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Siglo XVI > 1560-1569 > 1561

Tasación de Tiripitío, de Antonio de Turcios.
9 de mayo de 1561

Tiripitío, en la provincia de Mechuacán, Obispado de Mechuacán. En siete de enero de mil y quinientos y cincuenta y un años, el señor Visorrey, Don Luis de Velasco, puso este pueblo en cabeza de su Majestad, por fin y muerte de Juan de Alvarado, que no dejó mujer ni hijos.

(Al margen:) De su Majestad.

En la ciudad de México, de la Nueva España, a diez y nueve días del mes de enero de mil y quinientos y cuarenta y tres años, ante el Ilustrísimo Señor Don Antonio de Mendoza, Visorrey y Gobernador por su Majestad en esta Nueva España, parecieron los indios de Tiripitío, que tiene en encomienda Juan de Alvarado, y dijeron que ellos no podían cumplir la conmutación de oro en polvo que se les hizo a que diesen cada cuarenta días, ciento y sesenta y cinco pesos de oro en polvo, porque de ello reciben mucho agravio y no lo hallan, y que quieren pagar los tejuelos que daban antes de la conmutación en reales de plata, lo que monta lo que solía valer. Y por su Señoría visto lo susodicho, estando presente el dicho Juan de Alvarado, atenta la averiguación que se hizo y que constó por fe que el oro de tejuelos que daban al dicho Juan de Alvarado, salía a seis quilates, que monta el tributo de oro en tejuelos, que así le daban en cada un año, mil y seiscientos y catorce pesos reducido a oro común, del cual oro venía a su Majestad de quinto, trescientos y veinte y tres pesos del dicho oro común. Hubo por bien que desde primero de enero de este presente año, que comienza a correr el tributo, los dichos indios pueden pagar y paguen al dicho Juan de Alvarado, los dichos mil y seiscientos y catorce pesos de oro común, en reales en cada un año de cuarenta en cuarenta días por rata lo que viene, de los cuales ha de pagar el dicho Juan de Alvarado a su Majestad o a sus Oficiales en su nombre, trescientos y veinte y tres pesos del dicho oro común por los tercios del año, del quinto que así le venía del dicho oro de tejuelos, los cuales se obligó de pagar en forma.

Item, se concertaron de una conformidad con el dicho Juan de Alvarado, que demás de lo dicho, le quieren dar trescientos y setenta y nueve pesos de oro común en un año por rata, lo que viene cada cuarenta días, por razón de cinco hanegas de maíz que le daban cada un día, y porque le daban cincuenta cestos grandes de maíz cada cosecha y por el tributo del pueblo de Cotembaro y Chipacuaro, de manera que los dichos indios han de dar al dicho Juan de Alvarado, ...: es (sic) mil y seiscientos y setenta pesos, cinco tomines de oro común, y más las sementeras que al presente le hacen de maíz y frisoles y ají, y lo lleven donde solían y acostumbraban llevar, y treinta indios de servicio cada un día en sus huertos y estancias, y de comer al calpisque y al dicho Juan de Alvarado como se lo suelen dar y no los dichos trescientos y sesenta y nueve pesos que lo den, con que se tasen los dichos pueblos de Contembaro y Chipacuaro y las estancias de Coracata y Guaxgo y Chiaqueo, la cual tasación se hizo de consentimiento de ambas partes, y que no le den otra cosa alguna más de lo dicho, ni el dicho Juan de Alvarado por sí ni por interpósitas personas les pidan otra cosa, so pena de lo volver con el cuatro tanto, de manera que le han de traer cada cuarenta días, ciento y ochenta y cinco pesos y cinco tomines de oro común, y esta es la tasación y las otras hechas antes de ésta no valen ni tienen fuerza alguna.

