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Siglo XVI > 1530-1539 > 1538

Carta de Hernán Cortés al Consejo de Indias.
Ciudad de México, 20 de septiembre de 1538.

Reverendismo y muy ilustre señor, muy magníficos señores:

Porque de las armadas, que en este mar del Sur he hecho y enviado, en cumplimiento del asiento que comigo se tomó en ese Real Consejo para el descubrimiento della, he hecho larga relacion, é despues acá no ha habido cosa nueva; cuanto á esto no tengo otra cosa que decir sino que al presente yo tengo nueve navios muy buenos y muy bien aderezados para tomar á seguir en esta demanda, y á falta de pilotos suficientes, estan varados en tierra, porque en esta no los hay, y aunque he enviado á Panamá y á Leon onde me dicen que habia algunos, no los he podido haber. Yo envio en estos navios á buscarlos á esos Reinos, y recaudo para que me los envien; suplico á V.S. y á Vstras. Mrds.

Que á la persona que lo ha de solicitar, que es Juan Galvarro, le den todo favor para que me los envie; porque yo espero en Dios que, aunque hasta aquí mis armadas no hayan hecho el fruto que yo he deseado, ni el intento, trabajos y costas con que se han hecho ha merecido, que de aquí adelante habrá en ellas otro subcesu, porque no ternán el estorbo que hasta aquí han tenido en los que han gobernado; que si lo entendieran como el que agora gobierna, ya que no me hubieran ayudado, no me estorbaran. Y así suplico que siempre se encomiende á esta Audiencia el favor desta cosa, pues dello sespera que S. M. ha de ser servido; aunque yo soy cierto que por parte del Visorey no le faltará, porque lo siente de otra manera que los parados, y tiene otro celo que ellos.

Acuérdome que cuando me partia para aquella tierra nueva onde fuí, que há cuatro años, y otras veces escribí á ese Real Consejo, suplicando se diese asiento y declaracion en la merced que S. M. me hizo en esta tierra por mis servicios, porque por no estar dada esta declaracion y asiento, yo dexaba de dar alguna órden en mi casa y hacienda; y para que mas breve y con menos dificultad esto se hiciese, supliqué que no se tuviese respecto á esta merced ni á lo que sonaban los privilegios della, sino á la voluntad que S. M. tuvo de hacérmela y al peso de mis servicios, como quien está satisfechos, que no fue de darme pleitos ni contiendas, sino de honrarme y darme de comer y que quedase memoria de mis servicios, y de la gratitud que en ellos S. M. habia tenido, é remuneracion y paga que me habia hecho para pagarme á mi y animar á servir á los demás, y cumplir lo que S. M., como católico y gratísimo príncipe, es obligado. Y en cumplimiento desta mi suplicacion, aunque yo no merecí ser respondido á ella, paresce que fue mandar que se me contasen los vasallos que tenia y que antes me quitasen todo lo demas, que aunque no era mucho, con lo otro poco hiciérame ayuda.

Y S. M. bien sabe, y V.S. Rma. y el señor Comendador mayor se acordarán, que yo nunca estuve en rescibir este número de vasallos, porque sabia lo que era, hasta que S. M. me hizo merced de decirme que no se me habia de quitar nada de lo que tenia, hasta ser informado; y que se quería hacer comigo como los que se muestran á jugar á la ballesta, que los primeros tiros dan fuera del terreno, y así van enmendando hasta dar en el blanco y fiel; y desta manera, S. M. queria ir hasta dar en el fiel de lo que mis servicios merescian, que entre tanto no se me quitaba ni se me habia de quitar nada de lo que tenia, y porque son palabras que á S. M. no se le habrán olvidado, las refiero aquí, aunque creo que no debió S. M. dar parte desto en ese Real Consejo, pues se ha mandado otra cosa.

Y puesto que este mandato vino en tiempo que era presidente desta Audiencia, el Obispo de Santo Domingo, no lo quiso executar, porque hizo sus diligencias, estando yo ausente desta tierra, y envió indios secretamente á que me contasen los pueblos y vecinos que en ellos habia; y como en su cuenta halló que para cumplírseme la merced se me habia de acrescentar mucha cantidad demás de la que tenia, y porque no paresciese tan notorio el agravio y fuerza que me hizo en quitarme los pueblos que me quitó, teniendo la posesion dellos por virtud de la merced de S. M. y por mandamientos que la Audiencia dió para que la tomase, en cumplimiento de la dicha merced; y no solo no lo quiso hacer, pero aun negó muchas veces que no tenia tal mandamiento, ni comision para contarme los vasallos. Y luego que vino de aquella tierra, supo que tambien venia cometido al Visorey, y le supliqué que lo executase; y como hombre que habia poco que estaba en la tierra, dilatólo algunos dias por informarse, y porque le parescia que habia alguna dificultad y por otras ocupaciones y causas que le movieron.

