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Siglo XVI > 1560-1569 > 1567

Memorial del Virrey de Nueva España Gastón de Peralta, Marqués de Falces, sobre las condiciones en México.
23 de marzo de 1567

El 10 de setiembre pasado escribí a S. M. todo lo que hasta entonces tenía que decir, cuyo duplicado ahora envío por si no hubiere tenido buen suceso el navío de aviso con quien escribí, de que era señor y maestre el Capitán Juan Aguión de Guevara. Y aunque en ésta quisiera ser breve por no enfadar a S. M. tengo tanto que decir que no podré serlo en ninguna manera. Yo le suplico me perdone.

El proceso del Marqués del Valle y sus hermanos pasó adelante por sus términos y por no poderse zanjar lo que al marqués toca antes que la flota se fuese. Pareció ser cosa conveniente hacer remisión de ello a S. M. y aunque en el auto que la audiencia pronunció mandaba que se llevase preso y a buen recaudo, por otro auto me hicieron remisión para que yo diese orden de cómo se había de llevar. Y habiendo entendido que en alguna manera la mayor parte de esta república estaba algo escandalizada del rigor del auto por pretender como pretenden que la culpa del levantamiento no era tanta como los testigos y las averiguaciones han dicho y mostrado. Y por asegurar y allanar más los ánimos de la gente y estar yo cierto que en esta sazón convenía al servicio de S. M. que el Marqués del Valle fuese a dar cuenta de sí, aunque para el viaje le hiciésemos el puente de plata, me pareció tomarle pleito homenaje de que se presentaría ante S. M. conforme a lo en él contenido, cuyo testimonio envío con ésta. Y aunque los oidores de esta real audiencia luego como se le tomó el pleito homenaje lo sintieron mucho, por no estar fuera de los escrúpulos que han tenido; y también porque algunas personas les ponían temores y sospechas asegurándoles que habría alguna revolución con la libertad del marqués. Después han ido cayendo en la cuenta de que lo más acertado que se podía hacer era enviarle con pleito homenaje, pues poca gente de guarda fuera de poco fruto y mucha pudiera dar inquietud, a cuya causa y entendiendo la seguridad de la tierra y ver que en alguna manera la autoridad y poder de S. M. se había por algunas vías querido enflaquecer, me obligó a que debajo de pleito homenaje fuese el marqués a hacer presentación de su persona. Pretendiendo, como he pretendido, que nadie ha de tener poder ni fuerzas contra el servicio de S. M. ni les ha de osar por pensamiento, y si en haber dado lugar a que el marqués vaya debajo de la orden dicha he tenido alguna falta. S.M. crea que no ha sido por entender como hombre que tiene la cosa presente, que así convenía a su real servicio.

Don Luis Cortés se sentenció este otro día revocando la primera sentencia cuanto a la muerte y traición y por culpa que contra él resulta en que sirva a S. M. diez años precisos en Orán, o en la parte donde más fuere servido, y confiscación de bienes y costas. Y así irá preso y se entregará por tal a los oficiales de Sevilla por el General Juan de Velasco, para que allí envíe S. M. a mandar lo que será de más servido.

A Don Martín Cortés se le ha hallado poca culpa y por esto no se ha sentenciado hasta ahora. Entiendo que se sentenciará en las primeras audiencias.

A dicho Marqués del Valle le pareció que para que su tierra y vasallos estuviesen más sujetos al mando y gobierno de la persona que S. M. tenía en esta tierra, era bien darle poder general como su propia persona lo tiene y puede tener. Y así me apretó a mí por sí mismo y por terceras personas para que yo recibiese dicho poder, y aunque por la sazón en que estábamos y porque se pudiera el justo averiguar los vasallos y valor de su hacienda por si S. M. quisiera trocársela, me parecía no ser inconveniente recibir el poder todavía. Lo dejé de hacer por la autoridad de este oficio, y porque sin mandato de S. M. no lo debía yo hacer en ninguna manera; y por decir por una petición que me dio que él se iba a España en cumplimiento del auto de la audiencia y pleito homenaje que había hecho con fin de no volver a esta tierra sin expreso mandato de S. M., en cuyo servicio había dejado a su hijo mayor, y pues yo en su real nombre estaba en este gobierno, quería dejar en mi poder dos hijos suyos a fin de que se adoctrinasen y aprendiesen lo necesario para cuando fuesen de edad que pudiesen servir a S. M., como lo habían hecho él y sus pasados.

Atento a que la larga navegación y los malos sucesos del mar le podrían causar alguna desgracia en ella, y así por parecerme que de esto no se seguía inconveniente ninguno, antes era asegurar más las cosas, los he querido tomar y quedan en mi casa adonde se criarán lo mejor que yo pudiere hasta que el marqués dé orden dónde han de estar, o S. M. mande otra cosa.

De las islas del poniente no ha venido navío ni se sabe cosa ninguna, y así se han despachado los dos navíos que acá estaban con 170 soldados, porque los marineros hacían mucha costa y era muy necesario a lo que se dice enviar algún socorro a Miguel López de Legaspi. Y no se han podido despachar antes por no estar hecha la jarcia y haber de traer claves y otras cosas del puerto de San Juan de Ulúa. Todo lo cual se hace con tanta costa de la hacienda de S. M. que no puedo dejar de decir que tendría por cosa acertada si esta navegación se ha de continuar, que yendo debajo de la capitana de S. M., a cuya costa se proveyese y artillase muy bien, pudiesen mercaderes y otras personas armar navíos y hacer sus viajes imponiendo los derechos que fuesen justos en las mercaderías de ida y vuelta, dándoles la orden necesaria para los viajes porque si en alguno de ellos estos navíos de S. M. faltasen para hacer otros tales y ponerlos en orden, sería muy grande la costa que en ello se haría. Y sabiendo como ya se sabe el viaje, y teniendo por tan cierta y segura la navegación, habrá algunos que gastarán bien en aparejar navíos y enviar mercaderías que rescate de lo de allá. Y el aprovechamiento de la hacienda de S. M. tengo por cierto sería mayor cantidad que enviando y aparejando los navíos a su costa.

Y si ésta ha de pasar adelante, será muy necesario que en unos valles, parte de ellos de riego que me dicen hay cerca del puerto de Acapulco, donde los navíos se aprestan, se hiciese sementera de cáñamo y allí se aderezase e hiciese la jarcia necesaria. Porque de traer la pita de que ella se hace hasta esta ciudad y llevarla hecha de aquí a dicho puerto es de tanta costa, que ha de ser muy grande el provecho que de dichas islas ha de venir para llegar a la costa, aunque todo se ha de posponer por el principal intento que S. M. tiene, que es la reducción de las almas de aquellos infieles. Yo advierto, como soy obligado, de lo que me parece conviene al servicio de S.M. y porque sobre el despacho de los navíos los oficiales reales escriben más particularmente remitiéndome a su carta, no diré más en esto.