En México, a ocho días del mes de octubre de mil quinientos cuarenta y tres años, vista por el Ilustrísimo Señor Visorrey de esta Nueva España, cierta información hecha a pedimento de los indios del pueblo de Tiripitío, sobre razón que ellos se quejaron que habían sido conmutados a que diesen ciertos pesos de oro en polvo por las mantas que le solían tributar, antes y al tiempo que se encomendaron a Joan de Alvarado, y después por no le poder dar el oro en polvo a causa de no lo poder haber, se habían concertado con él a que le diesen cierta cantidad de pesos en tostones, en todo lo cual habían recibido mucho agravio y perjuicio, y por no lo poder cumplir querían dar la ropa que pedía, que era doscientas mantas torcidas cada cuarenta días, se mandó de consentimiento de partes, atento lo que constó por la información, que le den de aquí en adelante cada cuarenta días las dichas doscientas mantas torcidas, y allende de estas mantas, le han de hacer las sementeras que suelen con que los bastimentos que solían llevar a las minas no los llevan sino a la estancia de Juan de Alvarado o a la ciudad nueva de Mechoacán, en la cual han de dar cada día, diez cargas de yerba y dos gallinas y cuatro cargas de leña y una carga pequeña de ocote, esto allende de los veinte y tres indios de servicio contenidos en la tasación antes de ésta, y de los pesos de oro que le dan en tostones por razón del maíz, y desde hoy dicho día en adelante, no ha de ser obligado el dicho Juan de Alvarado a pagar los trecientos y veinte y tres pesos de oro común que estaba obligado a pagar a su Majestad por razón del quinto de oro en polvo que le solían dar, atento que no se lo han de dar ni se tasan en ello, sino que den la ropa como solían, y que se haga saber por parte del dicho Juan de Alvarado, a los Oficiales de su Majestad, por lo que le toca.

En la ciudad de México, en primero día del mes de septiembre de mil quinientos cuarenta y cuatro años, estando en acuerdo parecieron don Francisco, Gobernador del pueblo de Tiripitío y otros principales y naturales dél, y estando presente Juan de Alvarado, persona que los tiene en encomienda, de conformidad de las dichas partes y de su pedimento por estar la tasación que del dicho pueblo estaba hecha, falta en algunas cosas convenientes a los dichos indios, se conmutó y declaró en las cosas siguientes:

Iten, porque las mantas en que están tasados, no estaba declarado la calidad de ellas, trajeron una y se declaró que ha de ser cada una de cinco varas y cuarto, de dos en largo, y tres y dos tercias en ancho, y que en defecto de no dar las dichas mantas de esta calidad porque los indios dijeron que podría ser que les viniese más utilidad en pagarlas en tomines, se declaró y mandó que en lugar de ellas puedan dar en cada tributo, por razón de las dichas docientas mantas, de los cestos de maíz, cada día, y por el tributo de las estancias, ciento y ochenta y cinco pesos y cinco tomines de oro común cada cuarenta días.

Iten, por cuanto en las tasaciones que del dicho pueblo están hechas, dicen que le hagan las sementeras de maíz, ají y frisoles que le solían hacer, y no está declarado qué tantas suertes, se declaró que de ochenta y una suertes que le hacían de maíz, se declaró que le hagan setenta y seis suertes de las que suelen hacer.

Iten, porque en las tasaciones que estaban hechas, en la una dice que le den de sus casas, doscientas hanegas de ají y doscientas de frisoles, y en la segunda dice que le hagan la sementera de ají y frisoles, y porque este ají y frisoles lo recogían entre los maceguales, se acordó y declaró que le haga dos sementeras, una de lo uno y otra de lo otro, donde le den doscientas hanegas de ají y ciento de frisoles, y si más de ella se cogiere, que sea para los indios, y si menos, que no sean obligados a le dar más.

Iten, que todo el maíz que se cogiere de las dichas sementeras, así maíz, ají y frisoles, sean obligados a lo llevar a la estancia que al presente tiene el dicho Juan de Alvarado y a la ciudad nueva de Mechuacán.

Iten, que a los tamemes que llevaren lo susodicho, les den para su comida el maíz que les suelen dar.

Iten, se aclaró que le han de dar para su comida, al dicho Juan de Alvarado, cuando estuviere en el pueblo, cada un día, cuatro gallinas de Castilla y diez cargas de yerba, que sea buena del tamaño que la dan los de México y Santiago, cinco a la mañana y cinco a la tarde y seis cargas de leña y dos de ocote, y tres indios que traigan agua.

