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Siglo XVI > 1530-1539 > 1535

Instrucción secreta del Rey Carlos I de España y V de Alemania a Antonio de Mendoza.
17 de abril de 1535

Ampliación de la Instrucción a Antonio de Mendoza
14.VII.1536.

Don Antonio de Mendoza, nuestro virrey y gobernador de la Nueva España y nuestro presidente de la audiencia y cancillería real que en ella reside. Por cuanto la forma que se ha tenido hasta aquí y al presente se tiene en la gobernación de la Nueva España y tratamiento de los naturales de ella, y gratificación de los pobladores y conqusitadores, ha habido y hay diferentes pareceres y por ser esto tan importante al servicio de Dios y nuestro, y descargo de nuestra real conciencia, y a la conservación de dicha tierra en nuestra sucesión y corona real de Castilla, deseamos acertar en lo más sano y seguro a todo ello y por estar tan lejos y ser las cosas de dicha provincia tan diferentes de estos reinos. Confiando de vuestra fidelidad y conciencia y celo que tenéis a nuestro servicio, he acordado de encomendarlo y cometer a vos. Por ende, yo os mando y encargo que informado muy bien y certificado de la disposición y estado de dicha tierra y naturales, conquistadores y pobladores de ella, teniendo principal respeto al servicio de Dios y descargo de nuestras conciencias y conservación de dicha tierra y naturales de ella, en nuestro servicio y sucesión, proveáis todo lo que de presente o adelante se ofreciere, o acaeciere, aquello que vieréis que más conviene para dichos fines y efectos, sin embargo de cualquier provisiones o instrucciones que por nosotros estén dadas. Y pues veis la cosa de cuan gran importancia y que por la confianza tengo de vuestra persona la encomiendo a vos sólo y no a otro alguno, os mando y encargo mucho que sin respeto de particularidad alguna, uséis de esta comisión en caso necesario y no en otra manera alguna, guardando en vos el secreto que la calidad del negocio veis que requiere, porque de publicarse tememos que nacerían mayores inconvenientes. Y si para los efectos susodichos viéreis que conviene encomendar indios, lo haréis, con tanto que no sea cabecera de provincias, y en tales encomiendas señalaréis para nos la parte que os pareciere que las personas que así lo encomendaréis no hubieren de dar de lo que ellos llevaren de los tributos que dichos indios les dieren. Barcelona (?), 17 de abril de 1535. Yo el Rey. Por mandado de S. M., señalado del conde y del Dr. Beltrán y Lic. Carvajal.

Ampliación de la Instrucción a Antonio de Mendoza
14.VII.1536.
Don Antonio de Mendoza, nuestro virrey gobernador de la Nueva España y presidente de nuestra audiencia real que en ella reside. Porque deseamos que esa Nueva España, como una de las principales provincias de nuestras Indias, sea bien gobernada y tratada, os mandamos y encargamos que en la gobernación de ella guardéis las cosas siguientes, además de lo que por otras os hemos escrito, y vos, con vuestra buena prudencia y con tener las cosas presentes, habréis proveído y proveeréis.

1. Primeramente tendréis muy gran cuidado de buscar los mejores y más convenientes medios que pudieréis haber para que los naturales de esa tierra vengan en conocimiento de nuestra santa fe Católica, porque además de ser nosotros muy obligados a lo procurar, así por deberlo, como lo debemos a Dios por haberla puesto en nuestros días so nuestro señorío y corona real, tenemos por cierto es el camino más verdadero para que ellos nos amen y teman como a sus naturales reyes y señores, y vivan en paz y en continua y perfecta obediencia. Y para efecto de lo susodicho, daréis orden como los religiosos que en esas partes hoy se repartan, y principalmente residan algunos de ellos en los pueblos y provincias donde menos conocimiento hay de Dios Nuestro Señor, y más necesidad tienen de doctrina. Y porque esto mejor se haga, no daréis lugar a que se hagan dos monasterios juntos al presente, salvo si por la disposición del lugar no os pareciere otra cosa para el servicio de Dios y para los efectos susodichos.

