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Siglo XV > 1490-1499 > 1494

Carta de Cristóbal Colón a los Reyes Católicos.
Abril-Mayo de 1494.

Christianísimos e muy altos e muy poderosos prínçipes, Rey y Reina, nuestros señores:

Bien que por la presente no aya agora pasaje, yo le escrivo. Agora con el nombre de Nuestro Señor estoy de partida para descubrir más islas y tierra firme de las de las Yndias, como V. Al. me mandaron cuando de allá partí, y tanbién por reconoçer todas estas tierras ya falladas, porque, si de algund reino se ayan desmandado o venido alguna armada acá, porque yo lo sepa y les castigue según es justo; y por agora es la mesma sazón de esperar y estar sobr'el aviso. Yo voy con tres carabelas que acá compré con menos costa para V. Al., y así escrivo esta carta, porque también aguardo que V. Al. de allá me embíe las caravelas con los mantenimientos que yo le escreví con Antoño de Torres, hermano del alma del prinçipe mi señor, las cuales espero por todo este mes de mayo.

Y porque podría se que, antes que yo bolviese, que no creo, sería menester que las dichas caravelas se bolviesen, y ansí me paresçió que, por sí o por no, devo dejar esto reparado, y si no lo hago tan largo como devo y deseo, es por la sobredicha causa: porque creo que, antes que los navíos se ayan de bolver, que yo seré buelto. Yo escreví a V. Al. Con el sobredicho Torres muy largo, y les embié los libros de las cartas así de gastos como de alardes y gente con sueldo que acá quedó como sin ello e de las costas, que acá quedaron las más de la gente que acá vinieron, que fue contra su juramento, y les enbié el oro y otras cosas que acá pude aver con aviso de todo muy cumplidamente.

Después yo proçederé en la fábrica d'esta ciudad, y ya llena de casas siguió desastre de fuego, que se quemaron los dos terçios en tiempo y ora que yo estava de partida para Çibao; la cual por esto no dexé, que puede aver fasta el comienço del Cibao catorze o quinze leguas, en las cuales ay dos puertos no largos, salvo fatigoso, enque bien se pudiera desechar rodenado muy mucho camino.

Y fue a este río, que aquí es çerca de la çiudad tanto como de Santa María en Sevilla fasta el río; y dende a una legua a otro río no grande como este, en el cual hago agora las moliendas, porqu'es más convenible para de priesa que no éste. Y dende a tres leguas es el puerto que se dize de los Figdalgos, y éste todo fasta el pie d'él es traviesa d'esta vega, todo llano; y el puerto no tiene altura de un tiro de vallesta y es muy agro; con todo, cavalgando se puede subir y, suvido, todo es llano y vega grandísima, a que yo llamé la Vega Real, de la cual ni de ancho ni de largo no se a savido fasta agora el fin.

Y d'este puerto ay çinco leguas en la dicha vega halle'un río grandísimo, digo muy grande, mayor que Hebro ni otro que aya en España, el cual trae agua que no es de creer la cantidad; el cual pasé con barcas de madera. Este es el río que tiene la boca a Montechristo en la mar y es navegable, aunque creo que las bocas y ríos qu'están en el golfo d'España que sean bocas d'este mesmo río. En la cual vega vi poblaçiones y casas de gente sin cuento, todas con tanto temor que era maravilla, ni savían por remedio salvo meterse en las casas; las cuales tienen, puesto que sean muy grandes, una sola puerta muy pequeña ansí como una lombardera de un muro, y con ramos se çerravan dentro.

Yo les mandava abrir y les dava algo y les asegurava, y ellos nos davan de lo que tenían, digo pan y agua, que otra cosa no tienen, salvo lo que la natura les dio, a dar. Después de pasado el río, a seis leguas fallé el otro puerto, y siempre bega hasta el pie d'él, que será un tiro de vallesta, muy agro y ençima muy llano; y a éste puse nombre el puerto de Çibao, porque de allí a la provincia de Çibao no hay una legua. Todo este camino que yo hize fue todo al ahustro o mediodía derecho d'esta çiudad Ysabela. Çibao en lengua d'esta gente india quiere dezir 'pedregal', y así lo es.