En la que escribí a S. M. con el navío de aviso, decía como habiéndome venido a enmendar el cabildo de esta ciudad que yo escribiese a S. M. cuan necesaria cosa era a su real servicio la confirmación y perpetuidad de esta tierra, y que yo les había dicho que me parecía se debía suplir a S. M. se hiecesen cortes en este reino con un servicio ordinario que conviniese; y con las razones que para ello les había dado lo había asegurado mucho, entendiendo que por aquella vía se encaminarían mejor los negocios. Después acá hemos tratado muchas veces de ellos y siempre los he ido adelgazando lo más que he podido para que hubiese buen efecto, y nos hemos resumido en lo que S. M. verá por los capítulos que van firmados de los regidores de dicha ciudad. Y la razón porque yo no he querido apretarlos más en algunas cosas de este negocio, ha sido por haberlos traído a este punto y advertir a S. M. de lo que más me parece se debe hacer para que envíe a mandar lo que será más servido. Y así, cuanto al segundo capítulo de la capitulación, puede S. M. otorgarles la merced que piden de poder hacer mayorazgos de sus haciendas con la jurisdicción civil y criminal, con las moderaciones en el capítulo contenidas, excepto que en el vínculo de los mayorazgos se ponga que muriendo ab intestato o sin hacer testamento, no teniendo hijos o nietos de legítimo matrimonio, que vengan los indios de dicho mayorazgo a la coronal real. Y en lo de la jurisdicción civil, que puedan conocer hasta 200 pesos, y no en más cantidad.

Cuanto al tercer capítulo, donde piden que se den en renta de indios lo que montaren 34.000 pesos que de presente se pagan en la caja real en cada año y que se libren en el servicio ordinario 15.000 ducados para los hijos, yernos y nietos de los conquistadores, paréceme que S. M. les debe conceder lo que toca a los indios. Porque tengo entendido por ser más el situado que de 24.000 a 25.000 pesos, y estos están situados en pueblos que rentan hoy cuarenta y un mil y tantos pesos, y en pueblos pequeños y situados en partes que tienen poco adonde acudir para ser acrecentado, por la mala fundación de ellos. Se les podrá dar en la cantidad que ahora se paga en la caja, que con ser en propiedad y sobre indios, se cumplirá con muchos y se ganarán los salarios de corregidores, limosnas que se dan a los eclesiásticos y la costa de ornamentos, cera, aceite y otras cosas que se ofrece. Y en los 15.000 ducados que piden, se les puede conceder los 10.000, pues será ocasión de que el servicio vaya creciendo teniendo entendido que en él se les ha de hacer esta merced, y que aunque sirvan también se les da su recompensa y gratificación en el mismo servicio, y con ellos se cumplirá con mucha gente a quien hay obligación de darles de comer.

El cuarto capítulo se les puede conceder sin tocar en él, teniendo advertencia y memoria que por ahora no convendrá dar título a nadie, aunque lo vayan a pedir y suplicar a S. M. Y adelante el tiempo dirá lo que en esto se podrá hacer, aunque de presente no se les ha de tocar en que los títulos se concederán ni denegarán.

Cuanto al sexto capítulo será S. M. servido concederlo a los verdaderos conquistadores y pobladores que vinieron hasta el año 1524 y a sus hijos y nietos, siendo de legítimo matrimonio, y que sirvan a S. M. en cada año con la décima parte de lo que les rentaren sus indios, sin reservales los salarios eclesiásticos ni gastos de las iglesias, sino llanamente. Y todos los demás podrán pagar la octava parte de su renta, conforme a lo arriba dicho, aunque parece que algunas personas de las que tienen indios por alguna travesía o casamiento, que con la vida de la mujer o el marido se acaba, podrían pagar alguna cosa más, lo cual se podrá remitir a los que hicieren el repartimiento, siendo S. M. servido que acá se verá en esto lo que se podrá hacer. Y en el redimir de dicha renta, se podrá decir que pues esta es renta sobre vasallos, cuando se redimiere ha de ser a como se paga en Castilla, pues se entiende que un vasallo de los de acá hace más servicio y da más aprovechamiento que en Castilla. Pero que al tiempo que alguno quisiere comprar o redimir los maravedís que paga, entonces se tendrá atención a la gratificación que se podrá hacer a los unos y a los otros.

Cuanto al séptimo capítulo, se podrán conceder en el mismo servicio para los propios de esta ciudad 6.000 pesos o ducados, así por haberlos menester para muchas cosas tocantes a ella, como porque el gasto y distribución de ellos siempre redundará o irá redundando en el servicio de S. M. y bien de esta república.

Cuanto al octavo capítulo, S. M. será servido concederlo así como lo piden, con aditamento, que atento a que está informado que hay en esta tierra gran cantidad de mestizos que andan libres y muchos de ellos sin saber quiénes son sus padres ni madres, y asimismo hay mulatos libres y muchos españoles que no sirven a nadie ni tienen ni saben oficio, estos tales los compelen a que vayan a poblar ahora sea la frontera de los Chichimecas y Guachachiles, o en la parte adonde ha comenzado a poblar Francisco de Ibarra. Porque todo aquello, por las muchas minas y buena tierra para ganados podrá venir adelante a ser de mucho crecimiento para las rentas reales, señalándole sus sitios para su vecindad, como conviene para las sementeras y dichos aprovechamientos. Que habiendo de gozar de las libertardes que los otros beneméritos de ellas, justa cosa es que están poblados donde hagan algún efecto y provecho. Y en los pueblos de españoles se puede tener fácilmente cuenta con los susodichos, y en los de los encomenderos muy mejor porque no los dejaran vivir entre sus indios si no es estando avencidados y poblados en sus lugares y no sea de poco efecto que los que de aquí adelante vinieren a estos reinos, pechen y contribuyan ellos y sus hijos y descendientes si no fueren libres y lo probaren así. Y a los que de presente están en este reino se les ha de conceder la libertad con que tan solamente les valga en ellos, pero no si se volviesen a vivir a Castilla o a otros reinos de S. M., no siendo libres en ellos.

