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Siglo XV > 1490-1499 > 1495

Carta de Cristóbal Colón a los Reyes Católicos.
Vega de la Maguana -La Española-, 14 de octubre de 1495.

Christianísimos e muy altos e muy poderosos prínçipes rey e reina, nuestros señores:

Con Antoño de Torres yo escreví a V. Al. cómo esperava en nombre de Nuestro Señor Todopoderoso de ir y estar todo este verano en ver las tierras d'estas islas por la mayor parte d'ellas, en espeçial la provinçia de Çibao por causa de las minas del oro, y dar horden para que se labrase[n] en ellas y pasar allí donde vivía aquel grande caçique Cahonaboa y travajar que ovedeziese a V. Al., porque me paresçió qu'era verdad que en éste consestía todo lo d'esta isla, no porque no aya otros mayores y tan grandes caçiques, mas no ninguno, mas d'este, en la guerra ni osado ni atrevido. Y dixe que, si con él no pudiese aver conçierto, que le faría todo el mal que pudiese, porque, allende lo que yo digo (que) en él consiste (todo) lo de la isla, mató a 20 christianos el primero viaje durmiendo seguros en sus propias casas por roballos, aunque otros indios me dixeron qu'él fue engañado por otros caçiques que, por matar y robar los otros christianos qu'estavan en la isla, enbiaron a dezir a él que los christianos no avían ido a su casa salvo por le matar y robar las mugeres; y él lo creyó ansí que entr'ellos lo acostumbravan, y en especial los prinçipales.

Y ansí partí en nombre de Dios, luego que ove despachado el dicho Antoño de Torres, en el mes de março, aunque yo no estava del todo bien libre de la enfermedad que ove cuando vine a descubrir la tierra firme; y así partí para ir a Sancto Tomás y acordé de llevar el camino por la Vega Real arriba, por ver e sentir de Guarionex, el cual (es) uno de los tres caçiques mayores de la isla porqu'él me avía enbiado muchas vezes presentes e a dezir que le plazía de fazer todo lo que yo hordenase, y era enemigo d'este Cahonaboa, y (a) esto también, porque no se conformase[n y] con otros caçiques para (ir) contra nosotros.

Y así plugo a Nuestro Señor que me esperó, que, aunque me enbiavan presentes, tienen cobrado un tan grande temor que no osan esperarme y se fuyen a las agras sierras. Ni yo les hize jamás mal, antes les enbío dádivas y halagos a sus criados y a su gente cuando me los embían, ni e usado crueldad con nadie. Todo esto es voluntad de Dios (y) milagro evidente, porqu'es çierto que ay aquí tanta gente que, en nombre de dezir, que sólo con el soplo, si ellos osasen, nos hechasen sin tocar de los pies hasta Castilla, ni son de poco ingenio ni fuerza ni rudos en pelea. Tenía yo [y] por esto proveído con tiempo, que hize formar a un indio de[l]los que llevé a Castilla [e], aunqu'él no sea d'esta tierras, hize que Guarionex casara con él a una su hermana, y éste le asentó muy mucho.

En todo el tiempo que yo fue no esperavan, salvo que yo tenía primero derramado mucha gente por los términos de la tierra donde él vive. Esperóme y dixo que quería ser mi hermano, lo cual nunca él avía alargado a nadie, y hizo grandes fiestas. Al cavo de ocho días fui mi camino a Sancto Tomás y tuve forma de prender çiertos caçiques prinçipales de Çibao, porque avían provado a matar de nuestros christianos. Y estando en esto, ove cartas de una compañía de nuestra gentes, la cual [avía] enbiado a ver todas las sierras y tierras hazia la otra parte de la isla, y me dezía cómo avía venido a parar donde vivía Cahonaboa y le avían movido y fecho determinar a benir a la Ysavela, diziéndole que yo le faría grandes fiestas y daría grandes dádivas.

Plúgome de la enpresa, porque sabía que la tierra donde él bivía hera lexos bien setenta leguas y en lo más fuerte y mejor de la isla, una vega toda ferrada de grandísimas [sierras] que, aunque se le ganase la tierra, que jamás se podría aver su persona. Tenía yo d'esto mucho cuidado y ello, porque todos los prinçipales de la isla miravan a lo qu'este Cahonaboa haría, y no tenía[n] ningún miedo, antes esfuerzo en él, porque avía muerto los christianos. Abasta que, estando nuestra gente con él inportunándole por la venida, en aquel tiempo llegaron mensajeros de otros muchos caçiques d'esta comarca a le rogar que nos biniese a hechar de aquí.

El cual vido buen tiempo de dezir a nuestra gente que le plazía de la venida y a los mensajeros de los otros tanbién, salvo que primero quería procurar esto, disimulando de venir en manera de amigo y ver si le saliría por este modo bien su enpresa. Y a Nuestro Señor no plugo que le aconteciese salvo de todo mucho al contrario: quedó él preso y [de toda su gente y] después toda su gente de la tierra donde él vevía, como yo diré después a su tiempo.