Es tierra altísima y muy poblada en demasiada manera, fecha lomas y çerros y cabeços no lexos uno de otro, mas muy açerca; y cuanto más adentro se ba, tantos mayores lomas y altos se falla, fasta que se viene a una montañas altísimas en demasiado grado, que yo vi mas no llegué, ni creería de poder llegar a ellas en ocho días: tanto es lejos una de otra, qu'el ojo haz tan çerca por su dispusiçión de la dobladura. La cual toda provinçia, según me afirmavan los indios que conmigo llevava, es mayor qu'el Andaluçía, y no es de árboles llena como de yerva, qu'es tanta y tan alta y fresca y espesa como alcaçer en Sevilla en março; y creo que ansí sea en todo el año; debajo de la cual yerva es todo pedregal de cascajo muy grande y espeso, que no creería que tubiese las lomas tan verdes, salvo que por la espesura en algunos lugares los indios e nos poníamos fuego por ver y despachar el camino. En el comienço de Çibao, en los pies de las lomas y montañas, ay en algún lugar gran espesura de palmas y, más adentro, de pinos muy fermosos. Es tierra de los mejores aires, y ay las mejores aguas, atanto que no es de creer sin vista; ellas son frigidísimas y no de un frío salvaje, como aguas de algunas sierras de Castilla, salvo de un trenpramento y savor maravilloso y no comparable a esta agua de aquí, que yo embié a V. Al. por muy maravillosas según las de Castilla.

Creo qu'estas tierras sean todas llenas de pinos, mas el fuego que los indios continuadamente hechan por la yerva los destruye, y ansí no quedan salvo en algunos valles. Estas lomas y cabezos no son intratables, ente todos, con las maiores que haze, pueden tratar esta provinçia de Çibao toda, y en todo cavo hallo oro. Verdad es que los indios no lo catan salvo adonde ay agua; mas como en tiempo de lluvia al pie de cada loma y cabezo corre algún arroyo por el agua que a llovido en él, escarvan en él y hallan granos de oro; y acavado de secar el agua çesan de sacar, y no ansí en algunos lagunares perpetuos y arroyos, que se hallan más.

Ansí llevé mi camino adelante fasta que avía andado cuatro leguas, y fallé un riato mayor dos o tres vezes qu'éste, y fallé un valle (?) bien que ya avía fallado muy muchos otros y populatísimos, y caté oro, como avía fecho en todo el camino, y fallé d'él, y en breve espaçio los indios a granos me cojeron unas ojas de árboles llenas.

Aquí vi un lugar muy idóneo. Y fasta allí desde esta çiudad se podía andar cavalgando, todo buen camino, salvo los dichos dos puertos que son nada, y el primero será legua (?). Visto (?) y que de allí adelante no podían andar vestias, determiné de hazer allí una fuerza, y vide un lugar muy idóneo, que tiene el pie en el río y grandes valles alrededor y planos; y puse esto por obra, de manera que en tres días, con toda la gente que yo llevava y maestros que para ello traía con probeimiento de todo que era menester, hize una fuerça muy fuerte y buena, que en Castilla sería açebta y paresçería bien.

Después dexé aí a mosén Pedro Margarite por la persona que más abta hera, con sesenta hombres y todos los carpinteros y albañíes que acabaran algo o todo lo que faltava, para que sin miedo ninguno pudiesen estar allí veinte e çinco hombres continuamente. Y ansí lo a fecho, que agora me escribe y dizen los que de allá vienen, qu'escada día continuamente, que tiene fecho una cava de diez y ocho pies en ancho y veinte en alto, y las casas todas dentro de la fortaleza. E yo ya dexé fecho que de la fortaleza podría dezender en el río por una coraça en que andaría un hombre todo cubierto; faciendo la cual coraça hallé en diversas partes en el más fondo y muchas piedras de lombardas fechas y adereçadas, de gordura de una grande naranja y puestas de tres en cuatro y cubiertas de feno y paja.

Partí yo tan presto de aí porque la gente no avía podido traer mantenimientos para más tiempo, ni yo fue i con otro propósito salvo de aver de bolver luego que falle de los mantenimientos, que agora están más dubdosos, no porque devamos dubdar de fambre, salvo de los nuestros, a que somos (?) y criados. No nos falta cosa tanto como bestias de acarreto y odres y costales, mas a todo se dará remedio con la ayuda de Nuestro Señor.