Cuanto al noveno capítulo se debe conceder como lo piden, aunque no sea perpetuo sino por la voluntad de S. M. Porque los que estuvieren aquí por virreyes siempre serán de calidad y bien entendidas y que sepan las cosas que se deben y puedan tratar en las cortes y puestos en la orden de ellas, podrá ser que adelante las provincias de Guatemala y Yucatán y Cocumen hagan algún crecimiento de servicio porque se llamen cortes en su provisión pretendiendo cada uno su autoridad y mejoramiento. Y así, por esto como por otros respectos S. M. se le concediese como lo piden durante su voluntad.

Esto que arriba tengo dicho es lo que me parece convenir al servicio de S. M., y que para la seguridad de esta tierra es tan necesario que no se puede huir de ello porque el general vocable y palabras ordinarias que se dicen en audiencias, plazas, calles y rincones sólo nosotros lo ganamos, nosotros lo conquistamos sin que a S. M. le haya costado un real de su patrimonio y cuanto más vamos, más hombres y necesidades tenemos. Y como de presente hay quince o veinte mil mozos de catorce hasta diez y nueve años, y hay otra gran suma de cinco a diez años y cada día van naciendo y creciendo y los naturales van faltando, si no se da asiento en la perpetuidad y se quita por alguna vía la voz de conquistadores, hijos, yernos y nietos suyos, siempre nos convendrá estar con el recato necesario. Por lo cual, y por otras cosas que por no ser tan prolijo de decir, quiero suplicar a S. M. sea servido de mirar muy bien en esto que tanto importa a su servicio y al aumento de sus rentas reales, y mande enviar el poder que la ciudad pide para el asiento de esto con instrucción de lo que he de hacer.

Así, con los apuntamientos que digo, como con las demás cosas que S. M. fuere servido mandar, advirtiendo que en el poder o en la instrucción se diga que los procuradores y personas que entraren en las cortes al tiempo que otorgaren el servicio, hagan juramento de fidelidad en forma por sí y en nombre de todo el reino y el virrey. Hecho este juramento y servicio por los susodichos y aceptando en nombre de S. M., juren las leyes, buenos usos y costumbres de este reino, y aunque es cosa nueva el juramento de fidelidad en cortes, téngolo por cosa muy acertada para tierras tan remotas y tan apartadas de la presencia de S. M.

Sin embargo de que el poder venga cuan extendido es menester para tal caso, y la instrucción con las limitaciones necesarias, suplico a S. M. sea servido de dar licencia, que no excediendo en mucha cantidad ni haciendo cosa fuera de buena orden, si necesario fuere pueda salir alguna cosa de la instrucción para dar asiento en todo, que podría ser que la novedad que hubiese antes fuese en crecimiento de las rentas y servicio que en bajar de aquello ninguna cosa ni tocar en lo substancial.

Además de los capítulos de las cortes medió el cabildo de la ciudad los apuntamientos que juntamente envió con ellos, en los cuales está bien tocado y como de personas que tienen la cosa presente y entienden lo que conviene dar asiento en esto.

Bien entiendo que puede haber algún escrúpulo diciendo que los que han dado esos capítulos no son más que justicia y regimiento de México, y que las otras ciudades podrían no venir en ello y seguir la voluntad, todos tienen de que se diese asiento en la perpetuidad y el sonido de la cédula de las dos vidas les hizo más gasto. Tengo por cierto que todos vendrán en lo que la ciudad de México y que, aunque los españoles hayan menester espuelas, será necesario tener la rienda a los indios, porque ellos, como gente vana y que tienen en poco su acrecentamiento ni gasto, creen cierto que se han de venir a arrojar en los servicios ordinarios de manera que venga a ser en mucha cantidad. Y la cuenta que yo de presente tengo hecha es que la décima de los encomenderos, unos con otros, valdrá de 40.000 pesos arriba, y de otras cosas que se buscarán para juntar con el servicio, serán 30.000 pesos poco más o menos, que montarán 70.000. Esto es sólo lo que yo tengo en gobierno, sin lo de la Nueva Galicia, Guatemala, Yucatán y Ocumel, que no podrá dejar de ser buen golpe; y para principio de cortes téngolo por cosa tan principal que me aventura a decir que lo vendrá a montar el servicio de aquí a cincuenta años valdrá tanto y más, si todo lo que se les ha de perpetuar a los conquistadores estuviese puesto en la corona real, además de la ganancia y seguridad que la perpetuidad habrá.

La orden que convendrá tenerse para el llamamiento de las cortes será hacer brazo de la iglesia con llamar a los prelados y provinciales de las órdenes y a los caballeros descendientes de casas ilustres y a los conquistadores y pobladores que vinieron hasta el año 1520 y 1524 o 1530, que todos estos serán pocos. Y que todas las ciudades, así de españoles como de indios, envíen dos procuradores por la universidad y se les den a sus asientos por la antigüedad de sus privilegios: el brazo eclesiástico y los caballeros en los bancos de las dos manos, y los procuradores de las ciudades en los bancos fronteros del dosel de S. M. Y si fuere servido que asista en las cortes un oidor, cual él viere y nombrare para que vaya entendiendo lo que en ellas pasare, y les diga de parte de los virreyes las cosas que convinieren. Será muy bien y el llamamiento por esta orden será muy conveniente, porque como tierra nueva, han menester tratarse las cosas de ella por toda manera de personas y las pretensiones que siempre suelen tener no harán ningún daño para el crecimiento de los servicios, especialmente si entienden que al que ha estado bien en ellos S. M. le ha hecho alguna merced.

En esta tierra se iban saliendo tanto algunos cabildos y regimientos de la mano de los virreyes que que pareció en la elección pasada de alcaldes era bien enviarles a mandar que la que hiciesen la trajesen ante mí para darles confirmación. A esto respondieron que después que tenían privilegios de ciudades no estaban en costumbre de venir con elección ante él los virreyes, sino que en haciendo elección daban las varas a los electos y luego usaban y ejercían su oficio, y que se les haría agravio en quebrarse esta costumbre. Yo les respondí que no venía a agraviarlos sino a favorecerlos en todo lo que fuese justo, y que si en los privilegios que tenían S. M. les daba poder para que usasen sus oficios, que no había que hablar en ello, más que si no les daba esta facultad, que todos los procesos y autos de justicia que los alcaldes hiciesen eran en sí ninguno y de ningún valor y efecto, no llevando confirmación de los virreyes. Y así enviaron sus privilegios, los cuales son tan solamente: uno para que tengan tales armas y otro para que se llamen ciudades y gocen de los privilegios que las ciudades de Castilla gozan. Y vistos, yo les dije que aquellas cláusulas no se entendían en lo que toca a los alcaldes, pues sin la confirmación de su elección por sola ella no pondrán tener poder para juzgar, y que por esta elección llevasen sus confirmaciones; y con la flota podrán escribir a S. M. suplicándole les hiciese la merced que en esto hubiese lugar.