Después d'esto fecho me bolví a mi empresa para andar todas las tierras de las islas que yo pudiese, y hallé toda la parte la tierra muy destruida de mantenimientos, y tanto[s], que eran muertos inumerables indios de hambre, que una compañía de nuestros christianos, que yo avía enbiado a la otra parte de la isla porque viesen la dispusiçión de la tierra y los caminos, avían estado diez y seis días que no comieron salvo frutas y yervas, y que en la Ysavela no avía de nuestros mantenimientos salvo para los enfermos y otra poca de gente, ni (?) en todas las plantas ni los sembrados, ni podía ir yo a Çibao, porqu'esta probinçia hera más necesitada que todo otro cavo y en quien más gente hera muerto.

Y mueren [por qué mueren] porque luego que nos venimos aquí a esta tierra, procuré saver [en] esto del oro más que en otra cossa, e como [es] esta provinia d'ello la madre, hize edificar allí esta casa de Sancto Tomás; y los indios que allí estuvieron destruyeron ellos mesmos todos los panes, creyendo que por la hanbre dejaría la tierra, y dexaron de coxer oro y usaron, y oy día usan, de todo lo que pueden porque no falle[n] más ni aya d'él. Después que vieron que yo todavía estava firme, acordaron de plantar y sembrar toda la tierra, porque se morían de hambre, y entonçes no les acudió el agua del hielo, y quedaron tan perdidos y se murieron y mueren qu'es maravilla, que otra cosa no comían ni comen salvo pescados e unas raízes salvajes de la isla. Allí en la tierra adonde vive Guarionex, qu'es en la Vega Real a las faldas de Çibao, en medio del corazón de la isla, fallé que avía pan, y él me proveyó muy bien y a toda nuestra gente.

Y visto que yo no podía salir de allí ni ir a parte ninguna de la isla por esta neçesidad que yo digo, y visto cómo hera lugar tan idóneo y bueno y en medio de la isla en tan buena comarca, y visto que la creençia de los indios era que yo con todos los otros, vien que ansí andoviésemos por la tierra, que muy presto partiríamos para Castilla y que no teníamos para otra cosa aquellas naos e no teníamos aquí las mugeres y fijos, e porque yo tenía mucha gana que se dexasen d'este pensamiento y se determinasen de se dar con toda ovediençia a V. Al. y les dar tributo, determiné de hazer allí una fortaleza serca de Guarionex al pie de Çibao; y está ella en buen término e es la mejor cosa que ayamos fecho así de obra como en probecho; e soy bien çierto que, si V. Al. la viese, le paresçería bien, que, como digo, está en Çibao al pie de la Vega, y veen d'ella todo a la redonda cuanto los ojos pueden alcançar; biene una fuente en el patio que hecha un chorro de agua como el brazo, de la mejor del mundo, y se puede fazer subir bien tapias en alto. Llamamos a esta casa de Santa María de la Conçebiçión.

De aquí adonde ay minas y ríos de oro no ay más de tres u cuatro leguas, y fasta Santo Tomás nueve, e en medio del camino de la Ysavela ay una mina muy grande y muy señalada que nuevamente avemos descubierto y fallado, de la cual diré después a V. Al. más largo. Esta es casa tan alegre y de tan buenos aires y lugar tan templado qu'es maravilla, y se puede hazer tan fuerte para entre christianos que no la aya la semejante en el mundo y con tantas buenas co[m]marcas. Este hedifiçio y el desfazer de las naos, las cuales heran ya viejas e innabegables, avía quitado a los indios la opinión de me ir a Castilla; con todo no çesan de preguntar a los nuestros por ello.

Estando así en esta obra, el deseo de saver bien esta provinçia de Çibao y provar de saver este fecho del oro de contino me dava molestia. Determiné de imbiar algunas cuadrillas con [d]el pan que allé en la Conçebçión, para acavar de andar e esplorar toda la provinçia de Çibao. Fallaron en todo cavo que avía oro, más en un lugar que en otro, como se deve de creer de tanta tierra.

E yo tanbién fui en persona en parte d'ella y fallé la mina del cobre, de adonde salió el grano que yo enbié a V. Al., y otro que tengo que pesa más de cinco arrobas. Fallé otras muchas [señales] de oro a las cuatro leguas, de adonde salió un grano que pesa veinte honzas. Sobr'esto de buscar del oro me pusieron los indios todos los inconvinientes que pudieron; e yo, visto que por causa de los mantenimientos a aun por no tener las personas y aparejos (?), disimulé con ellos y vi que ninguna cosa ay de que tanto se agravien y ayan enpacho como de nosotros ir a sus casas. Les dixe que yo me dexaría de cavar las minas, si me querían dar en nombre de V. Al. cada cuatro lunas llenas la mitad de un caxcavel lleno de oro cada cabeza; y ellos dixeron que los plazía.