2. Mandaréis, asimismo, a todos los que tienen pueblos encomendados, que tengan muy especial cuidado de adoctrinar sus indios, como son obligados, y proveeréis que en los pueblos encomendados, donde la cantidad de los tributos lo sufrieren y se hallaren clérigos cuales convengan, que los que llevan los tributos los tengan y paguen para este efecto. Y donde esto no se pudiere hacer, daréis orden cómo tengan algunas de los indios que ya están enseñados por los religiosos para que doctrinen a los otros, cumpliendo acerca de esto nuestras provisiones e instrucciones particulares que tenemos dadas, y lo mismo mandaréis a los corregidores que hagan en sus corregimientos.

3. Proveeréis con mucha diligencia que en todos los lugares donde hubiere religiosos, clérigos o indios que enseñen la doctrina cristiana, haya horas determinadas para enseñarla, y que los indios concurran a ellas, proveyendo que sea a tal tiempo y de tal manera que no pierdan por ello sus horas de labor, y les sea enseñada graciosa y liberalmente. Prohibiréis con penas bastantes que ningún español ni cacique impida que no vayan los indios a ser adoctrinados, castigando a los que lo contrario hicieren. Y porque somos informados que en las minas andan mucho número de esclavos e indios, y no es razón que carezcan de nuestra fe, proveeréis como en las minas y estancias donde estuvieren, sean también adoctrinados en ella, pues no es justo por ser esclavos pierdan con la libertad el aparejo de conocer a Dios, en que tanto les va.

4. Y porque para aprovechar en la conversión de los naturales, es muy importante que, entretanto que ellos saben nuestra lengua, los religiosos y personas eclesiásticas que se apliquen a saber su lengua y para ello la reduzcan a algunas artes y manera fácil como se pueda aprender. Y favoreceréis siempre a los que se hubieren aplicado y aplicaren a ello, porque otros se muevan a juntarlos. Y en las iglesias de esa ciudad, y escuelas,donde se enseñan niños españoles, parece que sería conveniente hubiese algún ejercicio con que aprendiesen la lengua de esa tierra, porque los que de ellos viniesen a ser sacerdotes, o religiosos, o a tener oficios públicos en los pueblos, pudiesen mejor adoctrinar y confesar los indios y entenderlos en las cosas que con ellos tratasen, pues siendo los indios tantos no se puede dar orden por ahora como ellos aprendan nuestra lengua.

5. Algunas días ha, que el emperador y rey mi señor proveyó que no se llevasen a esas partes libros de romance de materias profanas y fábulas porque los indios que supieren leer no se diesen a ellos, dejando los libros de buena y sana doctrina, y leyéndolos no aprendiesen por ellos malas costumbres y vicios; y también porque de que supiesen que aquellos libros de historias vanas habían sido compuestos sin haber pasado así, no perdiesen la autoridad y crédito de nuestra sagrada escritura y otros libros de doctores santos, creyendo, como gente no arraigada en la fe, que todos nuestros libros eran de una autoridad y manera. Y porque creemos que en la ejecución de esto no ha habido el cuidado que debía, mucho os encargamos y mandamos proveáis como de aquí adelante no se vendan libros algunos de esta calidad ni se traigan de nuevo, porque cesen estos inconvenientes procurando que los españoles no los tengan en sus casas ni permitan que indio alguno lea en ellos. Y porque somos informados que ya comienzan a entender gramática algunos naturales de esta tierra, mandaréis a los preceptores que les enseñan que les lean siempre libros de cristiana o moral doctrina, pues los hay en que puedan aprovechar bastamente en la latinidad.

6. Y porque las discordias entre los religiosos no causen escándalo entre los indios y menosprecio de nuestra religión cristiana, trabajaréis que tengan toda conformidad, pues el fin de todos es y debe ser uno, que es convertirlos a Dios. Y ademas que cesen contenciones y discordias publicas, procuraréis que en la manera de administrar los sacramentos y doctrinarlos, no haya notable diversidad, porque habría el mismo inconveniente.