Y así holgaron todos de ello y llevaron sus confirmaciones, excepto esta ciudad que por la autoridad de la persona del oidor que se halla presente en el cabildo para dicha elección, y en el nombramiento que hice para el Dr. Zeinos como más antiguo se hallase en ella, le di poder para que les diese las varas y les diese poder y facultad para usar sus oficios y de no acudir a los virreyes. Con dicha elección se salían en otras cosas con lo que querían, lo cual en esta tierra tengo por gran inconveniente por muchas razones, las cuales me obligan a dar cuenta de ello a S. M. para que envíe a mandar lo que será servido se haga de aquí adelante. Que yo creo que no dejarán de enviar sus despachos, suplicando a S. M. les dé poder para usar los oficios en haciendo la elección, y aunque no fuese para otro efecto, sino porque tienen más particular cuidado de hacerla en personas beneméritas como la han hecho este año, es de gran utilidad que los virreyes hagan las confirmaciones. S. M. proveerá lo que será más servido y todo lo que de estas cosas más se pudiere dar a los virreyes lo debe S. M. hacer por ser así necesario.

Los monasterios de las tres órdenes que en esta tierra están, son muchos de ellos acabados y los más por acabar. Y aunque S. M. tiene mandado por su cédula real que no se edifiquen sino es que haya distancia de uno a otro seis leguas o más, parece que a dos y a tres leguas hay muchos comenzados a edificar. Y estos vienen a hacer tanta costa a S. M. con la gran cantidad de ellos que, si les diese lugar a que edificasen todo lo que quieren y piden, se enviaran a S. M. pocos maravedís de sus rentas reales. Por cuya causa, yo voy teniéndoles la mano de que quieren formar alguna manera de queja, y si las obras de ellos han de pasar adelante tendría por muy acertado que S. M. mandase hacer una traza moderada y humilde, que se enviase con ella un razonable oficial a quien se le podrían dar 500 pesos de salario, y yo le daría de comer y tendría en mi casa para que visitase las obras, y en las que hubiese lugar de seguir la orden de la traza lo hiciese en todo o en parte. Así entiendo que en lo que se paga de la caja para estas obras, se ganaría mucha suma de dinero. Especialmente que hay algunas que se pueden dar a destajo y acabarse en breve tiempo con poco gasto, y por la orden que ahora va nunca tendrá fin. Y a S. M. y a los encomenderos e indios nunca les faltará esta costa y así en esto como en los monasterios comenzados que están dentro de las seis leguas, S. M. será servido mandarme avisar lo que manda se haga.

A los religiosos de esta tierra he hallado muy descontentos, pretendiendo que los prelados los agravian en ponerles clérigos en algunos lugares que ellos visitaban, o en donde hay tanta vecindad de indios que gran parte de ellos se quedan sin confesión, además de que por vía de la audencia les quitamos la jurisdicción y mando que dichos religiosos tenían y pretendían tener sobre los indios, los cuales recibían hartos agravios, especialmente en las obras. Y forcejean tanto en la superioridad que habrá ocho días que porque un teniente de un alcalde mayor fue a prender ciertos indios delincuentes y no dio cuenta de ello a los religiosos del monasterio, salieron de él y llevando cinco presos le quitaron los dos con ayuda de algunos indios del lugar y, quedó mal tratado el teniente y los que le ayudaron.

Y también he hallado a los prelados afligidos de que no puede haber clérigos virtuosos y de buena vida, más antes con algunas faltas que en otras partes no se sufrieran. Por lo cual convendría mucho que S. M. fuese servido mandar que viniesen algunos eclesiásticos de la Compañía de Jesús que se pudiesen repartir en las partes necesarias de buena doctrina y ejemplo, porque siendo aprobados harían grandísimo fruto y son tan necesarios como adelante se verá. Y en esta ciudad hay quien les dé casa en que se comiencen a fundar y podrán salir de aquí a las partes más necesitadas de doctrina.

La obra del muelle de San Juan de Ulúa tengo rematada en un buen oficial, en sesenta y ocho pesos de tepuzque, y siete reales cada tapia, de que tiene dadas fianzas bastantes y que acabará todo el muelle en cuatro años, lo que está ahora formado fuera del agua, lo cual costará 30.000 pesos poco más o menos y no se hiciera con 100.000. Quedará en el muelle el Capitán Delgadillo, que estaba proveído en él para que tenga cuenta con lo de la isla y de visitar las mezclas y traer recogidos los negros que han de andar en dicha obra. Porque aquellos y la estancia del ganado para proveerlos de comida, y las barcas y lo demás que se le entregare al oficial todo lo ha de volver en acabando la obra tal y tan bueno como se lo entregaren, excepto los negros que se murieren. Y acabado lo comenzaclo en dicho muelle, se entenderá más claramente lo que será menester correr la muralla para defensa del norte, o si la fuerza del mar es la que hace el daño para que hagamos en los arrecifes algunos reparos donde las olas quiebren. Y como cosa que tanto importa al servicio de S. M. y al bien de los navíos que allí vienen, tendré particular cuidado de que esto se acabe bien y con brevedad, en lo cual se entenderá en partiéndose la flota. Y asimismo se proveerá luego que se traiga el agua de la laguna que solía venir al desembarcadero, porque los marineros y pasajeros tienen mucha falta de ella y les causa muchas dolencias recogerla de charcos y manantiales como ahora la recogen.

