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Siglo XVI > 1550-1559 > 1550

Relación del Virrey de Nueva España, Antonio de Mendoza, a Luis de Velasco al término de su Gobierno.
1550 o 1551 (Aprox.)

Relación, apuntamientos y avisos que Por mandado de S. M. di a Sr. Don Luis de Velasco, virrey y gobernador y capitán general de esta Nueva España.

Audiencia: ordenanzas, conformidad.

1. Cuanto a lo que toca a las cosas de justicia y a esta real audiencia, V. S. verá las Ordenanzas y autos que por S. M. y por esta real audiencia y por mí están hechas para el buen gobierno y expedición de los negocios. Solamente tengo que decir que en las visitas y ordenanzas que S. M. y los Reyes Católicos han mandado hacer en las chancillerías, ninguna cosa encargan tanto como la conformidad entre el presidente y oidores, y los oidores entre sí. Esto he yo hecho cuanto a mí ha sido posible; de esto aviso a V. S. tenga especial cuidado porque es necesario.

Buen tratamiento de los naturales: doctrina, religiosos.

2. Lo principal que siempre S. M, me ha mandado, ha sido encargarme la cristiandad y buen tratamiento de estos naturales. El medio por donde estas dos cosas yo he tratado han sido los religiosos, y de esto me he ayudado para todo grandemente, y sin ellos se puede hacer poco, y por esto siempre he procurado de favorecerlos y honrarlos y amarlos como verdaderos siervos de Dios y de S. M. Y V. S. lo debe hacer así y conocerá el provecho que de ello se le sigue. Y V. S. tenga entendido que en las cosas espirituales y que tocan a la doctrina cristiana no se pueden dar reglas generales, porque el gobierno es todo de cabeza y está según el religioso o clérigo, porque con unos conviene alargar y con otros acortar. Yo me he ayudado de todos según la calidad de los negocios y de las personas y del estado en que estaban las cosas de la provincia y pueblos donde tales clérigos y frailes estaban, no sólo en lo espiritual más en lo temporal, y me he hallado bien con ello, aunque algunos les parece mal.

Que las represiones de los religiosos sean secretas.

3. En caso que se ofrezca ser necesario hacer algunas represiones a los frailes y clérigos, sean secretas de indios y españoles, porque así conviene por lo que toca a su autoridad y a lo de la doctrina.

Clérigos.

4. S M. tiene proveído que se tase cantidad en los tributos que dan los indios para clérigos. Y hacen iglesias y otros gastos. Esta tasa no está señalada por dos cosas: la una, porque no hay asiento en tributo ni iglesia, y hasta ahora todo ha sido hacer y deshacer edificios y mudar pueblos de unas partes a otras; lo otro y más principal es porque los clérigos que vienen a estas partes son ruines, y todos se fundan sobre interés, y si no fuese por lo que S. M. tiene mandado y por el bautizar por lo demás estarían mejor los indios sin ellos. Esto es en general, porque en particular algunos buenos clérigos hay. No se ha podido tener hasta ahora tanta cuenta con ellos como convenía: es necesario que les tasen las comidas y se tenga cuenta con lo que les dan los indios, porque lo de los corregidores y ministros de justicia está muy apretado, y en los clérigos muy largo, en especial lo que toca al tratar y contar con los indios que están a su cargo.

Capítulos de corregidores.

5. S. M. ha mandado dar por la administración de la justicia y buen tratamiento de los naturales ciertas provisiones, y además de esto yo he hecho otras ordenanzas para este efecto; y para el buen recaudo de los tributos de S. M. tengo hechos unos capítulos, los cuales se dan a los alcaldes mayores y otros ministros de justicia. Con guardar estos, y con los demás que V. S. proveerá, tendrán buena orden y expedición los negocios de esta calidad.

Hacienda real.

6. Para lo que toca a la hacienda de S. M. y buena orden en la casa de la fundición y en las almonedas y caja, y cómo los oficiales han de repartir el tiempo, tengo proveído lo que V. S. podrá ver, además de lo que S. M. tiene mandado. Creo que está bastantemente con esto y con lo demás que V. S. añadirá, habrá buen orden.

Penas de cámara.

7. Para que en las penas de cámara haya buena cuenta y razón, además de lo que S. M. tiene proveído, he hecho un libro, el cual está en mi cámara, donde los escribanos de esta real audiencia y el del cabildo y los del número de esta ciudad vienen a asentar todas las condenaciones que se aplican a la cámara dentro del tercer día después que se hacen. Proveerá V. S que no se deje de hacer, porque es de mucho efecto.

En blanco.

8. Yo tengo hechas ordenanzas, con acuerdo de los oidores y de otras personas, para el buen tratamiento y doctrina de los indios que andan en las minas, así libres como esclavos. V. S. las mandará ver, y aunque con haber S. M. mandado quitar todos los servicios personales parece que son excusadas, pues que los indios como personas libres pueden hacer de sí lo que les pareciere, V. S. debe mandar que se guarden todas las que fueren posibles. Y en las penas que están puestas, aunque con la mudanza del tiempo y de las cosas parecen ásperas, es necesario no hacer mudanza en ellas.

9. Asimismo tengo hechas ordenanzas para evitar los fraudes y pleitos que sobre poblar y tomar minas y estacallas se hacen. V.S. mandará verlas porque para el presente están buenas.

10. En muy pocos años ha sido gran cantidad de montes los que se han gastado, y teniendo consideración a esto, parece que antes ha de faltar la leña que los metales. Están hechas ordenanzas para la conservación de los montes, y asimismo para los caminos que los indios han de hacer con el carbón y leña que traen y la medida con que se han de cargar. V.S. cuidará que se tenga cuidado de esto, porque con el alejarse los montes es necesario mudar la orden, aunque lo más de esto cesará con lo que S. M. ha sido servido de mandar proveer.

Favorecer las minas.

11. Lo que al presente parece que da ser a la tierra y la sostiene, son las minas. Tenga especial cuidado de favorecer a los que tratan en ellas, porque si estas caen, todas las demás haciendas de la tierra vendrán en muy gran disminución, si no fuere las que tienen salida para fuera de la tierra; y S. M. perderá casi todas sus rentas, porque el ser de la tierra está en las minas.

Del colegio de los mestizos; idem de las mestizas.

