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  Siglo XV

Siglo XVI > 1570-1579 > 1574

Ordenanzas de la mesta de la Nueva España, aprobadas por el virrey don Martín Enríquez.
México, 25 de enero, 1574.

Que se guarde en la Nueva España y se ejecuten por los alcaldes de Mesta y justicias, a quien tocare, las ordenanzas de ella siguientes:

Número 13.

[Que no se rompan las cercas y valladares los pueblos de Indios]

Que por cuanto en algunas partes hay cercas hechas para la defensa de pueblos y sementeras de indios, ninguna persona sea osada a romper los valladares y cercas que así están hechas y se hicieren, so pena que cada cabeza de ganado mayor que se tomase fuera de la cerca -desde que el maíz comienza a nacer hasta que está cogido- incurra el dueño de tal ganado pena de un peso de oro común; y por el rompimiento de la tal cerca, de diez pesos del dicho oro y que a su costa se repare.

Número 18.

[Normas para los rodeos]

Que en cada estancia, desde el día de San Juan de junio hasta mediado el mes de noviembre de cada un año, en cada semana, en las partes y lugares que por la dicha justicia les fuere mandado y señalado, sean obligados a hacer, y hagan, rodeo de los ganados vacunos y caballeros.

Y todos los otros de las otras estancias comarcanas a donde conviniere hacer el tal rodeo sean obligados a salir, y salgan, a le ayudar a hacerle, para que hecho cada uno saque las reses que de su hierro y señal conociere y las lleve a su estancia.

Andando el tal rodeo por orden entre las dichas estancias, so pena al que lo contrario hiciere: siendo español o mestizo, de diez pesos de oro común, aplicados según ordenanzas de Mesta; y siendo negro, o mulato, morisco, les sean dados cien azotes.

Número 46.

[Aprehensión de ladrones de ganado]

Que por cuanto en toda la tierra donde hay estancias comarcanas o pueblos de indios se quejan sus dueños de ellas que los indios de los tales pueblos, mestizos y mulatos y otras personas, tienen redes y lazos y hacen hoyos en que matan los ganados y tienen perros con que los corren.

Y para evitar el daño que de esto se sigue ordeno y mando que los mayorales y mayordomos de las dichas estancias que hallaren las tales personas matando ganados o haciendo hoyos, puestas redes y lazos, u otros artificios con que matarlos, que los dichos mayorales o mayordomos puedan prender, y prendan, a las dichas personas y los lleven presos ante los alcaldes de Mesta o ante la justicia más cercana, para que los castigue.

Número 79.

[Que los que tienen estancias de ganado, mayor menor, no excedan los límites de propiedad]

Que por cuanto muchas personas que tienen estancias de ganados, mayores y menores, excediendo de sus títulos pueblan con ganado mayor los que son dados por menor, y con menor los que son dados por mayor.

Y así mismo otros que tienen mercedes por caballerías de tierra para labranzas las hacen estancias de ganado.

De lo cual, demás del daño que se sigue a los naturales y otros terceros redundan muchos inconvenientes.

Y para evitarlo mando a todas las justicias de esta Nueva España, a cada uno en su jurisdicción, que durante el tiempo de su uso y ejercicio de sus cargos visiten las estancias y labranzas que hubiere en su distrito, y sepan y averigüen quiénes y cuáles personas excediendo de sus títulos -que les han de mandar exhibir - han ido y pasado contra el tenor y forma de ellos y han hecho estancias de ganado las caballerías de tierra que se dieron para labranzas y metido ganado mayor en los sitios que se dieron por menor y por el contrario.

Y las tales justicias provean cómo se deshaga lo que se hubiere hecho en contra de los tales títulos y porque ninguna vía se exceda de ello, apercibiendo a sus dueños que haciendo lo contrario incurrirán en pena de perdimiento de las tales estancias y tierras que tuvieren, y cuyo valor aplico las dos tercias partes para la Mesta, juez y denunciador.

Número 81.

[Que no se pegue fuego en los montes, campos ni sabanas]

Que por cuanto de pegar fuego en los campos y sabanas se ha visto suceder inconvenientes generales y particulares, y en especial se ha visto ser dañoso para la conservación de los pastos para los ganados, y que el efecto para que se hace es vicio o para casi ninguno provecho, ni efecto.

Por la presente ordeno y mando que ninguna persona de ninguna calidad que fuere sea osada de pegar fuego en ningún monte o sabana, so pena de que si fuese español dé 100 pesos de oro común, aplicados según dicho es; y si fuese mestizo, mulato, morisco o indio le sean dados 100 azotes y sea desterrado por tres arios precisos de la parte donde pusiere el tal fuego y seis leguas en la redonda.

Y mando a los justicias que de esto tengan particular cuidado y para la guarda de ello pongan alguaciles y guardas que les pareciere convenir.

Número 82.

[Medidas de las estancias y distancias]

Que por cuanto por no estar bien declarado en las ordenanzas que hasta ahora se han hecho la distancia de tierras que han de tener las estancias de ganados, mayores y menores, se podrían recrecer pleitos y otros inconvenientes.

Atento a lo cual, declaro, ordeno y mando que las estancias que hasta aquí se han hecho merced y se hiciere de aquí adelante, las que frieren para ganado mayor tengan 3,000 pasos de marca de a 5 tercias de vara cada paso en cuadra, de linde a linde.

O 1,500 a cada parte, desde el asiento de la casa.

Y las de ganado menor tengan 2,000 pasos de marca en cuadra, de linde a linde, o 1,000 del asiento y casa a cada parte.

Y el asiento sea conforme a los títulos y no se asiente estancia de ganado mayor si no fuese que haya 3,000 de los dichos pasos de la una casa a la otra, y 2,000 la de ganado menor.

Por manera que para efecto de no hacer corral, ni majada, nadie en el distrito de la estancia del otro se ha de entender que a cada sitio de estancia de ganado mayor le pertenecen 1,500 de los dichos pasos por todas partes: desde el asiento de la casa.

Y a las estancias de ganado menor, 1,000.

En las cuales ningún otro pueda hacer majadas, ni corral.

Y cuando estuviere alguna estancia sola guardando a la otra estancia de ganado mayor 1,500 pasos, a todas partes, desde la dicha casa y asiento.

Y lo demás, siendo sin permiso, se pueda proveer por otro.

Y ninguna persona que tuviere merced sea osada de tomar más tierra, so pena de perdimiento de la tal estancia.

La cual luego se le derribe y saque el ganado de él a su costa, y pague 50 pesos de minas, aplicado como dicho es.

Y esta razón se asiente en las mercedes que de aquí en adelante se hicieren, en las cuales y en las que están hechas las justicias tengan cuidado de que se guarde lo susodicho.

RAH. Colección Mata Linares, t. 97, fols. 459-486v.

Fuente:

Francisco de Solano. Cedulario de tierras. Compilación. Legislación agraria colonial (1497-1820). Instituto de Investigaciones Jurídicas. Universidad Nacional Autónoma de México. Primera edición: 1984. Segunda edición: 1991. México.

http://biblio.juridicas.unam.mx/libros/libro.htm?l=387