Con la nueva que se sembró de que quería haber levantamiento en esta tierra, se vinieron llegando los Chichimecas y Guachachiles a los pueblos de la frontera adonde comenzaban a hacer tanto daño, así en indios como en españoles, que aunque quisiera darles más tiempo para que viniesen de paz no me han dado lugar a ello. Y así, después de pasado el postrero de enero que por pregones y mensajeros se les dio a entender que viniendo de paz y poblándose y sujetándose al servicio y dominio de S. M. se les perdonaban todos los delitos de muertes y robos que hubiesen hecho, no se les pudo dar más que otros quince días. Y en este medio tiempo han venido tres capitanes con sus cuadrillas y gente, y se les ha dado su asiento y población y sus alcaldes y justicias, y se procura con las órdenes les envíen algunos religiosos para su doctrina, y se les dará algún maíz que coman y siembren, porque de otra manera se tornarían a desploblar y se volverían a la comida de tunas que se suelen tener de ordinario. Y pasado el 15 de febrero que fue el último día que se les dio para que viniesen de paz habiendo hecho información de las muertes y delitos que habían cometido, proveí que Don Alonso de Castilla, hijo de Don Luis de Castilla, que otra vez por esa audiencia real fue nombrado para resistir el daño que hiciesen como hombre que sabe la tierra y no es casado, fuese y siguiese los enemigos. Y la orden que en suma le di fue esta: que nombrase los capitanes que fuesen menester, no por nombramiento ordinario sino que cada vez que hubiese menester enviar gente a alguna parte nombrase la persona que le pareciese, el cual hecho su viaje tornase a darle cuenta de lo que hubiese hecho y no anduviese apartado ni fuera de la orden que dicho Don Alonso le diese. Y que por esta orden nombrase siempre que fuese necesario, porque ni los espías pudiesen saber los capitanes señalados, ni ellos mismos pudiesen entender adonde los había de enviar sino al mismo punto que fuese necesario, acudiendo el consiguiente a las partes que conviniese. Y que en los pueblos de la frontera que están de paz les dejase raya y señal hasta donde pudiesen salir para su defensa y resistencia de los enemigos, y se pregonase que todos los que de allí a afuera los tomasen con armas y hábito de guerra, los prenderían y condenarían a servicio como si fuesen enemigos.

Porque so color que van a cazar o a buscar algunos ganados, atraviesan a hacer los saltos que pueden y hechos se vuelven a los lugares de paz donde están poblados. Y si se procede contra ellos, dicen que sin causa los quieren maltratar y se despueblan y suben a la sierra, y de allí hacen los daños que pueden en las estancias y rancherías comarcanas. Y asimismo lleva por orden que todos los niños y niñas que prendieren de siete años abajo, los envíen a esta ciudad para que aquí se pongan con personas que los críen y se les dé la doctrina necesaria. Y que todos los otros que se prendieron se condenen a diez años de servicio, por cuya ganancia Don Alonso y sus soldados de hacer la jornada sin que se les dé salario ni otra cosa a costa de S. M., a pesar de que le escribí por carta secreta que tenían estrecha necesidad de algún maíz para comer hasta hacer la primera presa, que me avisase de la cantidad que habría menester para que conforme a ella se proveyese, pero que no lo entendiese su gente en ninguna manera si no fue obligandole la necesidad a declarárselo. Y porque los capitanes de dichos indios son los que les traen tan sujetos que aunque la mayor parte de ellos quieran venir de paz sus capitanes no los dejan, se le dio orden a estos tales, en prendiéndolos les hiciesen su proceso y los condenasen a muerte y la ejecutasen como convenía para la seguridad de aquellas fronteras. Y asimismo que todas las veces que viniesen de paz o le enviasen mensajeros para ello, con que no fuese después que estuviesen a vista los unos de los otros o que hubiesen comenzado las escaramuzas, los recibiese y enviase a poblar lo más acá dentro que pudiese y avisase luego la cantidad de gente que era para que se les diese justicia y doctrina. Y con llevar dicho Don Alonso el tiempo limitado, y con ir a su costa él y los soldados, entiendo que harán buena entrada en la tierra y que han de ir poblándolo, haciendo sus rancherías y sementeras para ir ganando más de un año a otro. Y de lo que se fuere haciendo iré siempre avisando a S. M.

También entendí que en el río de Alvarado a la punta que dicen [en blanco] se habían poblado sesenta o setenta negros de los huidos de Veracruz y de otras partes comarcanas, y de los que se han salvado de naos que han dado al través por allá cerca, y que no se pueden entrar adonde están poblados sino por el mar o por una entrada que en tierra hay no más ancho de una calzada. Y que estos, que así están poblados, recogen a todos los otros que se quieren ir a ellos y tienen sus mujeres y algunos hijos que son de edad de catorce o quince años y de ahí abajo, y hacen su sementera de maíz y tienen más de 200 caballos y sus jarretaderas con que salen a dejarretar el ganado vacuno que topan. Y así a los indios de aquella comarca como a los españoles de las estancias que por aquella tierra hay, les hacen hartos agravios si no les dan lo que piden y dejan tomar lo que quieren. Y así todos los negros fugitivos de sus amos van a ampararse y defenderse allí. Viven sin doctrina y en orden peligroso para su conciencia, y para lo de los comarcanos; y por haber algunos años que están poblados de esta manera y cada día iba creciendo su población y mal orden de vivir, me pareció era cosa digna de remediarlo. Así he proveído a Melchior de Avila, receptor de la imposición de San Juan de Ulúa, que por estar cerca de allí, vaya con la gente que le pareciere será menester por mar y por tierra, cuando más seguros estuvieren y los cerque y procure de tomar. Lo cual haga a su costa para lo cual se le han aplicado de esta manera que todos los esclavos que tomare, si sus dueños los quisieren rescatar, le paguen a dicho Melchior de Avila la cuarta parte del valor en que se tasaren. Y de todos los otros que fueren libres, o no se hallaren dueños y de los que hubieren nacido en dicha población, sea obligado de dar a S. M. el quinto, y todos los otros que le quedaren se pueda aprovechar de ellos vendiéndolos, o por la orden que le pareciere.

Que a su costa y riesgo, como tengo dicho, haga la jornada por dicho interés, porque si a costa de S. M. se hubiesen de hacer estas cosas inciertas, vendría a costar mucho y el fruto sería poco. Pues ganado el salario y las costas que se hacen en lo demás se les da poco que se haga buen efecto (o malo). Pareciome dar cuenta a S. M. de esto, como lo tengo de hacer de todo lo que se ofreciere.

Todos los que tratan en minas en esta tierra andan alzados por falta de azogue, así por traerse de España poca cantidad, como por traerse tarde. Y dicen que se hace mucho daño a la hacienda real de S. M. en no enviar más cantidad, o dar licencia libremente para que otros lo traigan; y que el precio en que está puesto con la más costa que tienen en las minas no puede en ninguna manera alcanzar al provecho de ellas si no fuere alguna tan rica que lo sufra todo. Y así por el caro precio que se ha podido acabar de vender el que S. M. mandó enviar, aunque se les bajó cinco pesos por quintal de como se vendió el año pasado.