An començado, mas aunque algunos lo puedan cojer en tres días, la hambre es tanta que ninguno lo pueda proseguir. Yo hize esperimentar si hera posible si en tres días lo pudieran cojer, y fallé que algunas personas, que vien savían cogello, cogen lleno un caxcavel en que avía más de ocho castellanos; verdad es que ay lugares y caçiques donde no tienen tan buenos ríos y tan [buen] aparejo como otros. Concluí con ellos que me darían el dicho caxcavel a las cuatro lunas, e yo daría al caçique prinçipal un baçín y, a los demás, 'tureyes' en foja, qu'es latón, tanto como el dedo.

Si salen d'esta hambre yo espero en Nuestro Señor de sostener este partido con ellos e no ser de pequeña renta. Yo mandé por toda la provinçia escrevir todas las personas de caçique en caçique, mas nunca se pudo fallar la cuarta parte, porque todos estavan derramados por las sierras e[n] disiertos para buscar raízes para mantener las personas. Tornará la tierra a su primero ser plaziendo a Nuestro Señor, y nos dará todo el oro que V. Al. quisiere.

Y no dubden, y crean que mi parezer çerca d'este oro es más que de primero; y allende de lo que se cavará, se abrá en [breve] gran suma cada año de tributo, y de las otras provinçias que no están çerca de Çibao algodón y pimienta y cosas que baldrán oro, y qu'esto, si plaze a Nuestro Señor, será muy presto en forma que casi ya lo es, que esto de Çibao ya está hecho; e[n] la esterilidad de las tierras de las otras provinçias no será causa que no hagan la gente d'ellas otro tanto, ni tanpoco será menester acá tanta gente de sueldo, como yo escreví con Antoño de Torres a V. Al., porque toda la isla está llana y todos ovedezen a V. Al., como yo diré abajo, así que, quitando el gasto y cresçiendo la renta, será muy buena. Y sobre todo espero en Nuestro Señor que sin dubda serán muy presto christianos, que ni falta salvo por lengua.

La isla es muy grande y boxa seiscientas leguas de cuatro millas cada una, como lo acostumbramos en la mar; verdad es que, para aver de sostener qu'esta gente toda pague tributo çierta cosa, como en ello están ya puestos, que era menester en cada provinçia una casa fuerte y gente nuestra a lo menos por tres u cuatro años, si por más no se quisiese hazer gasto, fasta que ubiesen bien continuado la paga; y creo que, cuanto más andoviese el tiempo, que mucho más cresçería la renta, y sembrarían algodones y pimienta, qu'estas dos cosas naçen y darán fruto muy presto, y son no de poca estima.

Yo he siempre tenido este negoçio d'esta isla en grande estima, y cuanto más ando más me contenta y veo razón a que siempre me afirme a lo que yo tengo escripto; y tengo fe en Dios Todopoderoso que lo cunplirá ansí e nos dará lo que viere e fuere necesario, si no se pierde por inconstançia: es d'estar muy firme a las cosas de su serviçio, ansí como de V. Al. siempre se a conocido, y remitir el tiempo y la cos[t]a a Su alta diligençia.

Por ende, tan[to] poco no es bueno de estar tardo, salvo de travajar con este fin que yo digo y descargar en ello y asentar en el ánima con contentamiento pues qu'es çierto qu'Él conoze que todo se haze por su serviçio, y no tomar pena por cosa que nos venga; y pueden tener por muy cierto aquéllos que en este término andan que, cuando Su alta potençia no da lo que se demanda, que lo dexa porque no es Su serviçio y no quiere la tal cosa. Y nosotros con esto devemos estar muy alegres y perseverar en la oraçión y buenas obras de continuo e firmarse allí e sobre esto bivir descansados.

Toda la isla está tan sojuzgada, y la gente d'ella saven y tienen por çierto de pagar a V. Al. tributo, cada uno çierta cosa en tantas lunas. Y para poner este negoçio a perfiçión es menester gran soliçitud, y para esto en cada provinçia, como dixe arriba, una casa; e boy traba[ja]ndo en lo que más neçesario me paresçe, y es esto de Çibao y des[a]poderar a Cahonaboa: lo uno y lo otro está ya en buen término.

En lo de Çibao tenemos ya casas y gente, y se embiará estotro a V. Al., que está preso su persona. La estraña hanbre, que en toda la isla y en espeçial en Çibao a sido y continúa, me a fecho mudar la esperança, porque en la provinçia tenía yo conçierto con tantos caçiques que bien [a]llegavan çincuenta mili 'naborías', a que vasallos llamamos, y escripto la mayor parte d'ellos. Y el conçierto hera que avían de dar un caxcavel lleno de oro cada cuatro lunas, como dixe arriba; mas la neçesidad y hambre a sido causa de la muerte de más de los dos terçios d'ellos, y no es acavado ni [se save] cuándo se puede esperar el fin, si Nuestro Señor no lo remedia por milagro, porque, como dixe, allí en esta provinçia por causa del oro corrimos luego.