Y como se executó el mandamiento que se me quitasen todos los pueblos que tenia, fuera desta merced, como quien piensa que cumplida se me satisfaria lo que se me quitaba, dí mucha priesa á que se me contasen, y diciendo que me iria á quejar á ese Real Consejo sino se hacia; y creo yo, que el Visorey no lo dexaba porque yo no recibiese aquella buena obra ni se dexase de cumplir la merced de S. M., sino como celoso de su servicio y celoso de su oficio, aunque satisfecho de la intencion, debió temer el vulgo, porque en él está tenido por muy mi Señor y mi amigo.

Y como yo le apreté tan recio, determinóse á hacerlo por su persona, y para obviar á los malos y que conociesen que mi amistad ni la de sus hijos eran parte para que él dexase de hacer lo que debia, puso tanta diligencia en inquirir y saber lo que habia en estos pueblos mios, que fue mas de la que era menester.

Y concurrieron dos cosas: la una esta que he dicho; y la otra que, como satisfecho yo de su persona y como temeroso de las falsedades que en este caso se me han levantado y deseoso que se me manifestasen, no quise yo ni que nadie por mi contradixese cosa de lo que se hiciese, ni hallarme presente á ello. Por manera que con haberse trabajado cuatro meses, estando el Visorey en persona en ello, no se contaron sino dos pueblos, que me costó de mi parte mas de dos mill castellanos la cuenta, y de la suya harto más, porque se hacia todo á su costa; y está hoy menos claridad y mas confusion que hasta aquí.

Y porque de la relacion que el Visorey enviará á ese Real Consejo creo yo se coligirá lo que digo, no diré lo que sé.

Dios sabe cuanto yo quisiera ser el relator destas cosas y solicitador dellas, pero estórbanmelo muchas: mi edad, mis trabajos, mi necesidad, porque como vine tan adeudado y siempre lo he estado y estoy con estas armadas y con otros gastos que no se pueden escusar; y con las ayudas de costa que dese Real Consejo se me han hecho, así en favores como en quitarme los pueblos que se me quitaron, yo tengo harto que hacer en mantenerme en un aldea, donde tengo mi muger, sin osar residir en esta cibdad ni venir á ella, por no tener que comer en ella; y si alguna vez vengo, porque no puedo escusarlo, si estoy en ella un mes, tengo necesidad de ayunar un año.

Y por estas causas y por miedo de franceses (que si dellos tuviera seguridad que no me tomaran mas que los dineros, poco estorbo me hicieran) he dexado por agora de hacer esta jornada; y serme ya la cosa mas grave que se me pudiese ofrescer, que hubiese necesidad de hacerla forzosa, porque estoy ya mas para dar cuenta de lo pasado, que para hacerme nuevos cargos. Suplico á V.S. y á Vtras. Sras. Mrds. que si es posible escusarme este trabajo, se haga, mandando dar en esto órden como en mis dias tenga de comer y despues dellos se conozca en mis hijos que su padre meresció algo.

Y aunque de la relacion, que el Visorey enviare, creo se entenderá la órden que estas gentes naturales tienen en su vivir, y lo que son, pueden y valen, y por esto yo me pudiera escusar de darla, y tambien porque, como ya he dicho, tengo tanto concepto de lo que he servido, y de S. M. á quien he hecho estos servicios y de los que mas le pienso hacer cada dia, que no ha de entrar en cuenta con su siervo, sino darme como gratísimo Príncipe; parésceme que yo tambien debo decir alguna cosa á Vtras. Srías. y á Vtras. Mrcds., para que les conste y sepan lo que es, y no solo comigo sino con otras personas á quien S. M. cada dia hace mercedes, en esta tierra, puedan medir segund la voluntad que S. M. tuviere de hacerlas. Y para esto envio una figura, para que con ella y con esta relacion se alcance; no sé si bastará para darlo bien á entender, sino fuese con ello persona que lo hubiese visto; pero ya que del todo no se comprenda, no puede dexar de dar mucho aviso.

La órden general es, mayormente en las comarcas desta cibdad y casi en todo lo demas de la tierra, que en todas las tierras donde los vecinos de los pueblos tienen sus labranzas y heredades, están antiguamente repartidas entrellos, con cargo de cierto tributo que por ellas dan al señor; y estas están repartidas mas ó menos, sigund la posibilidad de aquel en quien se repartieron.

Y hecho este repartimiento por los barrios ó collaciones del pueblo, quedan perfectamente en aquellos en quien se repartieron, con la carga del tributo en sus hijos, y nietos y todos los que de él descienden, sin que el señor se las pueda quitar por ninguna cosa, en tanto que pagaron aquel tributo que los fue impuesto.