Así que yo bolví y no estuve salvo aquellos tres días, en los cuales vinieron aí muchos indios a me ver por maravilla, de los cuales supe, y no de uno solo, salvo de todos en general, qu'esta probinçia de Çibao es grandísima y en todo cavo ay oro y que la mayor parte y adonde más ay es delante de la dicha fortaleza, a que yo puse el nombre de Sancto Tomás, al camino del mediodía tres o cuatro jornadas, y que avía ríos grandes, y que hallavan a las vezes pedazos de oro, y que, según me afiguravan el grandor, pudieran bien pesar media arroba; y pedazos como avellanas y nuezes avía, y fallavan muchos; y créolo, porque por algunos me fueron traídos tan grandes como nuez y ansí como nasçen, que amostrava la tierra en ellos; y me dezían que aí donde es Santo Tomás hasta Cahonaboa, aquel rey o 'cacique', que de aquí diremos en adelante a estos reyes como ellos mesmos se dizen, no a doze o trece leguas; éste es aquél que dizen que mató a nuestros christianos, que en todos cavos de Cibao los conoçían y andavan desmandados unos de otros; y este Cahonaboa dizen que en la tierra donde vive ay muy mucho oro, mas es tierra muy montañosa, y que los pedazos y granos son muy grandes.

Yo lo creo por lo que me dixo Ocanaguarí de Pedro, repostero, y de Escobedo, cuando me dixo que le rogó que lo llevase consigo a amostrar la mina de oro, y qu'él lo hizo ansí, y que después le respondió que aquel oro hera poco y los granos pequeños, y que no quiso salvo irse a este caçique Cahonaboa (?) llevava un baçín (?) y le mató; esto biene a propósito, a creer que allí aya más oro y granos mayores, porque este Ocanaguarí no osaría llevar a Pedro salvo allí donde yo fui o en aquella comarca, que allí es todo el oro menudo como arena, como lo que yo enbié a V. Al., y adelante son los granos grandes.

Abasta, christianísimos prínçipes, que ansí como por las otras mis cartas escreví a V. Al. qu'esta gente d'esta tierra es la más mansa y temerosa y de buena condiçión que ay en el mundo, y ansí lo torno a dezir y digo otra vez, que otra cosa no me falta para que sean todos christianos salvo no se lo saber dezir ni predicar en su lengua porqu'es verdad que ninguna secta ni idolatría no tienen ni hazen conçentos salvo de pan, a qu'ellos llaman 'caçaui', y de mugeres, y de todos sus fechos e dichos y pensamientos son aquellos que natura les dio: propio todos sus fechos son como de niños, salvo que, por ser hombres, y la natura se lo constringe a fazer e cosa vista política; éstos fazen lo que been fazer, porque, si alguno furta o faze otro mal, es de la misma manera que entre los niños se haze.

Ellos son sotiles, que luego hazen lo que veen hazer, mas es çierto que para su gobierno y plazer ningún ayuntamiento hazen de oro ni de otra cosa alguna, salvo que por invidia, de que son ocupados, cogen oro u otra cosa para que se les dé de lo que desean; la cual inbidia es propia como de niños, que bi el otro día, cuando yo estava en Çibao, que cuando yo dava un caxcavel a alguno de los caçiques que, en tomándolo, dava un relaso de sospiro de descanso, como haría un escudero si le diesen una villa.

Ansí que en ésta concluyo que mi parezer es que en este Çibao ay más oro que en todo el otro del mundo por las señas sobredichas que no se ba a parte alguna que en los arroyos no fallan oro, y pues ansí es y se bee qu'este oro no naçe en los ríos ni arroyos, salvo que naze en la loma o cabezo o montaña, porque al tiempo de la lluvia el tiempo lo descava y trae al arroyo, y allí en el agua lo been, porque luze y está descubierto de tierra, e en la tierra no lo been, que bi en el otro día a los indios tomar el agua con las manos y baziarlas a los bordos de los arroyos escarbando por un poco y, despues qu'estava descavado, coxían los granos; y tanbién en un tiempo que llueve lo fallan en cada cavo en los riatos; y por esto es de creer que aya más oro que en Vizcaya fierro, pues la provinçia es muy mayor y da este testimonio sobr'esto.

