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Siglo XVI > 1520-1529 > 1529

Real cédula al obispo Sebastián Ramírez de Fuenleal, presidente de la audiencia de Santo Domingo, con orientaciones sobre fundaciones de nuevos pueblos en la isla española, y concediendo gracias y mercedes a los promotores europeos.
Toledo, 15 de enero, 1529.

po de Santo Domingo y de la Concepción de la Vega, y nuestro presidente de la nuestra Audiencia y Chancillería Real de la dicha isla.

El devoto padre fray Tomás de Berlanga, vuestro provincial de la Orden de Santo Domingo de esas partes, movido con celo del servicio de Dios, Nuestro Señor, y nuestro, y bien universal de esa isla, vino en presencia a nuestra corte a ruego y pedimiento de los nuestros oidores oficiales de esa dicha isla a nos informar de cosas provechosas y necesarias para el reparo y defensión de esa isla y población y acrecentamiento de ella. El cual fue oído muchas veces, así por mi real persona, como por los de mi Consejo de las Indias. Y vistas las peticiones y suplicaciones que cerca de ello dio, juntamente con las escrituras que trujo y presentó, todas aquellas cosas que por su parte fueron pedidas, mandamos proveer, teniendo intento principal al bien universal de esa isla y al ennoblecimiento y población de ella, y al particular de los vecinos y moradores de ella.

1.- Normativa para la formación de nuevos pueblos: obligaciones y limitaciones de los fundadores. La propiedad sólo efectiva cuando cumplieron estos compromisos.

Primeramente es nuestra merced y voluntad que cualesquier personas, vecinos o moradores de esta isla o que de nuevo se quisieren ir a vivir y morar en ella y quisieren prometer y se obligar y dar fianza y seguridad bastante que no sea de ella, y que harán nueva población en la dicha isla con gente que no sea de ella, ni de las otras Indias, islas y tierra firme del mar océano: y en la cual población haya, a lo menos, cincuenta vecinos tasados, todos ellos llevados de estos reinos o del reinó de Portugal, o de los otros lugares que de Nos tuvieren licencia para ir a poblar y tratar en las dichas Indias.

Y así mismo, que harán en cada población una iglesia de piedra y una casa fuerte de piedra, a manera de fortaleza, y a su costa tendrán clérigo que administre los santos Sacramentos. Y proveerán la iglesia de ornamentos y cosas necesarias al servicio y culto divino, todo esto a virtud de vos, el dicho nuestro presidente y obispo.

Y que darán a cada uno de los dichos vecinos flete y matalotaje, y les harán y tendrán hechas, a su costa del tal fundador, casas en que estén. Y les darán a cada uno dos vacas y dos bueyes, y cincuenta ovejas y una yegua y diez puercos y dos novillos y seis gallinas para sus granjerías y aprovechamientos.

Y obligándose, así mismo, que comenzarán la dicha población dentro de un año que se obligaren, y les fuere señalado el territorio para ello. Y la tendrán acabada dentro de otros dos años luego siguientes, enteramente en todos los dichos edificios y números de pobladores. Y así mismo, que tendrán hechas —cada uno en sus pueblos, dentro de cinco años que comenzaren a correr desde, el primero día que son obligados a comenzar la dicha población en adelante— por lo menos veinticinco casas de piedra, hasta en número de ellas. Y dentro de otros cinco siguientes acabadas todas de piedra, so pena que si no lo hicieren y cumplieren en todo y por todo hayan perdido, y pierdan, todo lo que así hubieren edificado y labrado y granjeado en el dicho territorio: y será todo aplicado a Nos, y más incurrirán en mil pesos de oro.