7. Pues ya en esa Nueva España hay algún número de prelados, procuraréis que, como personas que han de dar cuenta a Dios de las ánimas de sus diócesis, se junten algunas veces y confieran entre sí lo que conviene para que puedan mejor gobernar sus obispados; y vista la calidad de sus súbditos y las necesidades espirituales que ocurren, provean y estatuyan lo que más conviniere, recibiendo para ello pareceres y avisos de personas eclesiásticas, y religiosas, y de letras y experiencia en las cosas de Indias. Y los animaréis para que se esfuercen y dispongan a hacer su oficio, y discurran por sus obispados, y conozcan las necesidades de ellos, y os avisen de las cosas en que vos les podréis ayudar y favorecer en su oficio pastoral, y de otras que convendrá que vos seais avisado para la buena gobernación temporal de esa tierra y administración de la justicia. Y les ofreceréis que en todo aquello que de nos pudieren ser favorecidos para hacer bien su oficio de prelados, lo serán, avisándonos particularmente de lo que nos deberemos proveer, como de lo que fuere necesario suplicar a su santidad.

8. Pues, como sabéis los pecados públicos aún en tierra de antiguos cristianos hacen daños a las costumbres, mucho más deben estorbar en las tierras donde nuevamente se planta la fe, porque, además que provean a otros y los imitan, hacen daño a los que de nuevo se convierten, viendo usar entre los cristianos, públicamente, lo contrario de lo que sus sacerdotes publican. Por tanto, tendréis mucho cuidado de refrenar y corregir los pecados públicos en los españoles, cuanto más conocéis ser mayores los inconvenientes que en en esa tierra se siguen de ellos y ser impedimento de la predicación de nuestra santa fe católica, que tanto deseamos y conviene que se plano y arraigue en los corazones de esas gentes.

9. Y porque mejor pueda obrar en los indios el trabajo de sus prelados y el cuidado de los religiosos y otras personas que desearen su conversión, y el aborrecimiento que tuvieren a algunos españoles por malos tratamientos que les hagan no se entienda hacerlos aborrecer las cosas de nuestra fe, como cosas predicadas y traídas a esa tierra por otros españoles semejantes en nación, lengua y color a los otros que los maltratan; tendréis muy especial cuidado que los indios sean muy bien tratados por todos los estados de gentes a que a esa tierra han ido y fueren, y que se guarden con ellos todas las ordenanzas hechas y provisiones dadas en su favor, castigando sin respeto ni disimulación a los que contra ellos vinieren, haciéndolas publicar y pregonar de nuevo si vieréis que alguno no se saben o que de haber sido hasta aquí mal guardadas se tienen en poco y se viene fácilmente contra ellos, prohibiendo de nuevo y haciendo ordenanzas y pregones en los casos que vieréis que convienen y que hasta aquí no se han proveído; avisándonos de todo lo que de nuevo proveeréis, así para que tengamos noticia de ello como para que lo confirmemos y aprobemos si necesario fuere, porque sea mejor obedecido y guardado. Y porque conozcan los naturales de esa tierra que nuestra voluntad es que sean tratados como los otros nuestros vasallos y que nos desplace de su mal tratamiento, castigaréis con mucho cuidado cualquier daño o exceso que contra sus personas hicieren algunos españoles, como se castigaría por leyes de estos nuesdos reinos los que se hicieren contra cualesquier español.

10. Y porque no menos obligación y deseo tenemos de la conversión y conservación de los indios de las otras provincias de esa Nueva España, tendréis también mucho cuidado como se haga en ellas lo que vieréis que se puede bien hacer de los capítulos de susocontenidos. Especialmente, proveeréis como en las provincias de Guatemala y Nueva Galicia y Pánuco, se tasen los tributos en que los indios han de servir, y que sean tales en que los puedan cumplir, y en cosas que las haya en los pueblos que los pagaren y sus términos, y que no excedan en la cobranza las personas que los hubieren de haber. Y asimismo tendréis mucho cuidado que en el hacer y herrar esclavos, así por guerra como por rescate, no exceda de la orden que les diéreis, conforme a la comisión que de ello os tenemos hecha; sobre lo cual os encargamos mucho la conciencia porque es uno de los principales artículos en que queríamos tener muy segura y saneada la nuestra en sus partes. Y para que podáis ser avisado de la gobernación espiritual y temporal de aquellas provincias y de las otras sujetas a esa audiencia, escribiréis a los prelados, o protectores, o personas religiosas, o a otras que supieréis que tienen buen celo, para que os avisen de las cosas que en ellas pasaren que se deben proveer y remediar. Y vos tendréis mucho cuidado de hacerlo así cuando fueréis avisado por alguno de ellos, porque de esta manera se remediarán los inconvenientes y se animarán las personas de buen celo a daros semejantes avisos. Y nos daréis noticia siempre en vuestras cartas del estado de aquellas provincias, y de todo lo que de nuevo se descubriere, y de lo que os pareciere proveer para el bien de ellas.