Así que, demás de me faltar qu'esta gente toda no sen christianos, qu'es por no saber la lengua, me falta muy mucha gran cantidad de oro y otras riquezas que ay en esta isla de espeçerías, qu'ellos cojerían para nosotros; mas me falta la lengua para saverles hablar, que aunqu'ellos cojen ansí el oro con aquel grosero ingenio, no desiste que alguno d'ellos o muchos no sepan dónde lo ay más y de qué manera se podría coger y aver.

Y por esto torno a mi propósito de que aya escripto a V. Al. por las otras cartas lo qu'espero en Nuestro Señor, si los pecados no mudan, qu'es lo que yo podré hazer de aquí a siete años, porque no es posible que más de uno o dos no sepamos bien la lengua y sepamos bien toda la tierra, y de allá nos embiarán V. Al. maestros de minas que, con bien been, y en sus reinos a muchos lugares tienen la esperiençia para las minas de diversos metales que tienen en ellos, las cuales todas se labran y son descubiertas desd'el comienço del mundo, y cada día se halla para ellas y sacar los metales d'ellas ingenio bueno y maestros nuevos, y en Vizcaya, donde ay tanta abundançia de fierro, se hallan maestros y minas mejores uno que otro y que lo saven mejor sacar, así que no lo aver es pronto cosa que, si plaze a Dios todopoderoso, V. Al. no pueda esperar y que sea verdad que aya más oro qu'en Vizcaya fierro, qu'esta gente con poco trabajo serán christianos.

Vine de Çibao y hallé que ya avían casi cumplido mi deseo de saber de las cosas de oro, y qu'el tiempo hera bueno y de buena sazón y que tenía aquí estas naos o caravelas y que no hazían nada y que se podría ir a descubrir más islas y tierra firme y cuidar se otros navíos de otras tierras si ubienes hechado acá, para los castigar; y vide que avía dexado grandísima parte de Çibao que yo no avía visto, ni bide que sería bien dexar de dar cavo a saver y fazer todo esto, pues es fázil, e determiné de enviar a Ojeda, el cual avía ido este inbierno a Çibao y traído las nuevas de todo y es persona bien conçertada en todo, a Santo Tomás para alcaide, porque cuando él bino, me rogó que, si la fortaleza se hiziese í o allá, que le dies encargo d'ella; y visto que era razón y por dar exemplo a otros se la di, y con esto, qu'es muy bien abcto para ello y save muy bien tratar a la gente; así que por su dolençia no le llebé conmigo, y agora le enbío con toda la gente que pude fallar sana y sin ronçería, de que tengo aquí la mayor parte, como diré después, que llegarían a treçientas personas, y los enbié con él a Santo Tomás, porque allí los esntresacase a mosén Pedro y baya con ellos toda Çibao y toda la isla, porque bien me atrebería a lo hazer sin peligro notable, y escriviera todo lo que uviere y mostrara qu'estamos poderosos, porque aunque esta gente sea cobarde, bien es amostrar poder; y ellos ya creen que por la mar harán venir V. Al. cuantas caravelas quisieren, porque agora a un año les dixe que vernían con diez caravelas y truxe doze caravelas y çinco naos. Y más fará mosén Pedro, que con esta gente no nos darán cargo los mantenimientos, de que traemos muy pocos, como diré después, y comerán de los de los indios, que son muy muchos y muy buenos.

Y porque no aya razón de enojar a los indios, yo enbié una persona y otra enbió el thesorero con caxcabeles y cuentezuelas y otras cosas, que vayan y conpren todos los mantenimientos que con ellos fueren menester, e otra persona enbió el teniente de los contadores mayores porque en su presençia se compre todo y lo que se resgatare de oro sea ant'él; y enbié alcalde y alguaçil y escrivano, porque, como dixe, yo fallé esta gente nuestra tanto cobdiçiosa qu'es maravilla, y enojan a las vezes a los indios, que no basta castigo que yo les do.

Por esta vía sabré toda esta isla y las tierras d'ellas y lo que en ella ay y la gente y su condiçión. Yo partiré en el nombre de Nuestro Señor el lunes, que serían veinte y uno de abril, y plazerá a Su Alta Magestad de me deparar cosas con que V. Al. ayan plazer y halle algunos mantenimientos. Llevaré bien ochenta personas y mantenimientos para cuatro meses.