12. S. M. y la emperatriz, que está en gloria, me mandaron por muchas veces que yo diese orden como los hijos mestizos de los españoles se recogiesen porque andaban muchos de ellos perdidos entre los indios. Para remedio de esto y en cumplimiento de lo que Sus Majestades me mandaron, se ha instituido un colegio de niños donde se recogen no sólo los perdidos. más otros muchos que tienen padres. Los ponen a aprender la doctrina cristiana, y a leer y escribir, y a tomar buenas costumbres. Y asimismo hay una casa donde las mozas de esta calidad que andan perdidas se recogen, y de allí se procura sacarlas casadas. De este de las mujeres ha tenido cuidado el Lic. Tejada, y de los niños el Dr. Quesada, porque se lo he yo pedido por merced, y han hecho y hacen en ello gran servicio a Dios Nuestra Señor y a S. M. Y de aquí adelante se lo encargue, pues que es una tan santa obra y tan necesaria para esta república.

Del colegio de los indios.

13. En esta ciudad en la parte del Tatelulco, hay un colegio de indios en que se crían cristianamente y se les enseñan buenas letras, y ellos han aprovechado harto en ellas, y mostrándose bien claro si Nuestro Señor no fuera servido de llevarse en la pestilencia pasada los más y más hábiles que había, aunque al presente no deja de haber algunos de los que quedaron que son preceptores en estudio de latinidad, y se halla habilidad en ellos para mucho más, y envidias y pasiones han sido parte para que esto no haya crecido tanto cuanto debiera. V. S. los favorezca, pues S. M. le envía principalmente para el bien general y particular de estas gentes, porque es gran yerro de los que los quieren hacer incapaces para todas las letras ni para lo demás que se puede conceder a otros cualesquier hombres. Y no por lo que digo quiero sentir que éstos al presente, aunque sean cuan sabios y virtuosos se pueda desear, se admitan al sacerdocio, porque esto se debe reservar para cuando esta nación llegue al estado de policía en que nosotros estamos, y hasta que esto sea y que los hijos de los españoles que saben la lengua sean sacerdotes, nunca habrá cristiandad perfecta, ni basta toda España a cumplir la necesidad que hay, y lo que se hace se sostiene con gran fuerza, porque todo es violento.

Crédito de indios.

14. Los indios naturales de esta tierra son de calidad que muchas veces por cosas muy livianas que les hacen, se vienen a quejar y las encarecen grandemente, y otros padecen muy graves cosas y callan. Ha de estar advertido V. S. que es necesario para livianas que sean las palabras entender lo que es y averiguarlo, porque de lo poco se saca mucho, y también que no crea lo contrario aunque mucho se encarezca, porque hallará ser como lo digo.

Oír los indios.

15. Yo he tenido por costumbre de oír siempre los indios, y aunque muchas veces me mienten, no me enojo por ello, porque no los creo ni proveo nada hasta averiguar la verdad. Algunos les parece que los hago más mentirosos con no castigarlos: fallo que sería más perjudicial ponerles temor para que dejen de venir a mí con sus trabajos, que el que yo padezco en gastar el tiempo con niñerías. V. S. los oiga en la orden que en esto he tenido, es que los lunes y los jueves en la mañana los nahuatlatos de la audiencia me traen todos los indios que vienen a negocios, y los oigo a todos. En las cosas que luego puedo despachar, las proveo; y las que son de justicia y negocios de calidad, las remito a uno de los oidores para que ellos en sus posadas las traten y averiguen, y con la razón de lo que se hace vienen al acuerdo. Otros negocios de menos importancia, los remito a los alcaldes mayores y a otras personas religiosas y seglares, según la calidad y las personas que hay en las comarcas de donde son los indios, por no tenerlos fuera de sus casas. Otras veces les doy jueces indios que vayan a averiguar sus diferencias, nombrados de conformidad de las partes. Y con esta orden quedo más libre todos los otros días para entender en otras cosas, y no por esto dejo de oír todos los demás indios que a mí vienen en cualquier tiempo y hora y lugar, si no es estando en los estrados o en los acuerdos.

Españoles.

16. La gente española de esta Nueva España es mejor de gobernar de todas cuantas yo he tratado, y más obediente y que más huelga de contentar a los que los mandan, si los saben llevar; y al contrario cuando se desvergüenzan, porque ni tienen en nada las haciendas ni las personas.

Tratamiento de indios.

17. Los indios se han de tratar como los hijos, que han de ser amados y castigados, en especial en cosas de desacato, porque en este caso no conviene ninguna disimulación y tener siempre especial cuidado en que los principales no castiguen a los maceguales con tributos ni servicios demasiados. Se ha de tener consideración a que si los principales son favorecidos roban a los maceguales, y si no son favorecidos no tienen autoridad para mandar; y esto se ha de reglar teniendo conocimiento de la calidad de las personas y negocios en particular.

Calidad de indios y tierra y tributos.

18. La diversidad de los temples de esta tierra es causa de mucha diferencia de las gentes que habitan en ella, porque los de las tierras frías son hombres más recios, y para más trabajos, y viven más que los de las tierras calientes y más sanos; y para tributar hay muy grande diferencia, porque en los tributos personales los de la tierra fría hacen gran ventaja a los de la caliente, por ser de la calidad que digo; y en los tributos reales puede dar más un indio de tierra caliente que cuatro de la tierra fría porque allí se cría cacao y algodón y muchos géneros de frutas y semillas, con que los indios muy fácilmente pagan sus tributos. Y la ordenanza que S. M. hizo en que manda que los indios paguen los tributos en lo que se coge en sus tierras, en parte es muy perjudicial, porque es causa que los tributos de ropa se vayan quitando diciendo que no cogen algodón para hacerla, siendo más gente y más recia para tejerla, y donde se hacía la mayor cantidad: y ahora carga el trabajo de sembrar el algodón y hacer la ropa sobre la gente más flaca, que es la de tierra caliente.

Favorecer las granjerías.

19. Yo he dado orden como se hagan paños, y se críe y labre gran cantidad de seda, y se han puesto muchos morales. Esto ha crecido algunas veces y bajado por causa de algunos religiosos que por venir la cría en cuaresma les parece que los indios no acuden a los sermones y doctrina, y por este impedimento otros dicen que para ser cristianos no han menester bienes temporales; y así esta granjería y las demás crecen y menguan. V. S. ha de estar advertido de todo para sostenerlo como S. M. lo tiene mandado y encargado.