Allí dexé a mosén Pedro cuando yo iba a descobrir, y bien que yo le dixe que se partiese d'ella y no la acavase, no lo hizo ansí, y tanbién ellos mismos destruyeron los mantenimientos porque se fuesen de allí los christianos; y después que acordaron de sembrar, no los acudieron las aguas, e agora ya estava toda la tierra buena y llena, mas la neçesidad no ha dado lugar que comiesen el fruto maduro, y ansí en verde todo lo an comido y desperdiçiado; y me temo de mayor dampno de lo venidero, si Nuestro Señor de su graçia allí no provee. Por otras mis cartas dixe que los 'ajes' y 'yucas' son las raízes de que hazen el pan, y que todos los otros mantenimientos, después de sembrados, a los veinte y çinco días davan fruto; no avía yo bien entendido, ni es maravilla, porque aun a los ocho días naze y a los veinte y çinco engendre la raíz a que yo llamo el fruto de los ajes.

Fasta çinco lunas pasadas no son comederos ni la yuca hasta las diez son grandes, y si antes los cojen, todos se desperdiçian y no faze obra siento por uno; de un año son buenas y en perfectión, y de diez y ocho meses y cuanto más están, hasta los cuatro años, siempre son mejores y más gordas y más provecho hacen y dan el pan más sustançial y blanco. 'Mahíz' es mantenimiento preçiosísimo; éste faze la espiga y grano gordo como havas; espeçería es, y bien lo conocía un fraile [a]droguero en Sevilla.

Este da fruto en cuatro meses, y ansimesmo el 'maní', qu'es fruta que debajo de la tierra naze y es acá gran mantenimiento y en todo el año lo siembran y tiene[n] sazón, como todas las otras cosas, porque siempre para todo ay sazón entera. Y crean que d'esto no e mal entendido como de otras muchas cosas de las costumbres, de que, como digo, no es maravilla, ni se a perdido nada por el escripto ni perderá, aunque todo por entero no se entienda. Guarionex y otros d'estos caçiques ya truxeron el tributo, mas no el caxcavel lleno y no salvo poquita cossa.

Reçebíselo y les fize tan buena cara como si todo lo dieran por entero. Hízeles dezir después que lo remediasen porque no avían cumplido, porque no quedasen con este fuero; respondieron muy bien y dixeron que no sería ansí en lo benidero, y que la hambre avía sido causa d'ello, y que no benían porque les paresçiese traer algo salvo por cumplir la ovedençia, porque vien heran çiertos qu'esto hera lo que más yo tenía en estima, e que vien sabía yo sus grandes neçesidades.

Dulçemente es de tratarlos a benibolençia y no con agruras, porque no despueblen y se bayan de la provinçia; antes es de procurar de llegar allí gentes de otras partes, y si éstos de Çibao an sido muy traviesos, ya se arrepienten, porqu'el castigo que se les a dado no a sido menos de su desconbenençia, y fue muy neçesario. Esta provinçia, como muchas vezes e escripto, es muy montañosa y de muchas sierras, y la gente d'ella ansí son más rudos y aldeanos.

En lo de nuestra santa fee siempre procuro de dársela bien a entender a la parte que conviene, porque conozcan que sin ella nadie puede ser salvo. Yo creo que, si oy llamasen a todos los caçiques y pueblos d'esta isla que se baptiçasen, que todos bernían corriendo, mas no creo que sepan ni entiendan a cuánto llega este santo misterio.

Ninguna detenençia abría si uviese lenguas, ni para esto faría al presente mucha neçesida[d] maestros en Santa Teología, salvo solamente quien claro en su lengua les supiese contar por ystoria el Génesis y la Encarnaçión de Nuestro Redentor con todo lo que con esto conviene. Ellos son gente que, por oír, estarán y vernán de[l] cavo del mundo, y se estarían sin comer escuchando, y sin dubda luego querrían ser christianos. Nuestro Señor lo provea en su santa piedad y nos adereze en su vía santa.

Cahonaboa después de preso travajó su librança y me enbió a rogar que, pues la tierra en qu'él vivía hera de V. Al., que yo enbiase a [la] defender de sus enemigos, los cuales entravan por ella robándola, y tanbién porque no le tomasen lo qu'él tenía, que para entre ellos era riquísimo de cosas que entre nosotros no valen blanca. Todo esto fue con maliçia y atreviéndose que, si yo allá enbiase gente, que sus hermanos e parientes los prenderían y saldría de nuestras manos por esta puerta.

