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Siglo XVI > 1530-1539 > 1534

Real provisión de Carlos I sobre la forma y orden que se ha de guardar en hacer esclavos en la guerra y con rescates.
20 de febrero de 1534

Don Carlos, etc. [Va incorporada la R.C. del 2 de agosto de 1530, véase núm. 68.] Y agora somos informados de muchos y las más principales partes de las dichas Indias por cartas y relaciones de dichas personas que tienen buen celo al servicio de Dios y nuestro, que de la guarda y observancia de lo contenido en la dicha nuestra carta y de no se haber fecho esclavos en guerras justas se han seguido más muertes de los naturales de los dichos indios y han tomado ellos mayor osadía para resistir a los cristianos y les hacer guerra, viendo que ninguno dellos era preso, ni tomado por esclavo como antes lo era, y nuestros súbditos cristianos viendo los daños, heridos y muertes que reciben en guerra de los dichos indios y que de los matar a todos ningún beneficio reciben, ni dejan en los pueblos haciendas para enmienda de sus gastos y daños, temen la dicha guerra y la dejan de hacer, por les haber prohibido lo que de derecho y por leyes de nuestros Reinos está permitido; y asímismo resultaban otros inconvenientes de no se permitir por vía de rescate ni en otra manera la contratación de los dichos esclavos que los mismos naturales tenían entre sí por esclavos, pues por experiencia se había visto que estando esclavos en poder de los mismos naturales permanecían en la idolatría y otros vicios y costumbres abominables que antes solían tener y guardar, y que todo esto cesaría sacados de su poder y teniéndolos por esclavos nuestros súbditos cristianos, en cuyo poder más fácilmente serían instruídos en nuestra santa fe católica y dejarían de cometer los dichos vicios y pecados, y demás de esto el trato y comercio de los dichos nuestros súbditos ansí españoles cristianos como indios acrecería, y que sin ello no podrían poblar ni sostener en la dicha tierra, lo cual por nos visto, acatando lo mucho que la provisión desto importa al servicio de Dios y nuestro y bien de los naturales de las dichas Indias y de los otros nuestros súbditos españoles que han ido y van a poblar a ellas, hubimos mandado a los del nuestro Consejo de las Indias que platicasen entre sí para ver la mejor forma y manera que se podía y debía tener, así en el hacer de la guerra como en los que hubiesen de cautivar en ella y en la contratación de los esclavos por rescate; los cuales, después de lo haber visto y consultado con nos, acordamos para el remedio de todo ello y para excusar los dichos inconvenientes, debíamos mandar dar esta nuestra carta y nos tuvímoslo por bien, por la cual ordenamos y mandamos que agora y de aquí adelante, cuanto nuestra merced y voluntad fuere, se guarde así en el hacer de la dicha guerra como en las otras cosas que de yuso serán contenidas, la orden siguiente :

Primeramente ordenamos y mandamos que cada y cuando acaeciere que algunos de vos, los nuestros gobernadores y capitanes y otros nuestros súbditos españoles, hiciérdes guerra justa conforme a las ordenanzas e instrucciones por nos dadas y acaeciere que en la tal guerra justa fecha por nuestro mandato o por las personas que nuestro poder especial para ello tuvieren, prendierdes algunos de los dichos indios, los podáis tener por esclavos y contratarlos como habidos en la guerra justa, con tanto que los indios que así se tomasen por esclavos en cualquier de las provincias de tierra firme, no los puedan sacar a vender ni contratar a las islas de las dichas Indias, ni a alguna dellas; y asímismo que las mujeres que fueren presas en la dicha guerra, ni los niños de catorce años abajo no puedan ser cautivos, pero permitimos y damos licencia a los dichos nuestros gobernadores y capitanes y a otros nuestros súbditos que así prendieren a las dichas mujeres y niños en la dicha guerra, que se puedan servir y sirvan dellos en sus casas por naborías y en otras labores como de personas libres, dándoles el mantenimiento y otras cosas necesarias y guardando con ellos lo que por nos está proveído y mandado cerca del tratamiento de las dichas naborías.