Trigo; servicios.

20. Las labores de trigo ha muchos años que yo procuro de dar orden como los indios entren en ellas, y ha sido muy dificultoso, aunque siempre va crecido, mas es tan poco que no basta para la república, ni se ha de hacer caudal de ello. Al presente son los españoles los que han de sostener la labor de trigo. V. S. los favorezca, dándoles tierras en parte que sin perjuicio de los indios se puede hacer, y ayudándoles para que puedan sembrar y coger los panes; y si de esta manera no se hace y se tiene gran cuidado que los indios siembren y que al tiempo del desherbar anden personas que lo vean, y aun con hacerse esto habrá necesidad, porque con hacerlo así dificultosamente se sustentan, y la necesidad y falta cada día es mayor, así por esto como por darse por libres los esclavos y esclavas, así de indios como de españoles, y con quitarse los servicios personales no tienen los hombres quien les haga una tortilla, y es fervoroso ir a comprar pan de la plaza no sólo los vecinos de esta ciudad, mas para las minas de Taco y Cultepeque; y así cuanto más se aprieta lo de los servicios personales y el dar libertad a los indios, tanto más ha de crecer la falta.

Caminos.

S. M. manda que se aderecen los caminos para que se quiten los tamenes. Antes que esta carta viniese, yo había tenido especial cuidado de ello, porque no sólo para el efecto de lo que S. M. manda, mas para la seguridad de la tierra. Hechas, conviene que se tenga cuidado de mandar que se sostengan, y así se da por capítulo a los alcaldes mayores.

Acequias.

Yo había mandado abrir un río que viene de la laguna de Citaltepeque y otro que nace de las fuentes del pueblo de Teutiguaca, que está encomendado en Alonso de Bazán, para que por éstos vengan cal y piedra para los edificios de esta ciudad, y el maíz v trigo de toda aquella comarca que es en gran cantidad. V. S. mande que se acabe lo que falta, que es poco, y la acequia que pasa por esta ciudad, que es principal servicio. y que se tenga bien reparada. A Valverde le tengo dado cargo porque lo entiende bien y es diligente. V. S. le mandará que no lo deje de hacer.

Empedrado.

Ruy González, regidor de México, tiene a cargo lo del empedrado de las calles, que es una cosa muy provechosa para el remedio de los lodos y polvos, que es lo que más fatiga en esta ciudad. V. S. mande que se continúe, porque el tiempo le mostrará lo que se padece con ellos. Por la orden que está comenzada, se hará muy fácilmente y muy en breve.

Yerba.

Tres cosas hay en esta ciudad que son las que más trabajo dan a los vecinos, y cada día ha de ser mayor la necesidad de ella, si no se da orden para que con facilidad haya abundancia. Una es la yerba para los caballos. Para la provisión de esto, yo hice plantar un gran pedazo de laguna que era dispuesto para ello, y se guardó algunas años hasta tanto que se arraigó, de manera que aquello ha sido lo que ha sustentado la ciudad. Y como son tantos más los caballos y acémilas que solía, no basta; para este efecto he mandado plantar más. V. S. mande que se conserve, y asimismo esta acequia que se ha hecho, y que todos los nautecas sean obligados a traer las canoas de yerba como está ordenado, hasta tanto que las labores crezcan, para que pueda haber abundancia de paja.

Agua.

La segunda cosa es el agua, y en esto se ocupa gran cantidad de gente; y por falta de un buen cañero no está remediado. Y había enviado a España para que me enviasen uno. No es venido. Creo que se hallarán personas que lo entiendan. V. S. mande que se efectúe, porque quitará con esto y con lo de la yerba gran parte de los servicios personales, que es lo que S. M. manda.

Leña.

La tercera es la de la leña, y ésta se ha comenzado a remediar con favorecer la carretería, y hacer que los caminos estén bien reparados V. S. lo llevará bien adelante.

Ordenanzas de negros.

La falta de los servicios ha hecho traer gran cantidad de negros, y con no ser tantos como al presente, intentaron de alzarse con esta ciudad, y en las minas dos veces. Para remedio que no suceda esto, yo he hecho ordenanzas conforme a lo de las islas. V. S. las verá y proveerá como se guarden.

Sobre los negros que traen armas.

En lo de las licencias para traer armas negros con españoles, hay desorden, porque no se guarda la ordenanza a causa de ser la pena muy rigurosa. V. S. lo modere y viene. Al Lic. Santillan encomendó el ordenarlo, él dará la razón.

Vino, pan, juego, baratas y otras cosas.

Asimismo he hecho ordenanzas sobre el vino y venta de negros y regatones de digo y madera y piedra y tezontle, y sobre los juegos y baratas, y el vender a los hijos de vecinos, y otras cosas concernientes al buen gobierno de esta república. V. S. las verá y mandará guardar las que le pareciere que conviene, porque el tiempo y la variedad de las cosas hace que sea necesario cada día quitar y añadir en ellas.

Juegos.

Especialmente S. M. me mandó que proveyese, si me pareciese, que no hubiese naipes en esta tierra, y que en lo que tocaba a los juegos ya que los hubiese que fuesen moderados, y sobre ellos hiciese las ordenanzas que conviniesen. Y en cumplimiento de esto yo tengo proveído lo que V. S. verá. Mandará que se guarde en especial lo que toca a mercaderes y factores y sus criados, porque son muchos los daños que resultan de ello.

Que se excusen las congregaciones.

V. S. excusará lo más que pudiere de hacer congregaciones y juntas, por la experiencia muestra que no es tanto el provecho que de lo bueno que se trata, cuanto el daño que se sigue de las materias y opiniones que en ellas se levantan.

Sobre la ordenanza que se hizo acerca de los hijos vecinos.

La ordenanza que se hizo sobre que no se fiase a los hijos de los vecinos que están debajo del poderío paternal, fue muy necesaria por el gran desorden que había, así en comprar como en fiarles las cosas a excesivos precios, que ponían en necesidad y trabajo a sus padres y redundaban otros inconvenientes. V. S. si le pareciere la mandará guardar.

Veracruz.

En la Veracruz tengo hechas muchas ordenanzas, además de la que S. M. tiene proveído. V. S. lo mande todo ver y tener especial cuidado de lo que allí, y que se visite a menudo, porque aunque está bien ordenado, se ejecuta muy mal.

Avaluaciones; cargo y descargo de baratas.

