que salió dellos, la sacrificaron á un ídolo de piedra, redondo, llamado Izelaca, con dos caras atrás y adelante, y con muchos ojos. Decian que este era el dios que sabia lo presente y lo pasado y veia todas las cosas; tenia untadas ambas caras y ojos de sangre, y sacrificábanle venados, gallinas, conejos, ají, chian y otras cosas que ellos usaban antiguamente.

Cerca del dicho lugar, estaba un cerro alto; en la perspectiva parece sobrepuja á todas las alturas comarcanas, y tiene en su alto una laguna de agua dulce, grande, de mucha hondura, sin que parezca de dónde puede tener vertiente ó nacer tanta agua. Cierto que mirada la situacion de toda la tierra, parece que allí es lo más alto della, é que ó la laguna es milagrosa, ó tiene algun venero que las hondas entrañas de la tierra producen, y sustentan de ordinario tan gran piélago de agua y un vertiente grande que della sale siempre. Críanse allí muchas dantas, más que en otra parte de aquella tierra; suélense matar algunas, aunque la carne no es muy buena de comer, porque es viscosa; tienen dos buches, en el uno echan el pasto ordinario, y el otro traen siempre lleno de palos y de madera podrida; no sé que sea de algun efeto, más es de creer que no se lo ditó naturaleza en valde.

En la provincia dicha, está un lugarejo encomendado en un Gerónimo, italiano; sucedió allí el año de 74, que cansados los indios y enfadados de una larga enfermedad que habia tenido su cacique, de acuerdo y juntos fueron á su casa y le dixeron que segun su enfermedad habia sido larga, estaban cansados de serville y mantenelle, y que pues ya no era de provecho ni los podia gobernar, se muriese y acabase de dalles más pesadumbre. El cacique enfermo les respondió que tenian razon, y que pues ansí era, que él se queria morir, que lo enterrasen. Ellos, oida su determinacion, le amortajaron vivo y tocaron á muerto y lo llevaron á enterrar. Ocurrieron á la iglesia los más del lugar, y entre ellos la mujer del encomendero, y admiraba que estanto el dicho cacique poco antes con mediana dispusicion, se hubiese muerto tan presto, se llegó á él é dijo á los indios que no le enterasen, que podria ser algun desmayo; y como tentando le vió que estaba caliente, quitóle el velo del rostro y vióle vivo, y ella riñendo á los que le llevaban á enterrar, lo quitó de allí y llevó á su casa, y vivió despues más de cuatro meses; é para desenojalla, la decian el caciques y los vecinos, que peor hubiera sido si lo matáran. Esta señora, mujer del dicho encomendero, por el año de 64 se hizo preñada, y malparió cinco hijos de una vez, de cinco meses, y todos vivos.

Cerca del dicho lugar, como van á la cibdad de San Pedro, en el primer lugar de la provincia de Honduras, que se llama Copan, están unas ruinas y vestigios de gran poblazon y de soberbios edificios, tales, que parece que en ningun tiempo pudo haber en tan bárbaro ingenio como tienen los naturales de aquella provincia, edificio de tanta arte y suntuosidad. Es ribera de un hermoso rio y en unos campos bien situados tierra de mediano temple, harta de fertilidad é de mucha caza é pesca.

En las ruinas dichas hay montes que parecen haber sido fechos á manos, y en ellos muchas cosas de notar. Antes de llegar á ellos, está señal de paredes gruesas y una piedra grandísima, en figura de águila, y fecho en su pecho un cuadro de una vara de largo y en él ciertas letras que no se sabe qué sea.

Llegados á las ruinas, está otra piedra en figura de gigante; dicen los indios antiguos, que era la guarda de aquel santuario. Entrando en él, se halló una cruz de piedra de tres palmos de alto, con un brazo quebrado.