E yo otro tanto pensava en el contrario y confiava en Nuestro Señor que bien podía correr toda aquella tierra sin miedo de lo qu'él tenía e imaginava, y que sería bien de ir allá por temoriçar todas aquellas tierras y las otras provinçias, porque no le paresçiese que dexávamos de pasar a ellas por alguna cosa, [e] porque en esto conoçería mucho toda la isla. Y ansí enbié allá a (?) Hojeda con setenta personas; a los cuales un hermano de Cahonaboa luego allí les puso çerco, y ellos se fortaleçieron muy bien, porque vían [que] en el conçierto d'este indio [que] andava [en forma] mucho en gran manera por razón de guerreador, y traía mucha gente en batallas hordenadas en forma y con tanto conçierto como si fuera en Castilla o en Françia.

Hordenó éste çinco batallas de su gente, y cada una puso a su estançia; el cual asentó su vandera en fuerte çerro açerca de los christianos dos tiros de vallesta, y desde allí proveía a todas las otras vatallas, las cuales todas, aunqu'estobiesen lexos y repartidas, se movían hazia un punto a los christianos por conçierto.

Tomaron buen consejo los nuestros y salieron al camino a la mayor batalla, la cual venía por lugar dispuesto para cavallos; certificáronme que los indios heran más de dos mill personas, todos cargados de sus baras, las cuales echaron con aquella tiradera más apriesa que con un arco; y todos ellos eran tiznados y pintados de colores con guaízas y espejos y carátulas y espejos de cobre y de oro en la cabeza, dando grita espantable, ansí como acostumbran, a tiempos çiertos.

Una parte d'ellos estavan conçertados por esperar los cavallos en el campo y se abrazar con ellos y los derribar en el suelo, mas su pensamiento les salió en yerro, que pensaron de derribar los cavallos; y bien que su pensamiento pusiesen en obra, los cavallos derribaron a ellos; e a cuanto[s] se les ponían delante, [a] todos los tropellavan y dexavan muertos.

Milagro evidente fue éste y no poco señalado: que con pocos christianos pudiesen salir de las manos d'éstos, que eran multidumbre de gente y ofreçidos ya a la muerte. Rompióse esta vatalla, que era la prinçipal, y todas las otras fuyendo dexaron el campo. Yo estava en la Conçebçión, y la grande ventura que, al tiempo d'esto, no avía aconteçido; e un indio vino a mí, y d'él supe el peligro en que los nuestros quedavan y les proveí lo más presto y por la mejor forma que pude.

E visto cómo todo[s] lo[s] de la Ysavela en este casso consistía, me partí también para allá, [y] bien que el camino fuese muy largo y malo. Desistiéronse los indios de la empresa y se fueron a la[s] sierras, adonde aún agora andan, bien quebrantados y a(r)repisos por lo que cometieron y bien ganosos de nuestra amistad y pagar tributo. Llámase esta vega donde vivía Cahonaboa la Maguana; es çerca de las sierras muy ásperas y ella es muy fermosa y abundable de muchas aguas, de las cuales se sirven por açequias como en Granada.

Estuve yo allí fasta que las caravelas llegaron de Castilla, que yo me vine a la Ysavela y dexé los indios bien castigados, porque dos vezes avían puesto las manos en nuestros christianos gravemente y muerto d'ellos sin culpa; quedaron bien castigados en las probinçias que con ésta comarcavan, y la gente d'ellos muy alegres cuando ovieron asentado conmigo de dar tributo a V. Al. una çierta medida de algodón, en que podía aver una arroba, por cada cabeza en tres lunas, que por allí no naçe oro; pimienta darán tanbién si se la demandan.

El año pasado, cuando yo torné de descubrir, truxe los navíos muy fatigados ansí como la gente. Fue menester de lo[s] barar en tierra para les mudar el plan[o] a todos tres, y me [a] aconteçido con los carpinteros como con todos los oficiales que acá an benido, que, allende de ser malos maestros, no se puede con ellos que hagan cosa: tan en poco tienen sus conçiençias.

Yo no sé por qué lo desean hazer así, porque de mí no reçiben mal ninguno. Prometióseles el sueldo como a buenos maestros que dezían que eran, que fasta aquí se les avía pagado sin que fuese justo, antes algunos mereçían pena, porque vino hombre por carpintero que no conoçía la hacha. Vernaldo de Pisa puso muchos d'estos ofiçiales o moços d'espuelas por carpinteros y otros por marineros y a otros por lombarderos. No sé a qué fin fue lo d'este hombre, si por roballos a ellos o por inpedir la hazienda de acá que no fuese adelante. Y ansí como éstos vinieron con engaño, ansí fue de otros muchos.