Asimismo, está comenzado a hacer un arancel para las avaluaciones. V. S. mande que se acabe, porque será muy provechoso, así para lo que toca a S. M. como para excusar grandes extorsiones. Asimismo he hecho ordenanzas para lo que toca a la carga y descarga de los navíos y baratas y como se han de visitar. V. S. verá lo que más conviene.

Puerto de San Juan de Ulúa.

Cuando vine a esta Nueva España, S. M. me mandó que mirase el puerto de San Juan de Ulúa, porque era muy ruin. Yo lo hice así, y me detuve en él para verlo, y después hice recorrer toda esta costa para ver si se hallara otro mejor y más a propósito, y en toda ella no se halló. Y por esto determiné de remediar todo lo que fuere posible; y de muy malo que era, con la industria y reparos que se han hecho está razonable. Además de las obras que están comenzadas, yo tenía intento de hacer una torre en un arrecife que llaman isla de Pulpos, para que sirva de farol, y hecha ésta los navíos conocieran los navíos, y habiendo lumbre en ella de noche se tomará también como de día. V. S. mandará a su tiempo que se haga Asimismo, estaba comenzado un torreón, y este más ha de servir para que con él la justicia sea señor de las naves y marineros del puerto; que para enemigos tiene necesidad de hacerle una rebelión, donde pueda estar artillería, y alzarle lo que conviene para que con lo alto jueguen algunas piezas. V. S. como persona que lo entiende y que lo ha visto, de presente proveerá lo que conviene. Yo no he estado en que se haga fortaleza, por algunas causas que de ello me han movido.

Edificios de monasterios.

S. M. mandó que las iglesias y monasterios que hubieren de hacer en los pueblos que están en su real cabeza, se hagan a su costa, y que ayuden a ello los indios; y si fuere pueblo que esté encomendado, que se haga a costa de S. M. y del encomendero, y que también ayuden los indios. Y queriendo dar orden, he hecho ver lo que será necesario, y me ha traído memoriales tan largos que me pareció ser necesario consultarlo con S. M., y entretanto dar algún socorro. V. S. tendrá respuesta en breve, y, en el entretanto les mandará socorrer con algo.

Hospitales.

Yo he hecho hacer muchos hospitales en pueblos indios, y de los más en S. M. patrón. V. S. tenga cuidado de mandarlos visitar y tomar las cuentas.

Puentes.

En el río de Tula hay gran necesidad de un puente. Están hechos los estribos y labrada la mayor parte de la piedra. V. S. mandará que se acabe y asimismo que se haga otra en el camino de la Misteca a Izucar, por que es muy necesaria. Donde se ha de hacer, y los pueblos que han de hacerla, y la orden de todo está en poder del secretario; y si no se hallare, Gonzalo Diez de Vargas dará la razón, porque yo le cometí que lo viese y él me la trajo.

Michoacán.

S. M. me mandó que yo diese asiento de los españoles en la provincia de Michoacán, y así les di el más cómodo que puede ser y más a propósito. Será una buena población si se favorece. V. S. tenga cuidado de ello, porque cuando los indios de la Nueva Galicia se alzaron, el mejor socorro y más a tiempo que se les hizo, fue el de los españoles e indios de aquella ciudad y tierra.

Servicios y tamemes.

S. M. tiene proveído sobre lo que toca a los servicios personales y al cargar de los indios. Lo que en esto está hecho verá V. S. por lo que yo tengo escrito, y con ello entenderá la materia y proveerá todo lo que convenga, y no sea de golpe, porque la experiencia tiene mostrado el gran daño que se recibe de hacerse lo contrario.

Tierras de Guaxocingo.

Siendo guardián de Guaxocingo Fray Antonio de Ciudad Rodrigo, los indios principales de aquel pueblo repartieron casi todos los baldíos entre sí. Yo, como recien vendido, celoso de hacer por los indios, sin más consideración aprobé y conformé a aquel repartimiento, el cual tengo entendido fue muy perjudicial a la república. V. S. lo mirará, y aunque es muy gran inconveniente con esta gente tornar a revolver sobre los negocios pasados, este es el de calidad que no se sufre dejarlo como está hecho.

Diferencias de indios.

Los indios tienen por costumbre si en algunos negocios de los que traen no se determina a su voluntad, dejarlos olvidar y tornar sobre ellos con algún nuevo color, y como los más de los negocios se averiguan de plano y por sus pinturas, no queda razón más de la memoria del que los despachaba, y halla gran confusión. Para remedio de esto yo proveí que se tuviese un libro en que se asentasen todas las averiguaciones, que está en poder del secretario, y cuando algunos indios vienen a pedir, se mira en el libro si está otra vez determinado, y si no se halla y se ha de dar comisión, se pone una cláusula que dice que entienda en ello, si no está determinado por otro juez. Y porque estos tienen gran cuenta cuando cualquier juez entra de nuevo de renovar todos los negocios pasados, con V. S. lo harán mejor que ser recien venido de España. Conviene que esté advertido de esto.

Que no se dé lugar a pleito entre indios.

S. M. tiene mandado que entre indios no se hagan procesos, y así se guarda. Algunas veces por la importunidad de los procuradores y descuido que se tiene, no se hace tan enteramente como convendría. V. S. esté sobre aviso de no permitirlo, porque es gran daño de los indios.

Tocante a indios.

Algunos dirán a V. S. que los indios son simples y humildes, que no reina malicia ni soberbia en ellos, y que no tienen codicia; otros al contrario que están muy ricos y que son vagabundos y que no quieren sembrar. No crea a los unos ni a los otros, sino trátese con ellos como con cualquiera otra nación sin hacer reglas especiales, teniendo respeto a los medios de los terceros, porque pocos hay en estas partes se muevan sin algún interés, ora sea de bienes temporales o espiritudes, o pasión o ambición, ora sea vicio o virtud. Pocas veces he visto tratarse las materias con libertad evangélica, y donde nacen muchas murmuraciones y proposiciones que si se entendiesen en particular no sería causa de tanto desasosiego como algunas veces se sigue.

El provecho y renta principal es la que dan los españoles.

V. S. tenga entendido que la renta principal que S. M. tiene en esta tierra es la que los españoles le dan, porque lo de los indios no es cosa de que al presente se haga caudal, y cada día va siendo menos, y está a arbitrio de los mismos indios y de los corregidores y religiosos, y siempre baja y no crece si no es por el valor de las cosas; y la falta es la que da el valor, que es harto mal para la república.