Estando así hecha y otorgada la dicha obligación, en la dicha fianza y seguridad, y con testimonio de vos, el dicho nuestro presidente, por la presente os damos poder cumplido y facultad para que la persona que así quisiere hacer la dicha población y estuviere obligado —según y como dicho es— le podáis señalar, y señaléis, término y territorio en cualquier parte de las que ellos así quisiesen escoger y señalar de toda esa isla Española: con tanto que quede a la dicha ciudad de Santo Domingo y a los otros pueblos de la dicha isla que al presente tienen población, términos y pastos, poblaciones y granjerías. Y así mismo con tanto que a los que escogieren territorio dentro de diez leguas de la dicha ciudad de Santo Domingo vos, el dicho nuestro presidente, los podáis señalar, y señaléis, término o términos de dos leguas en cuadra, y no más, o desde abajo lo que a vos os pareciere conveniente según la calidad y disposición del lugar donde se hubiese de hacer y poblar y fundar la dicha población.

Y si no hubiese las dichas dos leguas en cuadra por alguna de las partes en lo que así se señalare, lo cual así faltare lo podáis hacer enmendar por otra parte: cual más cómoda y conveniente os pareciere. Y a los que señalaren territorio —siendo de diez leguas de la dicha ciudad de Santo Domingo la tierra adentro— en todas las otras partes de la dicha isla les podáis señalar término de tres leguas, sin embargo de cualquier repartimiento que se haya hecho de los términos de la dicha isla a las ciudades y villas de ella, y posesión que tengan: el cual para, en cuanto a esto revocamos.

Item, defendemos que para los dichos pueblos que nuevamente se han de hacer no se puedan tomar puertos de mar, ni otro lugar que a vos os parezca que en algún tiempo pueda de ello redundar perjuicio a nuestra corona, ni a la república de los pueblos de ella.

Item, reservamos para Nos todos los montes y árboles de brasil y bálsamo y droguerías que en los dichos términos que así señalaren hubiere por estar cerca de esto, tomado asiento con otras personas.

Y exceptuadas y reservadas las cosas y las otras que son de la suprema jurisdicción y soberanía —y que no se pueden apartar de la corona real y las que adelante serán declaradas— prometemos y seguramos por nuestra palabra real que a cada uno de los pobladores que hubieren hecho y cumplido lo que de suso está dicho y especificado— constándonos el cumplimiento de ello por testimonio signado de escribano público, y aprobado el tal cumplimiento por vos, el dicho nuestro presidente— que mandaremos dar, y daremos, privilegio, donación y título bastante para siempre jamás a la tal persona del territorio que vos, el dicho presidente, les señaláreis y hubiéreis señalado con la dicha población para siempre jamás para él y sucesores: con el señorío y jurisdicción civil y criminal a todo ello y vasallaje de los moradores en el dicho lugar que a la sazón, o adelante, hubiere; sin perjuicio de la jurisdicción que el nuestro almirante de las Indias pretende tener en ello. La cual jurisdicción tengan en primera instancia, y las apelaciones finquen para Nos y a nuestros presidentes y oidores de la dicha Audiencia.

[2. Concesiones a los promotores de dichas poblaciones: mayorazgos, hidalguías, minas, patronazgos de iglesias, exención de impuestos, etc. Mercedes confirmadas al término de las fundaciones]

Así mismo les prometemos y aseguramos que la dicha donación, con facultad que puedan hacer de ello mayorazgo y vinculado con los vínculos y modos y sumisiones que ellos quisieren, para que finquen indivisibles, inalienables e imprestables, sujetos a restitución: y que por ninguna causa se puedan enajenar, ni perder, ni confiscar, si no fueren por crimen lesae majestatis y por el pecado abominable contra natura.

Y así mismo, en el título que de ello les mandaremos dar, les concederemos las minas de oro y plata y pesquería que hubiere de perlas en su territorio y distrito, con tanto que del oro y plata y perlas que así sacare ély los moradores del dicho pueblo, y otra cualquier persona, paguen a Nos y a los reyes que después de Nos vinieren, el quinto de todo ello.

Y así mismo, les prometemos y asignamos de concederles a ellos o sucesores en el mayorazgo del dicho pueblo, la veintena para todas las rentas y provechos que Nos tuviéremos en el dicho pueblo y término, de que así les haremos las dichas mercedes, excepto de lo que nos perteneciere del oro.