Después se les ha querido dar más barato porque le pagasen de contado, y no hay quien quiera llevarlo sino alguno. Alguno que por mucha necesidad toma algunos quintales; y así como las minas no se benefician con las diligencias que convendría, no se acude con el quinto que se podría acudr a S. M. a quien me dice que Don Luis de Velasco, virrey que fue de esa tierra, escribió habrá cinco o seis años o más, avisando de que se había hallado una mina de azogue cerca de aquí, de la cual se habrían sacado tres o cuatro quintales para muestra. Y pareciendo que era buena hizo contratación con los halladores de ella de que fuese la mitad de su aprovechamiento de S. M. y las costas fuesen por mitad, y que parase el beneficio de ella hasta que S. M. mandase otra cosa. Y nunca ha habido respuesta de esto y así se está la mina sin beneficiar y ni dar fruto. Por lo cual y para entender mejor lo que es, tengo acordado de mandar que los descubridores la beneficien y que se vea el azogue que irá mostrando, quedando en su fuerza y vigor la escritura de compañía que se hizo en nombre de S. M., a quien suplico sea servido.

Con el primer navío o flota envié mandar lo que en esto se ha de hacer, y también mandé que venga cantidad de azogue y en buen precio que por no tenerlo se dejen de beneficiar como deben muchas minas y de descubrir otras, y de donde anda y si ha comenzado a poblar. Francisco de Ibarra también piden se les envíe alguna cantidad porque van descubriendo minas ricas. Ahora andamos aquí haciendo ciertos ensayos con un ingenio de poca costa y el metal que salía en veinte y cinco o treinta días, sale con el ingenio en dos días y medio y en tres, y no se gasta más cantidad de azogue, antes se ahorra alguna cosa. No sé cuando se haga en grueso como saldrá. Avisaré de ello por si fuere menester para la mina de Guadalcanal o para otras.

Yo he procurado de entender con toda disimulación que tantas arrobas de cochinilla y grana se cogen en esta tierra, conforme a lo que S. M. envió mandar por sus cédulas reales, y no se puede entender al justo lo que se coge hasta pasado el mes de mayo porque en estos tres meses dicen que es su cogida. Y habiéndome querido certificar por los que han puesto la mano en esto muchas veces los años pasados, dicen que no puede haber regla cierta porque el tiempo da y quita la grana, como la fruta y otras cosas del campo. Y que así anda ordinariamente de cuatro hasta 7.000 arrobas. Que los más años se cogen 4.000, y muy pocos llegan a siete, pero anda en cinco y en cinco y quinientas a pocas más o menos, sin entrar en esto lo de la moteca, que eso se vende por otras partes que no por el registro de la ciudad de Los Angeles. Y hay muchas personas en esta tierra que tienen sola aquella granjería de comprar y vender, las que si este trato se les quitase quedarían perdidas. Yo haré la más diligencia que pudiere para entender la cogida de estos tres meses, y avisaré a S. M. conforme a su mandato.

En esta ciudad hay un hombre de buen ingenio que se llama Pedro de Ledesma, que dice haber hallado el árbol o yerba de que se hace el añil con que tiñen los paños, el cual se puede sembrar entre el maíz que acá se coge sin que le haga daño ninguno. Y con el beneficio que el maíz le hace en ese mismo, se cogerá el añil del cual se podrá llevar cada año toda la cantidad que fuere menester para esos reinos sin que sea necesario que entre de afuera de ellos pastel ninguno. Y porque de lo que hemos tratado él y yo se ha venido a resumir en los capítulos que envio duplicado, firmados de su nombre y mío por ante Juan de Cueva, escribano de la gobernación, remitiéndome a ellos no diré en esto más de que envío en una cajuela una libra de añil que éste hace y un poco de lana de tres colores, una más subida que la otra y un pedacillo de paño azul hecho en el mismo añil el cual dice que se tiñe con cierta agua que dicho Pedro de Ledesma sabe que dada la industria de ello será de mucho aprovechamiento. S. M. será servido de mandar ensayar esa libra de añil en el lugar de Viruega que es adonde se lleva alguna cantidad de este añil y saben allí como se ha de beneficiar para que entendido a como vale en esos reinos entienda S. M. la ganancia que podrá haber en la cantidad que se llevare, la cual se ofrece éste que será toda la que se le enviare a mandar.

Por otra cédula que hallé aquí envió S. M. a mandar que se le enviase la raíz de Michoacán verde para que se pudiese plantar en España. Dejo de enviarla en esta flota por dos cosas, una porque el verano la secaría en tan largo viaje y la otra porque hasta que esté bien arraigada en los mismos barriles donde se ha de llevar no podría llegar con la perfección que fuere menester. Y así la enviaré, a Dios placiendo, con el primer navío que hubiere a propósito para ello, procurando que vaya de manera que llegue verde y con fuerza para prender en esa tierra.

El gengibre que está a cargo el beneficiado Bernardino del Castillo de que se hizo compañía con Don Francisco de Mendoza, general de las galeras, se cogieron este año pasado cien arrobas de ello, poco más o menos, de lo cual nos ha parecido que se vuelvan a plantar las cincuenta arrobas. Y que las otras se vendan aquí, algunas para ver lo que se dará por ellas, y se envíen a S. M. algunas para que allá se entienda la salida que tendrá, conforme a lo cual se acrecentará el beneficio de ello como fuere necesario. Y porque los oficiales de la hacienda real escriben a S. M. sobre esto no tendré yo más que decir.

El tesorero de la Casa de la Moneda de esta ciudad me anda matando cada día para que se le haga casa de moneda competente, y se le paguen ciertos alquileres que dice haber pagado y pagar de presente de dicha casa. Y yo por no tener orden de S. M. de lo que en esto debo de hacer, no ha salido a ello. S. M. será servido enviar a mandar lo que se ha de hacer pues es tan necesario que haya casa de moneda propia en esta ciudad.

Algunos pareceres a pedimento de partes sobre informaciones y abonos que se hacen, quedan los oidores de esta audiencia real. Va mi firma juntamente con la suya, pero es debajo del presupuesto que yo, como recién venido, no conozco las personas y de algunas no me hacen muy buena relación. S.M. me tendrá por excusado si en ello no se dijeren las particularidades que S. M. tiene mandado.

Cuando vino el arzobispo a esta ciudad trajo consigo un capellán por maestro de capilla de esta santa iglesia, que se llama Lázaro del Alamo, el cual ha servido y sirve tan bien y es de tan buena vida y fama en lo que hasta ahora se ha entendido de él, que me obliga a suplicar a S. M. en las vacantes que hubiere le haga toda merced. Y asimismo el arzobispo, por tenerle por muy benemérito para cualquier merced me pidió lo suplicase a S. M.