11. Y porque somos informados que en esa tierra hay mucha gente, y más de ella gasta el tiempo en ociosidad, trabajaréis cómo los prelados, religiosos, corregidores y otras personas que entienden en adoctrinarlos y corregirlos los amonesten y atraigan a que trabajen, así en labrar la tierra y plantar, como en otros oficios mecánicos, dándoles a entender el provecho que de ello se les seguirá, y de manera que vean que el fruto y provecho que de sus trabajos tubiere ha de ser para su sustentación y reparo de sus personas e hijos; advirtiendo mucho, que por esto no los han de aplicar a algunas personas eclesiásticas o seglares a que trabajen en cosa de su interés particular, si no fuere pagándoles su jornal y trabajo como a personas libres.

12. Asimismo, porque la crianza de ganados y bestias en esa tierra será muy importante para la población y perpetuidad de ella y para otros muchos efectos, procuraréis que los españoles que lo pudieren hacer se apliquen a tener y criar ganados y otros animales de servicio; y que los religiosos y otras personas a quienes los indios suelen dar crédito persuadan a los principales de ellos que tuvieren caudal para hacerlo, que empleen alguna parte de su oro en ganados y los críen, certificándoles que han de ser pacíficos señores de todo lo que así tuvieren, como lo son los otros nuestros súbditos que van a poblar a esa tierra. Pero estaréis advertido que dichos indios no crien ni tengan en su a caballos ni yeguas, por el inconveniente que hay de aprender a andar a caballo.

13. Tendréis asimismo mucho cuidado que en la audiencia se administre justicia con la autoridad que conviene y con la brevedad posible, y que haya mucho cuidado de las cosas de oficio en que suele haber más negligencia. Y mandaréis para ello al fiscal que lo solicite y haga lo que debe a su oficio, y tenga mucho aviso de saber si se quebrantan nuestras provisiones dadas y ordenadas que están o se hicieren, y los mandamientos y provisiones vuestras y de esa audiencia, mayormente en lo que tocare a la instrucción y conservación y buen tratamiento de ios indios, pues de estos es razón que vos y los oidores seáis tutela y amparo, como de personas que de ello tienen necesidad y aún no en tienden la voluntad que tenemos de su buen tratamiento y la obligación que vosotros tenéis a ello.

14. Y porque, como véis, esa tierra es tan grande y las cosas que se deben proveer y remediar en ella no las puede saber esa audiencia desde ahí, ni bastarán relaciones de religiosos ni corregidores para ello, proveeréis cómo se repartan los oidores de tal manera que, por el tiempo y las provincias que os pareciere, ande siempre uno de ellos informándose de la calidad de la tierra, y número de pobladores de ella, y manera de sustentarse que tienen o podrían tener según su disposición, y las iglesias, monasterios que ha menester, y otros edificios públicos necesarios para la facilidad de los caminos o bien de los pueblos, y si reciben agravio o no de los españoles o de sus propios caciques, y si se hacen sacrificios, idolatrías, y otros ritos y excesos graves que solían hacer, si los corregidores hacen bien sus oficios, si los esclavos que andan en las minas son adoctrinados y alimentados como deben y si se les da el trabajo moderado y sin peligro de sus vidas, y si se cargan los indios o se hacen esclavos contra lo que está ordenado u ordenaréis, y finalmente informándose de todas las otras cosas que convienen, de lo cual les daréis larga y bastante instrucción. Y porque no convendrá diferir el remedio de algunas cosas que el oidor viere que requieren brevedad en ello, daréis comisión para que sólo pueda proveer las cosas cuya dilación fuere dañosa o no fuere de calidad que requieran mayor deliberación y acuerde con vos y con los otros oidores, remitiéndoos las cosas en que él no debiere poner la mano solo, o guardándolas para su vuelta si hubiere por más provechoso que se provean oída la relación que él haga por su persona.

