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Siglo XVI > 1570-1579 > 1576

Real cédula disponiendo que los monasterios de frailes y monjas no tengan bienes propios, haciendas, rentas ni granjerías y ordenando la confección de un catastro.
El Pardo, 24 de octubre, 1576.

El Rey

Don Martín Enríquez, nuestro visorrey, gobernador y capitán general de la Nueva España.

Como habréis entendido, al principio de esas provincias se descubrieron, las religiones se fundaron en ellas en suma pobreza y desprecio de hacienda, y de manera que aun las que por su institución podrían tener bienes en común no los adquirían ni tenían, con lo cual se edificaba mucho y era de grande ejemplo, así a los indios naturales, como a todos los fieles cristianos que ahí residían; y después acá, procediendo el tiempo, en algunas partes y monasterios se ha adquirido hacienda en común, teniendo posesiones, sementeras, ganados y granjerías, de que parece resultar notables inconvenientes, y demás del perjuicio de los pobladores de esa tierra y demás rentas reales, el principal era desacreditarse las religiones, pareciendo que en común se tiene codicia de adquirir hacienda y que cesa aquella perfección apostólica que al principio tenían, y de ocuparse en la granjería de su hacienda, descuidarse de la conversión y doctrina de los indios, cargarlos y fatigarlos en las labores de sus heredades y crianza de sus ganados y beneficios de sus granjerías.

Y tratándose del remedio de esto, en primero de diciembre de 1570 pasado mandamos escribir a los generales de las Órdenes de Santo Domingo y San Agustín, encargándoles que pues no habían menos razón de esperar en nuestro Señor que, según su gran misericordia, había de sustentar a los dichos religiosos y a sus órdenes en esas provincias, como hasta entonces había sustentado a los que en ella habían estado, ni se había de presumir hubiese en ella menos virtud y religión para sufrir las asperezas de la pobreza, que en sus predecesores, proveyesen y diesen orden que en esas provincias y en las del Perú, ni en otra ninguna parte de las Indias, no se apartasen de la dicha santa institución en que estaban, y dispusiesen de cualquier hacienda y bienes que hubiesen aceptado, y granjerías que tuviesen, y las convirtiesen en otros píos usos.

Y así mismo por cédulas nuestras de la misma data encárgueles a los provinciales de las dichas Órdenes de Santo Domingo y San Agustín de esa Nueva España, que desde luego hiciesen comenzar a disponer de los bienes y haciendas que los monasterios de sus órdenes tuviesen en esa tierra y los convirtiesen en otros píos usos.

Y ahora, Juan Velázquez de Salazar, procurador general de esas provincias, y en nombre de esa ciudad y por parte del arzobispo de ella, nos ha hecho relación diciendo que de haberse después de esto permitido por cédula nuestra de 18 de julio del año pasado de 1572, que los monasterios y los dichos religiosos pudiesen tener los propios y haciendas en pueblos de españoles, que les fueren dados, dejados y mandados por españoles, con que siendo dados por indios en ninguna manera los pudiesen tener, aunque fuesen en los dichos pueblos de españoles, se han seguido y siguen y forzosamente se seguirán en de adelante grandes inconvenientes por las causas de suso referidas, y por ser muchos los monasterios de frailes y monjas que hay en esa tierra, y tantos los propios y haciendas que han ido comprando y las que cada día van adquiriendo por mandas y compras, que en breves años vendrán a ser más los bienes raíces de los dichos monasterios, y no los habrá para los vecinos, ni para sus hijos y descendientes; y así mismo faltarán propios y haciendas para sustentar con sus diezmos y limosnas las iglesias, monasterios y hospitales y otras obras de las que hay en esa ciudad; y así mismo faltarán los diezmos del arzobispado, con que se sustenta el clero, y el edificio y fábricas de las iglesias.

Y que para lo tocante a los naturales y a lo que de ello adquieren los dichos religiosos, no había sido bastante remedio prohibirles que en pueblos de indios no tuviesen propios, haciendas y granjerías, porque con las limosnas y mandas y lo demás que adquirían de los tales indios, compran y engruesan sus propios y haciendas en la dicha ciudad y en los demás pueblos de españoles y fuera de ellos, suplicándonos mandásemos que por ahora en la dicha ciudad no se fundasen más monasterios de frailes ni monjas, y que los que hay de religiosos, vivan en pobreza y en mendicidad de hacienda y bienes temporales; y los que tienen los conviertan en otros píos usos; y despachar nuestras sobrecédulas de las que sobre ello habíamos mandado dar, o mandásemos que de aquí en adelante no puedan tener ni tengan las dichas religiones más bienes propios ni haciendas raíces de las que al presente poseyesen, o como la nuestra merced fuese.

Y visto por los del nuestro Consejo de las Indias, fue acordado que debíamos dar esta nuestra cédula para vos, por la cual vos encargamos y mandamos que luego que ésta recibáis, os informéis de todos los monasterios de frailes y monjas de todas órdenes que hay en las provincias de vuestra gobernación, así en pueblos de españoles como de indios naturales, y de todos los bienes propios, haciendas, rentas y granjerías que cada uno de ellos tiene en particular, y de la manera que son y lo que rentan y pueden rentar, y los que son comprados y los que tienen por donación y mandas o de otra cualquier manera, y lo que puedan valer y lo que bastará a cada una casa y monasterio para su sustentación.

Y en los primeros navíos que vinieren a estos reinos nos enviaréis relación de todo ello con vuestro parecer al dicho nuestro Consejo de las Indias, para que en él visto se provea lo que convenga; y en el entretanto daréis orden y proveeréis cómo ninguno, ni alguno de los dichos monasterios de frailes ni monjas no adquiera, ni compre, ni pueda adquirir en manera alguna, ni comprar más bienes, rentas, haciendas ni granjerías de aquellas que tuvieren al tiempo que ésta recibiéreis; que si es necesario por la presente lo prohibimos y defendemos.

Publicada por Carreño, pp. 376-379, Konetzke (t. 1, pp. 495-498) y Solano (doc. 53, pp. 258-261).

Fuente:

Francisco de Solano. Cedulario de tierras. Compilación. Legislación agraria colonial (1497-1820). Instituto de Investigaciones Jurídicas. Universidad Nacional Autónoma de México. Primera edición: 1984. Segunda edición: 1991. México.

http://biblio.juridicas.unam.mx/libros/libro.htm?l=387