Otrosí, ordenamos y mandamos que vos, los dichos nuestros presidentes y oidores de las dichas nuestras Audiencias, y vos, los dichos nuestros gobernadores, y cualesquier de vos en vuestra jurisdicción, luego que esta nuestra cédula recibiéredes, hagáis que en todos los pueblos de las provincias de vuestra gobernación que están de paz y sujetos a nos, ante escribano público se haga matrícula de los esclavos que hallardes que los caciques y otros indios de cada pueblo tienen entre sí por esclavos, declarando el nombre de cada esclavo y del señor cuyo es, y ansímismo el nombre de su padre o madre del tal esclavo, y si él confesare ser esclavo, le hagáis herrar con el hierro de nuestra marca, para que dende en adelante sea habido y conocido por tal esclavo; y fecha la dicha confesión y puesto el dicho hierro y asentado en la dicha matrícula, permitimos y damos licencia y facultad a cualesquier de nuestros súbditos españoles, para que por vía de rescate o compra o por otro cualquier justo título pueda haber los dichos esclavos y tenerlos y contratarlos por tales, sin embargo de las prohibiciones por nos fechas y de las contenidas en la dicha nuestra carta que de suso va incorporada, con tanto que en la contratación que así hicieren los dichos nuestros súbditos de los dichos esclavos con los dichos caciques y otros indios señores dellos no intervenga fuerza ni premia alguna, y asimismo con tanto que ninguno pueda comprar ni rescatar indio por esclavo en el pueblo que tuviere por encomienda, por sí ni por interpuesta persona, ni concertarse con otro encomendero que hagan rescate el uno en el pueblo del otro, so pena que el esclavo que de otra manera se hubiere o se comprare o rescatare sin guardar la forma en esta nuestra carta contenida, sea perdido con más el cuarto tanto del valor del dicho esclavo, aplicado la mitad de todo ello a nuestra cámara y fisco y la otra mitad se divida en dos partes, la una para el denunciador y la otra para el juez que lo sentenciare, y mandamos que el pleito desto sea sumario y que la sentencia que en ello se diere, se ejecute sin embargo de cualquier apelación o suplicación que dellas se interponga; y mandamos que el dicho examen y matrícula y hierro de los dichos esclavos se hagan en presencia de vos las dichas justicias y de nuestros oficiales y del prelado de la tal provincia, si le hubiere o no lo habiendo, de alguno religioso, y permitimos que en vuestra ausencia o estando impedidos podáis nombrar para el cumplimiento y ejecución de lo contenido en esta nuestra carta, siendo todos conformes o la mayor parte de las personas de confianza y de buena conciencia que entiendan en ello, los cuales y vosotros juraréis que bien y fielmente guardaréis lo contenido en esta nuestra carta, sobre lo cual vos encargamos las conciencias y descargamos las nuestras.

Otrosí, por cuanto somos informados que en algunas provincias de la costa de tierra firme hay pueblos que no están sujetos a nos, ni se tiene con ellos guerra, por no haber habido, ni hay al presente, diposición para se la hacer y con los caciques destos pueblos y naturales dellos nuestros súbditos españoles y naturales tienen contratación y comercio y rescate y dellos han habido y han algunos indios por esclavos, y porque en esto cesa la presunción y sospecha de las fuerzas y engaños que se podría hacer en los pueblos que están de paz, permitimos y damos licencia a los dichos nuestros súbditos españoles y naturales de la tierra que por vía de rescate o contratación puedan haber de los dichos caciques e indios de los de los esclavos que ellos entre sí tienen por tales, y que después de traídos y rescatados a las dichas islas y provincias donde se rescataren, se haga su libro y matrícula aparte y sean obligados los que así trajeren y hubieren los tales esclavos de los presentar ante la nuestra justicia y prelado o religioso y probar ante ellos las partes y lugares de donde los traen, para que así averiguado los escriban en el libro de la dicha matrícula y los hierren con el dicho hierro de nuestra marca, el cual mandamos que esté en poder del dicho prelado o religioso en una arca de dos llaves y él tenga la una y la otra la dicha nuestra justicia, y que para ello se junten cada y cuando fueren requeridos por alguna persona que así trajere esclavos rescatados.