De tres cosas son las que más se aprovechan los españoles de que no tenían provecho los indios.

Tres cosas son las que los españoles tienen el mayor aprovechamiento en esta tierra, y de ninguna de ellas gozaban los indios, que son: las minas de plata, porque ellos no conocían los metales ni usaban para nada de ello; las otras son las hojas de los morales para la cría de la seda, y la yerba del campo que pacen los ganados. En todo esto hay gran aparejo ara que los españoles sean favorecidos sin daño de los indios.

Quitas y vacaciones.

Al tiempo que yo vine a esta tierra había poca gente a quien se diesen corregimientos, y después, como creció, sobró la gente y no había tantos corregimientos en que proveerlos. Para el remedio de esto y para socorrer algunas personas pobres que venían de España con sus mujeres e hijos y otras a quienes S. M. mandaba se les diesen corregimientos, y para remedio de otras muchas cosas que se ofrecen de cada día tocantes al servicio de S. M., tomé por medio de quitar alguna cosa de los salarios que estaban señalados a los corregidores y alguaciles, y de tenerlos algún tiempo vacos. Lo que me parecía para suplir lo que digo en estas quitas y vacaciones, lo consulté con S. M. Le pareció que lo había hecho bien. Y así en estas quitas y vacaciones se hacen las mercedes Y ayuda de costa que me ha parecido, y se libran otras cosas que convienen al servicio de S. M., porque en su real hacienda tiene mandado que se libre cosa alguna, y he tenido cuenta conmigo que antes sobre en las quitas y vacaciones que no pase las libranzas.

San Agustín.

Ya V. S. sabe como la Orden de Agustín no es tan tenida en España como las de Santo Domingo y San Francisco. Los religiosos de esta Orden de San Agustín en esta Nueva España han aprobado y aprueban bien, y tenido gran cuidado en la conversión y doctrina de los indios tanto como los demás, y en ellos no ha habido falta. A causa de ser recien venido V. S., podría ser que los religiosos de esta orden no se tuviesen en aquella estima que los de las otras. V. S. los honre y favorezca, porque lo merecen, no se conozca que esta orden se tiene en menos que las otras, pues no es de menos méritos que ellos.

Colegio de Michoacán.

En Michoacán se ha comenzado hacer y hace un colegio donde se enseñan los hijos de españoles y de algunos principales, y la experiencia ha mostrado el gran fruto que de ello se ha seguido y sigue. V. S. lo favorecerá y ayudará en lo que hubiere lugar para que vaya adelante y no se deje de proseguir y sustentar tan buena obra.

Sobre las elecciones de los caciques y gobernadores.

En lo tocante a las elecciones de los caciques y gobernadores de los pueblos de esta Nueva España ha habido y hay grandes confusiones, porque unos suceden en estos cargos por herencia de sus padres y abuelos, y otros por elecciones, y otros porque Moctezuma los ponía por calpisques en los pueblos, y otros ha habido que los encomenderos los ponían y los quitaban a los que venían, y otros nombraban los religiosos. Acerca de esto ha habido grandes variedades de opiniones. La orden que en este caso he tenido es que cuando tal cacique viene por elección, mando que conforme a la costumbre antigua que han tenido elijan en nombre por cacique la persona que les pareciere ser conveniente para el cargo y que sea indio de buena vida y fama y buen cristiano y apartado de vicios, y que esta elección se la dejen hacer libremente. Y hecha, al que elijen por tal cacique se le da mandamiento para que le tengan por tal el tiempo que fuere la voluntad S. M. o mía en su real nombre; sabiendo que no es tal cual conviene para el cargo, se le quita. Lo mismo se hace al que sucede por herencia este cargo de cacique. Tienen los indios al tal cacique por señor y a quien obedecen. Hay otra elección de gobernador en algunos pueblos, que es cargo por sí, diferente del cacique, que tiene cargo del gobierno del pueblo, y este eligen los indios; y siendo tal persona gobierna uno, dos años más o menos, y se le da de sobras de tributos o de la comunidad con que se sustente por razón del cargo. V. S. estará advertido de todo.

Alcaldes indios.

En algunos pueblos se nombran alcaldes indios que son necesarios para ejecución de las ordenanzas que están hechas tocantes a indios, y la experiencia ha mostrado ser convenientes y necesarios para la policía.

Alguaciles.

También se elijen alguaciles indios que son necesarios para evitar las borracheras y sacrificios y prender los que hacen excesos, y para que tengan cuidado de recoger los indios a la doctrina.

Sobre el eximir el sujeto de la cabecera.

Muchas veces intentan los sujetos de sustraerse de la cabecera y querer tributar por sí y sobre sí y por causas y derechos que dicen tener. Y porque de esto nacen inconvenientes, no se ha prometido. V. S. estará advertido de ello y que no hagan novedad, y que no se pongan caciques ni gobernadores en los sujetos donde no los hay, porque con esto vienen a querer eximirse de la cabecera.

[En blanco.]

S. M. me tiene en cargo que tase y modere la comida y tributo que los maceguales dan a los caciques y gobernadores y otros principales por la desorden que en esto había, y así se ha hecho en muchos pueblos, y en un libro se asienta lo que se les ha de dar y aquello que lleven y no más. Y ha parecido que conviene que estas moderaciones se hagan cuando los indios están discordes entre sí y se quejan de los caciques y principales, porque de otra manera se conforman los unos con los otros, y carga los tributos sobre los maceguales, y en lugar de remediarlos quedan más agraviados de lo que estaban antes. Y por esto conviene que, aunque algunos religiosos o otras personas pidan se hagan estas tasaciones, se dilate hasta que haya coyuntura, que es la que tengo dicha, o cuando algún cacique se muere, antes que hagan elección y que se le da el título de gobernador, se junten los pueblos y ordenen lo que se le ha de dar al que fuere gobernador, y con esto libremente tasan lo que es moderado: y de otra manera, por contentar al que es elegido, se alargan lo que conviene. V. S. esté advertido que, aunque hay alguna dilación en acabarse de efectuar estas moderaciones, conviene llevarles por la orden que tengo dicho.

Borracheras de indios.