15. Entretanto que hubiere corregidores, miraréis mucho por las personas que se proveen, a las cuales daréis las instrucciones necesarias que han de guardar, y tendréis cuidado de saber cómo hacen sus oficios, y que se les tome residencia en sus tiempos, y que en esa audiencia se miren que entiendan los cargos y culpas de cada uno, y sean castigados los que lo merecieron, conforme a las leyes de estos reinos y a las ordenanzas y provisiones que para esa tierra están hechas, favoreciendo y honrando siempre a los que hubieren hecho lo que deben en sus oficios. Y el mismo cuidado tendréis que cumplan lo que deben en sus oficios los regidores, alguaciles, y escribanos y otros oficiales y ministros de la justicia y república, corregiéndolos como sus cuyas merecieren, y favoreciéndolos conforme a sus servicios.

16. Nuestra hacienda en esa tierra, como habréis entendido, consiste mucho en cosas muy menudas, en que podemos recibir daño si en lo que la tienen y administran no hay aquella fidelidad y diligencia que conviene. Por tanto, tendréis muy especial cuidado de saber cómo se trata, y si por personas hábiles y fieles y diligentes cuales conviene. Y proveeréis en ello lo que fuere necesario, de tal manera que la malicia o negligencia de los administradores no sea dañosa. Y si, como habéis escrito en algunas partes, hicieréis arredar los tributos que nos pertenecen por mejor recaudo de nuestra hacienda, tendréis mucho aviso que por razón de tales arrendamientos no se hagan a los pueblos extorsiones algunas, porque nos tendremos por más deservido de cualquier exceso que se haga por los arendadores que de perder el provecho y servicio que de arrendarse se nos puede seguir. Y porque deseamos mucho tener una traza o pintura de los principales pueblos y puertos de esa tierra y costas de ella, mandaréis a alguna persona que lo haga lo más verdaderamente que allá se pudiere y supiere hacer, declarando el sitio, distancia de leguas, grados de altura que hubiere de un pueblo y puerto a otro, y en cada uno de ellos. Y la misma relación nos enviaréis de la tierra e islas que el marqués ha descubierto o descubriese, si buenamente se pudiere hacer, como quiera que por otras provisiones y cédulas nuestras esté proveído y mandado lo que se ha de hacer.

17. Y aunque de vuestro buen entendimiento y prudencia y deseo que tenéis de servirnos y cuidado que ponéis en hacerlo, podía bien confiar que en todas estas cosas que aquí os mandamos sin nuestra particular instrucción habréis mirado y miráis, todavía tuvimos por bien de mandar escribíroslas en particular, para despertar y avivar más vuestro buen celo y cuidado, y que conozcáis cuánta voluntad tenemos que esa tierra sea en todo muy bien gobernada y tratada. Mucho, os encargamos y mandamos que así en esto, como en todas las otras cosas que allá vieréis que convienen para el servicio de Dios y nuestro, perpetuidad, conservación de esa tierra, tengáis aquel cuidado y buen providencia cual de vos el emperador y rey nuestro señor y yo confiamos, y cual la grandeza y variedad de cosas de esa tierra requiere, y la distancia que hay en estos nuestros reinos donde nos residimos os obliga a tener. Y nos avisaréis siempre de todo lo que hicieréis y proveyeréis, y de lo que acá os pareciere que nos debemos mandar proveer.

De lo cual tendréis el cuidado y diligencia que de vos confío. Madrid, 14 de julio de 1536. Yo la Reina. Refrendada de Sámano, y señalada del Cardenal, y Beltrán, y Bernal, y Velázquez.

Fuente: Los Virreyes españoles en América durante el gobierno de la casa de Austria: México, edición de Lewis Hanke con la colaboración de Celso Rodriguez, Biblioteca de autores españoles, Atlas, Madrid, 1976-1978, 5 volúmenes, volumen 1, 1976, pp. 31-32