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Siglo XVI > 1510-1519 > 1516

Instrucción dada a los padres de la orden de San Jerónimo.
Madrid, 13 de septiembre, 1516.

[1. REGLAMENTACION URBANIZADORA: NUEVOS PUEBLOS]

Otrosí, debéis mirar la disposición de la tierra, especialmente la que es cerca de las minas donde se saca el oro, y ved dónde se podrán hacer poblaciones de lugares donde vivan los indios que tengan buena tierra para labranzas y haya ríos cerca, para sus pesquerías, y para que de allí puedan ir a las minas con menos trabajo y sin inconveniente, a voluntad cuanto ser pudiere los caciques e indios que allí hubieren de morar, haciéndoles entender que esta mudanza se hace para su provecho y porque sean mejor tratados que hasta ahora lo han sido.

Débense hacer los pueblos de 300 vecinos, poco más o menos, en el cual se hagan tantas casas cuantos fueren los vecinos, en la manera que ellos las suelen hacer, aunque se aumente la familia, como mediante Dios se aumentará, puedan caber todos ellos.

Item, habéis de dar forma que se haga una iglesia, lo mejor que pudiere, y plaza y calles en el tal lugar; una casa para el cacique, cerca de la plaza, que sea mejor y mayor que las otras, porque allí han de concurrir todos sus indios; y otra casa para un hospital en que estén los hombres pobres y viejos y niños y enfermos.

Y debéis dar a cada pueblo término conveniente apropiado a cada lugar, antes más que menos, para el aumento que se espera Dios mediante. Este término debéis repartir entre los vecinos del lugar, dando de lo mejor a cada uno de ellos parte de tierra donde puedan plantar árboles y otras cosas y hacer montones para él y para toda su familia más o menos, según la calidad de la persona y cantidad de la familia; y al cacique tanto como a cuatro vecinos. Lo restante quede para el pueblo, para ejidos y pastos y estancias de puercos y otros ganados.

A estos pueblos debéis traer los vecinos e indios más cercanos: los vecinos a aquel asiento que se tomare para la población, porque queden en su propia tierra y vengan de mejor gana. Y habéis de negociar con los caciques, que ellos los traigan de su voluntad, sin les hacer otra apremia si así se pudieren traer: y estos caciques han de tener cuidado de sus indios en regirlos y gobernarlos, corno adelante se dirá.

[2. ORIENTACIONES POLÍTICAS]

[2.1. Cacique y autoridades municipales]

Y si los indios de un cacique bastaren para una población, con aquellos se haga o si no juntaréis otros caciques de los más cercanos y cada cacique ha de tener superioridad a sus indios como suele. Y estos caciques inferiores obedezcan a su superior, como suelen. Y el cacique tenga cargo de todo el pueblo, juntamente con el religioso o clérigo que allí estuviere y con la persona que para esto fuere nombrada, como adelante se dirá.

Y si algún castellano o español de los que allá están, o fueren a poblar, se quisieren casar con alguna cacica o hija de cacique a quien pertenece la sucesión por falta de varones, este casamiento se haga con acuerdo y consentimiento del religioso o clérigo, o de la persona que fuere nombrada para la administración de aquel pueblo. Y casándose de esta manera éste sea cacique y sea tenido y obedecido y servido como el cacique a quien sucedió, según y como abajo se dirá de los otros caciques, porque de esta manera muy presto podrán ser todos los caciques españoles y se excusarán muchos gastos.

Item, que cada lugar tenga administración por sí en sus términos, y que los dichos caciques tengan jurisdicción para castigar a los indios que delinquieren en el lugar donde él fuere superior: no solamente en los suyos, mas también en los de los otros caciques inferiores que viven en aquel pueblo. Esto se entienden los delitos que merezcan hasta pena de azotes, y no más. Y en estos que no lo puedan hacer ni ejecutar solos, sin que lo menos intervenga alto consejo y consentimiento de religioso o clérigo que allí estuviere. Y lo demás quede a la nuestra justicia ordinaria. Y si los caciques hicieren lo que no deben, sean castigados por la nuestra justicia ordinaria; y asimismo si hicieren agravio a los inferiores, lo remedien como convenga.

Los oficiales para la gobernación del pueblo, así como regidores y alguaciles y otros semejantes, sean puestos y nombrados por el dicho cacique mayor, y por el dicho clérigo o religioso que allí estuvieren, juntamente con aquella persona que se nombrare por administrador de aquel lugar; y en caso de discordia, por los dos de ellos.