Y así mismo haremos merced a las personas que así fueren a poblar, hasta el dicho número de los dichos cincuenta vecinos casados, libres y esclavos, que todo lo llevaren para sus casas y mantenimientos en el primer viaje que pasaren —con que no lo puedan vender, ni vendan— sea todo franco del aimojarifazgo, y de otros cualesquier derechos que nos pertenezcan, o de los dichos esclavos, por razón de almojarifazgo o licencia de ellos.

Así mismo les daremos poder y facultad para proveer oficios de escribanos en el dicho pueblo que así hicieren, y para presentar el beneficio o beneficios de las iglesias que en él hubiere. Y para que con más cierto y justo título tengan el patronazgo como fundadores y pobladores de la dicha iglesia y pueblo, les daremos las suplicaciones que fueren justas o razonables para Su Santidad, y para que los diezmos eclesiásticos de las dichas Indias por bula apostólica nos pertenecen, hacemos donación de ellos para las fábricas de las dichas iglesias y clérigos de ellas.

Y porque los tales pobladores han de hacer en lo que a ellos toca y atañe de cumplir grandes gastos y expensas, demás de las cosas susodichas de que les entendemos de hacer, y hacemos merced, por los más animar a hacer las dichas poblaciones; y en algunas enmiendas y remuneración de sus gastos y trabajos, y por honrar sus personas y de sus descendientes y que de ellos, como de primeros pobladores quede memoria loable, es nuestra merced y voluntad prometerles, y por la presente les prometemos y aseguramos, que en el título y donación que así les haremos del dicho término y territorio, o aparte como ellos quisieren, les crearemos hombres hijosdalgo de solar conocidos, con los apellidos y renombres que ellos quisieren tomar o tuvieren. Y les armaremos caballeros y les daremos armas y blasón a su voluntad, de que finquen contentos: para que en el dicho pueblo, y en cualesquier ciudades, villas y lugares de las dichas Indias, islas y tierra firme del mar océano, donde ellos y sus hijos habidos, y por haber, y nietos y descendientes vivieren y moraren y estuvieren sean hombres hijosdalgo y caballeros y personas nobles de linaje y solar conocido. Y por tales habidos y tratados, y gocen de todas las honras, preeminencias, exenciones y prerrogativas para poder retar y desafiar, y aceptar reto y desafío, y hacer las otras cosas que los hombres hijosdalgo y caballeros de estos reinos de Castilla según leyes y fueros y costumbres de España pueden y deben gozar y hacer, de todo ello bien y cumplidamente gocen los dichos pobladores y sus descendientes, como dicho es, en las dichas Indias, islas y tierra firme, donde estuvieren y moraren.

Y porque, al tiempo que los dichos fundadores de las dichas poblaciones llevaren los dichos pobladores de ellas, para tener seguridad que permanecerán en la dicha población y no se ausentarán de ellas, tomarán entre sí algunos asientos y conciertos, y para que aquéllos sean más firmes y mejor se cumplan, los mandaremos aprobar y confirmar de manera que hayan cumplido efecto.

Por tanto os mandamos que con aquella fidelidad, diligencia y cuidado que de vos confiamos, veáis lo susodicho y siendo requerido por alguna persona que quiera la tal población y se obligare en la forma y con la seguridad y fianza que de suso se contiene, vos en persona, sin lo cometer en otro alguno los recibáis y señaléis el dicho término y territorio, guardando así la cantidad de leguas: como en el sitio y asiento de ello la orden y forma y manera suso contenida y declarada.

AGI. Patronato, 18, R.5. Publicada en CODOIN América, I, pp. 470-478, 1864.

Fuente:

Francisco de Solano. Cedulario de tierras. Compilación. Legislación agraria colonial (1497-1820). Instituto de Investigaciones Jurídicas. Universidad Nacional Autónoma de México. Primera edición: 1984. Segunda edición: 1991. México.

http://biblio.juridicas.unam.mx/libros/libro.htm?l=387