Yo escojí toda la gente, a éste quiero y a éste no quiero, y sobre más de mill personas; después, al alarde que se hizo en los navíos, no hallé la terçia parte salvo todos trocados. Yo creo que Juan de Soria sabrá bien dar razón d'esta cuenta: yo no lo pude remediar, porqu'el tiempo y viento hera bueno para la partida y V. Al. me dava priesa, mas bien me ha costado a mi persona la cavalgada, porque, adonde yo tenía reçibido gente de bien, binieron muchos desconçertados, que aún no salgo de enojo cuando ya estoy en pena.

De doze partes las honze vinieron por cobdiçia. Creo çiertamente que por esto Nuestro Señor tenga la rienda. Juraron en Sevilla sobre un misal y un cruçifijo de guardar bien el serviçio de V. Al. y el pro de su hazienda, y que no traerían resgate.

Acá les tomo atanto que todo un año hize la costa; y después que yo partí de descubrir, se abajó el latón que vino al juego como moneda, y la cosa que yo dexé en preçio de un cabo de agujeta [o] de un caxcavel no lo daría agora por un rollo ni tres gruesas. Recibo yo pena por ver perdida la conçiençia, [e] más por el otro daño: qué respondería a los indios si entendiesen de todo esto, cuando se les fabla de nuestra santa fee, diziendo que no es tan recta. Fuera muy bueno que fray Buil truxera muy debotos religiosos así por este remedio como por todos los otros en qu'estamos, pues V. Al. le avía probeído por manos del Papa.

Mucho servicio hará V. Al. a Dios a enbiar acá algunos frailes debotos y fuera de cobdiçia de cosas del mundo, porque nos den buenos exemplos que, çierto, bien nos falta, y dolerse de las cosas malignas. No reçiben la mala bida de los mantenimientos ni de la templanza de la tierra, porque ya es pasada la fortuna, y vivimos largamente; proveerse a de todos los mantenimientos para un año, y ansí se siguirá de contino.

Fallarán muy buenas huertas y muy muchas aguas y hermosas tierras y se les dará[n] fruta fresca todo el año y de todas cosas del huerto en todo tiempo, y se les fará muy buena casa. Dévelo fazer V. Al., porque nosotros emos más menester quien nos reforme la fee que no los indios tomarla. Torno a mi propósito de los ofiçiales, digo de los carpinteros, ansí como de los otros, que mill vezes con achaque se escusan de las obras.

Luego que yo aquí llegué de la tierra firme, hize barar los navíos en tierra, porque en el mes de mareo fuesen adovados e partiese dende Bartolomé a descubrir el Catayo en buena ora. Hago juramento que aún esta semana acavaron los dos d'ellos y hera obra que en Castilla dieran en cuarenta días fecha, ni tovieran todo el aparejo ansí presto como aquí se les dava. No dexara yo de enbiar al Catayo por vía de los mantenimientos, bien que estuviésemos en neçesidad, si las caravelas estuvieran adovadas a buen tiempo; la mayor queda por remojar en tierra.

La nao Gallega, aunque no se perdiera en la mar, apodreçiera en tierra, porque avía menester muy gran adovio. No crea V. Al. que todo esto nos falta por diligençia ni por ingenio ni porque no se faze áspero y dulze y con mill artes, que çertifico a V. Al. que, después que estoy acá, se me a acortado diez años de vida, porque me angostio en gran manera en ver tan poca fee y temor de Dios. Este adovio de los navíos a sido causa de aver perdido el descubrir este año y de pagar la gente de[l] mar, aunque en la tierra todos an travajado lo que an podido.

La nao grande ya avía bien servido y hera ya innabegable: la una y la otra bien pagaron la costa para estar aquí en lo que se avía limitado, porque ambas se truxeron por fortaleza en las Yndias; agora ya están todas llanas, y nos muy fuertes en la tierra adentro. Yo las mandara desfazer amas, porque navegar sin adovio muy grande hera inposible; y de cuanto nos aprobecharon aquí en el comienço, agora nos inpiden en la ovediençia de los indios, en la cual estavan endereçados, diziendo que en ellas nos queríamos ir a Castilla, e no lo podían creer, e aún agora no se quieren creer por muy çierto, que ayamos de estar aquí para siempre de contino.

En el mes de jullio en un 'Memento' se engendró un viento con un terremoto y tanta tempestad del hielo no muy lejos, do vino por línea derecha de parte de levante por esta sierra al luengo de la mar, arrancando los árboles que dende la criança de Adán heran nacidos; y vino a parar aquí a la Ysavela, adonde sin ninguna tormenta de mar quebró las amarras a estas naos y las hechó a fondo junto con tierra.

No peligró en ellas criatura. Espantados quedan los indios, en espeçial los antiguos, que dizen que jamás acaeçió otro terremoto que acá se supiese, e nos hechan culpa. Una cosa acaeze aquí que paresçe maravilla, que después que aquí estamos an cresçido las aguas de la mar más de dos brazas de tierra adentro, que, adonde solía ser seco, ay fondo. El puerto es bueno y se amuestra en todas estas tierras no deve aver avido tormenta jamás, porque los árboles y yervas están metidas hasta el agua.