Iten, estando en la ciudad nueva de Mechuacán, sean obligados a dar la dicha comida y servicio, excepto los tres indios para agua, que en lugar de las gallinas, los días de pescado le den ochenta huevos y cuarenta pescados que sean buenos, y si fueren menudos recompense a los dichos grandes.

Iten, que esta comida y servicio le den cuando estuviere en el pueblo en la ciudad de Mechuacán, y no de otra manera, excepto que por ausencia de veinte o treinta días la den a la gente o criados que tomó en las partes sobredichas, y no por más tiempo.

Iten, que cuando no dieren esta comida y servicio al dicho Juan de Alvarado, den al calpizque que estuviere en el pueblo, solamente dos cargas de yerba y dos de leña, y los días de pescado hasta quince pescados y quince huevos.

Iten, fue concierto que el tiempo que dieren a la persona del dicho Juan de Alvarado, la dicha comida y servicio, les quita por rata, cada cuarenta días, cinco pesos y cinco tomines, que monta por año cincuenta pesos y cinco tomines de oro común de lo que son obligados a dar.

Iten, que le den los treinta y tres indios que le suelen dar de servicio cada día, a los cuales, el dicho Juan de Alvarado les dé maíz para su comida.

Iten, por razón de los tributos que el dicho pueblo le da al dicho Juan de Alvarado, ha de ser obligado a dar al monasterio y frailes del dicho pueblo, cera y vino, para que cuantos religiosos puedan decir misa, y aceite para una lámpara que arda delante del Santo Sacramento y la jerga que fuere necesaria para hábitos de los dichos cuatro religiosos si los hubiere en el dicho monasterio, y comida para ellos como hasta aquí les ha acostumbrado a dar, y por consiguiente ha de ser obligado a dar al hospital del dicho pueblo, la limosna que le suele dar por razón de los dichos tributos, y con estas declaraciones y conmutaciones se han de guardar las tasaciones del dicho pueblo, hechas antes de ésta, y lo en ésta contenido, pasó presentes las dichas partes, y por los dichos señores Presidente y Oidores les fue mandado que así lo guarden.

(Al margen:) De cómo se puso en cabeza de su Majestad.

En siete de enero de mil quinientos cincuenta y uno, el señor Visorrey don Luis de Velasco, puso en cabeza de su Majestad este pueblo de Tiripitio por fin y muerte de Juan de Alvarado, que no dejó mujer ni hijos. Antonio de Turcios.

En la ciudad de México, primero día del mes de julio de mil quinientos y cincuenta y un años, por los señores Presidente y Oidores del Audiencia Real de la Nueva España, se conmutó lo contenido en esta tasación en que de aquí adelante, por tiempo de seis años, que corran desde el dicho día, tan solamente den en tributo a su Majestad, en cada un año, mil y quinientos pesos de oro común, pagados por los tercios del año y que veneficien las sementeras de maíz, ají y frisoles en que están tasados, y lo procedido de ellas lo pongan en la ciudad de Mechuacán, y demás desto han de dar cada día en el pueblo o en la ciudad, dos gallinas de Castilla, seis cargas de yerba, tres de leña, media carga de ocote, y los días de pescado en lugar de las gallinas den cuarenta huevos y veinte pescados, y cumplidos los seis años, tornen a dar por entero lo contenido en la tasación. Esta razón se sacó de un cuaderno de moderaciones que tenía el provisor de Mechuacán. Firmado del Secretario Turcios.

(Al margen:) Moderación por ocho años.

En veintiuno de febrero de mil y quinientos y cincuenta y dos años, en acuerdo, vista cierta información por los señores Presidente e Oidores, tomada a pedimento de los indios del pueblo de Tiripitio, sobre que no pueden cumplir los tributos en que están tasados, mandaron que, por tiempo de ocho años primeros siguientes, que corran desde veinte y nueve días del mes de octubre del año próximo pasado, tan solamente den en tributo a su Majestad en cada un año, setecientos y cincuenta pesos de oro común, trescientos y setenta y cinco pesos cada seis meses, y que asimismo le hagan y beneficien la mitad de las sementeras de ají y frisoles y maíz que solían hacer a Juan de Alvarado, contenidas en la primera tasación, y que de lo procedido de las dichas sementeras lleven y pongan en la ciudad nueva de Mechuacán, mil hanegas de maíz y lo demás que se cogiere quede por de su Majestad y no sean obligados a lo sacar del pueblo, y que la comida que hubieren de dar al Corregidor, estando en el pueblo, sea cada día dos gallinas y cuatro cargas de yerba de las que solían dar al dicho Alvarado, y dos cargas de leña y media de ocote, y estando el Teniente en el pueblo, lleva la tercia parte de esta comida, y que los días de pescado en lugar de las gallinas le den veinte pescados y cuarenta huevos y no otra cosa alguna, y se asiente por tasación, lo cual pasó presentes los Oficiales de su Majestad. Esta razón se sacó del cuaderno de las moderaciones que tiene el Secretario Turcios. El auto estaba señalado de los señores Presidente y Oidores y firmado de Antonio de Turcios.