Para el gobierno de aquí e fecho y hordenado un consejo, que las personas d'e son éstas: don diego, mi hermano, fray Buil, presidentes; Pedro Fernández Coronel, alguaçil mayor, y a Alonso de Carvajal, regidor de Baeza, Juan de Luxán, criado de V. Al., y el bachiller Gallego, con mi poder y con la isntruçión de que con esta carta va el treslado, porque V. Al. le bea.

Y todo muy paçífico, y la gente toda con mucho amor y de gana de me fazer plazer después del serviçio de V. Al. Y llevaré conmigo al Vernal de Pisa, el cual tengo preso desque yo partí para Çibao en una nao, porque no bastava lo que avía fecho, de que escreví y embié por escrivano público a V. Al. con Torre. Agora nuevamente tornava a hordenar sus maldades, y obró y dixo cosas que meresçían y meresçen gran pena, la cual no le e querido dar por el ofiçio que tiene, antes desde la nao le dexo usar d'él y para ello le doy todos los favores y ayuda que demanda, aunque su propósito no era éste, mas era otro, y venía de allí contaminando.

Yo espero de V. Al. respuesta de lo que yo escreví sobr'ello con Torres, el cual tanbién llevó todas las cartas que de acá se escrivieron, porque V. Al. las viese y tanbién porque no fuesen las nuevas en otros reignos y gentes primero que V. Al., como alguna carta qu'estava hordenada; y venida la respuesta de lo que tengo de fazer d'ese Vernal y ansí lo cumpliré, del cual en breve yo enbiaré a V. Al. todos sus fechos y dichos y hordenamientos por escrivano público; por esto no escreviré d'él aquí nada.

Yo e dado horden cómo se prenda aquel rey o caçique que se llama Caonaboa, el cual dizen que mató a nuestros christianos o algunos d'ellos, de que todos nosotros nos maravillamos de su desdicha, según beemos esta gente cobarde, que beo que biene un hombre y dos solos y dolientes desde Çibao aquí tan seguros como desde Sevilla a Córdova, y los acojen en sus casas y los dan de lo que tienen; y el otro día cuando yo enbié a Hojeda a Çibao, se açertó, de aquella parte del río grande adonde estava gran poblaçión, que venían tres hombres de Çibao para acá y no savían nadar, y se les ofreçieron cuatro indios para los pasar y su ropa, que ansí lo suelen hazer de continuo; y los dos d'ellos, después que fueron al río, se dexaron llevar al río y les llevaron sus ropas; y los nuestros pasaron lo mejor que pudieron, aunque heran dolientes, y no osaron tornar atrás a éstos que les llevavan la ropa, porque vieron el caçique d'esta poblaçión con mucha gente, que iban a donde estos indios de la ropa iban a parar, teniendo que era por mandado del dicho caçique que se avía fecho.

Yo, como lo supe, enbié luego al dicho Ojeda que enbiase hasta diez personas a la dicha poblaçión, porque, si más fuesen, todos fuirían, en espeçial si fueran culpados, y le escreví que con mucha diligençia viese si podría saber la verdad y aver los mesmos malhechores a las manos y los castigase, porque no es bien de les alargar que se abezen y hazer ruindades y honrar a quien bien faze. Y el dicho Ojeda fue en persona con diez hombres, y el caçique, con más de treçientos hombres alliende de las mugeres y moços, que heran más, se ajunctó con ellos en su plaza, como tienen por costumbre.

Y allí conoçió un hombre de los tres que avía perdido la ropa y el indio que se la avía llevado y otro que avía llevado una espada, y supieron qu'el caçique lo avía avido todo, c'así es costumbre entr'ellos de lo dar todo al caçique, porque no tienen bienes propios que yo sepa. Y el dicho Hojeda hechó mano al caçique y fizo hechar mano a los otros dos que avían fecho el mal y a otro hermano del caçique, y los ataron aí, en presençia de todos los otros que digo, más de seisçientas ánimas.

Y me enbió el caçique y el hermano y el sobrino acça atados; y el moço de la espada y al otro tomó, y en medio de la plaza, por ante todos, a un palo que para ello alçaron allí lo ataron y le cortaron las orejas y le dexaron atado. Y estos cuatro hombres nuestros, que me traxeron el caçique y su hermano y su sobrino, pasaron el río y vienieron por otra poblaçión tan grande como la otra y de tanta gente, y el caçique d'ella dizen que hera hermano d'este preso o su pariente muy allegado, y no osó fazer otra cosa salvo tomar una carátula de oro y venir con él acá a traérmela, porque los librase y no les hiziese mal.