Otro puerto tenemos aquí al este a tres leguas, que de Gracia se llama. Cabrán en él todas las naos del mundo; la entrada será de setenta pasos y allí todas las naos pueden estar sin amarras. Otro tenemos aquí al poniente como Montechristo, no menos digno que el primero. No se hizo aquí la poblaçión por defecto de las aguas dulçes y la salida de la vega. Cuando esto acontesçió yo estava en la Conçebçión edificando en la casa, mas no hize mengua.

Por no perder tiempo e porque se hiziese algo en las cosas de la mar, enbié una fusta de remos a descubrir la isla de Babueca, la cual nos demora aquí al norte; y la fallaron con otras veinte y dos o veinte y tres [islas] entre grandes y pequeñas. Todas son pobladas d'esta gente, y fallaron grandes pesquerías y en especial de caçones, según dixeron, e en cantidad, como al cavo de Bojador en Guinea, allí donde tenían el debate los de Palos con los portugueses, porque es cosa rica.

Bolvióse la fusta por falta de mantenimientos, y después tornava a la enpresa, y el viento contrario la llevó a una isla en comarca aquella de San Salvador, la primera en que yo desçendí en las Yndias. Hera ésta bien poblada, y allí fallaron rastro de perlas, como berá V. Al. Por las otras cosas. Tornó aquí la fusta sin que pudiese tornar a mirar esto [d]esta pesquería, la cual, si ansí es como cuentan, vale tanto como una mina, porque en Guinea no pueden pescar salvo dos meses del año, y aquí pescarán de contino.

Los mantenimientos nos a estorvado mucho: cuando las caravelas en que fue Antoño de Torres partieron de aquí no nos quedaron çien cahíçes de trigo; e es un año, y por las personas que acá estamos, a nueve çelemines en el mes, no nos bastan cuarenta y çinco cahízes al mes, ni nos quedó salvo doze toneles de vino, y de todas las otras cosas muy poco. Infinitísimas graçias sean dadas al eterno Dios, que aunque [en] toda la isla a avido tanta hambre, a nos siempre a da[n]do pan abondo.

Bien que la hambre aya sido y es tan grande en la isla y nos aya estorvado de saver muchos secretos, Nuestro Señor me dio forma que harto e savido e visto. Ya dixe que en toda la provinçia de Çibao se halla oro, y mayor cantidad en un lugar cavando que en otro. D'estos tales e bien hallado doze que, cuanto más se ba al fondo, se hallan granos más grandes. Ya dixe que se avía hallado uno que pessó veinte honzas, y el mesmo muestra que no está solo. Una mina de aquí hallé que me pareze muy fina; otra de cobre, de la cual se sacó grano de çinco arrovas, que creo que tiene liga; todo esto es a la redonda de Santo Tomás.

Y hallé dos montañas grandes en que ay mucho ámbar, del[a] cual verán V. Al., y otra en que ay mucha piedra verde. De otra sierra en que ay mucho ámbar me dieron nuevas, y de otras dos minas de cobre y otra de azul. Los mantenimientos nos hazen mucha dificultad a labrar algunas d'estas minas de mar; en sierras no fuera tanta, si en la isla o en la comarca oviera pan en abundançia. Si se persevera a traer acá bestias, presto abrá recuas, y tanbién no se debría de dexar de enbiar acá maestros de minas y aparejos para labrar en ellas.

Entretanto haré yo lo que pudiere. Yo tenía conçertado ya [con] caçiques que tenían çincuenta mill 'naburías', a que nos basallos llamamos, que todos avían de dar un caxcavel de cuatro en cuatro lunas, y con grande parte d'ellos en tres lunas fue el conçierto primero: llegava esto más de un cuento de ducados cada año.

Subçedió esta hambre y muerte que a sido más que pestilençia, y proseguí todavía más en esto de Çibao que en otra parte, que, como dixe arriba, luego en la primera [vez] que vine a la provinçia hize allí estançia, e arrancaron los indios los panes y destruyeron la tierra, pensando que la neçesidad nos hecharía. Yo hize proveer la gente de bastimentos nuestros con recua, y ellos, después que vieron la porfía, sembraron y demandaron paz, porque muchas vezes avían provado con nosotros la guerra.

Las aguas del hielo no les an acudido a sus panes y simientes y, çierto, faltan las tres o cuatro partes de la gente de la provinçia y no es acabado, que, aunque después de llovido ayan sembrado y mucho, no lo an podido esperar que madure, y ansí lo an comido en fresco, que ya está como de primero; berdad es que siembran de contino, mas la hambre no los da lugar que lo dexen llegar a perfecto. Nuestro Señor probea allí y a todo cavo su mano de misericordia.