El Dr. Alarcón, oidor de la Audiencia de Nueva Galicia, se ha casado en esta ciudad con Doña Leonor Varahona, mujer que fue del Lic. Cavallón, fiscal de esta real audiencia, la cual dicen haber quedado muy pobre y con algunas deudas que el Lic. Cavallón dejó a causa de los gastos que hizo en el descubrimiento de Costa Rica, y ha quedado dicha Doña Leonor con tres hijas. Así por lo que su marido sirvió como por lo que el Dr. Alarcon ha servido y sirve, no puedo dejar de suplicar a S. M. les haga alguna merced; pues además de sus servicios dicen haber gastado en dicho descubrimiento más de 19.000 pesos, y su necesidad le hizo recibir el salario de fiscal de todo el año y murió al medio de él. De lo restante, que son seis meses, suplico a S. M. sea servido mandar tomárselo en cuenta a los oficiales de la real hacienda con otros 300 pesos que de una almoneda se sacó de un negro, que dichos oficiales vendan. Y porque de sus servicios y gastos tiene enviada información dicho fiscal a S. M. antes que muriese, remitiéndome a ella no tendré qué decir.

La pragmática de los vestidos que S. M. me mandó al tiempo que de ahí partí, se pregonase en esta ciudad y tierra, no he mandado pregonar, uno porque cuanto a ella llegué hallé la gente tan descontenta como S. M. puede entender por las ocasiones que había y me pareció no era tiempo de estrecharlos ni descontentarlos: y otro porque los hombres, así caballeros como todos los demás, andan con los vestidos más llanos que yo he visto en ninguna parte donde he estado. Porque el ordinario vestido es de paño llano y sólo las mujeres son las que exceden algo contra la pragmática. Y según la carencia de sedas que en esa tierra hay, tiene por averiguado que se les habla mucho daño en no haberse de aprovechar de los vestidos que tienen, pues estos son para toda la vida y hacer otros nuevos les sería de gran costa. Se suspendió el pregón y ejecución de dicha pragmática hasta dar cuenta a S.M. de ello, y si todavía manda que se ejecute, cumplirse ha luego a la hora.

Yo envío a S. M. Para sus jardines cuatro barriles de semillas y uno de una yerba que dicen de la Puebla, la cual hecha polvos y polvorizada la carne que en el campo se ha de echar para que los lobos la coman, cualquier lobo o ave que comiere de ella, u otro animal, muere en breves horas. Y para los lobos que hacen daño en los bosques de S. M. será bueno hacer la experiencia que acá. Por cosa muy cierta y averiguada se tiene hacer el efecto que tengo dicho, los cuales barriles S. M. mandará dar al secretario Pedro del Hoyo, a quien escribo la orden que se ha de tener en las semillas y yerba; aprobare bien se podrá enviar alguna cantidad para que los ganaderos de la meseta lo puedan hacer probar en las partes donde más daños reciben de los lobos.

Ya tengo escrito a S. M. la orden que tuve en hacer la gente de mi guarda por ser tan necesaria en la sazón que llegué y lo mismo se entiende serlo para adelante, y para muchos efectos son muy necesarios. Y como la gente de esta tierra está bien necesitada, no solamente huelgan que hombre los busque para este oficio y les dé salario más ellos vienen a convidarse y rozar cada día que los reciban, por donde se entiende que habrá poco que temer que no se halle gente que sirva en esto. Y como la costa de esta tierra es grande y no podría sustentarlos sin que S. M. me hiciese la merced que le tengo suplicada, de nuevo lo torno a hacer, suplicándole me mande que los oficiales paguen a los que sirvieren de ordinario, limitando el número que S. M. fuera servido.

Pocos días después de llegado a esta ciudad vino aquí el obispo de Nueva Galiícia y muy sentido de ocasiones que, así los oidores de aquella audiencia como otras personas, le habían dado para estar agraviado y ha sentido tanto el haber enviado S. M. de acá ciertas relaciones no con la verdad que se requería, que estuvo muy determinado de ir a dar cuenta a S. M. de lo que a esto tocaba, y a otras cosas que a su servicio convenían. Y pareciéndome que haríamos servicio a S. M. en estarse quedó en su obispado, pues es prelado de tan buena vida y ejemplo, le persuadí a ello poniéndole delante que sin expresa licencia de S. M. ninguno de los que acá le servíamos debe hacer mudanza, y así he holgado de quedarse. Díjome que escribiría a S. M. sobre ello y por esto no tengo yo más que decir.

Entre los secretarios de la audiencia y el escribano mayor de la gobernación hay algunas diferencias porque como los secretarios pertenden tanto su interés y que por cada negocio se engendre un pleito, y para esto no falta quien los ayude, andan dando algunas ocasiones de que los indios reciban costa y pierden harto tiempo. Y las cosas más principales y que S. M. debe mandar proveer son las sirguientes:

Pretenden los secretarios que si los alcaldes mayores y corregidores prenden algunos indios por alguna causa liviana y vienen a pedirme en su nombre que los mande soltar o enviar la razón de ello, que no tengo de dar mandamientos para ello ni han de pasar ante el escribano mayor de la gobernación. Y esto sería de gran inconveniente porque para hacer dichos secretarios una iniciativa se detienen los indios que la han de llevar muchos días esperando a que la despachen y se firme de todos los oidores, y los derechos son cuatro veces más que lo que lleva ni puede llevar el escribano mayor de la gobernación. Porque los mandamientos que para esto se hacen son de pocos renglones, que en sustancia no dicen más de que si por causa civil los suelten, y si por criminal envíen la razón de ello dentro de tantos días a la audiencia para que visto en ella se provea lo que convenga. Y por dicho escribano mayor se despacha esto breve y fácilmente, y así parece que esto toca a la gobernación y al breve despacho y poca costa que los indios han menester.

Asimismo pretender los secretarios que no despache dicho escribano de la gobernación mandamientos ordinarios que vienen a pedirme para que los corregidores y alcaldes mayores vean y determinen algunos pleitos y causas que ponen dilación en ellas por malicia o por amistad de alguna persona, de que los indios reciben vejación y sería más la costa y el daño que reciben en la tardanza en despacharlo por los secretarios de lo que vale algunas veces lo principal sino se les despachase por esta orden.

Asimismo pretenden que en los casos que los indios se vienen agraviando de sus gobernadores y principales de derramas que les echan y servicios personales que les hacen hacer, y otras vejaciones y molestias que reciben, no se puedan despachar mandamiento para que el juez se informe de lo que pasa acerca de lo susodicho y desgrava los agraviados y haga volver las y no permitan ni consientan que adelante sean agraviados. Y ha habido hasta ahora tanto exceso en esto que es una de las partes de buena gobernación el remediarlo con brevedad y poca costa de los indios, que lo pretenden estar.