Yo, don Luis de Velasco, Visorrey y Gobernador por su Majestad en esta Nueva España, etc., por cuanto en la tasación que está hecha del pueblo de Tiripitío, en las sementeras que hace de maíz, frisoles y ají, a causa de no haber limitación en la cantidad que han de dar, hay confusión, y los naturales del dicho pueblo lo dejan de beneficiar y siempre viene a menos y no se coje la cantidad que conforme a las sementeras que siembran se debía y suele coger; por ende mando a vos, el Gobernador y principales del dicho pueblo, que de la cosecha del año de quinientos y cincuenta y siete en adelante, por razón de lo susodicho, séais obligados a hacer y hagáis una sementera, en la que hayáis de coger y cojáis ochocientas hanegas y otra de ají de otras cincuenta, lo cual pondréis en la cabecera del dicho pueblo, y si menos se cogiere de lo susodicho, lo hagáis de cumplir y cumpláis de vuestras casas, y si más hubiere, lo hagan y gocen los naturales del dicho pueblo, y entiéndese que en esta moderación no sea visto innovar cosa alguna en los setecientos y cincuenta pesos que el dicho pueblo da de tributo en cada año en dineros a su Majestad, conforme a la tasación, y mando a Diego Hurtado, Corregidor del dicho pueblo, lo dé a entender al Gobernador y naturales dél para que guarden y cumplan lo susodicho y se asiente en los libros de las tasaciones. Fecho en México, a seis de diciembre de mil y quinientos y cincuenta y seis años. Don Luis de Velasco. Por mandado de su Señoría, Antonio de Turcios.

(Al margen:) Auto.

En la ciudad de México, a nueve días del mes de mayo de mil y quinientos y sesenta y un años, visto por los señores Presidente y Oidores de la Audiencia Real de la Nueva España, esta información recibida a pedimento de los indios del pueblo de Tiripitío que está en la Corona Real, sobre que no pueden cumplir los tributos en que están tasados, atento lo que consta y parece por la dicha información y la cantidad de gente que hay en el dicho pueblo, siendo presentes los Oficiales de su Majestad, dijeron que mandaban y mandaron que de aquí adelante, los dichos naturales den de tributo en cada un año a su Majestad, mil y trescientos pesos de oro común, pagados por los tercios del año, y más quinientas y una hanega y media de maíz al tiempo de la cosecha, puesto en la cabecera del dicho pueblo, y no han de dar otra cosa alguna, y para pagar el dicho tributo se reparta en todo el año, a cada tributario casado, un peso de oro común y una hanega de maíz, y al viudo o viuda, la mitad, y no se les pida, lleva, ni reparta más tributos, so las penas de las ordenanzas, cédulas y provisiones de su Majestad, y que esto guarden por tasación y se asiente en los libros de las tasaciones y se tome la razón en los de la Contaduría de su Majestad, y que de aquí adelante, sea a cargo de los dichos Oficiales de proveer lo necesario y conveniente al culto divino del dicho pueblo y sustentación de los religiosos que tienen cargo de la conversión y doctrina de los naturales dél y así lo pronunciaron y mandaron, y que hagan los dichos indios de común una sementera de donde se coja el dicho maíz.

Antonio de Turcios. (Rúbrica)

Fuente: José Luis de Rojas. A cada uno lo suyo. El tributo indígena en la Nueva España en el siglo XVI. El Colegio de Michoacán, Zamora (Michoacán), 1993, pp. 129-136