Ya an començado a pagar, como dixe arriba, el tributo. No fue el oro cosa de sustançia, mas en mucho tove la forma agora al tiempo de la paga (?) y la causa del çerco de nuestros christianos me hizo pasar bien setenta leguas, y después fue menester el despacho de los navíos.

Los indios que allá se enbiaron quiso bien Nuestro Señor, porque acá murieran de hambre como sus vezinos y no fuera ninguno d'ellos christiano[s] ; tanto, yo creo, tanto fuera d'estos otros. Y si allá murieren no crea V. Al. sea por el frío, porque acá ay lugares donde lo padezcan tan áspero los desnudos como en Burgos aquéllos que traen ropa.

Yo e visto acá a las vezes toda una vega blanca de helada, y se a visto mucho yelo, e esto en el mes de agosto; y en este medio tiempo, cuando yo fui al çerco de nuestros christianos, se helaron cuatro indios en el camino adonde un agua del çielo llovió sobre ellos. Digo qu'el frío no es la diferençia a los indios, salvo el provar de la tierra a nadie casi perdona. Yo los beo acá tan regios y dispuestos y hermosos qu'es maravilla, y agudísima gente todos a una mano, y sus obras dan d'ello testimonio. Ellos son muy grandes caladores y andadores qu'es maravilla: yo e visto continuar treinta leguas a algunos d'ellos.

Comen muy poco salvo si les es dado de otras personas, que comerán por tres de nosotros. Sus viandas son todas muy ligeras y degistivas, y ay las mejores aguas que ay debajo del çielo, aunqu'ellos beven muy poco. Ansimesmo las mugeres travajan qu'es maravilla: ellas mesmas plantan la yuca de que hazen el pan y los ajes y los cogen y todo otro mantenimiento. La caça y pesquería es ofiçio d'ellos y cabar la tierra para sementera.

De todo lo otro probeen las mugeres, y no las caçicas, qu'éstas están más regaladas y con descanso que hijas de duques en christianos; no serán buenas esclavas para servir, mas saben labrar de mano cosas de algodón bien sotiles; las otras cre[er]ía yo que no las aya las parejas en el mundo, ni moras ni de otras tierras, y ensimismo digo de los hombres para deprender cualquier cosa sotil y letras, y digo que creo que [a] una mano no los aya más de ingenio y en espeçial si son moços.

Lo que creo [es] que allá los indios, después de [le] provar la tierra, le haga dampno el [mal] govierno y mucho comer y viandas pesadas. Veirán V. Al. qué tales salirán aquellos que tubieren buen gobierno, que les çertifico que no ay dinero que los compre; y vean si será bien tomar seis o ocho muchachos y fazellos apartar y deprender letras en el estudio, que creo que saldrán en deprender en breve tiempo: bien presto ellos deprenderán allá y nos acá su lengua, y abrá lugar nuestro deseo.

Acá abemos conocido que una gran parte de los árboles son de moreras y avemos fecho la prueva. Haríase acá seda todo el año, porque jamás pierden la hoja y dos bezes dan fruto. Dizen algunos que saven del ofiçio que sería la seda, que aquí se podría hazer, cosa estrema. De algodón no ay medio, y asimesmo de la pimienta, con otras cosas de espeçería y tinturas, como yo ya e escripto otras vezes. De la pesquería ya dixe otras vezes arriba, mas no de un pescado que acá llaman 'manetí', qu'es mayor que un bezerro, y la carne d'éste no tiene[n] conparaçión con todo lo otro.

Yo bien enbié el otro día la barca con una red nueva a Montechristo porque matasen alguno para V. Al., y su mal navegar y no tener en estima cosa hizo que se hanegaron; y fue castigo de Dios que nos amuestra, que aunque yo más escriviese, no podría dezir cuánto acá se nos a olvidado la conçiençia.

Y todavía no cree nadie que Dios bea; yo sé que castiga y no pasa así de ligero las cosas del des[a]gradeçimiento. Rónpense a las vezes las cuerdas y quedan los navíos en peligro, y los marineros hechan la culpa qu'es el cáñamo malo y son viejas, e yo digo que son señales por donde Nuestro Señor nos amuestra; mas todo es predicar en desierto.

Yo enbío a V. Al. a Cahonaboa y su hermano. Este es el mayor caçique de la isla y más esforçado y de ingenio. Si éste deprende a hablar, dirá todas las cosas d'esta tierra mejor que nadie, porque no ay cosa que de toda suerte qu'él no sepa. La Santísima Trinidad el muy alto estado de V. Al. guarde y pospere al Su alto serviçio para siempre. Fecha en la isla Española, en la vega de Maguana a XV de octubre de JU CCCCCXV años.

Fuente:

http://www.cervantesvirtual.com/historia/colon/doc20.shtml