Y los vasallos no las pueden enagenar por venta ni troque ni por otra via alguna, sin espresa licencia y mandado del señor é sin que el Tequitato de aquel barrio (que es casi como los que se llaman jurados en esos reinos) asiente en la matrícula ó copia que tiene de las tierras y vecinos de aquel barrio, de aquel que dexa las tales tierras do es el que nuevamente las tome y se satisfaga que es tal persona que pagará aquel tributo con que el otro las tenia; porque en grueso, toda la masa de lo que montan los tributos de las tierras que están repartidas en los vecinos de aquel barrio, está hecho cargo á aquel Tequitato ó jurado, y él da cuenta al señor ó á su mayordomo, y él cobra de los vecinos.

Y porque acaesce muchas veces que algunas destas tierras quedan vaquas, ó porque el que las tenia murió sin herederos, ó ya que los que dexó no quisieron tomar las tierras con aquella carga sobre sí, ó porque se quiso ir á vivir á otro pueblo; en tal caso el Tequitato ó jurado de aquel barrio hace relacion al señor ó á su mayordomo como aquellas tierras quedan vaquas, para las dé á quien quisiere con aquella carga; y entre tanto, todos los vecinos de aquel barrio son obligados á beneficiar aquellas tierras, para que dellas se pague el tributo al señor, y toman aquello para sus gastos públicos y pagan aquel tributo, hasta tanto que viene otro vecino á quien se dén con la misma carga; de manera que en cada pueblo y en cada barrio ó collacion dél hay número de vecinos señalados, que contribuyen al señor y en las obras y gastos públicos.

Hay que demás de los tributos que por estas tierras se pagan al Señor, que entran en su casa ó en poder de sus mayordomos, así como maiz, ropa, algodon, aves, axi, frisoles, chia y otras cosas de legumbres y hortalizas, que son muchas, tienen obligacion algunos de los barrios y aun algunos vecinos particulares de sostener con estas tierras otras gentes, que son oficiales de todos oficios, mecánicos é cazadores, pescadores, maestros de hacer rosas que son como los ramilletes de Barcelona, y de muchas mas diferencias; otros que inventan cantares y que los muestran á cantar y dan los sones y los muestran á bailar; otros que hacen títeres y otros juegos; y estos, tiene cada barrio ó parrochia obligacion de tener tantos para las obras y para las fiestas quel Señor quisiere hacer; y dan esto por adahalas, demas de los tributos que pagan por las tierras. Estas gentes están y residen en estos pueblos y barrios á costa de los vecinos dellos, y están el tiempo que quieren sigund se lo pagan, y vánse cuando quieren y como se les antoja, á donde mejor partido les hacen.

Esos vecinos tienen así mismo esta órden en beneficiar y labrar sus tierras, que son, como he dicho, repartidas por una medida; y destas medidas tiene uno 100, y otro 200, y otro 1000, y otro 2000 y así, mas ó menos sigund tuvo posibilidad el primero en quien se repartieron. Y el que las tiene, puede pagar el tributo porque por cada medida se les carga tanto tributo sigund la parte onde están las tierras.

Y para beneficiarlas y cultivarlas alquilan gentes y las ponen en ellas, dellos casados con sus mugeres y hijos y dellos solteros, y tienen con ellos esta manera de paga: que les señalan un pedazo de su tierra onde haga una casa, que es una choza de paja, y aquel pueda sembrar de lo que él quisiese; y unos destos dánle al dueño de la tierra una pierna de manta, otro una gallina de tantos á tantos dias, otros son obligados á servirles en su casa, otros á traerles leña, otros á labrar sus tierras, otros á llevar cargas, otros á que sus mugeres les vengan á moler maiz y hacer pan en sus casas, otros á hilarles algodon, otros á texer mantas, así para el tributo que dan como para lo que han menester en sus casas, otros que los acompañen é sus mugeres á las suyas, y otras muchas maneras de servicios que les hacen, porque los tienen en sus heredades é les dan en ellas donde labren, que por la proligidad y muchedumbre dellos, dexo de espresallos.

Dios Nuestro Señor la Rma. y muy Iltre. persona de V.S. Rma. guarde y su estado aumente y en su servicio conserve, y á la Iltre. y muy magníficas personas de V.S. y Mrds. guarde y su estado y casas acresciente.

En esta gran cibdad de México de la Nueva España, 20 dias de Setiembre, de 1538.

Muy cierto servidor de V.S. Reverendísima, servidor de V.SS. y Mrds.

El Marques del Valle.

Fuente:

Colección de documentos inéditos: relativos al descubrimiento, conquista y organización de las antiguas posesiones españolas en América y Oceanía, sacados, en su mayor parte, del Real Archivo de Indias. Bajo la dirección de Pacheco, Joaquín Francisco; Cárdenas, Francisco de, miembros de varias reales academias científicas, y de Torres de Mendoza, Luis de, abogado de los Tribunales del Reino; Imprenta de M. Bernaldo Quirós, Madrid, 1864-84, 24 tomos. Primera Serie, tomo III, 1865, pp. 535-543