Otrosí, porque puede acaecer que a nuestro servicio y población de la dicha tierra convenga que se haga guerra y algunos pueblos de las dichas Indias que se alzaren por delitos particulares y que si para lo hacer se esperase nuestra licencia, resultaría de la dilación desto grande daño e inconveniente, permitimos que concurriendo el parecer del nuestro gobernador y oficiales y prelado y dos religiosos de los más principales que hubiere en la dicha provincia o de la mayor parte, para que se pueda y deba hacer justamente guerra y en ella prendieren algunos de los dichos indios, que los nuestros súbditos naturales españoles que así los prendieren, los puedan tener y guardar y servirse dellos por naborías, hasta tanto que envíen la relación e información verdadera y bastante ante los del nuestro Consejo de las Indias o ante el presidente y oidores de una de las dichas nuestras Audiencias do fuere la tal provincia sujeta, y por ellos visto se determine si los presos en la dicha guerra han de ser esclavos o no; y lo que ansí se declarare y determinare, se guarde y cumpla y que entre tanto no se pueda enajenar las personas que así cautivaren, so las dichas penas.

Otrosí, porque somos informados que los dichos caciques y señores de los dichos indios, antes que fuesen sujetos a nos, acostumbraban a hacer los dichos esclavos por causas injustas y livianas, lo cual es contra toda razón y derecho natural, y en esta costumbre diz que permanecen agora, de que se sigue gran daño a la república y particulares de las dichas Indias que están so nuestro servicio y amparo, ordenamos y mandamos que vos, los dichos nuestros presidentes y oidores y otras nuestras justicias y prelado y oficiales, cada uno en sus jurisdicciones, vos informéis de las causas por qué los tales caciques e indios han fecho y hacen entre sí esclavos, y en las que hallardes ser justas y conforme a derecho y leyes de nuestros Reinos, les permitid que de aquí adelante lo puedan hacer y no de otra manera alguna, dándoles para ello declaración, y así dada hagáis que por lengua de intérpretes se les diga y dé a entender lo que así decláredes, y no permitiréis ni daréis lugar que por otra causa alguna se hagan esclavos entre ellos, so las penas que para ello les pusiéredes, las cuales nos por la presente les ponemos y habemos por puestas; y asimismo proveeréis que la declaración que sobre esto hicierdes por escrito o por otra manera, se dé a entender en cada uno de los pueblos de las provincias do se hiciere la dicha declaración, para que tengan dello noticia los dichos indios y no puedan ser ni sean fechos esclavos indebidamente, y la copia de la declaración con testimonio del cumplimiento della enviaréis en los primeros navíos ante los del nuestro Consejo de las Indias, para que nos lo mandemos ver y proveer cerca dello lo que convenga al servicio de Dios y nuestro y bien de la república, de los naturales de las dichas Indias y provincias.

Otrosí permitimos que concurriendo el parecer de la justicia y oficiales y prelado o religioso para que convenga sacar de la tal provincia algunos de los dichos indios que se cautivaren por esclavos, guardada la forma suso dicha, los puedan sacar y contratar a las islas y otras partes de tierra firme que por ellos fuere declarado, sin embargo de la prohibición de lo en estas ordenanzas contenido.

Y porque lo contenido en esta nuestra carta venga a noticia de todos, y ninguno pueda pretender ignorancia, mandamos que sea pregonada en las gradas de la ciudad de Sevilla y después en las plazas y lugares acostumbrados de las ciudades, villas y lugares así de las dichas islas como de cada una de las otras provincias de la Nueva España y de toda la costa de la tierra firme; y si fecho el dicho pregón alguna o algunas personas fueren o pasaren contra ello, procederéis contra ellos por todo rigor de derecho y conforme a esta dicha nuestra carta; y mandamos que las personas que agora y adelante hubieren de entender en el examen de los dichos esclavos y guarda del dicho hierro no puedan llevar ni lleven por razón dello direta in indiretamente por sí ni por interpuestas personas derechos algunos, so pena que si lo llevaren, lo paguen con las sentencias para la nuestra cámara y fisco, pero permitimos que las personas que pusieren la señal con el dicho hierro de nuestra marca puedan llevar los derechos que por vos, las dichas justicias, fueren tasados, con tanto que no pueda exceder ni exceda de real y medio de plata por cada un esclavo, y el escribano que en lo suso dicho se ocupare [cobre] sus derechos conforme al arancel de cada una de las dichas provincias y no más, so las dichas penas.

Fuente: Richard Konetzke. Colección de documentos para la historia de la formación social de Hispanoamérica, 1493-1810. Volumen I (1493-1592). Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid, 1953, pp. 153-159.