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Siglo XVI > 1500-1509 > 1503

Introducción al Comendador Nicolás de Ovando, gobernador de las islas y tierra firme, sobre el modo y manera de concentrar a la población indígena dispersa en pueblos.
Alcalá de Henares, 20 de marzo y Zaragoza, 29 de marzo, 1503.

El Rey y la Reina

La forma que es nuestra merced que se tenga por nuestro gobernador de las Indias y otros nuestros oficiales de ella en la población y regimiento de las nuestras islas de las dichas Indias en la contratación que se ha de haber en ellas de nuestra Hacienda, demás de las cosas que el dicho gobernador llevó en sus instrucciones, es la que sigue:

1. Primeramente, porque somos informados que por lo que cumple a la salvación de las ánimas de los dichos indios en la contratación de las gentes que allá están, es necesario que los indios se repartan en pueblos en que vivan juntamente. Y que los unos no estén ni anden apartados de los otros por los montes, y que tengan allí cada uno de ellos casa habitada con su mujer e hijos y heredades, en que labren y siembren y críen sus ganados. Y que en cada pueblo de los que se hicieren haya iglesia y capellán que tenga cargo de los doctrinar y enseñar en nuestra santa fe católica. Y que así mismo haya en cada lugar persona conocida que en nuestro nombre tenga cargo del lugar que así le fue encomendado, y de los vecinos de él, para que los tenga en justicia y no los consienta hacer ningún mal ni daño en sus personas, ni en sus bienes, y para que hagan que los dichos indios sirvan en las cosas cumplideras a nuestro servicio.

Por ende, deseando que todo se haga como cumple al servicio de Dios y nuestro, ordenamos y mandamos que el nuestro gobernador de las dichas Indias entienda luego con mucha diligencia en hacer que se hagan poblaciones en que los dichos indios puedan estar y estén juntos, según y como están las personas que viven en estos nuestros reinos. Las cuales hagan hacer en los lugares y partes que a él bien visto fuere, y donde los vecinos de la tales poblaciones puedan tener, y tengan, heredades en que labren y siembren, para que puedan criar y apacentar sus ganados, sin que los de una población puedan hater daño a los de otra, ni los de la otra a la otra.

2. Otrosí, mandamos que el dicho nuesto gobernador tenga mucho cuidado de hacer que cada uno de los dichos indios tenga su casa apartada, en que moren con su mujer e hijos: para que vivan y estén según y de la manera que tienen los vecinos de estos nuestros reinos. Y que a cada uno de los dichos indios les haga señalar cerca de las dichas casas, heredades en que labren y siembren y puedan criar y tener sus ganados, sin que el uno entre ni tome lo del otro, y cada uno conozca lo que es suyo, porque tenga más cuidado de lo labrar y reparar.

3. Otrosí, mandamos que el dicho gobernador ni la persona o personas que por él fuese nombradas para tener cargo de las dichas poblaciones, ni alguno de ellos, no consientan que los dichos indios vendan ni truequen con los dichos cristianos sus bienes ni heredades por cuentas, ni por otras cosas semejantes y de poco valor, como hasta aquí se ha hecho. Y que cuando algo les compraren sea por precios justos o trocándoselos a ropas para su vestir que valgan la cantidad de lo que así vendieren. Y haga que en todo, los dichos indios sean muy bien tratados y mirados, porque con mayor cuidado procuren por hacer las casas y labren y críen ganados para sus mantenimientos.

4. Otrosí, mandamos al dicho nuestro gobernador y las personas que por él fueren nombradas, den orden cómo luego se haga iglesia en cada uno de las dichas poblaciones que así se hicieren, para que en ellas se digan y celebren los divinos oficios y que en cada una de ellas ponga un capellán, el cual haya de tener, y tenga, cargo de enseñar a los dichos indios cómo se han de santiguar y cómo se ha de encomendar a Dios y hacer oración, y cómo se han de confesar y hacer todas las otras cosas que convengan para ser bien doctrinados. Y asimismo les hagan venir a la iglesia cada día, para que allí hagan todo lo susodicho.

5. Otrosí, mandamos al dicho nuestro gobernador que luego haga hacer en cada una de las dichas poblaciones, y junto a las dichas iglesias, una casa en que todos los niños que hubiere en cada una de las dichas poblaciones se junte cada día dos veces, para que allí el dicho capellán los muestre a leer y escribir, santiguar y signar, y la confesión y el Paternoster y el Avemaría y el Credo y Salve Regina.

6. Otrosí, madamos al dicho nuestro gobernador que luego dé orden cómo los dichos indios no hagan las cosas como hasta aquí solían hacer, ni se bañen ni se pinten, ni purguen tantas veces como ahora lo hacen, porque somos informados que aquello les hace mucho daño. Antes, en lugar de aquello, provea como en los días de las fiestas que la Madre Santa Iglesia manda guardar, hagan las dichas fiestas, crin tanto que no se bañen ni pinten como dicho es, y que tenga mucho cuidado de los hacer apartar de todos los errores en que están.

AGI. Indiferente general, leg. 418, lib. I, fol. 94v, Publicada en CODOIN América, t. 31, (1895), p. 156.

Fuente:

Francisco de Solano. Cedulario de tierras. Compilación. Legislación agraria colonial (1497-1820). Instituto de Investigaciones Jurídicas. Universidad Nacional Autónoma de México. Primera edición: 1984. Segunda edición: 1991. México.

http://biblio.juridicas.unam.mx/libros/libro.htm?l=387