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Siglo XVI > 1540-1549 > 1543

El cabildo de la ciudad de Guatemala a Carlos V.
Santiago de Guatemala a 10 de septiembre de 1543.

Los más leales vasallos de Vuestra Magestad, los vecinos de Guatemala, besan los pies y las manos de Vuestra Magestad.

En respuesta a ciertos informes que han venido a estas provincias... decimos que... no podemos creerlos y que estamos tan horrorizados como si lo que hubiera ordenado fuera que nos cortaran la cabeza. Si las noticias son verdaderas es tanto como decir claramente que aquí todos nosotros somos malos cristianos y traidores a Nuestro Dios y a Vuestra Magestad, a quienes hemos servido con nuestras vidas y haciendas...

Según esta información, César Católico, debemos abandonar la esperanza de que nuestros hijos disfruten las recompensas que nosotros sus padres disfrutamos y poseemos en nombre de Vuestra Magestad. Estamos aturdidos y fuera de nuestros sentidos pues no comprendemos como nuestras culpas han sido lo bastante graves para merecer tan riguroso y despiadado castigo...

Ha sido afirmado por algunos que la fuente de esta cruel sentencia es un tal Fray Bartolomé de Las Casas. Nos admiramos grandemente, invencible Príncipe, de que un asunto tan viejo, iniciado por vuestros abuelos, sopesado por tantas personas, considerado como mentes buenas y despejadas, tan bien versadas en leyes como abundantes en buenos deseos, se haya de trastocar por un fraile ignorante en leyes, impío, envidioso, jactancioso, alborotador, no libre de ambición (por todo aquello se pueden ofrecer claras pruebas) y además, sobre todo, tan perturbador que no hay parte de las Indias de donde no haya sido expulsado; no puede ser aguantado en ningún monasterio, ni le es dado obedecer a nadie y por esta razón no para nunca en ningún lado...

[Suplican a su Magestad que no les condene sin escucharlos]... a menos que en lugar de religioso sea un profeta y haya aprendido lo que conoce por inspiración -que no tiene, al igual que tampoco la experiencia. Dice que ha estado en estas tierras treinta y tantos años; pero de ellos, treinta los pasó en la Española y Cuba, donde los indios estaban ya exterminados y donde el mismo participó en su exterminio, y debía haber dicho la verdad acerca de lo que ocurrió [allí].

Decimos esto no por hablar mal de él, sino porque no es competente para dar testimonio acerca de las Indias, que es Nueva España (pues el resto no se llaman Indias) y en Nueva España que él vio [sólo] desde los caminos por donde pasó, hay más doctrina entre los indígenas y conocimiento de Dios y del Rey, en proporción al tiempo que han estado aprendiendo en la doctrina, que ellos exceden grandemente a los de todos los reinos y señoríos de Vuestra Magestad. Estamos asombrados al oír tales cosas por parte de este religioso.

[Alegan que el único camino por el que los dos objetivos de S. M. pueden se cumplidos, esto es, la salvación de los indios y el incremento de los ingresos reales, es asegurando la estabilidad de los conquistadores en la posesión de sus encomiendas.]

V. M. puede estar seguro de que si esto que se rumorea en las calles es verdadero, ni uno ni otro propósito se logrará... El padre religioso puede engañarse (Dios le perdone); pero hay otros aquí que saben tanto como él y algo más, y que con santo celo y sin pasión han considerado y estudiado el asunto y que no desean sino la salvación de V. M., la suya propia y la de esta pobre gente... y son capaces, de tener cuidado para que los pueblos de españoles no se destruyan y que sus habitantes no dejen de vagar por las calles pidiendo a grito justicia a Dios y a Vuestra Magestad.

¿Cuál fue el propósito de V. M. al mandarnos expresamente casarnos? Y ahora que estamos casados y cargados de hijos, ¿qué recursos tenemos excepto morir en desesperación si lo que hemos dicho se lleva a cabo?

Pues necesitaremos paciencia y benevolencia para ver a los hijos que dejemos tras nosotros reducidos a la miseria o a nuestras hijas perdidas en la tierra que sus padres conquistaron para ellos. Lo más malo de esto es que esta tierra de este modo nunca se llenará con cristianos, ni con la fe y las buenas costumbres.

El religioso se engaña. Hay otros medios de traer esta tierra a Dios y a Vuestra Magestad sin destruir a la pobre gente que la ganó. Escuche Vuestra Magestad ambas partes... pues sólo deseamos y pedimos justicia y que seamos medidos con la misma medida con que vuestros antecesores midieron a los vasallos que ganaron para ellos sus reinos y señoríos...

Y suplicamos a V. M. que considere el repentino, grande y cruel castigo con que Dios nos ha visitado por nuestras culpas cuando Él destruyó la mayor parte de esta ciudad, y los pesados e inmensurables gastos que hemos hecho en su reconstrucción. ¿Cómo, César Católico, podemos soportar o sufrir esto, si Vuestra Magestad no extiende su imperial mano y otorga grandes favores a esta ciudad?

Pues debe más [favores] a ésta que a todas [las ciudades] de estas Indias por sus grandes servicios y por la ayuda que las provincias vecinas han recibido de ella. Si los reinos del Perú, donde se han logrado tantos tesoros, están bajo el yugo y gobierno de Vuestra Magestad, ¿cuál fue la causa de ello? Fueron los caballeros, caballos y armas que esta ciudad envió y envía cada día, como es notorio.

Páguenos Vuestra Magestad lo que nos debe y recompénsenos como humildemente rogamos de rodilla ante V. M. y ténganos piedad pues somos desterrados para siempre de nuestra tierra natal, y por esto sólo se nos debiera dar lo que aquí hay y nada se nos debía negar, especialmente puesto que cada cosa que pedimos y deseamos se gastará en vuestro real servicio.

Dios Omnipotente quiera conceder muchos días de vida a V. M. para protección de Su Iglesia y aumento de Su Fe.

De esta ciudad de Santiago de Guatemala a 10 de septiembre de 1543.

Fuente: Lesley Byrd Simpson. Los conquistadores y el indio americano. Ed. Península, Barcelona, 1970, pp. 215-217.