Por el gran exceso que entre los naturales de esta tierra había acerca de las borracheras, para evitarlas se tomó por medio que, además de azotarlos y trasquilarlos, se diesen a servicio personal a herreros y otros oficiales, y así se hacía. Y viendo los inconvenientes que sucedían en esto de los servicios, y que las justicias de fuera de México los condenaban a este servicio y los vendían, me pareció ser conveniente quitar esta molestia, y mandé que ninguno se diese a servicio personal, porque siendo borrachera particular, bastaba castigarle conforme a la ordenanza; pero que las generales se castiguen, porque así convenía. Verá V. S. el mandamiento, y mandará que se guarde, añadiendo lo que más conviniere.

[En blanco.]

En esta Nueva España, hay muchas doncellas, hijas de personas muy honradas. Es necesario que V. S. tenga especial cuidado de favorecerlas en sus casamientos, porque esto importa mucho a la perpetuidad de la tierra, y por razón de esto está muy apretada. En todo lo que yo podía favorecer los casamientos lo hacía, porque además de ver que así convenía y era servicio de Dios Nuestro Señor, S. M. me lo tenía encargado. Y para animar que se casasen, les prometía y daba a algunas personas corregimientos y ayuda de costa. Será necesario que V. S. haga lo mismo.

Sobre oficiales indios.

Yo he procurado que haya oficiales indios de todos oficios en esta república, y así viene a haber gran cantidad de ellos. Estos tales oficiales se manda que no usen los oficios si no estuvieren examinados conforme a lo que en las repúblicas de España se hace. Y porque las ordenanzas que se han hecho vienen a decir que el oficial que se hubiere de examinar sepa enteramente todo el oficio en perfección, y que si dejare de saber alguna cosa que no pueda tener tienda, sino que tenga amo como aprendiz por excluirlos de todo; y siempre he proveído que particularmente examinen los indios y españoles en aquellas cosas que saben bien, y de aquello les den título y permitan que tengan tiendas porque haya más oficiales y no haya tanta carestía.

En los negocios de indios deje entrar a todos.

Acaece ordinariamente que sobre los negocios tocantes a la comunidad y gobierno de algún pueblo vienen principales y maceguales, porque todos quieren tener noticia de lo que se manda y determina en tal caso. Y porque podría ser que a V. S. le dijesen que por ser muchos los que vienen sobre el negocio y por el mal olor y calor que dan mandase que no entrase de uno o dos principales arriba, de lo cual los que vienen al negocio se sentirían mucho; y allende de esto es inconveniente, porque ha acaecido los tales principales decir y dar a entender otras cosas de las que se manda, y estos indios tienen por costumbre en cosas de comunidad y gobierno, que todos los que vienen tengan noticia de lo que se provee. V. S. mandará, aunque se reciba alguna pena, que todos los que vienen sobre el tal negocio entren, y lo que así se proveyere el nahuatlato lo diga claro y recio, de manera que todos lo oigan, porque es gran contento para ellos, además que así conviene.

Sobre el vivir los indios donde quisieren y sobre que se junten.

Viendo las extorsiones y molestias que se hacían a los indios sobre que si se iban de un pueblo a otro los traían de él por fuerza y contra su voluntad; donde a poco tiempo que viene a esta tierra mandé que los indios, como personas libres y vasallos de S. M., viviesen donde quisiesen y por bien tuviesen, sin que se les hiciese fuerza. Siendo informado de esto S. M., mandó que así se guardase. Después proveyó que los indios se junten y vivan juntos, queriendo dar esta orden estando ya el pueblo junto, ha acaecido amanecer sin ninguno, de manera que lo uno contradice a lo otro. De tener los indios libertad que se vayan de un pueblo a otro redunda inconveniente, porque es muy ordinario entre ellos, en cumpliéndose el tributo que deben, o mandándoles que entiendan en alguna obra pública, o queriéndolos, castigar por amancebados y que hagan vida con sus mujeres, pasarse a otro pueblo. Esta es la vida que traen, y a los que por estas causa se iban, yo mandaba a las justicias que siendo así, diesen orden como tales indios se volviesen a sus pueblos. V. S. mire bien este negocio, para que no se provea en él de golpe, sino después de bien entendido poco a poco lo que le pareciere que conviene, porque de hacerse de otra manera redundarán algunos inconvenientes.

Sobre las estancias de los ganados y daños que reciben los indios en sus labranzas.

S. M. fue informado que los naturales de esta Nueva España recibían daños en sus labranzas y sementeras, y que algunas estancias de ganados estaban asentadas en su daño y perjuicio. Por un capítulo de una carta me envió a mandar que las pares de me pareciese, enviase personas de confianza que acerca de esto desagraviase los indios, y que lo que tal persona mandanse se ejecutase, sin embargo de cualquier apelación. Conforme a esto, yo he dado algunas comisiones, especialmente para Oaxaca y otras partes, y en ellas mando que además de ejecutar lo que les pareciere ser necesario para evitar los daños, ante todas cosas, oídas las partes sumariamente, sin dar lugar a pleito alguno haga pagar los daños que los indios hubieren recibido. Esta orden podrá tener V. S.; pero también es menester que esté advertido que los indios maliciosamente, por ocupar tierras y hacer daño a los españoles, nuevamente rompen tierras cerca de las estancias y en otras partes sin tener necesidad, por tener causa de quejarse, para que siendo así V. S. no lo permita.

Jornales de indios.

A los indios que entienden en desherbar y otras cosas de heredades, se les tasó de jornal por cada día un cuartillo de plata a cada indio. Ahora S. M. tiene mandado que se les crezca el jornal, porque le parece que es poco. Cuando ello se hizo y aun al presente según la calidad de los indios y lo poco que trabajan, bastaba el cuartillo. Pero porque han crecido entre ellos los mantenimientos, si le pareciere a V. S. les podrá acrecentar el jornal a diez maravedís, y se les da demasiado.

Sobre que los corregidores traigan el trigo y maíz a la plaza.

Por causas que me movieron, yo di un mandamiento para que los corregidores de los pueblos comarcas a México trajesen a la plaza pública de ella a vender todo el trigo y maíz de sus corregimientos, conforme a la orden que los oficiales de S. M. diesen, so ciertas penas, porque la república padecía necesidad a causa de no hacerse así, el cual mandamiento está pregonado. Mandará V. S. que se guarde, porque es conveniente y necesario.

Bienes de difuntos.