Y ansí vino, y yo le hize a éste de la carátula mucha honra, porque yo savía que cuantos iban y benían nuestros de Çibao les cojía a todos su casa y les dava cuanto avían menester, y tanbién el otro día cuando yo pasé el río, él vino con toda su gente sin que yo le requiriese a nos ayudar a pasar con mucho amor; e ansí que yo le hize mucha honra y le vestí muy bien y le di muchas joyas y a los otros dixe mucho mal. Y por hecharnos en cargo este otro caçique, e y a ellos a muestran que, quien hazía bien, que le faría honra, y quien hiziese mal, será bien castigado, mandé plantar tres palos aquí en una plaza y los hize atar a ellos y sacar una espada para los degollar, y el otro caçique se hechó de rodillas llorando por ante mí que no lo matase. Yo se lo di y le di su carátula de oro que no la quise reçibir, porque supiese que por oro que no avía de ser aquel que uviese de dexar la justiçia.

Así que torno a este mi propósito, que todos nos maravillamos cómo estos indios ayan osado matar los dicho christianos que quedaron acá, el cual propósito dixe por los de Cahonaboa, el cual dizen que tiene mucho oro en la tierra adonde vive, y son pedazos grandes, que no los cojen en los ríos, salvo en la tierra adentro escarvando; y por esto quiso ir allí Pedro, repostero, y Escobedo; yo lo traxe a propósito por el oro menudo que les amostrava Ocanaguarí, y que respondió que no lo quería menudo salvo grandes pedazos y que se quería ir a este Cahonaboa, como se fue; y agora he hordenado, que con maña lo tomen; que vaya alguna persona con algún presente a él en mi nombre y le adomestiquen fasta qu'él pierda el miedo, y lo tomen sin muerte, porque sabremos d'él toda la verdad y de toda la isla y del oro y faremos justiçia, como halláremos que combenga.

La tenperança de los aires ya dixe por la otra mi carta cuánto es (?) y la más tenprada que de aires se falla, así de frío como de calor; y oy en día tenemos el mismo frío que teníamos en diziembre, qu'es cosa suave, ni creo que podremos dudar de calor mayaor; y siempre dixe que los cavellos no crespos de los indios, mas antes corredíos, me davan a creer que fuese esta tierra temperantísima, ni jamás ay tormenta en la mar, y di el señal por las yervas y árvoles qu'están inçertados hasta dentro en ella. En diziembre fallamos los árboles d'ellos floridos, d'ellos con fruta y no pocos.

Después hasta agora siempre a sido ese mesmo, de manera que todo el año ay fruta y flores, ni jamás los árboles pierden la foja y continuamente canta el ruiseñor, qu'es señal de temperatísimo aire, y siempre todo el año avemos fallado nidos de aves y paxaricos, d'ellos con huevos y d'ellos con pollos, y ansí en diziembre como agora. Viña ya fallamos harta, y aunque no se labrava, dava el razimo muy grande y los granos gordos, de la cual comí en quinze de março maduros; y figos ay muy muchos, y las figueras no son de la manera de las nuestras como el fruto, mas d'éstos no e comido maduros.

Frutas ay de mill maneras, y todas diversas de las nuestras y del savor, mas no menos preçioso, mas creo que todo es espeçería. Las vegas son aquí tan grandes qu'es maravilla, y las montañas, canpiñas y ríos, y cada mes siempre a llovido y siempre son buenas yervas altas en todo cavo, hasta dentro de las peñas, y espesas como alcaçer en março en Sevilla. Abes ay inumerables y en espeçial papagayos; conejos ay de dos maneras.

La simiente de huerta que acá traximos toda en tres días salieron de la tierra, y de la hortaliza nos aprobechamos a los quinze días, y ansí farían todas cualesquier simiente que se siembren; y no le inpide la saçón porque así siempre es una, como dixe arriba, que hasta oy no e visto mudamiento en nada en diziembre ni otro mes, salvo muy poco en llover, que hera más en henero. Los cuescos todos naçieron a los siete días, y nasçen; los sarmientos que de Castilla acá se truxeron se plantaron y en un mes hizieron algunos pámpanos y razimos en ellos.