Más adelante van ciertas ruinas y algunas piedras en ellas labradas con harto primor; y está una estátua grande, de más que cuatro varas de alto, labrada como un obispo vestido de pontifical, con su mitra bien labrada y anillos en las manos. Junto á ella, está una plaza muy bien fecha, con sus gradas á la forma que escriben del Coliseo romano, y por algunas partes, tiene ochenta gradas, enlosada y labrada por cierto en partes de muy buena piedra é con harto primor. Están en ella seis estátuas grandísimas, las tres de hombres armados á lo mosáico, con liga gambas, é sembradas muchas labores por las armas; y las otras dos, de mujeres, con buen ropaje largo y tocaduras á lo romano; la otra, es de obispo, que parece tener en las manos un bulto, como cofrecito; decian ser de ídolos, porque delante de cada una dellas habia una piedra grande, que tenia fecha una pileta con su sumidero, donde degollaban los sacrificados y corria la sangre. Tambien tenian sendas cazolejas, do sacrificaban con sus sahumerios; y en medio de la plaza, habia otra pila mayor, que parece de bautizar, donde ansí mesmo debian hacer en comun sus sacrificios.

Pasada esta plaza, se sube por muchas gradas á un promotorio alto, que debia ser donde hacian sus mitotes y rictos; parece fue fecho y labrado con mucha curiosidad, porque siempre se hallan allí piedras muy bien labradas.

Á un lado de este edificio, parece una torre ó terrapleno alto, que cae sobre el rio que por allí pasa; hás e caido y derrumbado un gran pedazo, y en lo caido se descubrieron dos cuevas debajo del dicho edificio, muy largas y angostas y fechas con harta curiosidad. No he podido averiguar de qué servian, ó para qué se hicieron. Hay una escalera que baja hasta el rio por muchas gradas, y sin lo dicho, muchas cosas que demuestran haber habido allí gran poder y concurso de hombres é pulicía, é mediana arte en la obra de aquellas figuras y edificios.

He procurado, con el cuidado posible, saber por la memoria derivada de los antiguos, qué gente vivió allí, é qué saben é oyeron de sus antepasados. No he hallado libros de sus antigüedades, ni creo que en todo este distrito hay más que uno, que yo tengo. Dicen, que antiguamente habia venido allí y fecho aquellos edificios, un gran señor de la provincia de Yucatan, é que al cabo de algunos años se volvió á su tierra solo, é lo dejó despoblado. Esto parece que, de las patrañas que cuentan, es la más cierta, porque por la memoria dicha, parece que antiguamente, gente de Yucatan conquistó y subjetó las provincias de Ayajal, Lacandon, Verapaz y la tierra de Chichimula y esta de Copan. Así la lengua apay, que aquí hablan, corre y se entiende en Yucatan y las provincias dichas, y ansí mismo parece que el arte de los dichos edificios es como la que hallaron en otras partes los españoles, que primeramente descubrieron la de Yucatan y Tabasco, donde hubo figuras de obispos, hombres armados y cruces, y pues en ninguna parte se ha hallado tal sino es en los lugares dichos, parece que se puede creer que fueron de una nacion los que hicieron uno y otro.

De los lugares dichos, me volví á Guatemala, porque por indispusiciones de algunos del Audiencia, fue necesario para el despacho de los negocios, y ansí se me mandó lo hiciese. Pasé por lugares bien frios y fragosos, donde hay los mayores y más hermosos pinos, robles, cedros, cipreses y otros muchos árboles, que hay en todas estas provincias.

Estas son las cosas que en el discurso de la visita, que hice por órden de V. M., me parecieron dignas de alguna consideracion. No pongo entre ellas la órden y particularidades de su gentilidad, por ser muchas y requerir gran scriptura, aunque pudiera, por tener hecha memoria de las más de ellas. Siempre que V. M. me ocupáre en su servicio, procuraré tratar en lo general y en semejantes especialidades, de manera que la entienda, que á lo menos tengo buen deseo.-Nuestro Señor, la C. y R. persona de V. M. guarde muchos años con augmento de mayores estados y con felicísimos sucesos.-Desta vuestra ciudad de Guatemala á 8 de Marzo de 1576 años.-C. R. M. humilde y leal criado que besa las Reales manos á V. M.-El Licenciado Palacio.

Fuente: Colección de documentos inéditos: relativos al descubrimiento, conquista y organización de las antiguas posesiones españolas en América y Oceanía, sacados de los Archivos del Reino y muy especialmente del de Indias, por Torres de Mendoza, Luis de, abogado de los Tribunales, ex-Diputado a Cortes, con la cooperación competente. Autorizada por el Ministerio de Ultramar, según Real Orden de 10 de julio de 1862, Imprenta de Frías y compañía, Madrid, 1864-84, 24 tomos. Primera Serie, tomo VI, 1866, pp. 5-40.