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Siglo XVI > 1550-1559 > 1551

Real provisión por la que se ordena la creación de pueblos con la población indígena dispersa y con la que se encuentra encomendada, dotándoles de tierras y bienes.
Cigales, 21 de marzo, 1551.

Don Carlos

A vos, Sancho de Clavijo, nuestro gobernador de la provincia de tierra firme, llamada Castilla del Oro.

Ya sabéis cómo por nuestras provisiones tenemos mandado en todas las Indias que cesen los servicios personales, y que a los indios que estuvieren en nuestra Corona Real o encomendados a otras cualesquier personas, sean tasados los tributos que hubieren de dar en los frutos y cosas que hubiere en la tierra y términos de sus lugares y pueblos, porque así cumplía al servicio de Dios, Nuestro Señor y nuestro, y a la utilidad de los españoles que en esa tierra residen, por depender de las dichas provisiones la conservación de los indios naturales, que para todo lo susodicho es tan necesaria.

Y porque en algunas partes de esas nuestras Indias había algunos indios naturales que no tenían pueblos en que viviesen juntos, y por el consiguiente les faltaban términos en qué coger tributos, y que no los habiendo de pagar de sus personas, quedaban libres de él, como fue en la isla Española y Cuba, los mandamos poner en entera libertad y prohibimos que las Audiencias y gobernador de las dichas Indias rigiesen, e hiciesen juntar en uno o más pueblos donde pudiesen vivir y multiplicar y ser instruidos en las cosas de nuestra santa fe católica, y se les señalasen términos en que pudiesen sembrar los frutos necesarios y criar los ganados que tuviesen.

Y porque somos informados que los indios de esa provincia están así derramados sin tener pueblos ni términos de qué poder coger frutos, de qué tributar, y dónde poderse ayuntar para ser doctrinados, antes están encomendados por cabezas, y sirviendo como esclavos, no siendo, como lo son.

Y queriendo proveer en ello, visto y platicado por los del nuestro Consejo de las Indias, fue acordado que debíamos mandar dar ésta nuestra carta para vos, y Nos tuvímoslo por bien.

Porque vos mandamos que luego que ésta recibáis pongáis en libertad todos los indios que al presente hay en esa provincia, no embargante que estén encomendados a personas particulares, por cuanto nuestra voluntad es, que los dichos indios no sean molestados con tributos, ni otros servicios reales, ni personales, ni mixtos, más de como lo son los españoles que en esa provincia residen, y se dejen holgar: para que mejor puedan multiplicar, y ser instruidos en las cosas de nuestra santa fe católica.

Y en los indios que así pusiéreis en libertad, daréis orden en cómo se junten en uno o dos o más pueblos, cómo puedan vivir en policía, y les pondréis personas que los doctrinen e instruyan en las cosas de nuestra santa fe católica, y les señalaréis competentes términos en que puedan labrar y sembrar y criar sus ganados.

Y así señalados los dichos términos y hechos los dichos pueblos nos avisaréis qué será razón que los dichos indios den de tributo, para que Nos proveamos lo que más convenga a nuestro servicio, y entretanto proveréis que no paguen cosa alguna, dando vos para todo lo susodicho todo el calor y ayuda que fuere necesario, porque en ello nos serviréis mucho, lo cual así haced y cumplid sin embargo de cualquier apelación o suplicación que de esta nuestra carta se interponga, y así ejecutado y guardado, de la ejecución que hiciéredes, si alguno suplicare le otorgaréis la apelación ante Nos, y a los indios que así juntaréis y diereis términos, porque los primeros arios tendrán necesidad de alguna ayuda de simientes para hacer sus sementeras, y que coman entretanto que nacen, y alguna ayuda para el reparo de sus casas, proveeréis cómo se les dé para todo hasta 1,000 pesos de oro, los 500 de penas de cámara que hubiere en esa tierra, y si no hubiere penas de cámara, de nuestra hacienda, por cuánto los dichos 500 pesos que así mandamos dar por nuestra cédula, de nuestra hacienda, enviamos a mandar a los nuestros oficiales de la Casa de la Contratación de Sevilla que los tomen de bienes de difuntos que hubiere en aquella casa, de que hechas las diligencias no parecieren herederos.

Ayala (t. 107, fol. 210). Publicada en Encinas (t. IV. p. 277) y Solano (doc. 28, pp. 209-211); mencionada en la Recopilación (lib. VI, tít. 3, lev I).

Fuente:

Francisco de Solano. Cedulario de tierras. Compilación. Legislación agraria colonial (1497-1820). Instituto de Investigaciones Jurídicas. Universidad Nacional Autónoma de México. Primera edición: 1984. Segunda edición: 1991. México.

http://biblio.juridicas.unam.mx/libros/libro.htm?l=387