La caña de açucar ansimesmo; los melones y pepinos y cohombros en cuarenta días después de sembrados dieron fruto y maduraron, y tenemos cada día d'ellos; y los mejores melones que jamás se vieron fueron sembrados en fin de henero, y en comienço de março los començamos a comer, y tengo por dicho que continuamente todo el año los abrá, y calabazas. De trigo fize sembrar muy poco, porque no teníamos aparejo, y hera inbierno cuando aquí benimos, mas espera un labrador, por una fanega que aya sembrado, çincuenta; el cual trigo tanbién nasçió presto, y día de Pascua se truxo d'él un grande manojo espigado y granado en la iglesia, y ansí de garbanços y havas.

Cosa es maravillossa la fermosura d'esta tierra y la tenperançia y la grandeza, que sin dubda, según los indios me afiguran de grandor y yo beo por la costa de la mar, va casi toda ella a poniente. Puédese creer qu'esta isla es tan grande como España, y mucho lo afirman los grandes ríos que en ella ay, que ya dixe ençima cómo, para ir a Çibao, que a nueve leguas ay un río muy mayor que otro que aya en España. Los pollos que nazen en ocho días fasta doze son grandes para comer y naçen muchos. Los puercos mucho multiplican, qu'es maravilla.

Las cabras y ovejas son pocas y las yeguas no faltan aquí, sino muchos labradores y bestias que puedan labrar, que los cavallos y vestias que acá son en ninguna manera se deven poner a labrar, salvo guardallos, porqu'es acá más un cavallo que una fortaleza, que, aunqu'esta gente sea cobarde, es inumerable, que creo que aya d'ellos cuento de cuentos; y de los cavallos no pueden consigo de los esperar ni tan solamente de los mirar, que, aunque sean tres mill hombres, seguramente puede ir uno de cavallo a ellos, que no le an de aguardar: creen que buelen y fablen y entiendan, y ansí le fablan como a hombre algunas vezes que se fallan que no pueden huir, y por esto yo los tengo acá en gran preçio y les mando mirar mucho lo que puedo. Los mantenimientos acá se nos fazen pocos: ya estamos con gran desesperança que los navíos sean aquí en este mes de mayo; socorrémonos al pan de los indios, y nuestra gente lo faze tan bien como ellos, y save mejor que vizcocho.

Después que e començado a escrevir esta carta me an escripto de Çibao -y venido acá personas- que an andado nuestra gente mucha tierra en Çibao y en todo cavo hallan oro en granos, ansí como yo dixe arriba, y creo que se fallará continuamente; y siempre lo fallan en los arroyos, de que torno a dezir que no naze oro en el agua, salvo en la tierra, y que ligero es quien save de minas luego hallar no una mina, salvo mill minas, aunque a una mina le puedo yo llamar igual o mayor qu'el Andaluzía.

A fee que Nuestro Señor no sin cabsa a amostrado y dado esto a V. Al., y a su tiempo dará el ingenio y manera cómo se saque grandísima cantidad, qu'estos de los arroyos no lo tengo en nada ni me ocupo ni dexo ocupar hasta aquí a coger d'él, salvo ir y ver bien toda la sal y toda la tierra y saber y hollalla toda; y después nos ocuparemos más en ello que viere que sea más serviçio de V. Al.

Tanbién bino un sobrino de Johan de Luxán ayer, el cual yo avía enbiado de la parte de levante de Çibao, y halló una probinçia a que dizen Feyti, y fallaron muy mucha jente y de muy buena conversaçión y muy muchos arroyos y ríos en que ay mucho oro, más que en estos otros arroyos, según él y los que con él fueron dizen, y nuevas qu'en algun lugar en algunas vezes los indios an fallado pedazos tan grandes como la cabeza. No queda más dezir d'este oro salvo que en el otro del otro mundo no aya otro tanto, y que ante de çincuenta años se sacará de aquí tanto que será maravilla, y que ante de los siete, con la ayuda de Nuestro Señor Criador, la cantidad que yo escreví».

Fuente:

http://www.cervantesvirtual.com/historia/colon/doc17.shtml