Por un capítulo de la provisión que está dada por S. M. sobre lo tocante a los bienes de los difuntos, encarga y manda que el gobernador tenga cargo y especial cuidado de mandar tomar la cuenta de los bienes de los difuntos ab intestato, y que lo procedido de ellos se envíe a la Casa de la Contratación, para que de allí lo hayan sus herederos. En cumplimiento de lo cual para dicho efecto se nombraron Jerónimo Ruiz de la Mota y Francisco de Santa Cruz, vecinos de México, personas de confianza, los males han entendido en tomar dichas cuentas, y van al cabo de ellas. V.S. mandará que las acaben y fenezcan, porque además de hacerse lo que S.M. manda, es gran servicio de Dios Nuestro Señor.

Por una cédula de S. M. está mandado que se nombren personas que tengan cargo de tomar cuenta a los tutores y curadores de los bienes de los menores que son a su cargo, y que se sepa si en la administración de sus personas y bienes han tenido el cuidado y buen recaudo que son obligados. Para este efecto, por ser muchas las tutelas, se nombraron por jueces Alonso de Bazán y Jerónimo Ruiz de la Mota y Francisco de Santa Cruz. V. S. mande que entiendan en la ejecución de lo que les está cometido, porque es negocio que importa mucho al bien de los menores, y mandar que se den mandamientos para las justicias de esta Nueva España, para que cada uno en su jurisdicción haga lo mismo.

Camino de Zacatecas.

Juan Muñoz de Cayas, vecino de Pánuco, por mi mandado fue a descubrir el camino de las minas de Zacatecas, y está descubierto. Y por ser camino tan conveniente para el proveimiento y contratación de aquellas minas, mandará V. S. que se aderecen las partes que fueren necesarias para que puedan ir y venir por él arrias, y se excusen las vejaciones de los indios.

Para que se envíe lo procedido de los navíos que dan al través.

Algunos navíos, que vienen de los reinos de Castilla a esta Nueva España, han dado al través en la costa de ella, a pedimiento de algunos mercaderes a quienes venían consignadas las mercaderías, yo mandada que lo que se salvaba de ellos se les entregase para que lo beneficiasen, con que diesen fianzas de dar cuenta con pago, para que se acudiese de lo que viniese asegurado, y así es a cargo de un Francisco Vernal y de Espinosa y de Francisco Gallego, de dar cuenta de esto. V. S. mandará que se les tome a éstos y a los demás que hubiere para que lo procedido con el almoneda, inventario y cuenta se envíe a la Casa de la Contratación, y de allí lo hayan los aseguradores a quien le perteneciere.

Que se envíen los bienes de un difunto que tiene Juan de Espinosa.

En poder de Juan de Espinosa mandé pocos días ha que Cristóbal de Espíndola, alcalde mayor que fue en la provincia de Colima, depositase cierta cantidad de pesos de oro que pertenecían a un difunto. V. S. mandará que con la cuenta y razón de ellos se envíen en los primeros navíos a la Casa de la Contratación, para que se den a quien de derecho los hubiere de haber.

Sobre los pleitos de los indios que piden libertad.

En lo que toca a la libertad de los indios esclavos, se ha hecho y hace lo que S. M. tiene proveído y mandado al pie de la letra; y además de esto se les manda pagar el servicio que parece haber hecho. Solamente en los que vinieren a pedir libertad, mandará V. S. que con brevedad se despachen. De una cosa esté V. S. advertido, que el depósito que se hace en el dueño u otras personas sea con cargo que no lo saque de la ciudad, porque dándoles lugar los lleven fuera, no consiguen tan en breve la libertad.

Jueces indios.

Yo he tenido por estilo, viendo ser conveniente y necesario, enviar jueces indios a tomar residencia a los gobernadores y provinciales de algunos pueblos, cuando se quejan los maceguales, y son informado que les hacen algunas fuerzas y agravios o les tienen tomadas sus tierras; para que sean desagraviados de ellos hay minuta. Solamente conviene que el término que se les diese no exceda de cien días y menos según la calidad del pueblo, y que V. S. les mande que acabados le vengan a dar cuenta y razón de lo que hubieren hecho, y que les tome las comisiones, porque ha acaecido algunos volver una y dos y tres veces a los pueblos donde habían sido nombrados por jueces.

[En blanco.]

En la Nueva España son los hombres muy amigos de entender en los oficios ajenos más que en los suyos propios, y esto es en todo estado de gentes. Y en el que principalmente se ocupan es en el gobierno de la tierra, especial en enmendar y en juzgar todo lo que se hace en ella, y estos conforme a su propósito y a lo que se les fantasea. Y como por la mayor parte, cada uno es de su lugar, y hay tantos de diversas provincias y naciones que quieren encaminar el gobierno a la costumbre de su tierra, y son tantas las opiniones y pareceres y tan diversos, que no se puede creer. Y si por malos de sus pecados, el que gobierna los quiere poner en razón y los contradice, luego le levantan que es capitoso, y que no toma parecer de nadie, y amigo de su opinión, y que ha de dar con todo en tierra; y hacen juntas y escriben cartas conforme a sus fantasías. Para evitar algo de esto yo he oído a todos los que vienen y no les contradigo, porque sería nunca acabar, sino respondo que me parece muy bien y que es todo muy bueno, que tendré cuidado de hacerlo; y así me libro. Resulta de esto que dicen que tengo mediano juicio para entender, mas que no proveo ni ejecuto; y en verdad, que si hubiese de hacer lo que se aconseja, que ya la tierra estuviera trastornada de abajo arriba veinte veces; y con ser mi principal intento no mudar nada, no puedo sosegar los españoles. Y en lo de los indios son tantas las mudanzas, que algunas veces he dicho que lo hemos de volverlos locos con tantos ensayos. En diez y seis años anda que vine a esta tierra, y todos los he gastado en mirar y procurar de entenderla, y podría jurar que me hallo más nuevo y más confuso en el gobierno, de ella que a los principios, porque demuestran inconvenientes que antes no veía ni entendía. Yo he hallado muchos que me aconsejen y me enmienden, y pocos que me ayuden cuando los negocios no se hacen a su propósito; y puedo decir que el que gobierna es solo y que mire por sí; y si quiere no errar, haga poco y muy despacio, porque los más de los negocios dan lugar a ello, y con esto no se engañará ni le engañarán.

[Oaxaca.]