Asimismo hay algunos pueblos que tienen algunas diferencias sobre las mojeras, términos y aguas, a cuyos corregidores envió a mandar que vean por pista de ojos dichas diferencias y procuren atajarlas y concertarlas. Y no pudiéndolo hacer, hagan justicia, otorgando la apelación si de ellos apelaren, para esta real audiencia. Pretenden los secretarios no poderse hacer esta siendo cosa que muchas veces vienen a concierto sin pleito alguno.

También pretenden dichos secretarios que cuando para el edificio de algún ingenio de minas o algunas otras obras y para algunas sementeras vienen a pedir indios, envié a mandar a las justicias que vean por vista de ojos lo susodicho, y con juramento declaren qué tantos indios y de qué lugares con menos perjuicio y por qué tantos días se les podrán dar pagándoles su trabajo. Que no se han de enviar estos mandamientos ni pasar ante dicho escribano de la gobernación. Y esto es más de gobernación que no de otra parte alguna, porque no hay pleito ni diferencia alguna en ello.

Algunas y muchas veces los que cogen los tributos de S. M. hacen pagar más que lo que monta la tasación por tomarlo para sí; y a los que se vienen agraviando, mando dar mandamiento para las justicias, que averiguándolo lo castiguen y hagan volver lo que se ha llevado demasiado. Pretenden los secretarios que ni yo lo tengo de proveer ni ha de ser ante dicho escribano mayor, sino ante ellos.

Pretenden que las licencias que se dan a religiosos y pasajeros que van a España y a mercaderes y casados que van al Perú, conforme a las cédulas de S. M., que ni yo las tengo de despachar ni ha de ser ante dicho escribano.

Algunas estancias para ganados y caballerías de tierras para sembrar se han dado los años pasados, y no con tanta averiguación de que era sin perjuicio de tercero, como se debiera hacer. A cuya causa vienen algunos indios agraviándose del año que reciben en sus términos y sementeras. Y para las averiguaciones de esto y quitarla al que la tiene en perjuicio de tercero, yo doy algunos mandamientos con admitir la apelación para la audiencia real, si alguno se agravia. Pretenden dichos secretarios ni deberlo hacer ni pasar ante dicho escribano de la gobernación.

Algunas otras cosas semejantes a estas que tengo dicho, que por no ser pesado no las pongo aquí. Tenía que decir que los secretarios pretenden más por su interés que no por bueno y breve despacho, lo cual pretenden so color que las cédulas y provisiones que sobre algunas cosas de estas a S.M. he enviado, hablan con presidente y oidores y que así lo han de despachar ellos. Y por parecerme que no hacía lo que debía en no avisar a S.M. de ello para que mande y provea a cuyo cargo ha de estar lo susodicho, y ser cosa de conciencia, lo he querido escribir. Y pues los oidores lo proveerán todo tan justificadamente aunque no podrán con tanta brevedad y poca costa como los indios habían menester. Siendo S.M. servido podrán mandar que ellos lo hagan ante los secretarios susodichos, aunque esto se ha tomado por ocasión para pedir recompensa de lo que pagaron por las secretarías, pretendiendo haber sido mucho el precio que dieron, más que por no entender que lo puedo yo hacer y pasar ante el escribano mayor de la gobernación, como se ha hecho hasta ahora.

Asimismo en las provisiones de alcaldes mayores y corregidores que yo hago, no se guarda la orden de España que es mandar en la provisión que se tome residencia a la justicia que sale, porque he hallado que la audiencia está en costumbre de proveer las residencias. Y aunque lo tengo por de harto inconveniente porque muchas veces se deja de tomar residencia por algunos fines y de ordinario no se toma ninguna, sino es a pedimento de parte, lo cual se suele cometer a la justicia que entra, y otras veces se comete a otra persona y no a la justicia ordinaria. Y por estar la audiencia en esta costumbre no he querido yo proveer, como me parecía que era obligado y convenía al servicio de S. M.. hasta darle cuenta de ello. Yo le suplico en todo mande proveer lo que más convengan a su servicio.

En esta tierra hav muchos escrupulosos de pensar que los religiosos que han dispensado en algunos casamientos entre deudos del cuarto grado no han hecho las diligencias que convenía para averiguar bien el parentesco, ni los breves que tienen, especialmente los agustinos, no se extiende a tanto como lo han dispensado. Es muy necesario siendo S.M. servido, que se sirva el embajador de Roma que saque breve de su santidad, dispensando y absolviendo a todos los que así están casados y velados por disposición de los religiosos domínicos y agustinos y franciscanos hasta la data de él, aunque hayan tenido y tengan más cercano parentesco, por como se han casado y velado debajo de buena fe, y después entre algunos pretenden haberse hallado más parentesco. Están con el escrúpulo que es razón y pretenden que el apartarse les sería alguna manera de infamia.

Asimismo dicen que en tiempo del Virrey Don Antonio de Mendoza se trajo un breve de su santidad, atento la falta de aceite que en esta tierra había se pudiese comer en cuaresma y dias de pescado lo que se aderezase con manteca de puerco. Y que vino por tiempo de treinta años, de los cuales son pasados los veinte y ocho. Y pues todavía hay tanta falta de aceite, y lo más que viene de España viene corrompido, S. M. sea servido mandar escribir asimismo al embajador que saque otro breve dispensando llanamente o por cincuenta o sesenta años. Porque en el entretanto no habrá tanto aceite en esta tierra, que se pueda proveerlo lejos de aquí adonde se han comenzado a criar algunos olivos.

En lo que toca al dinero que para S. M. se envía en esta flota, los oficiales de la real hacienda avisan a S. M. particularmente, la cantidad que en ella se envía. Y a esta causa no lo hago yo en ésta.

El correo que lleva estos despachos al General Juan de Velasco parte hoy día de la fecha de ésta a efecto de que por mi respecto no se detenga un punto más en el puerto, por importar mucho al servicio de S. M. su breve salida de él. Nuestro Señor la sacra católica real persona de S. M. guarde, y en estado acrecentare con aumento de mejores reinos y señorías como su real corazón desea. En México, 23 de marzo de 1567.

S. C. R.M., fidelísimo vasallo de S. M. que sus muy reales pies y manos besa.

El Marqués de Falces

Fuente: Los Virreyes españoles en América durante el gobierno de la casa de Austria: México, edición de Lewis Hanke con la colaboración de Celso Rodriguez, Biblioteca de autores españoles, Atlas, Madrid, 1976-1978, 5 volúmenes, volumen 1, 1976, pp. 169-185.