[2.2. Direcciones políticas y administrativas, y jurisdicción]

Y porque en cada pueblo se hagan las cosas como deben, conviene que nombréis una persona que tenga la administración de uno o de dos o de tres o más lugares, según la población fuere. El cual viva en un comedio conveniente para hacer su oficio en una casa de piedra, y no dentro de ningún lugar, porque los indios no reciban daño ni alteración en la conversación de los suyos: éste ha de ser español, de los que allá han estado siendo hombres de

buena conciencia y que haya tratado bien a los indios que tuvo encomendados, porque sabrá regir y gobernar y hacer lo que conviene a su oficio.

Lo que esta persona ha de hacer es que ha de visitar el lugar o lugares que le fueren encomendados y entender con los caciques, especialmente con el principal de cada lugar, para que los indios vivan en policía cada uno en su casa con su familia, y trabajen en las minas y en las labranzas y en el criar de los ganados y en las otras cosas que los indios han de hacer, según adelante se dirá.

Pata hacer su oficio conviene que tenga tics o cuatro españoles castellanos° de otros cuales él quisiere y armas las que fueren menester: y que no consienta a los caciques ni a los indios que tengan armas suyas, ni ajenas, salvo aquellas que pareciere que serán menester para montear.

Este administrador, juntamente con el religioso o clérigo, trabajen cuanto pudieren por poner en policía a los caciques e indios, haciéndoles que anden vestidos y duerman en sus camas y guarden las herramientas y las otras cosas que les fueren encomendadas. Y que cada uno sea contento con tener a su mujer y no se la consientan dejar; y que las mujeres vivan castamente y la que cometiere adulterio acusándola el marido sea castigada ella y el adúltero hasta pena de azotes por el cacique, con consejo del administrador y persona que allá estuviere en el pueblo. Asimismo tenga cuidado que los caciques, ni sus indios, no truequen ni vendan sus haciendas, ni las den ni jueguen, sin licencia del religioso o clérigo o de dicho administrador.

Item, que haya sacristán, si se hallare suficiente de los indios; si no, de los otros que sirvan en la iglesia. Y muestre a los niños a leer y escribir, hasta que son de edad de nueve años, especialmente a los hijos de los caciques y de los otros principales del pueblo. Y asimismo les muestren a hablar romance castellano. Y ha se de trabajar en todos los caciques e indios cuanto fuere posible que hablen castellano.

[3. ORDENACIONES LABORALES]

Los vecinos de cada lugar y los varones de veinte años para arriba y de cincuenta para abajo sean obligados a trabajar de esta manera: Que siempre anden en las minas la tercia parte de ellos. Y si alguno estuviere enfermo o impedido, póngase otro en su lugar. Y salgan de casa para ir a las minas en saliendo el sol, o un poco después; y venidos a comer, tengan recreación tres horas; y vuelvan a la minas hasta que se ponga el sol. Y este tiempo sean repartidos de dos en dos meses, o como a los caciques pareciere: por manera que siempre estén en las minas el tercio de los hombres de trabajo. Y las mujeres no han de trabajar en las minas, si ellas de su voluntad y de su marido no quisieren; y en caso que algunas mujeres vayan, sean contadas por varones en el número de la tercia parte.

Los caciques envíen con los indios que son a cargo, divididos por cuadrillas

con los nicainos, que ellos llaman, que fuere menester. Para que éstos les hagan trabajar en las minas y cojan el oro y hagan lo que solían hacer los mineros, porque según experiencia ha parecido no conviene que haya mineros ni estancieros castellanos, salvo de los mismos indios.

Después que hubieren servido el tiempo que fueren obligados en las minas, vénganse a sus casas y trabajen en sus haciendas, lo que buenamente pudieren v vieren que les cumple, a lista de su cacique y de religioso o clérigo que allí estuviere o de administrador.

Y porque el cacique ha de tener más trabajo, y porque es superior, sean obligados todos los vecinos y hombres de trabajo de dar al cacique quince días en cada un año, cuando él los quisiere, para trabajar en su hacienda, sin que sea obligado darles de comer ni otro salario. Y las mujeres y los niños y los viejos sean obligados a desherbarles sus conucos todas las veces que fuere menester.

Los indios que quedaren en los pueblos, sean compelidos a trabajar lo que justo fuere en los conucos y en sus haciendas, también las mujeres y niños.

Y porque los pueblos se pongan en policía, debéis trabajar que se muestren oficios a algunos de los indios: así como carpinteros, pedreros, herradores, aserradores de madera y sastres, y otros semejantes oficios para servicio de la república.

AGI. Indiferente general, leg. 419, lib. 6, fol. 3. Publicado en CODOIN América (t. IX, p. 53, 1893) y por Konetzke, t. 1. pp. 62-67.

Fuente:

Francisco de Solano. Cedulario de tierras. Compilación. Legislación agraria colonial (1497-1820). Instituto de Investigaciones Jurídicas. Universidad Nacional Autónoma de México. Primera edición: 1984. Segunda edición: 1991. México.

http://biblio.juridicas.unam.mx/libros/libro.htm?l=387