De Oaxaca escribí a V. S. que cuando de allí saliese, le haría relación de lo que entiendiese que convenía. Lo que he entendido en los pocos de días que en el lugar estuve, es que a mí me habían informado que estaba en mal sitio; y me ha parecido lo contrario, porque es el mejor que hay en la comarca, y así por tal tenía Moctezuma la guarnición de mexicanos en él con que aseguraba la tierra, y no conviene que se mude de allí. El daño que tiene es que, como no tenían casa los españoles cuando la poblaron, se metieron en las de los indios mexicanos, que llaman Oaxaca, que es un pedazo de tierra de media legua de largo y no tanto de ancho; y podiendo asentar el lugar de un tiro de arcabuz de donde está, lo pusieron casi en una ciénaga, y tienen las casas donde habían de tener las huertas y el ejido; y esto procedió de tener el Marqués del Valle hecha allí una casa sobre un cu, y Francisco Maldonado otra casa buena, y por no perder estas, y con ser los que mandaban el pueblo, no lo consintieron mudar. A mí me parece que de la plaza abajo no se deben hacer casas de nuevo, ni V. S. dé favor para que nadie labre si no fuere a la parte de arriba de la iglesia; aunque si no se da orden como los indios las hagan, excusado es tratar de edificios ni de granjerías ningunas para los españoles. La principal que tenían era de ganados. Las yeguas y vacas y se las han quitado de todos estos tres valles, porque hacían grandes daños a los naturales, y sobre ello envió a Luis de León, romano. Lo ha hecho muy bien, y he visto que por ninguna vía se sufre que en estos tres valles haya estancia de yeguas ni vacas. Se trata pleito sobre ello, como V. S. sabrá; y aunque está apelado se ejecutó conforme a lo que S.M. tiene mandado. Creo que como las probanzas de acá suelen ser largas, parezca en los procesos que tienen razón, y ayudará al ser tan grande el daño que los españoles han recibido, que exclaman, diciendo que los he destruido, y tienen razón, porque certifico a V. S. que es lástima, mas no conviene hacer otra cosa. V.S. sepa que si se dispensa que haya ganados mayores, destruye los indios; y es uno de los mejores pedazos de tierra que hay en la Nueva España. Yo suplico a V.S. lo que le tengo escrito en favor de los de esta ciudad.

[En blanco.]

Yo encomendé a Luis de León que viese donde se podrían dar algunas tierras para que se siembren, y hay unos carrizales en el valle de Etla y en el de Cuilapa que se pueden muy bien desaguar; éstos no han sido labrados de indios. Se ha comenzado a hacer una sangradera para ello. Allí podrá haber no sólo para los españoles, más para indios, muy bien pedazo de tierra para sembrar trigo. Estos valles y un pedazo de tierra de lo de la Misteca que he visto, me parece de lo bueno de toda esta Nueva España; y así los pueblos que están en cabeza de S. M. como los encomendados, casi todos están muy relevados de tributos, y esta es la verdad. Las caciques y principales entiendo que llevan mucho a los maceguales. Conviene remediarse con mucho tiento, porque son sierras, y la gente de los zapotecas y mixes y chontales no están asentados, como por los levantamientos de estos años pandas se ha visto; y si las aprietan, podría ser, y aun no lo dudo, que revolviesen la tierra; y si todos se juntasen, sería muy gran daño el que podrían hacer.

En lo que toca a edificios de monasterios y obras públicas, ha habido grandes yerros, porque ni en las trazas ni en las demás no se hacía lo que convenía, por tener quien les entendiese ni supiese dar orden de ello. Para remedio de esto, con los religiosos de San Francisco y San Agustín concerté una manera de traza moderada, y conforme a ella se hacen todas las casas. Es necesario que V. S. haga lo mismo con los de Santo Domingo, porque comienzan ahora muchos monasterios, y han de hacérseles más. V. S. mande buscar dos o tres personas que sean buenos oficiales, y les dé salarios en quitas y vacaciones corregimientos para que anden por toda la tierra visitando las obras y enmendando los defectos, que son muchos; y conviene que se haga este gasto por evitar muy mayores que se siguen, en especial al presente que S. M. manda que su hacienda se ayude para las obras, como tengo dicho en otro capítulo, y esta será una parte de socorro la más necesaria de todas y más provechosas. Toribio de Alcaraz, que estaba en el puerto cuando V. S. vino, lo ha hecho muy bien muchas veces, así en los monasterios y puentes como en los demás edificios, puede ser uno de ellos. Y para esto de la Misteca, provea V. S. luego, porque conviene. En Tapazcolula se labró una casa de muy ruin mezcla y en mal lugar; quieren traer los indios a una vega junto al monasterio. Estarán muy mal, porque es muy húmeda, y ellos tienen sus casas en laderas y sobre peña y han de adolecer, así por el sitio como por ser casas nuevas: y ocupan la tierra que es de regadío con las casas, y es poca. Estando toda desembarazada, yo dije a los indios que no me mudasen, y a los religiosos que no se lo mandasen. V. S. no lo permita que destruirá aquel pueblo. En Anquitlan se hace una buena casa y de muy ruin mezcla, habiendo mucha cal y muy buenos materiales, sólo por falta de oficiales.

Los de la ciudad de Oaxaca me habían pedido les hiciese una fortaleza donde pudiesen recoger sus hijos y mujeres, y a mí me parece que hay poca necesidad de ella, y que bastará que el cementerio de la iglesia se cerque y se le hagan sus traveses, y esto es necesario y la fortaleza será superflua.

Pues V. S. no podrá visitar tan presto aquella provincia, convendrá que un oidor venga a hacerlo, y no lo dilate V. S., porque hay hartas cosas que remediar para lo de adelante.

Con mi venida se han aderezado bien los caminos. Quedan algunos pasos estrechos y no bien fijos. V.S. mande que se aderecen, porque este camino se sigue mucho a causa de lo del cacao. Tengo entendido, por lo que he visto, que conviene nombrar dos o tres personas de confianza, que sean hombres bien entendidos para hacerlos y para que manden a los que han de hacerlos, porque de no ser tales las personas, resultan algunos inconvenientes, y podrían ser de más calidad.

Fuente: Los Virreyes españoles en América durante el gobierno de la casa de Austria: México, edición de Lewis Hanke con la colaboración de Celso Rodriguez, Biblioteca de autores españoles, Atlas, Madrid, 1976-1978, 5 volúmenes, volumen 1, 1976, pp. 38-57